Astarita - Conciencia de Clase

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Artículo escrito por el historiador medievalista Carlos Astarita sobre la conciencia de clase en el campesinado medieval.

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  • Tuvo conciencia de clase el campesino medieval?'Carlos Astarita

    Universidad Nacional de La Platay Universidad de Buenos Aires

    INTRODUCCION

    Indagar acerca de una posible conciencia de clase del campesino medievalsupone delimitar, entre las ideas que pueden impregnar su mentalidad, aquellasque hacen referencia a cmo comprende las relaciones de explotacin, sus senti-mientos de identidad colectiva en oposicin a otras clases y el despliegue de estaconciencia en el conflicto social que a su vez promueve. Pero un anlisis de estetipo tropieza con tales dificultades, que puede claudicar su plausibilidad comoprograma de estudio.

    En principio, no deja de asombrar la dbil respuesta campesina ante el serioren comparacin con el grado de organizacin, autonorra ideolgica y espritucombativo que histricamente exhibi el proletariado modemo. Los ejemplos deenfrentamientos entre seriores y campesinos, desde el siglo IX hasta la segundamitad del XIV, indican que no hubo nada que pueda ser catalogado como un con-flicto poltico abierto, y el antagonismo social slo se muestra en el estudio parti-cular2. Esto tiene su trascendencia para comprender la estructuracin de lasociedad, si consideramos que esa fase deprimida del conflicto, que permite gra-vosas obligaciones tributarias, fue el punto de apoyo de Arqumedes para el pro-ceso acumulativo feudal y la reproduccin ampliada de la clase dominante. Desdeque la implantacin del serioro se toma irreversible, los campesinos fueron some-tidos con escasa posibilidad de respuesta, asistindose a un cambio de orientacin

    El presente artculo surgi de seminarios que dict en la Universidad Nacional de La Plata y enla Universidad de Buenos Aires durante el curso lectivo de 1999. Como sucede muchas veces, el profesoraprendi tanto o ms que los alumnos. He recibido tambin observaciones de militantes polticos marxis-tas. Me resulta imposible nombrar a todos los que contribuyeron a este estudio, aunque debo destacar espe-cialmente la aguda crtica de Rolando Astarita.

    Por ejemplo, VALDEN BARUQUE, J., "Revueltas en la Edad Media castellana", en VAL-DEN BARUQUE, J., et al., Revueltas y revoluciones en la historia, Salamanca 1990, p. 9-20. En el sis-tema esclavista se presenta una situacin parcialmente similar, vid., HINDESS, B., y HIRST, P.Q., Losmodos de produccin precapitalistas, trad. esp. Barcelona 1979, p. 113 y ss. VIDAL NAQUET, P.,"Constituan los esclavos una clase social?", en MOSSE, C., et al., Clases sociales y luchas de clases enla Grecia Antigua, trad. esp. Madrid 1977, p. 26.

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    con respecto a los recurrentes movimientos sociales que se dieron entre los siglosV y VI13 . La uniforme consistencia de este reflujo de la lucha de clases nos inhibeatribuirlo a circunstancias aleatorias o a una particular sedimentacin cultural.

    Si la dependencia personal pareciera ser un modus vivendi tolerable, la esfe-ra de la representacin social se impone a la atencin historiogrfica. RodneyHilton afirma que el reclamo campesino no alcanzaba a un cuestionamiento delsistema, conducta que slo se modifica con la sublevacin inglesa de 1381, aun-que sta fue impulsada por los yeomen, acumuladores en sentido capitalista,cuyos objetivos contradecan los fundamentos del feudalismo4 . Sostiene que elcampesino ha interiorizado los valores de la clase dominante, adoptando de hechola categora de consenso, entendida como coparticipacin en representacionesque inducen a una adhesin de voluntades 5 . Los medievalistas participan de estaperspectiva propiciada por Hilton 6. Persuadido del rudimentario nivel intelectualdel campesino, el investigador moderno suele desconfiar de la competencia delsubalterno precapitalista para autodefinirse en oposicin al sistema. Este postula-do fue admitido por una generacin de medievalistas, cautivados por el dinamis-mo de las clases urbanas frente a la inmutable tradicin del mundo rurar.

    3 Un ejemplo de la resistencia en el norte hispnico, RODRIGUEZ, J., Los fueros del reino deLen, II, Documentos, Madrid 1984 (en adelante, F. Len), doc. 4, a. 1046. Independientemente del crite-rio con que se entiendan las asambleas por la "Paz de Dios" (respuestas populares ante los seores o luchaentre lites) los testimonios sobre reaccin de los campesinos son escasos en el panorama europeo, cfr.FOSSIER, R., La infancia de Europa. Aspectos econmicos y sociales, trad. esp. Barcelona 1984, vol. 1,p. 207. Con respecto a las cartas de franquicia o fueros buenos de los siglos XII y XIII (que merecen untratamiento particular) no representan un cambio en la naturaleza de la explotacin. Sobre los movimien-tos del siglo V al VII, ASTARITA, C., "La primera de las mutaciones feudales", Anales Hist. Ant. Med. yMod., en prensa.

    4 La interpretacin de base est en HILTON, R., Siervos liberados. Los movinientos campesinosmedievales y el levantamiento ingls de 1381, trad. esp. Madrid 1978, passim. Tambien, id. "Los movi-mientos campesinos en Inglaterrra antes de 1381" y "Los movimientos populares en Inglaterra a fines delsiglo XIV", ambos artculos en Conflicto de clases y crisis del feudalismo, trad. esp. Barcelona 1988, p.24-50 y 71-90. Para Castilla realiza un planteo similar, subrayando el cambio del eje del conflicto entre lasegunda mitad del siglo XV y principios del XVI, LACREU, A., "Conflictos sociales en Castilla durantelos siglos XIV, XV y principios del XVI. Revisin de una tesis historiogrfica sobre la lucha de clases",Anales Hist. Ant. Med. y Mod., 31, 1998, p. 95-134.

    5 HILTON, R., The English peasantly in the later Middle Ages, Oxford 1978, a pesar de que enciertas circunstancias el campesino pudo haber desarrollado una conciencia de clase (p. 14), "...the rulingideas of medieval peasants seem to have been the ideas of the rulers of society as transmited to them ininnumerable sermons about the duties and the characteristic sins of the various order of society" (p. 16).Tambin, idem, "Campesinos medievales . enseanza?", en Conflicto, op. cit., p. 18.

    6 Por ejemplo, BARROS, C., Mentalidad justiciera de los irnandios, siglo XV, Madrid 1990, sos-tiene con respecto a un pronunciamiento antiseorial del concejo de Orense en 1433 que esa postura "...poco tiene que ver con la mentalidad del vasallo que paga el tributo, y asume psicolgicamente la depen-dencia del seor porque precisa de su proteccin. La mentalidad feudal descansa en esta reciprocidad" (p.43). Para SAAVEDRA, P., "La conflictividad rural vinculada a transformaciones polticas, sociales y eco-nmicas", Noticiario de Historia Agraria, 12, 1996, 21-47, el cuestionamiento del orden social slo sobre-viene con la politizacin y atribuye a la capacidad de los grupos dominantes para crear redes de influenciay mecanismos de interiorizacin de modelos dominantes entre el campesino, un lugar entre los factores queexplican las variaciones en el tiempo y en el espacio de la conflictividad.

    7 Paradigmticamente, ROMERO, J. L., La revolucin burguesa en el mundo feudal, Buenos Aires 1967.

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    En la interpretacin de Hilton se reconoce una afinidad con el conocidomodelo atropolgico de James C. Scott (basado en el sudeste asitico contempo-rneo), que relaciona la conciencia social (una especie de "economa moral") conlos fundamentos de una unidad domstica limitada a objetivos de consumo fisio-lgico, originando una tica de subsistencia que sita en el centro de las estrate-gias campesinas s. El enfrentamiento contra el rgimen slo se daba cuando sealteraban los niveles de reproduccin.

    No se apel a este ltimo ejemplo para indiferenciar en una abstracta socie-dad preindustrial las cualidades del campesino medieval sino para revelar unapreocupacin compartida por los cientistas sociales ante la resignada p .asividad deuna clase social, que se identifica, en diversos contextos, por la imposicin tribu-taria que pesa sobre su tierra de trabajo.

    Un pequerio artculo de Reyna Pastor, sobre consenso y coercin en la socie-dad medieval, expone la complejidad del problema 9 . La premisa de MauriceGodelier, de que el consentimiento de los dominados a su dominacin es la fuer-za ms fuerte del poder, es sometida al juicio de sus propias investigaciones 10. Elresultado es una tensin entre documentos que slo exhiben el rechazo campesi-no, al dominio seriorial y una aceptacin del supuesto de que si no hubieraconsenso surgira un estado de guerra permanente, que imposibilitara la repro-ducc in social.

    LAS EVIDENCIAS PRAGMATICAS

    Los testimonios sobre comunidades campesinas en concejos castellanos dela Baja Edad Media permiten expresar un fundado escepticismo sobre la opininhistoriogrfica prevaleciente". Los moderados reclamos de las comunidades, consu adhesin al sistema, no emanaron del campesino tipo sometido sino de la litesocial aldeana con un rol asignado en el sistema recaudatorio' 2 . Nada indica quelos vecinos de la aldea, gravados con tributos, participaran de la cosmovisin desus representantes, y por el contrario, los enfrentamientos sectoriales fueron fre-cuentes en la sociabilidad comunal.

    SCOTT, J. C., The moral economy of the peasant. Rebellion and subsistence in Southeast Asia.Yale University Press, 1976, passim.

    9 PASTOR, R, "Reflexiones sobre consenso y violencia en el campesinado feudal", Anuario I I,2. poca. Esc. Hist. Rosario 1985, p. 127-138.

    ' PASTOR, R., Resistencias y luchas campesinas en la poca del crecimiento y consolidacin dela formacin feudal. Castilla y Len siglos X-X117, Madrid 1980.

    " ASTARITA, C., "Representacin poltica de los tributarios y lucha de clases en los concejosmedievales de Castilla", Studia Historica. Historia Medieval, 15, 1997, p. 139-169.

    12 Este rol de domesticacin del conflicto, que estudi en base a documentos tardomedievales,puede verse en otros periodos: E Len, doc. 17 a. 1149, en el fuero dado a Nocedas de Cabrera por el abadPedro de Montes (tit. 9) se establece que en caso de conflicto los mejores del concejo concurran al cabil-do a deliberar acerca de sus derechos.

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    Esto nos impone el primero de los escollos cognitivos. En la medida en quela conciencia del campesino medio no est representada por la aristocracia comu-nitaria, esta bsqueda se complica si se debe renunciar a las fuentes discursivasms acabadas y regulares que nos han llegado de las comunidades. No tenemoshoy ms que recortes de expresin verbal del campesino medio, poco confiablesadems como manifestacin de su verdadera subjetividad, tanto por la mediacindel escriba como por los condicionamientos del que declara 13, aunque son, paranuestro propsito, ms aprovechables que las descripciones que slo proporcio-nan un estereotipo de su mentalidad' 4. Otro tipo de testimonios nos acercan unpoco ms al objeto de estudio. Se refieren a sublevaciones o a reacciones por nor-mas abusivas' 5 . Sin embargo, aun no siendo totalmente descartables, debentomarse con precaucin, ya que en circunstancias de conflicto, los nimos exalta-dos pueden llevar a confundir lo que slo fue una fluctuacin episdica con laconducta habitual. Una consideracin similar sugieren algunos textos, como elTratado de los pensamientos variables, de autor annimo de fines del siglo XV,que en nombre de los labradores instituye un "...duro requisitorio contra el rgi-men serioriar 6 . Por ello, tal vez convenga aclarar que sera tan fcil mostrar unaconciencia radicalmente contestataria por testimonios excepcionales como lo esabogar por el conformismo de una masa indiferenciada por las expresiones mscorrientes de las aristocracias aldeanas.

