Los Actos Fallidos

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sigmund freud

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Los actos fallidos, caps. II y III de las Conferencias de introduccin al Psicoanlisis (1916)

Leccin II. Los actos fallidos

Seoras y seores:

Comenzaremos esta segunda leccin no con la exposicin de nuevas hiptesis, sino con una investigacin, eligiendo como objeto de la misma determinados fenmenos muy frecuentes y conocidos, pero insuficientemente apreciados, que no pueden considerarse como producto de un estado patolgico, puesto que son observados en toda persona normal. Son estos fenmenos aquellos a los que nosotros damos el nombre de funciones fallidas (Fehlleistungen) o actos fallidos (Fehlhandlungen), y que se producen cuando una persona dice una palabra por otra (Versprechen=equivocacin oral), escribe cosa distinta de lo que tena intencin de escribir (Verschreiben=equivocacin en la escritura), lee en un texto impreso o manuscrito algo distinto de lo que en el mismo aparece (Verlesen= equivocacin en la lectura o falsa lectura), u oye cosa diferente de lo que se dice (Verhren = falsa audicin), claro es que sin que en este ltimo caso exista una perturbacin orgnica de sus facultades auditivas. Otra serie de estos fenmenos se basa en el olvido; pero no en un olvido duradero, sino temporal; por ejemplo, cuando no podemos dar con un nombre que nos es, sin embargo, conocido, y que reconocemos en cuanto otra persona lo pronuncia o logramos hallar por nosotros mismos al cabo de ms o menos tiempo, o cuando olvidamos llevar a cabo un propsito que luego recordamos y que, por tanto, slo hemos olvidado durante determinado intervalo. En un tercer grupo de estos fenmenos falta este carcter temporal; por ejemplo, cuando no logramos recordar el lugar en que hemos guardado o colocado un objeto o perdemos algo definitivamente. Trtase aqu de olvidos muy distintos de los que generalmente sufrimos en nuestra vida cotidiana y que nos asombran e irritan en vez de parecernos perfectamente comprensibles.

A estos casos se suma una gran cantidad de pequeos fenmenos conocidos bajo diversos nombres, y entre ellos determinados errores en los que vuelve a aparecer el carcter temporal, como, por ejemplo, cuando durante algn tiempo nos representamos determinadas cosas de una manera distinta a como antes sabamos que eran y como tiempo despus confirmaremos que en realidad son. Todos estos pequeos accidentes, que poseen un ntimo parentesco, como se nos muestra ya en el hecho de que los nombres con que (en alemn) los calificamos tienen comn el prefijo ver, son, en su mayora, insignificantes, de corta duracin y escasa importancia en la vida cotidiana. Slo en muy raros casos llega alguno de ellos (por ejemplo; la prdida de objetos) a alcanzar alguna trascendencia prctica. Esta falta de trascendencia hace que no despierten nuestra atencin ni den lugar ms que a efectos de muy escasa intensidad.

Sobre estos fenmenos versarn varias de las conferencias que ante vosotros me propongo pronunciar aunque estoy seguro de que el solo enunciado de este propsito ha de despertar en vosotros un sentimiento de decepcin. Existen -pensaris-, as en el extenso mundo exterior como en el ms restringido de la vida psquica, tantos oscuros problemas y tantas cosas extraordinarias y necesidades de un esclarecimiento en el campo de las perturbaciones psquicas, que parece realmente frvolo y caprichoso prodigar el esfuerzo y el inters en tales nimiedades. Si pudierais explicarnos por qu un hombre cuyos rganos visuales y auditivos aparecen totalmente normales llega a ver en pleno da cosas inexistentes, o por qu otros se creen de repente perseguidos por aquellas mismas personas que hasta el momento le inspiraban mayor cario, o construyen en su pensamiento, con sorprendente ingeniosidad, absurdos delirios que un nio hallara desatinados, entonces diramos que el psicoanlisis mereca todo nuestro respeto y atencin. Pero si el psicoanlisis no puede hacer otra cosa que investigar por qu un orador de banquete comete un lapsus linguae, por qu una buena ama de casa no consigue encontrar sus llaves, o tantas otras futilidades del mismo gnero, entonces, realmente, nos parece que hay problemas ms interesantes a los que podramos dedicar nuestro tiempo y nuestro inters.

