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    Esta nueva condicin humana

    Pierre Bourdieu propona concebir el neoliberalismo como un programa de

    "destruccin de estructuras colectivas" y de promocin de un orden nuevo fundado enel culto del "individuo solo, pero libre" (1). Pero habra que llevar ms lejos la reflexin:se puede pensar que el neoliberalismo en su obra de destruccin puede dejar intacto alindividuo-sujeto?

    LOS DESCONCIERTOS DEL INDIVIDUO-SUJETO

    Por Dany-Robert Dufour

    Filsofo, profesor en la Universidad Pars-VIII, autor, entre otras obras, de "Folie et

    Dmocratie", Gallimard, Pars, 1998.

    En nuestra poca, la de las democracias liberales, todo descansa, a fin de cuentas, en elsujeto, en la autonoma econmica, jurdica, poltica y simblica del sujeto. Pero al ladode las expresiones ms pretenciosas de ser uno mismo, se encuentra la mayor dificultadde ser uno mismo. Las formas de la destitucin subjetiva que invaden nuestrassociedades se revelan a travs de mltiples sntomas: la aparicin de fallas psquicas, laeclosin de un malestar en la cultura, la multiplicacin de actos de violencia y laemergencia de formas de explotacin a gran escala. Todos esos elementos son vectoresde nuevas formas de alienacin y de desigualdad.

    Esos fenmenos estn fundamentalmente ligados a la transformacin de la condicin

    del sujeto que se verifica ante nuestros ojos en nuestras "democracias de mercado"."Ser sujeto", es decir "ser uno mismo" y "ser con los otros", se presenta bajo formassensiblemente diferentes de las que fueron para las generaciones precedentes.

    La emergencia de este nuevo sujeto corresponde a una fractura en la modernidad queya han sealado varios filsofos, cada uno a su manera. La entrada en esta poca"posmoderna" -Jean-Franois Lyotard (2) fue uno de los primeros en apuntar elfenmeno-se caracteriza por el agotamiento y la desaparicin de los grandes relatos delegitimacin, especialmente el relato religioso y el relato poltico. Se asiste incluso a ladisolucin de las fuerzas sobre las que se apoyaba la modernidad clsica, as como a ladesaparicin de las vanguardias. Otros elementos, que no dejan de tener relacin con loque conocemos bajo el nombre de neoliberalismo, ilustran la mutacin actual en lamodernidad: lo posmoderno es a la cultura lo que el neoliberalismo es a la economa.

    Esa mutacin, que est provocando un nuevo malestar en la civilizacin, corresponde alo que podra llamarse una afirmacin del mecanismo de individuacin puesto enmarcha desde hace mucho tiempo en nuestras sociedades (3). Afirmacin que junto aalgunos aspectos positivos vinculados con el progreso de la autonomizacin delindividuo, no deja de provocar sufrimientos inditos. Porque aunque la autonoma delsujeto se proclama bajo el ideal de proyecto emancipador, nada indica que todos estnen condiciones de satisfacerla, especialmente entre las nuevas generaciones expuestasfrontalmente a esa exigencia. La famosa "prdida de referentes entre los jvenes" notiene pues nada de sorprendente: estn experimentando una nueva condicin subjetivacuyas claves nadie posee, tampoco los responsables de su educacin. Y resulta ilusoriocreer que algunas lecciones de moral a la antigua puedan bastar para atajar los daos.

    Esto ya no funciona porque la moral hay que impartirla "en nombre de". Pero,precisamente, ya no se sabe en nombre de quin o de qu hablarles. La ausencia de unenunciante colectivo creble est caracterizando la situacin del sujeto posmoderno,

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    conminado a hacerse a s mismo sin contar con los recursos para ello, y sin ningnantecedente histrico o generacional con legitimidad para remitirse a l.

    Pero qu es exactamente un sujeto autnomo? Tiene esa nocin un sentido en lamedida en que el "sujeto", cosa que tendemos a olvidar, es en latn el subjectus, quedesigna el estado de quien est sujeto a? Pero sujeto a qu?

