Justicia ambiental leff

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J USTICIA A MBIENTAL : CONSTRUCCIÓN Y D EFENSA DE LOS NUEVOS D ERECHOS A MBIENTALES CULTURALES Y COLECTIVOS EN AMÉRICA LATINA ENRIQUE LEFF (COORDINADOR) Serie Foros y Debates Ambientales 1 PROGRAMA DE LAS N ACIONES UNIDAS PARA EL MEDIO AMBIENTE OFICINA REGIONAL PARA AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO CENTRO DE INVESTIGACIONES INTERDISCIPLINARIAS EN CIENCIAS Y HUMANIDADES

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  • 1. JUSTICIA AMBIENTAL: CONSTRUCCIN Y DEFENSA DE LOS NUEVOS DERECHOS AMBIENTALES CULTURALES Y COLECTIVOS EN AMRICA LATINA ENRIQUE LEFF (COORDINADOR) Serie Foros y Debates Ambientales 1 PROGRAMA DE LAS NACIONES UNIDAS PARA EL MEDIO AMBIENTE OFICINA REGIONAL PARA AMRICA LATINA Y EL CARIBE UNIVERSIDAD NACIONAL AUTNOMA DE MXICO CENTRO DE INVESTIGACIONES INTERDISCIPLINARIAS EN CIENCIAS Y HUMANIDADES
  • 2. Primera edicin: 2001 Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente Red de Formacin Ambiental para Amrica Latina y el Caribe Boulevard de los Virreyes 155, Colonia Lomas de Virreyes 11000, Mxico D.F., Mxico ISBN 968-7913-13-14 Esta edicin en formato pdf conserva los mismos derechos que la publicacin impresa en papel. Correccin editorial a cargo de Mara Elena Olivera del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, UNAM (CEIICH / UNAM). Cuidado de la edicin: Rogelio Lpez Torres (CEIICH / UNAM) y Claudio Amescua (PNUMA/ORPALC).
  • 3. CONTENIDO Presentacin Los Derechos del Ser Colectivo y la Reapropiacin So- cial de la Naturaleza: A Guisa de Prlogo* 1 Derecho ambiental y cultura legal en Amrica Latina Jos Mara Borrero Navia 2 Diversidad y globalizacin: los derechos en su labe- rinto Ramn Torres Galarza 3 El nuevo derecho agrario y los principios del desarro- llo sostenible Ricardo Zeledn Zeledn 4 La defensa judicial del medio ambiente en Colombia Claudia Mora Pineda 5 Los desafos del derecho ambiental con respecto a la defensa de los intereses difusos: referencia a las pro- puestas de la nueva legislacin boliviana Antonio Andaluz Westreicher 6 Participacin ciudadana y justicia para la naturaleza Rafael Gonzlez Ballar 7 La proteccin legal y social de los sistemas de saberes indgenas, la biodiversidad y los recursos genticos Arturo Argueta Villamar 3 5 7 43 55 79 97 107 121 35
  • 4. 8 Regimen de acceso a los recursos genticos en los pases andinos y los derechos de las comunidades Manuel Pulgar-Vidal O. 9 Derechos sobre la biodiversidad y beneficios deriva- dos de su acceso: la experiencia del INBio en Costa Rica R. Gmez y N. Mateo 10 Conflictos ambientales y apropiacin de recursos naturales en Baja California Alfonso Aguirre Muoz 11 Amenazas y conflictos socio ambientales en la ex- ploracin y explotacin de hidrocarburos en la Amazonia peruana Lily La Torre 12 Los movimientos sociales y la construccin de los nuevos derechos ambientales y culturales en el pro- cesos de globalizacin Pedro Ivo-Batista 13 Entre la virtud y el deber: los derechos de los pue- blos indios Jos del Val 14 El derecho de los pueblos indgenas: su naturaleza colectiva Mara Magdalena Gmez Rivera 139 147 157 193 207 215 233
  • 5. PRESENTACIN Con este libro damos inicio a la serie Foros y Debates Ambien- tales, del programa editorial de la Red de Formacin Ambiental para Amrica Latina y el Caribe. Durante la pasada dcada de los aos noventa, el PNUMA dio inicio a la organizacin de foros de poltica ambiental, reuniendo a autoridades de las administra- ciones ambientales de Amrica Latina, junto con representantes de organismos internacionales y regionales, expertos del medio acadmico y de organizaciones no gubernamentales, para deba- tir los temas de mayor actualidad, relacionados con los procesos de globalizacin, la gestin ambiental urbana, la biodiversidad, la administracin ambiental y la apropiacin social de la natura- leza. Los textos que presentamos en este volumen corresponden a las ponencias presentadas durante el Coloquio Construccin y Defensa de los Nuevos Derechos Ambientales, Culturales y Colec- tivos en las Amricas. Dicho Coloquio se llev a cabo los das 9-11 de noviembre de 1988 en la Universidad Nacional Autnoma de Mxico, en una colaboracin entre el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM, y la Red de Formacin Ambiental para Amrica Latina y el Caribe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. El Coloquio se llev a cabo en tres sesiones de debates en tor- no a los siguientes temas: a) Los movimientos sociales y la cons- truccin de los nuevos derechos ambientales y culturales en el proceso de globalizacin; b) La resolucin extrajudicial y judicial de los conflictos ambientales y culturales vinculados con el am- biente; y c) La definicin poltica y jurdica de los nuevos dere- chos ambientales, culturales y colectivos y sus implicaciones en 5
  • 6. 6 Enrique Leff las decisiones e instrumentos polticos y jurdicos para el desa- rrollo sostenible. En estos debates participaron espertos de diferentes pases de Amrica Latina (Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Mxico, Per, y Venezuela) que desde diferentes instancias de gobierno, la academia y de las organizaciones no gubernamenta- les, as como de diferentes disciplinas (derecho, sociologa, an- tropologa) vienen acompaando y contribuyendo al proceso de construccin de estos nuevos derechos. Con estos debates buscamos abrir un campo de reflexin so- bre procesos sociales y jurdicos en torno a los derechos de apro- piacin y gestin del uso sustentable de la naturaleza, que ata- en tanto a los gobiernos como a los grupos ciudadanos y a todos los sectores sociales involucrados en el desarrollo sustentable de los pases de la regin. Quiero dejar constancia de nuestro agradecimiento al CEIICH por su ya larga y fructfera cooperacin con la Red de Formacin Ambiental del PNUMA en el estudio y debate de la problemti- ca ambiental de Amrica Latina y el Caribe y a la Fundacin Konrad Adenauer, por el apoyo al financiamiento de este evento. Asimismo agradezco a Isabel Martnez y a gueda Burgos su colaboracin en la organizacin del Coloquio, y a Claudio Ames- cua y Rogelio Lpez, por su paciente y dedicada labor editorial. Enrique Leff
  • 7. 7 LOS DERECHOS DEL SER COLECTIVO Y LA REAPROPIACIN SOCIAL DE LA NATURALEZA: A GUISA DE PRLOGO* Enrique Leff ** La forja de los nuevos derechos Las ponencias presentadas en este Foro sobre La Construccin de los Nuevos Derechos Ambientales, Culturales y Colectivos se articulan en torno a una reflexin sobre la configuracin de un nuevo orden jurdico fundado en los nuevos derechos que hoy surgen en relacin con la sustentabilidad ecolgica y la diversi- dad cultural. Los movimientos sociales emergentes tanto en el campo como en las ciudades vienen abriendo un nuevo espacio en el que se plasma la afirmacin de identidades tnicas y de las condiciones ecolgicas para el desarrollo sustentable de los pue- blos que habitan el planeta y para la humanidad en su conjunto. Estos nuevos derechos se estn gestando en respuesta a una problemtica ambiental que hoy se percibe como una crisis de civilizacin, efecto del punto de saturacin y el desbordamiento de la racionalidad econmica. El proceso de modernizacin, guiado por el crecimiento econ- mico y el progreso tecnolgico, se ha apoyado en un rgimen ju- rdico fundado en el derecho positivo, forjado en una ideologa de * Agradezco los comentarios al borrador de este texto que me aportaron Isabel Martnez y Mindahi Bastida. ** Coordinador de la Red de Formacin Ambiental Para Amrica Latina y el Caribe, Pro- grama de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.
