Publicaciones Sobre G W Leibniz

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Azafea 1 (1985) 377-414 Publicaciones sobre G. W. Leibniz en revistas españolas desde 1970 a 1984 Leibniz es uno de los personajes de la Historia de la Filosofía más precoces, más dotados y que más ha escrito. Sin embargo, no es tan conocido, ni tan estu- diado como merece su obra. Leibniz (1646-1716) a sus 15 años había leído ya a los clásicos griegos y lati- nos, a autores medievales y conoce a Descartes, F. Bacon, Campanella, Kepler y Galileo, prácticamente contemporáneos suyos. El grado de penetración que ha conseguido a esa edad es envidiable y extraño. Gran parte de esta formación es autodidacta. Su primera obra la escribe en 1663, De principio individui, por tanto, a sus 17 años. Conoció y tuvo relación epistolar con la práctica totalidad de los personajes más importantes de la época, tanto políticos como, y especial- mente, filósofos y científicos. La magnitud de su obra y de su personalidad se adivina al descubrir lo que llegó a conocer y escribir, y el grado de penetración que alcanzó en todos los temas a los que se refirió, sus viajes, sus actividades como consejero, diplo- mático, bibliotecario, organizador de Academias, matemático, ingeniero, etc. Cuesta trabajo imaginar cómo fue capaz de hacer todo lo que hizo y cómo, a su vez, tuvo el tiempo, el ocio suficiente para escribir una obra, cuya edición, según los cálculos de la Academia de Ciencias de Berlín, no estará por debajo de los 70 volúmenes. Ahora bien, la inmensa mayoría de sus escritos han permanecido inéditos. En la vida de Leibniz se publicaron muy pocas obras. El propio Leibniz confe- saba que, quien quisiera conocerle a través de sus obras publicadas, no conse- guiría conocer su propio pensamiento. Hay que decir, además, que las obras publicadas en vida de Leibniz tienen algún interlocutor o destinatario concreto a quien van dirigidas. En 1720 se da el primer intento de publicar la obra inédita de Leibniz. El intento pertenece a Des Maizeaux. Pero el primer intento de mayor alcance lo realiza L. Dutens, que en 1778 publica seis volúmenes. Posteriormente llegan otros intentos: Erdmann, Pertz, Guhrauer, Grotefend, Gerhardt, Foucher de Careil, etc. Sin embargo, todavía en la actualidad, no disponemos de una edición completa de sus obras, a pesar de que en 1901, con motivo del primer Congreso de la Aso- ciación Internacional de las Academias, se tomó el acuerdo de publicar su obra completa. Las dos guerras mundiales y la división de Alemania han contribuido a retrasar y dificultar este propósito. Afortunadamente este compromiso no se ha detenido.

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Azafea 1 (1985) 377-414Publicaciones sobre G. W. Leibniz en revistas españolas desde 1970 a 1984Leibniz es uno de los personajes de la Historia de la Filosofía más precoces, más dotados y que más ha escrito. Sin embargo, no es tan conocido, ni tan estudiado como merece su obra. Leibniz (1646-1716) a sus 15 años había leído ya a los clásicos griegos y latinos, a autores medievales y conoce a Descartes, F. Bacon, Campanella, Kepler y Galileo, prácticamente contemporáneos suyos. El grado de pene

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Azafea 1 (1985) 377-414

Publicaciones sobre G. W. Leibniz en revistas espaolas desde 1970 a 1984Leibniz es uno de los personajes de la Historia de la Filosofa ms precoces, ms dotados y que ms ha escrito. Sin embargo, no es tan conocido, ni tan estudiado como merece su obra. Leibniz (1646-1716) a sus 15 aos haba ledo ya a los clsicos griegos y latinos, a autores medievales y conoce a Descartes, F. Bacon, Campanella, Kepler y Galileo, prcticamente contemporneos suyos. El grado de penetracin que ha conseguido a esa edad es envidiable y extrao. Gran parte de esta formacin es autodidacta. Su primera obra la escribe en 1663, De principio individui, por tanto, a sus 17 aos. Conoci y tuvo relacin epistolar con la prctica totalidad de los personajes ms importantes de la poca, tanto polticos como, y especialmente, filsofos y cientficos. La magnitud de su obra y de su personalidad se adivina al descubrir lo que lleg a conocer y escribir, y el grado de penetracin que alcanz en todos los temas a los que se refiri, sus viajes, sus actividades como consejero, diplomtico, bibliotecario, organizador de Academias, matemtico, ingeniero, etc. Cuesta trabajo imaginar cmo fue capaz de hacer todo lo que hizo y cmo, a su vez, tuvo el tiempo, el ocio suficiente para escribir una obra, cuya edicin, segn los clculos de la Academia de Ciencias de Berln, no estar por debajo de los 70 volmenes. Ahora bien, la inmensa mayora de sus escritos han permanecido inditos. En la vida de Leibniz se publicaron muy pocas obras. El propio Leibniz confesaba que, quien quisiera conocerle a travs de sus obras publicadas, no conseguira conocer su propio pensamiento. Hay que decir, adems, que las obras publicadas en vida de Leibniz tienen algn interlocutor o destinatario concreto a quien van dirigidas. En 1720 se da el primer intento de publicar la obra indita de Leibniz. El intento pertenece a Des Maizeaux. Pero el primer intento de mayor alcance lo realiza L. Dutens, que en 1778 publica seis volmenes. Posteriormente llegan otros intentos: Erdmann, Pertz, Guhrauer, Grotefend, Gerhardt, Foucher de Careil, etc. Sin embargo, todava en la actualidad, no disponemos de una edicin completa de sus obras, a pesar de que en 1901, con motivo del primer Congreso de la Asociacin Internacional de las Academias, se tom el acuerdo de publicar su obra completa. Las dos guerras mundiales y la divisin de Alemania han contribuido a retrasar y dificultar este propsito. Afortunadamente este compromiso no se ha detenido.

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Las dificultades no provienen nicamente de la falta de una edicin completa de sus obras. A ello hay que sumar el hecho de que hay obras fundamentales de Leibniz el Discurso de Metafsica, por ejemplo, que han permanecido inditas hasta mediados del siglo xix. Si bien las obras de los diversos pensadores deben ser leda en la lengua en que fueron escritas, no deja de ser un dato significativo que las primeras traducciones al espaol de alguna obra de Leibniz no se realicen hasta el ltimo tercio del siglo xix, hechas por Patricio de Azcrate. Luego vienen otras traducciones, que se circunscriben a unas pocas obras. Es en estos ltimos aos cuando nuestra Universidad ha vuelto sus ojos hacia Leibniz, a pesar de que Garca Morente y Ortega y Gasset haban dedicado tiempo al estudio monogrfico de este pensador. Por lo que respecta a traducciones de estudios hechos por estudiosos de Leibniz, la bibliografa en castellano es escassima. El propsito de este artculo es hacer una resea-comentario de los artculos publicados en castellano, por autores espaoles, a partir del ao 1970. Se ha elegido esta fecha, porque es a partir del ao 70 cuando, fundamentalmente, comienzan a aparecer estudios sobre Leibniz, hechos por espaoles, a pesar de que, tal como aparece en la bibliografa, hay publicaciones anteriores a este ao; en segundo lugar, porque desde 1970 hasta hoy han pasado quince aos, y este perodo de tiempo parece suficientemente significativo como para darnos' una idea del inters que hay en Espaa por este pensador. Es necesario referirse a la existencia de otras publicaciones en espaol, realizadas por espaoles, pero que, por presentarse fundamentalmente como introducciones a traducciones de obras de Leibniz, y dada la finalidad de este artculo, no nos ha parecido oportuno resumir y comentar. Permtasenos, sin embargo, recomendar su lectura. Hay que aadir que, para la preparacin de esta resea se han controlado ms de 200 revistas publicadas en Espaa entre 1970 y 1984. Estos son sus ttulos: Estudios de Metafsica; Pensamiento; Crisis; Anales Valencianos; Agora papeles de Filosofa; Anales del Seminario de Metafsica; Escritos del Vedat; Anales de la Ctedra Francisco Surez; Miscelnea Comillas; Teorema; Revista de Filosofa; Anales del Seminario de Historia de la Filosofa; Anuario de Historia de la Filosofa y Anuario Filosfico. El Profesor D. ngel Curras Rbade ha publicado, entre los aos 1967 y 1972, tres artculos dedicados a Leibniz. Si nos remitimos a publicaciones anteriores al ao 1970, en este caso, es porque dichos artculos son complementarios. El primer artculo data de 1967 y tiene por ttulo 'Sobre el criterio de verdad en Leibniz' 1 . En este breve artculo se expone el criterio leibniziano de verdad como criterio opuesto al cartesiano: el primero [Descartes] parte de la idea innata y construye sobre ella un razonamiento, mientras que el segundo [Leibniz] razona, en cadena conceptos y slo de vez en cuando, al trmino de una deduccin, llega a intuir la idea innata, que aprehende sin sombra en la rica complejidad de su esencia 2 . 1 ngel Curras Rbade, 'Sobre el criterio de verdad en Leibniz', en Anales del Seminario de Metafsica (Universidad Complutense de Madrid, 1967) pp. 109-14. 2 Ibid., 114.

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El mtodo racional en Leibniz no es otra cosa que la deduccin formal. En Descartes, la intuicin es la condicin sine qua non del conocimiento verdadero; en Leibniz, sin embargo, no es ms que un ideal al que tiende el conocimiento. Leibniz sustituye el criterio de evidencia cartesiano por el de la consecuencia lgica. La verdad vendr determinada por la ausencia de contradiccin interna en la idea. El Profesor Curras propone, como hiptesis, que este formalismo lgico puede ser el establecimiento de un riguroso mtodo racional, base de un progreso largamente acariciado por Leibniz: el de la Caracterstica Universal, cuya realizacin permitira terminar con todas las disputas mediante un clculo lgico establecido a partir de un cuadro de todas las ideas simples, irreductibles al anlisis, una especie de "alfabeto de los pensamientos humanos" 3. Este artculo viene a ser un esbozo del problema de la verdad en Leibniz. Ahora bien, hay que decir que, si bien el ao anterior, 1966, D. Pedro Cerezo public en Anales del Seminario de Metafsica un artculo titulado 'El fundamento de la metafsica de Leibniz', con anterioridad a esta fecha es muy difcil encontrar estudios dedicados a Leibniz escritos por espaoles; incluso son escasas las traducciones tanto de obras de Leibniz como de estudios sobre l. En 1969, el Profesor Curras Rbade publica un nuevo artculo sobre Leibniz, titulado 'Consideraciones sobre la lengua universal leibniziana' 4 . Confiesa, al comienzo del mismo, una doble intencin: a) poner en claro en qu medida la concepcin leibniziana est todava anclada en la tradicin, y b) discutir la legitimidad de las interpretaciones. Se han visto los clculos lgicos lebnizianos como instrumento necesario para la construccin de un sistema puramente sintctico aplicable a los signos constituidos en la Characteristica. Pero frente a esta interpretacin, el Profesor Curras afirma que Leibniz desarroll paralela e independientemente su teora de la lengua universal y, por otra parte, los clculos lgicos, que nada tienen que ver con las aspiraciones de universalidad de la Characteristica. Tres son los fines de la lengua universal leibniziana: a) servir de medio de comunicacin internacional; b) crear un sistema de signos que posibilitan la expresin clara y exacta de todos los conocimientos posedos y de todo conocimiento futuro en general; c) ha de servir, tambin, para hallar nuevas verdades y para abrir nuevas perspctivas en el mbito de la ciencia. La ltima finalidad engloba las consideraciones leibnizianas sobre la sociabilidad y capacidad de transformacin de los signos concebidos segn los principios de la Characteristica y la concepcin de su lengua universal como un "clculo de conceptos"... 5 . El Profesor Curras pasa a examinar cada una de estas tres caractersticas finalidades-.