    Pero si en el plano verbal la conciencia del subalterno se nos ofrece como uncuarto oscuro que impide discernir sobre su subjetividad, los registros de su con-ducta social pueden decir mucho acerca de la conciencia en su forma prctica.Ello significa considerar las respuestas que desarrolla el agente social no slocomo conciencia discursiva sino a travs de una serie de comportamientos crea-tivos, que configuran un complejo de acciones significativas ante el marco de sudesenvolvimiento.

    Comencemos por revisar qu es lo que emerge de nuestro fichero documen-tal castellano leons sobre el grafo que encuentra en el comportamiento cotidia-no su universo expresivo.

    Los testimonios afloran de manera dispersa y en pequerias cantidades, comoes esperable: los dominantes dejaron pocos registros sobre sus labradores. Pero

    13 LUIS LPEZ, C., y DEL SER QUIJANO, G., Documentacin medieval del Asocio de laExtinguida Universidad y Tierra de Avila, 11, Avila 1990, (en adelante D. Asocio Avila) doc. 160, a. 1489,"( ) El dicho Pedro Rrosado, vezino del Hoyo, testigo [... 1 dixo que a l se le hazia fuerte de conques-tar con Pedro de Avila, porque l avra enojo dello, y que miedo de dezir su dicho (... )" (p. 601).

    MART1N, H., Mentalits mdivales. Xle-XVe sicle, Paris 1996, p. 345.Por ejemplo, DEL SER QUIJANO, G., Documentacin medieval abulense en el Registro

    General del Sello. Vol. IV (31-V111-1485 a 3-V-I488), Avila 1995, (en adelante D. Abulense) doc. 39, a.1486. Tambin MONTERO TEJADA, R. M a ., "Violencia y abusos en los seoros del linaje Manrique afines de la Edad Media", En la Espaa Medieval, 20, 1997, p. 339-377.

    16 PREZ, J., "Los Reyes Catlicos ante los movimientos antiseoriales", en Violencia y conflicti-vidad en la sociedad de la Espaa bajomedieval, Zaragoza 1995, p. 95.

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    no interesa tanto la excepcionalidad como la conjuncin de situaciones de cam-pesinos poco inclinados a consentir el papel que se les asigna como sostenes delorganismo social. Un primer atributo de lo que puede ser considerada una sub-cultura especfica est dado por incidentes de rechazo al seoro con sus obliga-ciones adheridasr . Es consustancial a esta actitud la no aceptacin de las rentas,y posiblemente, el desconocimiento del seor y de las rentas deba ser considera-do como una nica accin particularmente antinobiliar' 8 . Constituye ste unpunto analfticamente delicado, porque muchos documentos indican la negativadel campesino a hacerse cargo de exacciones ilegftimamente situadas fuera del"uso y costumbre", reclamo en el que se encontraba por lo general apoyado porlos miembros de la aristocracia comunal l9. Pero tambin disponemos de otros tes-timonios que no slo dan cuenta del repudio al "mal uso" sino al que se ha esta-blecido con regularidad, como el diezmo, eludido por comunidades que ocultansus rendimientos cosechando "a furto" de noche y agreden a los recaudadores20.El desplazamiento fsico por los trminos para no pagar era una accin habitualde similar contenido2 '. Esta negativa a satisfacer tributos y diezmos poda acom-paarse de otras modalidades contestatarias en aquellos concejos rurales que des-conocan las iglesias parroquiales adoptando una ermita propia y unaorganizacin juramentada 22 . Una manifestacin paralela, pero de distinto alcanceen cuanto impugna la discriminacin estatutaria, proviene del archivo de la cate-dral de Len en el siglo XV, cuando se denuncia que "...en algunos lugares loslegos quieren que los clrigos pechen con ellos en todos los pechos...", presio-

    17 Puede observarse en distintas situaciones, E Len doc. 4, a. 1046; doc. 87, a. 1279; doc. 89, a.1234. FRANCO SILVA, A., "El seoro de Villafranca del Bierzo (siglos XIV y XV)", en La fortuna y elpoder, Cdiz 1996, Ap. Doc., a. 1330, p. 107.

    18 VILLAR GARCA, L.M., Documentacin medieval de la catedral de Segovia (1115-1300),Univ. de Salamanca, Univ. de Deusto, 1990, doc. 229, a. 1294. DAZ DE DURANA, J. R., Vitoria a finesde la Edad Media (1428-1436), Alava 1934, Ap. Doc., actas Municipales de 1428/29, p. 236. MARTNFUERTES, A., Coleccin documental del Archivo Municipal de Len (1219-1400). Len 1998 (en ade-lante Arch. Mun. Len) doc. 4, a. 1236, en carta de Femando III dirigida a los vecinos del alfoz de Lenexpresa, "(...) Dixironme que non queredes dar en el conducho que yo despis agora con el congeio de Len(p. 8).

    Sobre esto hay muchos testimonios, por ejemplo, de COLMENARES, D., Historia de la insig-ne ciudad de Segovia y compendio de las historias de Castilla, Segovia 1969, p. 436. UBIETO ARTETA,D., Coleccin diplomtica de Cullar, Segovia 1961, docs. 54, 117, 118, 120, 124. SEZ, E., Coleccindiplomtica de Sepulveda, Segovia 1956, doc. 117.

    20 MARTIN, J.L., Documentos zamoros I. Documentos del Archivo Catedralicio de Zamora (1118-1261), Salamanca 1982, doc. 153, a. 1255.

    21 SEZ, E., Los fueros de Seplveda, Segovia 1953, Apndice, doc. 27, a. 1373. UBIETO ARTE-TA, D., Coleccin diplomtica de Riaza (1258-1457), Segovia 1959, "Ordenanzas municipales de Riaza de1457, ley 13a. OLMOS HERGUEDAS, E., La comunidad de Villa y Tierra de Cullar a fines de la EdadMedia, Valladolid 1998, Documentacin de las ordenanzas de la Villa y Tierra de Cullar de 1499 (en ade-lante, Ord. Cullar), ley 146 sobre los que Ilegan de otros lugares dice, "(...) E acaesce que quando algunacosa les demandan de pecheros o de otras derramas dizen que no son vezinos e buelbense a los lugaresdonde vinieron" (p. 372).

    22 OCEJA GONZALO, I., Documentacin del monasterio de San Salvador de Oa (1285-1310),Burgos 1986, doc. 392, a. 1293, pleito entablado por el monasterio contra los concejos de Berrueza yQuintanilla.

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    nando a los eclesisticos con no pagar ofrendas y limosnas 23 . Hay indicaciones eneste testimonio de que se trata de un enfrentamiento alentado por seores laicos,enfrentamientos que nos muestran a los dominantes utilizando la lucha de clasespara conquistar posiciones en la competencia feudal, aunque tambin son consis-tentes los indicios de una oposicin especficamente plebeya 24. Si stas parecenser pruebas convincentes de la existencia de un rechazo que va ms all de unareaccin contra agravios irritantes, no son de menor entidad las que surgen de lasinvasiones sobre espacios serioriales mediante desplazamiento de los lmites delas tenencias25 . La tierra, objeto en que se expresaba el desconocimiento de la pro-piedad impuesta, poda sufrir tambin las manifestaciones violentas del descon-tento aldeano, como un lugar que en 1414 fue quemado, "...porque non queryanlos que all moravan obedecer a Avila et a los caballeros..." 26. Una hostilidadabierta o larvada entre las clases impregnaba la atmsfera social de los concejoscon una tensa convivencia27.

    El serior, cuyos intereses interferan sobre variados aspectos de la existenciacomunitaria, desencadenaba calculadas respuestas crticas, como muestran losmoradores de Potes en 1505, organizados para boicotear la tabema del monaste-rio de Santo Toribio de Libana: ni los hombres consuman ni las mujeres vend-an ni tampoco autorizaban que los "foranos" la proveyeran, conflicto que es unaprolongacin del uso ilegtimo que los del concejo haban hecho de la dehesa ydel prado serioria128.

    Una de las expresiones, ms contundentes de que los campesinos eran imper-fectos observantes de las normas se encuentra en un serioro particular de vila,donde, a causa de haberse establecido que los solteros no tributaban, "muchos"rehusaban casarse29 . Rechazar un sacramento y una nueva unidad de percepcin

    " LVAREZ LVAREZ, C., Coleccin documental del Archivo de la Catedral de Len, XII(1351-1474), doc. 3183, a. 1426, p. 207 y 210.

    Id., se expresa esta dualidad en la siguiente frase "... algunos parrochianos e feligreses de algu-nos lugares fase inposigiones sin ligengia de los seores e algunos con ligengia ..." (p. 207). Tal vez puederelacionarse con esto lo indicado en un documento anterior, n 3171, a. 1361, por el cual sabemos que elcabildo se quejaba del deterioro de las rentas y pensiones: "...cotidie deterius et tardibus soluebantur pens-siones per illos qui arrendactiones et possessiones a dicto capitulo ad firman tenebant..." (p. 27).

    " D. abulense, doc. 63, a. 1487, los lugareos de Labajos y Maello en Segovia, labraban en tierraspertenecientes a Fernando Acua, capitn y consejero real. DEL SER QUIJANO, G., Documentacinmedieval del Archivo Municipal de S Bartolom de Pinares (Avila), Avila 1987, doc. 62, a. 1481, avancesobre las caadas de la Mesta.

    26 D. Asocio Avila, doc. 76, p. 331.27 CHACN GMEZ MONEDERO, E. A., Coleccin diplomtica del concejo de Cuenca 1190-

    1417, Cuenca 1998, (en adelante C.D. Cuenca) doc. 29, a. 1289, carta de avenencia de los caballeros yescuderos, que representaban mediante el seoro jurisdiccional colectivo del concejo el poder seorial,para defenderse contra posibles agresiones de los aldeanos (heridas, muertes, etc). En la misma Coleccin,doc. 46 a. 1311, sobre aldea que no quiere obedecer al concejo.

    " LVAREZ LLOPIS, E., BLANCO CAMPOS, E., GARCA DE CORTAZAR, J.A., ColeccinDiplomtica de Santo Toribio de Libana (1300-1515), Santander 1994, doc. 536.

    BLASCO, R.,"Ordenanzas municipales de Villatoro (Avila)", Anuario de Historia del DerechoEspariol, 1933, p. 420.