  • 8. 8 Enrique Leff las libertades individuales que privilegia los intereses privados. Este orden jurdico ha servido para legitimar, normar e instrumentar el despliegue de la lgica del mercado en el proceso de globalizacin econmica. Esa inercia globalizadora, que se convierte en modelo de vida, pensamiento nico y medida de to- das las cosas, niega y desconoce a la naturaleza; no como un orden ontolgico y una organizacin material de la que emerge la vida, sino en su constitucin como una ecologa productiva y como condicin de sustentabilidad de todo orden econmico y social. La naturaleza es cosificada para ser dominada; se trans- forma en recurso natural, como materia prima de un proceso productivo; pero se rompe la trama ecolgica de la naturaleza, de la que dependen los equilibrios geofsicos, la evolucin de la vida y la productividad ecolgica del planeta. Bajo el principio de la unidad de la ciencia y la universalidad del conocimiento, se ha homogeneizando la mirada sobre la rea- lidad, generando un pensamiento unidimensional y una va de un solo sentido en el proceso de globalizacin econmica, que une al mundo bajo el signo unitario del mercado. En este proceso se desconoce la diversidad y la diferencia como principios consti- tutivos del ser, como fundamento de la vida y como base de una democracia fundada en la diferencia y de una equidad social fun- dada en la diversidad cultural. En el campo jurdico, los derechos individuales vuelven marginales y difusos a los derechos colecti- vos, aquellos que comparte una sociedad como principios de co- hesin y solidaridad social, y a las cosmovisiones que unen la cultura con la naturaleza. Frente al predominio de la lgica unitaria y binaria que ha conducido los destinos de una modernidad homogeneizante, inequitativa e insustentable, los nuevos movimientos sociales estn labrando un nuevo camino hacia la sustentabilidad, fun- dado en una racionalidad ambiental que viene impulsando y legi- timado nuevos derechos ambientales, culturales y colectivos. La racionalidad jurdica del nuevo orden econmico-ecolgico mun- dial no surge tan slo como respuesta a los acuerdos internacio- nales en favor de la conservacin y de la sustentabilidad ecolgi-
  • 9. 9 Prlogo ca (por ejemplo, el Convenio sobre la Diversidad Biolgica y el Protocolo de Kyoto sobre el Cambio Climtico). Los nuevos movi- mientos sociales que convulsionan al mundo actual toman fuer- za con el debilitamiento de los Estados nacionales; en este proce- so de ciudadanizacin se est configurando una cultura poltica fundada en el reconocimiento de los derechos humanos donde se inscriben las luchas campesinas y de los pueblos indios, que vie- nen reivindicando nuevos derechos culturales que actualizan sus usos y costumbres tradicionales y sus ancestrales estilos de vida, as como nuevos derechos polticos, construidos en torno a sus autonomas y territorios como espacios de autodetermina- cin de sus condiciones de existencia, que incluyen sus normas jurdicas para el acceso y usufructo de su patrimonio de recursos naturales. En la defensa de los nuevos derechos ciudadanos democrti- cos, ecolgicos, de gnero se est diseando un cambio de po- ca. Los derechos ambientales no solamente buscan ajustar el orden jurdico preestablecido a las exigencias de la sustentabili- dad para compatibilizar el crecimiento econmico y la conserva- cin ecolgica. Pues la definicin de una normatividad ecolgica dentro de la racionalidad econmica prevaleciente conlleva una problematizacin y una crtica radical de los fundamentos mis- mos del sistema jurdico establecido. La degradacin ambiental est expresando los lmites de una racionalidad homogeneizante que deja fuera el valor de la diversidad cultural, que hoy se ex- presa en la afirmacin de las identidades de los pueblos y en la reivindicacin de derechos del ser: derechos a existir, derechos a reafirmar una cultura, derechos a reapropiarse un patrimonio natural, derechos a fraguarse un desarrollo sustentable; reivin- dicaciones ecolgicas y polticas que se expresan en las deman- das de dignidad y justicia que hoy movilizan a los pueblos indios del continente y del mundo entero por sus autonomas y sus territorios. El movimiento social por la afirmacin de estos nuevos dere- chos como derechos del ser, busca plasmarlos en una forma jurdica que los legitime y establezca los procedimientos legales
  • 10. 10 Enrique Leff para su defensa. Estos derechos no se refieren a formas eternas e inamovibles del ser. La verdad y las formas jurdicas que le corresponden se desprenden y se construyen dentro de formas de saber y formas de poder (Foucault, 1998). En este sentido, la exclusin, subyugamiento e inexistencia de los derechos ambien- tales, tnicos y colectivos, es producto de una racionalidad que, centrada en la concepcin del ser humano como individuo y de la naturaleza como recurso, ha negado un rgimen jurdico pluralista y colectivista. Estos nuevos derechos emergen de la crisis ambiental, del gri- to de la naturaleza y de las luchas sociales que reivindican las formas culturales del ser humano. Esta crisis ambiental marca los lmites de la racionalidad fundante de la modernidad, de la racionalidad econmica, jurdica y cientfica que establecen el lugar de la verdad, los puntos de observacin para indagar al mundo y los dispositivos de poder en el saber para apropiarse la naturaleza. La emergencia de los nuevos derechos humanos derechos ciudadanos, derechos indgenas es ante todo el dere- cho a ser, lo que implica el reconocimiento del derecho del ser humano individual y colectivo a darse sus propias normas de vida, es decir, a su autonoma. Y esa autonoma el soporte de la vida y el sentido de la existencia se plasma en un contexto so- cial, sobre bases ecolgicas y soportes territoriales donde se con- figuran las identidades como formas de ser, y que se dan siempre en relacin con un mundo que es su referente, su soporte, su cuerpo. Territorio habitado por un ser. Los derechos ambientales, culturales y colectivos, no slo se definen como derechos de la naturaleza, sino como derechos humanos hacia la naturaleza, incluyendo los derechos de propie- dad y apropiacin de la naturaleza. Los derechos ambientales se definen en relacin con las identidades tnicas que se han confi- gurado a lo largo de la historia en su relacin con su entorno ecolgico, ms que en relacin con una norma jurdica que res- ponde a la lgica del mercado o a una razn de Estado. En ese contexto, los derechos ambientales se definen como derechos a la autonoma, es decir, a autogobernarse conforme a sus cosmo-
  • 11. 11 Prlogo visiones, usos y costumbres; lo que implica el derecho de cada pueblo a establecer sus propias normas de convivencia para diri- mir sus conflictos internos, as como para establecer prcticas de uso y transformacin de sus recursos naturales. Estos derechos arraigan en la forma de derechos territoriales, que ms all de las formas de propiedad de la tierra, establecen espacios geogrficos donde se asientan las culturas, que constituyen el hbitat y don- de se configuran sus habitus; donde se desarrollan las prcticas y usos, las formas de coevolucin, y las normas sancionadas de acceso, conservacin y aprovechamiento de los recursos natura- les. Ecologa poltica y estrategias conceptuales Los nuevos derechos ambientales se plasman en el campo es- tratgico de los conceptos; trminos provenientes del discurso cientfico adquieren un sentido eminentemente poltico en el mbito de lo jurdico; as, la biodiversidad se desplaza del cam- po restricto de la ecologa hacia el de la ecologa poltica, es decir, de los derechos de apropiacin y uso de la naturaleza. Los movi- mientos sociales en defensa de la cultura y de los derechos ind- genas, estn incorporando el derecho a la conservacin y aprove- chamiento cultural de la biodiversidad. Las propias identidades de los pueblos se estn reconfigurando en la percepcin de la biodiversidad como un patrimonio cultural. En esta perspectiva, se est planteando la necesidad de construir nuevos ordenamientos jurdicos para normar formas de acceso y aprove- chamiento de la naturaleza y para dirimir conflictos sobre los derechos de uso y transformacin de la biodiversidad. As, el dis- curso poltico y jurdico de la sustentabilidad se va configurando dentro de estrategias de poder por la reapropiacin de la cultura y de la naturaleza. Hoy, las luchas sociales y la construccin de los nuevos dere- chos se debaten en el terreno de una epistemologa poltica. Son luchas por definir y hacer valer los conceptos de autonoma, de pueblo, de territorio, los que habrn de demarcar no slo el espa- cio del ser y de la propiedad de la tierra, sino toda una racionali-
  • 12. 12 Enrique Leff dad que habr de traducirse en leyes y normas, en procedimien- tos legales y reglas judiciales. Las palabras adquieren nuevos significados que movilizan a la sociedad, pero que encuentran obstculos y dificultades para su codificacin dentro de los ordenamientos jurdicos. No se trata de un problema de traduc- cin, sino del sentido poltico que adquieren los conceptos que plasman las estrategias discursivas del ambientalismo, que rom- pen con la idea de un sentido nico de los trminos, fijados para siempre en discursos cerrados, como garantes de la verdad abso- luta, eterna e inamovible del poder establecido. En este sentido, las luchas por los derechos ambientales, culturales y colectivos dislocan el lugar de la verdad, resignifican los conceptos y trans- forman las formas jurdicas que ordenan las relaciones de poder en la apropiacin del mundo y de la naturaleza. Hoy en da las luchas indgenas no se reducen al derecho a hablar una lengua, a preservar sus prcticas, usos y costumbres, sino que reivindi- can su derecho a la autonoma poltica, que incluyen sus formas de habitar su territorio y de usufructuar su patrimonio de recur- sos naturales; su derecho a definir un estilo de vida y una estra- tegia de etno-eco-desarrollo. Es eso lo que hace que el conflicto poltico en torno a las leyes indgenas no slo quede entrampado por la difcil traduccin del lenguaje ideolgico-poltico al discur- so jurdico y a los cdigos de los procesos judiciales, sino por las visiones diferenciadas y proyectos encontrados que animan este debate histrico El problema de la construccin de los nuevos derechos no es fundamentalmente ni tan slo el problema de traducir en len- guaje jurdico los principios que se expresan en el discurso ofi- cial de la sustentabilidad. Ms all de ese problema tcnico, el reordenamiento jurdico que implica el reconocimiento de los nuevos derechos entraa la legitimacin a travs de la ley de nuevas relaciones de poder. Los nuevos valores y las nuevas visiones de mundo que se expresan en el discurso del desarrollo sustentable resignifican al mundo y construyen nuevos sentidos existenciales. Ms all del propsito de la conservacin de la na- turaleza, los derechos ambientales se orientan a recuperar y re- valorizar las relaciones entre cultura y naturaleza, a reabrir y