Mas a esto os respondera yo: Tened paciencia; vuestra crtica es totalmente equivocada. Cierto es que el psicoanlisis no puede vanagloriarse de no haber dedicado jams su atencin a nimiedades, pues, por el contrario, los materiales que somete a observacin son, en general, aquellos sucesos inaparentes que las dems ciencias desprecian, considerndolos en absoluto insignificantes. Pero no confundiris en vuestra crtica la importancia de los problemas con la apariencia exterior de los signos en que se manifiestan? No hay acaso cosas importantsimas que en determinadas condiciones y momentos slo se delatan por signos exteriores debilsimos? Sin dificultad ninguna podra citaros numerosas situaciones de este gnero. De qu mnimos signos deducs los jvenes haber conquistado la inclinacin de una muchacha? Esperaris acaso una declaracin amorosa o un apasionado abrazo, u os bastar desde luego con una simple mirada apenas perceptible para una tercera persona, un fugitivo ademn o la prolongacin momentnea de un amistoso apretn de manos? Y cuando el magistrado emprende una investigacin criminal, necesita acaso para fijar la personalidad del delincuente encontrar en el lugar del crimen la fotografa y las seas del mismo, dejadas por l amablemente para evitar trabajo a la justicia, o se contenta con sutiles e imprecisas huellas que sirvan de base a su labor investigadora? Vemos, pues, que no tenemos derecho alguno a despreciar los pequeos signos, y que tomndolos en consideracin pueden servirnos de gua para realizar importantes descubrimientos.

Tambin yo, como vosotros, soy de la opinin de que los grandes problemas del mundo y de la ciencia son los que tienen preferente derecho a nuestra atencin; pero resulta, en general, de escassima utilidad formular el decidido propsito de dedicarnos por entero a la investigacin de alguno de estos grandes problemas, pues en cuanto queremos poner en prctica tal decisin hallamos que no sabemos cmo orientar los primeros pasos de nuestra labor investigadora. En toda labor cientfica es mucho ms racional someter a observacin aquello que primeramente encuentra uno bajo sus miradas, esto es, aquellos objetos cuya investigacin nos resulta fcil. Si esta primera investigacin se lleva a cabo seriamente, sin prejuicio alguno, pero tambin sin esperanzas exageradas, y si, adems, nos acompaa la suerte, puede suceder que merced a la conexin que enlaza todas las cosas entre s, y claro es que tambin lo pequeo con lo grande, la labor emprendida con tan modestas pretensiones nos abra un excelente acceso al estudio de los grandes problemas.

Con estos argumentos creo haber contestado a vuestras objeciones y conseguido, al mismo tiempo, que no me neguis vuestra atencin durante las lecciones que dedique a tratar de los actos fallidos del hombre normal, fenmenos tan insignificantes al parecer. Como primera providencia, nos dirigiremos a alguien totalmente extrao al psicoanlisis, y le preguntaremos cul es la explicacin que da a la produccin de estos hechos. Seguramente comenzar por respondernos que tales fenmenos no merecen esclarecimiento alguno, pues se trata nicamente de pequeos accidentes casuales. Mas qu es lo que con esta frase quiere significar? Querr acaso afirmar que existen sucesos tan insignificantes que se encuentran fuera del encadenamiento de la fenomenologa universal y que lo mismo hubieran podido no producirse? Pero el romper de este modo el determinismo natural, aunque sea en un solo punto, trastornara toda la concepcin cientfica del mundo (Weltanschauung). Debemos, pues, hacer ver a quien as nos contesta todo el alcance de su afirmacin y mostrarle que la concepcin religiosa del mundo se conduce ms consecuentemente cuando sostiene que un gorrin no cae de un tejado sin una intervencin particular de la voluntad divina.

Supongo que ante este argumento no intentar ya nuestro amigo deducir la consecuencia lgica de su primera respuesta, sino que se rectificar, diciendo que si l se dedicara a la investigacin de estos pequeos fenmenos, acabara por encontrarles una explicacin, pues se trata, sin duda, de pequeas desviaciones de la funcin anmica o inexactitudes del mecanismo psquico, cuyas condiciones habran de ser fcilmente determinables. Un sujeto que, en general, hable correctamente, puede muy bien cometer equivocaciones orales en los casos siguientes: 1., cuando se halle ligeramente indispuesto o fatigado; 2., cuando se halle sobreexcitado; 3., cuando se halle excesivamente absorbido por cuestiones diferentes a aquellas a las que sus palabras se refieren. Estas afirmaciones pueden ser fcilmente confirmadas. Las equivocaciones orales se producen con particular frecuencia cuando nos hallamos fatigados, cuando padecemos un dolor de cabeza o en las horas que preceden a una jaqueca. En estas mismas circunstancias se produce tambin fcilmente el olvido de nombres propios, hasta el punto de que muchas personas reconocen en tal olvido la inminencia de una jaqueca. Del mismo modo, cuando nos hallamos sobreexcitados, confundimos fcilmente ya no slo las palabras, sino tambin las cosas, hacindonos reos de actos de aprehensin errnea, y los olvidos de proyectos y otra gran cantidad de actos no intencionados se hacen particularmente frecuentes cuando nos hallamos distrados, esto es, cuando nuestra atencin se halla concentrada sobre otra cosa. Un conocido ejemplo de tal distraccin nos es ofrecido por aquel profesor del Fliegende Blatter que olvida su paraguas y se lleva un sombrero que no es suyo, porque su pensamiento se halla absorto en los problemas que se propone tratar en un prximo libro. Por propia experiencia conocemos todos los casos de olvido de propsitos o promesas, motivados por haberse producido, despus de concebir los primeros o formular las segundas, suces