3 Ibid., 112-13. 4 Angel Curras Rbade, 'Consideraciones sobre la lengua universal leibniziana', en Anales del Seminario de Metafsica (Madrid 1969) pp. 7-39. 5 Ibid., 11-12.

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Una lengua universal debe reunir estas dos condiciones: fcil aprendizaje e inmediata comprensibilidad. Leibniz se propone establecer la creacin de un idioma nuevo que sera al mismo tiempo que idioma, un clculo, un lgebra del pensamiento, de fcil aprendizaje y retencin. Basta con representar cada trmino simple por un signo. Cada concepto complejo o derivado ser representado por la combinacin de signos que representan a sus elementos simples. Esta tarea se manifiesta como no tan simple y, Leibniz, adopta un mtodo menos arbitrario y ms modesto: elaborar una gramtica racional a partir del anlisis de las lenguas habladas. Utiliza el latn como lengua auxiliar, como intermediario entre las lenguas habladas y la futura lengua racional. Proyecta, incluso, Leibniz, en primer lugar, la constitucin de una gramtica latina universal, que ser una lengua ms rica y ms simple que cualquiera de las otras lenguas. Al latn se aplicar tambin el mtodo del anlisis lgico y la reduccin. El aspecto pragmtico de la teora leibniziana est constituido exclusivamente por la idea bsica de una lengua internacional para facilitar la comunicacin entre los sabios. Aspectos semnticos Los signos son necesarios para el pensamiento humano. Son, a su vez, convenciones establecidas con objeto de lograr un mejor entendimiento entre los hombres. Qu tipo de relacin los une con las cosas? Los signos son una rpresentacin de las cosas. Han de representar las cosas mismas (res ipsae) y las ideas de las cosas. En las condiciones que determinan el carcter de esta representacin han de estar contenidos los principios del desenvolvimiento interno y esencial de los signos. La definicin de idea que es utilizada en el artculo es la que Leibniz propone en Nuevos Ensayos II, I, 1: (la idea) est un objet inmdiat interne, et cet objet est une expression de la nature ou des qualits des choses. En esta definicin estn contenidas cuatro determinaciones bsicas del ser de las ideas: a) La idea es objeto de pensamiento: Las ideas como objeto de pensamiento constituyen la nocin contraria de las ideas consideradas como formas del pensamiento. Formas de pensamiento lo son cuando a los conceptos generales es atribuida una regin propia de ser fuera del pensamiento, en la que estos universales deben poseer su propia realidad. Cmo es posible que este pensamiento vaya ms all de s mismo? La comunicacin con otros seres demuestra que este sobrepasarse del pensamiento es posible. Cul es la relacin de este pensamiento aislado con las cosas que le rodean? La respuesta la proporciona la nueva caracterizacin que Leibniz hace del ser de las ideas. b) La idea como objeto inmediato de pensamiento: Frente a Locke que afirmaba que nuestras ideas son slo impresiones de las cosas externas en nuestra alma, para Leibniz las ideas no son transmitidas por

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algo que existe fuera de ellas, el pensamiento contiene desde el comienzo su propio contenido, posee su objeto inmediatamente a partir de s mismo. La idea de una cosa es la cualidad del pensamiento de representarse a partir de s mismo algo particular. La idea es para Libniz el ser de una cosa que, como modo de nuestra representacin, est en nosotros. Debido a este carcter inmediato, la idea no es algo distinto del ser pensado en el entendimiento; es, al mismo tiempo, la materia, a partir de la cual se forma el pensamiento, y el campo de accin desde que el pensamiento alcanza el ser. El pensamiento posee, pues, una espontaneidad inmediata en la produccin de las ideas. c) La idea como objeto inmediato interno del pensamiento: Dios es el nico objeto inmediato externo del pensamiento, y slo refirindose a l lograr el pensamiento la sntesis de inmanencia y trascendencia, necesaria para explicar el conocimiento. Por medio de esta participacin en Dios y en su pensamiento, que crea las cosas al mismo tiempo que las piensa, el alma participa tambin de la creacin misma. Las ideas que el alma se representa, y que se fundan en el pensamiento divino, estn en correspondencia con las cosas, es decir, con los objetos surgidos del entendimiento divino. d) La idea es la expresin de la naturaleza y de las cualidades las cosas: Las ideas son provocadas por Dios y proporcionan, de una manera imperfecta, una imagen de la perfeccin del Universo divino. Por medio de las ideas que Dios ha dado a nuestra alma participamos, como todos los dems seres, de la creacin y conservacin divinas en la medida en que Dios ha constituido el horizonte de cada uno de ellos. En el representarse las ideas se realiza en el alma la representacin tanto de las cosas mismas como de la Causa originaria; las ideas claramente concebidas son una imagen de la constitucin esencial creadora de las cosas, las confusas son la imagen de la multiplicidad del universo, emanada de la constitucin creadora. Una vez vista la relacin existente entre las ideas, objeto del entendimiento finito, y las cosas, objetos procedentes del ilimitado entendimiento divino, la siguiente cuestin a plantearse es cmo se comportan estas dos clases distintas de objetos con respecto a los signos. El pensar no puede tener constantemente ante s la estructura de las cosas, tal como es representada por las ideas en el entendimiento finito; por ello, conviene que la idea misma sea a su vez sustituida por un signo o un nombre, que es atribuido al contenido en cuestin. De este modo se repite en el dominio de los signos la misma relacin de representacin que es la ley esencial interna de todos los objetos de nuestro pensar 6 . Ahora bien, los signos han de representar precisamente lo que la ciencia metafsica obtiene como verdadero; slo entonces podrn ser constituidas tambin las relaciones de los signos entre s, con seguridad y sin errores. Libertad y necesidad estn, pues, profundamente entrelazadas en el pensar humano y lo condicionan doblemente. 6 Ibid., 27.

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Pero los signos han de ser tiles para la ratiotinatio, adems de cumplir la funcin de representacin. Formulacin y representacin son las dos caractersticas de una idea actualmente concebida, o nocin. Arpecto sintctico Leibniz ocup toda su vida en pensamientos acerca de la articulacin de las ciencias particulares en un todo unitario y sistemtico. Esta unificacin haba de ser realizada en la Enciclopedia. En este contexto totalizador, sistematizador se inserta tambin la lengua universal o la characteristica. Todos estos proyectos estn vinculados entre s a pesar de que ni siquiera el propio Leibniz tena una concepcin verdaderamente clara y definida de la interdependencia de todos sus proyectos conducentes a un saber universal unificador de todas las ciencias, de todo tipo de conocimiento. Segn el Prof. Curras, refirindose al problema de la lengua universal, la cuestin fundamental se puede plantear con las siguientes preguntas: Cul es, pues, la autntica concepcin leibniziana de la lengua universal? Dnde radica la causa de esta evidente fluctuacin que hace de ella unas veces un simple instrumento, ms o menos pragmtico, auxiliar para la obtencin de una representacin clara de los conocimientos, y otras veces la eleva al nivel de una autntica teora semitica, cuyo ltimo y ms elevado nivel, la sintaxis, es concebido como un clculo rigurosamente formal de modelo matemtico? 7 . En la lengua universal se cruzan e influyen no slo las dos concepciones de una lengua conversacional y de un clculo formal, sino, incluso en un nivel ms profundo, los elementos tradicionales de lo que todava depende en gran medida la filosofa leibniziana, y la concepcin radicalmente nueva, que inicia una nueva poca en la historia del pensamiento. Ambos elementos se combinan y entrecruzan dialcticamente en el campo de la lengua universal. En Leibniz, la teora de los signos ha pasado a ser la teora del ser. La construccin del sistema de signos proyectado ser paralela a la Monadologa, en la cual se plantean dos problemas fundamentales; a) el de encontrar el primero, el ms simple y el ms primitivo de los seres, que, en el nivel de los signos, sirva de fundamento a la representacin. La respuesta metafsica es la mnada; b) el de la consecucin de la multiplicidad a partir de la originaria unidad del ser. La conclusin a la que llega el Prof. Curras podra sintetizarse afirmando que no es posible interpretar la lengua universal leibniziana como un sistema formal, en la que el clculo lgico-matemtico haya sido utilizado como un instrumento sintctico, dado que el aspecto sintctico-metafsico neutraliza el aspecto formalizante del pensamiento leibniziano. La concepcin leibniziana de la lengua universal conduce a una petitio principii. Hay un tercer artculo del Prof. Curras, que hemos podido controlar, titulado 'El principio de continuidad en la teora lebniziana del mtodo' 8 . Confiesa el Prof. Curras que el mtodo elegido por l para la exposicin del problema es el analtico, en el sentido de avanzar de los efectos a las causas, 7 Ibid., 34-35. 8 Angel Curras Rbade, 'El principio de continuidad en la teora leibniziana del mtodo', en Anales del Seminario de Metafsica (Madrid 1972) VII, 111-50.

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o razones, a pesar de que el espritu de Leibniz no es analtico sino combinador; gusta de contemplar muchas cosas al mismo tiempo. Lebniz exige que el mtodo sea un organon de la verdad, un ars judicandi o demostrandi. El mtodo se convierte en el lazo de unin entre el conocimiento adquirido y el que se va a descubrir. As Leibniz se convierte en el primero de los ilustrados. El pragmatismo con que concibe el mtodo todo se justifica por los resultados abrir paso a una nueva era de pensamiento. Este cambio radical ... comporta ... un elemento todava ms importante; la tensin que conecta la necesidad de "instaurar", de demostrar y la mucho ms fuerte de descubrir nuevos mbitos problemticos, va a adquirir una inusitada importancia; va a ser ella en realidad la que constituya el ncleo fundamental de la reflexin metodolgica, que rechaza el estatismo cartesiano para convertirse en absoluta dinmica 9. El inters fundamental no radica en la caracterizacin fija, aislada de los conceptos, sino en el mismo proceso metdico en que esos conceptos surgen. El orden de las razones no depende de la intuicin sino de la ley que rige la serie. A la continuidad de la intuicin, que se aplica a los objetos, Leibniz prefiere la continuidad operativa que los engendra como racionales y en la que se debe llegar a discernir la naturaleza y la ley de progresin de la serie. Ars demonstrandi y ars inveniendi dejan de ser dos disciplinas autnomas. El mtodo, en su acepcin ms amplia, ser una ars progrediendi. El ars progrediendt consiste en el filtro progresivo de lo falso que se encuentra mezclado con lo verdadero, en explicar lo implicado por medio de catlogos, repertorios. Lo que hay de bueno en las doctrinas del pasado es tenido en cuenta en la elaboracin del propio sistema, como momentos de un universal proceso progreso de la ciencia, an a costa de admitir presupuestos hiptesis no demostrables. Prevalecen, pues, las exigencias del ars inveniendi, mientras que el ars demonstrandi se nos va borrando. La Enciclopedia conforma el ars inveniendi y, recprocamente, el perfeccionamiento del contenido de la ciencia comporta paralelamente el del mtodo, el cual, a su vez, repercute en nuevos avances que amplan y ordenan progresivamente el campo de la Enciclopedia. El orden leibniziano no coincide con el orden deductivo que se suele suponer que est en la base de todos los sistemas racionalistas. El encadenamiento esttico de las razones rigor demonstrandi es sustituido por la demostracin fidedigna del proceso en el que surge la invencin al mismo tiempo que se constituye el orden. El ordo inveniendi se nos aparece como una articulacin enciclopdica, la obra de Leibniz se nos muestra como una red en la que la disposicin combinatoria de todos los contenidos es, al mismo tiempo, orden demostrativo de las verdades ya posedas y caamazo sobre el que han de constituirse las nuevas combinaciones, que ya estn de algn modo prefiguradas en l. Este momento ambiguo del mtodo, adquiere un pleno sentido con la introduccin de la nocin de serie. 9. Ibid., 116.