  • 13. 13 Prlogo multiplicar las diversas y heterogneas formas de coevolucin que quedaron reducidas y truncadas por el proceso de homoge- neizacin del mundo moderno, jalado por la racionalidad instru- mental, econmica y jurdica que se fue imponiendo sobre el des- tino de los pueblos y de la naturaleza. En la racionalidad de la modernidad, el derecho del hombre hacia la naturaleza es un derecho privado, individual, de domi- nio sobre la naturaleza, donde los valores de la conservacin que- dan entrampados, sin encontrar expresin ni defensa. Es por ello que los derechos colectivos aparecen como un grito que no alcan- za a plasmarse de manera consistente en los ordenamientos cons- titucionales, en las leyes primarias y secundarias de la legisla- cin ambiental o las relativas a los derechos de los pueblos in- dios. Las formas mismas del ordenamiento jurdico, los tiempos de los procedimientos legales, obstaculizan la traduccin del dis- curso poltico a la eficacia de un instrumento jurdico que permi- tan la prctica de una defensa legal de los derechos ambientales y colectivos. Frente a este entramado de fallas jurdicas, los mo- vimientos sociales avanzan en la definicin y legitimacin de nue- vos derechos, quedando plasmados en un discurso que muchas veces no alcanza a decir todo lo que entraa en el silenciamiento del ser que ha quedado ocluido, dominado, subyugado por la ra- cionalidad modernizadora. La construccin social de los conceptos de pueblo y territorio implica una nueva relacin sociedad-naturaleza. Esta lleva a cues- tionar la cosificacin de la tierra y la naturaleza como recurso econmico; el principio de igualdad que llev a parcializar (parce- lar) la tierra para cultivos homogneos (de subsistencia, de ex- portacin); el fraccionamiento del conocimiento que ha desus- tantivando el saber; la universalizacin de los derechos y la homogeneizacin del ser humano para igualarlo, imponiendo la hegemona de los derechos individuales sobre los derechos co- lectivos, desconociendo las identidades que entretejen las rela- ciones de los seres humanos hombres y mujeres con la natu- raleza. Es por ello que los nuevos derechos ambientales y colectivos reivindican un derecho a ser como pueblo indgena, lo que no
  • 14. 14 Enrique Leff slo reconoce el ser que sobrevive a lo largo de la historia, sino su derecho a la autoidentificacin, a la autonoma, a la autogestin, es decir, a la libre determinacin de sus condiciones de existencia. As, el derecho a un territorio tnico como espacio para la re- produccin cultural, es una propuesta de deconstruccin de la poltica agraria que parcel el territorio para dar tenencia a la tierra como condicin de sobrevivencia del campesinado y de la poltica indigenista que busc la asimilacin de los indios a la cultura nacional dominante y a la globalizacin econmica, o su exterminio y exclusin como seres marginales a la racionalidad econmica. Es desde la construccin del concepto de pueblo y de autonoma, as como de la formacin de identidades de agrupa- ciones sociales, redes de solidaridad y comunidades de intereses comunes, que se definen los nuevos derechos colectivos y con base en ellos se constituye un nuevo sujeto jurdico, un ser co- lectivo, definido por una identidad y una cultura. La ecologa poltica se debate en estrategias conceptuales ge- nerando una tensin en sus sentidos diferenciados y en su tra- duccin a una ley que legitime el valor y fije la validez de sus proyectos. Problema de polisemia y de interpretaciones donde se ponen en juego visiones del mundo e intereses polticos diferen- ciados y muchas veces antagnicos. Entre las comunidades como sujetos de inters pblico y los pueblos como sujetos de dere- chos pblicos de derechos jurdicos propios, se juega el senti- do de la autonoma y de los derechos territoriales, es decir, de la capacidad de los pueblos indios a usufructuar su patrimonio de recursos naturales comunes, de sus tierras comunales, de sus valores comunitarios. El derecho cultural y al ser colectivo Los movimientos indgenas emergentes estn convulsionando los sentidos de la historia, cuyo destino no acaba de reflejarse en el campo del ordenamiento jurdico. Es en este campo vivo y virtual de la ecologa poltica, las luchas sociales buscan resta- blecer relaciones armnicas de las culturas con la naturaleza y
  • 15. 15 Prlogo construir un orden legal para los derechos comunes y las identi- dades colectivas. De esas identidades, fragmentadas y fractura- das por el tiempo, exterminadas y diluidas por el dominio de racionalidades externas y extraas que producen la identifica- cin y la absorcin de lo tradicional con lo moderno. De esas identidades hbridas que se estn constituyendo en su reafir- macin del ser y sus resistencia a ser globalizadas, en la reivindi- cacin de sus derechos culturales como lo expresa Ramn To- rres Galarza entre lo propio y lo ajeno. Este debate poltico se nutre de una reflexin de orden ontolgico-existencial sobre el sentido del ser y del tiempo en la reconfiguracin de las identidades que movilizan y en las que se asientan estos nuevos derechos. Esta reflexin lleva a recuperar el pensamiento fenomenolgico de Heidegger, trascendiendo el carcter general y universal del ser-ah, para pensar el ser colec- tivo en el plano de la diversidad cultural y la poltica de la dife- rencia, en el cual hoy en da se estn reconfigurando las identi- dades de las etnias frente al mundo homogeneizado de la moder- nidad y la globalizacin econmica. Ello implica llevar la indaga- cin y la construccin de los derechos colectivos fuera del plano de los derechos individuales; para pensarlos en el contexto de una poltica de la otredad, de la diversidad y de la diferencia. Ah se abre el campo de una hermenutica antropolgica e histrica para explorar y comprender las vas de transmisin de las histo- rias vividas por los pueblos a travs del tiempo; para saber cmo los pueblos originarios, indgenas, fraguan su historia, y como hoy recuperan y trasmiten sus tradiciones; para ver cmo hoy se afirman sus identidades confrontando realidades presentes (la globalizacin econmico-ecolgica) y como se proyectan hacia un futuro propio. Se trata de poder ver en la reivindicacin de los nuevos derechos, la fuerza de una identidad que presumamos muerta y que hoy expresa una voluntad de recuperacin cultural y reapropiacin de su historia; se trata de poder leer a esas cultu- ras acalladas, iletradas, sin voz y sin rostro, que hoy vuelven a hablar, reconfigurando sus identidades en la convulsin y reencuentro de los tiempos dnde se produce una resistencia, confrontacin y dilogo con la modernidad y con la globalizacin;
  • 16. 16 Enrique Leff donde se produce una actualizacin 500 aos despus, de los valores, principios y culturas que quedaron adormecidas en la historia como semillas que esperan invernando a que el tiempo les traiga la lluvia para volver a germinar. As, reviven hoy las culturas aborgenes, los pueblos indios; renacen en una nueva primavera, pero que no puede ser un re- torno a un pasado mtico de 500 ni siquiera diez aos atrs. Hay algo de la historia de los hombres y de los pueblos que no es revertible y que sin embargo se precipita desde los viejos tiempos para revivir en el presente; en la confluencia, contraposicin y amalgama de sentidos donde se configuran nuevas identidades, individuales y colectivas, y donde se forjan nuevos derechos en torno a la sustentabilidad de la vida y la cultura. Esta reapro- piacin del mundo y de la naturaleza no es la restauracin de una realidad externa, objetivada, cosificada, sino un proyecto para recuperar una biodiversidad y un territorio; no como tierras para ser parcelizadas, parcializadas, repartidas en una nueva reforma agraria, sino como la construccin de territorios colectivos; no como nuevos recursos naturales, genticos valorizados para las oportunidades del mercado que abre la revolucin biotecnolgi- ca, sino como un patrimonio de recursos que es la base para el desarrollo sustentable de las comunidades. Los derechos ambien- tales de los pueblos recuperan el sentido del territorio como so- porte de una cultura, como un espacio marcado geografiado por el hombre, como un soporte ecolgico habitado por significa- dos culturales y sentidos civilizatorios (Gonalves, 2001). Esta reversin, reinversin e invencin de los sentidos de la historia atraviesa la forja de los nuevos derechos ambientales; lo que impide circunscribirlos al campo del ordenamiento ecol- gico del territorio y a la valorizacin econmica de la biodiversi- dad de su riqueza gentica, de sus saberes tradicionales den- tro de las estrategias actuales de la etnobioprospeccin. Son los sentidos culturales asignados a la naturaleza lo que impide re- ducir los derechos del ser colectivo y la reaporpiacin de su cul- tura y su naturaleza a una simple distribucin de beneficios eco- nmicos derivados de la mercantilizacin de la biodiversidad. En
  • 17. 17 Prlogo esta poltica se reconoce a los Estados-Nacin como garantes y propietarios de la biodiversidad y se plantea un reparto de los beneficios generados por la apropiacin biotecnolgica de la naturaleza a los pueblos indgenas. Sin embargo, lo que reclaman los pueblos y las comunidades indgenas no es sola- mente el derecho a una parte de las regalas generadas por la etnobiopros-peccin, producto de la valorizacin econmica del saber tradicional y de los recursos de biodiversidad que cons- tituyen el hbitat de estas comunidades de las regiones tropi- cales del Tercer Mundo. Los derechos ecolgicos no se redu- cen a la distribucin de los costos y beneficios econmicos derivados de la destruccin o el aprovechamiento del medio ambiente: la compensacin de una comunidad indgena por el beneficio econmico derivado de la riqueza gentica de la bio- diversidad que ayudaron a conservar y cultivar en su coevolucin con la naturaleza, o por los daos sufridos por un derrame petrolero o por la destruccin de su hbitat. En este lugar del mundo el Sur, la periferia, el subdesarro- llo se precipitan tiempos histricos que ahora reviven en la diversidad cultural del gnero humano planteando el reto de pensar ah, con los movimientos sociales que hoy emergen en defensa de las formas diversas del ser cultural. Es esto lo que plantean los movimientos sociales por los nuevos derechos por la diversidad biolgica y una pluralidad de sentidos civilizatorios. Ese proceso de recomposicin de relaciones de poder entre los hombres y la naturaleza implica una transfor- macin del orden jurdico establecido. Este nuevo orden surge del enfrentamiento de intereses y sentidos en un juego es- tratgico entre diferentes racionalidades y rdenes societarios, en favor de la legitimidad de esos nuevos derechos. En este campo emergente se forjan nuevas relaciones de poder donde la cultura y la autonoma de los pueblos adquieren valor y poder poltico, enfrentando los principios que hoy rigen la ca- pitalizacin de la naturaleza y la sobreeconomizacin del mun- do. Este es el gran eje de la lucha de los derechos ambienta- les frente a las estrategias que buscan transitar hacia un fu- turo sustentable y diverso bajo la homogeneizacin del mercado.
