Instituto universitario de la frontera 2016

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INSTITUTO UNIVERSITARIO DE LA FRONTERA

SAN CRISTOBAL.

“Perspectivas  Integradoras del Siglo XXI”.

ALUMNA:

Carreño Ardila Dayana Lilibeth

C.I: 23.548.600

DOCENTE:

Luis Alfredo Gómez

SAN CRITOBAL 2016

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EL FIN DEL PODER: especial de Moisés Naím

El poder está cambiando de manos: de grandes ejércitos disciplinados a caóticas bandas de insurgentes; de gigantescas corporaciones a agiles emprendedores; de los palacios presidenciales a las plazas públicas. Pero también está cambiando en sí mismo: cada vez es más difícil de ejercer y más fácil de perder. El resultado, como afirma Moisés Naim, es que los líderes actuales tienen menos poder que sus antecesores, y que el potencial para que ocurran cambios repentinos y radicales sea mayor que nunca. En El fin del poder, Naim describe la lucha entre los grandes actores antes dominantes y los nuevos micros poderes que ahora les desafían en todos los ámbitos de la actividad humana. La energía iconoclasta de los micros poderes puede derrocar dictadores, acabar con los monopolios y abrir nuevas e increíbles oportunidades, pero también puede conducir al caos y la parálisis. A partir de estudios nuevos y provocadores y de su experiencia en asuntos internacionales, Naim explica como el fin del poder está remodelando el mundo en que vivimos.

La premisa de Naím es provocadora: el poder como lo conocíamos está llegando a su fin. Naím se inspira en tres tendencias que ha descubierto y le llama las “tres m’s”: “movilidad”, “mentalidad” y “más”. Naím nota que la población mundial es cada vez más móvil, tiene a su alcance cada vez más recursos de todo tipo y ha adoptado una mentalidad de constante inconformidad que genera una suerte de desconfianza casi irremediable de la autoridad.

La consecuencia es que, en diversas zonas del quehacer humano, los poderosos son cada vez menos, tienen menos poder y el poder que tienen es frágil y transitorio. Naím ilustra su argumento con ejemplos tan diversos como el ajedrez, las grandes empresas y, claro, la criminalidad.

Naím señala una serie de consecuencias positivas para el fin del poder. Las dictaduras, por ejemplo, se están acabando. Cada vez más países se han vuelto soberanos y/o democráticos. En cambio, dice Naím, el poder autocrático es una rareza en estos tiempos y lo será cada vez más. La razón es simple: la diseminación del poder hace ingobernable lo que antes era fácilmente controlable. Desde los usos y costumbres de una población determinada hasta su voluntad de cambio o, en términos nietzscheanos, su voluntad de poder.

Pero Naím también advierte riesgos muy claros tras el fenómeno que describe. Estas democracias en las que el poder se ha pulverizado pueden asimismo dar pie a la parálisis, la polarización: democracias que se vuelven “vetocracias”, dice Naím.

El mismo no pretende convertirse en un epitafio del poder, sino el llamar la atención sobre la forma en que este último ya no es el mismo que solía ser en épocas anteriores, tanto en su dimensión, como en su concentración y

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capacidad de influir. Es más bien el estudio de cómo se ha producido la mutación del poder y el decaimiento en su ejercicio en los tiempos recientes, como resultado de factores que Naím también analiza en su luminoso libro, valiéndose de un notable proceso de reflexión y acopio de una abundante información, a lo largo de varios años.

Un proceso de reflexión de Naím que arranca desde los tiempos en que le tocara actuar como Ministro de Industrias del gobierno del finado Carlos Andrés Pérez a finales de los ochenta y en la primera parte de los años noventa del siglo pasado, y una valiosa información principalmente acumulada al calor de sus calificadas funciones como Director de la revista Foreign Policy hasta época relativamente reciente. Esto último se entiende fácilmente, pero los lectores se estarán preguntando qué papel tiene Carlos Andrés Pérez en este asunto. Naím lo explica en el prefacio de su libro y tiene que ver con el impacto que recibiera en febrero de 1989, a los pocos días de la segunda elección claramente mayoritaria de Pérez como presidente de Venezuela, cuando estallara el 27 de ese mes lo que ha venido a conocerse como El Caracazo, episodio que trajo consigo una explosión social, acompañada de violencia, saqueos a comercios, caos y muchas muertes de venezolanos. Episodio, agregaríamos nosotros, que algunos consideran fue promovido por los Castro desde Cuba suministrando armas y francotiradores que potenciaron el número de víctimas y daños causados a Venezuela.

