Ponencia: María devoción popular

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SR. CANÓNIGO DR. EDUARDO CHÁVEZ SÁNCHEZ MÉXICO PONENCIA: MARÍA: DEVOCIÓN POPULAR

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  • 1. MARA: DEVOCIN POPULARSR. CANNIGO DR. EDUARDO CHVEZ SNCHEZ2010Introduccin El ser humano siempre tendr las preguntas ms importantes y que le dan razn de su existir: Quin soy? De dnde vengo y a dnde voy? Quines son los dems que me rodean? Qu es este mundo que me rodea? Cuando el ser humano logra contestar cada una de estas preguntas, y lo hace con armona y unidad, llega a ser modelo para otros pueblos, esto har de su cultura una cultura clsica que ayudar a otros pueblos a contestar sus propias preguntas en un tiempo y espacio totalmente distinto.Y dentro de estas preguntas, el ser humano toma con especial cuidado su relacin con el Absoluto, con el Trascendente, con la divinidad, quien le ayudar a tener un sentido de todo lo dems. Por ello la Devocin de todo un pueblo, generalmente, gira en torno a su conocimiento de esa trascendencia; son esas semillas del Verbo que Dios mismo ha puesto y dispuesto en cada uno de los corazones de los seres humanos que buscarn siempre esa trascendencia.Jesucristo, nuestro Seor, es la respuesta de todo ser humano ante sus ms grandes necesidades, es la respuesta de cada una de las preguntas profundas del ser humano y el que le da sentido a toda su existencia. Es l quien tiene la iniciativa de encontrarse con ese ser humano por medio de lo ms amado para l como es su propia Madre, Mara.La devocin popular de Mara de Guadalupe es uno de los ejemplos ms realizados de todo esto; es el recordado Juan Pablo II, quien afirm que fue en Mxico, a los pies de la Virgen de Guadalupe, cuando vislumbr la manera de realizar su Pontificado: Visit deca el Papa- el santuario de Guadalupe en enero de 1979, durante mi primera peregrinacin apostlica. El viaje fue decidido como respuesta a la invitacin apostlica en la Asamblea de la Conferencia de los obispos de Amrica Latina (CELAM), en Puebla. Aquella peregrinacin inspir en cierto sentidos todos los siguientes aos del pontificado.1 El Papa reafirm la importancia del mensaje de Dios por medio de la Estrella de la Evangelizacin, Mara de Guadalupe, y su fiel, humilde y verdadero mensajero Juan Diego; momento histrico para la evangelizacin de los pueblos, La aparicin de Mara al indio Juan Diego reafirm el Santo Padre en la colina del Tepeyac, el ao de 1531, tuvo una repercusin decisiva para la evangelizacin. Este influjo va ms all de los confines de la nacin mexicana, alcanzando todo el Continente.2Qu contiene esta devocin para que, de manera evidente, sea tan amada por los Papas, ya que desde 1573 se han concedido innumerables indulgencias, bendiciones y beneficios al1 JUAN PABLO II, Levantaos! Vamos!, traduccin Pedro Antonio Urbina Torella, Ed. Plaza Jans, Mxico 2004, pp. 58-59. 2 JUAN PABLO II, Ecclesia in America, p. 20. 1

2. humilde Santuario del Tepeyac? Qu fue lo que vislumbr Juan Pablo II para que adems proclamara Fiesta Litrgica de Nuestra Seora de Guadalupe para todo el Continente Americano, y declarara en aquella ocasin: La aparicin de Mara al indio Juan Diego en la colina del Tepeyac, el ao de 1531, tuvo una repercusin decisiva para la evangelizacin. Este influjo va ms all de los confines de la nacin mexicana, alcanzando todo el Continente.3? Y que adems y de manera explcita el Santo Padre declarara: Amrica, que histricamente ha sido y es crisol de pueblos, ha reconocido en el rostro mestizo de la Virgen del Tepeyac, [...] en Santa Mara de Guadalupe, [...] un gran ejemplo de evangelizacin perfectamente inculturada. Por eso, no slo en el Centro y en el Sur, sino tambin en el Norte del Continente, la Virgen de Guadalupe es venerada como Reina de toda Amrica.4 Qu tendra esta Devocin, como deca, para que explcitamente el Santo Padre proclamara todo esto y ms? Asimismo, a pocos das de iniciar su pontificado, el Papa Benedicto XVI or ante la Virgen de Guadalupe del Tepeyac: En tus manos encomendamos nuestras vidas; y en Brasil regal un decorado y artstico Altar trptico para que presidiera las reuniones de los obispos; en este hermoso objeto, el Papa quiso que se pintara a Juan Diego, el primer laico indgena canonizado del Continente, con la imagen de la Virgen de Guadalupe en su tilma y la Biblia en mano para evangelizar a sus hermanos y debajo de este cuadro puso una frase muy importante Ustedes sern mis testigos; profunda frase, ya que este es el tiempo del laico en su Iglesia Catlica.Como todo Acontecimiento Salvfico, el Guadalupano, si bien se verifica en un momento histrico: hace casi quinientos aos, y en un lugar determinado: en el cerro del Tepeyac; es una devocin que trasciende fronteras, culturas, pueblos, costumbres, etc.; llega hasta lo ms profundo del ser humano; adems, toma en cuenta la participacin precisamente de este ser humano, concreto e histrico, con sus defectos y virtudes, para que con su intervencin fuera ms all de lo que la humana naturaleza permitira. Una de las ms claras manifestaciones de que en realidad se trata de un Acontecimiento Salvfico es la conversin del corazn, es el mover, en un verdadero arrepentimiento, al ser humano desde lo ms profundo del alma, del espritu y la razn, para encontrase con Dios, quien siempre es el primero en tomar esta iniciativa; haciendo realidad un cambio de vida pleno y total.Santa Mara de Guadalupe no es solamente enviada por el Padre, por medio del Espritu Santo para manifestar y hacer partcipe a todo ser humano de su Hijo Jesucristo, sino que Ella lo trae en su inmaculado vientre; por lo que es un verdadero encuentro con Dios por medio de Mara. Ella es la discpula y misionera que nos manifiesta y nos entrega el mensaje de salvacin y, asimismo, Ella forma discpulos y misioneros para testimoniar con la propia vida la inmensa alegra de este encuentro en el amor con Jesucristo Nuestro Seor: Camino, Verdad y Vida, por medio de su Madre y Madre nuestra.Veamos, aunque sean algunos pincelazos, los momentos ms significativos de esta historia de salvacin que influye decididamente en la evangelizacin de todo un Continente, como el mismo Santo Padre lo afirm. Santa Mara de Guadalupe es la Estrella de la Evangelizacin perfectamente inculturada, modelo para el mundo entero.3 JUAN PABLO II, Ecclesia in America, Mxico 22 de enero de 1999, Ed. Libreria Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 1999, p. 20. El Santo Padre cita literalmente la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. Santo Domingo a 12 de octubre de 1992, 24. Vase tambin en AAS, 85 (1993) p. 826. 4 JUAN PABLO II, Ecclesia in America, p. 20. 2 3. La primera evangelizacin: obra titnicaEn solo dos aos, de 1519 a 1521, contra toda expectativa humana, los espaoles conquistaron el imperio Azteca; sin embargo hay que tomar en cuenta que se aliaron con otras tribus que odiaban al imperio. Hernn Corts, un hombre de armas, un tanto ilustrado y militarmente religioso, como era la poca, con un carisma de liderazgo impresionante, usando su astucia y habilidad penetr hasta el propio corazn del imperio, alindose con las tribus sometidas por los aztecas; bajo la confusin de la famosa profeca de la llegada del dios bueno Quetzalcatl; aunado todo esto con las poderosas armas y los caballos desconocidos para los indgenas, lo cual fue clave para la conquista y, finalmente, las enfermedades, entre ellas la viruela, que mat a la mitad de la poblacin indgena. El drama que los indgenas padecieron en esta derrota y la cada de su Imperio, no fue slo el desmoronamiento de su estructura militar, social, econmica, poltica, etc., sino de toda su estructura religiosa, la cual sustentaba el sentido de toda su existencia. La tremenda depresin ante sus propios dioses fue un drama incomparable, ya que el esperado dios bueno Quetzalcatl, slo sembr la ruina y la muerte; ya no haban ms sacrificios humanos ni corazones que alimentaran a los dioses y, sin embargo, el ciclo de la vida continuaba sin mayor problema; los astros estaban ah cumpliendo sus funciones como si nada; se haban sacrificados a miles de seres humanos, prisioneros, parientes e hijos; y ahora se daban cuenta que no haba servido de nada, absolutamente de nada; entonces todo haba sido una burla infame de los dioses? La depresin fue tal que algunos indgenas optaron por suicidarse.5 Mientras tanto, no eran pocos los espaoles que tambin presentaban una crisis de conciencia, pues se cuestionaban hasta qu punto era de cristianos conquistar un territorio, el cual no les perteneca, y hacer de su propiedad bienes ajenos y hasta esclavizar a sus propietarios; este cuestionamiento era fuertemente manifestado no slo por los misioneros, sino por espaoles de conciencia recta, incluso se llev ante las aulas de las Universidades espaolas como la de Salamanca. La discusin sobre la justificacin de una invasin y toma de bienes ajenos ocuparon agrias disputas; llevndolas hasta el punto de poner en tela de juicio la racionalidad de los indgenas, pues si los indios no demostraban su humanidad, entonces se poda tomar de sus bienes, ya que no tendran ningn derecho sobre ellos; y, adems, su adoracin a los dolos los hacan culpables. Entre los mismos espaoles que se encontraban en suelo mexicano haban tremendas disputas sobre este mismo asunto; aunado a las vejaciones que inaugur la Primera Audiencia, como veremos ms adelante. Los primeros franciscanos llegaron a Mxico en 1523, dos sacerdotes y un hermano lego, apenas tres; sin embargo, los dos sacerdotes murieron prematuramente y slo qued el hermano lego, el gran educador fray Pedro de Gante. Al ao siguiente, en 1524, llegaron los conocidos como los primeros doce franciscanos o los doce Apstoles, quienes provistos de la Bula Omnmoda iniciaron la estructuracin de la Iglesia de manera oficial, misionera por vocacin en estos nuevos territorios.6 Los franciscanos hombres santos y sabios de su poca, trataron de 5 Cfr. MIGUEL LEN-PORTILLA, El reverso de la conquista, Ed. Joaqun Mortiz, Mxico 1964. Tambin del mismo autor MIGUEL LEN-PORTILLA, Visin de los vencidos, UNAM (= Col. Biblioteca del Estudiante Universitario N 81), Mxico 41969. 