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Una serie es una multiplicidad provista de una regla de orden. Leibniz pone el acento en la fecundidad de la luz ordenadora, mucho ms que en la serie misma de los trminos ordenados. Si en una multiplicidad dada, sin orden, se consigue encontrar una luz, una razn, si llega a ser organizada en series, la misma luz que da razn de la multiplicidad se convierte en un principio de nuevos descubrimientos. Ahora bien, cada serie aparecer determinada por el cruce de una serie de series. Si toda la serie de ordenaciones parecidas se encuentra conectada de tal modo que sean posibles traducciones entre los diversos mbitos, tiene que haber una nocin general que pueda ser aplicable a cada uno de los miembros de la multiplicidad, constante a travs de la larga serie de variaciones. Todo esto nos da la oportunidad de decir que la obra filosfico-cientfica de Leibniz no se denomina adecuadamente con el trmino sistema, si ste se entiende como un orden de razones deductivo o lineal. La sistematicidad leibniziana radica en el hallazgo progresivo de las leyes que conectan entre s las regiones conceptuales ms diferentes y alejadas. La determinacin metdica de un concepto significa colocarlo en la encrucijada de una pluralidad lo ms grande posible de vas de clarificacin diversas, de series sometidas a leyes ordenadoras diferentes. En el lmite, la sistematicidad exige la presencia de unas leyes ordenadoras generales, susceptibles y capaces de reglar todo contenido, cualquier tipo de multiplicidad. El sistema es para Leibniz una teora de la conexin universal entre regiones y contenidos de cualquier tipo, de la armona absolutamente generalizada. Esa teora de la conexin universal ha de ser, necesariamente, de una gran pureza formal, penetrante, sutil, elaboradsima; la teora de las leyes autnticamente dinmicas, efectivas en todo momento y en todo rincn del sistema, capaces de toda determinacin conceptual. Para Leibniz, la matemtica sigue siendo el modelo; pero en su pensamiento, el modelo matemtico adquiere un sentido completamente nuevo al ser sometido, como todos los dems elementos del sistema, a un principio de rango superior, un fecundo principio de invencin que es, al mismo tiempo, la ley suprema del orden. Leibniz, en el siglo xvn, concibe el proyecto no sueo de una Matemtica Universal unitaria, sistemtica, unificadora de mbitos diversos, y por ello profundamente coincidente con el espritu ms ntimo del saber matemtico actual. Cmo se concibe que nociones como la de inclusin, aplicacin, correspondencia unvoca o plurvoca, isomorfismo, operaciones conmutativas o no conmutativas sean fecundos principios de invencin? El principio supremo, fundamento de la teora del sistema, de toda correspondencia entre cualquier clase de elementos, principio en el que se funden el ms puro carcter formal y el carcter dinmico, de variacin y conservacin, de desarrollo, es el principio de continuidad. Este principio garantiza la capacidad inventiva y el avance constante, el progreso del sistema. El principio de continuidad convierte la igual en homgona de la desigualdad, en diferencia infinite parva, menor que cualquier cantidad dada. Ahora bien, la consideracin del infinito ser posible y fecunda slo cuando

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el principio de continuidad adquiera un carcter puramente cualitativo y dinmico, poniendo el acento en el desarrollo reglado de la serie. La ley de continuidad rige la pura actividad intelectual, que slo despojndose de toda referencia a lo cuantitativo, de todo apoyo de la imaginacin, puede llegar a la consideracin del infinito. Leibniz hace del infinito una actividad del espritu al mismo tiempo que un objeto, gracias a la ley de la continuidad, que permite abarcar todos los elementos de una serie infinita conociendo la ley que regula su desarrollo. Una vez ms, estamos en la anttesis del cartesianismo: el entendimiento no sobrepasa sus lmites al acometer la nocin de infinito, sino solamente los lmites de lo perceptible; las rglas de lo infinito valen tambin para lo finito, la pura actividad del entendimiento puede desplegarse libre de la imaginacin, puesto que hay un principio que garantiza la correspondencia, la armona, la continuidad en todos los niveles del sistema 10. El principio de continuidad es un principio arquitectnico, cuyo contrario no implica contradiccin, sino solamente imperfeccin, indeterminacin, ausencia de orden n . La total determinacin, la total perfeccin, equivale a la continuidad plena que constituye, as, el orden ideal, el orden universal, postulado por la metodologa leibniziana. La verdad y la exactitud radican precisamente en el proceso, en la ley del cambio. El principio de continuidad pone al pensamiento frente a la ms ardua e importante de sus tareas, de la de obtener, en el proceso constante de la ciencia, este punto de vista superior que coordina e integra la mxima exigencia de exactitud y determinacin con el rechazo de todo inmovilismo. En el artculo dedicado al estudio de la lengua universal, se echa de menos un estudio comparado de Raimundo Lulio y de Leibniz. Leibniz reiteradamente reconoce la importancia y la influencia que ha tenido sobre l Raimundo Lulio, creador de un ars magna, antecedente de las teoras leibnizianas acerca de la lengua universal y de su lgica inventiva (ars inveniendi). Para determinar y delimitar el fracaso al que el Prof. Curras alude, hablando de la lengua universal, habra sido de inters, y necesario, plantearse qu otros intentos de formacin de una lengua universal se haban dado antes de Leibniz; porque, si bien Leibniz no es un revolucionario nunca pretendi serlo, el nico intento serio anterior a l es el de Raimundo Lulio. Adems, se echa en falta una aproximacin al estudio de las aportaciones de Leibniz, a la posteridad y a la actualidad. Las tres caractersticas de la lengua universal leibniziana a) servir de medio de comunicacin internacional; b) crear un sistema de signos que posibilitase la expresin clara y exacta de todos los conocimientos posedos y de todo conocimiento futuro; y c) el que sirva, asimismo, para hallar nuevas verdades y para abrir nuevos caminos a la ciencia nos pone ante un gran proyecto, que forma parte, a su vez, de ese gran proyecto que caracteriza la filosofa leibniziana: la unidad. Este proyecto de lengua universal no es ajeno a la bsqueda de la unidad

10 Ibid., 145-46. 11 Ibid., 146.25

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del ser, rota por Descartes, de unidad de Europa y del mundo, la unidad de las Iglesias, la unidad del conocimiento y de la ciencia. Y este problema, de la unidad es un problema que hoy, y en todos los mbitos, es de permanente actualidad. En este sentido, Leibniz es un filsofo que, conocedor del pasado y del presente en el mbito de la ciencia, de la filosofa, en el de la poltica se compromete con la superacin del pasado, del presente. Leibniz apuesta por el futuro. Ahora bien, ese compromiso conlleva la sublimacin de lo anterior y lo actual en tanto que preparador, posibilitador de lo futuro. Este compromiso se plasma en Leibniz en la construccin de un sistema filosfico en el que lo ideal la idea, mejor y lo real, estn tan ntimamente relacionados que no puede concebir lo uno sin lo otro, el uno nos lleva al otro. En otro lenguaje, si se nos permite, podramos decir que teora y praxis estn tan ntimamente relacionados que se complementan y se presuponen mutuamente. Hay que ver a Leibniz como un filsofo cuya especulacin tiene una intencionalidad que va ms all de lo meramente especulativo: Leibniz siente hondamente el compromiso por la transformacin de la realidad ciencia, filosofa, vida poltica, religiosa y moral, etc.. Su actividad poltica debe ser enjuiciada ms como un compromiso intelectual y moral con la transformacin de las estructuras de la realidad, que como una tentacin de apego por el poder. Esa unidad, interrelacin, de pensamiento y accin, y esa apuesta por el futuro se ponen de manifiesto claramente en los tres aspectos de los que nos habla el Prof. Curras: aspecto pragmtico, semntico y sintctico 12 . El propio pragmatismo en el mtodo, del que nos habla en el artculo dedicado al principio de continuidad, es una buena muestra de un Leibniz no anclado en el pasado: ese pragmatismo va a abrir una nueva era de pensamiento, distinta a la del siglo xvn. El principio de continuidad conlleva el rechazo de todo inmovilismo en el mbito de la ciencia, garantiza, asimismo, la capacidad inventiva, el progreso del sistema. En Leibniz confluyen las corrientes filosficas ms importantes y diversas que, desde la antigedad griega se haban dado en occidente. Leibniz es la sntesis de todas ellas y un momento superador de ellas. En l descubrimos elementos heraclteos, atomistas, platnicos, aristotlicos, agustinianos, nominalistas, etc. Hay en Leibniz un rechazo de ideas y elementos propios de otros sistemas. Seguramente, un estudio de las fuentes de su pensamiento nos conducira no slo a descubrir la complejidad y profundidad de su sistema, sino, tambin, a la conclusin de que Leibniz, ms que ser un pensador influido por otros pensadores, como un filsofo que ha criticado el pasado y su presente, como un pensador que ha seleccionado cuanto de vlido le ofrecan otros pensadores o sistemas, y que, independientemente de las semejanzas o desemejanzas de los elementos seleccionados, los va a reunir con una compleja y dialctica unidad. En Leibniz, todo aquello que recoge del pasado o del presente, adquiere una cierta originalidad, ya que esas ideas van a tener lugar en su sistema, tomando un dinamismo nuevo, incluso un significado distinto y nuevo. Leibniz no queda definido por su pasado, ni est enclado en el mismo. 12 Ibid., 147.

