Foucault, michel el nacimiento de la clínica

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  • 1. 'IlANCISCA PBRUJO EL NACIMIENTO DE LA, CLINICA una arqueologa de la mirada mdica por MICHEL FOUCAULT )J) siglo veinfuno editores
  • 2. siglo veintiuno editores, s.a. de c.v, CERRO DEL AGUA 248, DElEGACION COYOACAN, 04310, MEXICO, D.F siglo xxi editores argentina, s.a, LAVALLE 1634 PISO 11-A C-104BAAN. BUENOS AIRES. ARGENTINA INDICE PIt.EFACIO UNO ESPACIOS y CLASE;S DOS UNA CONCIENCIA POLncA TRES EL CAMPO LIBRE 1 16 42 63 cultura Libre portada de anhelo hernndez primera edicin en espaol, 1966 vigsima edicin en espaol, 2001 siglo xxi editores, s.a. de c.v. Isbn 968-230068-1 primera edicin en francs, 19;':)3 presses universitaires de france, pars ttulo original: naissance de la rlinique derechos reservados conforme a la ley Impreso y hecho en mxico/printed and made in mcxico 1. Las estructuras de los hospitales se ponen en tela de juicio 65 2. El derecho de ejercicio y la ensean- za mdica 72 CUATRO AN11CEDAD DE LA CLNICA 84 CINCO LA LECCIN DE LOS HOSPITALES 97 1. Las medidas del 14 Frimario ao III 105 2. Reformas y discusiones durante los dooVy~ lW 3. La intervencin de Cabans y la reorganizacin del ao XI 118 SEIS SIGNOS Y CASOS 129 1. La alternacin de los momentos ha- blados y de los momentos percbi- dos en una observacin 160 2. La soberana de la conciencia es lo que transforma el sintoma en signo 135 3. El ser de la enfermedad es entera- mente enunciable en su verdad 138 SIETE VER, SABER 154 1. La alternacin de los momentos ha- [VII ]
  • 3. VIII NDICE PREFACIO BIBLIOGRAFA DIEZ LAS CRISIS DE LAS FIEBRES CONCLUSIN OCHO NUEVE blados y de los momentos percibi- dos en una observacin 2. El esfuerzo para definir una forma estatutaria de correlacin entre la mirada y el lenguaje 3. El ideal de una descripcin exhaus- tiva ABRID ALGUNOS CADVERES W INVISIBLE VISIBLE 1. Principio de la comunicacin de los tejidos 2. Principio de la impermeabilidad de los tejidos 3. Principio de la penetracin en ba- rrena 4. Principio de la especificacin de la forma de ataque de los tejidos 5. Principio de la alteracin de la al- teracin l. Nosologa n, Polica y geografia mdicas m. Reforma de la prctica y de la en- seanza IV. Los mtodos v. Anatoma patolgica VI. Las fiebres 160 162 163 177 210 210 211 212 213 214 245 274 281 281 282 285 288 290 291 Este libro trata del espacio, del lenguaje y de la muerte; trata de la mirada. Hacia mediados del siglo XVlIl, Pomme cuid y cur a una histrica hacindola tomar "baos de diez a doce horas por da, durante diez meses -completos". Al trmino de esta cura contra el desecamiento del sistema nervioso y el calor que lo alimentaba, Pomme vio "porciones membranosas, parecidas a 'fragmentos de pergamino empapado... desprenderse con ligeros dolores y salir diariamente con la orina, desollarse a la vez el urter del lado derecho y salir entero por la misma va". Lo mismo ocurri "con los intestinos que, en otro momento, se despojaron de su tnica interna, la que vimos salir por el recto. El esfago, la trquea y la lengua se haban desollado a su vez; y la enfer- ma haba arrojado diferentes piezas, ya por el vmito, ya por la expectoracin".' y he aqu como, menos de cien aos ms tarde, un mdico percibi una lesin anatmica del encfalo y de sus envolturas; se trata de "falsas membranas", que se encuentran con frecuencia en sujetos afectados por "meningitis crnica": "Su superficie externa apli- cada a la aracnoides de la duramter se adhiere a esta lmina, ora de un modo muy flojo, y entonces se las separa fcilmente, ora de un modo firme e nti- mo y, en este caso, algunas veces es muy difcil des- prenderlas. Su superficie interna est tan slo contigua la aracnoides, con la cual no contrae ninguna unin... Las falsas membranas son a menudo trans- 1 P. Pomme, Traite des affections -aaporeuses des deux sexcs (4~ ed., Lyon, 1759), t. 1, pp. 60-65. [1]
  • 4. 2 PREFACIO PREFACIO parentes, sobre todo cuando son muy delgadas; pero, por lo comn, tienen un color blanquecino, grisceo, rojizo y ms raramente amarillento, parduzco y ne- gruzco. Esta materia ofrece, con frecuencia, matices diferentes que siguen las partes de la misma mernbra- na. El espesor de estos productos accidentales vara mucho; son a veces de una delgadez tal que se po- dran comparar a una tela de araa... La organiza- cin> de las falsas membranas presenta, asimismo, muchas variedades: las delgadas son membranosas, pa- recidas a las pelfculas albuminosas de los huevos y sin estructura propia diferente. Las dems, ofrecen a me- nudo en una de sus caras huellas de vasos sanguneos entrecruzados en diversos sentidos e inyectados. A me- nudo son reductibles en lminas superpuestas, entre las cuales se interponen frecuentemente cogulos de una sangre ms o menos decolorada." 