La Atlántida de Platón (un mito filosófico)

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1 INTRODUCCION: Mitos poéticos y mitos filosóficos José Ferrater Mora, en su µDiccionario de Filosofía¶ i , da una definición clásica de µmito¶: ³ Relato algo fabuloso que se supone acontecido en un pasado remoto y casi siempre impreciso´, que puede estar referido a hechos más o menos históricos o a meros fenómenos de índole natural. Añade lo siguiente con respecto a su posible imterpreta- ción: ³Puede creerse de buena fe, y hasta literalmente, en el contenido de un mito, o tomarlo como relato alegórico, o desecharlo alegando que todo lo mítico es falso´. Ferrater, haciéndose eco de lo ya enunciado por David Friedrich Strauss en 1835 (el mito como idea metafísica expresada en forma de relato imaginario y fantástico ) ii , ve dos aspectos en la interpretación alegórica de los mitos: a) Elemento ficticio (lo que dice el relato mítico no ha ocurrido en la realidad) b) Elemento real (de algún modo lo que dic e el relato mítico responde a la reali- dad) La dialéctica entre a mbas constantes ha presidido, según Ferrate r, toda la histor ia del pensamiento humano desde los presocráticos , que descartaron el µmythos¶ en nom- bre del µlogos¶, haciendo, sin embargo, crecer el segundo en un suelo previamente abo- nado por el primero, hasta nuestros días. Fueron, efectivamente, los sofistas, según él, los que decidieron separar radicalmente la razón de lo mitológico. Similar a la opinión de Ferrater es la de Marcel Detienne. Este autor detecta la primera mención de la pala- bra mythos en la obra poética de Anacreonte iii , quien la emplea refiriéndose a los nobles de Samos que se rebelaron contra el tirano Polícrates el año 525 a.d.C.), abrazando el partido de los pescadores. Anacreonte los denomina, efectivamente, µmhythetai¶ (v.gr., gentes del mito), probablemente con intenciones satíricas iv . También subraya el hecho de que, al contrario que los filósofos µjónicos¶, los pensadores griegos de las colonias italianas desde Jenófanes hasta Empédocles, pasando por Parménides, al escribir sus respectivos poemas filosóficos, adoptaron de manera consciente la forma tradicional del µMythos¶ para expresar su µlogos¶, enfrentándose así abiertamente a la mitología ho-
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    INTRODUCCION: Mitos poticos y mitos filosficos

    Jos Ferrater Mora, en su Diccionario de Filosofai, da una definicin clsica

    de mito: Relato algo fabuloso que se supone acontecido en un pasado remoto y casi

    siempre impreciso, que puede estar referido a hechos ms o menos histricos o a meros

    fenmenos de ndole natural. Aade lo siguiente con respecto a su posible imterpreta-

    cin:

    Puede creerse de buena fe, y hasta literalmente, en el contenido de un mito,o tomarlo como relato alegrico, o desecharlo alegando que todo lo mtico esfalso.

    Ferrater, hacindose eco de lo ya enunciado por David Friedrich Strauss en 1835(el mito como idea metafsica expresada en forma de relato imaginario y fantstico)ii,

    ve dos aspectos en la interpretacin alegrica de los mitos:

    a) Elemento ficticio (lo que dice el relato mtico no ha ocurrido en la realidad)

    b) Elemento real (de algn modo lo que dice el relato mtico responde a la reali-dad)

    La dialctica entre ambas constantes ha presidido, segn Ferrater, toda la historiadel pensamiento humano desde los presocrticos, que descartaron el mythos en nom-

    bre del logos, haciendo, sin embargo, crecer el segundo en un suelo previamente abo-

    nado por el primero, hasta nuestros das. Fueron, efectivamente, los sofistas, segn l,

    los que decidieron separar radicalmente la razn de lo mitolgico. Similar a la opinin

    de Ferrater es la de Marcel Detienne. Este autor detecta la primera mencin de la pala-

    bra mythos en la obra potica de Anacreonteiii, quien la emplea refirindose a los nobles

    de Samos que se rebelaron contra el tirano Polcrates el ao 525 a.d.C.), abrazando el

    partido de los pescadores. Anacreonte los denomina, efectivamente, mhythetai (v.gr.,gentes del mito), probablemente con intenciones satricasiv. Tambin subraya el hecho

    de que, al contrario que los filsofos jnicos, los pensadores griegos de las colonias

    italianas desde Jenfanes hasta Empdocles, pasando por Parmnides, al escribir sus

    respectivos poemas filosficos, adoptaron de manera consciente la forma tradicional del

    Mythos para expresar su logos, enfrentndose as abiertamente a la mitologa ho-

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    mricav, que describa unos dioses ladrones, mentirosos y adlteros, en unos relatos,

    desde luego, poco edificantes para la juventudvi. La susodicha actitud crtica de los inte-

    lectuales griegos del siglo VI frente a Homero, texto bsico de la educacin moral hasta

    entoncesvii, se tradujo, con la democracia ateniense del siglo V, en el movimiento de la

    sofstica, cuya lnea de pensamiento queda delimitada en esta frase atribuida de Protgo-ras de Abderaviii:

    EL HOMBREESLA MEDIDA DE TODASLAS COSAS

    Para Protgoras no exista un conocimiento absoluto, fijado per saecula saeculo-

    rum en los escritos homricos. Todas las opiniones humanas eran respetables, y slo se

    trataba de saber convencer a los dems. Esto vena a significar:

    1) Negacin de principio de contradiccinix.

    2) Identidad de lo verdadero y lo falso

    3) Valor prctico de la sabidura, que depende en definitiva del grado o nivel deeducacin

    4) Agnosticismo (no creer en nada que no est demostrado).

    La revolucionaria actitud adoptada por los sofistas permiti a los pensadoresgriegos del momento abordar la Historia desde un nuevo punto de vista, totalmente cr-

    tico con respecto a los mitos. El primer historiador que merece ese nombre, Hecateo de

    Miletox, maestro del gran Herodoto, aunque su actividad consiste en mytheitai (v.gr.,

    hablar), se proclama a s mismo logopois (= fabricante de relatos), y no mythopois,

    como haban sido Homero y Hesodoxi. Platn, por su parte, ya distingue claramente, en

    su Repblica ideal, entre lo que es mitologa (arte de contar historias) y lo que es dida-

    ch (enseanza)xii. Su postura es claramente crtica con respecto a los poemas picos ho-

    mricos, por las razones arriba aducidas: no aportan gran cosa a la educacin de losguardianesxiii, y su lectura les puede incluso llegar a ser perjudicial desde un punto de

    vista moral. No obstante, Platn reconoce que el mito puede tambin resultarle aprove-

    chable, a saber, como modo de expresar ciertas verdades que escapan al razonamiento ;

    es por eso que procede a intercalar en sus Dilogos diversas leyendas de su propia cose-

    cha, redactadas ex profeso, y Detienne comenta al respectoxiv:

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    Platn, dada la naturaleza de su proyecto, se ve obligado a hacerse cargo delos relatos increbles, de las historias que todos conocen y hasta del menor rumorque circula en la ciudad terrestre.

    Como consigna Ferrater Mora, el inters intelectual de los pensadores neoplat-

    nicos estribaba, al contrario que en su declarado maestro Platn, en justificar el carcter

    divino de los mitosxv. A este respecto cabe citar al neoplatnico Salustio, del siglo IV de

    nuestra era, idelogo del Emperador Juliano el Apstata en su empeo por restaurar los

    antiguos cultos paganos, quien, en una obra titulada Sobre los dioses y sobre el mundo,

    distingue cinco especies de mitos, o cinco maneras diferentes de presentarse los mis-

    mos:

    Mitos teolgicos (propios de los filsofos): Consideran a los dioses en su

    esencia.

    Mitos fsicos (propios de los poetas): Intentan explicar el modo o modos conque los dioses operan.

    Mitos psquicos (propios igualmente de los poetas): Reflejan operaciones delAlma.

    Mitos materiales (propios de la gente sin instruccin): Pretenden entender lanaturaleza de los dio-ses y del mundo.

    Mitos mixtos (propios de quienes ensean o practican ritos de iniciacin).

    A pesar de la evidente diferencia de propsitos, este pensador neoplatnico no

    est tan lejano de Platn como podra parecer a primera vista, ya que distingue clara-

    mente, en los tres primeros apartados, entre mitos filosficos y mitos poticos, lo

    mismo que aqul. Tambin hay que reconocer que no poda ser lo mismo un pensamien-

    to de corte ms o menos platnico desarrollado en plena democracia ateniense (dejan-

    do de lado las reservas que Platn pudiese tener respecto al sistema democrtico en

    sxvi) que uno similar dado a conocer contemporneamente a la crisis tanto material co-

    mo ideolgica- del Imperio Romano.

    La cuestin de la veracidad de los mitos no es abordada con seriedad hasta el

    Renacimiento, y entonces slo de una manera tmida que no dara sus frutos hasta que

    un par de siglos ms tarde la Ilustracin se decidiera a plantear abiertamente el proble-

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    ma de la Historia contraponindose al problema de la tradicinxvii. El primero en atre-

    verse fue Pierre Baylexviii, seguido por Montesquieu y Voltaire. Este ltimo propuso

    depurar los mismos hechos de todas las superestructuras fantsticas con que el fanatis-

    mo, el espritu novelesco y la credulidad los haban revestido. La filosofa haba, pues,

    de constituirse en el espritu crtico que se opusiese a la tradicin y separase lo verdade-ro de lo falsoxix.

    El pensamiento ilustrado enlaza directamente con el actual. En nuestros das se

    ha conseguido superar la marea positivistaxx del siglo XIX que comprendiendo mal el

    mensaje de Voltaire- despreciaba sistemticamente todo lo relacionado con los mitos

    por fantsticos y sin inters. Como constata Jos Ramn Mlida (1893)xxi, ya a finales

    del siglo XIX se haba avanzado mucho en ese sentidoxxii. La tendencia ahora mismo es

    de estudiar el mito como un elemento posible y, en todo caso ilustrativo de la historia

    humanaxxiii. Esa es la manera de pensar de autores como Bultman o Cassirer, y de ella

    se ha derivado el enfoque estructuralista de la mitologa, cuyo mximo representante es

    Claude Lvi-Strauss. Lvi-Strauss opina que un mito posee una estructura independien-

    te inclusive de sus contenidos especficos. De conformidad con esto, Celia Amorsxxiv

    define el mito como ... una historia en la que se escarba lo trascendental estruc-turada

    para responder a la pregunta acerca de las condiciones de posibilidad del sentido o,

    lo que es lo mismo, una forma de narrarlo que fue, tributaria del sentido que se le adju-

    dica a lo que ahora es. Amors piensa, al igual que Marcel Eckxxv, que el mito escapa a

    toda lgica racional, as que para entender este galimatas propone seguir lo que ella

    denomina una lgica de la representacin constituyente, que define como sigue:

    Operacin ideolgica radical que transmite un conjunto de hechos sufridosdeterminados por las modalidades de la insercin en lo real de diversas socieda-des o grupos sociales, en un sistema coherente y totalizador de representacio-nes.