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Este mismo ao 1972 se publica en Valencia un artculo del padre dominico D. Gabriel Ferrer, titulado 'Actitud filosfica de Leibniz' 13 . Es un artculo en el que, partiendo de la actitud de Leibniz frente a la religin, a la filosofa mecanicista, a la escolstica y a Descartes, se estudia su propia actitud filosfica. En Leibniz, segn Gabriel Ferrer, es difcil distinguir al filsofo y al cristiano; es un cristiano en busca de una concepcin religiosa del mundo. La actitud de Leibniz es semejante a la de Agustn de Tagaste con su principio de fides quaerens intellectum. La actitud filosfica de Leibniz es el renacimiento de la actitud medieval de filosofar, donde toda concepcin filosfica estaba determinada por una preocupacin teolgica. Pero esta preocupacin no es intelectual, sino vital. En Leibniz hay un intento de reinstaurar las causas eficientes y final en la filosofa y en la fsica, aunque esta reinstauracin se lamenta nuestro autorno es global. En Leibniz hay un retorno a la concepcin aristotlica de los componentes internos de los seres; y a esto responde el que hable de dos clases de mnadas sin interacciones mutuas: las simples y las compuestas. Las mnadas simples son entelequias, almas o espritus, y es la funcin de la forma sustancial, desterrada por Descartes. Las mnadas compuestas son los cuerpos en la nomenclatura clsica. Estas propiedades conducen a Leibniz inexorablemente a una concepcin extraesencialista, fundamentada en las causas externas: los cuerpos absorben la causalidad fsica y las mnadas simples la finalidad. Slo una mnada simple, la primera, Dios, rene en s las dos causalidades 14. De estos dos principios se derivan dos problemas de difcil solucin: I o . Cmo es posible la metafsica montada exclusivamente en la causalidad final, excluidas las causas internas la formal y la material, acto y potencia y la causa externa eficiente. La nica posibilidad es un agnoscitismo especulativo y un pragmatismo irracional al estilo kantiano. 2 o . Cmo es posible una metafsica partiendo de estos tres puntos: a) razn suficiente; b) por qu existe algo y no la nada; c) supuesto el segundo punto, poiqu tienen que existir las cosas as y no de otra manera. La consecuencia del segundo problema es un subjetivismo 15. Una vez planteada la necesidad del subjetivismo, hay que determinarlo: si es un racionalismo o un idealismo. Leibniz ha asentado los principios de ambos sistemas. Pero la problemtica fundamental de la metafsica no es en Leibniz el ser, sino que se reduce a dar razn del ser 16. Lo prioritario es dar razn, explicar. Leibniz ha asentado los principios de la tesis kantiana: filosofa es crtica. Leibniz se encuentra apresado en un subjetivismo racionalista, del que slo puede salir por unos principios extraos a la filosofa como ciencia, y recurre a Dios en el orden cientfico, como haba hecho con anterioridad Descartes. Y esto es contrario al concepto de filosofa como ciencia, que ha de resolver sus proble-

13 Gabriel Ferrer, 'Actitud filosfica de Leibniz', en Escritos del Vedat, vol. II (Valencia 1972) pp. 309-70. 14 Ibid., 312-13. 15 Ibid., 313-14. 16 Ibid., 316.

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mas con principios propios y no por los prestados por otras ciencias, ni por un principio comn superior. Otra consecuencia de los principios asentados por Leibniz a propsito de la exclusividad de la causa final, es la fundamentacin de una moral y no de una filosofa pura. Pero la moral leibniziana no es natural, que se hallara sin fundamentacin racional, sino la cristiana, brotada del evangelio, que supone un orden intelectual en la fe... Pero esta solucin est en oposicin con los principios racionalistas y de la ciencia 17. Es G. Ferrer de la opinin de que Leibniz cita fundamentalmente a autores antiguos y no modernos, contemporneos suyos. Su actitud frente al pensamiento contemporneo es siempre reticente; los ms apreciados son Descartes y Locke, y contra los dos dirige sus crticas; no suele hacerlo con tanta frecuencia contra los antiguos pensadores paganos ni contra los medievales que conoce 18. Nuestro autor resume los problemas fundamentales, consecuencias de la actitud filosfica de Leibniz: I o . Cuerpo y alma son distintos. 2 o . El cuerpo no pertenece a la esencia del hombre; slo el alma. 3 o . No existe relacin entre cuerpo y alma. 4 o . El cuerpo y el alma siguen sus leyes propias. 5 o . Toda interaccin del cuerpo y del alma supone una alteracin y perturbacin de las leyes de la naturaleza. 6 o . El paralelismo de la accin fsica de los cuerpos y de la final de las almas forman la armona preestablecida. 7 o . Esta armona preestablecida se extiende al paralelismo del mundo, del cuerpo y del alma. 8o. Las almas pueden obrar sobre los cuerpos metafsica y no fsicamente. 9 o . La fsica mecanicista ha de ser completada con la reinstauracin de la causa final. 10. No es posible la demostracin de la existencia de Dios partiendo de la causalidad fsica. 11. Es posible la demostracin de la existencia de Dios partiendo de la causa final. 12. Esta demostracin de Dios puede ser a priori y a posteriori. Una de las consecuencias de esta perspectiva teolgica es su actitud frente a la filosofa mecanicista. Esta teora no es tomada por Leibniz como un error, puesto que es necesario dentro de una perspectiva fsico-matemtica concreta; es errnea, sin embargo, en el plano filosfico, como explicacin de la realidad total. Leibniz no se coloca frente a Descartes... pero no est de acuerdo con sus ltimas consecuencias. La actitud cartesiana haba conducido a una concepcin mecanicista de la realidad, anulacin de la filosofa. No se admitan en h filosofa de su tiempo ni las formas sustanciales de los cuerpos ni de los espritus; el

17 Ibid., 320. 18 Ibid., 322.

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cuerpo es extensin, afirmaba Descartes, y el espritu pensamiento. Tanto la extensin como el pensamiento son explicables con la figura y el movimiento. No se precisaban otros principios ulteriores 19. Una filosofa montada sobre el mtodo matemtico no puede rebasar lo accidental; no se halla a su alcance lo esencial. Leibniz llega a esta conclusin por el camino gnoseolgico: la necesidad de explicar la sensacin. La filosofa ha de fundamentarse en una sustancia. Leibniz parte de la causa final y no de la causa eficiente ni de las causas esenciales. Pero la causa final es propia de la moral. Y sta no puede ser el cimiento de un sistema filosfico; es forzosamente una consecuencia de los principios metafsicos. Las teoras filosficas son los principios de la moralidad. La teora no puede fundamentarse en el bien o en el mal; el bien y el mal slo tienen sentido referido a la causa final, que es extrnseca. Ahora bien, no es posible una metafsica sentada en principios extrnsecos. Kant ser quien sacar las ltimas consecuencias lgicas de estos principios asentados. A Leibniz, una vez rechazada la nueva filosofa, slo le queda una escolstica decadente, nacida del no individualismo y del conceptualismo. No toma, Leibniz, una actitud tan definida frente a la escolstica, aunque su actitud es negativa y podramos sintetizar en estos dos puntos: I o . Tuvieron una consideracin parcialista de las formas sin atender a la explicacin de cmo se obran los efectos 20. Esta crtica se fundamenta en que los escolsticos hicieron un uso exclusivo de dos principios generales e intentaron explicar por ellos los detalles de la fsica y de las otras ciencias. 2 o . Consultaron las obras de los maestros y no de la razn ni de la naturaleza. Esta crtica es acertada, particularmente, segn G. Ferrer, de los escolsticos decadentes. Leibniz abandona tanto el escolasticismo como el cartesianismo. Esta separacin se opera en cuanto a algunas concepciones concretas, especialmente como consecuencia de una distinta definicin y concepcin de los conceptos de espritu, alma y entelequia, y en cuanto al mtodo. La ms importante de las dos es la separacin metodolgica. La filosofa, para Leibniz, se basa en la fsica y no en los datos suministrados por los sentidos, como lo hacan la escolstica, ni en los principios esencialistas de las matemticas, al estilo cartesiano. La cantidad es el objeto de las matemticas, y el movimiento, de la fsica. Si las matemticas son el fundamento de las ciencias, forzoso es admitir que el fundamento de la fsica, como ciencia, es la cantidad. Y esto es un error, observa agudamente Leibniz; la raz del movimiento es la fuerza o impulso y no la cantidad, principio totalmente distinto. Esta distincin permite establecer dos posiciones clarificadoras, una de las cuales es positiva y la otra negativa 21. La consecuencia positiva de esta distincin es la posibilidad de formular 19 Ibid., 330. 20 Ibid., 339. 21 Ibid., 354.

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leyes verdaderas de la naturaleza y reglas del movimiento. As, la fsica, fundamentada sobre la fuerza y no sobre la cantidad, es correctora de las matemticas. Y no slo de las matemticas, sino, tambin de la metafsica como ciencia, puesto que los principios ontolgicos son las causas de los movimientos fsicos. El concepto de esta revolucin cientfica es el fundamento de la fuerza como algo distinto de la magnitud, figura y movimiento, reducido, hablando con precisin, a la traslacin; no es ni la extensin ni sus propiedades 22 . El principio de reflexin de Descartes era la cantidad, derivada de la extensin, puesto que sta es la esencia de los cuerpos y el movimiento es una propiedad de los mismos. Segn G. Ferrer, al separarse Leibniz del racionalismo cartesiano ha asentado los principios del racionalismo kantiano. Los principios metafsicos quedan reducidos al orden moral y los fsicos a los fenmenos. Leibniz anticipa, con esto, la estructura de la Razn Pura Prctica y de la Razn Pura (Especulativa) kantianas. Leibniz supone un gran progreso en el campo de la metafsica al incorporar de nuevo a la filosofa la causalidad final, desaparecida del racionalismo cartesiano. Tiene, sin embargo, un inconveniente esta reinstauracin lebniziana en el pensamiento filosfico moderno: slo es vlido para las mnadas simples, prcticamente en las racionales, y no en el mundo fsico, integrado por los cuerpos 23 . Dos son los textos en los que Leibniz define su quehacer filosfico. El primero mantiene una preocupacin teolgica Discours de Mtaphysique, n. 32, p. 80; Leibniz llega en l a las siguientes conclusiones: 1) varios son los temas tratados en la metafsica; 2) dos son los temas primordiales de estas reflexiones metafsicas: el principio de la percepcin de las operaciones de Dios, el principio de la sustancia, que envuelve las consecuencias de las evoluciones de la sustancia y las circunstancias de la sustancia; 3) utilidad de estos principios: teolgica confirmacin de la religin, defensa de la religin, aumento del amor hacia Dios, fundamento de la religin cristiana, filosfica elevacin de la razn al conocimiento de las sustancias incorporales; estos conocimientos tienen un fundamento real y no hipottico como suceda en las explicaciones anteriores; 4) fundamentos: a) todas las sustancias dependen de Dios en: su origen, su permanencia en el ser y su finalidad; b) los pensamientos emanan de la sustancia del alma y no de los sentidos; los pensamientos proceden metafsicamente; los sentimientos, por ser corporales, obran fsicamente. Existe una dualidad paralela en el conocimiento humano; c) Dios est todo en todos e ntimamente unido a las mnadas racionales. El segundo texto corresponde a la Teodicea Abrg de la Controverse rduite ses arguments en forme. Remarques sur le livre de l'origine du mal. La cause de Dieu. P.P. 30 y arroja, segn G. Ferrer, los siguientes resultados: l ) l a razn se encuentra con dos problemas espinosos, origen de muchos extravos: a) primer problema: concordancia de la libertad y de la necesidad frente al mal, y a la perfeccin y bondad de Dios; b) segundo problema: permanencia (sustancia), indivisibilidad (mnada) e infinito. El primer problema pertenece al gnero humano, y de l se encarga la filosofa, el segundo es un problema propio

