España Historia Medieval Julio Valdeon

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Artículo de Julio Valdeón sobre la Historia Medieval en España

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Rev. Zurita, 71. Pp. 19-30. I.S.S.N. 0044-5517

LA HISTORIA EN ESPAA: HISTORIA MEDIEVALPOR JULIO VALDEN BARUQUE

Universidad de Valladolid

1. LA AMBIVALENCIA DE LO MEDIEVAL Nuestro propsito, al intervenir en estas Jornadas, es analizar el estado en que se encuentra el medievalismo en Espaa en los momentos actuales. Ciertamente el objetivo bsico de este trabajo se centra en seguir la pista a la investigacin que se desarrolla acerca del perodo que denominamos Edad Media, pero es evidente que no puede dejarse de lado el problema de la enseanza de la disciplina mencionada, toda vez que entre una y otra, investigacin y enseanza, existe una estrecha y necesaria conexin. Ms an, entendemos que el medievalismo universitario no puede desligarse de la imagen global que acerca de la Edad Media existe en el seno de la sociedad espaola. De ah que, como primer punto de nuestra exposicin, nos preguntemos por el significado mismo que "lo medieval", sin ms, ofrece hoy en da en Espaa. En una primera aproximacin al tema es indiscutible que el medievalismo parece gozar, en la Espaa de finales del siglo XX, de excelente salud. Cualquier aspecto que se contemple, ya sea el nmero de profesores universitarios de la disciplina en cuestin, el volumen de las publicaciones relacionadas con el rea de conocimiento que nos ocupa, la realizacin de congresos, jornadas o simposios que tienen que ver directa o indirectamente con la historia medieval, etc. nos habla en trminos sumamente positivos. Ahora bien, no debemos dejarnos deslumbrar por las apariencias. No olvidemos, de partida, que decir medieval sigue siendo, en la sociedad espaola de nuestros das, pronunciar un vocablo que suscita actitudes encontradas, ora de desprecio inusitado, ora de admiracin sin lmites. Lo medieval, hablando en trminos generales, sigue gozando de mala prensa, como lo ha RHJZ-71 19

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puesto de relieve el reciente libro de J.Heers, "La invencin de la Edad Media", por ms que dicho autor se refiera a Europa en su conjunto y maneje, en diversas ocasiones, argumentos sumamente discutibles. El tpico que identifica a la Edad Media con el oscurantismo, la opresin y la intolerancia sigue funcionando. Pero no es menos cierto que, simultneamente, se profesa poco menos que una veneracin hacia determinados elementos originarios de la poca medieval, desde el canto gregoriano a las iglesias romnicas. Cmo olvidar, por otra parte, el xito espectacular alcanzado por novelas inspiradas en temas del Medievo, como "El nombre de la rosa"?. No topamos asimismo diariamente en los medios de comunicacin audiovisual con pelculas en las que se conjuga el futurismo (viajes espaciales por ejemplo) con lo medieval (personajes con aspecto de caballeros feudales, fortalezas que recuerdan a los castillos medievales, etc.)? Qu decir, en otro orden de cosas, del protagonismo de que gozan personajes como Asterix o de la continua invasin de elementos medievales en los juguetes infantiles?. Da la impresin de que lo medieval se mueve entre el desprecio, por una parte, y el atractivo irresistible, por otra. Pero pasemos a otro terreno, no menos importante para garantizar la pervivencia de la idea misma de lo medieval, como es el de la educacin dirigida al conjunto de los ciudadanos. Llegados a este punto cabe decir que el panorama no es precisamente muy satisfactorio. Desde el punto de vista de su proyeccin educativa se puede afirmar con toda rotundidad que la historia medieval se encuentra bajo mnimos, toda vez que su presencia en el "curriculum" del rea en donde tiene su encaje en la Educacin Secundaria Obligatoria ("Ciencias Sociales, Geografa e Historia") es mnima. A lo sumo aparecen unas someras referencias a la poca medieval en uno de los cursos de la E.S.O. Por lo dems el curso de Historia de Espaa, que figura como asignatura comn en todas las modalidades del nuevo Bachillerato, trata exclusivamente de la poca contempornea. As las cosas en Espaa no podrn suscribirse las observaciones formuladas recientemente por el profesor francs D.Lett sobre la percepcin por los alumnos de secundaria de su pas de la Edad Media ("Le moyen age dans l'enseignement secondaire franaise et sa perception par l'leve: entre memoire scolaire et memoire 'buissonnire'", Revista d'Histria Medieval, 4, Valencia 1993). Pinsese que en Francia la historia medieval es una parte sustantiva del curso 5 o (edad 12/13 aos), adems de estudiarse la Europa hasta el ao 1.000 en 6o (11/12 aos) y de aludir al perodo medieval nuevamente en 2 o (15/16 aos) al analizar las races del mundo contemporneo. Todo eso sin tener en cuenta que en Francia ya se estudia la Edad Media, adaptada lgicamente a la edad de los nios que cursan esa etapa escolar, en la enseanza primaria.20