    Esa cuestin ha interesado siempre mucho a la filosofa: el ser humano es una sustanciaque no tiene su existencia por s mismo, sino por otro al que las sucesivas ontologashan dado nombres diferentes: la Naturaleza, las Ideas, Dios o... el ser. El ser, cualquieraque sea, no ha dejado de encarnarse en la historia humana. Y es esa construccinhistrico-poltica, esa ontologa, la que el trnsito a la posmodernidad conmociona y dela que constituye una nueva etapa.

    Para designar esa realizacin del ser en la historia, tomamos prestado de Lacan elnombre del Otro de manera que se pueda distinguir bien de su aspecto puramenteespeculativo y se puedan incluir las dimensiones simblicas y clnicas. Qu figuras delOtro ha construido el ser humano para someterse a l, antes que ponerse encondiciones de liberarse de cualquier Otro?

    Si el "sujeto" es el subjectus, el que est sujeto a, entonces la historia aparece como unaserie de sometimientos a grandes figuras colocadas en el centro de configuracionessimblicas cuya lista puede establecerse con relativa facilidad: la Physis (4) en elmundo griego; Dios en los monotesmos; el Rey en la monarqua; el Pueblo en laRepblica; la Raza en el nazismo; la Nacin con el advenimiento de las soberanas; elProletariado en el comunismo... Es decir, relatos diferentes, que cada vez es necesarioedificar con gran acompaamiento de construcciones, de realizaciones, o de puestas enescena muy exigentes.

    Todos estos conjuntos no son equivalentes: segn sea la figura del Otro escogida, todaslas coacciones, las relaciones sociales y el ser con los otros cambian. Pero lo quepermanece constante es la relacin de sumisin, y por supuesto los esfuerzosconcomitantes para escapar de ella. En general, textos, gramticas y todo un campo de

    saberes se establecieron para someter al sujeto, es decir para producirlo como tal, pararegir sus maneras de trabajar, de hablar, de creer, de pensar, de habitar, de comer, decantar, de morir, etctera, eminentemente diferentes aqu y all. Y lo que llamamos"educacin" nunca fue otra cosa que lo institucionalmente establecido con vistas al tipode sometimiento que se quiere inducir para producir sujetos.

    En el centro de los discursos del sujeto se encuentra entonces una figura, uno o variosseres discursivos, en los que cree como si fuesen reales, dioses, diablos, demonios, seresque, frente al caos, aseguran al sujeto una permanencia, un origen, un fin, un orden. ElOtro permite la funcin simblica en la medida que da un punto de apoyo al sujeto paraque sus discursos reposen en un fundamento (5).

    Ser uno mismo y ser junto con

    Sin ese Otro, el ser uno mismo apenas es, ya no sabe por decirlo as a qu santoencomendarse, y el ser con los otros est igualmente en peligro porque slo unareferencia comn a un mismo Otro permite a los diferentes individuos pertenecer a lamisma comunidad. El Otro es la instancia por la que se establece, para el sujeto, unaanterioridad fundadora a partir de la cual se ha hecho posible el orden temporal. Estambin un "all", una exterioridad gracias a la cual puede fundarse un "aqu", unainterioridad. Para que yo est aqu, es necesario en suma que el Otro est all.

    El psicoanlisis, especialmente el lacaniano, ha aportado mucho sobre esta cuestinclave del acceso a la simbolizacin. En cambio se mantuvo indiferente a la cuestin del

    ndice de variacin del Otro en la historia. En la poca posmoderna, se pone enevidencia que la distancia de lo que me funda como sujeto no cesa de acortarse. Entre

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    la Physis y el Pueblo se podan determinar algunas etapas claves de entrada del Otro enel universo humano: la distancia inmediata y sin embargo infranqueable del momentode la Physis o de los dioses del politesmo, siempre dispuestos a manifestarseinmediatamente en el mundo. En cambio, est la distancia infinita de la transcendenciaen el monotesmo. Se mantiene todava la distancia mediana del trono entre Cielo yTierra en la monarqua (de derecho divino). Finalmente, est la distancia

    "intramundana" entre el individuo y la colectividad en la Repblica...