6 Cfr. FRAY GERNIMO DE MENDIETA, Historia Eclesistica Indiana, obra escrita a fines del siglo XVI, Ed. Porra (= Col. Biblioteca Porra, 46), segunda edicin facsimilar, Mxico 1980.3 4. evangelizar bajo los conceptos y la teologa de su tiempo; considerando la urgente necesidad de salvar las almas indgenas de las garras del demonio de los dioses.7 Sin pretender menospreciar o desmeritar la labor de estos santos varones, que en realidad eran de lo mejor que haba producido una Espaa, deudora de Jesucristo, defensora de su Iglesia y misionera militante; pero qu era este puado de inspirados misioneros ante los millones de indgenas?, ante las distancias impresionantes, las lenguas desconocidas, las mentalidades y culturas tan distintas; ante el drama de una tremenda enfermedad que los iba diezmando ms y ms, y ante una pavorosa depresin de los indgenas quienes vean y confirmaban que sus dioses haban muerto. Si bien, las conversiones se fueron dando, pero muy poco a poco ante este reto gigantesco. Fray Toribio Motolinia, adems de indicarnos que la gran labor de los franciscanos haba dado como resultado cierta cantidad de bautizos entre los indgenas, no pudo negar que en los primeros aos los indios permanecan reacios a convertirse al catolicismo: Anduvieron declaraba el misionero los mexicanos cinco aos muy fros.8 Adems, era consciente de la insignificancia de sus recursos ante la enormidad del trabajo, sus terribles problemas y la inseguridad de que fueran sinceras las conversiones;9 el temor de que la piedad india fuera idolatra larvada subsisti durante largo tiempo en todos los misioneros y lleg a ser para algunos, como fray Diego de Durn, una obsesin.10Fray Juan de Zumrraga, cabeza de la Iglesia en Mxico 7 Sobre este tema, son varias las fuentes que se deben tener en cuenta: Cfr. Coloquios y Doctrina Christiana conque los doze frayles de san Francisco enbiados por el Papa Adriano sesto y por el Emperador Carlo qujnto cvertier a los indios de la Nueva Espaa lgua Mexicana y Espaola, Archivo Secreto Vaticano, Misc. Arm-I-91, ff. 3r-41v. Publicada tambin en edicin facsimilar del manuscrito original, paleografa, versin del nhuatl, estudio y notas de Miguel Len-Portilla, UNAM, Instituto de Investigaciones Sociales, Mxico 1986. Tambin: FRAY BERNARDINO DE SAHAGN, Cdice Florentino. Cerca 1564-1569, Manuscrito 218-220 de la Coleccin Palatina de la Biblioteca Medicea Laurenciana. Del mismo autor: FRAY BERNARDINO DE Historia SAHAGN, General de las Cosas de la Nueva Espaa, Ed. Porra (= Col. Sepan Cuantos... N 300) Mxico 51982, pp. 704-705. Tambin: FRAY TORIBIO PAREDES DE BENAVENTE (MOTOLINIA), Historia de los indios de la Nueva Espaa, Ed. Porra (= Col. Sepan Cuantos... N 129), Mxico 21973. Del mismo autor: FRAY TORIBIO PAREDES DE BENAVENTE (MOTOLINIA), Memoriales o Libro de las Cosas de la Nueva Espaa, UNAM, Instituto de Investigaciones Histricas, Mxico 21971. 8 FRAY TORIBIO MOTOLINIA, Historia de los Indios, p. 78. 9De hecho, algunos frailes misioneros, como Bernardino de Sahagn y Diego Durn, se dieron a la tarea de investigar, de manera meticulosa, la cultura india, para poder combatir mejor cualquier idolatra, que pudiera perjudicar a sus recin convertida grey: El mdico no puede acertadamente aplicar las medicinas al enfermo sin que primero conozca qu humor o de qu causas procede la enfermedad [...] para predicar contra estas cosas, y aun para saber si las hay, menester es saber cmo las usaban. FRAY BERNARDINO DE SAHAGN, Historia General, p. 17. Esta fue la actitud general. Sin embargo, ciertamente hubo casos de excepcin como Fray Jacobo de Testera, quien escribi: a nosotros los religiosos, cuando entramos en esta tierra, no nos espant ni desconfi su idolatra, mas habiendo compasin de su ceguedad, tuvimos muy gran confianza que todo aquello y mucho ms haran en servicio de nuestro Dios, cuando lo conociesen. Carta de fray Jacobo de Testera. Huejotzingo, el 6 de mayo de 1533, en Cartas de Indias, Madrid, 1877, p. 66. 10Cfr. FRAY DIEGO DURN, Historia de las Indias de Nueva Espaa e Islas de Tierra Firme, terminada en 1591, Ed. Porra (= Col. Biblioteca Porra Nos. 36 y 37), Mxico 1967. 4 5. La gran ciudad de Mxico exiga ser obispado, por lo que Carlos V no dud en presentar, el da 12 de diciembre de 1527, como obispo de aquella lejana dicesis al franciscano fray Juan de Zumrraga (1528-1548).De la Nueva Espaa surgan noticias inquietantes, como las que dio el contador Rodrigo de Albornoz, quien despus de llegar de estos nuevos territorios, puso la alerta diciendo que Corts pudiera tratar de independizarse de Espaa, y no dud de hacerlo responsable de varios crmenes. Por lo que se determin que fuera un visitador en la persona de Luis Ponce, pero este falleci antes de hacer cualquier cosa.Mientras tanto en Mxico, Hernn Corts decidi ir a las Hibueras y dejar sin cabeza a la capital, orillndola a un abismo. La Primera Audiencia presidida por Nuo de Guzmn y los oidores los licenciados Alonso de Parada, Francisco Maldonado, Juan Ortiz de Matienzo y Diego Delgadillo, tom el poder.Con los oidores se embarc tambin el Obispo nombrado por el rey y emperador Carlos V, fray Juan de Zumrraga, dice su bigrafo Joaqun Garca Icazbalceta: la falta de su consagracin le quitaba mucho de autoridad cuando tanta necesitaba, porque al cargo de Obispo reuna el de Protector de los indios.11 Y esto sin duda se dejar sentir con todo rigor. Sin saber el desastroso futuro que les esperaba entre ellos, las autoridades del Nuevo Mundo salieron de Sevilla a fines de agosto de 1528 y llegaron a costas mexicanas hacia el 6 de diciembre de 1528.La Primera Audiencia intensific las acusaciones en contra de Hernn Corts, las cuales hicieron blanco en el nimo del rey. Mientras Corts continuaba con su aventura por la selva del sureste en la capital la Primera Audiencia no se tent el corazn para abalanzarse sobre sus bienes y los de los dems espaoles que eran fieles al conquistador. Guzmn se uni con un antiguo gobernador, el malvado factor Gonzalo de Salazar, tenan de comn grande enemistad contra Corts, ndole perversa, desmedida codicia e insaciable sed de mando;12 as lo describe el historiador Garca Icazbalceta. A estos delincuentes con autoridad se uni otro infame llamado Chirinos. Salazar no se detuvo en darles consejos a los oidores de cmo poder ser ricos robando la tierra, sometiendo a los indios por medio de los ya implementados Repartimientos, instrumento que se poda fcilmente convertir en esclavitud. De igual forma, estos desalmados explotaban cuanto podan a los pobladores espaoles pacficos que no estaban de acuerdo con sus maquinaciones.Una de las primeras acciones que realiz Zumrraga fue la de hablar con los ms importantes representantes de los indgenas, y con la ayuda del traductor fray Pedro de Gante, les dijo que el rey lo haba nombrado su Protector, por lo que castigara a quienes les hicieran dao, pero ellos tambin se haran merecedores de castigo si eran malos. Esto suscit una llamada de atencin de parte de la Primera Audiencia contra el Obispo, quien le seal que eso le tocaba a la Audiencia, ya que l slo era Obispo postulado, que a los indios slo les diera la Doctrina si le pareciera bien, pero que no se metiera en otras cosas; y le insisti que no ejerciera el oficio de Protector, pues los perdera, y si algn indio se quejaba sera ahorcado. Ahora result que los espaoles cristianos mataran a cualquier indgena que se acercara al Obispo. Obviamente, los indios tenan miedo de acercarse al Obispo.11JOAQUN GARCA ICAZBALCETA, Don Fray Juan de Zumrraga primer Obispo y Arzobispo de Mxico, Ed. Espasa- Calpe (=Col. Austral 1106), Mxico 1952, pp. 27-28. 12JOAQUN GARCA ICAZBALCETA, Don Fray Juan de Zumrraga, p. 29.5 6. El historiador George Baudot declara: La documentacin franciscana de la poca se estremece con los gritos de horror y de indignacin de los primeros misioneros, ante el trato infligido a los indios por los colonos y por las autoridades de la primera Audiencia.13 Uno de los actos ms escandalosos fue en Texcoco, en donde los misioneros franciscanos haban levantado un templo para doncellas indias, por orden de Delgadillo entraron a esta clausura para raptar dos doncellas, llevndolas a Oaxaca. Y como estas vejaciones, muchas ms. Zumrraga estaba sumamente molesto por las tropelas que se cometan contra la poblacin indgena y contra algunos espaoles, de una manera especial con aquellos que estaban ligados con Hernn Corts; asimismo, no poda menos que clamar justicia ante los crmenes que se realizaran contra los indios, mxime que l sustentaba el ttulo de su Protector, por lo que formaba parte de su responsabilidad. Pero su voz se opacaba por el hecho de no estar consagrado; adems la Corte misma no tena bien definido ni la jurisdiccin ni facultades de este encargo. El msero protector dice Icazbalceta se vea as empujado por indios y frailes, y ms que por todo por la propia conciencia; quera cumplir con su obligacin, y echaba de ver que tena contra s a ricos y poderosos; que no se le haban dado medios para hacerles frente; que su jurisdiccin era vaga, sus facultades mal definidas, su nica fuerza las armas espirituales, poderosas entonces, es verdad, pero no tanto que no fueran burladas muchas veces por los conquistadores desalmados.14 As que el pobre Zumrraga cargaba con todas las obligaciones de su cargo, sin ser consagrado, por lo que no lo respetaban y sus derechos se vean nulificados. Los miembros de la Primera Audiencia no se detenan ante nada ni nadie. Otro momento de tensin se vivi cuando los Oidores de esta nefasta Primera Audiencia se atrevan a amenazar a los misioneros franciscanos, incluso de tomar a los indios huexotzingas que, el 18 de abril de 1529, haban apelado a estar dentro del convento para protegerse, ya que eran perseguidos por la Audiencia por el slo hecho de haber acudido en busca de ayuda al arzobispo Zumrraga;15 fray Toribio de Motolinia, guardin del convento de Huexozingo, trat de hacer valer el derecho de estos indios de ser protegidos dentro del convento, al parecer fracas, los indios fueron capturados y llevados a Mxico con la soga al cuello. Ante este desacato y humillacin, Zumrraga fue a Huexozingo para saber, de manera directa, cmo se haban sido los acontecimientos, los frailes consideraron que no se podan quedar callados, por lo que era necesaria una declaracin pblica realizada desde lo alto de un plpito. Mientras el obispo fray Juan de Zumrraga permaneca en ese convento de Huexozingo, se escogi a fray Antonio Ortiz, reconocido orador, para que condenara estas acciones y vicios que manifestaba la Audiencia. A poco de la fiesta de Pentecosts y en una celebracin presidida por el obispo de Tlaxcala Julin Garcs, en el momento preciso, fray Antonio Ortiz subi al plpito, y con gran valor habl del ultraje en contra del pueblo indgena y en contra de la Iglesia. El presidente de la Audiencia, Nuo de Guzmn no lo soport y le grit que se callara, el predicador insista en que lo dejaran terminar, el oidor Delgadillo intervino y mand a un alguacil que bajara del plpito al fraile, el alguacil fue acompaado por amigos del factor Salazar; entre gritos, tumulto, manoteos tomaron al predicador por los brazos y el hbito, lo derribaron con violencia en pleno plpito y lo hicieron rodar. Gran escndalo en la iglesia mayor, con presidencia de un Obispo y en fiesta tan solemne.13GEORGE BAUDOT, La pugna franciscana por Mxico, Eds. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y Alianza Editorial Mexicana, Mxico 1990, pp. 43-44. 14JOAQUN GARCA ICAZBALCETA, Don Fray Juan de Zumrraga, p. 36. 15GEORGE BAUDOT, La pugna franciscana, pp. 46-47.6 7. Ante todo esto, Zumrraga intervino para calmar los nimos y por un momento hubo paz; sin embargo, las cosas iban a ser todava ms difciles. Se realizaron cabildos patrocinados por Nuo de Guzmn, desde el 25 al 28 de marzo de 1529; la Audiencia pretenda enviar a Espaa testimonios favorables a su labor y contrarios a Corts y a todos aquellos que lo apoyaran, incluso contra el mismo Obispo Zumrraga, queran a toda costa que Corts no regresara a Mxico. Esta Audiencia manejaba de tal manera las cosas, que en la Corte slo se escuchara su voz, y que de ninguna manera se permitiera otro tipo de informe, as lo narr Icazbalceta: los de la Audiencia pusieron desde el principio grande empeo en interceptar toda la correspondencia con la Corte. En los puertos tenan agentes que sin pararse en medios hacan escrupuloso registro de cuantas personas y mercancas pasaban, de ida o de vuelta, y tomaban todas las cartas que lograban descubrir, para enviarlas luego a Mjico. Abrindolas los gobernadores, por ellas venan en conocimiento de quines eran sus enemigos ocultos, y de lo que escriban los declarados. Aquel infame abuso, prueba clara de la insegura conciencia de quienes le cometan, lleg a odos del rey, indignado, despach en 31 de Julio de 1529 una apretada cdula con prohibicin de abrir, retener o en cualquier manera interceptar las cartas, so pena de destierro perpetuo de los dominios de Su Majestad. Tal reprimenda, que debiera llenar de confusin a la Audiencia, sirvi nicamente para que cometiera un desacato; pues tuvo el atrevimiento de replicar que lo contrario convena al servicio del rey.16 As que se prohibi que de la Nueva Espaa saliera cualquier tipo de correspondencia sin ser antes inspeccionada. Sin embargo, en Julio de 1529, el valiente Zumrraga envi a algunos de sus hermanos franciscanos con cartas para la Corte Espaola, estos misioneros se dirigieron por la va del Pnuco; esta noticia fue descubierta por los Oidores quienes persiguieron a los franciscanos y en un descuido de los serficos les robaron todo, de esta manera la Audiencia endureci todava ms su relacin con el Obispo. Zumrraga no se dio por vencido e hizo otro largo reporte para el rey, pero esta vez, el Obispo decidi que l mismo lo llevara hasta el puerto; as el 27 de Agosto de 1529 (apenas un ao y cuatro meses antes de la Aparicin) parti de la ciudad de Mxico acompaado de un clrigo el cual cargaba en su jubn dicho reporte; a pesar de sus aos y de los grandes peligros pudo llegar al puerto donde gracias a un paisano, marinero vizcano, se realiz un plan para llevarlo hasta las manos del rey: el ingenioso marinero puso este importante Informe en un pan de cera y ste dentro de un barril, lo at al barco y como si fuera una boya lo arrastr, hasta que la embarcacin estaba en mar abierto, as fue como este Informe lleg a las manos del rey. Esta informacin tuvo su efecto, Zumrraga comunicaba con toda claridad sobre lo mal que estaban las cosas en la Nueva Espaa, las tremendas injusticias y vejaciones que llevaban a cabo algunos de los espaoles. Pero veamos algunas de estas noticias que trasmiti el Obispo: los naturales deca Zumrraga no poco tristeza y dolor tienen no tan solamente por quitarles lo suyo y daarles su pueblo;17 sino por la injusta esclavitud con la que eran sometidos para satisfacer la ambicin de estos malos espaoles. Adems, era claro que desde los altos puestos la corrupcin era algo terriblemente cotidiano: Los cargos y oficios de justicia continuaba Zumrraga han dado y provedo a deudos y criados y amigos suyos sin letras ni experiencias y los ms no teniendo calidad de personas a quien se debiese cometer la superioridad que el cargo requiere,16JOAQUN GARCA ICAZBALCETA, Don Fray Juan de Zumrraga, p. 49. 17Carta de fray Juan de Zumrraga al rey de Espaa, Mxico a 27 de agosto a 1529, Archivo de Simancas, Bibl. Miss., III, 339, carta 13. Copia en Coleccin Muoz, T. 78, f. 279r-279v.7 8. antes lo han hecho por henchirles las manos dndoles aparejo en que roben y presto enriquezcan, y ellos por su mano y medios se han aprovechado con grangeras secretas y otras maas que hallan y procuran.18 Zumrraga no slo permaneci impotente ante los asaltos y crmenes de estos espaoles, sino que adems fue amenazado por los suyos. Continuaba el Prelado con la descripcin de los hechos: Y porque me parece que a Vuestra Majestad no se debe encubrir nada digo que los seores del Tlatelolco de esta ciudad vinieron a m llorando a borbollones tanto que me hicieron gran lstima, y se me quejaron diciendo que el Presidente e Oidores les pedan sus hijas y hermanas y parientas que fuesen de buen gesto, y otro seor me dijo que Pilar le haba pedido ocho mozas bien dispuestas para el Presidente, a los males yo dije por lengua de un Padre Guardin, que era mi intrprete, que no se las diesen y por esto dizque han querido ahorcar un seor de estos, y dems de esto yo le dije al padre guardin del monasterio de San Francisco y l lo dijo en caridad al Presidente, envome amenazar [], dijo el Presidente estando a su mesa muchas personas de fe, que si se hallara presente me echara del plpito abajo y porque les suelo reprender han huido mis sermones y se van a banquetes cada Domingo casi ordinariamente llevando tras s mucha gente haciendo llamamiento de mujeres que por fuerza las hacen ir sacndolas de casa en casa y all pasan cosas de muy poca honestidad y autoridad.19 Por estas palabras se puede observar claramente como fray Juan de Zumrraga, a pesar de ser el Obispo de la Ciudad de Mxico, se senta imposibilitado de intervenir ante todos estos desastres y abusos de algunos espaoles, especialmente los que estaban encargados del Gobierno de Mxico; robos, crmenes, corrupcin eran su ley, maltratando y sometiendo a los indgenas para satisfacer intereses de todo tipo. El Obispo de Mxico, consciente de que no haba ninguna salida humana, rogaba para que Dios interviniera, deca: Asimismo me parece es bien informar a V. C. M. de lo que a la fecha en sta pasa, porque es cosa de tanta calidad, porque si Dios no provee con remedio de su mano est la tierra en punto de perderse totalmente.20 Y efectivamente, como veremos ms adelante, Dios s intervino. El Obispo sugera, como una de las primeras medidas, la urgencia de enviar una Nueva Audiencia, y que los que integraban la primera fueran castigados. Ante el rumor de que Hernn Corts regresara a la Nueva Espaa y ahora sustentando el ttulo de Marqus de Antequera, Nuo Guzmn no quiso quedarse en la capital, as que organiz una conquista a tierras todava desconocidas, si bien y an a sabiendas de que no se comparara con las conquistas emprendidas por Corts, pero de esta manera tena una buena justificacin para salir y realizar algo, que si tena xito, el rey lo apreciara; as Guzmn organiz un ejrcito de 500 espaoles, mucho de ellos sin querer realizar esta nueva aventura, y unos 15,000 indios, ms como cargadores que como soldados. Guzmn pidi que se le dieran de la caja real diez mil pesos, los Oidores accedieron gustosos de que con esto se iba Guzmn y ellos quedaban solos con el mando. Guzmn sali de la ciudad de Mxico del 20 al 22 de diciembre de 1529. Pero la salida de Guzmn en nada ayud a Zumrraga, ya que los Oidores que se quedaron con el poder eran igual o peores que Guzmn. Uno de tantos ejemplos de este enfrentamiento contra la Iglesia fue el hecho de que estaban bajo custodia en el convento de San Francisco: Cristbal de Angulo, clrigo de la Corona, y Garca de Llerena, criado de Corts; la18Carta de fray Juan de Zumrraga al rey de Espaa, Mxico a 27 de agosto a 1529, f. 281v. 19Carta de fray Juan de Zumrraga al rey de Espaa, Mxico a 27 de agosto a 1529, f. 284r-284 v. 20Carta de fray Juan de Zumrraga al rey de Espaa, Mxico a 27 de agosto a 1529, f. 314 v.8 9. noche del 4 de marzo de 1530 entraron a los aposentos donde se encontraban estos dos sujetos y los sacaron con prepotencia del convento; al otro da sbado 5 de marzo, iniciaron los tormentos, los quejidos, gritos y llantos se escuchaban hasta la Iglesia Mayor. Se organizaron los Obispos tanto de Mxico y como de Tlaxcala para que juntos con sus comunidades de franciscanos y dominicos realizaran una procesin en silencio con cruces enlutadas pidiendo el regreso de los reos. Ante esto se suscit un gran alboroto. Por una y otra parte se vociferaban injurias; el Obispo, no pudiendo sufrir los denuestos pblicos de Delgadillo contra los religiosos, perdi la paciencia y le respondi por los mismos consonantes. Cuando el tumulto estaba en su colmo, el belicoso Delgadillo, con lanza en mano, arremeti a botes contra la procesin, y an dirigi al seor Zumrraga uno que afortunadamente le pas por debajo del brazo, sin tocarle.21 Por lo que, a los gobernantes, espaoles bautizados, no slo les bast amenazar a lo indios con pena de muerte si se acercaran al Obispo Zumrraga, sino que ahora hasta intentaron asesinarlo. En estas terribles circunstancias Cmo se podra predicar la Buena Nueva de Jesucristo y as evangelizar? Cmo podan decirle a los indios que deban convertirse, bautizarse y hacerse cristianos, si eran los mismos espaoles cristianos los que ahora intentaban acabar con el Obispo, cabeza de la Iglesia, su Iglesia? Y todava ms La reaccin de Zumrraga fue muy comprensible al lanzar censuras en contra de los Oidores y les lanz entredicho y les amenaz con extender a la ciudad y decretar la cesacin a divinis; los Oidores no hicieron caso, es ms, al da siguiente 7 de marzo, ahorcaron y descuartizaron a Angulo y a Llerena le dieron cien azotes y le cortaron un pie. Por tal motivo y por haber corrido el tiempo de tres das segn se les advirti, Zumrraga procedi a la cesacin a divinis, y el Obispo orden a los clrigos que no saliesen de sus casas. Los franciscanos que eran los ms agraviados decidieron salir del monasterio y de la iglesia en secreto, as que consumieron el Santsimo, se retiraron a Texcoco, con los nios de la escuela, dejando el sagrario abierto los altares desnudos, el plpito y bancos trastornados; en suma, la iglesia yerma y despoblada. El Cabildo intent una reconciliacin, y el da 14 se presentaron ante Zumrraga un requerimiento, el fraile respondi tambin por escrito el da 16 de marzo diciendo que era imposible levantar el entredicho mientras los culpables no se arrepintieran y