  • 18. 18 Enrique Leff Vivimos en un mundo globalizado que recodifica la cultura y la naturaleza como valores econmicos; pero al mismo tiempo presenciamos la emergencia de luchas sociales que buscan reconstituir el mundo bajo sus propios cdigos culturales, dentro de sus estilos tnicos y sus formas diversas de ser en el mun- do. Los mundos de vida del ser comunitario juegan un papel fundamental para comprender el conflicto de intereses que se debate en el campo de la ecologa poltica y la poltica ambien- tal; que se plantea una reapropiacin del mundo que no puede resolverse dentro de la lgica unitaria del mercado o de los cdigos jurdicos del derecho privado. Intereses difusos, derechos colectivos y poltica de la dife- rencia Uno de los problemas que plantea la inteligibilidad y codifica- cin de los nuevos derechos es la aparente difusividad de sus intereses; Antonio Andaluz plantea los desafos del derecho am- biental con respecto al problema de definir la titularidad de los bienes comunes y de crear una ingeniera jurdica para normar y supervisar sus usos. Estos comunes comprenden tanto recur- sos transnacionales y bienes deshabitados de los que depende la calidad ambiental y el equilibrio ecolgico del planeta (el aire, los mares); pero tambin incluyen territorios que hoy se definen como reas estratgicas de conservacin de la biodiversidad, que son habitadas por culturas para las cuales esa biodiversidad (bos- que y selvas tropicales) representan intereses colectivos arraiga- dos a la cultura, y cuya difusividad se ha convertido en un argumento para su recodificacin como capital natural. El orden legal fundado en el derecho positivo privado aparece hoy en da como una camisa de fuerza que estrecha el campo de visibilidad de aquello que se expresa en los nuevos movimientos por la defensa de los derechos ambientales, culturales y colecti- vos asociados a la apropiacin de los bienes comunes. El campo de observacin de estos nuevos derechos, ceidos a su carcter individual, vela la mirada de lo sustantivo del ser colectivo, que qued ocluido y subyugado por la historia. La tragedia de los
  • 19. 19 Prlogo comunes de los espacios naturales, de las reservas de la biodiversidad, de los territorios tnicos de los pueblos, es pro- ducto del desconocimiento que produce la racionalidad cient- fica de la modernidad y sus formas jurdicas correspondien- tes. La erradicacin de los comunes no es consecuencia de un principio jurdico universal o de un juicio racional a priori, sino de un acto histrico de confinamiento de las tierras comuna- les que aliment al proceso de acumulacin del capital. El enclosure of the commons fue un acto de apropiacin al que sigui el ordenamiento jurdico que lo justific. Fue as que, a fines del siglo XVIII, las parcelas comunes en Europa, denomi- nadas justamente los comunes por ser utilizadas colectivamente como fuente de recursos complementarios al trabajo familiar o comunitario, fueron expropiadas por el gobierno britnico y con- cedidas a los grandes terratenientes, en nombre del progreso cien- tfico y de la necesidad de alimentar a una creciente poblacin. Al cabo de unas dcadas, los terratenientes cercaron los terrenos comunes en los Actos de Confinamiento (Enclosure of the commons). Las comunidades rurales de Europa perdieron muchas de sus ms importantes tierras y su acceso al forraje y las medicinas tradicio- nales fue cercenado. Millones de personas se vieron obligadas a salir de sus tierras ancestrales y a trabajar en las ciudades en fbricas de la nueva revolucin cientfica o a emigrar a ultramar hacia Amrica. Entre 1770 y 1850, el gobierno britnico otorg casi 12.000 patentes a inventores financiados por terratenientes enriquecidos gracias a los confinamientos. De esta manera, el movimiento para cercar la tierra en la Europa de los siglos XVIII y XIX financi el movimiento para confinar al intelecto humano [...] A fines del siglo XX, presenciamos un nuevo acto de confinamien- to, bajo argumentos notoriamente parecidos, y expresado en la nueva revolucin biotecnolgica y la necesidad de otorgar paten- tes sobre conocimientos, recursos tradicionales y seres vivos, ancestralmente pblicos y colectivos. (Ribeiro, 2001) El rational choice que orienta las decisiones sobre la apropia- cin de la naturaleza, que las justifica y legitima ante la ley con base en el individualismo metodolgico y el derecho positivo pri- vado, al tiempo que desconoce los derechos colectivos, ha llevado
  • 20. 20 Enrique Leff tambin a desagregar el potencial ecolgico para reducirla a recursos naturales discretos con valor econmico para la pro- duccin capitalista, llevando a sobreexplotar, destruir y mal aprovechar a la naturaleza y desvalorizando los servicios ecolgicos del planeta por el incremento del consumo produc- tivo de los recursos naturales. As se concibe y justifica la tragedia de los comunes, de esos recursos que lo que les faltara sera un propietario y un valor de mercado. Es dentro de este principio del derecho privado que hoy se busca valori- zar y conservar la biodiversidad. Si bien la atmsfera y los ocanos se consideran bienes de naturaleza difusa porque su titularidad no puede ser individualizada, la biodiversidad no slo es un patrimonio de la humanidad cuyo valor ecolgico y cultural resulta inconmensurable con su valor econmico. Este patrimonio de recursos hoy en da es subvaluado y destruido por la presin de la expansin econmica, las estrategias de sobrevivencia de las poblaciones locales, o que el confinado, codificado y apropiado en las estrategias de valorizacin eco- nmica de los servicios ambientales (recursos genticos, re- servas ecotursticas, sumideros de carbono) segn las reglas del mercado. Sin embargo, en muchos casos esos comunes no son un nowhere land, ni son tierras de nadie. Por el contra- rio, son territorios habitados y valorizados por las culturas, como los de los bosques tropicales. En este sentido, los dere- chos difusos sobre la naturaleza se estn concretando en formas de identidad que definen visiones intereses colectivos frente a recursos comunes. Los derechos colectivos surgen como derechos culturales que establecen las reglas de rela- cin y apropiacin de la naturaleza, y que por tanto definen derechos territoriales. Pues como advierte Magdalena Gmez, es a partir del derecho territorial que un pueblo puede ejer- cer el derecho a la propia cultura, a la posibilidad de mante- ner y desarrollar su relacin con la naturaleza. De lo que se trata es de dar derecho de ciudadana a los derechos difusos dentro de los derechos universales de la persona, desconfinar los derechos colectivos, abrirle paso al derecho a la diferencia; lo que implica rescatar a la persona
  • 21. 21 Prlogo desustantivada de su identidad y valorizar las formas diferen- ciadas del ser colectivo. Ello significa reconocer al indgena como persona y los derechos comunes a todo individuo, el ca- rcter inalienable de las identidades colectivas y de las dife- rencias culturales. El problema de los derechos sobre los co- munes no es que en esencia sean difusos, sino que el rgi- men jurdico restringe el significado del derecho. Los dere- chos colectivos se vuelven difusos ante la mirada homogeneizante de la racionalidad dominante (jurdica, eco- nmica) donde las externalidades ambientales y el ser colec- tivo se vuelven inaprensibles, ininteligibles e ilegislables para el derecho individual y privado. Es desde esos principios de la racionalidad jurdica que las estrategias biotecnolgicas tienden a hacer difusos los derechos de apropiacin de la riqueza gentica. Pues si bien los cdigos jurdicos de algunos pases reconocen los derechos y la facultad de decidir de las comunidades indgenas sobre sus conocimien- tos, innovaciones y prcticas tradicionales asociadas a los recur- sos genticos, estos derechos resultan intangibles frente a los procedimientos de la bioprospeccin. Los genes y los principios activos para la bioprospeccin en muchos casos no son especfi- cos de una especie biolgica, de manera que la biotecnologa es capaz de saltar las barreras territoriales e incluso su referencia a una especie o a una etnia para reconocer el origen compensable de sus innovaciones biotecnolgicas. La capacidad de penetrar un gen desdibuja el vnculo de un recurso natural con una histo- ria evolutiva, con una cultura originaria que pudiera reclamar un derecho ancestral sobre un territorio y sobre un recurso genti- co. Por ello resulta tan difcil legislar a favor de los derechos ind- genas frente a las estrategias de etnobioprospeccin, ya que los orgenes territoriales, nacionales y comunales del recurso natu- ral se vuelven difusos. Lo que permite el avance del imperialismo biotecnolgico, que afirma su derecho a la apropiacin de los re- cursos genticos con fines comerciales sobre la base de la propie- dad privada patentable del conocimiento de la vida. Ante la normatividad ecolgica del Estado y la imposicin de los derechos de apropiacin capitalista de la naturaleza, el
  • 22. 22 Enrique Leff derecho ambiental est arraigndose as en los derechos co- lectivos de las comunidades indgenas. Estos derechos indge- nas afirman su destino como pueblos en las perspectivas de una sustentabilidad global; su reconocimiento como sujetos histricos con plenos derechos, y no como sujetos de inters pblico, figura jurdica que les sustrae su derecho a la auto- noma. De la defensa de los nuevos derechos a su instrumentacin jurdica Los nuevos derechos ambientales, culturales y colectivos se van legitimando en un discurso terico y poltico que reflexiona, reconoce y acompaa reivindicaciones que se expresan en los nuevos movimientos ciudadanos, ecologistas, indgenas y cam- pesinos. Muchos de ellos transitan y se inscriben en un discurso jurdico que se va configurando y codificando en las convencio- nes internacionales el Art. 8-J del Convenio sobre la Diversidad Biolgica; la Convencin 169 de la OIT, as como en la Declara- cin Universal de los derechos Humanos y en los borradores de los derechos humanos para los pueblos indgenas de la ONU y la OEA. Sin embargo, no es fcil pasar de ese nivel discursivo y de la legitimacin de los valores que apoyan la emergencia de estos derechos de tercera generacin, a un rgimen jurdico que per- mita su instrumentacin y aplicacin. Pues ms que un desarro- llo y ampliacin del campo jurdico (nuevas instituciones, nuevas legislaciones), implica un cambio de la racionalidad jurdica. Al igual que la racionalidad econmica no asimila fcilmente los principios de una racionalidad ambiental (Leff, 1994, 1998), la racionalidad jurdica establecida a lo largo de la historia moder- na de nuestros pases las constituciones, leyes, reglamentos y normas que regulan el acceso y uso de la naturaleza con base en el derecho positivo privado, individual se han plasmado en un derecho agrario y formas de propiedad de la tierra que han frac- cionado el territorio nacional para un manejo productivo de la tierra que no corresponde a las demarcaciones de sus ecosiste- mas y de sus territorios tnicos.