    Resumiendo, se trata, al fin y a la postre, de un clsico esquema dialctico entres pasos:

    a) Se parte como premisa del estado de cosas dado de manera inmediata en laexperiencia misma de la prctica social.

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    b) Se niega la premisa, punto de arranque incuestionable, mediante la represen-tacin del contenido de la propia premisa invertido, es decir, contemplandopor hiptesis cmo sera el mundo si fuera al contrario de lo que es.

    c) NEGACION IDEOLOGICA DE LA NEGACION: Negar la representacinde la premisa invertida, definindola como posibilidad.

    Segn Celia Amors, a un proceso similar al anterior es al que se refiere en rea-

    lidad Lvi-Strauss cuando habla de un factor perplejizante que desencadena el mecanis-

    mo del mito, ya que dicho concepto engloba en s implcitamente ... la oposicin como

    dato primario e irreductible de la experiencia. En todo caso, el mito constituye para

    aquel que lo comparte una historia sagrada, como comenta Mircea Eliadexxvi, ya que:

    1) Constituye la historia de los actos de los Seres Sobrenaturales.

    2) Esta historia se considera verdadera.

    3) Se refiere siempre a una creacin.

    4) Al conocerlo se conoce el origen de las cosas y, por consiguiente, se llega adominarlas y manipularlas a voluntad.

    5) De una manera y otra se vive el mito (se est dominado por la potencia sa-grada, que exalta los acontecimientos que se rememoran y se reactualizan).

    Eliade propone en relacin con esto el clsico ejemplo de los mitos del fin delmundo

    xxvii, presentes en todas las religiones del planeta, que pronostican, como es sabi-

    do, castigos y catstrofes sin fin que tendrn lugar en un futuro ms o menos lejano, re-

    pitindose unos sucesos que ya tuvieron supuestamente lugar en un pasado inmemorial

    (v.gr., las leyendas acerca del Diluvio). El caso del mito de La Atlntida, tema de este

    trabajo, estara, entonces, encuadrado en ese concepto (aunque, como veremos, las opi-

    niones de los autores difieren en varios puntos sobre el particular). Eliade, por otra par-

    te, hace notar el parecido de este esquema con el del psicoanlisis, que tambin define,

    efectivamente, lo primordialmente humano (v.gr., la primera infancia) como primor-dialmente verdadero, segn dos conceptos bsicos, de todos conocidosxxviii:

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    a) La supuesta beatitud del origen y de los comienzos del ser humano

    b) La idea de que por el recuerdo y por el retorno hacia atrs se pueden reviviralgunos incidentes traumticos.

    El psicoanlisis, al fin y al cabo, suele recurrir sin ambages al mito, lo mismoque Platn acostumbraba a hacerlo (y la teora del conocimiento platnica reposa igual-

    mente en la reminiscencia, como es sabido , el paralelismo es casi perfecto). As, por

    ejemplo, Freud sustenta su teora del Complejo de Edipo en una versin sui generis

    del Mito del Pecado Original, narrando una pequea ancdota presuntamente acaecida

    en tiempos paleolticosxxix:

    a) DOMINACION del padre (el jefe de la tribu) sobre la horda primitiva

    - Monopolio de las mujeres (objeto del placer supremo), lo cual significa asu vez TABUES y DEBERES para los hijos.

    b) REBELION de los hijos (sbditos), quienes crean un clan fraterno parapreservar el COMUN INTERES, despus de matar al padre.

    - A la larga, los hijos experimentan un SENTIMIENTO DE CULPABILI-DAD por haber matado al padre.

    - El ARREPENTIMIENTO provoca que se vuelva a una situacin similara la anterior: restauracin y glorificacin de laautoridad.

    Ajustndose como un guante al esquema anteriormente citado de Mircea Eliade,

    el mito psicoanaltico justifica la curacin de los males psquicos mediante una suerte

    de rito inicitico en virtud del cual el paciente retorno no slo a sus orgenes persona-

    les, sino incluso a los orgenes legendarios de la especie humana de la que forma parte.

    El psicoanalista se ha transformado, entonces, en la versin actualizada de los antiguos

    chamanesxxx ; slo l es capaz de realizar el milagro del eterno retorno, puesto que es

    el nico conocedor del arj, del principio de todas las cosas, igual que los antiguos pen-

    sadores jnicos. Y, puesto que tambin analiza los sueos de sus pacientes, lo mismoque las antiguas pitonisas de Delfosxxxi, xxxii , se le podra tal vez aplicar aquel famoso

    dicho de Herclito de Efesoxxxiii:

    De esta Razn, que sin embargo es eterna, los hombre no tienen concien-cia, ya sea antes de haberla escuchado, ya sea habindola odo por primera vez,pues a pesar de que todas las cosas suceden de acuerdo a esta Razn, ellos pare-

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    cen inexpertos. A pesar de experimentar palabras y actos, tales como yo los ex-pongo, distinguiendo toda cosa segn la naturaleza y diciendo cmo es. Todoslos hombres restantes permanecen sin saber todo lo que hacen mientras se hallandespiertos, como se olvidan lo que hacen durmiendo.

    Este trabajo se propone analizar el Mito de la Atlntida tal como lo expone Pla-tn en sus dilogos Timeo y Critias. Para ello se estudiarn varias teoras que se han

    propuesto acerca del particular desde los tres puntos de vista a que se refiere Ferrater

    Moraxxxiv: los crdulos, los incrdulos y los escpticos acerca de este relato. A tal fin co-

    menzaremos exponiendo las distintas explicaciones que acerca de ese mito se han hecho

    desde las Ciencias Ocultas, pasando seguidamente al anlisis pretendidamente cientfi-

    co de Jean Deruelle, basado en dataciones por el mtodo del Carbono14, para terminar

    con el enfoque antropolgico de esta temtica por parte de Pierra Vidal-Naquet y Gene-

    vive Droz.

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    A) LAATLANTIDA: Contenido manifiesto del mito platnico

    El mito de La Atlntida aparece en dos textos de Platn: Timeo (21e-25d) y

    Critias, dilogo inconcluso. Ambas obras pertenecen a la ltima poca de los escritosplatnicos ; se suele, en efecto, dividir la produccin dialogustica de este autor griego

    en cuatro pocas, desde los primeros dilogos, en que la influencia de Scrates es ms

    notoria, hasta los ltimos, en que ya la filosofa de Platn se independiza casi por com-

    pleto del pensamiento de su maestroxxxv:

    A)FASE SOCRATICA: Platn se encuentra todava bajo la influencia directa deScrates ; a partir de esos dilogos es de donde se ha po-dido reconstruir mayormente el pensamiento de Scrates,

    quien, como sabemos, no dej nada escrito.

    Ttulos:APOLOGIA DE SOCRATES, CRITON, EUTIFRON, CARMI-DES, LAQUES, LISIS, ION, PROTAGORAS, HIPIAS MAYOR,HIPIAS MENOR.

    B)DESARROLLO Y SISTEMATIZACIONDE LA DOCTRINA PLATONICA :Platn comienza a independizarse de la influencia socrtica. Emite la primera versin de la famosa teora de lasideas.

    Ttulos: GORGIAS, MENON, MENEXENOS, EUTIDEMO, FEDON, ELBANQUETE, FEDRO, LA REPUBLICA.

    C)REELABORACION CRITICA: En base a unas crticas recibidas de parte de sualumno Aristteles, entre otros, Platn descubre algunosfallos en la teora de las ideas e intenta solventar el pro-blema.

    Ttulos: TEETETOS, EL SOFISTA, EL POLITICO, PARMENIDES, CRA-TILO

    D)NUEVA SISTEMATIZACION: Platn consigue resolver el problema plantea-do en la fase anterior y propone una nueva versin de lateora de las ideas, inspirndose esta vez en los pitag-ricos.

    Ttulos: FILEBO, TIMEO, CRITIAS, LAS LEYES.

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    Esta clasificacin de los dilogos platnicos no es ms que una de tantas y tan

    convencional como las dems que han hecho otros autores ; as, por ejemplo, Trasilo,

    gramtico de la poca de Tiberio (siglo I d.d.C.), inclua los dos dilogos a que nos esta-

    mos refiriendo, junto con La Repblica y el Clitofn (una obra de cuya autenticidad se

    duda actualmente) en la 8a

    de sus 9 tetralogas, tal como lo expone Digenes Laercio(b siglo III a.C.)xxxvi, autor de la Historia de la Filosofa ms antigua que se conserva. La

    problemtica autenticidad, por otra parte, de los dilogos y cartas atribuidos a Platn se

    suele juzgar en base a los siguientes criteriosxxxvii:

    a) La tradicin

    b) Los testimonios antiguos

    c) El contenido doctrinal

    d) El valor artstico

    e) La forma lingstica.

    Tanto el Timeo como el Critias forman parte, por lo visto, de los dilogos su-

    puestamente autnticos de Platn, y fueron compilados, en opinin de Abbagnanoxxxviii,

    despus del ao 387 a.d.C., y muy probablemente entre los dos viajes a Sicilia de su au-

    tor, es decir, entre el 366-65 y el 361-60. Platn muri, como se sabe, el ao 347. Por

    entonces, y tras la Guerra del Peloponeso, Atenas haba perdido gran parte de su antiguo

    esplendor, y el epicentro poltico de la zona se fue desplazando poco a poco hacia las

    antiguas colonias comerciales griegas de Italia y Sicilia. La ciudad del Partenn, sin em-

    bargo, continu conservando su prestigio en el campo de la cultura, de tal modo que dos

    cimas filosficas de la talla de Platn y Aristteles resultan casi impensables sin referir-

    las a la polis ateniensexxxix.

    Segn Francisco Lisixl, el Timeo, y el Critias deban formar originariamente par-

    te de una triloga que complementase y desarrollase lo que ya Platn haba iniciado en

    el Libro VII de La Repblica con el mito de la cavernaxli ; as, el primero de ambos

    dilogos ... describe el ascenso del estado catico y desordenado a un cosmos que es

    la mejor imagen posible del mundo ideal , mientras que el segundo se supone que se

    ocupara in extenso caso de haberse terminado, cosa que no ocurri- del Estado ideal.

    La vuelta a la caverna (o decadencia) deba ser objeto de un tercer dilogo titulado

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    Hermcrates, que o se ha perdido o no lleg a ser escrito nunca. Hay quien dice que

    parte de los materiales de ese hipottico dilogo fueron aprovechados por su presunto

    autor para redactar fragmentos de Las Leyes ; no existe, sin embargo, evidencia que co-

    rrobore esa suposicin.

