Ritual de Dedicación de Iglesias

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DEDICACIÓN DE IGLESIAS Y ALTARES Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino Decreto El rito de la dedicación de iglesias y de altares se considera entre los más solemnes actos litúrgicos. En efecto, el lugar donde la comunidad cristiana se congrega para escuchar la Palabra de Dios, para elevar sus súplicas y alabanzas al Señor y, sobre todo, para celebrar los Sagrados Misterios y donde se reserva el santísimo sacramento de la Eucaristía, es un símbolo peculiar de la Iglesia, templo de Dios edificado con piedras vivas; y el altar, que el pueblo santo rodea para participar del Sacrificio del Señor y restaurarse con el banquete celestial, es un signo de Cristo, que es el sacerdote, la víctima y el altar de su propio sacrificio. Estos ritos, que se encuentran en el segundo libro del Pontifical Romano, fueron revisados y rehechos en forma más simple en el año 1961. Con todo, teniendo en cuenta las razones y normas de la restauración litúrgica, promulgada y fomentada por el Concilio Vaticano II, pareció necesario revisar nuevamente dichos ritos y acomodarlos a las condiciones de nuestro tiempo. El Sumo Pontífice Pablo VI, con su autoridad, aprobó el nuevo Ritual de la Dedicación de iglesias y de altares preparado por la Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino, mandó que fuera publicado y ordenó que sustituyera a los ritos del libro segundo del Pontifical Romano. Por tal motivo, esta Sagrada Congregación, por mandato del Sumo Pontífice, publica el Ritual de la Dedicación de iglesias y de altares que, compuesto en lengua latina, entra en vigencia desde su aparición; las versiones en lengua vernácula, a partir del día que determinen las Conferencias Episcopales, una vez que las hayan aprobado y obtenido la confirmación de la Sede Apostólica. Sin que obste ninguna disposición en contrario. Dado en la sede de la Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino, el 29 de mayo de 1977, domingo de Pentecostés. Santiago R. Card. Knox Prefecto Antonio Innocenti Arzob. tit. De Eclano Secretario Sacra Congregatio Pro Sacramentis Et Cultu Divino

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Ceremonias y ritos de la dedicación de Iglesias y altares

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DEDICACIÓN DE IGLESIAS Y ALTARES

Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino

Decreto

El rito de la dedicación de iglesias y de altares se considera entre los más solemnes actos litúrgicos.

En efecto, el lugar donde la comunidad cristiana se congrega para escuchar la Palabra de Dios, para elevar sus súplicas y alabanzas al Señor y, sobre todo, para celebrar los Sagrados Misterios y donde se reserva el santísimo sacramento de la Eucaristía, es un símbolo peculiar de la Iglesia, templo de Dios edificado con piedras vivas; y el altar, que el pueblo santo rodea para participar del Sacrificio del Señor y restaurarse con el banquete celestial, es un signo de Cristo, que es el sacerdote, la víctima y el altar de su propio sacrificio. Estos ritos, que se encuentran en el segundo libro del Pontifical Romano, fueron revisados y rehechos en forma más simple en el año 1961. Con todo, teniendo en cuenta las razones y normas de la restauración litúrgica, promulgada y fomentada por el Concilio Vaticano II, pareció necesario revisar nuevamente dichos ritos y acomodarlos a las condiciones de nuestro tiempo. El Sumo Pontífice Pablo VI, con su autoridad, aprobó el nuevo Ritual de la Dedicación de iglesias y de altares preparado por la Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino, mandó que fuera publicado y ordenó que sustituyera a los ritos del libro segundo del Pontifical Romano. Por tal motivo, esta Sagrada Congregación, por mandato del Sumo Pontífice, publica el Ritual de la Dedicación de iglesias y de altares que, compuesto en lengua latina, entra en vigencia desde su aparición; las versiones en lengua vernácula, a partir del día que determinen las Conferencias Episcopales, una vez que las hayan aprobado y obtenido la confirmación de la Sede Apostólica. Sin que obste ninguna disposición en contrario. Dado en la sede de la Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino, el 29 de mayo de 1977, domingo de Pentecostés.

Santiago R. Card. Knox

Prefecto

Antonio Innocenti

Arzob. tit. De Eclano

Secretario

Sacra Congregatio Pro Sacramentis Et Cultu Divino

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I. Ritual de la colocación de la piedra fundamental o del comienzo

de los trabajos de una Iglesia

Notas Preliminares

1.