  • 23. 23 Prlogo Los derechos ambientales se han venido abriendo, desde la tica de los deberes y los derechos de los estados que refleja los derechos de los estados y los intereses del mercado hacia la ti- ca de las virtudes de los pueblos indgenas siguiendo la deno- minacin que hace Jos del Val en este libro, y que incluye las cosmovisiones, habitus, prcticas y mundos de vida de las diver- sas culturas que integran el Estado nacional. A travs de los movimientos sociales, estas visiones diversas van ganando un derecho de ser en el mundo. Sin embargo, el creciente reconoci- miento de su legitimidad no salva los escollos y obstculos que se van presentando en su trnsito hacia un rgimen jurdico en de- fensa de los derechos de los pueblos indios. Ejemplo de ello es la definicin de derechos ambientales y territoriales que reconoz- can sin ambigedad a los pueblos como legtimos propietarios y poseedores de sus territorios y de sus recursos, con posibilidad de usufructuarlos de manera colectiva y conforme a sus propias estrategias de conservacin y de manejo productivo. De esta manera, hoy sigue imponindose una legislacin que antepone los intereses del mercado y de los Estados, donde en la prctica los derechos de los pueblos se limitan a la promesa de un bene- ficio econmico derivado de las formas externas de apropiacin de su riqueza o a ser indemnizados por daos ecolgicos sufridos por las formas de intervencin sobre sus territorios. De esa ma- nera los pueblos son sometidos a la racionalidad del mercado y al poder de la tecnologa; son transmutados en capital tnico y hu- mano para ser valorizados por su contribucin a generar un valor de mercado. Los derechos que se van generando a travs de luchas sociales y legitimando en el discurso poltico, encuentran una serie de dificultades para su traduccin a los cdigos del ordenamiento jurdico. Estas obstculos se presentan incluso en la traduccin de los avances que en este sentido se vienen dando en el orden jurdico internacional al nacional. De esta manera, el reconoci- miento de los derechos de los pueblos indios en la Convencin 169 de la OIT y los avances en esta materia en el Convenio sobre Diversidad Biolgica pierden efectividad al no traducirse en una legislacin nacional que permita pasar del discurso poltico a un
  • 24. 24 Enrique Leff rgimen jurdico que sirva para su defensa. De esta manera, el derecho al uso colectivo de los recursos queda subordinado al inters de la nacin, definido por el Estado, que a su vez se inserta en la racionalidad del mercado que cada vez ms se impone desde los centros de poder que gobiernan la globalizacin econmica. Claudia Mora acierta al afirmar que la accin popular es el mecanismo judicial idneo para la defensa de los derechos colec- tivos. Los movimientos sociales son la vanguardia que disloca los principios y desplaza los criterios sobre los que se van legiti- mando los derechos y los actos de la justicia ambiental, an cuan- do stos no lleguen a plasmarse en un cdigo jurdico y una nor- ma legal. En esta dialctica entre el movimiento social y la norma jurdica se va consagrando el derecho a la accin y la participa- cin popular. As, queda plasmado en el Art. 88 de la Constitu- cin de 1991 de Colombia reconocida como la Constitucin Eco- lgica de Amrica Latina (45 de sus artculos estn relacionados directamente con la proteccin ambiental y el manejo sustenta- ble de los recursos naturales) y en la ley 99 de 1993, que dedica un captulo a Los modos y procedimientos de la participacin ciudadana donde se expresa que La ley regular las acciones populares para la proteccin de los derechos e intereses colectivos, relacionados con el patrimonio, el espacio, la seguridad y la salubridad pblicos, la moral adminis- trativa, el ambiente [...] (Entre sus mecanismos), la tutela ha sen- tado jurisprudencia sobre el alcance de algunas normas constitu- cionales referentes al medio ambiente como la funcin ecolgica de la propiedad, la participacin comunitaria en la proteccin del medio ambiente [...] estos aspectos han hecho de la accin de tute- la un mecanismo de participacin eficaz (aunque subsidiario) para la proteccin del medio ambiente. La Constitucin consagra as los derechos ambientales e instaura mecanismos e instancias de participacin para efectivi- zarlos, como el derecho de peticin, el derecho a la informacin y a la participacin pblica en las decisiones ambientales (aproba- cin de licencias y evaluaciones de impacto ambiental), la accin popular para la defensa de los derechos colectivos, la accin de
  • 25. 25 Prlogo tutela para la defensa de los derechos constitucionales fun- damentales, la accin de cumplimiento de leyes y actos admi- nistrativos, y la accin de nulidad de los actos administrati- vos. Sin embargo, los avances en el reconocimiento de un es- pacio ms amplio para la participacin ciudadana abre cauces para la expresin de los nuevos derechos, mas no produce el cambio de racionalidad jurdica que estos demandan. En este sentido, Jos Mara Borrero, inquiriendo al dere- cho ambiental desde la cultura legal de Amrica Latina plan- tea que el derecho se reconoce como ley, pero tambin como poder para burlar la ley y hacer prevalecer las injusticias. De donde surge contundente la pregunta por la legitimidad de la ley cuando el orden jurdico responde al poder, es decir al peso de razones e intereses muchas veces contrapuestos en donde la ley se somete al poder hegemnico. La ley no est en el origen y en la esencia de las cosas; no existe una ley natu- ral que norme las acciones de los agentes sociales hacia la naturaleza; los valores morales y los principios ticos no mo- deran a la ley, aunque pueden convertirse en un poder real que haga que la ley los reconozca. Las formas dominantes de poder son las que generan los dispositivos jurdicos y formulan las leyes que son impuestas y deben ser obedecidas (Foucault, 1998). Por ello, el derecho ambiental no slo implica un agre- gado de nuevas normas para vigilar el uso y castigar el abuso de los recursos naturales. Se trata de la emergencia de nue- vos derechos sin normas que se nutren de un ethos que es movilizado por la sociedad antes en el plano cultural y poltico, antes de ser promulgados por el jurista, el legislador o el cons- tituyente, constituyendo lentamente una conciencia jurdica antes de llegar a formar una disciplina. Es en este sentido que Zeledn apunta as hacia una necesaria reconstruccin de los derechos a partir de los principios de la sustentabili- dad, como derechos de tercera generacin. Con la Conferencia de Ro 92, la bsqueda del desarrollo sustentable acarre una serie de efectos jurdicos en la normatividad del desarrollo. Pero al mismo tiempo, las formas
  • 26. 26 Enrique Leff jurdicas y los procedimientos judiciales se van sujetando a ciertas reglas del poder que llevan a anteponer y privilegiar la bsqueda del crecimiento econmico. En ese proceso se van desplazando las polticas de comando y control por instrumen- tos econmicos para la gestin ambiental, al tiempo que el derecho ambiental se va arraigando al campo de las luchas sociales y fuera del marco de la ingeniera jurdica y los apa- ratos judiciales. La justicia ambiental se dirime en la arena poltica ms que en las procuraduras ambientales y en los poderes judiciales. El derecho ambiental se va constituyendo as como un con- junto de derechos que atraviesa a todo el sistema jurdico, tanto en su racionalidad formal como en sus bases materiales, en sus principios axiolgicos y en sus instrumentos normativos. Ello demanda una transformacin profunda del rgimen jurdico que sostiene a la racionalidad econmica dominante; implica una movilizacin de la verdad que fragua en nuevos fundamentos y formas jurdicas. Ello implica, la necesidad de construir un nue- vo concepto de naturaleza, superar su imagen cosificada como res extensa instaurada por el derecho positivo moderno; de una naturaleza susceptible de ser manipulada, domeada, domina- da, controlada, explotada. Se trata de sustituir los principios inconmovibles e inamovibles del derecho privado, por un proceso abierto al juego de valores e intereses sobre la conservacin, uso y transformacin de la naturaleza, con procedimientos jurdicos flexibles para dirimir conflictos de intereses contrapuestos y para alcanzar un bien comn basado en el reconocimiento de sus di- ferencias. Es decir, el derecho ambiental no es slo el conjunto de normas que aseguran el uso controlado de la naturaleza, sino aquel que regula los intereses en conflicto en torno a las estrate- gias diferenciadas de apropiacin de sus recursos, donde se ins- criben los derechos territoriales y culturales de los pueblos. Conflictos socioecolgicos y justicia ambiental El discurso del desarrollo sostenible y la legislacin ambiental no es el plasma de unos derechos unvocos e incontrovertibles,
  • 27. 27 Prlogo de una nueva de la solidaridad ecolgica y social. Los conflic- tos ambientales emergen del conflicto de intereses y estrate- gias diferenciadas de apropiacin y aprovechamiento de la na- turaleza en la era de la globalizacin econmico-ecolgica. Un ejemplo de ello es el caso de los recursos costeros de la penn- sula de Baja California en Mxico que nos presenta Alfonso Aguirre. En esta zona se enfrenta el cultivo sustentable del ostin en la Laguna de San Quintn a los usos ecotursticos de las empresas hoteleras. En este escenario de conflictos ambientales, la construccin de los derechos emerge del posi- cionamiento de grupos sociales y de movimientos sociales frente a los impactos ambientales, la conservacin y manejo susten- table de los recursos naturales. Otro ejemplo de ello es el que documenta Lily La Torre sobre los impactos en la exploracin y explotacin de los hidrocarburos en la Amazona peruana. Ca- sos similares han sucedido en muchos otros pases, y es para- digmtico el caso de los derrames de petrleo y la destruccin de la selva amaznica ecuatoriana, que no slo llevaron el litigio judicial contra la Texaco a los juzgados de EUA, sino que ha conducido a la formacin de un ejrcito verde en Ecua- dor que reivindica los derechos de las comunidades amaznicas en defensa de su naturaleza. Los conflictos ambientales no se limitan a los impactos eco- lgicos, para lo cual bastara un marco jurdico para las accio- nes de restauracin y la compensacin de dichos daos. Estos conflictos se extienden a los intereses involucrados en formas alternativas de uso de los recursos, y que hoy enfrenta a em- presas transnacionales y nacionales que despliegan sus es- trategias de capitalizacin de la naturaleza sobre territorios indgenas con los derechos autnomos de los pueblos. Estos estn cuestionando incluso el derecho del Estado a concesionar territorios indgenas para usufructo de las riquezas del suelo y del subsuelo, de la flora y la fauna. El problema no se limita pues a un reclamo de compensaciones sobre un dao a los ecosistemas explotados, o a los beneficios derivados de la apro- piacin de sus recursos vgr los beneficios derivados de la bioprospeccin y uso de los recursos ecotursticos de la biodi-