pidieran absolucin que slo l poda otorgar. Y aprovech para hacerlos concientes de su responsabilidad y del pecado que estaban realizando; pero lleg la Pascua y por Derecho qued levantado el entredicho a la Ciudad de Mxico, no as la excomunin de los Oidores.Cmo lograr una profunda evangelizacin en este Nuevo Mundo en el momento dramtico en el que se viva? Para los franciscanos los indgenas era objetivo primordial de la evangelizacin la salvacin de sus almas; indgenas sometidos a una tremenda Conquista, devastados por la enfermedad de la viruela, deprimidos ante la muerte de sus dioses, y todava estos misioneros franciscanos, por su fervor religioso, destruan los templos e dolos indgenas, siempre justificando su paternal actitud, para el bien y la salvacin de los indios; de hecho, los frailes 21JOAQUN GARCA ICAZBALCETA, Don Fray Juan de Zumrraga, ps. 55-56.9 10. pensaban que estaban en una batalla titnica entre el Evangelio y las fuerzas de Satans.22 El cristianismo era algo totalmente nuevo, que destruye los errores y los engaos. Motivados por esta mentalidad, los misioneros fueron implacables con los templos, los dolos y todo lo que oliera a paganismo. Desaparecieron monumentos, esculturas y cdices, destruidos con furor sistemtico que alimentaba y hasta exacerbaba la mentalidad de la poca. Pero es de justicia reconocer que en lo que no se razonaba con lo religioso, extremaron su consideracin por las culturas autctonas. Cuidaron con amor sus lenguas, conservaron los usos y costumbres cotidianas, adaptaron su enseanza al temperamento y capacidad de los indgenas y recogieron fielmente sus ideas y tradiciones.23 Ellos queran salvar las almas de los indgenas, aunque ciertamente los indios estaban desconcertados ante estos cristianos que les imponan una fe en el amor a un Dios creador de todas las cosas, en el amor a Jesucristo, Hijo de Dios que entreg su vida por todos los hombres; en una Iglesia fundada por Jesucristo, para la salvacin del mundo entero. Los frailes franciscanos lo decan claramente en los Coloquios que sostuvieron con los indios principales, decan: traemos las Sagrada Escritura donde estn escritas las palabras del slo verdadero Dios, Seor del cielo y de la tierra, que da vida a todas las cosas al cual nunca habis conocido. Esta y ninguna otra es la causa de nuestra venida y para esto somos enviados, para que os ayudemos a salvar y para que recibis la misericordia que Dios os hace.24 Pero la confusin entre los indgenas era grande ante, como hemos visto, algunos de los espaoles, que de manera contrastante, los esclavizaban, esgrimiendo el desalmado argumento de que a los indios no se les poda considerar como seres humanos y, por lo tanto, estaban incapacitados del derecho de poseer algo, y se les deba someter. Para esta clase de espaoles, que se decan cristianos, los indios eran slo objetos para obtener fcil fortuna. Los misioneros eran concientes de la negativa y desastrosa actitud y testimonio de sus coterrneos. Ciertamente, los primeros misioneros realizaron una labor admirable; defensores de los indgenas, denunciadores de injusticias; tratando de evangelizar a los nativos bajo los principios de un catolicismo del siglo XVI. Muchos de los indios fueron convertidos gracias a los frailes, su testimonio y su gran esfuerzo iba dando fruto, la catequesis y la instruccin se fue dando poco a poco. Recordemos que Juan Diego fue convertido a la fe catlica gracias a ellos. No hay duda que los primeros misioneros constituyeron una de las piezas claves para la evangelizacin de los pobladores de las nuevas tierras recin descubiertas. Pero el trabajo se presentaba inmenso y, en mucho, fuera de su control; no slo de frente a la evangelizacin de los indgenas sino, como veamos, ante la conversin de sus mismos paisanos. Una labor titnica y, al mismo tiempo, comprensiblemente limitada. Por ello, es muy justo lo que clamaba el Obispo de Mxico, fray Juan de Zumrraga: si Dios no provee con remedio de su mano est la tierra en punto de perderse totalmente.25 La total oscuridad se cerna en el Anhuac. El conocimiento de los puntos esenciales de este fuerte choque de estas dos grandes culturas, el impacto y la mezcla de las ideas religiosas, que son parte central en la Conquista, bajo los marcados rasgos de cada cultura, as como la tecnologa militar avanzada de los espaoles y las mismas discordias entre los grupos indgenas; la enfermedad como la viruela, y la tremenda22 JANET BARBER, The Guadalupan Image: An Inculturation of the Good News, en Josephinum Journal of Theology, 4 (1997), new series, Columbus. ANTONIO VALERIANO, Nican Mopohua, traduccin del nhuatl al castellano del P. Mario Rojas Snchez, Ed. Fundacin La Peregrinacin, Mxico 1998, p. 84. 23JOS MA. GALLEGOS ROCAFULL, La Filosofa en Mxico en los siglos XVI y XVII, en Estudios de historia de la filosofa en Mxico, UNAM, Mxico 1963, pp. 112-121. 24Coloquios y Doctrina Cristiana con que los doze frayles, f. 30r 25Carta de fray Juan de Zumrraga al rey de Espaa, Mxico a 27 de agosto a 1529, f. 314v.10 11. depresin indgena; as como, la discordia que exista entre los mismos espaoles, las vejaciones e injusticias de un grupo de espaoles y la destruccin de las creencias religiosas indgenas de parte de los paternalistas misioneros, no daban posibilidad de contar con alguna salida; pudiera haber resultado el cataclismo de un mundo sobre otro. Slo una intervencin de otra magnitud podra crear un nuevo pueblo, una nueva raza.Dios interviene en nuestra historia convirtindola en historia de SalvacinEn este contexto histrico es donde se produce uno de los eventos ms importantes y evangelizadores, el llamado: Acontecimiento Guadalupano, iniciando una importante historia de la Salvacin; el encuentro de Dios por medio de su Madre, Santa Mara de Guadalupe, con un indgena humilde llamado Juan Diego,26 quien fue canonizado por el papa Juan Pablo II el 31 de julio de 2002.27 Se inicia una evangelizacin que lleva a una verdadera conversin tanto de indgenas como de espaoles, originando un nuevo pueblo, una nueva raza llamada a la Salvacin. Santa Mara de Guadalupe, Estrella de la Evangelizacin, aparecida del 9 al 12 de diciembre de 1531, apenas a diez aos despus de la llamada conquista, retoma lo bueno de los indgenas y lo bueno de los espaoles, dos culturas profundamente religiosas y profundamente distintas, en un choque violento y cruento; es ella, la Madre de Dios que se manifiesta como portadora del Amor, sagrario inmaculado de Dios y, cuya voluntad claramente la sabemos por medio de san Juan Diego, y esta era: que se le edificara un templo para dar en l ese Amor que es el Hijo de Dios a todo ser humano; templo que debera contar con la aprobacin de la cabeza de la Iglesia, el Obispo de Mxico, que en aquel entonces, como decamos, era el obispo fray Juan de Zumrraga. Este mensaje se manifest tambin con una imagen impresa en el manto o tilma de este indio humilde, Juan Diego. La imagen mestiza de esta Virgen Madre envuelta de sol con la luna bajo sus pies con manto tachonado de estrellas y cuyo mensaje y voluntad es la entrega del Amor maternal en un templo aprobado por la cabeza de la Iglesia. Una Virgen Madre que al mismo tiempo los espaoles la conocan como una Pursima Concepcin; y los indgenas como la Tonantzin, que significa nuestra Madrecita.28 En este Acontecimiento salvfico se manifiesta, de manera patente, la intervencin de Dios en una evangelizacin conducida por medio de su propia Madre, Mara, para una verdadera conversin, como se expresa en el trozo del Evangelio de san Juan (Jn 2, 5): cuando, en las bodas de Can, Mara, la Madre de Dios, dirige con firmeza al ser humano: hagan todo lo que l les diga.26Cfr. FIDEL GONZLEZ FERNNDEZ, EDUARDO CHVEZ SNCHEZ Y JOS LUIS GUERRERO ROSADO, El encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego, Ed. Porra, Mxico 1999, 42002, 604 pp. 27 Cfr. CONGREGATIO PRO CAUSIS SANCTORUM, 184, Mexicana Canonizationis Servi Dei Ionnis Didaci Cuauhtlatoatzin Viri Laici (1474-1548), Positio super famae santictatis virtutibus, et cultu ab immemorabili praestito ex officio concinata, Romae 1989, Doc. IX. Una biografa de Juan Diego la publiqu en Mxico: Cfr. EDUARDO CHVEZ SNCHEZ, Juan Diego. Una vida de Santidad que marc la historia, Ed. Porra, Mxico 2002, 228 pp. Este momento importante lo recuerda el Papa Juan Pablo II en su libro: JUAN PABLO II, Levantaos! Vamos!, traduccin Pedro Antonio Urbina Torella, Ed. Plaza Jans, Mxico 2004, p. 60. 28Cfr. JOS CASTILLO Y PIA, Tonantzin Nuestra Madrecita la Virgen de Guadalupe, Imp. Manuel L. Snchez, Mxico 1945, 274 pp. Tambin MIGUEL LEN-PORTILLA, Tonantzin Guadalupe. Pensamiento nhuatl y mensaje cristiano en el Nican Mopohua, Eds. Colegio Nacional y FCE, Mxico 2000, 202 pp.11 12. Esta es una maravillosa historia de donde surge la evangelizacin no slo para Mxico, ni para el Continente Americano, sino para el mundo entero, bajo la direccin y cauce de la Iglesia Catlica.Juan Diego, vidente en las Apariciones de Nuestra Seora de Guadalupe, perteneca a la etnia indgena de los chichimecas de mentalidad tolteca, naci en torno al ao 1474, en Cuauhtitln, en el barrio de Tlaycac, regin que perteneca al reino de Texcoco; su nombre indgena era Cuauhtlatoatzin29 que quiere decir guila que habla; este indio humilde fue bautizado junto con su esposa, Mara Luca, en torno a 1524,30 por los primeros franciscanos; ambos se haban trasladado a vivir con el anciano to de Juan Diego de nombre Juan Bernardino; en 1529, Juan Diego qued viudo al morir su amada mujer. En el tiempo de las Apariciones, Juan Diego era un hombre maduro, como de unos 57 aos de edad.Juan Diego era profundamente piadoso, acuda todos los sbados y domingos a Tlatelolco, un barrio de la Ciudad de Mxico, donde an no haba convento, pero s una llamada doctrina, donde se celebraba la Santa Misa y se conocan las cosas de Dios que les enseaban sus amados sacerdotes; para esto, tena que salir muy temprano del pueblo de Tulpetlac, que era donde en ese momento viva, y caminar haca el sur, bordear el cerro del Tepeyac y ms adelante llegar a Tlatelolco.El sbado 9 de diciembre de 1531, cuando el humilde indio lleg a las faldas del cerro llamado Tepeyac, de pronto escuch cantos preciosos, armoniosos y dulces que venan de lo alto del cerro, le pareci que eran coros de distintas aves que se respondan unos a otros en un concierto de extraordinaria belleza, observ una nube blanca y resplandeciente, y que se alcanzaba a distinguir un maravilloso arco iris de diversos colores. El indio qued absorto y fuera de s por el asombro y se dijo Por ventura soy digno, soy merecedor de lo que oigo? Quiz noms lo estoy soando? Quiz solamente lo veo como entre sueos? Dnde estoy? Dnde me veo? Acaso all donde dejaron dicho los antiguos nuestros antepasados, nuestros abuelos: en la tierra de las flores, en la tierra del maz, de nuestra carne, de nuestro sustento, acaso en la tierra celestial? Hacia all estaba viendo, arriba del cerrillo, del lado de donde sale el sol, de donde proceda el precioso canto celestial.31 Desde este primer momento se observa una maravillosa inculturacin ya que el cielo indgena es el mismo del cristiano; lo que los frailes no podan aceptar, pues para ellos toda la religiosidad indgena vena del error o de Satans, para Mara era algo verdadero; aqu la concepcin del cielo indgena es el preludio y anuncio del encuentro de la Madre de Dios con el indgena, una perfecta inculturacin; ya que Mara toma lo positivo de la cultura religiosa indgena y de la espaola, las une las armoniza y las hace plenas, en otras palabras: sana y salva, pues las lleva a Jesucristo.Estando en este arrobamiento, de pronto, ces el canto, y oy que una voz como de mujer, dulce y delicada, le llamaba por su nombre, precisamente de arriba del cerrillo, le deca: Juanito, Juan Dieguito.29Cfr. CARLOS DE SIGENZA Y GNGORA, Piedad Heroica de D. Fernando Corts, Talleres de la Librera Religiosa, segunda edicin de La Semana Catlica, Mxico 1898, p. 31. 