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    indica que el campesino se representaba su situacin en trminos crticos msvastos que una simple conciencia de reproduccin fisiolgica. Tenemos tambine 1 derecho de preguntarnos cuntas veces esta actitud se habr repetido sin haberdejado huellas en los documentos. El repertorio de medios a los que el campesi-no apelaba para expresar sus sentimientos era variado, y se materializaba en unagama de conductas contraculturales recreadas y redefinidas de acuerdo a las cir-cunstancias. Algunas, como la murmuracin acusatoria, parecen provenir detiempos antiguos y reiterarse a travs de las distintas pocas inscribindose enuna conducta recurrente que no presenta sesgos conformistas". Los subaltemosdesplegaban un rosario de altemativas para alcanzar ventajas ocasionales, y cier-tas actitudes, como el despoblamiento, podan combinarse con una deliberadamanipulacin de las disensiones entre los dominantes 31 . En un espacio socialdonde no "hay hombre sin seor", el fraccionamiento jurisdiccional ofreca unmargen de maniobras para mejorar circunstancialmente la situacin". Surganas, estrategias de inconfundible contenido popular que, lejos de los educadosreclamos de las lites aldeanas, se presentan como distintas versiones de un nicocomportamiento transgresor.

    La mera continuidad del "mal uso" no transformaba, por otra parte,las accio-nes del serior en prcticas aceptadas. En los deslindes de tierras concejiles de laBaja Edad IVIedia, los comunales suelen permanecer durante muchos arios apro-piados por seriores o caballeros sin que el campesino olvide sus derechos, y cuan-do la oportunidad se presentaba con la presencia de una autoridad enviada por laCorona, el testigo extraa del fondo de la memoria colectiva los argumentos acu-satorios contra el apropiador, aun cuando ste pretendiera legitimarlo por "cos-tumbre inmemorial"". Tampoco someterse a una determinada jurisdiccin, comohicieron tributarios de Tolosa hacia mediados del siglo XV aceptando el serioro

    30 En mi artculo "Representacin..." he tratado la difamacin en p. 155 y ss., y esto se encuentraen diferentes documentos. Sobre que esta tradicin puede remontarse en el tiempo, vid. VIVES, J.,Concilios visigticos e hispano-romanos, Barcelona 1963, Conc. Mrida, a. 666, can. XV.

    LERA MAILLO, J. C., et al., Coleccin diplomtica del imperial monasterio de Nuestra Seriorade Valparaso (1143-1499), Zamora 1998 (en adelante C. Valparaiso), doc. 102, a. 1343, Gname, "(...)lugar del dicho monasterio que estava hiermo y despoblado por los pechos que le ponan ms que en losotros lugares de los cavalleros (...), (p. 95). F Len, doc, 29., a. 1165, el obispo haba dado la villa deToldanos en prestimonio a un caballero y los vecinos la despoblaron con apoyo del conde Pedro Alfonsoreclamando la heredad como propia. Se Ilega a un acuerdo relativamente favorable para los campesinos.PEREDA LLARENA, F.J., Documentacin de la Catedral de Burpos (1294-1316), Burgos 1984, (en ade-lante D. Catedral Burgos), docs. 312 y 313, a. 1295, en un conflicto entre el concejo y el cabildo de la cate-dral se intuye que los vecinos obtenan ventajas, desde no pagar hasta la utilizacin del agua.

    32 Arch. Mun. Len, muchos son los testimonios sobre moradores que se niegan a tributar alegan-do que no pertenecen a la jurisdiccin, doc. 140 a. 1345; doc. 157 a. 1351; doc. 172 a. 1352, etc. Id., endoc. 205 a. 1364, los moradores de Villadangos se reconocen alfoceros de la ciudad de Len diciendo que"(...) estauan muy pobres por muchos agrauios e forgias e desafueros" (p. 281) que les hiciera su seor,Pedro Alvarez Osorio.

    33 D. Asocio Avila, doc. 166, a. 1489, p. 620 y 621; doc. 158, p. 588. DEL SER QUUANO, G.,Documentacin medieval de Archivos Municipales Abulenses, Avila 1998, Doc. del Archivo Municipal deBonilla de la Sierra, doc. 26, a. 1496, p. 128 y ss.

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    urbano, para defenderse "...de los sennores de los solares comarcanos...", es sin-nimo de consentir la dependencia social, como esos mismos tributarios demues-tran negndose a cumplir las gabelas que les exigen sus protectores 34. Elmalhechor feudal, por otra parte, poda encontrar la decidida resistencia de loslabradores cuando apareca por la aldea, como experimentaron los caballeros delduque de Alba hacia 145035.

    Ante una recursiva conducta disidente, las violentas insurrecciones "delabradores a voz de comn"" se pueden apreciar mucho menos como furoressbitos que como una expansin en la superficie de una conciencia crftica subte-rrnea. Los campesinos sublevados simplemente no cumplen con las disposicio-nes que se les imponan, utilizan a su antojo las tierras que el serior se habareservado, y en todo sentido actan como si hubieran encontrado las condicionesoriginarias de libertad que buscan en su vida cotidiana".

    No es el momento de abundar sobre una encuesta digna de ser continuada,pero desde ya, nos asiste el derecho a desconfiar de expresiones de sumisinlogradas bajo presin coactiva". Aun la ms ostentosa aceptacin hacia el seriorse daba en un marco de simulacin ante lo inevitable, incluyendo dramatizacio-nes, con un clculo de conveniencias prosaicas39 y en algn caso, la ceremonia de

    34 LEMA PUEYO, J. A. y TAPIA RUBIO, I., Coleccin diplomtica del Archivo Municipal deTolosa, 2. (1420-1499) Fuentes documentales medievales del Pas Vasco, 65, 1996, doc. 10, a. 1450, p. 23.

    " VACA, A., y BONILLA, J.A., Salamanca en la documentacin medieval de la Casa de Alba,Salamanca 1989, docs. 141, 142 y 143. En este enfrentamiento muere un campesino.

    36 Crnica del Rey don Alfonso el Onceno, BAE, t. LXVI, Madrid 1953, p. 197.PUJOL Y ALONSO, J., "Crnicas annimas de Sahag n", Boletn de la Real Academia de la

    Historia, LXXVI, 1920, en el fuero de Sahagn se sostena que "...si alguno dellos tajase o cortase delmonte que pertenesge al monasterio aun tan sola una rama que sea puesto en la cargel..." (p. 119). Cuandoestalla la rebelin, no slo los campeSinos dejan de pagar los tributos (p. 245), sino tambin parecen usarlas tierras libremente. Lo dice la Crnica refirindose a los humildes artesanos ("personas muy biles"),seguramente de tipo rural, y agrega, "... e ya si alguno les reprehendiese de los excesos sobredichos o lescontradijese, duramente respondiendo degan: de parte del diablo fue e vino quien don a los monjes pose-er tal heredad (p. 356). El vnculo de esta conducta en la rebelin con comportamientos usuales, se mues-tra en D. Asocio vila doc. 186, a. 1490, cuando un testigo declara que todos los moradores de Zapardielde Serrezuela "...aravan por donde queran..." en las tierras comunes (p. 759). Este tipo de comportamien-tos se encuentra en muchos periodos, por ejemplo, LUCAS LVAREZ, M., El tumbo de San Julin deSamos (siglos VIII-X11). Estudio introductorio. Edicin diplomtica, apndices e ndice, Santiago deCompostela 1986, doc. 46, a. 933, invasin de trminos del monasterio de Samos.

    En F Len, doc. 87., a. 1279 los hombres de behetra de Valcavado se haban negado a recono-cer el seoro del obispo de Astorga debiendo Alfonso X intervenir para que dicho concejo los sujete a lacondicin de vasallos. Los mencionados hombres de behetra terminan jurando las obligaciones: "(...) Etspecialmientre renungiaron que non pueden dezir que fezieron este pleyto por forgia nen por miedo e con-nosgieron que lo fagien de sus bonas uoluntates, porque entendieron que deuien seer uasallos del obispo deAstorga por derecho e porque fezieran grant tuerto a los obispos de Astorga de les negar sou seorio, e pormuchos foros que les ouieron a fazer que les non complieron assy commo deuiran (...)" (p. 259-261).

    " BARRIOS GARCIIA, A., et al., Documentacin medieval del Archivo de Mombeltrn, Avila1996 (en adelante D. Mombeltrn), doc. 23., a. 1432, cuando Juan Snchez de la Adrada, en nombre dedon Alvaro de Luna toma posesin de unos alijares, al Ilegar al lugar Ilamado los Mijares, re ne a los veci-nos y les exige que respeten la propiedad seorial. Estos cumplen con el rito de subordinacin poniendo lacarta de concesin real en sus cabezas, declaran obedecerla, besan la mano derecha del representante seo-rial y afirman "...que les plaza ser sus vasallos" (p. 54). Esta dramatizacin es posterior al acto de fuerza

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    subordinacin se confunde con la sancin degradante como represalia por lamuerte de un miembro de la comunidad sefioria1 40. Los aldeanos que colaborabancon el serior podan sufrir diversas situaciones que gravaban con una costosaincomodidad la ventaja potencial de su conducta: desde las agresiones colectiva-mente concertadas hasta los juicios peyorativos, el "lenguaje de clase" perturba-ba la convivencia vecnal41.

    Estas evidencias, todas ellas extradas de situaciones geogrficamente res-tringidas, expresan un hecho general. La copla inglesa que se recitaba en la revuel-ta de 1381, "Cuando Adn cavaba y Eva hilaba, j,quin era el serior?", impresionatanto por su radicalidad subversiva como por su irradiacin en alemn, holands,sueco y lenguas eslavas 42. Con espritu aristotlico, podemos ver en el campesinoespariol de nuestros documentos a todos los campesinos medievales con respues-tas sociales que nos orientan hacia una conciencia crtica disidente.

    Los testimonios del esquema subjetivo del agente no explican, sin embargo,la naturaleza de una conciencia, que aun exhibiendo propiedades antisistmicas,no se plasm ni en una accin colectiva regular ni en movimientos francamentepolticos. Llegar a la teora desde la evidencia emprica es el paso que nos aguar-da en este recorrido para responder esta cuestin.

    LA TEORIA SOBRE CONCIENCIA DE CLASE

    Rodney Hilton y James Scott, autores que nos abrieron la revisin del pro-blema, participan del mismo clima cultural, el de los historiadores marxistasingleses. Comparten con los miembros de la escuela dos premisas sobre el tema:1) la conciencia de clase es peculiar de la sociedad industrial; 2) otorgan a laexperiencia un rol metodolgico central para comprender el fenmeno. CuandoHilton define la conciencia del campesino medieval, como conciencia negativa, lacontrapone implcitamente a la conciencia de clase del obrero capitalista43 . Por

    donde el seor impona su propiedad junto con el smbolo de la justicia, la horca. Pero no puede leerse esteacto como una aceptacin voluntaria. Los aldeanos de El Colmenar llegan a un acuerdo con el represen-tante de don Alvaro de Luna por el cual podan llevar sus animales a los alijares, pacto que se establece"...por que gesen debates e costas e ruidos" (id. doc. 25, p. 66). GARCA LUJAN, J. A., Cdice diploma-tico procesal del monasterio de Santo Domingo de Silos (1346), Crdoba 1996, el tributario poda reve-renciar al abad o al clrigo de misa besndole la mano, pero no como reconocimiento de seoro sino"...por ganar quarenta das de perdn..." (p. 94).