22 Ibid., 355. 23 Ibid., 368.

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y exclusivo de la filosofa. 2) El fundamento de los extravos es el desconocimiento de la sustancia y el desconocimiento de la materia. Estos textos resumen, segn G. Ferrer, la actitud filosfica de Leibniz. Creo que la crtica de G. Ferrer est hecha desde una perspectiva tomista, y no desde la interioridad del propio sistema leibniziano, y sin una perspectiva religiosa teolgico-cristiana. Habra tenido inters el que se hubiera estudiado el problema de la actitud filosfica de Leibniz teniendo en cuenta esa dimensin de unidad, a la que ya he aludido, y que pasaba necesariamente por hacer compatibles elementos diversos, incluso contrapuestos. Fe y razn son realidades distintas y en Leibniz existe, incluso, la pretensin de hacerlas compatibles, pero sin que haya subyugacin de la una hacia la otra. Asimismo, y dentro de la pretensin de unificar, de reunir lo separado, hay en Leibniz una finalidad absolutamente clara de reunir las Iglesias cristianas, y de que esta unin conlleve, y facilite, la unidad de Europa. Hay en Leibniz una clara intencin de compatibilizar no slo fe y razn, sino, y en otro plano, poder poltico y poder religioso, que, siendo realidades diferentes, son compatibles por ser complementarias. El sistema filosfico leibniziano no es slo una moral. Puede afirmarse que Leibniz es reticente, tal y como dice G. Ferrer en el artculo comentado, con los filsofos contemporneos suyos? Leibniz es crtico con todo y con todos; incluso de esa misma actividad crtica nacen la mayora de sus obras y sus aportaciones a la ciencia: Teodicea, Nuevos Ensayos, cartas, etc. Tal vez fuera ms correcto decir que Leibniz tiene ms una actitud-frente que una actitud-contra algo o alguien. En este sentido, la actitud de Leibniz es la de aqul que tiene avidez por descubrir lo que otros han dicho o pensado, ya sean antiguos o modernos; no hay ms que recordar la erudicin de la que hace gala en la prctica totalidad de sus obras y que no es utilizada para sorprender a nadie, interlocutor o lector, sino para respaldar sus propios pensamientos. Esto mismo lo confiesa Leibniz en su carta a Remond de 10.1.1714: En todo tiempo me ocup de descubrir la verdad que se hallaba soterrada y dispersa en las diversas sectas filosficas y de juntarla consigo misma. Hay que tener en cuenta que Leibniz no tiene pretensin de romper con el pasado, de ah que utilice intencionadamente ideas de otros pensadores; pero, tal como ya he dicho, en la mayor parte de los casos, con una intencionalidad y significado, incluso, diferente a la del autor del que proceda. Esto no hay que tomarlo como manipulacin en tanto que no est haciendo historia de la filosofa sino uso personal de pnsamientos procedentes de otros o surgidos a partir de su lectura. Ms que reticente con sus contemporneos, Leibniz es crtico con ellos. Y, particularmente, con Descartes, Spinoza y Locke. Pero no son los nicos criticados. Leibniz no asume idea alguna si no es crticamente. Podramos referirnos a la Teodicea o a los Nuevos Ensayos. Cuando se estudia este problema hay que preguntarse, tambin, por la capacidad de influir en la historia. El pasado ya fue y puede utilizarse. Leibniz extrae de l cuanto considera de inters. Todos los pensadores han tenido esta postura y esto no debe ser objeto de crtica: la herencia cultural es patrimonio de la humanidad, de las personas, y debe servirnos para, influyendo sobre el presente, tratar de proyectarnos sobre el futuro. Y es el

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presente y el futuro la mayor preocupacin de Leibniz. No olvidemos que haya una clara intencin poltica, religiosa y moral en toda su filosofa y en ninguno de estos contemporneos encuentra Leibniz los recursos ideolgicos suficientes y necesarios como para aventurar ese futuro: dar soluciones vlidas y duraderas, de unidad, a los problemas poltico-religioso-morales que se han heredado y, por tanto, estn presentes en la Europa del siglo xvn. Creo que Leibniz est convencido de que estos tres pensadores contribuyen ms a dividir Europa que a reunirlo o unificarla; y todo ello debido, ms que a criterios exclusivamente filosficos, a las consecuencias que sus sistemas filosficos pueden tener sobre la historia; incluso, estn teniendo ya en el siglo xvn. Habra sido de inters, incluso una necesidad, que se hubiera planteado el problema de la concepcin leibniziana de Dios: Es o no el Dios de Leibniz un Dios religioso, ms an, cristiano? El Dios de Leibniz es, sin embargo, la plasmacin conceptual de la idea de principio origen y unidad, y la que, por serlo, hace de la realidad algo con unidad dialctica, interrelacionai? Entiendo que esta es una cuestin prioritaria, clave, especialmente cuando la tesis que se mantiene es la de que Leibniz es un filsofo que filosofa tratando de encontrar una visin cristiana del mundo, segn G. Ferrer. En el ao 1974, D. Antonio Fortes public un artculo titulado 'Leibniz, filsofo de la revolucin industrial' 24 y que introduce en Espaa, en castellano, una nueva vertiente interpretativa del pensamiento de Leibniz; interpretacin de Leibniz que, un ao ms tarde, 1975, se ver acompaada de un estudio de J. Elster, titulado Leibniz et la formation de l'esprit capitaliste, publicado en Paris Ed. Aubier Montaigne. A. Fortes es consciente de que el trabajo de valorar el pensamiento leibniziano, desde el punto de vista de la filosofa de la tcnica y de su aportacin a la primera revolucin industrial, la tcnica y su aportacin a la primera revolucin industrial, no se ha realizado todava. Y este es, y no es poco, el inters de este artculo. Leibniz fue uno de los principales ideadores y propagadores de dicha revolucin, llevada a cabo en el siglo xvin. No se trata slo de que descubriese el anlisis infinitesimal y clculo integral, que inventase una mquina de calcular de sistema binario o que fuera ingeniero de jardines y parques, etc. Es algo ms: su entera filosofa se fundamenta sobre la concepcin del autmata, corporal o espiritual, y juntamente con los dems cientficos, ingenieros, literatos y filsofos del siglo xvn cre el ambiente espiritual que pidi y exigi el advenimiento de la mquina. El estudio tiene dos partes: una primera dedicada a la metafsica de la mquina, y una segunda donde se expone la visin mecanicista leibniziana de la naturaleza, del hombre y de Dios. Leibniz llama mecnico a lo que es rductible a figuras y movimiento. Como en la naturaleza todo sucede mecnicamente, todo ser individual y el mundo entero son una mquina mecnica. Leibniz distingue dos conceptos: mecnico, tomado en el sentido acuado por el cartesianismo, de autmata, lo que tiene autarqua por ser fuente y 24 Antonio Fortes, 'Leibniz, filsofo de la revolucin industrial', en Miscelnea Comillas, n. 61, 2o semestre (Universidad Pontificia de Comillas, Madrid 1974) pp. 295-330.

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principio de sus operaciones. Ms superficial es lo mecnico, ms hondo el autmata. El infinitismo de la mquina natural nos lleva a la estructura ordenada del infinito. Las series convergentes de infinitos trminos tienen una estructura interna determinada, pues los trminos guardan entre s una determinada proporcin. Sumados estos infinitos trminos no se origina una cantidad infinita, sino un nmero concreto, limitado y determinado, dependiente del nmero primero y de la razn de la serie. Si conociendo la razn de la serie o relacin constante entre sus trminos, podemos conocer cualquier trmino anterior o posterior a los que ya conocemos; as sucede en los seres naturales, que si conocemos adecuadamente su razn, podremos llegar a comprender cualquier hecho de su pasado o de su futuro. No hay influjo eficiente del espritu sobre la materia y de sta sobre aqulla. Existe una relacin de orden o jerarqua entre la materia y los espritus, y aqulla est subordinada a stos, no por razn de la eficacia sino por razn de la divina ordenacin que somete lo inferior a lo superior, no en su obrar, sino en su ser. Leibniz toma postura, discrepando, frente a los escolsticos y a Descartes. Leibniz defiende la diferencia no slo de grado ni de especie sino de gnero entre la naturaleza y arte, natural y artificial, obras de la tcnica y obras de la naturaleza, por razn del autor y de la esencia misma de ls obras realizadas. Desde el punto de vista del autor, nuestra accin se limita a la unin y separacin de partes. Las mquinas de la naturaleza tienen un nmero de rganos infinitos y no es posible su destruccin. Las mquinas naturales o seres vivos son infinitamente divisibles. Desde el punto de vista de la unidad, hay tres grados de unidad: unidad per se, que es igual que simplicidad o ausencia de partes, propia de las mnadas. Unidad sustancial biolgica, propia de los seres naturales vivos compuestos de partes. Los agregados artificiales cuya unidad per accidens proviene de ser un conjunto de piezas armnicas, que funcionan acordes para producir un efecto. As, pues, un ser artificial es un agregado y no una unidad sustancial, es obra de una inteligencia limitada, que puede coordinar un nmero finito de piezas con su sabidura. El campo de posibilidades que deja entrever Leibniz como derivaciones de su filosofa, lo podemos dividir en tres conjuntos: posibilidades de realizacin de autmatas y mquinas, posibilidades de conocimiento y posibilidades de invencin. Los ltimos principios filosficos de las posibilidades son el automatismo de los seres y la armona preestablecida. Podemos programar autmatas artificiales. Todo lo que aqu y ahora es realizable mediante la causalidad eficiente, es determinable en el corazn de la mquina por Dios o por el tcnico mediante la armona preestablecida de las partes. Todo movimiento, por complejo que sea, puede ser representado por una ecuacin o conjunto de ecuaciones que dan razn de todos los puntos de la trayectoria. Ahora bien, todo lo que puede expresar una frmula o conjunto de ellas, puede tambin programarse. Sin embargo, la tcnica tiene sus lmites: a) por parte del hombre ste tiene

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un conocimiento y poder limitados, no puede producir autmatas naturales o seres vivos, b) Por parte de las cosas: las partes que forman la mquina no tienen entre s unidad sustancial. Lo que Leibniz persegua a travs de las matemticas, la lgica simblica, la metafsica y la teodicea, era el arte de inventar en general, que pondra en sus manos el secreto del universo. Dios es el primer principio de la tcnica de la invencin, ya que de El dependen las verdades. En El se realiza la verdadera uni oppositorum. La teologa natural en el fondo se identifica con la metafsica, y sta con la lgica o verdadera tcnica de invencin en general. El medio de funcionamiento de esta mquina es valerse de argumentos en forma, sin dejarse nada de lo necesario para dar fuerza al razonamiento. El silogismo es pues, la mquina adecuada. Para realizar la mquina deberamos poseer una notacin simblica adecuada la caracterstica universal que jugara en todas las ciencias el papel de los smbolos numricos en matemticas. Tal ciencia no exigira ms conocimiento que un clculo de lgebra. Leibniz relaciona estrechamente su teora del ser en cuanto sustancia y la teora del autmata. Toda sustancia se estructura como un yo, centro de actividad, pero dotado de caractersticas tpicas de la mquina: automatismo, conjunto armnico de infinitas unidades, y mecanicismo fenomnico. Actividad y automatismo en Leibnbiz se acercan y convergen hacia significados que llegan a confundirse. Dentro del sistema de Leibniz el ser es autmata por naturaleza. Las consecuencias que se derivan de todo esto son trascendentales: todos los seres que gocen de actividad, ya corporales ya espirituales, son autmatas. Todo conjunto de elementos sincronizados, armonizados, que funcionan sincrnicamente son tambin mquina. Sern mquinas las cosas, los animales, las personas, los astros y el mundo entero. Al ser la mnada el tomo formal del ser, la mnada es autmata. La mnada es mquina ya que en su interior se suceden los estados perceptivos y apetitivos, dependiendo los estados actuales de los anteriores y posteriores. La mnada acta y se mueve constantemente, sin hallar reposo, ya que es infinitamente movible. La mnada forma parte del mundo en su conjunto, por estar ligada con las cosas y con todo el universo. Leibniz toma el trmino naturaleza como el conjunto de todas las cosas creadas. Para Leibniz, la naturaleza es una mquina. Y es la mejor de las mquinas, porque su autor, Dios, no puede obrar sino por una razn suficiente, que en este caso es la mayor perfeccin del conjunto. De modo que cada ser, tomado individualmente, podra ser ms perfecto, pero el conjunto de ellos, no. El universo es una mquina que, una vez creada, se conserva por s misma y automticamente contina su actividad infinita. Si Dios hace milagros no es para reparar su obra, siempre perfecta, sino para atender a los bienes y necesidades de la gracia. Los seres naturales son autmatas. Los animales estn dotados de sensacin. Las almas sensitivas reflejan el mundo entero de las criaturas, pero reflejan slo el mundo no espiritual.