30Testimonio del P. Luis Berrera Tanco, en Informaciones Jurdicas de 1666, Traslado original del 14 de abril de 1666, AHBG, Ramo Historia, f. 158r; publicado el facsmile del Traslado Original en EDUARDO CHVEZ SNCHEZ, La Virgen de Guadalupe y Juan Diego en las Informaciones Jurdicas de 1666, Eds. BG, Imp. ngel Servn, Mxico 2002: y habindose Bautizado [Juan Diego] en el ao de mil y quinientos veinte y cuatro, que fue cuando vinieron los religiosos del Seor San Francisco (de cuya feligresa era) es constante haberse Bautizado de cuarenta y ocho aos de edad. 31ANTONIO VALERIANO, Nican Mopohua, vv. 9-11.12 13. Llegando a la cima, encontr a una hermosa Doncella que estaba ah de pie, envuelta en un vestido reverberante como el sol. En este encuentro, el cual es narrado de una manera maravillosa en el llamado Nican Mopohua, ya se comprueba la madurez cristiana que tena Juan Diego, pues antes de que Ella se presente, l la reconoce como Madre de Dios al decirle que va a su casita de Mxico Tlaltilolco a seguir las cosas divinas que imparten la imgenes de Nuestro Seor,32 o sea los sacerdotes espaoles. A su vez, Ella se presenta como Madre de Dios en forma inconfundiblemente clara para cualquier indio mexicano, pues no slo dice que es la Madre del verdadersimo Dios, sino que repite la palabra Dios en nhuatl y en castellano: Totl Dios y cita cuatro nombres inconfundibles para ellos: Ipalnemohuani = Aquel por Quien se vive, Tloque Nahuaque = Dueo del cerca y del junto, Teyocoyani = Creador de las personas e Ilhuicahua Tlaltipaque = Seor del Cielo y de la Tierra.33 Mara se presenta de una manera clara y sencilla, ntida y transparente, con naturalidad y sencillez para los desconfiados espaoles y para los desconcertados indgenas. La voluntad de la Inmaculada Virgen Mara de Guadalupe era el que se levantara un templo en aquel lugar para dar todo su amor a todo ser humano, por lo que le pide que sea su mensajero para llevar su voluntad al obispo. Juan Diego se dirigi al Obispo, fray Juan de Zumrraga, y despus de una larga y paciente espera, el indio mensajero le comunic todo lo que haba admirado, contemplado y escuchado, y le dijo puntualmente el mensaje de la Seora del Cielo, la Madre de Dios, que le haba enviado y cual era su voluntad que se le erija un templo para, desde ah, dar todo su amor. El Obispo escuch al indio incrdulo de sus palabras, y reflexionando sobre este extrao mensaje. Cmo poda atender las palabras dichas en nhuatl, un indgena recin convertido, que supuestamente le estaba hablando la Virgen y que le peda que construyera un templo, en nada menos, que en el Tepeyac, donde haba estado un antiguo templo pagano dedicado a la Cuatlique Tonantzin: La Madre de todos los dioses? Juan Diego regres al cerrillo ante la Seora del Cielo, y le expuso cmo haba sido su encuentro con el jefe de la Iglesia en Mxico. Juan Diego entendi que el Obispo pensaba que le menta o que fantaseaba, y con toda humildad le dijo a la Seora del Cielo que mejor enviara a algn noble o alguna persona importante ya que l era un hombre de campo, un simple cargador, una persona comn sin importancia, y con toda sencillez le dijo: Virgencita ma, Hija ma menor, Seora, Nia; por favor dispnsame: afligir con pena tu rostro, tu corazn; ir a caer en tu enojo, en tu disgusto, Seora Duea ma.34 La Reina del Cielo escuch con ternura y bondad, y con firmeza le respondi al indio: Escucha, el ms pequeo de mis hijos, ten por cierto que no son escasos mis servidores, mis mensajeros, a quien encargue que lleven mi aliento, mi palabra, para que efecten mi voluntad; pero es necesario que t, personalmente, vayas, ruegues, que por tu intercesin se realice, se lleve a efecto mi querer, mi voluntad. Y mucho te ruego, hijo mo el menor, y con rigor te mando, que otra vez vayas maana a ver al Obispo. Y de mi parte hazle saber, hazle or mi querer, mi voluntad, para que realice, haga mi templo que le pido. Y bien, de nuevo dile de qu modo yo, personalmente, la siempre Virgen Santa Mara, yo, que soy la Madre de Dios, te mando.35 As que al da siguiente regres ante el Obispo para nuevamente darle el mensaje de la Virgen; pero el Obispo pidi una seal que confirme su mensaje. Juan Diego al regresar abatido a32ANTONIO VALERIANO, Nican Mopohua, v. 24. 33ANTONIO VALERIANO, Nican Mopohua, v. 26. 34ANTONIO VALERIANO, Nican Mopohua, vv. 55-56. 35ANTONIO VALERIANO, Nican Mopohua, vv. 58-62.13 14. su casa se encuentra con que su to se encuentra gravemente enfermo y ante la inminente muerte le pide a su sobrino que vaya a la Ciudad de Mxico buscar un sacerdote para que le diera los ltimos auxilios, as que el martes 12 de diciembre, muy de maana Juan Diego corri hacia el convento de los franciscanos en Tlatelolco, pero al acercarse al lugar donde se haba encontrado con la hermosa Doncella, reflexion con candidez, que era mejor desviar sus pasos por otro camino, rodeando el cerro del Tepeyac por la parte Oriente y, de esta manera, no entretenerse con Ella y poder llegar lo ms pronto posible al convento de Tlatelolco, pensando que ms tarde podra regresar ante la Seora del Cielo para cumplir con llevar la seal al Obispo. Pero Mara Santsima sali al encuentro de Juan Diego y le dijo: Qu pasa, el ms pequeo de mis hijos? A dnde vas, a dnde te diriges?.36 El indio qued sorprendido, confuso, temeroso y avergonzado, y le comunic con turbacin la pena que llevaba en el corazn: su to estaba a punto de morir y tena que ir por un sacerdote para que lo auxiliara. Mara Santsima escuch la disculpa del indio con apacible semblante; comprenda, perfectamente, el momento de gran angustia, tristeza y preocupacin que viva Juan Diego; y es precisamente en este momento en donde la Madre de Dios le dirige unas de las ms bellas palabras, las cuales penetraron hasta lo ms profundo de su ser: Escucha, ponlo en tu corazn, Hijo mo el menor, que no es nada lo que te espant, lo que te afligi; que no se perturbe tu rostro, tu corazn; no temas esta enfermedad ni ninguna otra enfermedad, ni cosa punzante aflictiva. No estoy aqu yo, que tengo el honor y la dicha de ser tu madre? No ests bajo mi sombra y resguardo? No soy yo la fuente de tu alegra? No ests en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? Tienes necesidad de alguna otra cosa?37 Y la Seora del Cielo le asegur: Que ninguna otra cosa te aflija, te perturbe; que no te apriete con pena la enfermedad de tu to, porque de ella no morir por ahora. Ten por cierto que ya est bueno.38 Y efectivamente, en ese preciso momento, Mara Santsima se encontr con el to Juan Bernardino dndole la salud, de esto se enterara ms tarde Juan Diego. Juan Diego tuvo fe total en lo que le aseguraba Mara Santsima, la Reina del Cielo, as que consolado y decidido le suplic inmediatamente que lo mandara a ver al Obispo, para llevarle la seal de comprobacin, para que creyera en su mensaje. La Virgen Santsima le mand que subiera a la cumbre del cerrillo, en donde antes se haban encontrado; y le dijo: All vers que hay variadas flores: crtalas, renelas, ponlas todas juntas: luego baja aqu; trelas aqu, a mi presencia.39 Juan Diego inmediatamente subi al cerrillo, no obstante que saba que en aquel lugar no haban flores, ya que era un lugar rido y lleno de peascos, y slo haba abrojos, nopales, mezquites y espinos; adems, estaba haciendo tanto fro que helaba; pero cuando lleg a la cumbre, qued admirado ante lo que tena delante de l, un precioso vergel de hermosas flores variadas, frescas, llenas de roco y difundiendo un olor suavsimo; y comenz a cortar cuantas flores pudo abarcar en el regazo de su tilma. Inmediatamente baj el cerro llevando su hermosa carga ante la Seora del Cielo. Mara Santsima tom en sus manos las flores colocndolas nuevamente en el hueco de la tilma de Juan Diego y le dijo: Mi hijito menor, estas diversas flores son la prueba, la seal que36ANTONIO VALERIANO, Nican Mopohua, v. 107. 37ANTONIO VALERIANO, Nican Mopohua, vv. 118-119. 38ANTONIO VALERIANO, Nican Mopohua, v. 120. 