    4 C. Valparalso, doc. 307, a. 1492, pp. 276 y 277, sancin impuesta a los moradores de Fuentel-carnero por la muerte de un fraile en el contexto de un largo conflicto entre el concejo y el monasterio.

    4 Para el primer caso, ASTARITA, C., "Representacin", para el segundo, D. Asocio Avila, doc.160, a. 1489, dice un testigo "(...) que le dixera su padre que por estos mojones antiguos soliamos guardare vezinos malos del pueblo, por ganar gragias con los seores, higieron que se pusieran los mojones nue-vos (...)" (p. 603).

    42 BURKE, P., La cultura popular en la Europa Moderna, trad. esp. Madrid 1991, p. 99 y 100.43 HILTON, R. Siervos..., p. 71 y 172, la conciencia de clase negativa estaba en adoptar la defini-

    cin de clase de los enemigos y no la propia.

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    otro lado, esta cualidad del campesino la establece describiendo situaciones en lasque ste rechaza los agravios serioriales y aspira a conservar las costumbres here-dadas, y sobre esta base actan los idelogos de la clase dominante otorgando unaforma precisa a la aceptacin del sistema. En el relato de Hilton, el campesino seacerca a una conciencia de clase en determinados momentos, cuando siente lainjusticia del serior que eleva las rentas y degrada su estatuto social, con lo cual,la parcial superacin del conformismo habitual obedece a un mecanismo pura-mente vivencial. Eric Hobsbawm mantiene el mismo principio metodolgico eindica que la conciencia de clase aparece con el proletariado modemo por expe-rimentacin directa44. Por su parte, Edward P. Thompson dot a la historia con lasvirtudes artsticas del lenguaje para exponer esta tesis en m ltiples situaciones delproletariado en formacin, logrando el resultado ms refinado en esta lnea derefiexin45 . Su obra alcanz un justificado reconocimiento acadmico, y por sucarcter modlico, en tanto constituye una acabada expresin de la escuela de his-toriadores marxistas ingleses, impone un examen de su aspecto sustancia146.

    Apelando a un descriptivismo de alta complejidad, que disimula su matrizterica, Thompson establece que la clase obrera inglesa se constituye entre 1790y 1830, cuando desarrolla su conciencia de clase, entendida como la concienciade una identidad de intereses entre diferentes grupos de la poblacin trabajadoray contra los intereses de otras clases47 . La sobreexplotacin del perodo contribuaa la "transparencia del proceso de explotacin y a la cohesin social y cultural delos explotados" de lo que se desprende que el verdadero rostro del sistema es des-cubierto por el obrero mismo experimentando las condiciones de vida, procesoautoconstituyente que se condensa en "que la clase obrera se hizo a s mismatanto como la hicieron otros" 48 . La conciencia surge por experimentacin, en laconfrontacin entre las tradiciones y la forma como viven los individuos, siendo

    44 HOBSBAWN, E., "Notas sobre la conciencia de clase", en El mundo del trabajo. Estudios his-tricos sobre la formacin y evolucin de la clase obrera, trad. esp. Barcelona 1987, p. 29-50 y espec.p. 35.

    45 THOMPSON, E. P., La formacin de la clase obrera en Inglaterra, 2 vols., trad. esp. Barcelona1989.

    46 Los comentarios que su obra suscit son muchos e influyeron en distinta medida para este an-lisis. Entre los ms destacados, ANDERSON, P., Teora, poltica e historia, Un debate con E.P. Thompson,trad. esp. Madrid 1985. CAINZOS LOPEZ, M.A.,"Clase y estructura: de E.P. Thompson al posmarxismo",Zona Abierta 50, enero-marzo de 1989, p. 1-69. En Historia Social 18, invierno 1994 consagrado a su obrase publicaron los estudios de ELEY, G., E.P. Thompson. Historia social y cultura poltica: la formacinde la clase obrera. 1780-1850, pp. 63-75; SEWELL, Jr., W.H., "Cmo se forman las clases: reflexionescrticas en torno a la teora de E.P. Thompson sobre la formacin de la clase obrera", pp. 77-100 ; MEIK-SINS WOOD, E., "Entre las fisuras tericas: E.P. Thompson y el debate sobre la base y la superestructu-ra", pp. 103-124; PALMER, D.B., "La teora crftica, el materialismo histrico y el supuesto fin delmarxismo", pp. 125-151; GIDDENS, A., "Fuera del mecanicismo: E. P. Thompson sobre conciencia e his-toria", pp. 153-170.

    47 THOMPSON, E.P., op. cit., vol. 1, p. 203.Id., pp. 208 y 204. El mismo criterio utiliza HOBSBAWN, E., Las revoluciones burguesas, trad.

    esp. Barcelona 1979, pp. 373 y ss. aunque con un desfasase cronolgico respecto de Thompson, ya quesita la formacin de la conciencia de la clase obrera inglesa especialmente entre 1815 y 1848.

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    el conflicto parte de esas condiciones de existencia. Esta formulacin coincide enmuchos aspectos con la de conciencia espontnea o inmanente.

    La notable reconstruccin histrica de Thompson es, simultneamente, unafuente que nos libera del inexpresivo relato institucional y una britnica subesti-macin del asunto teortico implicado en la conciencia de clase. Si logramos sus-traernos por un momento de su fascinante narracin, aflora el aspectoproblemtico del concepto de experiencia como nico mediador entre ser y con-ciencia. La objecin es resumible en que la situacin vivencial no necesariamen-te se elabora como conocimiento real, salvo que se parta del supuesto de que larealidad, con su desarrollo contradictorio, est fijada especularmente en la con-ciencia. Pero no tratamos aqu de autmatas con reflejos precisos sino de hom-bres que, por ejemplo, durante siglos "experimentaron" el amanecer y la puestadel sol invirtiendo en su representacin el verdadero movimiento planetario. Ellosno se engariaban: el sol esconda en su movimiento sensible su movimiento real,nicamente comprendido en un plano gnoseolgico diferenciado49. La compara-cin slo en apariencia nos aleja de las ciencias sociales; Marx justifica todavahoy su trabajo terico en esta dialctica de lo real.

    Recordemos entonces lo que Thompson descuida. Si la conciencia de clase esel conocimiento de la situacin que ocupa la clase en el interior de las relacionessociales de produccin, ello est sujeto tanto a las posibilidades de lectura que ofre-cen las relaciones sociales como a la capacidad de los lectores 50 . Por consiguiente,la relacin entre la forma como se presentan las relaciones sociales y la posibilidadde actividad cognitiva del agente acerca del funcionamiento social adquiere unaimportancia decisiva en la resolucin del problema. En este sentido, la concienciade clase es definible como conciencia intelectual (aunque no se exprese slo ver-balmente, y puede encontrarse implcita en cualquier tipo de accin) sujeta en pri-mera instancia al grado de visibilidad de las relaciones sociales, con lo cualexperimentar la explotacin no necesariamente debe traducirse en conciencia declase. Con esto se quiere expresar que la conciencia de la clase es un problema cog-nitivo relacional entre inteligibilidad de la realidad y capacidad refiexiva del agen-te, posibilidad perceptiva que supera lo meramente vivencial, y por consiguiente,las condiciones en que se desenvuelve la actividad prctico-intelectual del indivi-duo son las condiciones de aprehensin situacional en la conciencia. En la existen-cia social, el grado de visibilidad de la estructura es doblemente lo que las

    49 El ejemplo ha sido tomado de ROSENTHAL, M., Les problmes de la dialectique dans LeCapital de Marx, trad. franc. Pars 1969, p. 275.

    5 Esto implica una delimitacin del problema. Encontrar en cada desviacin de la conducta "ofi-cial" un indicio de conciencia de clase revela un empleo abusivo y distorsionante del concepto. El campe-sino puede tener una cantidad de ideas extravagantes segn la ortodoxia eclesistica, como preferir losmilagros de un brujo o de un perro, y esto es una eleccin muy irritante para la dignidad del santo, peroninguna de esas creencias son percepciones del funcionamiento social. Es oportuno aclarar que la herejia,como movimiento de disidencia fundamentalmente espiritual, que no pertenece a la conciencia social deun sector definido, puede ser obviada en este anlisis.

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    relaciones de produccin habilitan comprender y lo que limitan en la comprensin,obtenindose una nocin de sujeto inmerso en una reflexividad limitada, que es unaimpugnacin de su sobredimensin omnisciente, criterio este ltimo que est muycerca de su opuesto, el de la causalidad mecnica de las relaciones sociales "pro-duciendo" la conciencia de clase en algn nivel subracional o sensorial (cualquierade las dos opciones puede ser aplicable al patrn analftico de Thompson y de laescuela de historiadores marxistas ingleses). Como expresin del funcionamientosocial en la subjetividad de los agentes, el conflicto es consustancial a esta particu-lar actividad cognitiva, pero, al igual que la mera experimentacin existencial, no laproduce por s mismo en un sentido acumulable ms que bajo la condicin de suelaboracin reflexiva. El combate singular de una comunidad campesina aisladacontra su serior, la recursiva circularidad de conflictos reprimidos o la extenuantemutilacin seriorial de las libres condiciones de existencia, pueden constituir otrastantas determinaciones que fijen un curso subjetivo opuesto a la conciencia de clase.El juicio epistemolgicamente condenatorio sobre la experiencia como exclusivamediacin entre ser y conciencia se fundamenta en estas consideraciones.

    La inspiracin de esta crftica se encuentra en la metodologa y el desarrollopolitico-sociolgico de Georg Lukcs, que distingue entre conciencia de clase realy conciencia de clase atribuida, refirindose con esta ltima expresin a la que lostrabajadores tendran si pudieran comprender por completo su situacin". En elcapitalismo, la conciencia de situacin real no surge por experimentacin directadebido a la no transparencia de la explotacin en una sociedad donde el salarioaparece como pago del trabajo y la ganancia como fruto de los medios de produc-cin52 . Esta resolucin, que remite el problema de la conciencia de clase en lasociedad capitalista a la divergencia entre la forma como se presenta la relacinsocial y su contenido real, y por lo tanto no apreciable como posibilidad inmedia-ta, descifra situaciones emprico-problemticas que el modelo de conciencia direc-tamente experimentada no puede resolver, como el de la "excepcionalidad" de laclase obrera norteamericana. Slo es una anomala si por tal se considera la debi-lidad de la accin socialista programada, o ms bien, las sucesivas represiones yderrotas de los partidos socialista y comunista". Lo histrico-contingente no esta-blece ms que una relacin mediada con la causacin estructural.

    LUKACS, G., Historia y conciencia de clase, trad. esp. Mxico 1968, pp. 60 y ss." Ya en las versiones del capitalismo medieval se constata que la explotacin no es necesariamen-

    te percibida como tal. Vid BRUCKER, G.A., "The Ciompi Revolution", en RUBINSTEIN, N., FlorentineStudies. Politics and Society in Renaissance Florence, Londres 1968, p. 354, afirma que la explicacin msaceptable para la moderada actitud de los ciompi durante la revolucin de 1378 es que el popolo minutoadmita el capitalismo, a pesar de su carcter inequitativo.