El Caracazo significó un cambio en la percepción de la gente sobre el carácter modernizador del programa económico que el nuevo equipo de gobierno de Pérez había querido transmitir, pues de esperanzador se transformó en el aparente culpable de la violencia social desatada en ese entonces. Por su parte, el desempeño de la función ministerial, como lo comprendiera años más tarde, le permitió a Naím adquirir conciencia sobre el sustancial divorcio existente entre la percepción de su poder como ministro y el poder que realmente estaba en capacidad de ejercer desde dicha función. En otras palabras, nominalmente era un ministro poderoso, pero en la práctica tenía una limitada capacidad para utilizar recursos, movilizar personal y unidades administrativas, y en general hacer que los objetivos propuestos se cumplieran efectivamente.

La reflexión que inició Naím con motivo de sus funciones ministeriales en Caracas, sobre el divorcio entre la apariencia del poder y su verdadera capacidad de ejercicio, dio paso a un proceso de confirmación en el terreno investigativo de otras experiencias gubernamentales en alguna medida similares, como fueron los casos de Brasil (Fernando Enrique Cardoso), Alemania (Joschka Fischer) y otros países, así como a verificar que el decaimiento en el ejercicio del poder se producía igualmente en los negocios, en organizaciones no gubernamentales y en entidades que actúan en varios otros campos del quehacer economico y social, incluidas aquellas que tienen una dimensión multilateral, como el Fondo Monetario Internacional. Proceso que al final lo llevó a recoger el resultado de sus reflexiones e investigaciones en el libro que comentamos.

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Si uno quisiera destacar dos de los principales méritos del libro de Naím, podría elegir dos. En primer término, que su libro desafía la corriente de pensamiento tradicional que siempre ha visto al poder como un elemento que ve a su concentración como sinónimo de su fortaleza (mientras más tienes poder, más fuerte eres). El libro de Naím demuestra con abundante análisis y respaldo de información que esta idea ya no es fácilmente sustentable. El segundo mérito es el de cuestionar la idea según la cual la acumulación de poder lleva a erigir barreras infranqueables que son capaces de detener las acciones encaminadas a retar dicho poder. El libro de Naím aporta elementos convincentes para demostrar que el poder ya no se encuentra en capacidad de evitar la influencia de fuerzas que el desarrollo económico y social de los últimos años ha producido para desafiarlo, entre otras, el surgimiento de manifestaciones alternativas de poder que fraccionan o diluyen a los detentadores de poder que se ufanaban de su inmenso tamaño y fortaleza hegemónica en épocas pasadas.

Resultaría una tarea realmente titánica reseñar los variados aspectos tratados en el libro de Naím en un artículo, por lo que nos concretaremos a destacar brevemente los siguientes:

Definición de poder – Sin dejar de pasar revista a autores relevantes (Hobbes, Machiavelli, Nietzsche, entre otros) y sus diversas aproximaciones a la idea del poder, Naím adopta una definición a los fines prácticos de su trabajo, orientada a ayudar a entender lo que entraña obtener el poder, ejercerlo, conservarlo y perderlo. A este efecto, define el poder como “la capacidad de dirigir ir prevenir las acciones presentes o futuras de otros grupos o individuos”.