39ANTONIO VALERIANO, Nican Mopohua, v. 126.14 15. llevars al Obispo; de mi parte le dirs que vea en ellas mi deseo, y que por ello realice mi querer, mi voluntad; y t ..., t que eres mi mensajero... en ti absolutamente se deposita la confianza.40Dicho esto, la Virgen Mara despidi a Juan Diego. Qued el indio tranquilo en su corazn, muy alegre y contento con la seal, porque entendi que tendra xito y surtira efecto su embajada, y cargando con gran tiento las rosas sin soltar alguna, las iba mirando de rato en rato, gustando de su fragancia y hermosura.Juan Diego lleg a la casa del Obispo, y suplic al portero y a los dems servidores que le dijeran al Obispo que deseaba verlo; pero ninguno quiso; fingan que no entendan, quiz porque todava estaba oscuro, o porque ya lo conocan, o porque pensaban noms los molestaba y los importunaba. Juan Diego esper por un largusimo tiempo; y cuando los sirvientes vieron que el indio todava segua ah, sin hacer nada, esperando que lo llamaran, y observando tambin que algo cargaba en su tilma, se acercaron para ver que traa. Juan Diego no pudo ocultarles lo que llevaba, pues podran empujarlo y hasta maltratar las flores, as que abriendo un poquito la tilma, se dieron cuenta que eran preciosas flores que despedan un perfume maravilloso. Y quisieron agarrar unas cuantas, tres veces lo intentaron, pero no pudieron, porque cuando hacan el intento ya no podan ver las flores, sino que las vean como si estuvieran pintadas, o bordadas, o cosidas en la tilma.Inmediatamente lo llevaron delante del Obispo, y en cuanto lo oy, comprendi que Juan Diego portaba la prueba para convencerlo, para poner en obra lo que solicitaba la Virgen por medio del humilde indio. Y en ese momento, Juan Diego entreg la seal de Mara Santsima extendiendo su tilma, cayendo en el suelo las preciosas flores; y se vio en ella, admirablemente pintada, la Imagen de Mara Santsima, como se ve el da de hoy, y se conserva en su sagrada casa. El Obispo Zumrraga, junto con su familia y la servidumbre que estaba en su entorno, sintieron una gran emocin, no podan creer lo que sus ojos contemplaban, una hermossima Imagen de la Virgen, la Madre de Dios, la Seora del Cielo. La veneraron como cosa celestial. El Obispo con llanto, con tristeza, le rog, le pidi perdn por no haber realizado su voluntad, su venerable aliento, su venerable palabra.41Cuando el Obispo se puso de pie, desat del cuello de Juan Diego la tilma en la que se apareci la Reina Celestial. Posteriormente, la coloc en su oratorio. Juan Diego pas un da en la casa del Obispo; y, al da siguiente, ste le dijo: Anda, vamos a que muestres dnde es la voluntad de la Reina del Cielo que le erijan su templo.42Juan Diego le mostr los sitios en que haba visto y hablado las cuatro veces con la Madre de Dios y pidi permiso para ir a ver a su to Juan Bernardino, a quien haba dejado gravemente enfermo; el Obispo pidi a algunos de su familia que acompaaran a Juan Diego, y les orden que si hallasen sano al enfermo, lo llevasen a su presencia.Al llegar al pueblo de Tulpetlac vieron que el to, Juan Bernardino, estaba totalmente sano, nada le dola; y l, por su parte, estaba admirado de la forma en que su sobrino era acompaado y muy honrado por los espaoles enviados por el Obispo. Juan Diego le cont a su to cmo haba sucedido su encuentro con la Seora del Cielo, cmo lo haba enviado a ver al Obispo con la seal prometida para que se le edificara un templo en el Tepeyac y, finalmente, como le haba asegurado que l estaba ya sano. Inmediatamente, Juan Bernardino confirm esto, que en ese preciso momento a l tambin se le haba aparecido la Virgen, exactamente en la40ANTONIO VALERIANO, Nican Mopohua, v. 137-139. 41ANTONIO VALERIANO, Nican Mopohua, v. 187. 42ANTONIO VALERIANO, Nican Mopohua, p. 62. 15 16. misma forma como la describa su sobrino; y que tambin a l lo haba enviado a Mxico a ver al Obispo; y que le testificara lo que haba visto y le platicara la manera maravillosa de cmo lo haba sanado, y que bien as la llamara, bien as se nombrara: LA PERFECTA VIRGEN SANTA MARA DE GUADALUPE, su Amada Imagen.43Desde ese momento Juan Diego proclam el milagro y el mensaje de Nuestra Seora de Guadalupe, un mensaje y una imagen que proclamaba la unidad, la armona el inicio de una nueva vida.Todos contemplaron con asombro la Sagrada Imagen en la pobre tilma de Juan Diego, seal que ahora le perteneca al Obispo, a la cabeza de la Iglesia. Y absolutamente toda esta ciudad, sin faltar nadie, se estremeci cuando vino a ver, a admirar su preciosa Imagen. Venan a reconocer su carcter divino. Venan a presentarle sus plegarias. Mucho admiraron en qu milagrosa manera se haba aparecido puesto que absolutamente ningn hombre de la tierra pint su amada Imagen.44Se inicia una gran conversin tantos de indgenas como de espaoles, impresionantesperegrinaciones ante la Virgen MorenaInmediatamente, el mensaje y la imagen de Santa Mara de Guadalupe fueron captados y entendidos de tal manera que se verific una impresionante conversin en masa tanto de los indgenas como de los espaoles; de tal forma que son los mismos misioneros quienes quedaron desconcertados ante estas conversiones y fueron estimulados a cumplir con su labor como instrumentos sacramentales de esta apotetica conversin. Ciertamente, un signo concreto, claro y objetivo de la importancia del Acontecimiento Guadalupano fue la conversin de los indgenas, que a partir de este momento se cuentan por millares. Y esto se constata por medio de las fuentes histricas; por ejemplo: fray Toribio Motolinia, adems de indicarnos que la gran labor de los franciscanos haba dado como resultado cierta cantidad de bautizos a indgenas, no pudo negar que en los primeros aos los indios permanecan reacios a convertirse al catolicismo: Anduvieron declaraba el misionero los mexicanos cinco aos muy fros.45 Adems, era consciente de la insignificancia de sus recursos ante la enormidad del trabajo, sus terribles problemas y la inseguridad de que fueran sinceras las 43ANTONIO VALERIANO, Nican Mopohua, v. 208. 44ANTONIO VALERIANO, Nican Mopohua, vv. 214-218. 45FRAY TORIBIO MOTOLINIA, Historia de los Indios, p. 78.16 17. conversiones;46 el temor de que la piedad india fuera idolatra larvada subsisti durante largo tiempo en todos los misioneros y lleg a ser para algunos, como fray Diego de Durn, una obsesin.47 Sin embargo, despus de esos primeros aos, Motolinia nos da noticia de las grandes cantidades de indgenas que pedan el bautismo, y que en aquel momento, inexplicablemente, se contaban por miles, como se lo haba informado un confraterno, deca: fray Juan de Perpin y fray Francisco de Valencia, los que cada uno de estos bautiz pasaron de cien mil; de los sesenta que al presente son en este ao de 1536;48 Motolinia sigui haciendo cuentas de los miles y miles que se haban bautizado y lleg a la conclusin que en total en ese ao de 1536: sern deca hasta hoy da bautizados cerca de cinco millones49 Por su parte fray Juan de Torquemada en su obra Monarqua Indiana nos informa que se bautizaban tantos mil en un da.50 Los mismos frailes estaban sorprendidos de esta conversin masiva, otro misionero e historiador, fray Gernimo de Mendieta sealaba: Al principio comenzaron a ir de doscientos en doscientos, y de trescientos en trescientos, y siempre fueron creciendo y multiplicndose, hasta venir a millares; unos de dos jornadas, otros de tres, otros de cuatro, y de ms lejos; cosa a los que lo vean de mucha admiracin. Acudan chicos y grandes, viejos y viejas, sanos y enfermos. Los bautizados viejos traan a sus hijos para que se los bautizasen, y los mozos bautizados a sus padres; el marido a la mujer, y la mujer al marido.51 Los indios se quedaban en los monasterios aprendiendo la doctrina, daban mil vueltas a las oraciones para aprenderlas de memoria en latn. Y al tiempo que los bautizaban, muchos reciban aquel sacramento con lgrimas Quin poda atreverse a decir que estos venan sin fe, pues de tan lejos tierras venan con tanto trabajo, no los compeliendo nadie, a buscar el sacramento del bautismo?52 Algunos indgenas, como deca Mendieta, hacan grandes esfuerzos para llegar al monasterio en donde les pudieran administrar el sacramento del bautismo; por ejemplo, para llegar al monasterio de Guacachula, los indgenas deban atravesar sierras y barrancos, casi sin comida. Esta afluencia de indgenas no se dio como un fenmeno pasajero, ya que continuaron llegando de lejanas tierras y con todas estas dificultades durante meses; continuaba Mendieta: afirma un religioso siervo de Dios, que pas por all husped, que en cinco das que all estuvo bautizaron l y otro sacerdote por cuenta catorce mil y doscientos y tantos. Y aunque el trabajo no era poco (porque a todos pona leo y crisma), dice que senta en lo interior un no s qu de46De hecho, algunos frailes misioneros, como Sahagn y Durn, se dieron a la tarea de investigar, de manera meticulosa, la cultura india, para poder combatir mejor cualquier idolatra, que pudiera perjudicar a sus recin convertida grey: El mdico no puede acertadamente aplicar las medicinas al enfermo sin que primero conozca qu humor o de qu causas procede la enfermedad [...] para predicar contra estas cosas, y aun para saber si las hay, menester es saber cmo las usaban. FRAY BERNARDINO DE SAHAGN, Historia General, p. 17. Esta fue la actitud general. Sin embargo, ciertamente hubo casos de excepcin como Fray Jacobo de Testera, quien escribi: a nosotros los religiosos, cuando entramos en esta tierra, no nos espant ni desconfi su idolatra, mas habiendo compasin de su ceguedad, tuvimos muy gran confianza que todo aquello y mucho ms haran en servicio de nuestro Dios, cuando lo conociesen. Carta de fray Jacobo de Testera. Huejotzingo, el 6 de mayo de 1533, en Cartas de Indias, Madrid, 1877, p. 66. 47Cfr. FRAY DIEGO DURN, Historia de las Indias de Nueva Espaa e Islas de Tierra Firme, terminada en 1591, Ed. Porra (= Col. Biblioteca Porra Nos. 36 y 37), Mxico 1967. 48FRAY TORIBIO MOTOLINIA, Historia de los Indios, p. 85. 49FRAY TORIBIO MOTOLINIA, Historia de los Indios, p. 85. 50FRAY JUAN DE TORQUEMADA, Monarqua Indiana, Ed. Porra (= Col. Biblioteca Porra No 43), introduccin de MIGUEL LEN-PORTILLA, Mxico 51986, T. III, p. 140. 51FRAY GERNIMO DE MENDIETA, Historia Eclesistica, p. 276. 52FRAY GERNIMO DE MENDIETA, Historia Eclesistica, p. 276. 17 18. contento en bautizar aquellos ms que a otros; porque su devocin y fervor de aquellos pona al ministro espritu y fuerzas para los consolar a todos, y para que ninguno se les fuese desconsolado. Y cierto fue cosa de notar y maravillar, ver el ferviente deseo que estos nuevos convertidos traan al bautismo, que no se leen cosas mayores en la primitiva Iglesia. Y no sabe hombre de qu se maravillar ms, o de ver as venir a esta nueva gente, o de ver cmo Dios los traa. Aunque mejor diremos, que de ver cmo Dios los traa y reciba al gremio de su santa Iglesia. Despus de bautizados, era cosa notable verlos ir tan consolados, regocijados y gozosos con sus hijuelos a cuestas, que pareca no caber en s de placer.53Cuando esta conversin adquiri dimensin masiva, se reflexion sobre la mejor manera de administrar el bautismo y se busc una gua segura escribiendo al Papa para conocer las soluciones que se pudieran dar a este caso, y mientras llegaban las disposiciones de Roma, los frailes tuvieron que suspender momentneamente los bautismos en gran masa; esto propici que los frailes vieran testimonios que les partan el corazn, la gente estaba ansiosa de tener el sacramento, con actitudes que conmovan y sorprendan a los misioneros, por ejemplo, el mismo Mendieta nos informa sobre estos indgenas a quienes no les importaban distancias, temporales, hambres, etc. con tal de tener el bautismo; y que, por supuesto, no les importaba esperar todo el tiempo que fuera necesario hasta conseguir su objetivo. Tanto en el convento de Guacachula como en el de Tlaxcala, se contaron cerca de 2,000 indgenas que pacientemente esperaban en los patios, y rogaban a cuanto misionero vean para que los bautizaran. Los misioneros fueron testigos de que, cuando se les despeda sin darles el sacramento, los indios volvan