  • 28. 28 Enrique Leff versidad, sino el derecho de las poblaciones locales a contro- lar sus procesos econmicos y productivos, a una autonoma que les permita autogestionar sus territorios, sus recursos, su cultura y sus sistemas de justicia. En su anlisis del rgimen de acceso a los recursos genticos, Manuel Pulgar Vidal aborda uno de los conflictos ms agudos, que plantea dimensiones radicalmente novedosas dentro de la geopoltica de la globalizacin econmico-ecolgica en la que estn configurando los nuevos derechos de las comunidades indgenas. Las luchas de los pueblos indios ya no tan slo reivindican sus ancestrales derechos al territorio, a la tierra, a la cultura y a un patrimonio de recursos naturales, sino que se posicionan frente a las estrategias actuales de apropiacin y capitalizacin de la naturaleza. En este escenario, las gran- des transnacionales han venido desplegando estrategias de acceso, innovacin y mercantilizacin de los recursos genticos provenientes de la biodiversidad del hbitat de las culturas aborgenes de Amrica Latina estableciendo un rgimen de apropiacin a partir de la legitimacin de derechos de propie- dad intelectual sobre la vida y la naturaleza. Los nuevos dere- chos a la naturaleza (de las empresas, de los Estados, de los pueblos) quedan tensados por las oportunidades que ofrece la riqueza gentica a la capitalizacin de la naturaleza. Por parte de las comunidades, sus derechos no se limitan al reclamo de parte de los beneficios de la comercializacin de productos formulados con base en los principios activos y en la informa- cin gentica de recursos biticos situados en los territorios de los pueblos indgenas. Se trata tambin de un derecho a preservar un territorio biodiverso y a construirse un futuro sobre la base del aprovechamiento sustentable de la biodiversi- dad y de su riqueza gentica. Las luchas ecolgicas y los derechos ambientales no son slo reivindicaciones econmicas. Son tambin luchas por el derecho a la bioseguridad y a la seguridad alimentaria, por reducir y evi- tar el riesgo ecolgico que se incrementa con el inters econmi- co, por la introduccin de cultivos transgnicos y una ganadera alimentada con estos productos con sus posibles impactos en
  • 29. 29 Prlogo la contaminacin de cultivos originarios y de especies end- micas generada por la uniformizacin gentica. En este senti- do se han venido estableciendo normas jurdicas como la deci- sin 391 del Pacto Andino sobre el rgimen comn sobre ac- ceso a los recursos genticos. Si bien la geopoltica de la globalizacin ecolgico-econmica obliga a los estados a legis- lar sobre estos temas emergentes, las diferentes posiciones han desencadenado amplios debates que no han llegado a plas- marse en un marco legal que sirva de defensa de los intere- ses nacionales frente a la intervencin tecnolgica de la na- turaleza, y que permitan dirimir conflictos sobre la base de un acceso equitativo a los recursos genticos. De esta manera, mientras que algunas instituciones y pases han apostado a los beneficios derivados del acceso a la biodiversidad dentro del marco de los derechos de propiedad intelectual como el caso del INBio en Costa Rica que presentan Gmez y Mateo Rafael Gonzlez Ballar reclama la necesaria participacin ciu- dadana para el reconocimiento del derecho consuetudinario y los derechos intelectuales comunitarios. A pesar de los intensos debates generados en los rganos legislativos de algunos pases de la regin, la instrumentacin jurdica de estos temas va a la zaga de las transformaciones que ya han sido inducidos por las estrategias de las empresas transnacionales, como es el caso de cultivos transgnicos. Estas decisiones, adoptadas desde los centros de poder del Norte, han cambiado ya una realidad y han penetrado en las polticas nacio- nales antes de haberse podido evaluar sus implicaciones econ- micas, culturales y ecolgicas. Las respuestas emergen de mane- ra tarda y fraccionada y la defensa posible de los derechos apa- rece ms parapetada en movimientos sociales y acciones de las ONG, (RAFI, GRAIN), que amparadas por una legislacin que pro- teja los intereses de las naciones y de los pueblos. En la turbulencia de los precipitados debates para discernir lo que est en juego en los derechos de propiedad y aprovecha- miento de los recursos genticos, en las implicaciones econmi- cas y los impactos ecolgicos, sociales y culturales derivados de las formas de apropiacin, no parece haber una consistencia
  • 30. 30 Enrique Leff entre principios, realidades y procedimientos entre el discur- so tico, la norma jurdica y las estrategias de apropiacin econmica. As, mientras se despliega un discurso que recla- ma los recursos genticos como patrimonio de la nacin o de las comunidades, su carcter inalienable e imprescriptible, del valor agregado de las culturas en su proteccin y evolucin histrica, en la realidad, las estrategias de apropiacin pasan por encima de principios aparentemente obsoletos de sobera- na y de patrimonio nacional. El vnculo comunidad-territorio, del saber-apropiacin, de coevolucin naturaleza-cultura, pa- recen como relaciones imposibles de nombrar, de delimitar, de prescribir. La proteccin de estos derechos no lo establece la norma jurdica, sino que queda sujeto a los trminos de los contratos especficos suscritos entre las instituciones, los Es- tados y, a veces, las comunidades fragmentadas. En esa difusividad entre los hechos y los derechos, el capital y la tecnologa encuentran libre acceso a la apropiacin de la ri- queza gentica. La emergencia de los derechos de los pueblos indios El impacto del desarrollo insustentable en los procesos de degradacin socioambiental, en la produccin de pobreza, las condiciones de sobrevivencia y en la calidad de vida de secto- res cada vez ms amplios de la poblacin, ha desencadenado movimientos sociales que estn en la base de la construccin de los nuevos derechos ambientales, culturales, colectivos y territoriales para la preservacin y apropiacin sustentable de la naturaleza. Tal es el caso del Movimiento de los Sin Tierra en Brasil que acompaa Pedro Ivo, como lo ha sido tambin del Sindicato de Trabajadores Rurales de Brasil que han genera- do un movimiento a favor de la agricultura ecolgica, la Confe- deracin Nacional de Trabajadores Agrcolas que se movilizan contra los transgnicos y contra las tentativas de cambiar el Cdigo Forestal Brasileo que amenaza con incrementar la deforestacin de la selva amaznica; y de tantos otros, como el movimiento de los seringueiros por la definicin de sus re-
  • 31. 31 Prlogo servas extractivistas en el estado de Acre en Brasil, movi- miento paradigmtico por la emblemtica figura de Chico Mendes. Estos movimientos por la sustentabilidad se mani- fiestan contra el neoliberalismo y la globalizacin econmica, pero defienden principios ambientalistas y a favor del desarro- llo sustentable, como es su lucha contra los cultivos transgnicos y la biopiratera y en favor de la agroecologa, definiendo los nuevos derechos de las comunidades agrarias e indgenas en el escenario de la globalizacin econmica. Estas reivindicaciones ambientalistas estn permeando a todo el movimiento reivindicativo de los pueblos indios desde los mapuches del sur de Argentina y Chile hasta los Seri del norte de Mxico; los pueblos de la cuenca amaznica, de los Andes y de mesoamrica, cuyas condiciones de sobrevivencia, emancipacin y desarrollo sustentable, dependen del reestablecimiento de sus relaciones con la naturaleza y la redefinicin de sus formas de apropiacin y uso de la biodiver- sidad. Estos movimientos sociales estn llevando a codificar los nuevos derechos colectivos en instrumentos jurdicos in- ternacionales, como el Convenio sobre Biodiversidad y el Con- venio sobre los Pueblos Indgenas y Tribales en pases inde- pendientes, donde se busca salvaguardar la diversidad cultu- ral, de estilos de vida y prcticas culturales, y donde se reafir- ma la propiedad colectiva o comunal frente a los principios de propiedad individual. La forja de estos nuevos derechos indgenas por el territo- rio, que como destaca Arturo Argueta, ha llevado en el caso de Bolivia a reconocer la figura de los territorios comunitarios de origen (TCO). As, el Art. 41 de la Ley INRA de Bolivia seala que: Los TCO son los espacios geogrficos que constituyen el hbitat de los pueblos y comunidades indgenas y originarias, a los cuales han tenido tradicionalmente acceso y donde man- tienen y desarrollan sus propias formas de organizacin eco- nmica, social y cultural, de modo que aseguran su sobrevivencia y desarrollo. Son inalienables, indivisibles, irre- versibles, colectivos, compuestos por comunidades o manco-
  • 32. 32 Enrique Leff munidades, inembargables, imprescriptibles. En este senti- do, el reconocimiento de los TCO pone en manos de las comu- nidades y los pueblos, no slo la tierra, sino que las hace dueas, de pleno derecho tambin, de la biodiversidad y los recursos genticos ah existentes. Las polticas pblicas se han visto enfrentadas a la necesi- dad de valorizar los recursos naturales y normar el uso de la naturaleza. De all han surgido instrumentos econmicos y una legislacin ambiental emergente en los ltimos 30 aos para normar los comportamientos econmicos y sociales fren- te a la naturaleza. Empero, ms all de la normatividad ecol- gica, se viene gestando nuevos derechos humanos, sociales y culturales frente a la naturaleza, que son reclamos de la so- ciedad que van ms all del propsito de asignarle un valor econmico o un valor cientfico a la ecologa. Son estos valo- res que provienen de cosmovisiones y prcticas ancestrales, de usos y costumbres, de significados culturales y sentidos existenciales que desde una forma de ser en el mundo hoy se traducen en reclamos y reivindicaciones de identidades que definen territorios y valorizan recursos, que no son traduci- bles a valores de mercado ni a criterios ecolgicos. Se pasa as de una legislacin ambiental entendida como normatividad ecolgica, a la emergencia de valores culturales que cuestio- nan los principios mismos del derecho (individual, privado), que nacen en el campo de la poltica y se manifiestan como un derecho a ser (a ser indgenas, a ser diferentes), que implica formas de relacin con la naturaleza como territorio y hbitat. Ello no slo confronta intereses de diferentes grupos (transnacionales, estado, comunidades) por la apropiacin de un territorio, de unas tierras y de unos recursos, sino tambin for- mas diferenciadas de conservacin y uso de la naturaleza, del paisaje y del entorno ecolgico; de un patrimonio de recursos naturales y estilos de vida. Los nuevos derechos indgenas plantean un reto: la apertura a un mundo dnde quepan muchos mundos; no de mundos diver- sos separados, sino un mundo que sea la forja de muchos mun-
  • 33. 33 Prlogo dos, un mundo construido por la hibridacin de identidades diversas, en la interculturalidad y a travs de un dilogo de saberes; de un mundo abierto a la heterognesis, la diversi- dad y la diferencia. Ello implica construir nuevos derechos y nuevos procedimientos jurdicos que reconozcan al ser colec- tivo, la diversidad cultural y las identidades diferenciadas; que legitime el derecho a la diferencia y que permita dirimir civilizadamente los conflictos generados por la confrontacin de esas diferencias. Para evitar que el mundo siga siendo una civilizacin de identidades fragmentadas bajo el principio de una identidad igualitaria, la idea absoluta, el pensamiento nico y el orden econmico supremo, ser necesario avanzar como lo estn haciendo los pueblos indios hoy en da en la forja de un mundo diverso. Este es el reto para una construc- cin de los nuevos derechos ambientales y cul-turales; de la forja de los derechos colectivos en la perspectiva de una reapropiacin social de la naturaleza. REFERENCIAS Foucault, M. 1998. La verdad y las formas jurdicas. Gedisa. Bar- celona. Gonalves, C.W.P. 2001. Geo-grafas. Movimientos sociales, terri- torialidad y sustentabilidad. Siglo XXI. Mxico. Leff, E. 1994. Ecologa y capital. Siglo XXI. Mxico. Leff, E. 1998. Saber ambiental. Racionalidad, sustentabilidad, com- plejidad, poder. Siglo XXI/UNAM/PNUMA. Mxico. Ribeiro, S. 2001. Propiedad intelectual, recursos genticos y co- nocimientos tradicionales. En: Leff, E. y M. Bastida (Eds.) Co- mercio, medio ambiente y desarrollo sustentable: perspectivas de Amrica Latina y el Caribe, PNUMA, UNAM, COMEDES, IISD, Serie Foros y Debates Ambientales 2, Mxico.
