Primeros y últimos asombros

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Tres años después de que fueran dados a imprenta estos Primerosy últimos asombros -agotada la primera edición- me es posiblever en ellos, todavía, ideas que son simientes para tierras otras;también, reconozco aquí argumentos robustos, al amparo delos cuales ha crecido Entre la diafanidad y la comunidad. Ser dela expresión (Afínita, 2011).

Transcript of Primeros y últimos asombros

  • primeros y ltimos asombrosfilosofa ante la cultura y la barbarie

    arturo aguirre

  • director de coleccin alberto constante

    Primera edicin, 2010Primera reimpresin, 2013

    D.r. 2013 arturo aguirre moreno

    D.r. 2010 afinita editorial mxico s.a. de c.v.Golfo de pechora no. 12 bis, lomas lindas, 52947 atizapn de Zaragoza estado de mxico

    isbn: 978-607-95080-8-1

    primeros y ltimos asombros se termin de imprimir y encuadernar en los talleres de el errante editor s.a. de c.V., ubicados en privada emiliano Zapata, 5247, san baltasar campeche puebla, mxico, en el mes de enero de 2013. la tipografa utilizada fue adobe Garamond pro, adobe Garamond premier pro y felix titling.

    Impreso en Mxico

    coleccincallejn del porvenir

  • prlogo. inicia el asombro 11

    introduccin 15

    i. el ser de la expresin. la posibilidad de las formas en la forma de ser humana 31

    ii. primeros asombros. el surgimiento de la paideia y la intuicin de que el ser del hombre se incrementa 49

    la temporalidad y la transformacin 61

    iii. el afn de ser ms y la accin educativa 71

    la imposibilidad de definir al ser del hombre y lo otro uniforme 86

    el despliegue de las formas de ser y la herencia como cultivo de la vitalidad 91 iV. las posibilidades y el ejercicio de la libertadmantenimiento de la forma 97

    las formas de la accin 109

    ndice

  • V. funcin del ideal educativo y la maleabilidad del hombre 117 Homo educandum. la accin educativa y los lmites de su transformacin 129

    Vi. la realizacin en lo mejor de s 137 transformacin y las formas de la comunidad 146 cultura y dinmica: la energa vital. sospecha de una nueva situacin: el anuncio de la nueva barbarie 152

    Vii. ltimos asombros. la metamorfosis de nuestros das 177 la barbarie interior y la desmundanizacin de la vida 190

    agona y porvenir 203

    lo irrenunciable de la paideia frente a la nueva barbarie 212

    resonancias finales 219

    fuentes documentales referidas 229

  • nota Del aUtor

    tres aos despus de que fueran dados a imprenta estos Primeros y ltimos asombros -agotada la primera edicin- me es posible ver en ellos, todava, ideas que son simientes para tierras otras; tambin, reconozco aqu argumentos robustos, al amparo de los cuales ha crecido Entre la diafanidad y la comunidad. Ser de la expresin (afnita, 2011).

    con todo, este libro ha derivado una va de reflexin que en el momento de su escritura no era imaginable: el envs de la formacin del ser humano en la comunidad -eso que se llam entre los helenos paideia tiene el problema de dispositivos simblicos de destruccin regulada, sistemtica y continuada de identidades individuales y colectivas en la historia de la cultura. as, el conflicto frtil para la teora en la relacin entre cultura y barbarie que propone este libro, ha hecho crecer otra: la relacin entre comunidad y exclusin (con la figura paradigmtica del exiliado).

    el estudio de la condicin ontopoitica del ser humano, como realizacin de s en la enrgica accin de la comu-nidad por la cultura, que analizan estos Asombros, debe tener presente, a la vez, aquella irrealizacin des-comunal que coexiste con otros fenmenos acontecidos a la sombra de la comunidad.

  • la ms sentida gratitud a Doa alicia rodrguez de nicol, por su fraterno apoyo; a la Dra. lizbeth sagols, al Mtro. Josu landa y al Dr. alberto constante, todos ellos de la Universidad nacional autnoma de Mxico, por sus sugerencias e indica-ciones oportunas a este trabajo; al Dr. antoln snchez cuervo del Instituto de Filosofa cchs-csic, por ser la otra orilla para pensar en espaol y consolidar nuestra comunidad contra tiempos de exilio; a la Dra. concha roldn Panadero, Direc-tora del Instituto de Filsofa cchs-csic, por la puerta abierta y el espacio que me ha brindado, en donde las cosas van tomando su solidez y su consolidacin; al Dr. stefano santasilia de la Universidad de calabria, por ser juvenil smbolo filosfico; al Mtro. arturo romero de la Universidad libre de berln, cmplice de empeos cosmopolitas.

    a. a.

  • o una vez una historia a la que me atengo como prueba, y es esta: leoncio, hijo de aglayn, suba del Pireo por la parte exterior del muro del norte cuando advirti unos cadveres que estaban echados por tierra al lado del verdugo. comenz entonces a sentir deseos de verlos, pero al mismo tiempo le repugnaba y se retraa; y as estuvo luchando y cubrindose el rostro hasta que, vencido de su apetencia, abri enteramente los ojos y, corriendo hacia los muertos, dijo: ah los tenis, malditos, saciaos del hermoso espectculo.

