Hermeneutica del sujeto (michel foucault)

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Michel Foucault HERMENEUTICA DEL SUJETO Edición y traducción: Fernando Alvarez-Uría
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    08-Jun-2015
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Maestria de Geopolitica de los Espacios Acuaticos

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  • 1. Michel FoucaultHERMENEUTICADEL SUJETOEdicin y traduccin:Fernando Alvarez-Ura

2. Genealoga del poderColeccin dirigida por:Julia Varela y Fernando Alvarez-UraDiseo de cubierta: Roberto TurganoPortada:Edipo en su constelacin, 1987Dibujo original: Santiago Serrano Michel Foucault De la presente edicin: Ediciones Endymin Ediciones de la PiquetaCl. Cruz Verde, 2228004 MadridISBN: 84-7731-177-3Depsito Legal: M-32.225-1994Impreso en Grficas Garca-RicoCl. Maria del Carmen, 3028011 MadridNDICEPROLOGOLa cuestin del sujeto .............................................. 7PRIMERA LECCIONCuidado de uno mismo y conocimiento de unomismo...................................................................... 33SEGUNDA LECCIONChrsis y alma-sujeto .............................................. 45TERCERA LECCIONEl otro como mediador............................................ 57CUARTA LECCIONConocimiento de uno mismo y catarsis................... 65Ql!JNT~ LECCIO~-Eplstrofe y converswn............................................. 75SEXTA LECCIONEl uno mismo como centro y la mirada que planeasobre el mundo ........................................................ 81SEPTIMA LECCIONEspiritualidad y ascesis ........................................... 93OCTAVA LECCIONEl co:dcepto de paresia............................................. 97ANEXOLa tica del cuidado de uno mismo como prcticade la libertad (entrevista)......................................... 105 3. PROLOGOLA CUESTION DEL SUJETOEste libro rene los resmenes del Curso pronunciadopor Michel Foucault en 1982, en su ctedra de Historiade los sistemas de pensamiento, sobre la Hermenuticadel sujeto. A estas lecciones -que no estaban destinadasa ser publicadas, por lo que deben de ser ledas como unmaterial de trabajo provisional- hemos aadido una largay densa entrevista en la que se abordan cuestiones rela-cionadas con algunos conceptos introducidos en estecurso, y en donde tambin se clarifican algunas catego-ras claves en la obra de Foucault como por ejemplo elconcepto de relaciones de poder1 El principal objetivode esta publicacin es, por tanto, proporcionar unos pre-ciosos materiales de reflexin que, con toda seguridad,sern especialmente tiles para todos aquellos que en laactualidad estn interesados en construir una teora hist-rica y social de la subjetividad y en reflexionar sobre lasbases de una nueva tica en la que la accin individual yel compromiso personal no estn desvinculados de losintereses colectivos.1 El curso tuvo lugar en el Colegio de Francia durante el ao aca-dmico de 1981-1982. Ambos textos han sido publicados por laRevista Concordia. Revue lntemationale de philosophie. La en-trevista en el n.06, 1984, pp. 99-116 y el Curso en el n.012, 1988,pp. 44-69. El texto original francs ha sido recuperado a partir de latranscripcin realizada por Helmut Becker y Lothar Wolfsteter y fuepublicado en alemn en 1985 por la Editorial Materialis Verlag deFrankfurt con el ttulo de Freiheit und Selbstsorge. 4. 8 Femando Alvrez-UraSujeto y libertadComo es bien sabido, Michel Foucault, en los lti-mos cinco aos de su vida, trabajaba intensamente paraelaborar una historia de la sexualidad que en realidadencubra un proyecto de mayor alcance directamente vin-culado con el proyecto nietzscheano de construir unagenealoga de la moral. Se trataba de rastrear ms all delas prohibiciones y de las restricciones morales, ms allde la tan manida represin capitalista, las figuras histri-cas que en Occidente vincularon al sujeto con la verdad yque se vieron desplazadas, recubiertas, encubiertas onegadas por nuevas racionalizaciones cuando el cristia-nismo se impuso -e impuso- una determinada verdadsobre el sujeto. Este titnico proyecto intelectual resultaincomprensible si no se tiene en cuenta que toda la obrade