Canales para el ejercicio del poder – En opinión de Naím, cuatro son las principales vías mediante las cuales se manifiesta el ejercicio del poder. Estas son: (i) Músculo, que identifica la fuerza o la amenaza de la fuerza que puede ejercerse, por ejemplo, a través de la violencia armada o de la policía, un arsenal nuclear, o la capacidad para llevar a la quiebra una compañía, botar a una persona de su trabajo, o expulsarlo de una organización. (ii) Código, que representa el conjunto de reglas morales o producto de la tradición, creencias religiosas y costumbres que se han venido transmitiendo de generación en generación por muchos años, las cuales influyen nuestro comportamiento y hacen que otros puedan exigirnos determinadas actitudes o conductas para guarden fidelidad a dichas reglas. (iii) Publicidad, que identifica la capacidad de persuasión para hacernos pensar, moldear nuestra percepción o ver bondades en ideas, bienes o servicios, con el objeto de favorecer los intereses de quienes la utilizan a este propósito. (iv) Recompensa, la cual traduce beneficios económicos, generalmente sumas de dinero que se dan u ofrecen con la finalidad de obtener determinadas conductas de personas u organizaciones, encaminadas a favorecer los intereses de quienes pagan o erogan dichas sumas.

Los grandes retadores de las barreras protectoras del poder – Para Naím los grandes retadores del poder en esta época provienen de los cambios que se han producido en aspectos básicos de nuestra vida en sociedad, especialmente, en cómo, dónde, por cuánto tiempo y qué tanto bien vivimos.

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En otras palabras, la manera cómo se ha afectado nuestros standards de vida y niveles de salud, bienestar, tendencias migratorias, la vida familiar o en comunidades, y finalmente, las actitudes que constituyen referencias esenciales para nuestras aspiraciones, creencias o deseos y la manera en la cual nosotros pensamos en nosotros mismos y nuestros semejantes. Para ilustrar estos cambios y la manera como ellos han influido en el poder y desembocado en el decaimiento de su ejercicio, el autor echa mano de las siguientes tres categorías de revolución que se habrían producido en el tiempo que vivimos:

Revolución de lo más – Simplemente ahora tenemos más de todo. Hay más gente, más países, más ciudades, más partidos políticos, más ejércitos, más bienes y servicios, más compañías vendiendo éstos, más armas, más medicinas, más estudiantes, más computadoras, más religiosos y más criminales. El producto económico mundial se ha incrementado cinco veces desde 1950 y el ingreso por habitante ha aumentado tres y media veces desde entonces. Hay dos mil millones de habitantes más de los que había hace veinte años y para 2050 tendremos una población cuatro veces más grande que la teníamos en 1950. Este crecimiento también ha venido acompañado de más calamidades y eventos negativos: recesión económica, terrorismo, terremotos, represión, guerras civiles, desastres naturales y amenazas al medio ambiente. Es indudable que mucha gente todavía vive en muy malas condiciones, pero el rápido crecimiento ocurrido en muchos países pobres ha dado lugar al aparecimiento de una pujante clase media. Los seres humanos están disfrutando en general de una más larga y más saludable existencia que en época pasada. Por ejemplo, para Naím los movimientos que conmovieron algunos países árabes, conocido como la “Primavera Árabe”, es cierto que deben bastante al uso de tecnologías modernas de comunicación, pero deben mucho más al rápido crecimiento de las expectativas de vida en el oriente medio y el norte de África desde 1980. El corolario de esta revolución de lo más es el siguiente: Cuando hay más gente y ella está disfrutando mejores vidas, su control y regulación por el poder se hace más difícil.

Revolución de la movilidad – Las cifras aportadas por Naím revelan que estamos experimentando una situación donde hay más gente emigrando que en algún otro período de la historia mundial. Las Naciones Unidas estiman que hay 214 millones de inmigrantes en diversas partes del mundo, lo que significa un incremento de 37% en las dos últimas dos décadas. En alguna medida, los inmigrantes están ejerciendo una influencia importante en los negocios, religión y aspectos culturales de los países donde residen. La movilidad poblacional igualmente ha tenido sus efectos en el proceso urbanizador de los países, como ha sucedido con las megas ciudades que están siendo construidas en China e India. Así mismo, en la circulación de cerebros y la inyección de recursos a los países de origen a través de las remesas o inversiones de sus emigrantes. En general, dicha revolución viene a ocurrir en un contexto donde se está produciendo un gran movimiento de bienes, servicios, dinero, información e ideas. En este movimiento destaca por su significación el que viene ocurriendo a través de Internet y las redes sociales como Twitter y Facebook, así como con el uso de las tarjetas telefónicas prepagadas. Por su