a sus casas, llorando y quejndose, y diciendo mil lstimas, que eran para quebrar los corazones, aunque fueran de piedra.54Y lo mismo dgase de los indgenas que trataban de confesarse: Acaeca deca Mendieta por los caminos, montes y despoblados, seguir a los religiosos mil y dos mil indios y indias, slo para confesarse, dejando desamparadas sus casas y hacienda; y muchas de ellas mujeres preadas, y tanto que algunas paran por los caminos, y casi todas cargadas con sus hijos a cuestas. Otros viejos y viejas que apenas se podan tener en pie con sus bculos, y hasta ciegos, se hacan llevar de quince y veinte leguas a buscar confesor. De los sanos muchos venan de treinta leguas, y otros acaeca andar de monasterio en monasterio ms de ochenta leguas buscando quien confesase. Porque como en cada parte haba tanto que hacer, no hallaban entrada. Muchos de ellos llevaban sus mujeres e hijos y su comidilla, como si fueran de propsito a morar a otra parte. Y acaeca estarse un mes y dos meses esperando confesor, o lugar para confesarse.55Uno de los sacramentos que ms dificultades haba presentado para la aceptacin indgena era el Matrimonio, ya que el dejar a sus mujeres y tener slo una, no era cosa fcil, en un esquema de familia que incluso en algunos lugares de Mxico rige todava. Los indgenas, pueblo entregado a la guerra y a los sacrificios humanos como parte de la armona del cosmos, no podan imaginar el no tener muchos hijos, integrantes fundamentales de esta armona sagrada.Por lo que, si bien ya era de sorprender la conversin en masa que se dio poco despus del gran Acontecimiento Guadalupano, y sabiendo los misioneros la resistencia que ofrecan los indios al sacramento del matrimonio con una sola mujer; resulta aun ms admirable que, precisamente despus del Acontecimiento Guadalupano, stos llegaran a pedir con gran fervor el matrimonio cristiano.53FRAY GERNIMO DE MENDIETA, Historia Eclesistica, p. 277. 54FRAY GERNIMO DE MENDIETA, Historia Eclesistica, p. 278. 55FRAY GERNIMO DE MENDIETA, Historia Eclesistica, pp. 282-283.18 19. Fray Toribio Motolinia nos informa sobre este proceso de cambio. Despus de muchos esfuerzos y fatigas, el primer matrimonio cristiano tuvo lugar el 14 de octubre de 1526, cuando se casaron ocho parejas, entre los que se encontraba don Hernando, hermano del seor de Texcoco; Motolinia alude a este primer matrimonio en la tierra del Anhuac, sealando esta fecha como punto de referencia debido a que los matrimonios eran muy escasos, y nos informa tambin la razn de esto: los seores tenan las ms mujeres, no las queran dejar, ni ellos [los frailes misioneros] se las podan quitar, ni bastaba ruegos, ni sermones, ni otra cosa que con ellos se hiciese, para que dejadas todas se casasen con una sola en faz de la Iglesia; y respondan que tambin los espaoles tenan muchas mujeres, y si les decamos que las tenan para su servicio, decan que ellos tambin la tenan para lo mismo; y as aunque estos indios tenan muchas mujeres con quien segn su costumbre eran casados, tambin las tenan por manera de granjera, porque las hacan a todas tejer y hacer mantas y otros oficios.56 Pero, en 1536 Motolinia comprueba y es testigo de que despus de 1531 las cosas cambiaron radicalmente, continuaba: ha placido a Nuestro Seor que de su voluntad de cinco a seis aos a esta parte comenzaron algunos a dejar la muchedumbre de mujeres que tenan y a contentarse con una sola, casndose con ella como lo manda la Iglesia; y con los mozos que de nuevo se casan son ya tantos, que hinchan las iglesias, porque hay das de desposar cien pares; y das de doscientos y de trescientos y das de quinientos.57 Por su parte Mendieta deca: Y era mucho de ponderar la fe de los indios, que les acaeca a muchos haber dejado las mujeres legtimas, porque no les tenan amor, y andar revueltos con las mancebas a quienes estaban aficionados, y tener en ellas tres o cuatro hijos, y por cumplir lo que se les mandaba, dejaban stas en quien tenan puesta su aficin, e iban a buscar las otras, quince y veinte leguas, porque no les negasen el bautismo.58 Los mismos misioneros estaban desconcertados de este radical cambio, de tantas y tantas sorpresivas conversiones; y trataban de razonar este fenmeno diciendo que, en parte, haba sido resultado de su predicacin y testimonio; como hemos dicho, no cabe duda que esto ciertamente influy en las conversiones iniciales; sin embargo, la masiva conversin dejaba a los serficos misioneros con admiracin y con expresiones de asombro, como deca Mendieta: fue cosa de notar y maravillar, de mucha admiracin. El documento histrico llamado Nican Motecpana tambin corrobora y confirma este cambio desde el corazn indgena, que se manifest en la aceptacin de la fe; a su modo y en estilo por esta importante fuente se nos dice que los indios: sumidos en profundas tinieblas, todava aman y servan a falsos diosecillos, obras manuales e imgenes de nuestro enemigo el demonio, aunque ya haba llegado a sus odos la fe, desde que oyeron que se apareci la Santa Madre de Nuestro Seor Jesucristo, y desde que vieron y admiraron su perfectsima imagen, que no tiene arte humano; con lo cual abrieron mucho los ojos, cual si de repente hubiera amanecido para ellos.59 Fue tal la conversin, que muchos de ellos tiraron, con sus propias manos, los antiguos dolos: Y luego (segn los viejos dejaron pintado) algunos nobles, lo mismo que sus criados plebeyos, de buena voluntad echaron fuera de sus casas, arrojaron y esparcieron las56FRAY TORIBIO MOTOLINIA, Historia de los Indios, p. 98. 57FRAY TORIBIO MOTOLINIA, Historia de los Indios, p. 98. 58FRAY GERNIMO DE MENDIETA, Historia Eclesistica, p. 300. 59FERNANDO DE ALVA IXTLILXCHITL, Nican Motecpana, p. 307. 19 20. imgenes del demonio y empezaron a creer y venerar Nuestro Seor Jesucristo y su preciosa Madre.60 El Acontecimiento Guadalupano no slo convierte a los indgenas sino a los mismos espaoles; uno de los ejemplos ms explcitos de esto son los variados testimonios de los testigos en la llamada Informacin de 1556; donde explcitamente se hace referencia a grandes peregrinaciones de espaoles a la ermita del Tepeyac, de milagros, de conversiones y del gran amor a Santa Mara de Guadalupe logrando grandes conversiones no slo de los indgenas sino tambin de espaoles.61 Dice el testimonio de Juan de Salazar que la gran devocin que toda esta ciudad ha tomado a esta bendita Imagen, y los indios tambin, y cmo van descalzas seoras principales y muy regaladas, y a pie con sus bordones en las manos, a visitar y encomendar a nuestra Seora y de estos los naturales han recibido grande ejemplo y siguen lo mismo [...] muchas seoras de este pueblo y doncellas, as de calidad como de edad, iban descalzas y con sus bordones en las manos a la dicha ermita de nuestra Seora y que as este testigo lo ha visto, porque ha ido muchas veces a la dicha ermita, de que este testigo no poco se ha maravillado, por haber visto muchas viejas y doncellas ir a pie con sus bordones en las manos, en mucha cantidad a visitar la dicha Imagen.62 Y aade este mismo testigo que incluso lleg a tal punto la devocin que ya no se platica otra cosa en la tierra, si no es dnde queris que vayamos? vamos a nuestra Seora de Guadalupe.63 Otro testigo, el bachiller Francisco de Salazar juraba: no solamente las personas que sin detrimento de su salud y sin vejacin de su cuerpo pueden, van a pie; pero mujeres y hombres de edades mayores y enfermos, con esta devocin van a la dicha ermita.64 En su testimonio, Juan de Masseguer nos dice: Que todo el pueblo a una tiene gran devocin en la dicha Imagen de Nuestra Seora de todo gnero de gente, nobles ciudadanos e indios.65 Mientras que Alvar Gmez testific: que es verdad que ha ido all una vez, y que top muchas seoras de calidad que iban a pie, y otras personas, hombres y mujeres de toda suerte, a la ida y a la venida, y que all vio dar limosnas hartas, y que a su parecer que era con gran devocin, y que no vio cosa que le pareciese mal, sino para provocar a devocin de Nuestra Seora, y que a este testigo, viendo a los otros con tanta devocin, le provocaron ms; y que le parece que es cosa que se debe favorecer y llevar adelante, especial que en esta tierra no hay otra devocin sealada, donde la gente haya tomado tanta devocin, y que con esta Santa devocin se estorban muchos de ir a las huertas, como era costumbre en esta tierra, y ahora se van all donde no hay aparejos de huertas ni otros regalos ningunos, mas de estar delante de Nuestra Seora en contemplacin y en devocin.66 En palabras sencillas, el culto a la Virgen de Guadalupe se manifiesta como una verdadera evangelizacin;67 los misioneros observaron que con el mensaje y la imagen de Nuestra Seora60FERNANDO DE ALVA IXTLILXCHITL, Nican Motecpana, p. 307. 61Cfr. Informacin de 1556 ordenada realizar por Alonso de Montfar, arzobispo de Mxico, en ERNESTO DE LA TORRE VILLAR Y RAMIRO NAVARRO DE ANDA, Testimonios Histricos Guadalupanos, Ed. FCE, Mxico 1982. 62Testimonio de Juan de Salazar, en Informacin de 1556, p. 51. 63Testimonio de Juan de Salazar, en Informacin de 1556, p. 53. 64Testimonio de Francisco de Salazar, en Informacin de 1556, p. 59. 65Testimonio de Juan de Masseguer, en Informacin de 1556, p. 71. 66Testimonio de Alvar Gmez de Len, en Informacin de 1556, p. 67. 