Foucault gira en torno a un compromiso apasionadoen defensa de la libertad. Es el problema de la libertad elque en realidad atraviesa sus primeros trabajos destina-dos a desvelar la estructura profunda de las relaciones desaber. El resultado es una ontologa histrica de nosotrosmismos en relacin a la verdad a travs de la cual nosconstituimos en sujetos de conocimiento. Se podranenglobar todos esos incisivos anlisis foucaultianos bajola rbrica de una arqueologa de las ciencias humanas.Pero el problema de la libertad presenta tambin una vin-culacin directa con las relaciones de poder que atravie-san los cuerpos para grabarse en las conciencias. De ahese trabajo minucioso y gris propio del ge-nealogista destinado a construir una ontologa histricade nosotros mismos en relacin al campo de poder a tra-vs del cual nos constituimos en sujetos que actan sobrelos otros. Vigilar y castigar y Microfsica del poder sonquiz los ms claros exponentes del intento de Foucaultde tematizar las relaciones de poder. En fm, el problemade la libertad concierne a lo que somos, a lo que hace-mos y a como nos percibimos, tiene que ver directamen-te con nuestros comportamientos y sentimientos, lo queexplica que Foucault haya centrado los esfuerzos de losPrlogo 9ltimos aos de su vida en elaborar una ontologa hist-rica de nosotros mismos en relacin a la tica a travs dela cual nos constituimos en agentes morales. En todosesos terrenos Michel Foucault asumi de forma ejemplarun claro compromiso intelectual. El presente libro entrade lleno en este proyecto de trabajo ms propiamenteconsagrado a la genealoga de la moral al que el pensa-dor francs dedic un especial esfuerzo intelectual. Setrata de un proyecto inconcluso -ya que se vio truncadopor la muerte- por lo que ha de ser retomado y ampliadomediante un trabajo necesariamente colectivo.En qu puede consistir la tica de un intelectual? -sepreguntaba Foucault en una entrevista r~alizada porFrans:ois Ewald-, para responder acto segmdo que, a sujuicio, la razn de ser de los intelectuales estriba precisa-mente en un. tipo especfico de agitacin que consistesobre todo en la modificacin del propio pensamiento y enla modificacin del pensamiento de los otros. El papel deun intelectual, afirmaba, no consiste en decir a los demslo que hay que hacer. Con qu derecho podra haceresto? Basta con recordar todas las profecas, promesas,exhortaciones y programas que los intelectuales han lle-gado a fonnular durante los dos ltimos siglos y cuyosefectos conocemos ahora . El trabajo de un intelectual noconsiste en modelar la voluntad poltica de los dems;estriba ms bien en cuestionar, a travs de los anlisis quelleva a cabo en terrenos que le son propios, las evidenciasy los postulados, en sacudir los hbitos, las fonnas deactuar y de pensar, en disipar las familiaridades admiti-das, en retomar la medida de las reglas y de las institucio-nes y a partir de esta re-problematizacin (en la que desa-rrolla su oficio especfico de intelectual) participar en lafonnacin de una voluntad poltica (en la que tiene laposibilidad de desempear su papel de ciudadanoP. No es2Cf. Le souci de la verit. Entrevista con Michel Foucault realiza-da por Fran9ois Ewald, Le Magazine Litteraire, n.o 207, mayo,1984 p.22. Traducida al espaol en Michel FOUCAULT, Saber y verdad, LaPiqueta, Madrid, 1985, pp. 229 y ss. 5. 10 Fernando Alvrez-Uraextrao que a partir de ese cuestionamiento radical, queimplica la modificacin del propio pensamiento y delpensamiento recibido, Foucault haya tratado de propor-cionarse y de proporcionarnos nuevos materiales parafundamentar una nueva tica de la existencia.Era necesario retornar a Scrates y Platn o almundo romano de los estoicos para fundamentar estanueva tica? Al desplazar la mirada a la Antigedadgriega y latina no se produce un distanciamiento, y portanto una renuncia a comprender el presente? No hay enel trasfondo del propio proyecto foucaultiano de proble-matizacin de la subjetividad un cierto elitismo vincula-do a un cierto esteticismo? Por qu realiz Foucault esteenorme esfuerzo de erudicin que le oblig a dar un tanlargo rodeo por la historia?El propio Foucault trat de responder a alguna deestas preguntas en una entrevista que