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parte, el avance tecnológico ocurrido en las comunicaciones y la circulación de la información han producido un abaratamiento de los costos en los tickets de avión, el transporte de carga y el envío de las remesas de dinero de los inmigrantes hacia sus países de origen. La conclusión es que la revolución de movilidad viene a hacer más difícil el ejercicio del poder, por ejemplo, por parte de los estados sobre sus poblaciones, o el de las corporaciones sobre los confines geográficos de sus mercados, o el de un partido político sobre sus miembros, o para ponerlo en un terreno individual, el del padre que quiere mantener a sus hijos bajo control.

Revolución de la mentalidad – Se ha producido un profundo cambio en las expectativas, y standards de la gente. Este cambio incluye nuevos valores que reflejan la mayor importancia que se atribuye a la transparencia y los derechos de propiedad, así como al trato justo de la mujer y a las minorías en la sociedad. Entre los jóvenes no sólo hay actitudes propensas a cuestionar la autoridad y retar al poder, sino que se observan posiciones más proclives, por ejemplo, hacia ciertos temas como el divorcio, incluso en sociedades muy conservadoras, como la de la India, llegando a influenciar en este aspecto a miembros de generaciones anteriores. La clase media está cada vez más dispuesta a dar la pelea en las calles para luchar y proteger sus standards de vida, o para obtener mejores bienes y servicios. Por su parte, según las encuestas realizadas por instituciones especializadas en países desarrollados con larga tradición democrática como los Estados Unidos, se estaría produciendo cambios de actitudes entre la gente que revelan declinación de la confianza en los gobiernos o en instituciones significativas como la Corte Suprema, el Congreso, sindicatos, partidos políticos, grandes empresas, bancos y medios de comunicación social. Para Naím los efectos de la revolución de la mentalidad sobre el poder son variado y complejo. La combinación del surgimiento global de valores y el incremento de las aspiraciones de la gente plantea el más serio de todos los retos a las bases morales del poder, ya que ayuda a extender la idea de que las cosas no necesariamente tienen que ser como siempre han sido y que de alguna manera o en algún lugar siempre hay la posibilidad de que sean mejores. En definitiva, tal combinación trae escepticismo y desconfianza en las autoridades, así como falta de aceptación de cualquier forma en que se encuentre distribuido el poder.

Efecto Naím: Venezuela se incendia

Millones de jóvenes han salido en todo el país para protestas contra el Gobierno de Nicolás Maduro y la falta de solución de los principales problemas. Mientras, los gobiernos latinoamericanos guardan silencio ante la represión

En el programa "Efecto Naím" se tocó el tema de la difícil crisis por la que está atravesando Venezuela.

Destacan que la "torpe" actuación del régimen de Maduro al reprimir las manifestaciones, "ha hecho añicos su imagen internacional". "Es un régimen militar autoritario que no duda en usar a sus soldados y a grupos paramilitares salvajemente violentos para reprimir a jóvenes estudiantes, encarcelar a líderes de la oposición, callar medios y amenazar a periodistas".

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Asimismo, resaltan que al mejor estilo Castro comunista, el Gobierno venezolano ha intentado aplicar un bloqueo casi total. Twitter y Facebook se han convertido en la mejor herramienta para los venezolanos.

Tres ideas equivocadas

En estos días es fácil equivocarse. La turbulencia geopolítica, las crisis económicas y las convulsiones sociales se suceden a tal velocidad que no da tiempo de pensar con calma y calibrar bien lo que está sucediendo en el mundo.