67Cfr. MARIANO CUEVAS, El culto Guadalupano del Tepeyac. Sus orgenes y sus crticos en el siglo XVI, Apndice: La informacin de 1556 sobre el sermn del provincial franciscano Bustamante, Ed. Centro de Estudios Fray Bernardino de Sahagn, Mxico 1978.20 21. de Guadalupe la esencia del Evangelio era entendido y mova de tal forma las almas que la conversin hacia Jesucristo era una manifestacin patente de ello.Ciertamente es sorprender este cambio, que tuvo su origen en las profundidades del corazn y esta nueva actitud que revela una luz de esperanza, la cual permiti que se llevara a cabo la evangelizacin de un pueblo que estaba como tierra bien preparada para recibir el mensaje de la Salvacin. De hecho, se inicia una devocin que nadie podr detener, y que aun ms se fue profundizando y extendiendo durante los diversos periodos histricos que tuvieron lugar en Mxico.El Santuario de la Reina del Cielo, de la Nia Morena, es uno de los ms visitados del mundo; miles y miles de personas caminan en peregrinacin, desgranando rosarios, alzando cnticos de alabanza, oraciones de peticin y splica, de agradecimiento y reconocimiento.Modelo de Evangelizacin perfectamente inculturadaCuando se habla de cultura es importante la descripcin que el cardenal Paul Poupard expres: la cultura es la manera peculiar en que los hombres, en un determinado pueblo, cultivan su relacin con la naturaleza, consigo mismos y con Dios, a fin de alcanzar un nivel verdadera y plenamente humano.68 La Conferencia del Episcopado Latinoamericano (CELAM) expres en el Documento de Puebla de una manera elocuente lo que es la inculturacin y que es lo que prcticamente el Acontecimiento Guadalupano marca la pauta, as lo expresan los obispos latinoamericanos: En efecto, la fe transmitida por la Iglesia es vivida a partir de una cultura presupuesta, esto es, por creyentes vinculados profundamente a una cultura y la construccin del Reino no puede por menos de tomar los elementos de la cultura y de las culturas humanas. Por otra parte permanece vlido, en el orden pastoral, el principio de encarnacin formulado por san Ireneo: Lo que no es asumido no es redimido. El principio general de encarnacin se concreta en diversos criterios particulares: Las culturas no son terreno vaco, carente de autnticos valores. La Evangelizacin de la Iglesia no es un proceso de destruccin, sino de consolidacin y de fortalecimiento de dichos valores; una contribucin al crecimiento de los grmenes del Verbo presentes en las culturas. Todo esto implica que la Iglesia obviamente la Iglesia particular, se esmere en adaptarse, realizando el esfuerzo de un trasvasamiento del mensaje evanglico al lenguaje antropolgico y a los smbolos de la cultura en la que se inserta. De este modo, por la evangelizacin, la Iglesia busca que las culturas sean renovadas, elevadas y perfeccionadas por la presencia activa del Resucitado, centro de la historia, y de su Espritu.69 Es decir, que quienes queramos proclamar el Evangelio a gentes diversas de nosotros mismos, debemos hacer el esfuerzo al evangelizar a los gentiles: exponer y compartir nuestra Fe a partir de los conocimientos y sentimientos de los otros, no slo de los nuestros, obteniendo as ambos un doble enriquecimiento, pues ninguno tendra que renunciar a sus propios valores y tradiciones para adoptar los del otro, sino uno y otro adoptar, asimilar y depurar los de los dos. 68PAUL POUPARD, Intervencin en la 7. Congregacin General, presente el Santo Padre, el 20 de noviembre de 1997, en JAVIER GARCA GONZLEZ, Historia del Snodo de Amrica, Ed. Nueva Evangelizacin, Mxico 1999, p. 190. 69Documento de Puebla, Nos. 400-401; 404 y 407. 21 22. Y esta inculturacin ocurri cuando menos poda esperarse, cuando nuestra patria mestiza se debata en atroces dolores de un parto que amenazaba culminar en una destruccin total, como aconteci en otras partes, donde la poblacin indgena qued exterminada, pues no se vea posibilidad alguna de acuerdo entre pueblos tan diversos; cuando indios y espaoles se vean con miedo y rencor, deformada su perspectiva por una total incomprensin mutua, ya que las culturas de ambos eran humanamente incompatibles. Los espaoles estaban convencidos que se enfrentaban con Satans en persona, de modo que toda tolerancia equivaldra a una clara traicin a Dios, y los indios estaban convencidos que su ineludible deber esa ser fieles a su raz, a lo que siempre haban sido y, en especial, la versin del Evangelio que los misioneros les presentaban les resultaba insultante e inaceptable, Dios, a travs de su Madre Santsima, supo resolver ese insoluble problema, sin desautorizar a sus enviados espaoles, sin reprobar los valores indios. Supo, en una palabra, confirmar la predicacin de sus enviados inculturando su mensaje a la mente india. Y con esto no slo obtuvo su conversin entusiastamente masiva e instantnea, sino que se aceptaran unos a otros tan efectivamente que nacimos ese pueblo nuevo, hijo y heredero de ambos: el pueblo mestizo que somos hoy Mxico. Este anhelo, que hoy por primera vez es sincero y universal, topa sin embargo con la miseria humana, ante la que se estrellan todos los esfuerzos, y vemos abortar cuantos intentos se hacen ya no digamos para que se reconcilien, sino simplemente dejen de matarse pueblos hermanos. Y no slo tenemos esa imagen, sino que dos pueblos, del todo diferentes, divididos por una incomprensin abismal, no slo dejaron de masacrarse, sino que, al acoger el amor que les ofreci; Dios a travs de su Madre Santsima, se aceptaron y fusionaron tan de veras que naci de ellos un pueblo heredero de las grandezas y miserias de los dos, pero genuinamente nuevo, sntesis y reconciliacin de lo aparentemente irreconciliable, lo que el Santo Padre en persona defini como un gran ejemplo de evangelizacin perfectamente inculturada. Que tiene, obviamente, que continuar tocando corazones para que se realice una verdadera conversin cada da. La Cultura de la Vida forjadora de la Civilizacin del AmorAunque estamos a casi cinco siglos del Acontecimiento Guadalupano, hoy se nos revela como algo maravillosamente nuevo, perfectamente adecuado a las necesidades de nuestra poca que desea obtener la paz, que todos los hombres nos podamos superar en armona, compartiendo las riquezas de nuestras culturas ancestrales. Y esto, que parece hoy imposible, ya se realiz en nuestra patria y de ah nacimos nosotros.El Acontecimiento Guadalupano en su gran y profunda dimensin nos invita a conocerlo ms y mejor, y asimismo a difundirlo, pues nos confiri la inmerecida distincin de hacernos, a travs de su Madre Santsima, sus embajadores, en quienes absolutamente deposit su confianza., para dar testimonio al mundo del amor de Dios.Es un hecho vivido por el pueblo, desde la fe del sencillo y del humilde; fue el pueblo simple quien comunic por todas partes el gran Acontecimiento Guadalupano; una Devocin Popular que ha trascendido tiempo y espacio. Esto enriqueci la tradicin oral. La narracin del Acontecimiento Guadalupano fue transmitida por medio de la caracterstica memoria indgena; una tradicin que fue heredada de padres a hijos, de abuelos a nietos. 22 23. Una de estas singulares narraciones, que se ha transmitido de generacin en generacin, que recoge lo esencial y lo ms hermoso del Evento Guadalupano y en la que Juan Diego es llamado uno de los nuestros se escucha an en Zozocolco, Veracruz, pueblecito perdido en las montaas entre Papantla y Poza Rica, a seis horas hacia la montaa. El padre Ismael Olmedo Casas, el doce de diciembre de 1995, tuvo la idea de preguntar a los fieles indgenas cual era el motivo de su celebracin, antes de predicrselos l: Buenos das, Grandes Jefes! Queremos que nos platiquen sobre la Virgen de Guadalupe. Hoy, en la fiesta de la Virgen de Guadalupe. Seor Cura, Jefe servidor de las cosas santas, buenos das! Te platico lo que hemos odo a los ancianos, nuestros abuelos: Hace muchas pascuas [fiestas] de San Miguel, hace casi mil cosechas [dos por ao], hace casi 500 vuelos del Palo Volador [un vuelo cada ao durante una fiesta], sucedi que all en el centro de donde nos mandaban a nosotros, que ramos servidores del Emperador Gran Seor, que vesta fina manta y hermosos plumajes, y ofreca por el pueblo al Dios Bueno lo que la tierra produca y la sangre de sus hijos para que el orden de la vida siguiera adelante, llegaron hombres de cabello de sol, que nosotros ya sabamos de su llegada; pero no esperbamos esos malos tratos de su parte, porque los creamos enviados de los ngeles, y slo trajeron mugre, enfermedad, destruccin, muerte y mentira: Nos hablaban de un Dios que amaba, pero ellos con su vida odiaban. El pueblo ya estaba cansado, cuando en una obscura maana de la media cosecha fuerte del caf [mediados de diciembre], a uno de los nuestros le regal Dios, Dios Espritu Santo, un mensaje del cielo. Como lo dijera el Libro Grande de nuestros hermanos los mayas [el Popol Vuh]: El hombre se haba portado mal, y el gran Dios mandara a alguien para rehacer al hombre del maz. Tambin el Libro Grande de los espaoles [la Biblia] dice que despus de que el hombre destruy la armona que haba en el Universo, manifestado en el vuelo perfecto del Volador, mereca la vida sin felicidad, pero Dios prometi que alguien nacido de una de nuestra raza, Mujer, nos devolvera la sonrisa a nuestros rostros, nos quitara el mecapal con la carga en la cuesta ms pesada, y haramos fiesta das enteros, sin acabarse [la Vida Eterna]. Apareci, as lo dicen los Jefes, en el Cerro del Anhuac, una seal del mismo Cielo, a donde llega la manzana del Volador: una Mujer con gran importancia, ms que los mismos Emperadores, que, a pesar de ser mujer, su podero es tal que se para frente al Sol, nuestro dador de vida, y pisa la Luna, que es nuestra gua en la lucha por la luz, y se viste con las Estrellas, que son las que rigen nuestra existencia y nos dicen cundo debemos sembrar, doblar o cosechar. Es importante esta Mujer, porque se para frente al Sol, pisa la Luna y se viste con las Estrellas, pero su rostro nos dice que hay alguien mayor que Ella, porque est inclinada en signo de respeto. Nuestros mayores ofrecan corazones a Dios, para que hubiera armona en la vida. Esta Mujer dice que, sin arrancarlos, le pongamos los nuestros entre sus manos, para que Ella los presente al verdadero Dios. Los tres volcanes surgen de sus manos y en el pecho, aquellos que flanquean el Anhuac y el que vio la llegada de nuestros dominadores, que para Ella tienen que ser tenidos y tenerlos como de una nueva raza, por eso su rostro no es ni de ellos ni de nosotros, sino de ambos. En su tnica se pinta todo el Valle del Anhuac y centra la atencin en el vientre de esta Mujer, que, con la alegra de la fiesta, danza, porque nos dar a su Hijo, para que con la armona del ngel, que sostiene el cielo y la tierra [manto y tnica], se prolongue una vida nueva. Esto es lo que recibimos de nuestros ancianos, de nuestros abuelos, que nuestra vida no se acaba, sino 23 24. que tiene un nuevo sentido, y como lo dice el Libro Grande de los espaoles [la Biblia], que apareci una seal en el cielo, una Mujer vestida de Sol, con la Luna bajo sus pies y una corona de Estrellas, y est a punto de parir. Esto es lo que hoy celebramos, Seor Cura: la llegada de esta seal de unidad, de armona, de nueva vida.70Los obispos reunidos en Brasil han lanzado esta verdad al mundo entero: [Mara], as como dio a luz al Salvador del mundo, trajo el Evangelio a nuestra Amrica. En el acontecimiento guadalupano, presidi, junto al humilde Juan Diego, el Pentecosts que nos abri a los dones del Espritu.71 Y aadieron: Todos los bautizados estamos llamados a recomenzar desde Cristo, a reconocer y seguir su Presencia con la misma realidad y novedad, el mismo poder y afecto, persuasin y esperanza, que tuvo su encuentro con los primeros discpulos a las orillas del Jordn, hace 2000 aos, y con los Juan Diegos del Nuevo Mundo.72 70El texto completo y su ratificacin judicial, se encuentra en la Sagrada Congregacin para las Causas de los Santos, Archivo para la Causa de Canonizacin de Juan Diego. 71Documento de Aparecida, 269. 72Documento de Aparecida, 269. 24