    " HOBSBAWM, E., "Notas ", op. cit., p. 45, que considera que las formas ms elementales de con-ciencia de clase entre los obreros modernos tienden a constituirse espontneamente, indica la "excepcio-nalidad" norteamericana. Son excepciones como sta las que deberan inducir a revisar la tesis sobre lainmediatez de la conciencia de clase. Ver sobre el caso estadounidense un resumen de estudios en POZZI,P., "Excepcionalisnio y clase obrera en los Estados Unidos" en POZZI, P. et al., De Washington a Regan.Trabadores y conciencia de clase en los Estados Unidos, Buenos Aires 1990, pp. 11-21.

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    Lukcs consideraba que las sociedades precapitalistas presentan una menorinterdependencia entre sus partes y es por esto que la relacin de los diversos gru-pos con el todo no puede tomar en su conciencia una forma econmica, asu-_miendo las luchas de los oprimidos modalidades religioso-naturalesjurdico-estatales. En concordancia con la mayor laxitud de la cohesin econ-mica, las formas jurdicas, que constituyen las estratificaciones estamentales,penetran constitutivamente en las relaciones econmicas con el resultado de queen estas sociedades no hay categoras econmicas puras.

    Las bondades que este enfoque proporciona para resolver la conciencia declase es nuestro punto de partida aprovechable, no tanto por un seguimientopuntual sino por la perspectiva de comprender la conciencia en referencia a laestructura csica de la sociedad capitalista. Si en esta ltima la explotacin declases no es una evidencia sino que aparece como una relacin contractual libreen la que aparentemente el obrero recibe mediante su salario la totalidad de loproducido por su trabajo, y con este fundamento los idelogos pueden disimu-lar lo disimulable, en el modo de produccin feudal, por el contrario, la explo-tacin es explcita, y nadie se molesta por negarla sino por justificarla. A ellose destina la imagen funcional de los tres rdenes, y el conjunto de operacionesideolgicas de los dominantes (discursos verbales o no verbales, sanciones nor-mativas) iluminan esa visibilidad. En un aspecto central, la sociedad medievalse revela como el reverso de las consideraciones de Lukcs, en el sentido de quelas prcticas jurdicas e ideolgico-polticas estn inextricablemente unidas ala categora econmica de la explotacin no para ocultarla sino para exhibirlacomo el derecho de unos pocos a disponer del plustrabajo de la mayora.Sin embargo, la apreciacin subjetiva es una facultad histricamente diferen-ciada, no slo por la forma de la objetividad sino tambin por la situacindel agente.

    Efectivamente, las condiciones en que opera la actividad cognitiva del cam-pesino, en el sentido de su capacidad para descifrar el funcionamiento social, sona su vez instituidas por su actividad prctico-intelectual como organizador de su"empresa" y de los nexos con otras unidades de produccin, emergiendo, en estascondiciones, una conciencia de autonoma emanada de la accin autosubsistentede la unidad productiva. En el sistema feudal, el poder superior, aun cuando seemperia en controlar la produccin, slo adquiere una incidencia puramente epi-drtnica. Este hecho, que se fundamenta en la disposicin de las relaciones socia-les, convierte al trabajo campesino en una propiedad cualitativa inherente delsujeto, que controla desde la regulacin del ciclo productivo hasta la distribucinde tareas de los miembros de la casa. La subjetividad no es pasivamente contem-plativa ante el proceso laboral sino dinmicamente educada en dirigir la repro-duccin social, de la que conoce sus mecanismos intimos, establecindose unavinculacin orgnica entre la actividad y el producto del trabajo. Esta forma detrabajo es radicalmente alterada con la produccin mecanizada capitalista, quedescompone el proceso laboral en operaciones parciales, transformndose la acti-vidad productiva en una funcin especial, y con ello desaparece el producto uni-

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    tario como objeto del proceso de trabajo 54 . La racionalizacin del capitalismoavanza mediante una apropiacin de saberes, anulando las facultades racionalesdel trabajador, su peculiaridad humana, como resultado del dominio del trabajomuerto (el capital) sobre el trabajo vivo, aspecto acerca del cual tuvieron plenodiscernimiento los intelectuales orgnicos del movimiento obrero, emperiados enel ms ambicioso emprendimiento social-gnoseolgico que haya tenido en la his-toria cualquier sector subalternos". Con el capitalismo, los marcos culturales y lavariedad de matices ideolgico-polticos comienzan a jugar un papel creciente,que se contrapone a la menor variabilidad de las condiciones cognitivas del cam-pesino medieval. Desde otro punto de vista, durante mucho tiempo, las ideas queembellecan el mundo tradicional perdido fueron la romntica respuesta tico-idealista ante una realidad de relaciones csicas que degradaba la subjetividad delproletariado56.

    De manera inevitable, el campesino ve entonces la explotacin como relacinreal, como sustraccin peridica de una parte de su trabajo (vivo como corvea uobjetivado en el excedente), y, en la medida en que no slo puede reconocer susituacin de inferioridad sino tambin el mecanismo que la genera, una concien-cia crftica disidente deviene entonces como consecuencia previsible de la inteli-gibilidad que ofrece la estructura que l produce en su aspecto celular bsico. Siel campesino prescinde del serior cuando determina los modos concretos de suactividad, no se presenta ninguna condicin para que lo fije en su concienciacomo una necesidad de su existencia sino como un factor que perturba la dispo-nibilidad del producto autogenerado, y esta conciencia de rechazo se actualizacada vez que el seor extrae parte del producto, con lo cual la actividad cogniti-va sobre las relaciones sociales se despliega junto con el antagonismo social. Aundeterminados instrumentos, como el horno y el molino, eran componentes org-

    LUKACS, G., op. cit., pp. 90 y SS.56 Algunas precisiones pueden agregarse sobre esto: 1) La racionalidad capitalista es tanto la nega-

    cin de la facultad racional del proletariado en el proceso de trabajo como la proletarizacin de los atribu-tos racionales del intelectual. 2) En el feudalismo, lo que se presenta como produccin tradicional conpocas alteraciones, se basa en la actividad fluida y cambiante del trabajador individual. En el capitalismo,por el contrario, la constante mutacin tcnica se realiza a costa de la fijacin repetitiva de la actividad indi-vidual. 3) En el sistema corporativo artesanal urbano del feudalismo se da un doble proceso contradictoriocon relacin al trabajo. Por un lado, la actividad semiartstica del artesano presupone el dominio de unadestreza laboral sin intermediacin mecnica, como propiedad intransferible del maestro artesano. Por otrolado, el dominio externo del capital comercial sobre el proceso productivo comienza a separar las distintasfases de la produccin del producto, negndole al artesano el principio de relacin unitaria con el objetode su trabajo. 4) Por ltimo, si bien el proceso de produccin capitalista es por un lado la negacin de laactividad cognitiva, ofrece tambin, y contradictoriamente, la posibilidad de reconocimiento de la explota-cin, por el hecho de que el trabajador objetiva su fuerza de trabajo separndola de su personalidad y lavende como una mercanca, y por esta escisin entre objetividad y subjetividad, la situacin resulta sus-ceptible de conciencia, sobre esto ltimo, LUKACS, op. cit. p. 186.

    56 Una expresin de estas ideas se relaciona con el tema que vamos a tratar aqu. Consiste en el estu-dio de TGIVNIES, F., Gemeinschaft und Gesellschaft. Abhandlung des Communismus und des Sozialismusals empirischer Kultutformen, Berlin 1920 (La ed. 1887), que contrapona la Gemeinschaft como mbito deuna cooperacin idlica entre sus miembros a la competencia egosta de la sociedad capitalista.

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    nicos de la unidad domstica, que el serior monopoliza como imposicin carentede toda funcionalidad econmica que se inscriba en la lgica campesinas".

    Esta autonoma prctico-intelectual supera, en verdad, los marcos de la rela-cin entre serior y campesino estableciendo un esquema de percepcin que infor-ma el campo relacional de cada unidad domstica. Los rasgos de competenciaindividual en comunidades que, stricto sensu, no estaban configuradas por indivi-duos como tales sino por representantes de unidades de produccin domsticas58se combinan con modalidades cooperativas impuestas por necesidades organizati-vas. Esta oscilacin, vinculada con la dualidad posesin individual-propiedadcomunitaria, establece un marco de actividades productivas con exclusin de cual-quier presencia externa. En las reglamentaciones aldeanas, como cristalizacinnormativa de la capacidad autnoma del campesino, se manifiestan estas cualida-des, con lo cual, una conciencia para s, en el alcance limitado de conciencia de laindividualidad, puede considerarse un producto "natural" de las bases sociales. Encada acto de la vida del campesino se revela esta representacin conceptual, y elrechazo a la transferencia de plustrabajo que le exige el seor tiene su paraleloemprico en la aspiracin a consolidar el individualismo de su propiedad y laexclusividad de los derechos de su aldea sobre los comunales". La misma unidadde produccin se encuentra afectada por este principio, y la familia termina cons-tituyendo un ambivalente reducto de cohesin y desgarradores conflictos 60. Laregla del comunismo vulgar, que se constituye como la generalizacin de la pro-piedad privada, es el supuesto de esta conciencia de ser para s 61 . El campesino, al

    57 Muchos testimonios que hablan de absorcin de propiedades campesinas por los sefiores muestranlos molinos comunales. Adems, RIVERA GARRETAS, M., La encomienda, el priorato y la villa de Uclsen la Edad Media (1174-1310). Formacin de un seoro de la Orden de Santiago, Barcelona 1985, Coleccindiplomtica, doc. 114, Madrid a. 1224, Fuero de Afiador, "(...) Ecclesias e fomos e tiendas e molinos e cami-ceras que sean de la Orden. E todo aquel vezino que forno quisiere far en su casa, fagalo para s, e otro vezi-no ninguno non aya poder de cozer en aquel fomo si non fuere en el de la Orden" (p. 332). Tambin, D.Catedral Burgos, doc. 355, a. 1301, construccin de un molino comunal impedida por el cabildo de la catedral.

    " Cfr. TOUBERT, P., "Les status communaux et l'histoire des campagnes lombardes au XIV si-cle", Mlanges d'Archeologie et d'Histoire. Ec. Fraw. Rome, LXXII, Pars 1960, p. 445.

    " Ver por ejemplo el testimonio de D. Asocio Avila doc. 186: "...que en aquellos ero los deCapardiel pagian (...) salvo que non dexavan entrar (...) a pager los ganados e bestiales de Fernand Lpezde Moreta, que beva en Montalvo, fuera deste congejo, aunque tena aqui en Capardiel heredad e porfia-va de entrar a pager..." (p. 764). Las colecciones documentales de aldeas y concejos estn plagadas de plei-tos sobre comunales por competencias entre aldeas.

    6 Ord. Cullar ley 162, sobre el derecho de labrar tierras comunales "entradizas", dice que los hijosdel labrador que haba muerto, "...no dan parte de ellas a las mugeres de los tales defuntos por tal manera quelas dichas mugeres quedavan pobres e deseredadas de las dichas tierras avindolas ellas ayudado a romper elabrar" (p. 377). Esto se inscribe en una conducta general, como se ve en la ley 196 sobre disputas entre pose-edores de tierras, " porque cada uno quiere entrar al otro la parte que puede, diziendo que es suyo" (p. 409).