tuvo lugar en mayode 1984,.cuando ya estaba gravemente enfermo:Es cierto que cuando escrib el primer volumen de laHistoria de la sexualidad, hace ya siete u ocho aos,tena la firme intencin de realizar estudios de historiasobre la sexualidad a partir del siglo XVI y analizar eldevenir de ese saber hasta el siglo XX. Al llevar a caboese trabajo me di cuenta de que no funcionaba; subsistaun problema importante: por qu habamos hecho de lasexualidad una experiencia moral? Entonces, me ence-rr, abandon los trabajos que haba hecho sobre elsiglo XVII y me dediqu a estudiar el siglo V, primero,para ver los inicios de la experiencia cristiana y despusel perodo inmediatamente anterior, hacia el fin de laAntigedad. Finalmente hace tres aos desembarqu enel estudio de la sexualidad en los siglos V y VI antes deCristo. Usted podra muy bien preguntarme: fue purafalta de atencin de su parte al principio o un deseosecreto que ocult y que al final revelara? No lo s.Confieso que ni tan siquiera quiero saberlo. Mi expe-riencia como la veo hoy es que esta historia de la sexua-lidad slo podra llevarla a cabo correctamente reto-mando lo que sucedi en la Antigedad para ver cmoPrlogo 11fue manipulada, vivida y modificada por un cierto nme-ro de actores3En otra entrevista, esta vez con Hubert Dreyfus yPaul Rabinow, nos aclara algunas otras cuestiones:Lo que me sorprende es que, en la tica griega, lagente se preocupaba ms de su conducta moral, de sutica y de la relacin para con ellos mismos y para conlos otros que de los problemas religiosos. En qu nosconvertimos tras la muerte? Qu son los dioses? In-tervienen en nuestras vidas? Estas cuestiones tenanescasa importancia pues no estaban directamente liga-das a la tica. Esta no estaba tampoco vinculada a unsistema legal. Por ejemplo, las leyes contra determina-das conductas sexuales no eran ni numerosas ni muyconstrictoras. Lo que interesaba a los griegos, su temaprincipal, era la constitucin de una tica que fuese unaesttica de la existencia.Pues bien, me pregunto si nuestro problema de hoyno es en cierto modo similar, dado que la mayora denosotros no creemos que la tica est fundada en lareligin ni deseamos que un sistema legal intervengaen nuestra vida privada de carcter moral y personal.Los recientes movimientos de liberacin tienen dificul-tades para encontrar un principio sobre el cual fundarla elaboracin de una nueva tica. Necesitan una ticapero nicamente encuentran una tica basada en unconocimiento pretendidamente cientfico de lo que esel yo, de lo que es el deseo, de lo que es el inconscien-te, etc. Estoy sorprendido por esta similaridad de pro-blemas.Cree usted, le preguntan los entrevistadores, que losgriegos ofrecen una alternativa atractiva y plausible? YFoucault responde con celeridad:3 Le retour de la morale. Entrevista realizada por G. Barbedette yA. Scala, Les Nouvelles littraires, 28 juin-5 juillet, 1984, pp. 36-41.La entrevista ha sido parcialmente traducida al espaol en el suple-mento del semanario mexicano El Dia tulado El gallo ilustrado,19 de agosto de 1984, p. 2 6. 12 Fernando Alvrez-UraNo! No pretendo una solucin de recambio; la solu-cin de un problema no es la que se ha propuesto enotros tiempos para otra gente. En realidad lo que yoquiero hacer no es la historia de las soluciones y poresta razn no acepto el trmino alternativa; me gustarahacer la genealoga de los problemas, de las proble-mticas4.Determinadas formas histricas de racionalidad occi-dental, la clnica, el sistema penal, la sexualidad, ensuma, la definicin misma de normalidad, junto con lasinstituciones y los poderes que les son anejos, fueronsistemticamente cuestionados por Foucault desde laexperiencia de la locura, la diseccin de los cadveresde los pobres en el Hospital General, el cuerpo de loscondenados, las sexualidades perifricas, el derecho a ladiferencia y por tanto la necesidad de pensar de otromodo. Hermenutica del sujeto se inscribe por consi-guiente en un marco de crtica de lo establecido -y portanto de crtica del pensamiento establecido- queencuentra su razn de ser en un compromiso por la ver-dad y por la libertad ya que es en la violencia instituidaen donde se fragua a la vez el sometimiento y el sufri-miento