    La Atlntida y su mito son nicamente esbozados en el Timeoxlii, donde se

    los utiliza ms que nada para demostrar la fortaleza de la Atenas arcaica, que haba sabi-

    do resistir el asalto de las naves procedentes de Atlntida, una civilizacin bastante ms

    poderosa, mientras que otras ciudades del entorno haban sucumbido irremisiblemente

    al ataque. Platn pone el relato en boca de Critias, el cual se lo haba odo contar a Dr-

    pidas, bisabuelo de Platn ; ste, a su vez, se lo haba escuchado contar a Soln, al cual

    se lo haban transmitido directamente unos sacerdotes egipcios de la ciudad de Sais. La

    narracin ocupa apenas 6 pginas de la edicin espaola del Timeo y forma parte de laseccin introductoria. El dilogo en s se propone, como constata Francisco Lisixliii, ...

    dar una fundamentacin natural o la tica y a la poltica, a la vez que alude a la funda-

    mentacin ontolgica de la fsica. Habra de corresponder al Critias (que qued ina-

    cabado) el desarrollo de la conexin que su autor estableca entre los anteriormente

    nombrados tres niveles del conocimiento (experiencia, arte, y filosofa)xliv que se men-

    cionan en La Repblica y otros dilogos platnicos.

    El dilogo platnico inacabado Critias, concebido probablemente, como ya

    apuntamos, como continuacin del Timeo, ampla, en el fragmento inicial que conser-

    vamosxlv, datos supuestamente fidedignos que posea Soln acerca de aquella guerra que

    haba tenido lugar haca 8.000 aos entre Atenas y el Imperio de la Atlntida. El texto

    queda truncado en el preciso momento en que los dioses iban a decretar el hundimiento

    de la isla principal de ese reino, por culpa de una presunta conducta inmoral (hybris) de

    sus habitantes. En opinin de Francisco Lisixlvi, la intencin de Platn al redactar el di-

    logo estaba por encima de la exactitud geogrfica al describir la Atlntida (los conoci-

    mientos cartogrficos de la poca, por otro lado, dejaban mucho que desear, y el filso-fo probablemente sera consciente de ello) ; le guiaba, ms que nada, un propsito di-

    dctico:

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    Lo que cuenta es el valor paradigmtico de la historia y basta considerar cada uno delos contendientes desde la perspectiva de la poltica ontologizante caracterstica del pensadorateniense para dar cuenta de ciertos detalles o comprender que en un caso proyecta los rasgosesenciales de la constitucin ateniense en el pasado y en el otro los de las constituciones lacede-monias o incluso la de la Persia contempornea.

    La narracin del mito atlntico en el Critias es a grandes rasgos la siguientexlvii

    :Poseidn, dios tutelar de la Atlntida, reparti sus dominios entre cinco pares de geme-

    los varones que tuvo con la mortal Clito. Del mayor de ellos, Atlas, toma su nombre la

    isla y el ocano que la rodea. El imperio de Poseidn y sus hijos se extenda a muchas

    islas y a las costas del Mediterrneo, nada menos que hasta Egipto e Italia. Practicaban

    el comercio, lo que, junto con las enormes riquezas naturales de la isla matriz, les pro-

    porcionaba una gran fortuna. Construyeron grandes edificios, puertos, canales, etc., en-

    tre los que resultaba destacable el Palacio Real, cubierto de plata, oro, marfil y oricalco

    (mbar). Los citados reyes fueron siempre un dechado de virtudes y de honradez, perocon el tiempo dejaron de tener sus elevados niveles de justicia y se volvieron codiciosos

    y dominantes ; guiados por su desmedida ambicin, los atlantes invadieron las tierras de

    los pueblos vecinos, vencindolos a todos salvo a la Atenas de Soln. Posteriormente se

    produjeron violentos terremotos que acabaron sepultando violentamente a la Atlntida

    bajo las aguas del ocanos, que qued lleno de escollos y fondos cenagosos.

    Como ya indicamos en la Introduccin, la narracin del mito de La Atlntida a

    cargo de Platn ha suscitado a lo largo de toda la historia, ya desde los propios tiemposclsicos, diversos opiniones acerca del particular, que dan lugar a diferentes tomas de

    postura. Siguiendo nuevamente al profesor Martn Hernndezxlviii, podemos resumir ta-

    les posicionamientos en cinco principales, que coinciden bsicamente con las diferentes

    teoras que expondremos a lo largo del presente trabajo:

    a) Aquellos que creen en la historicidad del mito y piensan que ste obedece auna realidad, aunque deformada.

    b) Aquellos que piensan que la Atlntida existi, aunque no se conoce el lugar

    en el que estaba ubicada

    c) Aquellos que piensan que el relato de Platn es pura ficcin o una mera in-vencin imaginaria con el fin de sustentar una utopa poltico-social.

    d) Aquellos que creen que, aunque se trate de un mito, la idea de una Atlntidatal como la expone Platn presupone el conocimiento de Amrica.

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    B) INTERPRETACIONES DEL MITO

    En opinin de Giorgio de Santillana y Hertha von Dechendxlix, Platn, tanto en el

    caso que aqu nos ocupa como en todos los dems, nunca invent los mitos, sino que ...los utiliz en el contexto adecuado satricamente en ocasiones- sin divulgar su signifi-

    cado preciso: quien estuviese enterado de la terminologa apropiada podra entender-

    lo. Esta postura coincide con lo afirmado por Helena P. Blavatskyl, segn la cual el fi-

    lsofo era sin duda alguna, como muchos intelectuales de su poca, un iniciado de los

    Misterios de Eleusis, una de esas manifestaciones, que, al margen de los cultos oficiales

    de la polis, apelaban a la afectividad y a las tendencias irracionales del alma. Segn

    constata Francis Vianli, esos Misterios, celebrados en honor a Demter, se encontraban

    bajo el control del Estado ateniense, se celebraban paralelamente a las fiestas cvicas yestaban precedidos, al igual que los juegos panhelnicos, por la proclamacin de una

    tregua sagrada. Quedaban, sin embargo, como hemos dicho, al margen del Estado, pues

    no tenan carcter colectivo, sino individual. Segn la leyenda de resurreccin que

    subyace tras esos ritos, Demter fund los Misterios despus de haber conseguido de

    Zeus que su hija Cor, raptada por el dios de los infiernos, le fuese devuelta durante dos

    tercios del ao. Tras descartar la hiptesis de que este culto procediera de Egipto o de

    Creta, actualmente se tiende a pensar que su origen es aqueo. Su relacin con Atenas

    proviene de la anexin de Eleusis por Soln ; este dominio aument considerablemente

    la difusin panhelnica de los Misterios, que de paso sufrieron la influencia de la filoso-

    fa pitagricalii y de otras doctrinas que admitan la remuneracin de las virtudes y de las

    faltas en la vida futura ; de ah el alto valor moral que les atribuan los crculos filosfi-

    cos griegos.

    Para el ya citado E.R. Doddsliii, la llamada poca clsica hered ... toda una

    serie de representaciones incompatibles del alma o del yo ... Aunque de distinta

    edad y derivados de distintos esquemas culturales, todas estas representaciones persis-

    tan en el trasfondo del pensamiento del siglo V . La misma ambigedad lgica de ese

    conglomerado heredado acab ensanchando a la larga la brecha (ya existente desde

    Homero) entre las creencias del pueblo y las creencias de los intelectuales, lo que llev

    a la larga a la disolucin de dicho conglomerado heredado. El proceso, en opinin de

    Dodds, no comenz con la llamada ilustracin sofstica, sino mucho antes, durante el

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    siglo VI, con los fsicos jnicos. Ya Herclito, por ejemplo, ... se burl de la kathar-

    sis ritual, comparando a los que purgan sangre con sangre a un hombre que intentara

    lavar su suciedad bandose en barro. Lo que realmente se produjo en el siglo V fue,

    segn Doddsliv, una regresin hacia las creencias tradicionales. La llamada ilustracin

    sofstica coincidi, en efecto, como demuestra Dodds, con ... una poca de persecu-cin, de destierro de estudiosos, de trabas para el pensamiento, e incluso (si podemos

    creer la tradicin sobre Protgoras, de quema de libros. Siempre pasa esto cuando se

    mezcla (y suele ocurrir con demasiada frecuencia) la religin con la poltica ; Dodds co-

    menta:

    Los acusadores de Anaxgoras presumiblemente apuntaban, como dice Plutarco, a suprotector Pericles ; y Scrates poda muy bien haberse librado de la muerte si no hubiese estadoasociado con hombres como Critias y Alcibades. Nos vemos forzados, al parecer, a suponer la

    existencia, entre las masas, de un fanatismo religioso exasperado que los polticos podan apro-vechar para sus propios fines. Y esta exasperacin debe haber tenido una causa.

    Dodds seala como posible explicacin de este fenmeno la influencia de la his-

    toria en tiempo de guerra (en este caso la Guerra del Peloponeso, 431-404), unida a un

    peligro real de orden social que el nuevo racionalismo traa irremediablemente consigo ;

    para muchos discpulos de los sofistas, la liberacin del individuo vena a significar, en

    efecto, autoafirmacin sin lmites, derechos sin deberes, etc.: El nuevo racionalismo no

    autorizaba a los hombres para portarse como bestias ; ... Pero los autorizaba para jus-

    tificar ante sus propios ojos su brutalidad, y en un tiempo en que las tentaciones exter-

    nas a una conducta brutal eran particularmente fuertes. En todo este contexto de flujo

    y reflujo de pensamiento ve Doddslv la actitud de Platn ante la religin como un intento

    de estabilizar de alguna manera la situacin. El punto de partida del filsofo estuvo,

    por tanto, histricamente condicionado. Aunque, como es sabido, era, indudablemente,

    un hijo de la ilustracin (sobrino de Crmides, discpulo de Scrates, ...), los aconteci-

    mientos ocurridos durante el trnsito del siglo V al IV, que culminaron con el ajusticia-

    miento de su maestro (399), le hicieron, igual que a muchos otros racionalistas griegos

    de su generacin, reconsiderar su fe ; todo eso fue lo que condujo a Platn, en opinin

    de Dodds, ... no a abandonar el racionalismo, sino a transformar su significado dotn-

    dole de una extensin metafsica. Su nuevo inters por la salud de la psych (= alma)

    le conmin casi automticamente a retomar la vieja creencia chamanstica en la reencar-

    nacin. El ltimo dilogo platnico, Las Leyes, contemporneo del Timeo y del Cri-

    tias, contiene las propuestas de su autor para reformar y estabilizar el conglomerado

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    heredado, que nos ayudan a entender algo ms la postura de este gran pensador ante el

    hecho mtico, as como su utilizacin filosfica del mismolvi:

    1) Suministrar a la fe religiosa un fundamento lgico demostrando ciertas pro-posiciones bsicas, que son:

    Que los dioses existen Que les interesa la suerte de la humanidad Que no se les puede sobornar.

