LOS BORBONES DE FRANCIA EN EL IMPÁS .Allende los Pirineos, los Borbones de Francia en el impás

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  • E n la Europa del siglo XVIII, como en la Europa de hoy, los debates y las modas polticas e intelectuales cru-zan alegremente las fronteras. En esa poca, pocos temas fueron tan discutidos en los sectores interesadosen la economa poltica como el del catastro, un medio tcnico que deba, segn sus partidarios, resolver de

    una vez numerosos problemas sociales, econmicos y polticos. Con la libre circulacin de granos, el catastro

    supuso en el siglo XVIII lo que supusieron las nacionalizaciones en los aos sesenta, la desregularizacin en los

    ochenta y la tasa Tobin en el 2000: el remedio milagroso del que se poda esperar una reduccin, o incluso la

    desaparicin, de las dificultades financieras de los Estados y un estmulo fuerte del desarrollo econmico.

    LOS CATASTROS, UN REMEDIO PARA TODO

    Un remedio financiero de paz despus de la guerra

    En la Francia del siglo XVIII, como en el resto de Europa, los proyectos de catastro son hijos de los dficits

    financieros provocados por las guerras. En efecto, los conflictos europeos generalizados del siglo XVIII, la

    Guerra de los Treinta Aos y por consiguiente las guerras de Luis XIV, dejaron maltrechas las arcas de casi

    todos los Estados del continente y llevaron a experimentar soluciones diversas tendentes a sanear y consoli-

    dar las finanzas pblicas. De forma prioritaria, la atencin se centr en el impuesto sobre bienes races y su

    correlativo catastro cuyo mrito consista en tener una base reputada como infalible. En Inglaterra, donde la

    monarqua careca de recursos regulares anlogos a la talla francesa, la land tax hizo su aparicin a partir de

    1691. En el Piamonte, el origen del catastro general en 1728 remite a una decisin de 1697. En Lombarda,

    el mismo proceso se inici en 1718. La Espaa de los Borbones se lanz a la aventura a partir de 1715 con el

    catastro de Catalua, dirigido por Jos Patio, con quien trabaj Ensenada, quien a su vez inici el catastro

    de Castilla en 1750. Una de las razones por las que muchos gobiernos se dejaron seducir por los catastros fue

    por su capacidad para funcionar solos, una vez confeccionados. Con ellos se evitaban los complicados arbi-

    trajes anuales, generadores siempre de protestas. El establecimiento de un impuesto sobre la propiedad de

    bienes races sistemticamente registrados deba poner fin al debate y permitir la estabilidad del gravamen

    en el tiempo, lo que garantizara su arraigo. El catastro era un remedio estructural y de paz frente a los pro-

    blemas provocados por la guerra. Desaconsejado en particular por Vauban, quien prefera un diezmo real

    (dme royal), sobre la renta, no estuvo en el programa de gobierno de la regencia de Philippe dOrlans. Para

    desbloquear la situacin de marasmo del reino, agravada por el endeudamiento del Estado, el prncipe deci-67

    ALLENDE LOS PIRINEOS,LOS BORBONES DE FRANCIA

    EN EL IMPS CATASTRAL

    M I R E I L L E T O U Z E RY

    Universit Paris XII

    Detalle del plano de Oissery enMultien (1780), del catastro de lageneralidad de Pars, con los escudosdel rey (arriba) y del intendente dePars, Louis Bnigne de Bertier deSauvigny, impulsor del mismo (abajo).(Archives dpartementales de Seine-et-Marne, 1C 43).

  • di recurrir al sistema econmico-financiero ideado por John Law. Este sistema, a pesar de dejar en la esta-

    cada a una parte de los acreedores del Estado y a su promotor mismo, permiti que tanto los particulares

    como el Estado pudiesen salir del endeudamiento masivo en que estaban sumidos, proceso en el que radica

    el dinamismo del siglo. La experiencia haba resultado dolorosa de todas maneras. Al trmino de la guerra

    de los Siete aos, como el dficit haba alcanzado de nuevo los niveles de la poca de Luis XIV [1], el Estado

    no tuvo ms remedio que volverse hacia soluciones ms clsicas. Entre los mtodos que todava no se haban

    probado y que por tanto permitan albergar esperanzas, se hallaba entonces el catastro, sometido a debate y

    en observacin desde principios de siglo. Se poda pensar que haba llegado su hora en el reino de Francia con

    la firma del Tratado de Pars, que pona fin a la guerra el 10 de febrero de 1763. El 13 de abril, Luis XV y

    su ministro Bertin promulgaban un edicto que anunciaba la realizacin de un catastro general del reino.