2 Entre el texto de Pomme que llevaba a su forma ltima los viejos mitos de la patologa nerviosa y el de Bayle que describa, para un tiempo del cual no hemos salido an, las lesiones enceflicas de la para- lisis general. la diferencia es nfima y total. Total, para nosotros, porque cada palabra de Bayle, en su precisin cualitativa. gua nuestra mirada en un mun- do de constante visibilidad. mientras que el texto an- terior nos habla el lenguaje, sin apoyo perceptivo, de los fantasmas. Pero esta evidente divisin, qu experiencia fundamental puede instaurarla ms ac de nuestras convicciones. all donde stas nacen y se justilican? Quin puede asegurarnos que un mdico del siglo XVIII no vea lo que vea. pero que han bas- tado algunas decenas de aI10s para que las figuras Ian- tsticas se disipen y el espacio liberado deje venir hasta los ojos el corte franco de las cosas? No ha habido "psicoanlisis" del conocimiento rn- 2 A. L J. Bayle. Nouvelle doctrine des maladies mentales (Pars, 1825), pp. 23-24. dico, ni ruptura ms o menos espontnea de los cer- cos imaginarios: la medicina "positiva" no es la que ha hecho una eleccin "del objeto" dirigida al fin so- bre la objetividad misma. Todos los dominios de un espacio quimrico por el cual se comunican mdicos y enfermos, psiclogos y prcticos (nervios tensos y torcidos, sequedad ardiente, rganos endurecidos o quemados, nuevo nacimiento del cuerpo en el ben- fieo elemento de la frescura de las aguas), no han desaparecido; han sido desplazados ms bien. y como encerrados en la singularidad del enfermo, del lado de la regin de los "sntomas subjetivos" que define para el mdico no ya el modo del conocimiento, sino el mundo de los objetos por conocer. El vnculo fan- tstico del saber y del sufrimiento, lejos de haberse roto. se ha asegurado por una va ms compleja que la simple permeabilidad de las imaginaciones; la pre- sencia de la enfermedad en el cuerpo, sus tensiones, sus quemaduras. el mundo sordo de las entraas. todo el revs negro del cue.rpo que tapizan largos sueos sin ojos son. a la vez, discutidos en su objetividad por el discurso reductor del mdico y fundados como tan- tos objetos por su mirada positiva. Las imgenes del dolor no son conjuradas en beneficio de un conoci- miento neutralizado; han sido distribuidas de nuevo en el espacio donde se cruzan los cuerpos y las mira- das. Ha cambiado la configuracin sorda en la que se apoya el lenguaje, la relacin de situacin y de pos- tura, entre el que habla y aquello de lo cual se habla. En cuanto al lenguaje mismo, a partir de qu mo- mento. de qu modificacin semntica o sintctica, se pude reconocer que se ha" transformado en discurso racional? Qu lnea decisiva se traza, por consiguien. te, entre una descripcin que pinta las membranas como "pergaminos empapados" y esta otra. no menos cualitativa, no menos metafrica que ve, extendidas sobre las envolturas del cerebro, pelculas de clara de huevo? Las lminas "blancuzcas" y "rojizas" de Bayle
  • 5. 4 PREFACIO PREFACIO 5 son, para un discurso cientfico, de valor diferen.te: de solidez y de objetividad ms densas. que las laminillas endurecidas descritas por los mdicos del siglo XVIII? Una mirada un poco ms meticulosa, un recorrido ver- bal ms lento y mejor apoyado en las cosas, valores epitticos finos, a veces algo enredados. no es simple- mente, en el lenguaje mdico, la proliferacin de un estilo que desde la medicina galnica ha tendido, ante el gris de las cosas y de sus formas, playas de cua- lidades? Para comprender cundo se ha producido la mu- tacin del discurso, sin duda es menester interrogar algo ms que los contenidos temticos o las modali- dades lgicas. y recurrir a esta regin en la cual las "cosas" y las "palabras" no estn an separadas, all donde an se pertenecen, al nivel del lenguajet manera de ver y manera de decir. Ser menester poner en duda la distribucin originaria de lo visible y de lo invisible, en la medida en que sta est ligada a la divisin de lo que se enuncia y de lo que se calla: entonces aparecer, en una figura nica, la articula- cin del lenguaje mdico y de su objeto. Pero de pre- cedencia no hay ninguna para que no se plantee una cuestin retrospectiva: slo merece su puesta a la luz de una intencin indiferente la estructura hablada de lo percibido. este espacio lleno en el hueco del cual el lenguaje toma su volumen y su medida. Es menes- ter colocarse y. de una vez por todas, mantenerse en el nivel de la cspacializacion y de la verbalizacin fundamentales de lo patolgico, all de donde surge y se recoge la mirada locuaz que el mdico posa sobre el corazn' venenoso de las cosas. La medicina moderna ha fijado su fecha de nacrnien- to hacia lo