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El hombre es autmata a todos los niveles: perceptivo, sensorial y racional. El cuerpo es autmata y est unido con otro autmata: el alma racional. El alma racional, por ser mnada, est dotada de actividad espontnea, continua, ordenada, que brota de su intimidad. Refleja la creacin entera, pero ms especialmente el cuerpo al cual est estrechamente unida. No slo espeja la tierra toda sino tambin el mundo de los espritus y a Dios. Ahora, hay oposicin entre automatismo y libertad?: Los cuerpos obran por causas eficientes, los espritus obran por causas finales. El contenido de esta interna actividad son los pensamientos y deseos, que brotan del interior mismo del ser. El entendimiento es, pues, an mquina automtica de producir pensamientos, y la voluntad, de producir deseos. La ltima razn de este automatismo es que todo pensamiento es consecuencia del precedente, y todos ellos, pasados y futuros, no son sino expresin y manifestacin de la nocin completa de este ser. De este constante sucederse de la actividad se sigue que nuestra alma siempre est pensando y deseando, an cuando no tengamos conciencia de ello. Es el momento de plantearse el problema del bien y del mal. Hay cuatro rdenes de bien y de mal: fsico, moral, metafsico y sobrenatural. Desde el punto de vista de la voluntad, slo puede hablarse de automatismo del bien y del mal en cuanto al automtico sucederse de los quereres de la voluntad. El bien y el mal metafsico dependen de la correspondencia general armona con todo el universo, en modo tal que cada uno coopera a la perfeccin del todo. La distribucin del bien y del mal metafsicos ser automtica. En cuanto al problema del bien y del mal sobrenatural, hay una autntica armona entre el reino de la naturaleza y el sobrenatural de la gracia. Los pecados deben llevar la pena en el orden de la naturaleza y en virtud de la estructura mecnica de las cosas; las bellas acciones recibirn su recompensa por vas mecnicas, por relacin al cuerpo. Dios, como mnada, es la coronacin del sistema leibniziano. Dios es el nico creador. Es el ms excelente maquinista, porque su mquina es infinitamente ms compleja y perfecta y dura infinitamente ms y marcha mejor que la de ningn otro maquinista. El mundo no consume su fuerza, ni se marchita o descompone como un artefacto humano, sino que a todos supera infinitamente. Es una mquina que marcha sin necesidad de repararla nunca armona preestablecida. Dios es la mnada de las mnadas. Ahora bien, si un aspecto esencial de la mnada es el automatismo, ser Dios tambin un autmata? Si tomamos la palabra autmata en el sentido originario de fuente de su propia actividad, habra que decir que Dios es fuente del ser, del bien, de la verdad. Y en este sentido El es eminentemente el autmata por excelencia. A la muerte de Leibniz (1716) se haba creado una nueva teora filosfica, una nueva visin del mundo y un mito. La mquina haba sido reconocida en las cosas naturales. Slo falta que el hombre se ponga a construir unas mquinas que imiten las admirables obras de Dios y realicen para la sociedad la revolucin prctica

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que la filosofa ha realizado en la teora, y las ciencias exactas en el conocimiento de la naturaleza. La mnada se materializa en el fuego vivo, la armona preestablecida en el intrincado ensamblaje de hierro y poleas, el anlisis matemtico y metafsico del infinito y las leyes del cosmos en las leyes rgidas y mecnicas del movimiento de las piezas de la mquina. La mquina automtica es vista por Leibniz no como trmino directo de su investigacin sino en la esfera de los principios lgicos matemticos y metafsicos. Y en este campo es tremendamente original. Las mquinas de la revolucin industrial realizan de un modo groseramente material todos los caracteres de la sutil metafsica de Leibniz. No podemos prescindir de Leibniz para comprender la revolucin industrial. Forma parte de los equipos tericos que entrevieron su posibilidad, y dedicaron su genio a la nica tarea realizable: despejar el camino y abrir los cauces por donde pudo discurrir tal revolucin, sin producir demasiadas estridencias, sin recurrir a brujeras, sin polmicas religiosas feroces, que de otro modo suelen impedir el camino de las ciencias de la naturaleza. Una de las cosas ms sorprendentes propias de los humanos, es la capacidad de anticipacin que el pensamiento tiene sobre el futuro. El futuro es lo que est por llegar. La capacidad que el hombre tiene de proyectarse sobre la realidad implica, y supone, la necesidad de anticiparse, de prevenir, de tratar de acercarse al futuro, haciendo que ste no signifique aventura, imprevisin, sobresalto. El hombre es un ser abierto al mundo; de ah su situacin de libertad, responsabilidad y compromiso: el hombre est comprometido con su propia existencia y es responsable de sus actos porque es un ser libre, esencialmente libre, podramos decir con Sartre. Las teoras y, particularmente, los sistemas filosficos no son slo una manera de aproximarse a la realidad y describir el aqu y el ahora, sino que deben ser consideradas, tambin, como formas de aventurar el futuro, de ayudar a construir la realidad con mayor coherencia, justicia, previsin, etc. La filosofa, al igual que la ciencia y la tcnica, viven su compromiso con el presente y el futuro tambin con el pasado, en cierto modo, tienen sentido desde ese compromiso y nicamente desde l. La justificacin del saber, en este sentido, es instrumental, sin que eso signifique siempre pragmatismo. La justificacin de algo puede ser, en principio, inmediatamente, esttica, pero no por ello dejara de ser instrumental. Instrumental en el sentido de instrumento o medio para hacer, alcanzar o conseguir algo. El que no se haya estudiado seriamente, profundamente, este valor de compromiso instrumental del saber, creo que nos ha conducido a conocer de manera sesgada la propia historia de la humanidad y, en concreto, la historia del pensamiento, de la filosofa y de la ciencia. Ahora bien, hasta qu punto cada pensador, cada cientfico, cada escuela o cada movimiento son conscientes de este valor del saber? A juzgar por los resultados y consecuencias, puede pensarse que no siempre se es consciente de ella? Hay que tener en cuenta que, por cuantiosa que sea la informacin que se posea, es realmente imposible utilizarla toda y prever, calcular dira Leibniz, todos los resultados y consecuencias. Hasta qu punto Leibniz fue consciente

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del futuro, casi inmediato siglo xvn que estaba previendo? Hasta qu punto Leibniz es consciente de que diversos elementos de su sistema van a tomar vida en forma de mquina? En este artculo de Antonio Fortes se abren perspectivas para un estudio de una dimensin, podramos decir, nueva, pero interesante y necesaria. En los Anales del Seminario de Metafsica del ao 1975 encontramos un artculo dedicado al estudio de la relacin existente entre Hegel y Leibniz con Spinosa 25 ; es decir, se trata de estudiar hasta qu punto la dialctica hegeliana no estaba ya anticipada en Spinoza y en Leibniz, y cul de stos dos filsofos est, desde esta perspectiva, ms cerca de Hegel. Podemos adelantar, tal y como lo hace el Prof, de Salas, que Leibniz es un superador de Spinoza. El primer problema a plantearse es el de delimitar el concepto de dialctica: I o . Hay que ver la dialctica como un proceso total y ms concretamente como el proceso de la totalidad de lo real. 2 o . La dialctica une lo diverso porque se trata de un movimiento inmanente. 3 o . En Hegel la dialctica es el proceso del espritu. 4 o . Este procedimiento dialctico tiene un mtodo, procede por negacin de la negacin, por la superacin de las distintas situaciones que se dan en un momento. 5. El procedimiento dialctico tiene como objetivo el retorno sobre s del sujeto. Estas dimensiones del procedimiento dialctico estn ya anticipadas en Spinoza y en Leibniz. Tanto en Spinoza como en Leibniz, la sustancia queda caracterizada a travs de la nocin de fuerza, pero esta nocin est ms trabajada y tiene ms importancia en Leibniz que en Spinoza. ' En el tema de la irreductibilidad de las sustancias Leibniz va ms lejos que Spinoza en la medida en que las mnadas como fundamentos del proceso perceptivo tienen una radicalidad mayor que los modos de Spinoza. Ni Leibniz ni Spinoza admiten la comunicacin directa entre alma y cuerpo. Pero mientras que en Spinoza la unidad de extensin y pensamiento se realiza en la sustancia nica, que es Dios, en Leibniz la unidad se realiza en cada mnada individual y ello se debe a que Leibniz concibe la materia primordialmente como negacin, como limitacin de la actividad perceptiva del sujeto, Percibir el mundo, es decir, las dems mnadas, es una limitacin ocasionada por la materia prima, pues en la percepcin de lo externo se est reproduciendo la actividad de aqullas. En este sentido, conviene contraponer al conocimiento del mundo externo, la percepcin de las verdades de razn, denominadas verdades innatas en los Nuevos Ensayos. Esta composicin de la materia est relacionada con las nociones de accin y pasin. La materia ejerce una funcin positiva en tanto que denota una unidad 25 Jaime de Salas Ortueta, 'Hegel y Leibniz frente a Spinoza', en Anales del Seminario de Metafsica (Madrid 1975) pp. 101-25.