    Platn, Repblica

  • 11

    PrloGo

    InIcIa el asoMbro

    Parece que hay momentos en que sera mejor cerrar los ojos con vigor, mantener el deseo a lmite y la razn lcida con entereza; sobreponerse al espectculo de lo que esta ah y ante lo cual nuestra mirada pugna por ver con imponente apetito.

    advertidos los cadveres, leoncio, hijo de aglayn, lucha y se cubre el rostro con tesn efmero ante la obra del verdugo. se entiende que aqu, con el aliento sostenido e intentando rehacerse una y otra vez, leoncio, todo mirada, desfallece y agoniza: tenso entre la fascinacin externa, objeto de apetencia, y la retraccin interior, sujeto al frgil llamado de la racionalidad para no desfallecer. la escena descrita por Platn esta desbordada por la consternacin, angustia, desesperacin y, finalmente, el signo dramtico que deja en suspenso lo aterrador que ya no se describe pero podemos inferir despus del reproche y el consentimiento: el triunfo de esa intimidad deformada por lo obsceno. escena y protagonista, mirada y espectculo vueltos uno solo cuando se corre hacia lo no querido en principio. la fugacidad de la escena traslada, as, la atencin de la desmesura y dureza del castigo, de aquel muro norte del Pireo con la intemperie de los cadveres violen-tados, al protagonismo de la joven y noble individualidad finalmente vencida, no por la brutalidad misma, sino por la renuncia propia de la razn (esto a lo que Platn llamar la barbarie del alma).

    la propensin es irrefrenable en leoncio, porque no aparece en ningn momento el asombro (thauma) y la inte-rrogacin que puedan sosegar el vrtigo y el trnsito que hay en la corta distancia entre lo puesto delante de los ojos y la espontnea accin de mirar. el asombro es a decir de Platn

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    primeros y ltimos asombros

    mismo caracterstica fundamental del ejercicio filosfico,1 y justamente por su magnitud, habr que alejar al asombro, entonces, de aquellas agitaciones que la escena de leoncio muestra; pues, no se trata de lo inslito, la fascinacin, la sorpresa, la novedad ni la variacin misma de otras escenas parecidas, lo que da forma a una actitud humana ordenada por el asombro para disponerse racionalmente frente a la realidad e interrogar por ella. el asombro y las formas de la duda, que de ah emergen, determinan las proporciones de la cercana y lejana, de la manera de aproximarse a un dato, a una situa-cin o, como en este caso, a una conmocin individual del alma de leoncio.

    Sumergidos en la vorgine de nuestro mundo, del temible pero fascinante espectculo fiero de nuestras humanas posi-bilidades y acciones decididas ante las cuales nos retraemos y nos vemos emplazados, al mismo tiempo, en nuestro humano mirar, la leccin es la misma: solo la reflexin, la detencin misma que el asombro propicia y la interrogacin, nos ponen de frente ante nosotros mismos, ante los otros y lo otro.

    el asombro nos dispone para orientar nuestra mirada, para darle forma al mirar y advertir las briosas propensiones a las que nos vemos sometidos con el esfuerzo de una razn que puede o no desfallecer ante ellas, pero que le es posible reco-nocerse y entenderse en aras del empeo por ser ms entera o ntegra al dar razones de su propio despliegue en la vida.

    la entereza de la razn eso que en leoncio se echa por falta fraguada en la filosofa comienza por el asombro y su detencin, se despliega en la interrogacin y se consolida en la bsqueda de una vida ms apropiada y autntica en la accin consecuente. con el tiempo, el ejercicio de la filosofa ha comenzado a olvidar que este oficio vital tiene ese linaje asombroso, es decir, del radical asombro, y que se orienta hacia la disposicin y formacin de la vida ante una huma-nidad propensa siempre a la desmesura. tal vez, los tonos de 1. Platn, Teeteto, 155 D. asimismo, vase aristteles, Metafsica,

    I 298 b.

  • 13

    PrloGo. InIcIa el asoMbro

    alarma, temor y peligro, cuando no los de seduccin, pertur-bacin y malestar, que ahora prevalecen en muchos escritos de filosofa contempornea, permeados por la sorpresa, incre-dulidad o fascinacin en que nos vemos sumergido por la barbarie indmita de nuestros das, pueda constatar de manera ms lcida la desorientacin que padece todo el orden de nuestra existencia; por la cual no se alcanza a explicar por qu nosotros, como leoncio, seguimos cediendo con fascinacin ante el incremento, difusin e intensificacin de la barbarie. Para Platn el problema era una incorreccin formativa: la cultura falla en las dimensiones educativas, sobre todo cuando se trata de la juventud, al no comprender la fragilidad, expo-sicin, maleabilidad y la intemperie a la que se encuentran destinados los individuos dentro de una comunidad y no se salvaguardan las formas mismas de la educacin (como suceda ya en los convulsos siglos v y iv a.n.e. con la sofstica, el teatro, las deformaciones de la poltica y la vida cvica en su conjunto).

    todo indica que hemos de volver a los asombros funda-mentales que dirigieron las primeras reflexiones filosficas, ah, en donde la razn se detuvo para preguntar sobre la forma humana de ser que se dispone ante la realidad; ah, en donde el individuo lucha, agoniza, de frente a aquellas acciones propi