    2) Darle un fundamento legal, incorporando estas proposiciones en un cdigoinalterable e imponiendo sanciones a toda persona que propagara la no cre-encia en ellas

    3) Darle un fundamento educativo, declarndolas materia obligatoria en la ins-truccin de todos los nios

    4) Darle un fundamento social, promoviendo la ntima unin de la vida religio-sa y de la vida cvica en todos los niveles.

    Las propuestas de Platn para reformar el conglomerado nunca se llevaron, por

    supuesto, a la prctica, ni siquiera de manera experimentallvii.

    La explicacin esotrica

    Segn explica la doctrina secreta defendida por la Sociedad Teosficalviii y tal

    como la expone A.P. Sinnet lix, la raza humana ... evoluciona en una serie de Rondas

    (progresiones alrededor de la serie de mundo), y siete de estas vueltas tienen que veri-

    ficarse antes de que los destinos de nuestro sistema se cumplan. Actualmente nos en-

    contraramos en la 5a Raza de la 4a Ronda (siguiendo una ley mstica del nmero 7, hay

    siete Rondas, con siete Razas cada una), cuya evolucin habra empezado hace millones

    de aos. Las razas estn a su vez divididas en subrazas, y stas por su lado en razas ra-

    males, en grupos de siete respectivamente ; Sinnet aade, puntualizando

    lx

    :

    Los perodos de las grandes razas-races estn divididos unos de otros por grandesconvulsiones de la naturaleza y por grandes cambios geolgicos. Europa no exista como uncontinente en los tiempos en que la cuarta raza floreca. El continente en que la cuarta raza vivino exista cuando floreci la tercera, y ninguno de los continentes que fueron los grandes pincu-los de las civilizaciones de aquellas razas existen en la actualidad. Siete grandes cataclismoscontinentales tienen lugar, durante la ocupacin de la tierra por la ola de vida humana, en unperodo de Ronda. Cada raza es destruida de este modo en el tiempo sealado, quedando algunossobrevivientes en otras partes del mundo que no pertenecen a la regin propia de la raza, y estos

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    sobrevivientes, invariablemente en tales casos, muestran una tendencia a degenerar y a volver asumirse en la barbarie con ms o menos rapidez.

    Esta es bsicamente la explicacin teosfica de la evolucin. Los Atlantes co-

    rresponderan, segn este razonamiento, a aquella 4a Raza que nos precedi y que, se-

    gn Sinnetlxi, fue destruida por el correspondiente cataclismo durante el Mioceno (en la

    Era Terciaria, hace aproximadamente entre 13 y 28 millones de aos ), Esta estimacin

    no se corresponde, desde luego, con los 9,000 aos a que hace referencia el texto plat-

    nico. H.P. Blavatsky sale al paso de una posible crtica en ese sentido diciendolxii:

    Platn, al paso que repite la historia segn los sacerdotes de Egipto la refirieron aSoln, confunde intencionadamente (como lo haca todo Iniciado), los dos continentes, y aplica ala pequea isla que se hundi la ltima, todos los sucesos pertenecientes a los dos enormescontinentes: el prehistrico y el tradicional. Por tanto, describe la primera pareja, que pobl todala isla, como habiendo sido formada de la Tierra. Al decir esto, no quiere significar a Adn y

    Eva, ni tampoco a los antepasados helnicos. Su lenguaje es sencillamente la materia, pues losAtlantes fueron realmente la primera Raza puramente humana y terrestre, toda vez que las que leprecedieron eran ms divinas y etreas que humanas y slidas.

    Los autores de estas aseveraciones tan ambiguas y dogmticas pretenden justifi-

    carlas afirmando que les han sido reveladas telepticamente por unos hipotticos Ma-

    hatmas o Adeptos que supuestamente residen en algn lugar ignoto del Himalaya des-

    de hace milenios custodiando toda la verdadera sabidura de este mundolxiii. Es posible

    que algunas personas se dejen convencer por tamaas explicaciones, originalmente ex-

    presadas en Inglaterra en el ltimo tercio del siglo XIX ; resultan, sin embargo, difciles

    de asimilar para una mentalidad racionalista como la nuestra- de principios del siglo

    XXI. Si la exponemos aqu es nicamente con la intencin de, como prometimos en la

    Introduccin, no dejar fuera ninguna interpretacin importante (por absurda que nos pa-

    rezca) que haya habido acerca del mito de La Atlntida.

    Otra interpretacin esotrica, igualmente fantstica en nuestra opinin, es la que

    propone el fundador de la Gran Fraternidad Universal, Serge Reynaud de la Ferrirelxiv.

    Dicho autor, abundando en la teora de las Razas arriba esbozada, calcula que la Atln-tida que l ubica en una antigua isla que se extenda entre el Senegal y Venezuela- de-

    bi desaparecer bajo las aguas alrededor de 11.000 aos antes de nuestra era, con lo cual

    se acerca bastante ms que los anteriores a la cifra propuesta por Platn. Adems, Rey-

    naud pontifica que, sumando los 2.000 aos de nuestra era a los citados 11.000 transcu-

    rridos desde el hundimiento de la Atlntida, se completan los 13.000 que tericamente

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    hacen falta (tambin segn sus clculos, claro) para que se complete una desaparicin

    racial. Todos los signos, tanto fsicos como astrolgicos, apuntan inequvocamente, se-

    gn este autor, hacia el prximo Gran Cataclismo ; pero tampoco es cuestin de apurar-

    se.

    ...los Iniciados, como conocedores del destino causal de la Humanidad, son los que hande intervenir eficaz y justicieramente en este momento trascendental de nuestra Historia. LaGran Verdad, la UNICA, ser dada a conocer sobre el haz del planeta porque ellos se hacenpresentes en cada recodo de la historia humana en este mundo, y son stos en quienes debemosconfiar, y as prepararnos para el Gran Juicio Final.

    Para A.C. Asoreylxv, la lectura que debe hacerse de todas estas interpretaciones

    esotricas de los mitos es claramente poltica ; l piensa que ... la Atlntida y sus habi-

    tantes, famosos por su apostura, saber, fortaleza y riqueza, representan, para tantas

    gentes insatisfechas que viven en cualquier poca, uno de los parasos perdidos, campo

    adecuado para desarrollar la fantasa y los sueos perennes de una vida mejor . En ese

    sentido lo que l llama Operacin Atlntida ha sido utilizado ms de una vez por cier-

    tos Gobiernos para distraer la atencin de los gobernados en momentos especialmente

    problemticos. As, cita como ejemplo sintomtico de esto el inusitado inters que en

    1967 sintieron los coroneles griegoslxvi por encontrar el mtico continente perdido en la

    isla de Zhira (Santorini), o el hecho de que recientemente el epicentro de la actividad

    ocultista haya abandonado el Tbet para reubicarse en Machu Picchu o Tiahuanaco, en

    el corazn de Amrica Latina, casualmente la mayor aglomeracin de gobiernos de tipo

    fascista que registra la Historia. Asorey concluye:

    Es bien conocido el afn fascista de no perder contacto con las supuestas razas deseores [los mahatmas? los iniciados?] que vivieron en otros tiempos.

    Aproximaciones pseudocientficas

    La cohorte de los que piensan que la Atlntida existi realmente alguna vez es

    numerossima ; no faltan, desde luego, las publicaciones que intentan demostrar, desde

    una metodologa pretendidamente cientfica, cada vez una localizacin distinta para el

    problemtico continente. Durante el siglo XIX la existencia de la Atlntida era un hecho

    indiscutible, y lo nico que faltaba era dar con su supuesto emplazamiento exacto, El

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    destacado gegrafo espaol Ricardo Beltrn y Rzpide (1832-1928)lxvii, sin ir ms lejos,

    aunque se guarda muy bien de proponer una solucin propia al enigma, s cita con la

    mayor seriedad las distintas teoras que sobre el particular circulaban a finales de aque-

    lla centuria: as, para Lpez de Gomara la Atlntida equivala a Amrica, Mentelle y

    Bory de Saint-Vincent la situaban en la zona de la Macaronesia (Azores, Madeira, Ca-narias y Cabo Verde), Gefferi extenda esa zona hasta las Antillas, estableciendo analo-

    gas de idioma, monumentales, de costumbres, etc., entre los americanos, los iberos,

    los etruscos y los egipcios, y Novo, por fin, limitaba la extensin de la Atlntida al

    actual Archipilago de las Azores. Las polmicas acerca de la posible existencia real de

    la Atlntida y de su probable ubicacin caso de haber existido principiaron ya desde la

    propia Antigedad Clsica. Aristteles, por ejemplo, pensaba lisa y llanamente que el

    relato de su maestro Platn no era ms que una fbula, y otros autores se tomaron en se-

    rio el mito. Para no alargarnos demasiado sobre este particular, reproduzcamos el resu-men que presenta al respecto el ya citado Martn Hernndezlxviii:

    a) Antes de Platn nadie se refiri a un continente hundido ni a la existencia deuna sociedad civilizada en l.

    b) Platn es el nico que hace mencin de este hecho.

    c) Despus de Platn, unos autores creen la historia y otros no. En ningn casolos gegrafos se la creen, y slo la mencionan a ttulo de prueba de que hubocataclismos, pero no como hecho histrico conocido y aceptado por todos.

    d) Para los romanos no existi la Atlntida.

    e) En el siglo XVI se quiso encontrar, con la tradicin atlntica, una explica-cin al Descubrimiento, pero slo en el terreno hipottico y especulativo.