  • 34. 34 Enrique Leff
  • 35. 1 DERECHO AMBIENTAL Y CULTURA LEGAL EN AMRICA LATINA Jos Mara Borrero Navia * Introduccin El Derecho, como el lenguaje y la msica, tiene profundas races en el espritu de un pueblo. En ltima instancia, el Derecho es una expresin normativa de la cultura, la historia, los valores sociales, el folclor, la psique, la ecologa y la tradicin de una nacin dada. El desarrollo del Derecho puede compararse al crecimiento orgnico de una planta. Es lento y deriva de los poderes espirituales de un pueblo. Como tal, la evolucin del Derecho es un proceso histrico desarrollado silenciosa e inconscientemente de una edad a otra. Al punto de que el Derecho no es el producto de la razn instrumental de un legislador en particular y su evolucin natural no puede ser acelerada ni tampoco detenida por la intervencin de un legislador. En 1992 le este texto de Christopher Osakwe1 y desde enton- ces he estado atrapado en la resonancia de sus metforas, le he citado oralmente en mltiples ocasiones y sta es la segunda vez * Director de la Fundacin para la Investigacin y Proteccin del Medio Ambiente (FIPMA) y del Centro de Asistencia Legal Ambiental (CELA), Cali, Colombia. 1 Christopher Osakwe. 1985. The Problems of the Comparatibility of Notions in Constitutional Law. Tulane Law Review, vol. f59, 875. 35
  • 36. Jos Mara Borrero Navia 36 que lo hago por escrito. Lo confieso, ms que una afinidad con- ceptual con su contenido me seduce una complicidad potica (me hubiera gustado haberlo ledo 30 aos atrs y recitarlo en la Facultad de Derecho, en una clase de procedimientos). Casi siempre he citado esta composicin para ilustrar mis re- ferencias al concepto de cultura legal. En la prctica mi reiterado encuentro con sus metforas ha desplazado mi interpretacin de su sentido hacia el de cultura legal. En efecto, le encuentro ma- yor empata con un concepto en construccin sobre la cultura jurdica que con teorizaciones sobre el Derecho como sistema u orden jurdico. En esta ocasin quisiera avanzar en la construccin del con- cepto de cultura legal a partir de las imgenes que este texto ha suscitado y extenderlo hasta el campo ambiental. En este orden de ideas aspiro a reflexionar sobre las siguientes o semejantes preguntas: Qu es una cultura legal ambiental? Qu fuerzas, actores o factores participan en su formacin? Qu relaciones mantiene con los sistemas jurdicos? Vnculos y lmites El concepto de cultura legal comprende el conjunto de ideas, actitudes, creencias, expectativas y opiniones que una sociedad o grupo tiene y expresa sobre el Derecho2 y los sistemas jurdi- cos. En sucesin lgica, el concepto de cultura legal ambiental comprende un conjunto semejante referido al sistema de normas ambientales. En su condicin de esferas o campos de la cultura, ambas participan de las mentalidades, valores, creencias e ima- ginarios que constituyen la cultura o culturas de un pueblo. Par- ticularmente la cultura legal en materia ambiental est permeada por la cultura ambiental en la medida en que los campos no- jurdicos pueden influir en los sistemas jurdicos. Una cultura ambiental se forma en el proceso de reconoci- 2 L. Friedman. 1977. The legal system. A social science perspective. Nueva York, 15-16; del mismo autor, Law and society. An introduction, Englewood Cliffs, 7.
  • 37. 37 Derecho ambiental y cultura legal en Amrica Latina miento de los valores del paradigma ecolgico que una sociedad adopta como norma de su relacin con el ambiente. Dicho proceso debe representarse en trminos de los encuentros y desencuentros que el paradigma ecolgico tiene con las restantes expresiones prevalentes de la cultura. Lo ambiental deambula en el itinerario de desplazamientos, rupturas y decantaciones de la cultura. La cultura ambiental en Amrica Latina es parte del paisaje cultural hbrido de nuestros pases que, como lo ha descrito Garca Canclini, son actualmente resultado de la sedimentacin, yuxtaposicin y entrecruzamiento de tradiciones indgenas (sobre todo en las reas mesoamericana y andina), del hispanismo colonial catlico y de las acciones polticas, educativas y comunicacionales modernas. Pese a los intentos de dar a la cultura de lite un perfil moderno, recluyendo lo indgena y lo colonial en sectores, un mestizaje interclasista ha generado formaciones hbridas en todos los estra- tos sociales. Los impulsos secularizadores y renovadores de la modernidad fueron ms eficaces en los grupos cultos, pero cier- tas lites preservan su arraigo en las tradiciones hispnico-catli- cas, y en zonas agrarias tambin en tradiciones indgenas, como recursos para justificar privilegios del orden antiguo desafiados por la expansin de la cultura masiva.3 La cultura ambiental no puede ser ajena a la impronta de las intervenciones premodernas y modernas en la oferta ambiental de Amrica Latina, cuya historia ecolgica es una crnica de la expoliacin. Inagotable depsito de minerales, piedras preciosas, maderas y especies para los colonizadores europeos, no encontr mejor destino en manos de los criollos independientes, hbiles en aprovechar para enriquecimiento personal los inequitativos trminos del intercambio comercial, las ventajas comparativas o la bonanza crediticia del capital financiero, en detrimento de la oferta ambiental de sus naciones y de la seguridad econmica y social de sus pueblos. En la otra orilla de estas intolerables islas de privilegio se asoma el continente del deterioro ambiental y el 3 Nstor Garcia Canclini. 1990. Culturas hbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad. Mxico: Grijalbo, 71.
  • 38. Jos Mara Borrero Navia 38 empobrecimiento.4 Por su parte, la cultura legal no slo transita los itinerarios de la cultura sino los caminos, a veces tortuosos, del Derecho, con- figurando su hbitat hbrido en una franja fronteriza donde el Derecho se reconoce como ley, pero tambin como poder para burlar la ley y hacer prevalecer las injusticias. En el imaginario de los latinoamericanos5 la justicia ha sido durante mucho tiem- po un asunto de dios o de la vindicta personal, no del Derecho. La corrupcin, el clientelismo y otros resabios premodernos contagiaron nuestros sistemas jurdicos favoreciendo una repre- sentacin del Derecho como negocio del poder y sus intermedia- rios. Las mayoras analfabetas del continente han mirado con recelo al Derecho como un asunto de lites letradas. La expansin de los valores democrticos y el respeto de los derechos humanos puede conducir a una deseable revaloriza- cin del sistema jurdico, siempre y cuando sean inducidos los cambios que el Derecho necesita para cumplir sus funciones de seguridad y estabilidad en una sociedad pluralista y compleja: en primer lugar, despojndole de esclerosadas ritualidades que en la prctica obran como barreras para el acceso de los ciudadanos a la justicia; y, en segundo lugar, hacindole permeable y flexible tanto a las dinmicas sociales como a los cambios ocurridos en los discursos sobre el ambiente de otras disciplinas. Segn A. J. Arnaud6 slo se hablar correctamente de cambio jurdico cuando sea posible observar [...] una transformacin de la estructura profunda de un sistema de Derecho impuesto por- que un nuevo equilibrio fundado en una razn diferente, o al menos renovada, sucede a un equilibrio anterior. Respecto al cambio en el Derecho cabe sealar que las presiones de lo social sobre lo jurdico rara vez son directas, actuando slo a travs del 4 Jos M. Borrero Navia. 1994. Los derechos ambientales. Una Visin desde el Sur, Cali: FIPMA/CELA, 84. 5 Al menos en la regin andina, Centroamrica y el Caribe. 6 A. J. Arnaud. 1981. Critique de la Raison Juridique, t. 1: O va la Sociologie du Droit? Pars: LGDJ. Citado por Michel van de Kerchove et al., 1997. El sistema jurdico entre orden y desorden. Madrid: Juma, 150.
  • 39. 39 Derecho ambiental y cultura legal en Amrica Latina filtro de la cultura jurdica o de lo que Arnaud denomina lo infra- jurdico; por ejemplo, las demandas ante los tribunales, que al- gunas veces son capaces de provocar cambios bruscos de la ju- risprudencia, proceden de una serie de anticipaciones surgidas de ese conjunto de representaciones sociales que ataen al papel y las potencialidades del Derecho.7 Cambio es tambin el sesgo sobresaliente de la cultura am- biental: sus fromaciones y valores prefiguran el cambio de civili- zacin, el cual estamos aprendiendo a reconocer como imperati- vo de supervivencia de finales de milenio, el nuevo gran desig- nio que imprima sentido a nuestro destino, el sentido de nues- tros vnculos y lmites con la naturaleza. Establecer vnculos y declarar lmites es asunto del Derecho. Franois Ost ha expresado magistralmente este atributo: el derecho se muestra particularmente adaptado a la tarea que consiste en trabar vnculos y marcar lmites. El derecho articula el vnculo social y procede de l. Impone una ley comn que atribuye a cada cosa su sitio y a cada persona su papel propio. De esta manera define la red de obligaciones, la madeja de las alianzas, el linaje de las filiaciones, nociones todas directamente derivadas del verbo latino ligare.8 Luchando contra la indiferenciacin y la confusin el Derecho fija fronteras o mojones9 y establece prohibiciones, e igualmen- te asume la pesada tarea de juzgar y, a veces, de condenar (jui- cio, condena y castigo son tambin una manera de practicar el arte del lmite: en efecto, por medio de ellos, se pone trmino al ciclo, virtualmente infinito, de la violencia, as como al abismo del resentimiento y la culpabilidad).10 7 Michel von de Kerchove. El sistema jurdico..., 150 8 Franois Ost. 1996. Naturaleza y derecho. Para un debate ecolgico en profundidad. Bil- bao: Ediciones Mensajero, 19-22. 9 Michel Serres sita el origen del derecho en la intervencin, en el antiguo Egipto de los harpedonaptas, los funcionarios reales agrimensores y gemetras que, tras cada creci- da del Nilo, medan de nuevo las tierras cubiertas de barro y limo para redistribuirlas o establecer sus partes. M. Serres. 1990. Le contrat naturel. Pars: Franois Bourin, 87. Hay traduccin castellana: El contrato natural. Pre-textos, 1991. 10 Franois Ost. Naturaleza y derecho...
