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Transcript of Caso Cl£­nico - 2004 Formaci£³n reticular La formaci£³n reticular...

  • Universidad de la Frontera

    Facultad de Medicina Dpto. de Ciencias Básicas

    Unidad de anatomía Temuco

    Caso Clínico - 2004 Juan Gómez, Bárbara González, Rubén González, Daniel Gutiérrez, Laura Hinojosa,

    Igor Jara, Luis Jara. Introducción Paciente 32 años, obrero de la construcción, bruscamente vomita y se lleva las manos a la cabeza, dice tener mucho dolor. Presenta compromiso de conciencia. Al ingreso al hospital esta en coma. Al examen físico se evidencia anisocoria con midriasis paralítica. Sinergias de descerebración al fondo del ojo se ven hemorragias retinales en llama de bujía, poco después el enfermo muere Objetivo general. Relacionar las estructuras neuroanatómicas involucradas de acuerdo a la sintomatología del paciente Objetivos específicos

    • Examinar los síntomas • Reconocer la patología del paciente • Establecer un diagnostico • Analizar neuroanatómicamente las estructuras afectadas por esta patología • Relacionar el funcionamiento de estas estructuras con la sintomatología de este

    caso

  • Círculo arterial del cerebro (polígono de Willis)

    Es una anastomosis poligonal de los vasos cerebrales principales situada en la base del encéfalo, entre las arterias carótidas internas y vertebrales. Está constituido anteriormente por la arteria comunicante anterior y la parte inicial de ambas arterias cerebrales anteriores, lateralmente por las arterias comunicantes posteriores derecha e izquierda que anastomosan en cada lado carótida interna y cerebral posterior, posteriormente por ambas arterias cerebrales posteriores. � Arteria Vertebral: nace de la

    parte posterosuperior de la subclavia. Posee las siguientes secciones: una prevertebral; una parte cervical, en la cual asciende por los forámenes transversos de las seis

    vértebras cervicales superiores; una parte atlántica, en la cual la arteria contornea por detrás de la masa lateral del atlas, formando el sifón de la arteria vertebral; y por último, una parte intracraneana, donde la arteria vertebral atraviesa la duramadre y la aracnoides, y se dirige por delante del bulbo para unirse a la arteria vertebral del lado opuesto y formar, en el borde inferior del puente, la Arteria basilar, que asciende por la cara anterior del puente, dividiéndose en las dos arterias posteriores del cerebro, de las que salen las arterias comunicantes posteriores.

    � Arteria carótida interna: principia en la bifurcación de la carótida común. Posee las siguientes secciones: parte cervical, en la cual asciende hacia la base del cráneo; parte petrosa, en la cual recorre el canal carotídeo del hueso temporal; parte cavernosa, en la cual la arteria atraviesa la pared inferior del seno cavernoso y se dirige hacia delante dentro de este, luego se incurva hacia arriba cruzando el borde medial del proceso clinoides anterior y perfora la duramadre del techo del seno, conformando el sifón carotídeo; por último la parte cerebral, en la cual la arteria se incurva hacia atrás, por debajo del nervio óptico, luego pasa entre los nervios óptico y oculomotor hacia el espacio perforado anterior donde se une a la arteria comunicante posterior, y donde se divide en sus ramas terminales, las arterias cerebrales media y anterior.

    Las arterias vertebrales irrigan principalmente el cerebelo y tronco encefálico. Las tres

    arterias cerebrales proveen el cerebro; cada una de ellas se distribuye, de manera general, a una cara y un polo del hemisferio correspondiente: La cerebral anterior, a la cara medial y al polo frontal; la cerebral media, a la cara superolateral y al polo temporal; la cerebral posterior, a la cara inferior y al polo occipital. Cada rama cerebral provee ramas corticales y centrales. Las ramas corticales se ramifican en la piamadre e irrigan al cortex y sustancia blanca subyacente; las ramas centrales, finas y numerosas, nacen del círculo arterioso, penetran por el espacio perforado anterior o posterior e irrigan: un grupo medial, al diencéfalo, un grupo lateral, los núcleos basales.

    Todo el teleencéfalo excepto el lóbulo occipital y parte del lóbulo temporal son territorios irrigados por la arteria carótida. El diencéfalo está irrigado por ambos sistemas arteriales. El rombencéfalo con el cerebelo son territorios del sistema vertebral.

    La importancia que tiene esta anastomosis es que cuando se ocluye cualquiera de las arterias carótidas internas (circulación anterior) o el sistema vertebrobasilar (circulación posterior), la circulación colateral en el círculo arterial cerebral proporcionará sangre al área privada de irrigación.