    Ya en el siglo XVIII hay una opinin acerca de este tema que nos atae directa-

    mente a los canarios. Se trata del punto de vista de nuestro ilustre paisano Joseph de

    Viera y Clavijo (1732-1813) lxix, quien, en su Historia de Canarias, y tras hacer repaso

    de todas las teoras que le precedieron, se inclina ms por el origen volcnico de lasislas (aunque tampoco lo deja demasiado claro), y no por su gnesis a partir del hundi-

    miento de un antiguo continente. A lo largo de nuestro siglo XX han menudeado asimis-

    mo las interpretaciones sobre el mito de la Atlntida, as como las diferentes conjeturas

    acerca de su posible emplazamiento. Asoreylxx cita bsicamente dos: la de Hans Hrbi-

    ger y la de Andrew Thomas. El primero, uno de los intelectuales que ms aceptacin

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    tuvieron en la Alemania nazi, se centra en la creencia en los gigantes, cuyo presunto

    origen explicaba mediante la fuerza de atraccin que diversas y sucesivas lunas ejercie-

    ron sobre la Tierra al aproximarse a sta. Tales gigantes habran sido los verdaderos

    constructores de los monumentos ciclpeos que se pueden encontrar en Amrica, en la

    Isla de Pascua o en Nueva Guinea, y en especial la ciudad de Tiahuanaco (Bolivia), quesera algo as como la base desde la que los atlantes partan hacia otros lugares del mun-

    do. Thomas, por su parte, en una teora que rene en uno solo tres mitos bastante utiliza-

    dos por el esoterismo actual (v.gr., el paraso perdido o Edad de Oro, el origen natural

    de los dioses y el saber olvidado) postula que la Atlntida fue destruida en realidad por

    una especie de conflicto nuclear a nivel mundial. En previsin de ello, los filsofos y sa-

    bios de la isla, disconformes con la poltica militarista de su gobierno, se retiraron a re-

    giones inaccesibles del planeta y, tras desaparecer la radiacin y renacer la vida, retor-

    naron en forma de semidioses para contribuir a la regeneracin moral de la raza huma-na. La teora guarda, como puede comprobarse, cierto parentesco con la esotrica que

    vimos ms arriba de los mahatmas, adeptos o iniciados. Asorey concluye:

    A nivel popular, la Atlntida, junto con el Tringulo de las Bermudas, los encuentroscon OVNIS, los restos del Arca de No y el monstruo del Lago Ness, en Escocia, constituyenpasatiempos muy divulgados, al estilo de las serpientes de verano que, bajo el inquietantesobrenombre de hechos condenados, coleccionaba el norteamericano Charles Fort, la tmidafoca del Bronx, segn le llaman Pauwels y Bergier, para quienes esta foca ha sido la ninfaEgeria de su Realismo Fantstico.

    Ya vimos en el apartado anterior la lectura poltica, tambin bastante discuti-

    ble, por supuesto, que se puede hacer de todo este tinglado. Algo parecido es lo que opi-

    na Martn Hernndez, quien nos recuerda a este respecto que desde principios de la Mo-

    dernidad hasta nuestros das las investigaciones sobre la Atlntida (ms de 5.000 pre-

    suntas ubicaciones, todas ellas demostradas con irrebatibles pruebas cientficas!) han

    ido pasando paulatinamente ... de manos de sabios a semisabios, luego a mitmanos o

    estafadores, y, por ltimo, a la de quienes hoy en da encuentran o venden una Atlnti-

    da, que va desde Heligolandia al Shara, o de Siberia al lago Titicaca

    . Bsicamente sepueden clasificar las distintas hiptesis en los siguientes gruposlxxi:

    a) Atlntida hiperbrea

    Olof Rudbeck p Escandinavia Jrgen Spanuth p Heligolandia

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    mento atribuido al historiador Marcelo que aparece citado en el Comentario alTimeo

    del filsofo neoplatnico Proclo, y que dice as (subrayado nuestro):

    As pues, que existi una isla y de estas caractersticas lo ponen de manifiesto loshistoriadores que han hablado de las cosas del mar exterior. Pues haba en sus tiempos siete islasen aquel pilago, consagradas a Persfone, y otras tres muy grandes, una consagrada a Plutn,otra a Ammn y otra, en medio de estas dos, a Poseidn, de unos mil estadios de extensin. Losque la habitaban guardaban el recuerdo de sus antepasados sobre la Atlntida como una islaverdaderamente inmensa, que realmente haba existido all, la cual, consagrada tambin ellamisma a Poseidn, haba gobernado durante muchos perodos de tiempo a todas las dems islasdel mar Atlntico. Esto lo escribi Marcelo en sus Etipicas.

    Como muy acertadamente comenta Martn Hernndez, ese texto est claro que

    no se refiere a las Canarias, puesto que el archipilago que menciona no se compone de

    7 islas, sino de muchas ms. Probablemente se trate de una narracin totalmente mtica

    que, en consecuencia, no alude a ningn lugar en concreto. La adjudicacin a Canarias

    del territorio de la Atlntida comenz ya desde el siglo XVIII con las teoras sustentadas

    por C.R. Carli, y ya hemos visto ms arriba la opinin que tal suposicin le mereca a

    nuestro Viera y Clavijolxxii. Por otro lado, al investigador y periodista alemn Harald

    Braemlxxiii no le resulta plausible que los guanches fueran supervivientes del hundimien-

    to de la Atlntida, entre otras razones porque no existen pruebas arqueolgicas que veri-

    fiquen tal hiptesis. El se adhiere ms a la teora de que los primitivos pobladores de

    Canarias no eran autnomos y que llegaron a las Islas procedentes de otro lugar.

    Braemlxxiv relaciona la Atlntida cuya existencia real en el pasado prehistrico

    pretende demostrar con su libro- con la Cultura de los Megalitoslxxv que se extendi por

    toda la costa atlntica europea a partir de finales del 4o Milenio antes de nuestra era. En

    esa suposicin es secundado por Jean Deruellelxxvi y por Louis Charpentierlxxvii, aunque

    stos, como veremos, llegan cada uno a conclusiones bastante distintas. Para Braem, la

    Atlntida, una civilizacin marinera que floreci ms de mil aos antes que las primera

    civilizaciones tradicionales del creciente Frtil y del valle del Indo, se encontraba situa-

    da en la Isla de Gavrinis (frente a la costa de Bretaa)lxxviii y constitua el centro neural-

    gico de una confederacin de naciones megalticas (los 10 reinos que menciona Platn).

    Los atlantes habran, segn l, recorrido gran parte del planeta en sus primitivas naves

    en busca de rutas comerciales, hasta alcanzar incluso la mismsima Amrica, difundien-

    do de esta manera su cultura y su arte de monumentos grandiosos. Esta civilizacin su-

    cumbira finalmente ante el avance imparable por toda Europa de los pueblos indoeuro-

    peos procedentes de las estepas rusaslxxix. Su antiguo auge sera prontamente olvidado y

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    quedara relegado al campo de lo mtico, que ha sido como nos ha llegado a travs del

    relato platnico.

    En opinin de Braemlxxx, el arte de construir pirmides se origin en la actual

    Bretaa francesa supervisado por la Atlntida, y a partir de all fue difundido al resto del

    mundo, tanto al Creciente Frtil como a Amrica. Para l, y como se refleja en las le-

    yendas sobre hombres-peces, supuestos creadores de las grandes civilizaciones (Oan-

    nes, Xexutros, No, Horus, etc.), todas ellas aparecieron por obra y gracia de marineros

    atlantes que llevaron a diversas partes su cultura megaltica. Uno de los lugares en el

    que recalaran frecuentemente de camino para Amrica del Sur sera, por supuesto, el

    Archipilago Canario ; los atlantes establecidos all quedaran aislados a causa de la for-

    tuita destruccin de su cultura, y por eso seguan estando en el Neoltico cuando llega-

    ron los invasores espaoles.E

    l pueblo guanche, por tanto, si esta teora resultase sercierta, no tendra un origen bereber, como generalmente se suele aceptar, sino euro-

    peolxxxi. Para demostrarlo aduce Braem que tambin en las Islas se construyeron pirmi-

    des (v.gr., en Gmar, Icod, etc.) y por lo visto con una estructura similar a las cons-

    trucciones escalonadas de Bretaalxxxii-, aunque a escala ms reducida que en otros luga-

    res del planeta.

    La hiptesis de Jean Deruelle parte de premisas muy similares a las que utiliza

    Braem. El, sin embargo, prefiere ceirse ms a la letra del texto platnico y aceptar que

    la Atlntida sucumbi vctima de una catstrofe natural. Por ello elige como ubicacin

    probable la zona del Mar del Norte que se encuentra entre Inglaterra y la Pennsula de

    Jutlandialxxxiii ; las numerosas islas que se encuentran en la zona (la Heligolandia de

    Spanuth entre ellas) seran algo as como los restos del naufragio. La idea de Deruelle

    que no deja de tener cierta lgica- es que el nivel del mar tuvo que estar mucho ms ba-

    jo en la poca a que se refiere el relato de Platn, con lo cual es probable que lo que

    ahora es all fondo marino cenagoso fuese antao una gran llanura frtil, y que los que

    hoy en da se configura como el Dogger-Bank (un promontorio submarino que actual-mente se encuentra a slo 30 metros bajo el nivel del mar) hubiese emergido alguna vez

    en forma de islas. En ese caso el hundimiento de la Atlntida se habra producido por

    causas naturales al subir el nivel de las aguas como consecuencia de un calentamiento

    de la corteza terrestre. Deruelle interpreta los canales que, segn Platn, rodeaban la

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    isla matriz como un sistema de diques de contencin similares a los que hoy existen en

    los Pases Bajos ; el resto del esquema platnico coincide, segn l, totalmentelxxxiv:

    Deruelle quien, por otra parte, confiesa no ser un arquelogo profesional, lo

    que segn l, le exime de ciertos compromisoslxxxv- pretende apoyar sus conjeturas en

    una interpretacin bastante sui generis de los datos cronolgicos obtenidos por el proce-

    dimiento del radiocarbono (C14) recalibrado, as como en la coincidencia de ciertos he-

    chos fundamentales de la Historia con los diversos calentamientos y enfriamientos alter-nativos de la corteza terrestre que se han verificado desde la ltima glaciacin hasta la

    actualidad (ver grfico)lxxxvi. En ese sentido vincula a la Atlntida con las invasiones de

    los misteriosos pueblos del mar (libu, meshuesh, sharden, teresh, shekelesh, etc.) que

    asolaron gran parte del creciente Frtil en torno al ao 1200 a.d.C.lxxxvii. En su opinin,

    los atlantes no slo habran conseguido detener con sus diques ciclpeos el ataque reite-

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    rado de los indoeuropeos (procedentes, segn l, del Norte de Escandinavia)lxxxviii,

    sino que, habiendo logrado dominar a esas hordas, las habran comprometido en una

    nueva operacin militar a gran escala, enfocada esta vez hacia el Oriente Prximo. Para

    ello habran trasladado su base logstica a la isla de Cerdea tras el hundimiento catas-

    trfico de su primitivo emplazamiento. Esta expedicin dara cuenta, segn cree Deru-elle, del enfrentamiento entre la Atlntida y Atenas a que se refiere elTimeo.

    Para fundamentar estas ltimas aseveraciones se apoya Deruelle en una teora

    que vincula las culturas neolticas de las islas del mediterrneo Occidental (Baleares,

    Crcega, Cerdea, Sicilia y Malta) con el arte rupestre del norte de Africa y con el posi-

    ble origen remoto del pueblo bereberlxxxix. No se trata en realidad de una hiptesis muy

    moderna, pues segn hemos podido constatar, ya se sustentaba con bastante consenso

    durante el siglo XIXxc. Aparte de esto, Deruelle razona que, teniendo en cuenta la inne-

    gable fuerza ofensiva que realmente demostraron tener los pueblos del mar, no poda

    tratarse de ninguna manera de grupos dispersos de piratas, como generalmente se di-

    cexci, sino que el ataque tuvo que haber sido organizado por alguna civilizacin avanza-

    da de la zona con ansias de conquistaxcii.

