Hazaña Beniana Parte 2

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2da. de 13 partes del libro "Hazaña Beniana en la Guerra del Chaco" de la Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos del Beni, en la gestión del Lic. Arnaldo Lijerón Casanovas

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    ANTECEDENTES DE LA GUERRA DEL CHACO Y LACONTRIBUCIN DEL CAMBA BENIANO

    Analizar despus de cuarenta aos una tragedia que llen de dolor los hogaresbolivianos y cubri con la vergenza de la derrota el valor de una generacines tarea difcil, porque los factores multiplicadores todava arrastran consecuenciasy prejuicios.

    Sin embargo, creemos sea un deber someter al conocimiento del pueblo, y enespecial de su juventud, para que en la balanza de la justicia juzguen y encuentrenlas metas de un nuevo orden muy ajeno a los ismos polticos en vigencia quemargine junto a la miseria, el temor y el sometimiento.

    Quince aos de batalla por la libertad, siendo los primeros en proclamarla y losltimos en obtenerla, hicieron del boliviano un hombre de trincheras y de valora toda prueba. Socabaya, Iruya y Montenegro, con Ingavi, son la reafirmacinde esa fe en la soberana, que luctuosamente se trueca en adversidad y quedala interrogante: Por qu nuestro ejrcito perdi las guerras internacionales conChile primero, con el Brasil despus y por ltimo, con esa pequea nacin delabradores y pastores que era Paraguay? Es que el valor haba cedido a ladesercin?

    Muchas veces, precipitadamente, la juventud arrogante se da la respuesta,dicindose que si les hubiera tocado actuar a ellos hubiera cambiado el cursode los acontecimientos; sin pensar que era tambin juventud, la que fue actoraentonces y en peores tiempos, cuando el olor a plvora y el estruendo de caoneseran diario acontecer en las ciudades del valle y el altiplano, donde los caudillosse encumbraban por el coraje de los soldados, que recorran las ciudades enrevueltas cuarteleras.

    Pero no analizamos que, fenmenos diferentes han jugado una determinante aespaldas de ese pueblo que sufri las consecuencias.

    Sern el capital internacional y los trust monopolistas los que marcarn ladetonante de cada contienda. Primero, el salitre de nuestro Litoral sobre elPacfico, cerrndonos el pulmn del respiradero martimo; seguir el oro negrode la leche blanca convertida en bolachas oscuras de la riqueza gomera, en el

    Antonio Carvalho Urey,INVESTIGADOR, HISTORIADOR Y ESCRITOR

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    rea de los ros que convergen al Atlntico; y, cerrar este tringulo del designioimperialista, querindose asegurar concesiones de petrleo en el suelo que nosdio el derecho y la historia.

    Para colmar esa sed de ambicin, el entreguismo de los gobernantes y la nefastadiplomacia criolla hacen lo dems. Melgarejo regalar en 1867 el litoral delMadera, cuando estaba colonizndose por los industriosos gomeros. Los guerristasliberales en el poder practicarn el pacifismo y suscriben el Tratado con Chile,legalizando la mediterraneidad. En 1903 se firma el Tratado de Petrpolis,vendiendo un gran pedazo de nuestra patria a precio de ramera, como deca DonMedardo Chvez, ese beniano defensor de la integridad. Y tambin en 1909 seentregarn al Per ms de 50.000 km2., como precio de los 1.500 fusilesMannlichter que sus gobernantes fiaron a los mismos liberales para que subanal poder.

    Nuestra patria invertebrada, con una economa monoproductora, sin msvinculacin que entre las poblaciones que gravitan en los centros mineros; conun Beni extenso y desconocido, que slo sirvi de botn para proveer caballadasa los ejrcitos, vales por ganado para sostener a los gobiernos y remesas deingentes cantidades de libras esterlinas que se enviaban desde Villa Bella, paracubrir el presupuesto de la nacin; esta patria, sobre todo con una mayora deindios ignorantes sometidos a un tradicional pongueaje, no era un Estado equipadopara una contienda blica.

    Los cuartelazos de militares o civiles no haban dado tiempo para formar unaconciencia nacional. La visin y mentalidad de los gobernantes es muy limitadapor el enrarecimiento del aire en la puna andina donde se alberga el Ejecutivo,no puede pues, mirar ms all de la atmsfera viciada y vislumbrar que lospretendidos derechos territoriales no estn respaldados por el documento histrico,sino por la preparacin blica con la manifiesta complacencia, cuando no abiertaayuda, de un vecino poderoso que manejaba la escasa economa de la nacinguaran.

    Y es as que en 1932, igual que en 1900 en el Acre, igual que en 1879 en elLitoral, nuestras fronteras estaban desguarnecidas, porque los encargados deresguardarlas vivan en las ciudades, luciendo marciales marchas de parada pararecoger el aplauso de multitudes politizadas.

    Estalla la guerra con el Paraguay

    Los militares educados en las academias de Europa sostienen que la guerra esun juego de nios con los paraguayos, y convencen al introvertido PresidenteSalamanca Urey, de que hay que pisar fuerte en el Chaco.