  • Otro aspecto importante sobre el circulo arterial del cerebro es que, por regla, los aneurismas cerebrales saculares, se desarrollan en las bifurcaciones o ramificaciones de los vasos arteriales del círculo arterial del cerebro o sus ramas principales. Estos aneurismas pueden reventar y producir una hemorragia subarcnoidea, la cual a su vez produce un síndrome de hipertensión aguda, el cual puede llevar a la muerte en cosa de días u horas si no es tratado, o la causa es incurable.

    Un 90 a 95% de los aneurismas saculares se localizan en la parte anterior del círculo arterial del cerebro. Las cuatro ubicaciones más frecuentes son: en relación a la arteria comunicante anterior, en el origen de la comunicante posterior, en la primera bifurcación de la arteria cerebral media, y en la bifurcación de la carótida interna en arteria cerebral anterior y media.

    Vascularización de la retina

    La vascularización de la retina

    depende de la arteria central de la retina. Es la primera rama de la arteria oftálmica (rama de la arteria carótida interna), después de un trayecto orbitario entra al nervio óptico a través del cual llega a la retina. Antes de emerger en la superficie de la papila óptica se divide en dos arterias papilares, superior e inferior que se subdividen en una arteria nasal y una temporal. La vena central de la retina presenta la misma organización. La vena central de la retina suele desembocar directamente en el seno cavernoso, pero puede unirse a alguna

    de las venas oftálmicas generalmente en la oftálmica superior. La vecindad de la vena y la arteria en el nervio óptico determina una adventicia común para ambos vasos.

    La retina es una prolongación del diencéfalo y el nervio óptico un tracto nervioso que se encuentra protegido por duramadre que se extiende sin solución de continuidad con la esclerótica del ojo. Entre la esclerótica y el nervio óptico se continúa el espacio subarcnoideo desde la base del cerebro hasta el globo ocular. La arteria central de la retina ingresa al nervio óptico 1,25 cm por detrás del fondo de ojo, y por el centro del mismo penetra al interior del ojo, desde el

  • centro de la papila se distribuyen sus ramas hacia arriba y hacia abajo, las arterias retinales. Las venas retinales, van paralelamente a las arterias, pero en sentido contrario y forman la vena central de la retina, la cual se introduce por el interior del nervio óptico hacia atrás (hacia el seno cavernoso).

    Espacio subaracnoideo

    La aracnoides es una membrana impermeable extendida a manera de sándwich entre la duramadre por fuera y la piamadre por dentro. De la dura la separa una capa de liquido y de la pía el llamado espacio subaracnoideo lleno de LCR, comunicándose con esta ultima capa por numerosas trabéculas. Precisamente, debe su nombre a la presencia del trabeculado en forma de tela de araña que se extiende entre las dos capas antes citadas.

    La aracnoides salta en puente sobre los surcos y cisuras de los diferentes órganos del SNC y en algunos lugares se separa de la piamadre formando las cisternas subaracnoideas (como por ejemplo la cisterna pontica, la cisterna lumbar, la cisterna interpeduncular, la cisterna magna, etc.). Todas las cisternas están comunicadas entre si y con el espacio subaracnoideo.

    A nivel del seno venoso longitudinal superior la aracnoides se evagina y atraviesa la duramadre formando las granulaciones

    aracnoideas de Paccioni donde se reabsorbe el LCR. Todas las estructuras que

    penetran al encéfalo deben atravesar el espacio subaracnoideo. Además, por ello todas las arterias, venas y nervios discurren por este espacio. La aracnoides se continua con el epineuro de los pares craneales en el momento en que estos abandonan el cráneo. No obstante, con el II par se comporta de manera peculiar, puesto que le forma una vaina que llega hasta la orbita pasando por el agujero óptico hasta fusionarse con la esclerótica del globo ocular. El LCR se introduce desde el sistema ventricular al espacio subaracnoideo por los forámenes de Magendie (medial) y Luschka (laterales) ubicados en el techo del IV ventrículo, para una vez allí circular hacia arriba a los hemisferios cerebrales y abajo

    hacia la medula espinal. En longitud, el espacio subaracnoideo llega hasta la segunda vértebra sacra. La aracnoides brinda merced al espacio subaracnoideo, flotabilidad al encéfalo y medula, y los protege de las fuerzas mecánicas normales y traumáticas.

  • El nervio oculomotor Como su propio nombre lo indica, este nervio mueve el ojo. Se trata de un nervio somático motor para los músculos oculares estriados y viceromotor para los músculos lisos del ojo. El nervio oculomotor se inserta en la base del mesencéfalo, cerc