    -2

    -6000

    -5000

    -4000

    -2000

    -1000

    +1000

    +2000

    0-3000

    -1

    +1

    +2

    +3

    actual

    atal

    yk

    rdicos

    'enembudo'

    uebloscorda

    dos

    Indoeuro

    eos

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    delmar C

    eltas

    Cimbrios-

    eu

    tones

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    ongoles-Cruzadas

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    egalitos

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    eridad

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    actual

    scilaciones trmicas y ecurso istrico ( eruelle, g. 109)

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    Queda hacer mencin en este apartado de la explicacin del mito de la Atlntida

    propuesta por Louis Charpentierxciii. Este autor relaciona el susodicho relato platnico

    con el hesidico de las Columnas de Hrculesxciv. Tras efectuar una serie de exhaustivos

    clculos astrolgicos (piensa, en efecto, que los ritmos solares son ms fiables a la ho-

    ra de establecer una cronologa que las listas de reyes y dinastas) llega a la conclusinde que la era herculnea debi situarse entre los aos 8750 y 6000 antes de nuestra era,

    coincidiendo, por tanto, en el tiempo con el hundimiento de la Atlntida segn el cm-

    puto platnico. Tambin se refiere Charpentier a una supuesta serie escalonada del de-

    rretimiento de los hielos al trmino de la ltima glaciacin, que condujeron finalmente a

    la apertura del Estrecho de Gibraltar y a la conversin del Mediterrneo en un mar. La

    Atlntida, entonces, ubicada en algn lugar cercano al Estrecho, habra sucumbido en el

    transcurso de esas catstrofes naturales que se desataron a nivel planetario.

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    C)PUNTO DE VISTAANTROPOLOGICO

    Durante los ltimos dos milenios, y bsicamente por la influencia del a veces

    desmedido afn evangelizador de la Iglesia Catlica, se ha tendido a minimizar la im-portancia antropolgica de los mitos clsicosxcv, considerndolos simplemente como ...

    fantasas extraas y quimricas, un legado encantador de la infancia de la inteligencia

    griega. Robert Gravesxcvi, sin embargo, insiste en la necesidad indispensable de resti-

    tuir al mito su justo valor como elemento insustituible para comprender cabalmente la

    historia, la religin y la sociologa europeas antiguas. Para ello habra en primer lugar

    que delimitar el verdadero campo de accin de esas leyendas, distinguindolas dentro

    del cmulo de relatos ms o menos fantsticos que han llegado a nuestras manos, pues,

    como dice Graves, ... slo una pequea parte del cuerpo enorme y desorganizado de la

    mitologa griega, que contiene importaciones de Creta, Egipto, Palestina, Frigia, Babi-

    lonia y otras regiones, puede ser clasificada correctamente, con la Quimera, como ver-

    dadero mito. Y no obstantexcvii:

    ..., pueden hallarse autnticos elementos mticos incrustados en las fbulasmenos prometedoras, y la versin ms completa o ms esclarecedora de un mitodeterminado rara vez la proporciona un solo autor ; cuando se busca su formaoriginal tampoco se puede dar por supuesto que cuanto ms antigua sea la fuenteescrita, tanto ms autorizada ha de ser .

    En opinin de Graves, un tal estudio debera empezar ... con un anlisis de los

    sistemas polticos y religiosos que prevalecan en Europa antes de la llegada de los in-

    vasores arios procedentes del norte y del este. En definitiva, una verdadera Ciencia del

    Mito debera basarse, segn lxcviii, en los resultados de la Arqueologa, la Historia y la

    Religin Comparada, y ... no en el consultorio del psicoterapeuta, como suele ser la

    tendencia dominante en nuestros dasxcix. El punto de vista de Genevive Droz sobre es-

    te particular no es muy distinto del que acabamos de ver ; todo se basa, segn ella, en la

    relacin, generalmente contrapuesta, entre mythos y logos: ... por un lado, la razn

    condena al mito y debe exorcizarlo ; por el otro, la verdad no se deja encerrar tan f-

    cilmente en el nico lenguaje de la razn conceptual .... De esa al parecer insoslayable

    ambigedad no se libra ni siquiera Platn, cuya obra, a pesar de constituir un modelo de

    rigor en las demostraciones y en el lenguaje en relacin con la bsqueda de la verdad, se

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    nutre no obstante decididamente de relatos mticos. Pero este pensador, como hemos

    visto, no se limita a reflejar los mitos tal como le fueron transmitidos, sino que recren-

    dolos segn su propio estilo y adaptndolos a sus intenciones crea un nuevo gnero (el

    mito filosfico), cuyas caractersticas, segn Droz, son las siguientesc:

    1) El mito se presenta bajo la forma de un relato ficticio ; su forma narrativa,fantasiosa, burlesca o dramtica, lo aproxima a la fbula, la parbola o la ale-gora, pero lo distingue de la simple imagen, de la metfora, del paradigma ode la analoga.

    2) El mito rompe con la demostracin dialctica, interrumpe el discurso conceptual y se propone, ms o menos explcitamente, como otro tipo de discurso:ya no abstracto sino lleno de imgenes, ya no deductivo sino narrativo, ya noargumentativo sino sugestivo.

    3) El mito no es, en tanto que tal, un mtodo para buscar la verdad, sino un m-

    todo para exponer lo verosmil.

    4) Si bien el mito no aspira a la verdad absoluta, aspira en cambio al sentido ;debe, por tanto, ser superado, traducido, interpretado y descifrado.

    5) El mito contiene implcitamente una doble intencin pedaggica: ilumina alinterlocutor en dificultades y descansa al espritu fatigado, o se convierte enel sostn de una discusin que enreda y se estanca.

    De cara a clasificar los mitos platnicos distingue Droz dos modos posibles de

    agruparlosci

    :

    a) Por su forma y su funcin (P. Frutigier):

    Alegricos (Prometeo, Teuth, etc.) Genticos (Nacimiento de Eros, La Atlntida, etc.) Paracientficos (Gnesis del mundo, Morada del alma despus de la

    muerte, etc.)

    b) Por su contenido:

    La condicin humana La liberacin espiritual El destino de las almas etc.

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    En opinin de Drozcii, el texto platnico, tanto en el Timeo como en el Critias,

    est dominado por una relacin dialctica en virtud de la cual se contraponen claramen-

    te dos imgenes: la tierra y el mar, ambas con referencia a la ciudad de Atenas ; as dice:

    Atenas es una potencia terrestre que vive de los productos de su suelo y en el interiorde sus fronteras, sin excesos ni deseos de expansin, en la estabilidad, el equilibrio y la autosu-ficiencia. La Atlntida es una potencia martima, orientada constantemente hacia el exterior,poseda por el deseo de incrementar sus riquezas mediante el comercio y de extender sus territo-rios mediante conquistas. Pueblos de mercaderes, de marinos, de guerreros siempre listos para laagresin ; el mar les enriquecer y les perder.

    La Atlntida, segn esta manera de ver las cosas, no sera, entonces, ms que

    una transposicin al terreno mtico de los problemas reales de la polis ateniense, tal co-

    mo Platn las interpreta desde su punto de vista. La filosofa se interna de esta forma en

    el terreno de la cultura griega. Para Jean-Pierre Vernant

    ciii

    , por ejemplo, resulta cuandomenos sorprendente la concordancia de objetivos que se puede observar en dos esque-

    mas culturales que aparentemente tienen poco en comn: el modelo cosmolgico de los

    primeros filsofos jonios y el modelo poltico de la politeia clistnicaciv. La reforma de-

    mocrtica de Clstenes, como este autor hace notar, se rige, efectivamente, por el equili-

    brio entre contrarios que propugnaban pensadores como Anaximandro y Herclito, y

    podramos aadir de nuestra propia cuenta que el hecho de que el territorio del Atica

    fuera dividido por este legislador precisamente en 10 tribus, y stas a su vez en 3 cir-

    cunscripciones cada una, hace pensar en la mstica numrica de los pitagricoscv

    . Estatendencia se acenta, segn Vernantcvi, en Platn, aunque ya desde una ptica diferente

    y bajo circunstancias polticas radicalmente distintas:

    En el siglo VI, lo esencial era definir y promover un orden propiamente humano. Sepodra decir que el filsofo, cuando se representaba el orden del mundo, tena los ojos puestos enla ciudad. En el siglo IV, el filsofo tiene la vista dirigida hacia lo divino ; l contempla el cielo,los astros, sus movimientos regulares. Es a partir de ellos como concibe a su imagen el orden dela ciudad an cuando la historia ha arruinado ya las estructuras tradicionales. El problema, paraClstenes, era el renacimiento de las instituciones atenienses ; para Platn, el fundamento de laciudad.

    La politeia platnica (y no olvidemos que, como hemos visto, el objetivo pri-

    mordial de Platn, tanto en Las Leyes como en el Timeo y el Critias, dilogos en los que

    aparece el mito de la Atlntida, no era otro que el de discutir algunos aspectos cruciales

    de su proyecto poltico) se plantea, segn Vernantcvii, como una especie de Anttesis de

    la constitucin clistnica, aunque hay que reconocer que en cierto sentido permanece

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    fiel a su espritu, puesto que ambas se inspiran directa o indirectamente en el concepto

    de isonoma (= igualdad) que aparece en la retra de Licurgocviii. En Platn, ... la dife-

    renciacin de clases da lugar a una verdadera segregacin fundada en una diferencia

    de naturaleza entre los miembros de las diversas categoras funcionales que no deben

    encontrarse mezcladas en ningn plano. Para ilustrar esto el filsofo propone su pecu-liar versin del mito hesidico de los metales. En la Repblica ideal de Platn, efecto-

    vamente, los ciudadanos, segn las virtudes de que hagan gala, estarn divididos en cua-

    tro jerarquas sociales y polticascix:

    a) Ciudadanos de ORO p Gobernantes (Filsofos) ; sabidura

    b) Ciudadanos de PLATA p Defensores ; valor

    c) Ciudadanos de HIERRO y BRONCE p Artesanos y campesinos ; templan-za y justicia

    d) Servidores ; esclavos(sin virtud) trabajadores manuales

    comerciantes.

    Al contrario que en el caso de Clstenes, el espacio y el tiempo polticos de Pla-

    tn no se encuentran delimitados, sino que se rigen por el orden divino del cosmos ; la

    oposicin entre ciudad y campo desaparece de este modo, de manera que, como lo pone,

    Vernantcx, ... la polis platnica, que es en muchos aspectos ... lo contrario de la ciu-

    dad clsica, es tambin la verdadcxi

    . Es, sin duda, en la Leyes donde el modelo de un

    espacio poltico geometrizado, que caracteriza a la civilizacin griega, se encuentra en

    sus rasgos especficos ms firmemente dibujado. Algo parecido es lo que dice al res-

    pecto Pierre Vidal-Naquet, aludiendo de paso a la dialctica que desarrolla Platn entre

    lo particular y lo universal, entre microcosmos y macrocosmoscxii:

    En Platn, el hombre mismo es una ciudad en que se enfrentan fuerzas antagnicas ;en cuanto a la ciudad del filsofo, ya no encuentra su modelo en la ciudad emprica, sino en el

    orden del universo ; ... Marginado por la ciudad real, Platn se refugiar en esa repblica dentrode nosotros mismos.