    61 El concepto "comunismo vulgar" est tomado del que usara Marx, vid., CORNU, A., CarlosMarx. Federico Engels. Del idealismo al materialismo histrico, trad. esp. Buenos Aires 1965, p. 600. Elcriterio reaparece en MARX, C., El 18 Brumario de Luis Bonaparte, trad. esp. Buenos Aires 1999: por suaislamiento el campesinado francs del siglo XIX constitua una bolsa de patatas (p. 130). Estas elabora-ciones se corresponden con las de GURIEVICH, A., Las categoras de la cultura medieval, trad. esp.Madrid 1983, p. 64 y ss. sobre que la naturaleza no representa un mero vnculo sujeto-objeto sino una cua-lidad de la persona, aunque aqu no se acuerda con su negacin del concepto de propiedad.

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    que las condiciones sociales le enseriaron a dirigir su unidad de produccin, esten situacin de reproducir a nivel conceptual la negacin del serior que aprendien su vida prctica reflexiva, y esta forma que adopta la conciencia campesinacomo (re) establecimiento de la propiedad individual envuelve tambin los vncu-los con otras unidades de produccin. El comunismo individualista es entoncestanto la conciencia antiseriorial como la conciencia competitiva en el seno de lacomunidad, dualidad que responde a un nico criterio de exclusin hacia todo fac-tor que altere el ritmo autnomo de la unidad productiva. Un apetito de bienesmateriales, derivado del espritu egosta de ese "comunismo grosero", como recha-zo de ser para otro, emana como el objetivo fcticamente alcanzable de modo par-cial. Como sistema de representacin, que se inscribe en la lgica delfuncionamiento social, este esquema es tanto una idea fuerza que subyace en laconducta reproductivista del campesino como una ambivalencia que preserva elaislacionismo y potencia la oposicin de intereses, irreductibles por naturaleza,con el serior, con el correspondiente desenvolvimiento colectivo transgresor. Larebelin contra el sistema subyace como una potencialidad contenida en el indivi-dualismo, aunque su concrecin estar condicionada por la situacin histrica. Enel conflicto surgen tendencias de asociacin que se resuelven como una sumatoriade fuerzas particulares de la comunidad, y aun en los momentos de solidaridadimpuesta ante situaciones lgidas, la individuacin persiste como la trama indecli-nable de la conducta campesina. El estatuto de esta apreciacin puede evaluarsecomparativamente con la conciencia de clase del obrero modemo, que se concre-ta como unidad de clase y no en la forma de nexo intraclase, el signo tipolgico delas solidaridades del campesino medieval. Cuando la lucha de clases no es ms queuna suma contingente de voluntades, la simple agregacin de conciencias crticasniega la conciencia de grupo, y toda unidad de clase queda afectada con una irre-mediable exterioridad, apareciendo como fenmeno circunstancial no orgnico.

    Es por esto tambin que cuando la ilusin de liberarse de la presencia serio-rial se expresa mediante el lenguaje de una religin ecumnica (como regresin ala pobreza evanglica) el estadio de felicidad de los antepasados adopta un con-tenido que trasciende la individuacin para adquirir la connotacin de una abs-tracta generalidad comunitaria que se sita en las antpodas de la concienciacampesina. El ideal de vida apostlica, que proclama el desprendimiento absolu-to convirtiendo la miseria en una virtud, anula la identidad campesina como suje-to social en la misma medida en que la limosna, que obtiene el vagabundo comoforma de vida, se enfrenta a la estabilidad reproductiva del tenente, aunque lossentimientos antieclesisticos, por inorgnicos que sean, introducen una potencialmediacin antisistmica.

    Secundariamente, es posible advertir que un aspecto cuestionable de la teorade Scott es creer que un objetivo econmico de valores de consumo se traduce enun mero objetivo de sobrevivencia fisiolgica. Nada impide que el campesinoaspire a obtener acumulaciones propias y a mejorar sus condiciones de vida msall de lo indispensable, como muestran los segmentos superiores de las comuni-dades. El presupuesto de que el campesino acta reactivamente slo ante el agra-

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    vamiento de sus condiciones de existencia, mientras acepta que el recaudador selleve slo una parte de lo que produjo, es una seria subestimacin de la inteligen-cia que el agente social ha dejado traslucir en su actividad, Rodney Hilton ymuchos medievalistas participan de esta interpretacin que Scott ha sistematizado.

    Se deduce, entonces que si un dbil reconocimiento de la identidad grupal,derivado de la orientacin individualista, acomparia al sentimiento antiseriorialdel campesino, la conciencia de clase se afirma como contenido crtico disidentey se diluye en connotaciones no clasistas. Este aspecto se enriquece analftica-mente cuando se considera que el privilegio seriorial a vincularse el trabajo ajenoes, por su propia naturaleza, una prerrogativa intransferible del sujeto como partede sus condiciones heredadas, y por lo tanto, la explotacin pasa a ser un derechoestamental inherente de la persona, cualquiera sea su naturaleza62 . Por consi-guiente, la coaccin no aparece como un derecho objetivo del estado sino comoprerrogativa natural de la persona que lo encarna como una esfera privada de lasoberana poltica, con lo cual el trabajo concreto que el campesino brinda a suseor adquiere la forma de servicio personal hacia la figura tangible del estado enla aldea. En estas condiciones, el nexo social no se fija en la conciencia del opri-mido como algo comn a la clase sino como fenmeno individualizado, no per-cibiendo la explotacin como relacin universal sino como una perturbacin desu mundo particular. Ello se observa incluso en el ms elevado nivel de protestainsurreccional, que se realiza clsicamente en la forma de disidencia singulariza-da y geogrficamente restringida, forma que seriala el carcter no clasista queadopta en la conciencia la relacin objetiva de clases. Aqu hay una determina-cin, una base material, para que el campesino conciba que su universo terminaen los lmites de su posesin, y la relacin conflictiva recurrente que mantiene conotros campesinos se orienta en el mismo sentido. Nuevamente la comparacincon el sistema capitalista puede servir de gua terica. La cosificacin queimpregna las relaciones sociales del capitalismo, si bien implica que la explota-cin no aparezca como una evidencia, con su radical despersonalizacin del fun-cionamiento social, permite que el acceso intelectual a la condicin de explotadose concrete con abstraccin del sujeto individual, sin consideracin de las rela-ciones singulares establecidas por el capital. En el feudalismo, por el contrario, sipor un lado la enajenacin del trabajo es percibida en su inmediatez es tambinindiscernible de su carcter personalizado. La conciencia tiene as un determi-

    Como expresa el fuero de Sahagn, en E Len, doc. 10, a. 1085, (30) "Istas consuetudines etforos per voluntatem Abbatis et collegio fratum dedi ego Adefonsus imperatur hominibus Sancti Facundiper quos serviant et sicut Dominus in submissione et humilitate plena. Et illi defendant eos et ament ut suoshomines (...)" (p. 39). El seor es siempre local y se debe agradar en forma personalizada, vid. MUOZY ROMERO, T., Coleccin de fueros municipales y cartas pueblas de los reinos de Castilla, Len, Coronade Aragn y Navarra, Madrid 1857, fuero de Santa Cristina dado por Alfonso IX de Len en 1212: "(...)Et si homo, vel mulier de Sancta Cristina, voluerit dare pro anima sua aliquam hereditatem, det eam huicOrdini de Calatrava, et non ad aliam partem" (p. 226). Id. p. 338, Alfonso VIII ordena en 1207 que los veci-nos de Toledo slo pueden donar o vender sus bienes a la iglesia de Santa Mara de Toledo.

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    nante objetivo en la medida en que emerge como la representacin de un nexo desubordinacin a la voluntad individual del seor. El campesino, que se impregnade una conciencia crtica de oposicin al serior particular, en la imposibilidad detransformar esa representacin singular en representacin de un colectivo, notransmuta el oposicionismo en conciencia de clase. Es por ello que la concienciacrtica individualizada da lugar a una reflexividad limitada en su alcance, gene-rando una actitud inconformista contestataria, como si fuera una modalidad ado-lescente e ingenua de la lucha de clases, y en estas condiciones, el tributario noaccede a la autoconciencia, a su verdadero reconocimiento. Su fuerza social per-manece en estado fragmentado e intrinsecamente contradictorio afirmndosecomo conciencia crtica y negndose como conciencia cognitiva de la totalidad,como fuerza intelectual con potencialidad estructurante de una clase "nacional";su conciencia social se establece como conciencia escindida. Por lo tanto aqu notiene lugar el concepto marxista de falsa conciencia en el sentido en que se da enel obrero del sistema capitalista, como percepcin de una relacin laboral en tr-minos de intercambio contractual. La falsa conciencia del obrero capitalista eneste aspecto es un producto de la cosificacin de las relaciones sociales siendo larealidad la que engaa al individuo, una realidad que oculta, como un sol que nopermite ver en su presentacin fenomnica el contenido de la explotacin, aun-que se la experimente. En el feudalismo, esta conciencia, que se da como con-ciencia de lo real en su aspecto limitado o mediato, se expres histricamente enque los campesinos no reaccionaban siguiendo un inters general sino motiva-ciones especficas que afectaban posiciones de cada comunidad y aprovechandodebilidades coyunturales de los dominantes. Es por eso que el panorama de losconflictos exhibe una extrema fragmentacin estallando como explosiones inci-dentales y configurndose una individuacin de la lucha de clases que se tradujoen una alteracin circunstanciada en el balance de fuerzas antagnicas con cam-bios limitados en el monto del excedente, que no afectaba a la clase dominantecomo tal. Slo a travs de renovadas perspectivas intelectuales, que puedan llegarpor agentes exgenos, separados de la lgica campesina, es esperable una modi-ficacin de este campo cognitivo.

    Esta forma parcial y personalizado de resistencia del oprimido resalta connitidez si se la contrapone a la colaboracin colectiva de los opresores en situa-ciones de peligro revelndose un inters de clase seriorial que supera el rasgogeneral de la individuacin 63 . Si bien slo puede apelarse aqu a un mero enun-ciado, no est de ms indicar que entre los factores que configuran esta concien-

    63 En LOPEZ DE AYALA, P., Crnica de Enrique 11, Barcelona 1991, cap. V, la represin que efec-ta Pero Ferrndez de Velasco contra los habitantes de Paredes de Navas en 1371, que en una sublevacinpor las rentas haban matado a su seor, Felipe de Castro. Lo mismo pasa entre el sector dirigente de losconcejos, usualmente fraccionado, pero cuando ve amenazada su posicin establece la solidaridad de clase;vid. del VAL VALDIVIESO, M., "Oligarquas versus comn. Consecuencias sociopolticas del triunfo delregimiento en las ciudades castellanas", Medievalismo. Bol. Soc. Est. Med., a. 4, n. 4, 1994, p. 46.