  • 40. Jos Mara Borrero Navia 40 Respecto a los lmites no podemos olvidar, como lo afirma Garca Canclini,11 que en toda frontera hay alambres rgidos y alambres cados. Y que tanto el Derecho como la cultura exhiben discontinuidades por donde los lmites pueden traspasarse. Y la propia cultura tambin encuentra lmites para inducir cambios en el rumbo de las complejas sociedades contemporneas. Sin embargo, gracias a la influencia de la cultura y el saber ambiental hoy nos reconocemos miembros de la familia viviente que habita la biosfera y beneficiarios de los bienes de la Tierra. Hemos alcanzado la conciencia de nuestra atadura filogentica y ontolgica con este pequeo planeta y hemos derrumbado uno a uno los iconos que simbolizan nuestra ruptura de la alianza con la naturaleza. Y aunque desde tiempo atrs no rendimos culto al geocentrismo tolomico, ni a los mitos de nuestra singularidad y omnipotencia de nuestra razn, seguimos anclados en las pul- siones de nuestro narcisismo. Continuamos asistiendo a las eje- cutorias de una civilizacin que sojuzga a la naturaleza, corrom- pe los elementos de la Tierra y pretende homogeneizar las cultu- ras, mientras quema diariamente ocanos de hidrocarburos. En el contexto de sus mutuos lmites, el drama de la cultura y las resistencias del derecho al cambio parecen encontrarse en un escenario comn de sinsentidos descrito por M. Serres: podemos frenar los procesos ya iniciados, legislar para consumir menos combustibles fsiles, repoblar en masa los bosques devas- tados... todas ellas excelentes iniciativas pero que se reducen, en su conjunto, a la figura del navo que circula a veinticinco nudos hacia un obstculo en el que irremediablemente se estrellar y sobre cuya pasarela el oficial de guardia ordena a la mquina re- ducir un dcimo la velocidad sin cambiar el rumbo.12 Los derechos ambientales Nuestros vnculos y lmites con el ambiente y los otros seres vivientes, humanos y no humanos, devienen jurdicamente en 11 Nstor Garca Canclini. Culturas hbridas..., 326. 12 M. Serres. Le contrat naturel, 56-57.
  • 41. 41 Derecho ambiental y cultura legal en Amrica Latina derechos y obligaciones ambientales, cuyo alcance est trazado por la constelacin normativa del derecho humano bsico a vivir en un ambiente globalmente sano; y por la justicia entre genera- ciones o equidad intergeneracional en el uso y manejo del crdito planetario. Tomando el atajo de una lgica proposicional podra- mos enunciar una sntesis que nos permita evadir un itinerario por los distintos caminos del Derecho positivo y de la justicia,13 a veces paralelos, o entrecruzados y bifurcados en ocasiones. Ha- cindole concesiones al Derecho positivo, para bien de la justi- cia, definiremos el derecho al ambiente como derecho humano bsico de las presentes y futuras generaciones a vivir en un am- biente globalmente sano. El derecho al ambiente es un derecho humano fundamental, interdependiente de los restantes derechos humanos, econmi- cos y polticos. Menester es reconocer que un ambiente sano es condicin sine qua non de la propia vida y que ningn derecho podra ser realizado en un ambiente no vivible o profundamente alterado.14 Un razonable nivel de calidad ambiental es un valor esencial para asegurar la supervivencia no solamente humana sino de toda la biosfera. La proteccin de este derecho humano comprende aquellos valores que han sido tradicionalmente objeto de tutela jurdica15 13 La justicia es una representacin de lo imposible. Una voluntad, un deseo, una exigen- cia de justicia cuya estructura no fuera una experiencia de la apora, no tendra ningu- na expectativa de ser lo que es, esto es, una justa apelacin a la justicia. Jacques Derrida. 1992. Fuerza de Ley: el Fundamento Mstico de la Autoridad, Doxa, 142. Citado por Francisco Garrido Pea. 1996. La ecologa poltica como poltica del tiempo. Granada: Comares, 207. 14 Un medio ambiente limpio y saludable es esencial para poder gozar de los derechos humanos bsicos aun del derecho a la vida misma. Estamos enfrentados con las necesidades de sobrevivencia de los seres humanos y todas las otras especies. La comu- nidad internacional debe intentar salvar todos los miembros del ecosistema. Una parte de esa meta ser la proteccin de los derechos humanos bsicos, la necesidad de sobre- vivir. Hablar de proteger otras necesidades humanas es acadmico a menos que se resuelva esa necesidad. Noralee Gibson. 1990. The Right to a Clean Environment, Saskatchewan Law Review, vol. 54 (1), 54. 15 La Comisin de Reforma Legal de Canad considera que cuatro expresiones de este derecho son susceptibles de proteccin jurdica, cuya perturbacin y violacin la ley
  • 42. Jos Mara Borrero Navia 42 por otros principios o cuerpos normativos: la vida humana como un bien sagrado, la integridad fsica de la persona y la defensa de la vida y la salud.16 En esta direccin Martnez-Pujalte ha pro- puesto un catlogo de derechos humanos inalienables que com- prende el derecho a la vida, el derecho a la salud y a la integridad fsica, el derecho a las libertades personales y el derecho al am- biente. Este autor extiende el sentido de la dignidad humana a los valores ambientales afirmando que el respeto a la naturaleza es una exigencia esencialmente implicada en la dignidad huma- na.17 La relacin entre generaciones impone obligaciones a cada una de ellas en la conservacin de la calidad ambiental y diversidad gentica de la biosfera para beneficio de su futuro, al tiempo que le confiere derechos en el uso y disfrute del patrimonio planeta- rio. Estas obligaciones y derechos constituyen la base del princi- pio de equidad intergeneracional.18 El concepto de crdito plane- debera castigar. Aunque correspondientes a una misma categora jurdica, constituyen manifestaciones diferentes: i. El derecho humano bsico a que la vida y la salud personales no sean lesionadas opuestas en peligro como consecuencia de la contaminacin o deterioro ambiental. ii. El derecho a un razonable nivel de calidad ambiental. iii. El derecho a disfrutar del patrimonio ambiental. iv. El derecho a proteger la propiedad privada de eventuales daos causados por conta- minacin o perturbaciones ambientales provocados por terceros. Law Reform Commission of Canada. Crimes Against the Environment, Ottawa, Canad, 1985. 16 Aunque la masacre de individuos y grupos de personas indefensos en ese momento se asemeja al crimen de genocidio continuo, el alcance del derecho a la vida est evolucio- nando para incluir la calidad de la vida, incluyendo el derecho a la alimentacin, servi- cio mdico, educacin y un medio ambiente puro y decente. As, el derecho a vivir est evolucionando del derecho a la vida. Como tal, la proteccin abmiental se vuelve obligatoria para la calidad de vida en este planeta. Paul W. Gormley. 1998. The Right to a Safe and Decent Environment, Indian Journal of International Law, vol. 28, (1) enero- marzo, 23. 17 Antonio Luis Martnez-Pujalte. 1992. Los derechos humanos como derechos inalienables. En: Jess Ballesteros (ed.), Derechos Humanos. Madrid: Tecnos, 95-96. Citado por Vicente Bellver Capella. 1994. Ecologa: de las razones a los derechos, Grana- da: Comares. 18 Weiss Brown, E. 1984. The planetary Trust: Conservation and Intergenerational Equity. II Ecology L. Q. 495. Conservation and Equity Between Generations, en Contemporary Issues en International Law, Buergental. ed.
  • 43. 43 Derecho ambiental y cultura legal en Amrica Latina tario obra como fundamento de este principio. Por crdito plane- tario debe entenderse que cada generacin recibe de las genera- ciones anteriores un legado natural y cultural a ttulo de fideico- miso, el cual debe mantener y entregar a las futuras generacio- nes.19 Formacin de una cultura legal ambiental Hemos afirmado que una cultura ambiental se forma en el pro- ceso de comprensin y adopcin de los valores del paradigma ecolgico. Respecto a la cultura legal en medio ambiente, dicho proceso engloba la construccin de los puentes entre derecho y ecologa que puedan orientar la concepcin y enunciacin de las normas legales ambientales. Ahora bien, comprender el paradig- ma ecolgico significa interpretar los signos del malestar en nues- tro tiempo que, segn Fritjof Capra,20 son diferentes expresiones de la misma y nica crisis de percepcin. Segn Capra vivimos en un mundo globalmente interconectado, en el cual los fenme- nos biolgicos, sicolgicos, sociales y ambientales estn inter- conectados. Para describir correctamente este mundo nosotros necesitamos una perspectiva ecolgica que la ptica cartesiana no puede ofrecernos. Lo que necesitamos con urgencia es un nuevo paradigma, una nueva visin de la realidad, un cambio funda- mental en nuestros pensamientos, percepciones y valores, un desplazamiento de la concepcin mecanicista a la visin de la realidad como complejidad. Una cultura legal ambiental se construye en el dilogo del Derecho ambiental con los otros discursos sobre el ambiente de las ciencias naturales y sociales. Se trata de un dilogo difcil que tiene como punto de partida el conocimiento de la alteridad de la 19 Han sido identificado tres principios bsicos de equidad intergeneracional: i. Principio de la conservacin de las opciones ii. Principio de calidad ambiental iii. Principio de conservacin al acceso. Brown Weiss, id. 20 Fritjof Capra. 1983. The Turning Point. Londres: Flamingo, 10 ss.
  • 44. Jos Mara Borrero Navia 44 naturaleza en tanto que superacin de su imagen cosificada por el Derecho moderno como res extensa susceptible de toda mani- pulacin y sojuzgamiento. Al fin y al cabo este Derecho es legata- rio del proyecto de la modernidad expresado por Bacon en laNueva Atlntida: El fin de nuestro establ