    El mestizo mandatario de la fra elocuencia y de las abstractas disciplinaseconmicas, no atisb que esta no era una guerra por supuestos derechos sobretierras, desatada entre pueblos con mayora indgenas, analfabetos y malalimentados; e inflamado de misticismo patritico, convoca a la guerra contrauna nacin armada por el capitalismo internacional, con financiamiento de laStandard Oil Company.

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    Pero al beniano no le importan los motivos, l tena una sola causa: Su patria,Bolivia; y con el desprendimiento del que nada pide y todo lo entrega, marchapresuroso bajo el tremolar de la ensea tricolor a los puestos de reclutamiento.

    De todos los pueblos del Beni, de todas las estancias, de los chacos, de losmontes gomeros y castaeros, se movilizan las caballeras y los carretones, laslanchas y las canoas, arribando el Mamor; a pie, abriendo sendas o rumbeandopampas; todos convergen a la capital Trinidad, para de ah partir por Cochabambaprimero, por Santa Cruz enseguida, hasta llegar al Chaco Boreal, directamentea la lnea de fuego, sin quedarse en la retaguardia, en las famosas etapas.

    Tras lo varones irn las mujeres, muchas amazonas se vern atendiendo enfermosy defendiendo a la patria con el fusil que dej el combatiente muerto.

    Todos en el Beni contribuyeron, la Casa Surez dio con munificencia su aporteeconmico en grandes cargamentos de charque y otros productos de susestablecimientos como obsequio para la contienda. Y el camba y el carayanaque solamente su vida podan dar, arriesgaron con todo coraje su existencia.

    Diez mil quinientos y ms fueron los benianos que marcharon a los campos debatalla, quedando ms de la mitad muertos en el Chaco, en holocausto sublimea la patria, gobernada siempre por gentes que ignoraban al beniano.

    El valor de los regimientos formados por hombres benianos, acostumbrados altrrido calor, a las largas jornadas, a la cautelosa caza, a rasgar la virginidad delmonte y a las destrezas de la caballera, es digno del mejor canto pico.

    Decimos esto, sin egosmo regionalista y sin ningn nimo revanchista.

    Creemos que la guerra en los pases subdesarrollados debe ser desterrada paraconvivir en universal armona y superar las barreras de la dependencia; peroconsideramos que el espritu patritico que alienta en cada ser viviente, estnutrido por el cario sin limitaciones al solar de nacimiento.

    Dos pueblos hermanos se mataron. La culpa no fue de los muertos ni de la clasede tropa y oficiales que sufrieron tantos sacrificios y padecimientos. El pueblode ambos pases luch hasta el supremo sacrificio, extrao a un drama que fuemanipulado por otros.

    Ambas patrias perdieron. Paraguay nunca lleg a las corrientes subterrneas delpetrleo y Bolivia, junto a un jirn de tierra, perdi una juventud que tantonecesitaba. Ambas quedaron ms empobrecidas; y sus clases con menos recursoseconmicos, ms indigentes.

    Por eso ahora, sin odio al contendor de ayer, arrastrado ingenuamente, sin quererhacer hiprbole al hablar del aporte del soldado camba en la contienda, menosan de pretender crear dolos e implantar el culto a la personalidad; pero conun claro y rotundo sentimiento benianista que deviene en puro sentimientonacional, nos corresponde expresar para la historia, para esa que no se ha escrito,la contribucin de este suelo que riega el Mamor y sus afluentes, el Departamento

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    del Beni, cuyos hijos desfilaron bajo el verde listn de su bandera con orgulloa combatir.

    La inexplicable vergenza de Campo Va, donde se entregaron al contendor9.000 soldados mejor equipados y en impugnable ubicacin, al decir del autorizadoHroe y protagonista de esa contienda, Coronel Carmelo Cuellar, sembr en elejrcito ese sabor trgico de la derrota; y de no haber llegado oportunamenteel contingente ms grueso de benianos, tal vez no hubieran retrocedido losparaguayos, de sus avanzadas, muy prximas a los suelos del petrleo.

    Una mano invisible manejaba los hilos de esta ridcula y criminal comedia demarionetas; mientras que el Canciller del pas que ayud abiertamente aladversario, proveyndole de armas, alimentos y hasta efectivos, conocedor dela avalancha incontenible de nuestro ejrcito, tonificado y renovado con la gentedel trpico beniano, oficiando de pontfice de la paz, embauca a nuestradiplomacia, siempre representada por improvisados figurines de saln, concabezas huecas de capacidad y en las que solamente saban lucir chispeanteschisteras, y obtiene el consentimiento para decir: Alto el fuego!

    El 14 de junio de 1935, da del armisticio impuesto por Carlos Saavedra Lamas,es un da de ignominia.

    Sobre los cadveres, muchos insepultos, comidos por las aves de rapia ycalcinados sus huesos por la arena candente, se levanta la bandera de la paz,que es bandera de derrota; por lo que son culpables, no los soldados ni losoficiales, sino los Jefes de Comando y los tteres polticos.

    Los abrazos que se dieron, entonces, los pilas y los bolis, son la demostracinde la fraternidad indoamericana y una clara evidencia de que la guerr