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    cia de clase de los seriores, la cual se expres usualmente en la forma de con-ciencia estamental, debera mencionarse la movilidad fsica de los nobles, susalianzas y la fidelidad vasalltica, su convivencia heterclita en diferentes esce-narios cortesanos, las cohesiones de los linajes, los vnculos de amistad que seestablecan en la crianza y la coparticipacin en valores culturales comunes. Estasprcticas de sociabilidad necesariamente ampliaban los horizontes de la percep-cin nobiliar en una direccin antittica a la localizada vida espiritual campesina.Los contenidos de la retrica erudita o de la narrativa convencional coadyuvabanen esta realizacin, que tiene como entramado subyacente la densidad del con-senso que recubre el accionar de los miembros de la clase dominante. La afirma-cin introduce dos problemas que se tratarn a continuacin como un requisitopara complementar este desanollo y, aun cuando requieran una elaboracin deta-llada, slo se resolvern de manera sumaria y con cierto esquematismo.

    EL PROBLEMA DEL CONSENSO

    Esta categora supone, en versiones conservadoras o revolucionarias, un sen-tido unitario: acatamiento por la mayora de una dominacin que es consideradalegtima (Weber) o aceptacin del marco normativo por interiorizacin no trau-mtica de condiciones externas (Durkheim) o bien un instrumento de hegemonade clase como direccin cultural de la burguesa y subordinacin ideolgica delas classi subalterni (Gramsci). Pero de ninguna manera se trata de una categorauniversal sino de una forma de manipulacin social generada por el poder paraoperar en determinadas condiciones". Su aplicacin descansa en la posibilidad dela cohesin social, de generar una integracin de los dominados al sistema ideo-lgico de los dominantes, y como tal, se despliega paradigmticamente con laigualdad jurdica, especfica de la sociedad modema, cuyo fundamento es la rela-cin de propiedad en el mercado. Sobre esta base, el diplomado en sociologa dela empresa se permite concebir proyectos de colaboracin entre clases, que anun-cia con pretensioso lenguaje tcnico como influjo de expectativas de rol compar-tidas entre diversos actores65.

    La sociedad feudal, en sentido contrario, con su clase estamental dominantey su discriminacin institucionalizada, es, en principio, el impedimento de esta

    " En este punto nos separamos de una tradicin del anlisis social que cree que todas las clasesdominantes en la historia han obtenido el consentimiento de los explotados, y de lo que se trata es de esta-blecer las diferentes formas de ese consentimiento. Cfr. ANDERSON, P. Las antinomias de AntonioGramsci. Estado y revolucin en Occidente, trad. esp. Barcelona 1981, pp. 51 y ss.

    65 Se expresa con ello que es una categora omnipresente en el sistema capitalista. Sobre esto,ROSEBERRY, W., "Marxisme and Culture", en Anthropologies and Histories. Essays in Culture, Historyand Political Economy, Rutgers University Press 1989, pp. 46 y ss. critica con razn a los bienintenciona-dos escritores socialistas que rechazan el concepto de hegemona/consenso aplicado a la clase obrera yotros grupos subalternos en la actualidad por temor a que la descripcin del fenmeno disminuya las ener-gas revolucionarias.

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    posibilidad limitando en teora el consenso a una esfera socialmente restringidaque no trascenda ms all del estrato superior aldeano 66 . El campesino, segrega-do por los dominantes, responda volviendo las espaldas a una sociabilidad en laque slo participaba como espectador. Se puede evaluar esta indiferencia si obser-vamos comparativamente el grado de compromiso que los pobres ostentaron enla antigua sociedad clsica en concordancia con una riqueza y un patronazgo quelos dirigentes ofrecan a la plebe como apoyo de su carrera poltica67 . En el siste-ma feudal la clase dominante comenz desde la temprana Edad Media su pro-gresiva separacin de las comunidades de base. Si en un perodo determinado seconsumaba una modalidad integrativa entre jerarquas posicionadas de maneradesigual, pero regidas por el principio de la reciprocidad, ese principio desapare-ce con la transformacin de la sociedad de status en sociedad de clases. Esto semanifiesta en la metamorfosis del banquete en el tributo de posada y se objetivaen la diferenciacin de clase-estamenta168.

    Desde el momento en que el consenso implica compartir determinadas pau-tas que proporciona la clase dominante, el despliegue de una ideologa hegem-nica es obstruido por un fundamento de segregacin, como lo muestra la culturanobiliar, y por consiguiente, los mbitos de pertenencia donde el individuoadquiere distintos grados de reconocimiento, como la caballera, la iglesia o lacorporacin artesanal, son esencialmente limitados. En sentido opuesto a esasesferas, el tributario campesino est por principio excluido de cualquier valorcompartido con segmentos dotados de algn privilegio y sujeto a una invariableretrica de descalificacin por parte de los seriores, exclusin que se revela teo-lgicamente en el sentido penitencial con el que es entendida su actividad coti-diana y apenas corregida por participar en un parentesco espiritual englobante. Elindividuo, que es ostensiblemente separado de un mundo cultural, no puede inte-riorizar como suyas las representaciones que lo configuran, y que, por el contra-rio, se erigen en fuerzas impropias de su subjetividad. En consecuencia, laideologa dominante no es la ideologa que domina los comportamientos de todoslos sectores sociales sino la que domina la conducta de la clase estamental domi-nante, en primer trmino, y de los sectores o clases vinculados a ella por depen-dencias no degradantes en segundo lugar, o, en ltima instancia, por tributariosenriquecidos ligados a los mecanismos del poder. En el fundamento de este prin-cipio se encuentra la ya postulada debilidad de la cohesin social de esta forma-cin econmica.

    66 La asimilacin de la elite aldeana a la ideologa dominante se constata en su conducta ante larecaudacin y el conflicto, y se expresa en las demandas de hidalgua. Puede verse en PARDO DE GUE-VARA Y VALDES, E., "Una ejecutoria de nobleza del atio 1429: transmisin de poder y signos ceremo-niales", Emblemtica 2, 1996, (separata), pp. 293-335. Tambin C.D. Cuenca, doc. 179.

    FINLEY, M., El nacimiento de la poltica, trad. esp. Barcelona 1986, pp. 39 y ss.68 Los lineamientos de este planteo en WICKHAM, C., "Problemas de comparacin de sociedades

    rurales en la Europa occidental de la temprana Edad Media" y da GRACA, L., "Problemas interpretativossobre las behetras", ambos en Anales Hist. Ant. y Med., 29, 1996, pp. 45-70 y 71-82.

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    De ninguna manera se desconocen los esfuerzos por infundir una ideologa deobediencia y resignacin mediante la procesin o el sermn ad status, que recor-daba las obligaciones sociales 69. Pero no siempre alcanza la habilidad del oradorpara convencer al auditorio, y es analfticamente arriesgado confundir en un solohecho social el contenido del discurso y su asimilacin. Teniendo en cuenta lashabilidades escnicas de muchos predicadores, un pblico masivo tampoco es unindicio seguro para medir los efectos reales de un discurso que puede encerrar unaclave de interpretacin contradictoria. En la asignacin al laborator de un lugarcomo sostn de guerreros y eclesisticos est contenida la posibilidad de reconstruirla armoniosa disposicin funcionalista de los tres rdenes en oposicin binaria. Siesta posibilidad de resignificacin de contenidos, derivada de la ambivalencia sig-nificante, debe tomarse como una mera hiptesis, se encuentra por el contrario unterreno analftico ms firme en los restringidos efectos de las constricciones espiri-tuales. La excomunin, el castigo psquico espiritual ms severo que poda espe-rarse, era insuficiente para lograr el cobro de los tributos, y contrariando su objetivo,poda constituir un refugio para "non cumplir derecho". Ante un desprecio tan radi-cal por los mandamientos de la "Sancta Eglesia" slo la prenda y aun la prisin eje-cutada por el brazo secular podan erigirse como procedimientos eficaces paraasegurar el plustrabajo70. El significado de esta accin es inseparable de un decur-so propio de la religiosidad del pueblo, subsumido slo de manera tangencial en unrito litrgico hacia el que consagraba una indiferencia difcil de erradicar7'.

    Entre el conjunto de operaciones ideolgicas realizadas por la clase de poder sloparece haber tenido una influencia efectiva en la conciencia campesina la que atane ala preparacin para la vida del ms all, como lo muestran las donaciones pro anima,y aqu estamos ante una creencia general sobre el pasaje a otra forma de vida 72. Sin

    69 La procesin aparece en muchas reglamentaciones, por ejemplo, DAZ DE DURANA, J. R., op.cit., Ap. Doc., Actas Municipales de 1428-1429, p. 203, 213. Sobre el sermn, BARREIRO SOMOZA, J.,Ideologa y conflictos de clases. Siglos XI-XIII, Santiago de Compostela 1977, pp. 33 y 34. GUREVICH,A., Los ort'genes del individualismo europeo, trad. esp. Barcelona 1997, pp. 144 y ss.

    70 MARTN, J. L., et al. Documentos de los archivos catedralicio y diocesano de Salamanca (siglosXII-XIII) Salamanca 1977, doc. 419, a. 1289.

    71 GIORDANO, O., La religiosidad popular en la Alta Edad Media, trad. esp. Madrid 1983, estu-dia la pervivencia de prcticas paganas populares e indica las dificultades que tera la iglesia para que seasista a la misa dominical (pp. 32 y ss). Esto parece no haber cambiado en la plena Edad Media, vid.,MUOZ Y ROMERO, T., Coleccin, Concilio de Coyanza a. 1050, tit. VI, pp. 210 y 211. Para el tardo-medioevo, LUIS LOPEZ, C., Documentacin medieval de los archivos municipales de La Adrada,Candeleda, Higuera de las Duerias y Sotillo de la Adrada, Avila 1993, Ordenanzas de La Adrada a. 1501,"(...) por quanto algunas personas con poco temor de Dios e poca devogion en los dichos domingos e fies-tas e pascuas dexan de yr a oyr misa por estar jugando pblicamente en las calles, e otros van a la yglesia epnense fuera della en el cementerio, mientras la misa se dize, fablando en otros negogios..." (p. 187). Estofue indicado por muchos especialistas, por ejemplo, MARTN CEA, J.C., El mundo rural castellano a finesde la Edad Media. El ejemplo de Paredes de Nava en el siglo XV, Junta de Castilla y Len 1991, p. 385.

    Es un rasgo que cruzaba todas las clases y estamentos medievales. Una confesin significativadel recuerdo de pequeas contravenciones y pecados puede leerse en el testamento de Pedro Mrtir deAngleria de 1526, en Coleccin de documentos inditos para la historia de Esparia, t. XXXIX, Madrid1861, p. 407. Este problema se toma por su excepcionalidad; recordemos que junto a las donaciones proanima las transferencias forzadas (por juicios o deudas) eran numerosisimas.