    La modernidad puede pues caracterizarse como un espacio colectivo donde el sujeto sedefine por diferentes avatares del Otro. Se es moderno cuando el mundo cesa de estarcerrado y se hace abierto, es decir "infinito", incluido en sus referencias simblicas. Lamodernidad es pues un espacio donde se encuentran sujetos como tales, sometidos alos dioses, a Dios, al Rey, a la Repblica, al Pueblo, al Proletariado... Todas lasdefiniciones cohabitan en la modernidad a la que nada le gusta tanto como mudar de launa a la otra, lo que explica ese costado en movimiento, de crisis, crtico de lamodernidad.

    La modernidad es un espacio donde como el referente ltimo no deja de cambiar, todoel espacio simblico se vuelve movedizo. Hay un Otro en la modernidad, e incluso

    muchos Otros, o al menos muchas figuras del Otro. Precisamente por eso la condicindel sujeto puede definirse a travs de dos elementos: la neurosis, llamada as a partir deSigmund Freud, por el lado del inconsciente, y la crtica por el lado de los procesossecundarios. La neurosis, en la medida que no es otra cosa que aquello por lo cual cadauno paga su deuda simblica respecto al Otro (el Padre, para Freud) que se ha hechocargo de la cuestin del origen. Y la crtica, en la medida en que el sujeto de lamodernidad slo puede ser un sujeto que juega con varias referencias que compiten, yque incluso entran en conflicto. Este ltimo aspecto es evidentemente decisivo encuanto a la educacin: en tanto que institucin que interpela y produce sujetosmodernos, slo puede existir como espacio definido por el pensamiento crtico. Elsujeto moderno sera pues, globalmente, un sujeto neurtico y crtico.

    Esa doble definicin acaba de desmoronarse. Por qu? Porque ninguna de las figuras

    del Otro vale ya en la posmodernidad. Parece que todos los anteriores Otros, todos losde la modernidad, son ciertamente posibles y estn disponibles, pero ya ninguno deellos tiene el prestigio necesario para imponerse. Todos se han visto afectados por losmismos sntomas de decadencia. Y no ha faltado la constatacin de la decadencia de lafigura del Padre en la modernidad occidental.

    Si los perodos precedentes definan espacios sealados por la distancia entre el sujeto ylo que lo funda, entonces la posmodernidad puede definirse por la abolicin de ladistancia entre el sujeto y el Otro. La posmodernidad, democrtica, correspondeefectivamente a la poca en la que se trata de definir al sujeto por su autonoma,especialmente jurdica, y en la que se da al sujeto parlante una definicinautorreferencial. Es decir que la autonoma jurdica, como la libertad mercantil,eventualmente total, son absolutamente congruentes con la definicin autorreferencial

    del sujeto.Por ello, el anlisis del devenir decadente del Otro en el perodo posmoderno debeincluir los tiempos neoliberales que vivimos, definidos por la "libertad" econmicamxima acordada a los individuos. Lo que se llama el "mercado" no vale en absolutocomo nuevo "Otro", en la medida que est lejos de tomar a su cargo la cuestin delorigen, de la autofundacin. All es donde se identifica el lmite fundamental de laeconoma de mercado en su pretensin de hacerse cargo del conjunto del vnculopersonal y el vnculo social.

    Accin e iniciativa atascadas

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    En el momento en que se conmina a un sujeto a ser s mismo, es cuando se encuentra lamayor dificultad, o incluso la imposibilidad, de serlo. Eso explica que en las sociedadesposmodernas confluyan cada vez con ms frecuencia tcnicas de accin sobre unomismo, verdaderas prtesis identitarias que vienen a aplicarse en el lugar donde operala destitucin del sujeto. Por ejemplo, esos programas televisivos que ponen en escena agente corriente ("Es mi opcin"), el uso de psicotropos que estimulan el humor y

    multiplican la capacidad individual, entre los que el dopaje slo es un aspecto (5).