de muchos seres humanos: No est inscrita enrealidad esa violencia en unos valores morales y en unasrelaciones de poder que tienden a regular las conductasy a negar las prcticas de libertad?4Michel Foucault: Le sexe comme une morale. Entrevista rea-lizada por H.Dreyfus y Paul Rabinow, Le Nouvel Observateur,n.01021, 1-7 junio, 1984, pp. 86-90. Traduccin espaola en MichelFOUCAULT, Saber y verdad, op. cit. pp.185-196 Aun ms, Foucaultpensaba que los pensadores clsicos de la Antigedad no lograron resol-ver la contradiccin entre la bsqueda obstinada de un estilo de vida y elesfuerzo de hacerlo comn a todos, lo que favoreci que la moral se revis-tiese de un estilo religioso. Cf. Le retour de la morale. Sobre el conceptode problematizacin y su relacin en la genealoga y la historia vase elreciente y matizado trabajo de Robert CASTEL "Problernatization as aMode of Reading History en J. GOLDSTEIN Ed. Foucault and theWriting ofHistory, Black:well, Oxford, 1994, pp. 237-252.Prlogo 13El conocimiento de uno mismo.Nosotros, los que conocemos, somos desconocidospara nosotros mismos. Con estas palabras iniciaba Frie-drich Nietzsche el Prlogo de La genealoga de la moralescrito en Sils Maria en el verano de 1887. Cmo pode-mos conocernos a nosotros mismos? Para conocernos anosotros mismos y afirmar una voluntad de verdad, parafundamentar una nueva tica, es decir, nuevos principiosreguladores de las conductas, necesitamos una crtica delos valores morales, hay que poner alguna vez en entre-dicho el valor mismo de esos valores, y para esto senecesita tener conocimiento de las condiciones y cir-cunstancias en las que aquellos surgieron, en las que sedesarrollaron y modificaron (...) un conocimiento quehasta ahora no ha existido, ni tampoco se lo ha ni tansiquiera deseado. Se tomaba el valor de esos valorescomo algo dado, real y efectivo, situado mas all de todaduda5Nietzsche era entonces perfectamente consciente dehaber descubierto y problematizado un continentenuevo: el continente de la moral. Era preciso recorrer elnuevo territorio con nuevas preguntas y nuevos ojos,haba que construir nuevos instrumentos de conocimien-to para levantar acta de la nueva tierra, describir susconfiguraciones, reunir vestigios de pensamientos casiperdidos o en todo caso olvidados, en fm, excavar bajoarbustos y cenizas, e incluso bajo los cimientos de sun-tuosos palacios, los restos fragmentarios de viejas cultu-ras expulsadas del tiempo y desterradas de nuestramemoria. Nietzsche propuso por tanto cuestionar loincuestionado de nuestra vida moral y para ello era pre-ciso pensar lo impensado del bien y del mal, -algo quehasta entonces resultaba impensable-, para adentrarsecomo un arrojado espelelogo en el hondo y obscuromundo formado por el inconsciente histrico y social des F. NIE1ZSCHE, La genealoga de la moral, Alianza, Madrid,1975, p. 23. 7. 14 Fernando Alvrez-Urialos valores6 Justamente Foucault asumi e intent prolon-gar este arriesgado proyecto. Una nueva mirada dirigida ala efectiva historia de la moral exiga del genealogista unsaberfundado en documentos, un saber encarnizado en lorealmente comprobable, en aquello que efectivamenteexisti, en una palabra, en toda la larga y difcilmentedescifrable escritura jeroglifica del pasado de la moralhumana. Coincidencia por tanto en el proyecto y en elmtodo de investigacin, pero tambin en la finalidad anti-normativa e intempestiva de transmutacin de los valores,en la bsqueda de una autonoma moral que obliga a suvez a rastrear las bases de la moral instituida, de esa viejafarsa que se presenta como la nica legtima, y por tantotambin como la nica posible7Para llevar a cabo la viviseccin de las virtudes denuestro tiempo es preciso que el pensamiento se dote deun espritu histrico, espritu que paradjicamente ha6Se trata de recorrer con preguntas totalmente nuevas y, pordecirlo as con nuevos ojos, el inmenso, lejano y tan recndito pasde la moral realmente vivida: Y no viene esto a significar casi lomismo que descubrir por vez primera tal pas? F.NIETZSCHE,op. cit. p. 24.7Frente a la moral instituida son posibles otras muchas morales,pero esa moral se defiende sin embargo con todas sus fuerzas: elladice con obstinacin e inflexibilidad