BOCETOS DE MEMORIA

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Pequeñas narraciones sobre vivencias personales.

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  • bocetos de memoria

    Carmelo Lpez de Arce

  • JUSTIFICACINBorges cre un personaje: Funes el Memorioso. Tena el problema de

    recordar demasiado. Reviva todos los detalles, por insignificantes que pudieran parecer. Le asaltaba el recuerdo de una tarde y poda estar varios das ensimismado en todos los matices de lo que pas. Aquello era su tortura: su pasado le impeda vivir.

    Por otro lado, somos memoria. Tenemos identidad como persona en tanto que tenemos una historia. Por lo tanto el repaso del pasado es imprescindible para ser. Revisamos nuestra vida con cierta delectacin morbosa cuando tenemos que reafirmar nuestro ser, explicarnos a nosotros mismos qu puetas pintamos aqu.

    Ese repaso a lo vivido habr que hacerlo buscando la lnea esencial o, ms bien, inventando una lnea. Como bien sabemos los que hemos pretendido ser escultores, en el volumen no existen lneas. Es masa, son planos, son vacos. Para dibujarlo tenemos que inventarnos una lnea que corresponde a uno de los infinitos perfiles, a uno de los infinitos lmites entre la luz y la sombra. De un solo rbol podramos hacer interminables dibujos, si esto pasa con el objeto tridimensional qu no pasar con lo pluridimensional de las vivencias?

  • Por lo tanto, siempre que recreamos un hecho lo creamos. Escribir siempre es una ficcin. S que tengo que mentir. Con esa conciencia puede que se intuya la verdad o, por lo menos, mi verdad. Picasso deca que el arte es una mentira para buscar la verdad.

    Y puestos a reconocer verdades, intentar calibrar lo que haya de vanidad en la accin de escribir cosas de mi vida. Se hace porque creemos que es interesante, que puede interesar a alguien. El objetivo secreto de todos los diarios ntimos es ser publicados. Quemar unas memorias es un acto ms desesperado que el suicidio. Alguien leer esto y, precisamente por eso, me tengo que obligar a no aburrir. Aunque no creo que mi vida sea divertida, ni ejemplar, ni heroica, si en algn momento so con la genialidad, ahora debo reconocer mi mediocridad por un acto de proporcionalidad . Tengo la responsabilidad de crear, con esos trozos de memoria, algo de inters para quien lo lea. En este acto de egocentrismo me debo a los dems. Es la paradoja de la vida misma.

  • bocetos de memoria

    PRIMER BOCETO

    No hay un principio posible; el primer hecho que se puede contar es una continuacin del anterior.

    As que puestos a poner uno, digamos que nac la madrugada del 16 de julio de 1953 (da de la virgen del Monte Carmelo de ah mi nombre-). Mi madre crea que esos dolores de vientre eran los propios de ir al retrete. A punto estuvo de soltarme en el lugar ms inapropiado; pero alguien sospech que podra ser el nio y se pusieron a ordenar la cama aguantndose las ganas.

    Al momento sal, sin ms problemas que cualquier otro desahogo. As daban a luz las hembras antes de que hubieran ms remilgos, podra haber salido amoratado y con el cordn al cuello o de nalgas; pero no segn cuentaba mi madre cada vez que se le pasaba por la cabeza sal sonrosadito y limpio, me desperec y di un bostezo en vez de llorar.

    No tuve facilidad para el llanto. Ante un castigo, la rabia controlada y el orgullo me hacan mantener el tipo, una especie de estoicismo infantil. Ya adulto, las frustraciones e incomprensiones cotidianas me hacan subir la congoja desde el estmago y por un momento pareca que poda escaparse por los ojos un torrente; pero entonces se respira profundamente y se sepulta lo que me sigue pareciendo una impudicia, por lo menos de cara a los dems. Ahora, pasado el medio siglo, a veces, me dejo llevar por la empata, no me importa demasiado que una pelcula, una noticia, o una msica me humedezca la mirada. Lo que me sigue pareciendo inmoral es dar pena para conseguir un fin; nunca tratar de cambiar el comportamiento de otra persona conmovindola con mi pena.

  • Pero antes de que llegara a parecer adulto*, pasaron algunas cosas.

    En mis primeros recuerdos me veo dibujando. Siento que mi abuelo est al lado. Nunca me llev la mano, no pareca que me enseara, simplemente se pona junto a mi y me deca cosas simpticas o haca como que se enfadaba y me reprochaba que hiciera trampas cuando, con tres aos apenas, le explicaba que segua una lnea casi rozando el

    papel pero sin dibujarla, para continuar un vez pasado el objeto que la tapaba. El abuelo Basilio sonrea y su sonrisa era mgica para los nios, porque poda sacrsela de la boca y sonrer en su mano, risa blanca y perfecta, como un juguete nuevo. Nos retaba a que nos mordiramos el codo y nadie poda salvo l.

    Dibujaba si se lo peda, pero ya le temblaba la mano. Muri pronto, sin ruido, de la forma ms natural. Pero mi abuelo Basilio me sigui acompaando. Cada vez que dibujaba senta que lo tena al lado.