    Con la posmodernidad, la distancia respecto al Otro se ha convertido en distancia de smismo a s mismo. El sujeto posmoderno no es slo disociado, es "esquizo". Todosujeto puede enfrentarse as con su autofundacin, puede ciertamente llegar a tenerxito pero no sin encontrarse constantemente enfrentado a fracasos, ms o menosgraves. Esa distancia interna del sujeto respecto de s mismo resulta inherente al sujetoposmoderno y modifica sensiblemente el diagnstico de Freud sobre el sujeto moderno,llevado a la neurosis. El sujeto posmoderno parece encaminarse hacia una condicinsubjetiva definida por un estado lmite entre neurosis y psicosis, cada vez msentrampado entre la melancola latente, la imposibilidad de hablar en primera persona,la ilusin de omnipotencia y la huida hacia delante en falsos s mismo, enpersonalidades prestadas, es decir mltiples, ofertadas profusamente por el mercado.

    Por ejemplo, lo que se llama "depresin", esa enfermedad del alma, afecta hoy demanera permanente a importantes franjas de la poblacin (se dice que la sufre, deforma rotativa, un 15% a un 20% de la misma). Lo que antes se llamaba la "pasintriste" se ha transformado en un atascamiento de la accin y la iniciativa ante el cual lagente tiene que recurrir cada vez ms a tratamientos mdicos y especialmente aantidepresivos, cuyo emblema es el Prozac. En Estados Unidos, la administracinmasiva de Ritaline a chicos inquietos atestigua la medicacin cada vez ms generalizadade los trastornos de la conducta. En la posmodernidad ya no es la culpabilidadneurtica la que define al sujeto, sino algo as como el sentimiento de omnipotenciacuando se logra algo y de impotencia absoluta cuando no.

    La vergenza (ante uno mismo) ha reemplazado, en suma, a la culpabilidad (respecto

    de los otros)... Sin referencias en las que se pueda fundar una anterioridad y unaexterioridad simblicas, el sujeto no consigue desplegarse en una espacialidad y unatemporalidad suficientemente amplias. Queda atrapado en un presente donde se juegatodo. La relacin con los otros se vuelve problemtica en la medida en que susupervivencia personal se encuentra siempre en cuestin. Si todo se juega en elmomento, entonces los proyectos, la anticipacin, el retorno a uno mismo se conviertenen operaciones muy problemticas. De manera que todo el universo crtico seencuentra afectado.

    Qu hacer si ya no hay Otro? Construirse a solas utilizando los muchos recursos denuestras sociedades en este sentido. Sin duda, pero no es seguro que la autonomaconstituya una exigencia que todos los sujetos pueden satisfacer. Los que la logransuelen ser los que han estado "alienados" antes y han tenido que luchar para liberarse.

    En ese sentido, el estado aparente de libertad promovido por el neoliberalismo es unaengaifa. La libertad como tal no existe: slo existen liberaciones. Es por eso quequienes no han estado nunca alienados no son libres, contra lo que podra hacer creerla frmula de Pierre Bourdieu a propsito del "culto del individuo solo pero libre". Losnuevos individuos estn ms abandonados que libres. Lo que, por otra parte, lesconvierte en presas fciles de todo cuanto parezca poder cubrir sus necesidadesinmediatas, y en blancos cmodos para un aparato tan poderoso como el mercado (7).

    Varias tendencias se plantean remediar la carencia del Otro. La primera sera lo que sellama la pandilla. Cuando el Otro falta y no se puede hacer frente solo a la autonoma oa la autofundacin requeridas, se puede intentar siempre hacerlo entre varios. Bastacon expresar a una persona colectiva que abarque varios cuerpos distintos. La pandillaest marcada por el transitivismo: puesto que pertenece a una misma persona colectiva,

    si uno de ellos cae, a los otros puede hacerles dao. La pandilla posee un nombre

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    colectivo que cada cual ostenta. Posee su firma, sus siglas, su graffiti propio, su logo,que seala y delimita su territorio. Variante de la pandilla: la patota.

    La patota es una pandilla que ha triunfado imponiendo sus mtodos expeditivos(extorsin, acciones violentas, ajustes de cuentas...).

    La segunda tendencia expresa la eleccin de un sucedneo que pueda suplir la carencia

    del Otro: sera la secta. Cuando el Otro falta, se puede erigir por fuerza una especie deOtro que garantice absolutamente al sujeto contra cualquier riesgo de ausencia.