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superior a la mnada, el mundo; en la medida que la mnada posee materia, est obligada a reflejar en s misma el mundo exterior. Gracias a ello, las distintas mnadas se reflejan entre s y forman una unidad. La mnada leibniziana anticipa de manera efctiva y original el sujeto hegeliano. Esta concepcin de la materia, y el que conciba la mnada como representativa, que los cambios y determinaciones en ella con manifestacions en ella misma, es lo que permite a Leibniz anticipar otro aspecto de la dialctica hegeliana: el que el proceso dialctico es un proceso racional, precisamente porque es formalmente el proceso de un sujeto y no meramente de una sustancia, conexionada con la materia. De ah que la imaginacin del proceso sea necesariamente un conocimiento. Las crticas que Hegel hace a la sustancia de Spinoza no alcanzan a Leibniz. En qu puede consistir la unidad de los sistemas de Leibniz y Spinoza? Cada uno de ellos reconoce que el uso automtico de la razn es la nica va para alcanzar la verdad, para ello es intil, tambin, la experiencia. Este racionalismo tendra dos corolarios: a) la creencia en la suficiente consistencia racional del objeto de la razn, la realidad inmediata; en este sentido, el pantesmo no es sino la consecuencia de colocar toda la razn en la realidad; b) junto a esto, habra la tendencia a tratar de establecer una estructuracin cuantificable, o al menos formalizable de lo real, satisfactoria racionalmente y que correspondera al carcter de realidad suficiente que se ha atribuido a lo existente. Estas dos caractersticas se dan plenamente en Spinoza, y, si la filosofa de Spinoza se parece a la hegeliana, se trata de un parecido en estos dos puntos. En el caso de Leibniz, se puede apreciar una autntica unidad con Spinoza en esta orientacin, si bien no se realizan plenamente estas intuiciones. En Leibniz se da una tensin entre el deseo de salvar la racionalidad del mundo y el de evitar el determinismo y el pantesmo que esta racionalidad implica. Esta racionalidad tiene su expresin ms clara en el principio de razn suficiente, que tambin implcitamente formula Spinoza. Donde empieza la gran diferencia entre Leibniz y Spinoza es en el paso de Dios a las criaturas: en Spinoza se tratara de un proceso de emanacin, en Leibniz de creacin. Leibniz se esfuerza por mostrar que el principio de razn es vlido para comprender por qu Dios cre este mundo y no otro. Dios podra haber elegido otro mundo, pues su decisin no fue metafsicamente necesaria. Pero cuanto ms quiere Leibniz mantener la bondad del mundo ms se acerca a mantener qu el mundo es por s mismo necesario, tiene su propia razn de ser y ms se asemeja a Dios. El Prof, de Salas denuncia el error que comete Holz al identificar a Leibniz con Spinoza, debido a una errnea concepcin del sistema leibniziano. En el segundo artculo 26 en la Revista de Filosofa del C. S. I. C , el Profesor de Salas se plantea el problema de la secularizacin en la historia de la filosofa

26 Jaime de Salas Ortueta, 'El problema de la secularizacin en Leibniz', en Revista de Filosofa, 2a serie, II (julio-diciembre, CSIC, Madrid 1979) pp. 183-205.

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y, especialmente, en Leibniz. Este artculo quiere tener continuidad en el futuro, por lo que no pretende agotar el problema planteado 27. El propsito, especficamente confesado, es contestar a estas dos preguntas: Tiene sentido hablar de la historia de la filosofa como exponente del proceso de secularizacin? Es relevante entender sistemas filosficos desde esta perspectiva? El sentido del proceso de secularizacin puede caracterizarse desde un punto de vista negativo, teniendo en cuenta lo que se niega se niega a Dios como objeto de creencia, o desde un punto de vista positivo, en tanto que intentamos explicar qu es lo que pasa a ocupar el lugar ocupado por la nocin de Dios, lo que conlleva la afirmacin de la autonoma, creatividad y suficiencia del hombre y la admisin de inmanencia y suficiencia del mundo. La secularizacin no es sin ms la negacin de la existencia de Dios, sino un proceso que, en parte, culmina en el atesmo, pero que se caracteriza por la transformacin global de una cultura teocntrica en una cultura desacralizada. Pero, si bien puede hablarse de una falta de conciencia del proceso en su carcter global, no puede decirse que, como proceso cultural, tuviese lugar inconscientemente. Es difcil encontrar un autor posterior a Descartes que no tome parte en la evolucin de este proceso. Seis son las caractersticas de un proceso de secularizacin, segn nuestro autor: I o . Sentido del proceso como afirmacin del hombre y del universo. 2 o . Carcter raciocinante del mismo. 3 o . Exageracin y desarrollo de conceptos ya previamente existentes, fuera de su contexto original. 4 o . Trasposicin de conceptos de una determinada concepcin de la realidad a un contexto cultural y sistemtico nuevo. 5 o . Tensin entre elementos de una cultura nueva y de una cultura antigua. 6o. Inconsciencia del sentido histrico y total del proceso. El propsito del autor es determinar en qu medida las variables que se han enumerado se dan de una manera amplia en el pensamiento leibniziano. Al tratar del problema de la secularizacin, el tema de Dios es un tema absolutamente fundamental. El perodo en el que se encuentra Leibniz se caracteriza tanto por el comienzo de posiciones ateas, secularizadas como por el debilitamiento de la religiosidad tradicional. Pero no hay en Leibniz posiciones ateas o pantestas. En Leibniz aparecen doctrinas que tienen un carcter religioso distinto, que van ms all de la diversidad de credos que mantienen distintas confesiones, buscando un deno-

27 Es preciso confesar que me ha sido imposible controlar la continuacin de este artculo del Prof, de Salas. Por ello, mi resea, y pese a mi voluntad, nicamente se referir a la primera parte del mismo. Quiero hacer constar que el Prof, de Salas public otro artculo en el que parte de l estaba dedicado a Leibniz, pero que, por su estructura, no me ha parecido conveniente resear y comentar aqu. Se titula 'Metafsica y concepcin de la Naturaleza en Leibniz y en Hume', en Revista de la Universidad Complutense, vol. XXIV, n. 98 (julio-agosto 1975).

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minador comn, establecido por la razn que mostrara lo que hay de verdad en cada una de ellas. La religiosidad leibniziana va a ser una religiosidad que ms que buscar una relacin personal con Dios, va a dirigirse a Dios como principio. En este sentido va a ser una religiosidad intelectual y que, por ello mismo, tendr una marcada tendencia hacia el pantesmo. Leibniz va a buscar una va intermedia entre dos posiciones extremas: la de Spinoza, el pantesta por antonomasia, y la de Descartes, representante de la tradicin voluntarista. El hombre en ningn momento puede tener acceso a todas las verdades, incluidas las que se conocen por la fe. En los hechos empricos hay una racionalidad latente que el entendimiento humano debe desentraar, en la medida de lo posible. Ahora bien, Leibniz cree que los hechos objetos de fe deben ser considerados hechos empricos. Desde este punto de vista, la fe sera el reconocimiento de la falta de racionalidad de un acontecimiento, pero al mismo tiempo, aqullo en que se cree no slo no es contrario a la razn, sino que es conforme a la razn humana, dentro de los lmites que sta tiene. El milagro es algo que se da de hecho en la naturaleza y que no se ajusta a las leyes de la naturaleza, los milagros significan la derogacin ocasional de las leyes de la naturaleza. Estas no son necesarias, sino que deben su existencia a la decisin de Dios. As, Dios es anterior y superior a la naturaleza. Pero los milagros tienen una racionalidad, an cuando el hombre no llegue a alcanzarla, pertenecen a un orden anterior y superior al de las leyes de la naturaleza. Desde el punto de vista de la religin, los ritos son imprescindibles para una mente dbil como la del hombre; pero no son un fin en s mismos, sino un medio para conducir al creyente a Dios. Leibniz es, en general, respetuoso con ellos. Esta actitud de Leibniz puede entenderse quiz teniendo en cuenta la importancia que para Leibniz tiene la tolerancia, la admisin del derecho a la coexistencia de diversas sectas. Leibniz suea con la unidad de los cristianos en la que cada parte tiene su propia individualidad. En definitiva, la posicin leibniziana, en la medida en que es crtica de una actitud confesional, est afirmando el valor de la razn. Esta crtica no culmina en nuestro autor con la negacin de una religin natural, es decir, una religin de la razn. Esta religin natural se caracteriza fundamentalmente por el amor de Dios. Comprende tres tipos de actividades: a) la de los oradores y sacerdotes; b) los filsofos, a un nivel superior, y c) la de los moralistas y polticos en su condicin de directores de cuestiones de inters pblico, y es la ms perfecta. Desde este concepto de religin se alcanza un punto de vista que permite una solucin ms neta del problema de la coexistencia de diversas confesiones. El seguir el credo de una secta es indiferente a la hora de plantear el problema de la salvacin del hombre. Es un hecho demostrado la dependencia que unos autores o escuelas tienen de otros pensadores o movimientos, ya sean contemporneos o pertenecientes al pasado. Esta relacin de dependencia puede ser mltiple. Puede mostrarse en aspectos concretos, accidentales o esenciales o en aspectos generales que ataen a la propia configuracin del sistema. Hay, adems, otra manera de plasmarse la repercusin y dependencia de

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unos pensadores o cientficos sobre otros. Esta se manifiesta, ms que en lo que se acepta y se asume procedente de los dems, en lo que se rechaza, y tambin, y sto es de suma importancia en lo que a autores, pensadores o cientficos, contemporneos o anteriores, sugieren a los contemporneos y futuros. Los historiadores de la filosofa, hablando en general, se han mostrado particularmente preocupados por el estudio de lo que cada filsofo o escuela captaba o rechazaba de otros, pero no tanto por lo que otros filsofos sugeran al filsofo objeto de estudio. Esto ltimo no queda agotado por el estudio crtico que se ha hecho, a la hora de estudiar las fuentes histricas del pensamiento del cmo son aceptadas o rechazadas las ideas o pensamientos de otros. Habra que plantear, asimismo, el problema de hasta qu punto, cuando interpretamos la filosofa de otros pensadores no se produce un proceso de convergencia entre el autor estudiado y el historiador o intrprete, de manera que filosofamos nosotros, utilizando como medio o instrumento las ideas o la propia metodologa del pensador objeto de estudio. Y esta es una crtica que se ha hecho a H. H. Holz 28, en el caso de su interpretacin de Leibniz. El Prof, de Salas es reconocido como un profundo conocedor de Leibniz, tras la publicacin de su tesis doctoral 29 , en el ao 1967, dedicada a Leibniz y a Hume. El Prof, de Salas matiza, en este artculo, la interpretacin de Holz y con ello contribuye a algo que considero de gran importancia: el estudio y clarificacin, por tanto, de la presencia de Leibniz en otros pensadores; en este caso en Hegel; y, por consiguiente, contribuye no slo al estudio de las fuentes del pensamiento de Hegel, sino, adems, a la clarificacin del sistema leibniziano y al estudio de su repercusin futura. Como ya se ha resaltado, una de las cosas ms sorprendentes, cuando uno se aproxima a Leibniz, es la diversidad de estudios realizados sobre l, la disparidad de interpretaciones mantenidas y el hecho de que, a ms de dos siglos y medio de la muerte de Leibniz, no conozcamos todava una edicin completa de su obra; incluso que, todava hoy, haya problemas para rescatar y cuantificar su obra. Este es el problema general que el Prof. Quintn Racionero expone en un artculo publicado en el ao 1980 30 . Las dificultades que hay a la hora de estudiar a Leibniz provienen, en primer trmino, del propio filsofo (no hay un opus magnum, ni un sistematismo en la exposicin de las ideas, y en la composicin de las obras, incluso la terminologa y algunas expresiones resultan vacilantes), y, en segundo lugar, de los estilos interpretativos que surgen en las distintas pocas histricas: logicismo y corriente metafsica, fundamentalmente. Estos estilos interpretativos transforman e invierten la funcin estructural y el sentido hermenutico de partes enteras la lgica, la metafsica, la dinmica del sistema lebniziano 31. 28 H. H. Holz, Leibniz (Tecnos, Madrid 1970). 29 Jaime de Salas Ortueta, El conocimiento del mundo externo y el problema crtico en Leibniz y Hume (Universidad de Granada, 1967). 30 Quintn Racionero, 'La cuestin leibniziana', en Anales del Seminario de Historia de la Filosofa (I) (Facultad de Filosofa y Ciencias de la Educacin, Madrid 1980) pp. 264-311. 31 Ibid., 267.26