En este ambiente tan revuelto, algunas ideas han arraigado tanto entre expertos como en la opinión pública internacional. A pesar de su popularidad, varias de ellas están equivocadas. Por ejemplo, estas tres:

1. Vladímir Putin es el líder más poderoso del mundo. Por ahora. ¿Pero cuán duradero es el enorme poder que hoy concentra? No mucho. La economía rusa, que no iba bien desde antes del conflicto con Ucrania, se ha debilitado aún más debido a las severas sanciones impuestas por Estados Unidos y Europa. El valor del rublo ha caído a su mínimo histórico, la fuga de capitales es enorme (74.000 millones de dólares tan solo en el primer semestre), la inversión se ha detenido y la actividad económica se contrajo. El Kremlin ha debido echar mano de los fondos de pensiones para mantener a flote grandes empresas cuyas finanzas han colapsado al perder acceso a los mercados financieros internacionales. La producción de petróleo ha disminuido y las nuevas inversiones de las que depende la producción futura se han parado. Por otro lado, el machismo bélico de Putin le ha dado nueva vida y mayor protagonismo a una organización que él detesta y que estaba en vías de extinción: la OTAN. Y esta semana se confirmó el fracaso de Putin en detener el acercamiento de Ucrania a la Unión Europea, después de que el Parlamento de Kiev y la Euro cámara ratificaran un acuerdo de asociación. Putin seguirá siendo un líder importante y sus actuaciones tendrán consecuencias mundiales. Después de todo, preside autocráticamente uno de los países más grandes del mundo y su nacionalismo lo ha hecho muy popular entre los rusos. Pero su estrategia económica, sus relaciones internacionales y su política doméstica son insostenibles.

2. Obama fracasó. La popularidad de Obama es la mitad de la de Putin. La renuencia del presidente norteamericano a intervenir militarmente, de manera mucho más agresiva, en Siria, Ucrania o contra el Estado Islámico le ha valido severas críticas. Su fracaso a la hora de lograr el apoyo del Congreso para aprobar leyes indispensables ha expandido la idea de que Obama es un novato que no sabe manejar el poder o que EE UU ya no es una superpotencia, o no sabe actuar como tal.

Esta afirmación se debe a que se tiende a sobreestimar el poder de EE UU. Y a la creencia de que basta con que la Casa Blanca decida intervenir para que los problemas se arreglen o se mitiguen. Esto nunca fue cierto, aunque antes el presidente norteamericano gozaba de un mayor grado de libertad que ahora.

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Pero el mundo ha cambiado, y el poder ya no es lo que era. Incluso el presidente de EE UU tiene menos poder que el que tenían sus predecesores. Desde esta perspectiva, Obama se ha manejado mucho mejor de lo que le conceden quienes creen que su cargo confiere poderes casi sobrehumanos.

3. China es la próxima superpotencia del planeta. Es inevitable que dentro de unos años China tenga la economía más grande del mundo. Sus fuerzas armadas también están creciendo rápidamente, así como su protagonismo internacional. Su influencia en África, América Latina y sus vecinos asiáticos es indudable. La capacidad del Gobierno chino para construir grandes infraestructuras es también incuestionable y su éxito económico y social es fenomenal. Esto hace que muchos supongan que China será la nueva potencia hegemónica del siglo XXI. Yo no lo creo. Sabemos que existen dos chinos: una industrializada, moderna, la de los rascacielos, la globalización y gran dinamismo económico. Pero también sabemos que hay una China muy pobre y con enormes necesidades insatisfechas de vivienda, salud, educación, agua, electricidad, etc. El ingreso del 48% de la población que vive en esta China más pobre y rural es un tercio de lo que ganan sus compatriotas en las ciudades. Sorprende, además, que, a pesar de sus éxitos, el Gobierno muestre gran inseguridad. Gasta más en seguridad interna que en defensa externa, por ejemplo. Un tercio del territorio chino, Tíbet y Xinjiang, vive en una crónica ebullición política a la que Pekín responde con fuerte represión y permanente intervención militar. Y los esfuerzos gubernamentales por controlar la información, censurar Internet y limitar el intercambio de ideas son legendarios. Este ambiente inhibe la innovación, ingrediente indispensable para que un país tenga éxito.

Es obvio que China tendrá cada vez más peso en la economía y la política del mundo. Pero no será la potencia dominante.

En el siglo XXI ningún país podrá desempeñar ese papel.