    Este ltimo autor, de acuerdo con lo anteriormente citada Genevive Droz, opta

    por relegar la Atlntida al terreno de lo nico ; no se trata, para l, ms que de ... uno

    de esos modelos que a Platn tanto le gustaba imaginar y que le permitan dramatizar

    un

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    un debate abstracto. Resulta intil, por tanto, considerar los escritos platnicos como

    fuentes histricos como hemos visto que hacen algunos, ya que Platn, segn Vidal-

    Naquetcxiii, nunca pretendi expresarse en trminos de fuentes como haca, por ejem-

    plo, Herodoto, sino ms bien refirindose a los susodichos modelos. Tampoco est de

    acuerdo Vidal-Naquet con aquellos que, como Friedlnder y Bidez, ven en la Atlntidauna especie de transposicin ideal del oriente y del mundo persa cxiv, aunque reconoce

    que el enfrentamiento entre la ciudad mtica y Atenas se puede interpretar en cierto

    sentido como una transposicin del eterno conflicto entre griegos y brbaros (Troya,

    Guerras Mdicas, etc.). Su interpretacin del mito es bsicamente la misma que la que

    propone Droz ; se fundamenta en el antagonismo tierra-mar, que desarrollado conve-

    nientemente lleva a ambos autores a pensar que la Atlntida no es en realidad otra cosa

    que la propia Atenas mitificada, y as dicecxv:

    ... los atenienses que remodel Platn no se embarcaban en navos ... En la tierra y no en elmar es donde los atenienses vencen a los atlantes, pueblo martimo. Extraa Atenas y extraoOriente ... No habr de conducirnos un examen ms profundo de los textos, sin negar loadquirido, a una interpretacin ms compleja del conflicto de las dos ciudades? Al dar con laAtlntida y vencer, a quin vence en realidad la Atenas de Platn, sino a s misma?

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    Pierre Vidal-Naquet cree poder justificar racionalmente la anterior aseveracin

    mediante el estudio pormenorizado de los textos platnicos en cuestin, en los cuales,

    segn su opinin, se refleja claramente esa dualidad tierra-mar a que antes nos refera-

    mos. As, se nos dicecxvi que en la cosmologa de Platn, tal como viene expuesta en el

    Timeo, la tierra resulta ser el ms estable de los 4 elementos (v.gr., tierra, agua, aire yfuego)cxvii. Platn hace, efectivamente, una interpretacin matemtica de los mismos

    bajo influencia pitagrica, asignando a cada uno su figura geomtrica correspondien-

    tecxviii:

    FUEGO p Tetraedro (mvil) (pequeo, agudo)AIRE p OctaedroAGUA p IcosaedroTIERRA p Cubo (inmvil)

    Segn la interpretacin de Vidal-Naquetcxix, Platn consideraba a la Atenas pri-

    mitiva (v.gr., la polis agraria y aristocrtica anterior a las reformas de Clstenes) como la

    representacin de lo Mismo, lo invariable. En ese sentido, la Atlntida nunca podra in-

    terpretarse como representacin poltica de lo Otro, de algo con existencia propia, ya

    que, como Platn tena muy claro, lo otro no es. Tal afirmacin estaba ya bastante

    acendrada en la mentalidad griega desde que Parmnides de Elea, alrededor del aos

    500 a.d.C., pontificase la unidad de la razn: El ser es, y el no-ser no escxx ; la teora

    de la ideas platnica parta del desarrollo de esa suposicin. Para Platn, por tanto, este

    mundo sensible era completamente irreal, un mero reflejo o sombra del verdadero

    SER. A este Ser no se puede llegar por medio de los sentidos, sino slo mediante el ra-

    zonamiento. El mundo de las ideas, o mundo inteligible, segn eso, tendra las si-

    guientes caractersticascxxi:

    1)Multiplicidad de las cosas sensibles y unidad de la idea.

    2)Las ideas son entes reales, y no conceptos mentales.

    Participacin de las cosas a las ideas (metexis) Presencia de las ideas en las cosas (parousia).

    3)Las cosas son imitacin (mimesis) de las ideas.

    Platn pensaba que la sociedad ateniense se haba ido degradando: haba perdido

    aquello que aseguraba su permanencia e invariabilidad, y esa haba sido la causa de su

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    CONCLUSIONES: Ciencia oficial y paraciencia en torno a unMito

    Todos los autores de libros paracientficos (o pseudocientficos) acerca del te-ma que aqu nos ocupa que hemos consultado se quejan de que sus teoras han tenido

    menos difusin de la que merecan por culpa de la oposicin sistemtica de la ciencia

    oficial, que se niega a aceptar una serie de verdades archidemostradas. As, Louis Char-

    pentiercxxx, por ejemplo, cree que la duda generalizada acerca de la suposicin de que la

    Atlntida hubiese existido alguna vez tiene origen evanglico ; el solo hecho de pensar

    en la posibilidad de que se hubiese originado una civilizacin avanzada en occidente y

    con anterioridad a las clsicas del Oriente Prximo sera poco menos que ... un caso de

    excomunin mayor , pues vendra a ser algo as como contravenir flagrantemente a lopromulgado por las Sagradas Escrituras. Y todos esos autores achacan a la ciencia mo-

    derna actitudes igualmente inquisitoriales ante cualquier nueva conjetura que pretenda

    salirse de los cauces ya trillados. Para el conocido divulgador de la ciencia Martin Gard-

    nercxxxi, tales aseveraciones no indican otra cosa que un profundo desconocimiento de lo

    que es y significa el Mtodo Cientfico por parte de quienes las hacen. La Ciencia no

    pretende, en absoluto, ser depositaria exclusiva de la verdad (cosa que, por otra parte, s

    que pretende la Iglesia Catlica, por ejemplo): Slo en la lgica y la matemtica puras

    se pueden considerar enunciados absolutamente ciertos, pero para llegar a esta clase

    de verdad se paga un precio muy alto, consistente en que dichos enunciados no nos di-

    cen nada acerca del mundo. El resto de las proposiciones cientficas estn sujetas a

    una inevitable ambigedad, que es asumida perfectamente por todo cientfico que se

    precie:

    Todo el mundo est de acuerdo en que la ciencia avanza por la comprobacin cons-tante de nuevas hiptesis, de las que hay que desechar la mayora ... De modo anlogo, las pro-puestas continuas de teoras heterodoxas, la mayora de las cuales resultan defectuosas, sonesenciales para el progreso de la ciencia. Contrariamente a lo que alguna gente cree, las revistas

    de prestigio estn atestadas de tales especulaciones inconformistas, y el camino seguro a la famaconsiste en proponer una teora estrafalaria que a la larga resulta confirmada, a menudo frente auna intensa resistencia por parte de los escpticos. Dicha resistencia es a la vez comprensible ynecesaria. La ciencia sera un caos total si los expertos abrazaran en seguida, o incluso si tratarande refutar cualquier teora excntrica que se presentase.

    El procedimiento seguido por los paracientficos suele ser parecido a lo que

    Kant llamaba paralogismos de la razn puracxxxii: en un razonamiento, alguna de las

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    premisas propuestas es dudosa (o pueden serlo varias de ellas, o incluso todas), con lo

    cual la conclusin tampoco resulta creble. As, Charpentier parte, como hemos visto, de

    aceptar los datos de la Astrologa como absolutamente fiables, lo cual dista mucho de

    ser aceptado unnimemente (nada lo es) por la comunidad cientfica, la cual, por ende,

    no aceptar tampoco los resultados de su investigacin. Con Deruelle ocurre otro tanto:l hace, amparndose en su declarada falta de experiencia en el campo de la Arqueolo-

    ga, una serie de interpretaciones no muy ortodoxas de los datos suministrados por el

    C14 (que, por supuesto, no son corroborados con los correspondientes hallazgos arqueo-

    lgicos), y luego pretende que sus conclusiones sean poco menos que irrebatibles. Pero

    la ciencia, como ya hemos apuntado, no trabaja con verdades incuestionablescxxxiii. Mar-

    tin Gardner aventura una posible explicacin del sorprendente y repentino auge actual

    (en una sociedad cada vez ms tecnificada y en teora cada vez ms escptica) del inte-

    rs por lo misterioso, lo esotrico y lo paracientficocxxxiv:

    Como siempre ocurre con tales manas, tienen mltiples causas: el declive de las creen -cias religiosas tradicionales entre la gente mejor educada, el resurgir del fundamentalismo pro-testante, el desencanto para con la ciencia por haber creado una tecnologa que daa el medioambiente y haber producido armas de guerra terribles, una formacin cientfica cada vez ms po-bre en los niveles escolares, y muchos otros factores ... papel de los medios de comunicacin co-mo factor realimentador de este proceso. Siempre ha sido as, pero el fantstico poder de la tele-visin y las pelculas para influir sobre la opinin pblica ha hecho que esta realimentacin seahoy en da una fuerza capaz de acelerar rpidamente cualquier moda.

    Descartadas por las razones arriba expuestas todas las teoras acerca de la Atln-

    tida a que nos hemos referido en los ltimos prrafos que no por ello dejan de ser inte-

    resantes y hasta sugerentes ; en caso contrario no les hubiramos dedicado tanto espa-

    cio-, slo nos queda considerar el intento de explicacin antropolgica de este mito

    platnico llevado a cabo porGenevive Droz y Pierre Vidal-Naquet. Estos autores ba-

    san su investigacin en la exgesis de textos, y pretenden relacionar el escrito de Platn

    en cuestin con el resto de la obra de ese autor, as como con la sociedad ateniense de su

    poca. Sobre todo hacen hincapi en el giro copernicanocxxxv que da la filosofa de Pla-

    tn en la ltima etapa de su vida, cuando ste le imprime a su pensamiento un tinte msreligioso-mstico por influencia de los pitagricos, pero sin abandonar nunca su preocu-

    pacin primigenia acerca de la ciudad ideal, que contrapone a la Atenas que le toc

    vivir. Platn, como prueban sus escritos polticos, no estaba en absoluto satisfecho con

    el cariz que estaban tomando los acontecimientos en su ciudad natal. Hay quien afirma

    que el filsofo, como aristcrata que era, no poda aceptar un rgimen democrtico que

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    no slo pona en cuestin sus privilegios, sino que adems haba condenado a muerte a

    su maestro y amigo Scrates. Tales circunstancias hacen suponer a ms de uno que Pla-

    tn, al igual que Jenofonte (tambin discpulo de Scrates), defenda acrrimamente el

    modelo poltico militarista espartano. Ese extremo est por demostrar, ya que, por lo

    que se desprende de la lectura de los textos platnicos, sus preferencias iban ms bienpor un rgimen mixto monrquico-democrticocxxxvi ; este aspecto tampoco queda de-

    masado claro.