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La cuestin leibniziana tiene como ncleo el fenmeno disociativo impuesto por los estudiosos ... de lo que en Leibniz es y no puede ms que ser un constructo nico... 3 2 . Y a esto hay que aadir el dato perturbador de un conocimiento parcial e histricamente mvil de las propias obras de Leibniz. La cuestin leibniziana es una cuestin de crtica bibliogrfica. Esta crtica bibliogrfica conlleva discriminar lo original de lo aadido, y ello significa un anlisis cuidadoso, crticamente planteado. A los problemas que lo anterior implican, hay que aadir el que en vida de Leibniz se publicaron muy pocas obras suyas: sin duda dej sin publicar muchos temas a los que tuvo que conceder importancia. Por otra parte, aparecen en Leibniz muchos textos contradictorios y, en ocasiones, difcilmente integrables dentro de su sistema. No pueden ponerse al mismo nivel obras avaladas por su publicacin y obras de un mero trabajo de despacho y que, por razones que muchas veces desconocemos, no se decidi a publicar. Con los inditos hay que proceder diacrnicamente, al igual que con las obras publicadas. Pero slo una pequea cantidad de opsculos no publicados por Leibniz tienen fecha segura o fcil de establecer. A cambio, conocemos i a fecha de la mayor parte de las cartas. Pero no son slo stos los problemas. Hay una gran dispersin de los inditos y de la correspondencia; Leibniz escriba sobre la pgina derecha de un folio doblado en dos y la izquierda la dejaba para correcciones, adicciones, etc.; existen varias copias de una misma obra con cambios, a veces, importantes de unas a otras; no utilizaba con correccin los signos de puntuacin, etc. Todas estas dificultades confieren al estudio de la obra de Leibniz una gran dificultad madeja laberntica, le llama Quintn Racionero. En cuanto a la edicin de sus obras completas, el intento ms serio el de la Academia de Ciencias de Berln, se ha retrasado considerablemente. Incluso esta publicacin no est carente de crticas. Pero esta edicin supone un monumento definitivo que, si algn da se concluye, acabar con el conjunto de problemas que plantean las obras de Leibniz. Quintn Racionero acaba el artculo refirindose crticamente a los catlogos de las obras de Leibniz, y a la publicacin de inditos y de traducciones a diversas lenguas de las obras de Leibniz. Este artculo del Prof. Racionero sirve de introduccin al publicado en Revista de Filosofa, del C. S. I. C , en 1980, titulado: 'La filosofa del joven Leibniz: la gnesis de los conceptos y la funcin de la lgica 33. El objetivo de este artculo, tal y como declara el Prof. Q. Racionero, es contestar a la cuestin de si tuvo un carcter predominantemente lgico la filosofa del joven Leibniz, si podra definir tal filosofa de juventud algn otro haz de temas que pudieran ser aislados de los dems por su mayor predominancia. En el horizonte filosfico del joven Leibniz son varios los elementos que 32 Ibid., 267. 33 Quintn Racionero, 'La filosofa del joven Leibniz: la gnesis de los conceptos y la funcin de la lgica', en Revista de filosofa, 2 a serie, III (enero-julio, CSIC, Madrid 1980) pp. 39-125.

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se entrecruzan y todos ellos estn en el origen de constructos bien determinados de su sistema de madurez. Este pluralismo ha quedado asumido por un modelo unitario de interpretacin. Pero lo importante es que, si este procedimiento tiene alguna justificacin, la tiene en virtud de dos postulados, el primero es que cualesquiera que sean las plurales direcciones de la filosofa juvenil de Leibniz, debe existir... un centro unitario de lectura pata toda ella; y, el segundo, que, siendo esto as, de las premisas contenidas en dicho centro de lectura debe poder concluirse, por una rigurosa cadena deductiva, el detalle de aquellas plurales direcciones. Tal es, en conclusin, la consistencia ltima del modelo reduccionista... 34y el mecanismo que vemos repetirse en las interpretaciones de Couturat, Baruzi, Kabitz o Matzat. Lo que va a debatirse en este artculo y lo que est en cuestin es si los postulados del centro de lectura y de la cadena deductiva tienen alguna base de legitimidad intrasistemtica o deben ser rechazados. La gnesis de la filosofa de Leibniz deriva de una pluralidad de temas, surgidos del ambiente cientfico de la Alemania del 1600 y del propio carcter y del talante espiritual de Leibniz. Y esta diversidad de solicitudes convierten en irrelevante cualquier perjuicio reduccionista. Leibniz reconoce haber llegado a la primera sntesis de su filosofa con el descubrimiento de los modernos, entre 1663 y 1672. En la filosofa del joven Leibniz no hay influencias ni de Galileo, ni de Descartes, ni de Kepler. S las hay de F. Bacon, Gassendi, Hobbes, R. Lulio y Weigel. En la gnesis del pensamiento de Leibniz, derecho y lgica se relacionan estrechamente. Pero lo que ms llama la atencin en los estudios dedicados a este tema ...es que Leibniz concibe la teora de las combinaciones como un prenotando necesario, tanto para el derecho como, eventualmente, para la propia lgica! Lo que va a permitir la combinatoria... es plantear con mayor claridad los problemas..., a base de reducir los pensamientos a caracteres y establecer con stos un clculo riguroso de sus combinaciones34*. Estamos, pues, lejos de cualquier reduccionismo que pretenda fijar un modelo hermenutico de jerarquas. El centro del problema es que ninguna de estas tres disciplinas, jurisprudencia, lgica y metafsica, opera aisladamente de las otras. Es el sistema quien impone las sucesivas aplicaciones y modificaciones parciales del derecho, de la lgica y de la metafsica, de modo que stas funcionan como niveles conspirantes, ms que como elementos separados, dentro del ejercicio unificador del pensamiento. Es la actividad poltica, y no las consideraciones lgico-tericas, la que explica el proyecto de constituir en repertorio enciclopdico y una teora general del mtodo. La invocacin a la praxis es lo que hace transcender en Leibniz el concepto de la ciencia, elevndola al nivel de sabidura. En realidad, teora y praxis son dos momentos de un mismo proceso que no puede discriminarse. Y la meta de dicho proceso es la utilidad, es decir, la felicidad pblica y privada. Por ello, tomar en cuenta nicamente los aspectos lgico-descriptivos, tal como ocurre

34 Ibid., 46. 34* Ibid., 59-61.

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en la hermenusis logicista, tracionan ampliamente el talante investigador de Leibniz. Esta misma dimensin prctica, utilitaria y poltica promueve los primeros escritos teolgicos, redactados, ms o menos, entre 1668 y 1672. En las Demonstrationes Catholicae y en otros escritos y opsculos existe la pretensin de dirimir las disputas con el dilogo y no con las armas; concluir las controversias blicas, poner fin a los pretextos expansionistas de Luis XIV. As, pues, las intenciones teolgicas se solapan con motivos polticos y patriticos. Ahora bien, son las preocupaciones teolgicas las que han hecho variar ms fuertemente la metafsica de Leibniz, y son las que han puesto sobre el tapete el inters por los problemas de la fsica. No es, como deca B. Russell, la descripcin lgica de la sustancia el origen de las afirmaciones metafsicas de Leibniz, sino un resultado maduro. La preocupacin por el problema de la magnitud, el movimiento y la figura, la rectificacin del mecanicismo gassendiano, lleva a Leibniz, tambin, a un encuentro con los grandes temas de la metafsica, y devuelve al pensador a los grandes temas, inevitables lecciones de Aristteles. El fondo del problema del logicismo es que aquello que une a Dios, el alma, los movimientos, etc., es, en Leibniz, no la voluntad de deducirlos de unas cuantas premisas, sino la voluntad de tratarlos epistmicamente bajo unos parmetros racionales comunes: la voluntad de reducirlos a un asunto de Stylo philosophico o de philosophica dictione. La lgica se reduce a la expresin de un lenguaje que aporta las normas imprescindibles bajo las que las proposiciones devienen proporciones filosficas o cientficas. Son verdaderas estas proposiciones por el hecho de atenerse a los requisitos lgicos del lenguaje filosfico, de forma que quien dominase en todos sus pormenores ese lenguaje podra deducir absolutamente la realidad, como un producto o una consecuencia de l? Esta sera la pretensin de Leibniz, segn la interpretacin logicista de Leibniz. Pero las cosas son de otra manera, segn el Prof. Racionero. El significado denota la realidad que nombra. Cmo la denota? Slo son reales los seres concretos, de modo que, en lo que sea posible, conviene prescindir de los trminos abstractos. Con esto puede llegarse a un ideal de dictio philosophica, por cuya virtud todo significado podr atribuirse a un vocablo dado y todo vocablo corresponder a un significado dado. Para resolver este problema hay que afirmar la capacidad del significado de ser verdadero, es decir, de ser representacin de un mbito especfico de realidad tal como puede ser conocido en una intuicin emprica. La validez de las proposiciones de la ciencia no reside en la logicidad de su construccin sino en cuanto que pueda asegurarse una correlacin cognoscitivamente dada de ellas con la realidad 35. Pero sera un error interpretar el recurso a las intuiciones empricas de una manera trivial y sensualista, que alejase de una manera drstica el pensamiento juvenil de Leibniz del de su obra de madurez. La verdad de la intuicin depende de la recta disposicin sea del que per35 Ibid., 105.

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cibe, sea del medio. Pero cmo estar seguros de la rectitud de las disposiciones? El nico mtodo es la constancia y la coherencia de la sensacin. Lo fundamental es la relacin, en todo caso; no las sensaciones consideradas en s, sino el nexo (re-latio, liaisson) que las une en estructuras complejas determinantes 36 . Este es el nivel explicativo en el que Leibniz sita el problema del significado. Si bien slo lo singular es real y si bien los smbolos universales constituyen un instrumento convencional para referirse a totalidades de individuos particulares, Leibniz rechaza que estas totalidades hayan de entenderse como colectivos, hay que entenderlos como todos distributivos: todo hombre no significa todo el gnero humano, sino todos y cada uno de los hombres. Los universales no equivalen a generalizaciones, sino a expresiones de una rationalitas in universum, que, en todo caso, debe darse por supuesta con carcter previo a la propia posibilidad del uso de la lgica. La expresin ms patente de esa ratio universalis corresponde al hecho que cada ser particular cumple las ideas de Dios. Pero esto no significa que los universales sean producto del pensar de Dios. El fundamento de los universales estriba en que coincide no con las ideas de Dios, sino con el saber de Dios. Lo que Dios sabe es exactamente: que la realidad tiene su norma ntica no creada por El, sino independiente de su voluntad y, puesto que El es la nica realidad anterior a la creacin, coincide con El 3 7 . Pero, por una parte, el significado de las relaciones que conforman los compuestos, no puede ser establecido arbitrariamente por la voluntad divina, ni por su inteligencia, sino que dependen de la propia realidad, de la propia armona de las cosas, que, en todo caso coincide con la realidad misma de Dios; por otra parte, cuando Dios construye una idea en virtud de dichas relaciones, t