    La tercera tendencia expresa igualmente un sucedneo. Ya no se reinscribe al Otro en elorden del deseo, sino en el de la necesidad. Es lo que pasa con la toxicomana. En estecaso al menos, se sabe as donde est y lo que es del Otro ausente, que no es otra cosaque un producto qumico lo ms adictivo posible, que uno se podr procurar acondicin de que se convierta en su esclavo.

    La cuarta tendencia va de alguna manera ms lejos, puesto que equivale a una tentativade convertirse en el Otro. El sujeto se autoadjudica signos de omnipotencia y seautoatribuye derecho de vida y de muerte sobre sus semejantes dotndose de poderessupuestamente mgicos. Se deesatan entonces sin freno los actos de violencia ms

    crudos, como el de Littleton (8).Esas tendencias no se expresan exclusivamente bajo distintas formas de delincuencia,al menos hay una muy difundida en todo el cuerpo social: la tendencia a utilizar lastecnociencias con el fin de franquear los lmites en los que estn contenidas las basesmateriales de la vida. Se recurre a las tecnociencias con vistas a reforzar el sentimientode omnipotencia del sujeto. Se hace necesario salir de nuestro emplazamientorestringido en el tiempo (un "ahora") y en el espacio (un "aqu").

    Es de destacar que esta cultura de la informacin se acompaa de un nuevoanalfabetismo que agobia la transmisin generacional: pensemos en la decadencia de lalectura en las generaciones jvenes, en el fracaso de la enseanza que produce cada vezms diplomados casi analfabetos. Se trata tambin de intentar salir del orden desucesin de las generaciones (ahora hay abuelas que dan a luz, y padres muertos,

    precavidamente colocados en frascos, que dan vida).

    Se trata tambin de salir del confinamiento de todo sujeto en uno de los dos gneros(ser hombre o mujer), que remite a una tentacin humana tan antigua como legtima,pero que se jugaba en el registro simblico imaginario, mientras que ahora se despliegaen el real.

    Se trata tambin de intentar franquear las diferencias genticas o decompartimentacin de las especies vivas. En este registro, pensemos en las profesionesde fe sobre una supuesta identidad animal, o en los intentos genticas de mezclas deespecies (por ejemplo, la humanizacin de los cerdos con vistas al injerto de rganos).Por todas partes, las tecnociencias refuerzan las tendencias del sujeto posmoderno afranquear los lmites org*nicos, mediante la creacin de lo que se denomina lo

    hiperreal...El neoliberalismo nos obliga a una reflexin muy amplia. No nos impone solamente lacrtica de un sistema econmico inicuo, o la comprensin de mecanismos dedestruccin de instancias colectivas y de "ser con los otros", sino tambin una reflexinrenovada sobre el individuo, el "ser uno mismo". La condicin subjetiva surgida de lamodernidad est amenazada. Podemos dejar volatilizarse en una o dos generaciones elespacio crtico, tan arduamente construido en el curso de los siglos precedentes?

    Notas al pie:

    1 Pierre Bourdieu, "L'essence du nolibralisme", Le Monde diplomatique, Pars, marzo

    de 1998.2 Jean-Franois Lyotard, La condicin posmoderna, Altaya, 1999, Barcelona.

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    3 Vase sobre este punto los trabajos de Marcel Gauchet.

    4 Uno de los conceptos fundamentales de la filosofa griega, cuya etimologa viene de"nacer", "crecer".

    5 Dany-Robert Dufour, Les Mystres de la trinit, Gallimard, Pars, 1990.

    6 Vase sobre estas cuestiones Alain Ehremberg, La fatigue d'tre soi, Odile Jacob,Pars, 1998.

    7 Frank Mazoyer, "Consumidores: la irresistible perversin de la necesidad", Le Mondediplomatique, edicin Cono Sur, enero de 2001.

    8 El 20-4-1999, en Littleton, Estados Unidos, dos muchachos de 18 y 17 aos,fascinados por las mquinas informticas y algunas sectas violentas, mataron a trece desus compaeros de clase antes de suicidarse.

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