    Alguna vez se me apareci en sueos o duermevelas para hablarme de dibujo y ensearme proyectos que no pudo realizar en vida.

    Dise fachadas de edificios pblicos, como el gran Mercado de Abastos de Alicante. Tambin chalets, primorosos y funcionales. Mont una academia de dibujo y se pate los campos levantando planos topogrficos como funcionario de Obras Pblicas, en una poca en que ser delineante era mucho ms que una rutina de oficina. Sin la estandarizacin de tcnicas, las normas eran el buen gusto, la precisin y la imaginacin. Cuando falta de casi todo hay que ser creador.

    En esas andanzas le acompaaba mi madre. Presuma de ser la primera mujer delineante de Espaa. Trabaj tambin en Obras Pblicas, aunque no lleg a aprobar las oposiciones. Tuvo la osada de reclamar ante el tribunal, pues se saba bien preparada por su padre. Pero en esa triste posguerra tena prioridad cualquier excombatiente, aunque fuera manco, sobre una mocita de la que slo se esperaba que se casara y diera muchos hijos a la patria.

  • Se cas. Segn cuenta, muy enamorada (tena su vena romntica) y se cumpli su deseo de casarse con un Fernando. Pero pas de ser una mujer con trabajo, que se mova con desparpajo entre hombres a simple ama de casa con una familia ya formada: su marido viudo, con nio de siete aos y suegro. Puede que esa frustracin no expresada la convirtiera en histrinica, por ese afn de cumplir con su papel asumido y al mismo tiempo desarrollar iniciativas muy dispares que la realizaran, sin conseguirlo del todo.

    En pocos aos ramos cuatro hermanos. Un hogar normal, con cabeza de familia funcionario y pluriempleado, en una ciudad normal y un pas normal (o por lo menos eso nos pareca).

  • bocetos de memoria

    BOCETO DE ARENA

    No era un juego.

    Desde que tengo memoria, el hacer castillos en la arena fue un asunto muy serio.

    Arenas puede haber en muchos sitios; pero para imaginar, para modelarla y aprender de la arena, no puede ser en otro lugar ms que en la playa y, concretamente, en la orilla.

    Es uno de esos espacios-frontera entre dos mundos irreconciliables que all encuentran su armona. Esa lnea imprecisa, que cambia de forma, que no es mar, pero no est seca, ni es dura. Es otro estado de la materia sin clasificar que perturba al yo organizador de los humanos. Por eso ha sido ganada por esta civilizacin slo como lugar de ocio.

    Aunque parezca que la ciudad va abrindose segn se acerca al mar, que va dejando de ser materia slida para alcanzar otros estados, el paseo martimo sigue siendo trazado urbano.

    En aquella poca exista una forma de evitar esa indeterminacin de la orilla: los balnearios. Los conoc ya muy deteriorados. An tengo en las narices el olor salitroso de sus maderas hmedas, mantengo el tacto y el color de las barandillas oxidadas deshacindose entre mis dedos.

    All se entraba sin pisar la arena, directamente del enlosado del paseo a los tablones, iba la familia adentrndose a dos metros del mar sobre pilotes engordados por todas las incrustaciones marinas. Se alquilaba una habitacin con una luz irreal que entraba por las ranuras de los tablones y desde abajo, por la trampilla con escalera que descenda a los turquesas brillantes. Tena su baera para llenar con agua de mar, para quien no quisiera aventurarse en las olas.

    Tngase en cuenta que, hasta que no lleg el turismo de masas, los

  • baos de mar tenan un objetivo teraputico. El balneario tambin cumpla una funcin de asepsia moral. Eso de retozar en la arena fue una conquista. No puedo evitar ver a las personas que les molesta la arena en el cuerpo como puritanas, cursis o con algn trauma psicolgico (a veces esa primera impresin se confirma). Eso de ponerse semidesnudos a la vista de todos fue una conquista lenta que se aceler en los sesenta. Recuerdo el primer bikini tumbado al sol como una escandalera de comadres alrededor de una impasible seora francesa con su hija que, o estaba paralizada por el pnico o se haca la sueca. La indignacin y los amagos de agresin iban en aumento y tuvo que intervenir la guardia civil para evitar un linchamiento, para dispersar aquella espontnea manifestacin y, por supuesto, para que cubriera sus carnes apenas entrevistas por mi entre un bosque de piernas celulticas.

    Pero en poco tiempo dejaron de usarse albornoces para salir del agua y desaparecieron los baadores con faldita. Los balnearios pasaron a ser cadveres sin utilidad y los alicantinos empezaron a mezclarse en la arena con los madrileos del seiscientos, con los primeros turistas extranjeros bsicamente franceses y alguna sueca que, supongo, vendra acompaada por algn sueco, pero que resultaban invisibles y eran ellas las que centraban las miradas.

    Aunque al nio que jugaba en la orilla le interesaba mucho ms los monumentos que poda crear con sus