    Existen, segn nuestro punto de vista, diversas razones para encontrar plausible

    la explicacin de Droz y Vidal-Naquet de que la Atlntida no es en realidad otra cosa

    que una transposicin mtica de la Atenas de Platn . Por lo pronto, hay dos detalles que

    nos inclinan a pensar que la Atlntida nunca existi fsicamente. En primer lugar est el

    pasaje del Critias donde se nos dice que Zeus entreg a Poseidn una isla con una granplanicie frtil, abundante en caza, metales y todo lo necesario para una vida agradable.

    No puede tratarse, desde luego, de una narracin con base histrica, puesto que en la

    mitologa griega todos los dioses y semidioses posean una planicie parecida, una espe-

    cie de Paraso Terrenal donde no haca falta trabajar (slo los humanos trabajan: Gana-

    rs el pan con el sudor de tu frente), pues la tierra lo daba todo de balde. Vase, por

    ejemplo, el pasaje de la Odisea sobre Calypso (terrible diosa de voz humana) y los

    lestrigonescxxxvii. La llanura, por otro lado, podra ser pensamos- otra transposicin

    mtica: para los griegos, que habitaban un terreno montaoso e incmodo, difcil de cul-tivar, poseer una gran planicie frtil tena que ser, desde luego, un privilegio de los dio-

    ses. Adems, est el tema del palacio de Poseidn: segn el Critias, estaba construido

    en oro, marfil y auricalco. Jean Deruelle propone que ese misterioso auricalco no era

    otra cosa que mbarcxxxviii. Si dicho autor lleva razn en lo que parece constituir una de

    las pocas intuiciones felices de su libro, entonces la vivienda del presunto rey de la

    Atlntida es tan mtica como el resto de la isla. Pues da la casualidad de que el palacio

    que Menelao posea en Esparta, segn refleja la Odisea, estaba construido igualmente

    en oro, marfily mbarcxxxix. Y, desde luego, no aceptamos que el tal Menelao tambinfuese uno de tantos atlantes descarriados que, segn cuentan, recorran el mundo por

    aquellos entonces.

    El tema de la Atlntida ha dado, como ha podido verse a lo largo de estas pgi-

    nas, muchsimo que hablar a multitud de autores, unos ms de fiar que otros. Nuestro

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    cometido en este estudio ha consistido simplemente, como advertamos en la Introduc-

    cin, en dar cumplida cuenta de algunas de esas interpretaciones del texto platnico (las

    ms interesantes a nuestro parecer, y dentro de las disponibilidades bibliogrficas), tra-

    tando de distinguir las ms plausibles de las que no nos lo parecan tanto, y dando nues-

    tra inexperta opinin al final. Creyendo, pues, haber cumplido sobradamente con nues-tra misin, damos por terminado el trabajo.

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    SINNET, A.P., 1982, El budismo esotrico, Barcelona, Teorema

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    OBRAS DE CONSULTA:

    Britannica-97 CD

    Encarta-2000

    Enciclopedia Planeta Multimedia

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    NOTAS:

    i FERRATER MORA, Jos, 1979, Diccionario de Filosofa (3), Madrid, Alianza, pp. 2236-39ii ABBAGNANO, Nicolai, 1973, Historia de la Filosofa (3), Barcelona, Montaner & Simn, pg. 151iii Anacreonte (hacia 572-488 a.C.), poeta lrico griego, nacido en Teos, Asia menor (actualmente SiHacik,Turqua). Pas la mayor parte de su vida en Samos, Atenas y Tesalia. Anacreonte se hizo conocido porsus stiras y poemas breves, que han proporcionado el nombre de anacrenticas a los tipos similares depoesa. Slo se han conservado unos pocos fragmentos de su obra. En general se trata de canciones ligerasde amor y vino, notables por su simplicidad y claridad de expresin. [ Encarta-2000]iv

    DETIENNE, Marcel, 1985, La invencin de la mitologa, Barcelona, Pennsula, pp. 62-63v ibid., pg. 64vi ibid., pp. 85-88vii Homero es, de manera directa, el padre de toda la literatura griega posterior: el teatro, la historiografa eincluso la filosofa, llevan la huella de los temas, cmicos y trgicos, planteados en estas epopeyas, as co -mo de las tcnicas homricas. Para los ltimos poetas picos de la literatura occidental Homero ha sidosiempre el maestro indiscutible (an cuando, como en el caso de Dante, no conocieran sus obras directa-mente). Pero curiosamente, para sus ms notables seguidores, la obra de Homero fue tanto modelo comoobjetivo. As, por ejemplo, la Eneida, de Virgilio viene a refutar el sistema individualista de valores de lapica homrica, y en las escenas ms homricas de El paraso perdido, del poeta ingls John Milton, lasestrofas que describen la batalla en el cielo son esencialmente cmicas. En lo que respecta a la novela,Don Quijote de La Mancha (1605), de Miguel de Cervantes, o Ulises (1922), del irlands James Joyce,cuanto ms homricas son ms tienden a la parodia y a la burla de la pica. Lo cierto es que desde lostiempos de Homero, ningn autor ha logrado reunir su genio pico y su erudicin. [Encarta-2000]vii

    Protgoras (c.4

    80-c.4

    11 a.C), filsofo griego, nacido en Abdera, Tracia.E

    n el44

    5 a.C. se establecien Atenas, donde lleg a ser amigo del estadista Pericles y consigui gran fama como maestro y filsofo.Fue el primer pensador en llamarse a s mismo sofista y en ensear a cambio de dinero, recibiendo gran-des sumas de sus alumnos, Ense gramtica, retrica e interpretacin de la poesa. Sus obras principales,de las que slo perduran algunos fragmentos, fueron tituladas Verdady Sobre los dioses. El fundamentode su reflexin fue la doctrina de que nada es bueno o malo, verdadero o falso, de una forma categrica yque cada persona es, por tanto, su propia autoridad ltima ; esta creencia se resume en su frase El hom-bre es la medida de todas las cosas. Acusado de impiedad, Protgoras se exili, pereciendo ahogado enel transcurso de su viaje a Sicilia. Dos clebres dilogos de Platn, Teeteto y Protgoras, rebatieron lasdoctrinas de Protgoras. [ibid.]viii MONDOLFO, Rodolfo, 1964, El pensamiento antiguo (II), Buenos Aires, Losada, pp. 131 ss.

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    ix La contradiccin es un concepto lgico que significa la afirmacin y la negacin simultnea de un mis-mo objeto o de una misma propiedad. Se expresa en el llamado principio de contradiccin, que afirmaque no es posible que algo sea y no sea al mismo tiempo y en el mismo sentido. Este principio ha ocupa-do un papel importante en la lgica desde Aristteles ; como tal principio, puede ser considerado un axio-ma que se encuentra en la base de toda demostracin y no precisa ser demostrado. De ah que uno de loselementos ms importantes de la lgica fuera la necesidad de detectar las contradicciones para eliminar-

    las. Sin embargo, algunos filsofos, como Hegel, han hecho de la contradiccin y de la posibilidad de susuperacin un componente esencial de su filosofa. El tratamiento formal del principio de no contradic-cin se encuentra en la lgica matemtica y es uno de los principios fundamentales de la deduccin lgi-ca. [Encarta-2000]x Hecateo de Mileto (fl. finales siglo VI-principios siglo V a.C.), historiador y gegrafo griego. Natural deMileto, en el 494 fue embajador ante el strapa persa Artafernes para negociar la paz despus de unarevuelta de las ciudades de Jonia, Indiscutible autor de Genealogas, versin en prosa de la historia msantigua de Grecia basada en la mitologa griega a la que la obra de Herodoto debe mucho, se le atribuyenlos dos libros de Descripcin de la Tierra (tambin conocido como Periegesis o Viaje alrededor delmundo), uno de ellos dedicado a Europa y el otro a Asia, obra que contena un mapa de la Tierra basadoen otro anterior del matemtico y astrnomo Anaximandro. [ibid.]xi DETIENNE, op. cit., pp. 90 ss.xii ibid., pp. 106-107xiiiEn la Repblica platnica los ciudadanos, segn las virtudes que practiquen mayoritariamente,

    estn divididos segn hemos visto, en cuatro jerarquas sociales y polticas: (a) Ciudadanos de orop

    Gobernantes (fil-sofos) ; (b) Ciudadanos de platap Defensores (guardianes) ; (c) Ciudadanos dehierro y broncep Artesanos y campesinos ; (d) Servidoresp esclavos, trabajadores manuales y comer-ciantes. [MON-DOLFO, op. cit., pg. 266]xiv DETIENNE, op. cit., pg. 10xvEl neoplatonismo fue una corriente filosfica formada en Alejandra en el siglo III d J.C. y divulgadapor diversas escuelas hasta el siglo VI. El neoplatonismo recibe aportaciones filosficas muy diversas (dePitgoras, Aristteles, Zenn y, sobre todo, Platn), adems de otras influencias (mstica de origen hindy judo). Su fundador parece ser Amonio Saccas, y su ms notable representante es, en todo caso, Plotino,cuyas lecciones redact y public Porfirio, quien pas a dirigir la escuela alejandrina, mientras que Jm-blico (editor en Roma de las Enadas) fundaba una sucursal en Siria y su discpulo Edesio de Capadocialo hara ms tarde en Prgamo. En el neoplatonismo, el principio de lo real es la unidad absoluta (el Uno),de la que emana el Logos (Verbo o Inteligencia, seno de las ideas de las cosas posibles) y, de l, el Al-ma, principio del movimiento y de la materia. Todo lo engendrado aspira a la perfeccin del principio del

    que procede, pero, en el caso del hombre, la liberacin de la materia requiere el xtasis y la autonegacin.El neoplatonismo (ya presente en Agustn y dominante en el Pseudo Dionisio) late en la escolstica me-dieval hasta el renacimiento. [Enciclopedia Planeta Multimedia]xviEl pensamiento de Platn surge en una poca de crisis poltica de Atenas (tras la guerra del Peloponesoy la derrota frente a Esparta), y es la democracia que sigue a los treinta tiranos la que condena a Scrates.Adems, la cada de los tradicionales valores religiosos y morales da paso al relativismo tico de los so-fistas y al debate sobre la base convencional o natural de la ley. Platn busca una respuesta a tales proble-mas, Sale en defensa de la memoria de Scrates, elabora la teora de las ideas (hay, pues, valores y virtu-des en s, ms all de toda convencionalidad), establece la justicia en s como fundamento del orden so-ciopoltico, eleva el eros a categora ideal, presenta la figura del filsofo (crtico para con la realidad, si-t