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Mas no slo se trata de que en los planes de educacin secundaria apenas exista la Edad Media. Quiz ms grave es el propsito, defendido por algunos voceros de la reforma, de contemplar el proceso histrico al margen de la temporalidad, como si todo l se situase en un plano, en el que confluiran situaciones tan diversas como los tiempos paleolticos, la Edad Media y la segunda guerra mundial. Desde ese punto de vista se acude a la historia no para estudiar el proceso seguido por la humanidad en funcin de la cronologa, sino para observar ejemplos que pueden conducir al nio a entender las dimensiones econmicas, sociales, polticas o culturales de los seres humanos. Un curso de historia puede comenzar por estudiar la revolucin industrial, seguir por la sociedad feudal, continuar por la democracia ateniense y concluir en el romanticismo, ya que todos ellos no son sino modelos diversos de cuestiones econmicas, sociales, polticas y culturales. Ni que decir tiene que, desde esa perspectiva, la historia, tal y como fue construida en el siglo XIX y como se cultiva en nuestros das por los profesionales de la disciplina, desaparecera sin ms del horizonte educativo del conjunto de la poblacin. En su lugar se establecera una especie de "Gemeinschaftskunde" o ciencia de lo social, como puso de manifiesto el historiador alemn J.Mommsen en su intervencin en el coloquio celebrado en Niza en 1986, bajo el patrocinio de la Unesco, sobre el tema "Etre historien aujourd'hui". Lo grave del caso es que esa tendencia, ya periclitada en aquellos pases europeos en donde irrumpi con fuerza en la dcada de los setenta, parece estar de moda en algunos crculos prximos a la reforma educativa espaola. Ahora bien, los temores que puede suscitar esta orientacin de la enseanza secundaria parecen compensados, aunque se trate de una mera ilusin, por la riada de publicaciones de cuestiones histricas, en buena medida referidas a los tiempos medievales, que nos inunda todos los das. En gran parte son publicaciones patrocinadas por organismos pblicos, ya sean comunidades autnomas, diputaciones o ayuntamientos. El director de la feria del libro de Frankfurt ha sealado recientemente que Espaa es, con mucho, el pas en el que se llevan a cabo ms publicaciones de carcter oficial de toda Europa. Pero muchas de ellas apenas son conocidas fuera del estrecho crculo en donde han surgido. Por lo dems, y dejando aparte las tesis doctorales, memorias de licenciatura, actas de congresos, libros de homenajes, revistas del Consejo Superior de Investigaciones Cientficas o propias de los departamentos universitarios, etc, publicaciones necesarias por s mismas, no cabe duda de que buena parte de los libros que se editan por instituciones de la ms variada ndole apenas inciden en el mbito de la historiografa. Con frecuencia dichas publicaciones no pasan de ser elementos decorativos con los que

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tratan se sacar algn provecho los polticos que patrocinaron su edicin. Pero hay igualmente, justo es reconocerlo, abundantes trabajos relativos a la Edad Media que no slo entran en los circuitos comerciales del mundo editorial sino que resisten satisfactoriamente la prueba del mercado, lo que prueba la existencia de una demanda por parte del pblico.

2. LA TRAYECTORIA DE LA HISTORIA MEDIEVAL La construccin del discurso histrico se lleva a cabo, obviamente, a partir de las fuentes conservadas del pasado. Ahora bien, la historia medieval, mucho ms que la moderna y no digamos que la contempornea, tiene una dependencia tan estrecha de las fuentes que casi podra decirse que stas ejercen una dictadura sobre la labor de los cultivadores de aquella parcela de la investigacin histrica. Mientras el contemporaneista cuenta, en general, con fuentes no slo abundantes sino diversificadas, y en buena medida de base cuantitativa, el medievalista se encuentra, particularmente para los siglos ms remotos del perodo, con unos materiales sumamente pobres, que difcilmente responden a las preguntas que l tiene en su mente. Eso explica que en numerosas ocasiones la investigacin del Medievo parta no de hiptesis previas sino de la forma en que los depsitos documentales estn conservados. Se estudia, por ejemplo, un dominio monstico entre otras razones porque las fuentes del cenobio citado suelen estar reunidas de antemano. Incluso con frecuencia se han presentado tesis doctorales que eran simplemente un "corpus" documental, as las fuentes emanadas de la cancillera de un determinado monarca dirigidas a sta o aquella ciudad. En otro orden de cosas hay que sealar que el medievalista suele contemplar su perodo desde un punto de vista globalizador. De ah que raramente haya especialistas en parcelas determinadas, como historia econmica, social, poltica o cultural, sino ms bien expertos en tai o cual etapa de la Edad Media. Ciertamente el acceso a las fuentes del Medievo requiere una preparacin particular, ya sea en Latn medieval, por la lengua habitual de la mayor parte de los documentos, o en Paleografa y Diplomtica, por la ndole peculiar de los testimonios escritos de aquel perodo. Aada