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    desmerecer la literatura popular sobre el otro mundo, que instaura el miedo meta-fsico en el donante potencial", ni subestimar una tica que se ajusta al perdnantes que al comportamiento, advirtamos que la religin antropocntrica de sal-vacin presenta una matriz que supera el marco cronolgico y conceptual delcristianismo. En el imaginario de toda sociedad los espritus de los muertos siem-pre tuvieron que arreglar las deudas por sus faltas y fueron acreedores de sus vir-tudes. Pero no se trata solamente de tradiciones sino de las posibilidades deresignificar los contenidos oficiales sobre el trnsito hacia la nueva vida.Sentencias como las que indican las ventajas de un camello sobre un rico paraentrar al reino de los cielos, o que los ltimos sern los primeros, son oportuni-dades de devolucin a largo plazo de los agravios sufridos, ideas que podan seralentadas por la misma literatura popular cuando adverta que los justos gozarande la placentera visin del etemo suplicio de los impos. Sin negar la objetiva fun-cionalidad seriorial de la donacin post obitum interesa subrayar que este tipo deconducta no expresa necesariamente una asimilacin pasiva de la ideologa domi-nante ni tiene que estar exenta de connotaciones antisistmicas. La condicinintelectual que presupone la actividad del campesino como organizador de sureproduccin social permite suponer que su cabeza no era un recipiente vaco quese poda llenar con cualquier tipo de ideas

    El problema que se quiere enfatizar es que la posibilidad del consenso seencuentra, sino impugnada en su totalidad, s fuertemente restringida. La ideolo-ga dominante slo se infiltraba como una luz tenue entre los resquicios de la cul-tura popular. El subaltemo ostenta en su vida una serie de inorgnicas conductascrticas hacia la esfera sociopoltica y sociocultural que se le impone: la indife-rencia, la desconfianza, el sabotaje o la sumisa dramatizacin que esconde la hos-tilidad, representan el sustrato subjetivo-accionalista disidente al que lleganselectivamente algunas pautas de la clase dominante.

    EL PROBLEMA TEORICO DE LA CONDUCTA REPRODUCTIVA

    La carencia (o la debilidad) de consenso por parte de los tributarios reactua-liza el escollo que encontr Reyna Pastor para desplegar las consecuencias quesurgan de sus investigaciones y que se resume en preguntas de orden teortico:i;Significa su ausencia la pura militarizacin cotidiana? Si ello fuera efectiva-mente as, i,cmo se adquira una conducta reproductivista de parte de los cam-pesinos?

    En verdad, la violencia justiciera del seor era una amenaza que penda sobrelos campesinos, aunque habitualmente era ms invocada que efectivamente reali-

    73 GURIEVICH, A., Medieval popular culture. Problems of belief and perception, Cambridge1990.

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    zada. El serior feudal no era un villicus conduciendo diariamente al esclavo al tra-bajo ni tampoco se asimila al comandante de un campo de prisioneros. La res-puesta a este problema, es decir, la adopcin de una conducta reproductivista enausencia de militarizacin total y de legitimacin aceptada, debera buscarse enla forma de articulacin social que se daba entre los colectivos de explotadores yde explotados.

    En la medida en que cada comunidad campesina constitua un mundo econ-mico y cultural relativamente autnomo, la intervencin del serior en la aldea erapuntual, localizada en el momento de realizarse el excedente. Es all cuando losmecanismos represivos se ponan en tensin comprometiendo la movilizacin defuerzas externas e intemas de la comunidad, circunstancia que se fundamenta enla referida debilidad de la cohesin social. Este criterio, el de la falta de cohesinsocial, que subyace en la totalidad de este anlisis, fue oportunamente destacadopor Lukcs como signo distintivo de las formaciones precapitalistas debido a laescasa circulacin mercantil. La debilidad de la economa monetaria constituye,sin embargo, una sola de las variables a tomar en cuenta, y posiblemente no seala fundamental (en la poca en que Lukcs escribi, hacia 1920, era un eje orde-nador del estudio histrico evolutivo). La exigua integracin social ms bien seexplica por los fundamentos de reproduccin relativamente autnomos de cadaclula bsica, la unidad domstica, y su magnitud potenciada, la comunidad; o loque es lo mismo, la autarqua relativa de las esferas sociales se deduce del modode produccin, siendo el modo de circulacin, o la falta de economa monetaria,una de sus cualidades derivadas.

    Desde el momento en que la injerencia del serior sobre la comunidad se con-creta como intervencin tmporo-espacial acotada, el comportamiento reproduc-tivista inercial se logra por s mismo y sus fundamentos estn en las necesidadesde la vida comunitaria. En su autarqua, la comunidad tomaba decisiones de con-vivencia con un disciplinamiento cotidiano alentado y controlado por el serior74.Despojado el campesino de derechos polticos, conservaba una esfera de inde-pendencia organizacional que se comprende por la disposicin de la propiedad.Las ordenanzas aldeanas tardomedievales son un enunciado de reglas, en buenamedida surgidas de las fuerzas comunitarias, destinadas a establecer un compor-tamiento no disruptivo y actuando sobre los individuos en su cotidianeidad con elobjeto de lograr una convivencia razonable en base a una moral comunitaria quesurga de las prcticas consuetudinarias, y con ella se producan tambin las pre-condiciones del excedente seriorial. Esta disciplina social permite que el controldel trabajo llegue hasta la existencia privada del individuo, algo muy comprensi-ble en la medida en que la observacin reproductivista de cada domus era el

    74 Entre muchos otros ejemplos, D. Mombeltrn, doc. 7 a. 1393, cuando Enrique 111 concede el pri-vilegio de villa a El Colmenar de las Ferrerfas con la facultad de elegir dos alcaldes anuales, les otorga tam-bin el derecho de tener los instrumentos esenciales de la justicia: horca, crcel, cepo y cadena.

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    cimiento del trabajo social. La vigilancia del serior descansaba sobre esta fuerzade polica interna, y es por ello que se perrnita una presencia ocasional o mera-mente representada en smbolos como la horca o la picota. En definitiva, el repro-ductivismo social presupone una militarizacin restringida que se apoya en laautonoma relativa de las comunidades y se corresponde con la debilidad del con-senso de los tributarios. Slo por un equvoco esta afirmacin puede ser tildadade paradjica. Las ms elevadas expresiones de violencia y consenso se desplie-gan antitticamente como formas complementarias en el interior de un nicocampo de interaccin social, y rigen tanto los vnculos de los miembros de laclase dominante feudal como las relaciones entre clases de la sociedad moderna.En trminos de ecuacin, diramos que altos grados de consenso se correspondencon las ms crueles reacciones de violencia en un medio de elevada interdepen-dencia entre sus miembros, constituyendo la historia contempornea una dram-tica ilustracin sobre la materia. En la antinmica relacin medieval entre seriory campesino, por el contrario, la debilidad del contacto social reduce el campo deconflicto, y el antagonismo social slo se actualiza como hecho puntual 75 . Lacompulsin extraeconmica, un requisito de la articulacin del sistema feudal,cuya necesidad es recordada en cada instruccin sobre recaudaciones, suele velaresta correlacin entre violencia y consenso.

    CONSIDERACIONES FINALES

    Este anlisis, sobre la causacin estructural de la conciencia social campesi-na, responde a un arquetipo, el campesino medio tributario, que se presenta conmayor precisin en documentos tardomedievales (debido al aumento de la escri-tura), perodo en que el esquema comienza a sufrir interferencias que, sin anular-lo, lo despliegan sobre otros planos. Se reformula entonces la lucha campesina yse expresa as la doble connotacin sistmica y diacrnico de la conciencia socialsometida a nuevos procesos constructivos por incidencia de otros sectores y detransitorias crisis de hegemona. Tanto en Inglaterra en 1381 como en Castilla en1520-1521, la lucha de clases es conducida por agentes impulsados por una lgi-ca de acumulacin capitalista. El mercado de tierras o de manufacturas le revelaal empresario capitalista la fuerza annima del capital dinero y la conexin de su

    75 La historia del capitalismo modemo entrafia al mismo tiempo el surgimiento de las garantasindividuales en su ms elevada expresin y del genocidio como recurso extremo de la lucha de clases, pro-cedimiento que es posible con un sofisticado nivel tecnolgico. La debilidad del contacto entre las dos cla-ses fundamentales del feudalismo slo est negado parcialmente por los enfrentamientos recurrentes de laBaja Edad Media por los espacios productivos, y es all adems, donde los combates campesinos recono-cieron una mayor cantidad de xitos. Estos conflictos expresan la lucha entre seores y campesinos por elcontrol del proceso productivo, con lo cual la lucha de clases se inscribe en la lgica econmica del modode produccin, en el sentido terico indicado por WICKHAM, C., "The Uniqueness of the East", en Landand Power, Studies in Italian and European Social Histoty, 400-1200, Londres 1994, p. 71.

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    empresa con la economa de la formacin social en la que se encuentra, y su con-ciencia crtica adopta la.forma de conciencia general. Las contradicciones en quese encuentra inmerso el sujeto, intercedidas por el poder impersonal del mercado,le muestran de manera inmediata que su porvenir est ligado al cuestionamientode una estructura de clases, de una totalidad, que se interpone en su camino deacumulador, y la lucha econmica tiene entonces abierto el camino para transfor-marse en combate polftico revolucionario76. Este factor se combina con agrava-mientos coyunturales de las condiciones impuestas y con fisuras emergentes entrelos distintas, fracciones de las clases dominantes (que incluyen apoyos circuns-tanciales a las comunidades) por donde los campesinos encuentran otras condi-ciones para expresarse abiertamente en oposicin al sistema seorial". Lainterferencia de la fijacin conceptual antisistmica restringida del campesino tri-butario con la agenda programtica totalizante del acumulador capitalista de lacomunidad, en tanto fenmeno que puede transformar la cualidad no clasista delcampesino en cualidad clasista atribuida, aun en el modo restringido de coyuntu-ra revolucionaria, es una situacin que requiere de otro estudio.

    Se desprende de esto que el concepto de determinacin no se agota en la rela-cin binaria marxista de base y superestructura, antinomia que no pasa de ser unapremisa del anlisis social. Si la conciencia de clase real es la desigual compren-sin del posicionamiento en el funcionamiento social, cuya determinacin fija loslmites de la variabilidad emprica de la conciencia, y como tal pasa a ser unmomento del proceso histrico dialctico que justifica su estudio desde una, tota-lidad jerarquizado, la conciencia de clase se configura como una parte especiali-zada de la actividad prctico intelectual conflictiva del grupo, debiendodiferenciarse en su aprehensin metodolgica de cualquier otra rama de la evolu-cin cultural". Fue la materia de este anlisis, que se despleg como un dilogoentre dos vertientes de la tradicin analtica social marxista, la emprico fenome-nolgica inglesa y la terico hegeliana centroeuropea.

    Sobre Castilla, PREZ, J., La revolucin de las comunidades de Castilla (1520-1521), trad. esp.Madrid 1977. ASTARITA, C., Desarrollo desigual en los origenes del capitalismo, Buenos Aires 1992.Sobre Inglaterra, HILTON, R., Siervos e indica (p. 230) que los movimientos ms intensos de la Baja EdadMedia en general se dieron en las reas con mayor comercio y produccin manufacturera rural.

    " MARTN RODRGUEZ, J. L., "Conflictos sociales y guerra civil en Catalua a finales de laEdad Media", en VALDEN BARUQUE et al., op. cit., pp. 21-39. CABRERA, E., y MOROS, A.,Fuenteovejuna. La violencia antiseorial en el siglo XV, Barcelona 1991. BOONE, M., "Gestion urbaine,gestion d'entreprises: l'lite urbaine entre pouvoir d'tat, solidarit communale et interts privs dans lesPays-Bas mridionaux l'poque bourguignone (XIVe-XVe sicle)", L'impresa, industria, commercio,banca (secc. XIII-XV111), Prato 1991, pp. 843-844.

    " Puede verse por ejemplo en BURKE, P., El Renacimiento italiano. Cultura y sociedad en Ita