    Un remedio econmico

    El edicto real tuvo tanta ms repercusin cuanto que no se contentaba con apuntar a la resolucin del dfi-

    cit crnico del Tesoro, sino que pareca dar un paso hacia el plan de reforma econmica elaborado a partir de

    1750 por los fisicratas. En 1760, en efecto, en su Teora del impuesto, el marqus de Mirabeau, al expresar de

    manera contundente el punto de vista de la escuela formada en torno a Franois Quesnay, recomendaba el

    impuesto nico sobre el producto neto de la propiedad, y la supresin de toda imposicin indirecta y sobre

    la explotacin agrcola. De esta manera se incentivara la iniciativa de la clase agrcola til, la nica genera-

    dora de verdadera riqueza. Para los medios ministeriales, un catastro poda convertirse en el instrumento al

    servicio de dicha revolucin econmico-fiscal. Esta conclusin no era compartida de forma tan evidente por

    los fisicratas, que no haban previsto un catastro para percibir un impuesto nico.

    El establecimiento de un catastro, evocado con prudencia por Quesnay, habra de esperar a que la pro-

    duccin agrcola se liberase de sus trabas, principalmente con la instauracin de libertad de comercio. Esta

    libertad, que conllevara un alza de los precios y estimulara la produccin, aumentara sensiblemente la renta

    neta imponible del propietario. Un catastro establecido sin esperar esa consecucin del buen precio, rela-

    tivamente larga por fuerza, dara lugar a un gravamen incorrecto [2]. El catastro era, pues, incapaz de crear

    por s mismo una justicia fiscal, la cual dependa de la evolucin de los equilibrios econmicos. Por otra parte,

    un catastro parcelario levantado por iniciativa de la administracin central apareca vinculado a la concep-

    cin de un estado de economa tutelada, cuando Quesnay defenda el libre Estado del laisser faire, laisser pas-

    ser. Mirabeau consideraba igualmente que el catastro resultaba ms bien perjudicial para la armonizacin eco-

    nmica debido a su incapacidad para seguir las fluctuaciones del producto neto, al ser un instrumento no

    reactivo, que fija el valor de los bienes races por mucho tiempo. Y un catastro no poda concebirse, segn

    l, separado de una administracin descentralizada a nivel provincial y asegurada por los estados [3], a ima-

    gen del sistema provenzal, que sugera debera extenderse al conjunto del reino [4].

    El vnculo entre fisiocracia y catastro era, pues, cuando menos ambiguo. Sin embargo, los administra-

    dores estaban convencidos de que el catastro parcelario llevaba aparejado el impuesto nico; era sobre todo

    la opinin de Bertier de Sauvigny padre, intendente de la generalidad de Pars (gnralit de Paris), que utili-

    zaba esta idea para condenarlo. Del mismo modo, Turgot, intendente en Lemousin, basaba su gestin pro-

    vincial en una conjuncin entre la creacin de una imposicin territorial, el catastro, y las corrientes fisio-

    crticas que pona en marcha inmediatamente (disminucin del impuesto sobre la industria tax dindustrie).

    Cierto o no, el vnculo entre catastro y fisiocracia daba al primero un aura susceptible de colorear positiva-

    mente el proyecto. ste, a pesar de sus mltiples ventajas, no se llev a cabo, sin embargo, segn los deseos

    de la administracin monrquica.

    [1] GURY, Alain: Les finances de lamonarchie, en Annales E.S.C, 1978, p. 228.

    [2] QUESNAY, Franois: Analyse de la formule arithmtique du Tableau conomique[1766], prefacio de Michel Luftalla.Pars, 1969, p. 102.

    [3] Marquis de Mirabeau: Mmoire sur lesEtats provinciaux. Pars, 1757, p. 121.

    [4] ALIMENTO, Antonella: Tra fronda efisiocrazia: il pensiero di Mirabeau sullemunicipalit (1750-1767), en Annalidella fondazione Luigi Einaudi. Turn, 22,1988, pp. 131-138.

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    Retrato de Louis Bnigne de Bertier de Sauvigny (ca. 1780),intendente de Pars e impulsor del catastro de la generalidad de Pars, llamado catastro de Bertier de Sauvigny (BibliothqueNationale de France, cabinet des estampes, N 2).

    Catastro de Lemousin: mapa del trmino de la parroquia de SainteClaire de Soubrevas y pgina del libro de asiento de tierras y suvaloracin (1771). Este catastro, cuya nica realizacin fue lacatastracin de esta parroquia, fue llevado a cabo por AnneRobert Jacques Turgot (1721-1781), siendo intendente del distri-to de Limoges (Archives nationales, N/IV/ Haute-Vienne, 1 y 3).

  • LA IMPOSIBILIDAD DE UN CATASTRODE INICIATIVA MONRQUICA EN FRANCIA

    Una tcnica sin embargo bien conocida

    Inexistentes a nivel central, los catastros se hallaban lejos de ser documentos desconoci-

    dos en el reino, presentes desde haca siglos en su parte meridional, y ms exactamente

    en las regiones en las que el impuesto real directo adoptaba la forma de la talla real:

    Provence, Dauphin, Languedoc y Haute-Guyenne. All aparecan bajo el nombre de

    compoix y desde el siglo XIII para los ms antiguos unos registros que describan y valo-

    raban los bienes muebles e inmuebles, y cada vez ms slo los inmuebles, en el mbito

    de un municipio; estos registros eran el instrumento de la base tributaria de la talla

    denominada real porque se bas