Al empezar la construcción de una nueva iglesia, es conveniente celebrar un rito para implorar la bendición de Dios y enseñar a los fieles que el edificio que se construirá con elementos materiales será un símbolo visible de aquella Iglesia viva o edificio de Dios, formada por ellos mismos. Según la costumbre litúrgica, este rito consta de la bendición del terreno de la nueva iglesia y de la colocación de la piedra fundamental. Con todo, si por causa de lo peculiar del arte o del modo de edificación, no se coloca piedra fundamental, es oportuno celebrar el rito de la bendición del terreno de la nueva iglesia para consagrar a Dios la obra que se ha de iniciar.

2.

El rito de colocación de la piedra fundamental o del comienzo de la nueva iglesia puede realizarse en cualquier día y hora, menos en el Triduo Pascual; elíjase, sin embargo, un día en que sea posible una mayor afluencia de fieles.

3.

Es conveniente que el rito sea celebrado por el Obispo de la diócesis. Si él no puede hacerlo, encomendará este oficio a otro Obispo o presbítero, sobre todo, al que coopera con él en la tarea pastoral de la diócesis o de la comunidad a favor de la cual se erige la nueva iglesia.

4.

Se avisará con anticipación a los fieles el día y la hora de la celebración; y el párroco u otros a quienes corresponda los instruirán sobre el sentido del rito y sobre la veneración que se debe tener al templo que se erigirá en su favor. Conviene invitar también a los fieles para que, espontánea y gustosamente, colaboren con sus bienes en la edificación de la iglesia.

5.

En cuanto sea posible, se ha de procurar que el terreno de la nueva iglesia esté bien delimitado y que se pueda circundar con comodidad.

6.

En el lugar donde se levantará el altar colóquese una cruz de madera de proporciones adecuadas.

7.

Para la celebración del rito se preparará: - el Pontifical Romano y el Leccionario; - la sede para el Obispo; - la piedra fundamental, si es el caso, la cual según la costumbre debe ser cuadrada y angular; además el cemento y las herramientas para colocar la piedra en los cimientos; - el calderillo del agua bendita y el aspersorio; - el incensario con la naveta del incienso y la cucharita; - la cruz procesional y los ciriales para los ministros.

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Dispóngase un buen equipo de altoparlantes para que los fieles puedan escuchar claramente las lecturas, oraciones y moniciones.

8.

Para la celebración del rito se usarán ornamentos de color blanco o festivo. Se prepararán: - para el Obispo: alba, estola, capa pluvial, mitra, báculo; - para el presbítero, si es él quien preside la celebración: alba, estola, capa pluvial; - para los diáconos: alba, estola y, si es oportuno, dalmática; - para los demás ministros: albas u otras vestiduras legítimamente aprobadas.

Ritual de la Bendición

Primera Parte.

Acceso al lugar donde se erigirá la Iglesia

9.

La reunión del pueblo y el acceso al lugar donde se desarrollará el rito, según las circunstancias de lugar y tiempo, puede realizarse en una de las dos formas siguientes:

Primera forma.

Procesión

10.

A la hora señalada se reúne el pueblo en un lugar apropiado, desde donde los fieles irán en procesión al lugar designado.

11.

El Obispo, revestido con los ornamentos sagrados, llevando mitra y báculo, se acerca con los ministros al lugar donde está congregado el pueblo. Dejando el báculo y la mitra, saluda al pueblo diciendo:

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes. O con otras palabras adecuadas tomadas con preferencia de la Sagrada Escritura.

El pueblo responde: Y con tu espíritu. U otras palabras adecuadas.

12.

El Obispo habla brevemente a los fieles para prepararlos a la celebración e ilustrar el sentido del rito.

13.

Terminada la alocución, el Obispo dice: Oremos.

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Todos oran en silencio, por unos instantes.

Luego, el Obispo prosigue:

Dios y Padre nuestro, que formaste a tu santa Iglesia edificada sobre el cimiento de los Apóstoles, siendo el mismo Jesucristo la piedra fundamental; concede que tu pueblo, reunido en tu nombre, con santo temor te ame, te siga y crezca como templo de tu gloria, hasta que, bajo tu guía, llegue a la ciudad celestial. Por Cristo nuestro Señor. Todos: Amén.

14.

Terminada la oración, el Obispo recibe la mitra y el báculo; el diácono, si es el caso, dice:

Hermanos: Vayamos al lugar donde se edificará la nueva iglesia, cantando alegremente. U otras palabras semejantes.

Y se ordena la procesión como de costumbre. Precede la cruz entre dos ministros que llevan los cirios encendidos; sigue el clero, el Obispo con los diáconos asistentes y los demás ministros y finalmente los fieles. Durante la procesión se canta la antífona siguiente, con el Salmo 83 u otro canto adecuado:

Ant. Mi alma desea ardientemente visitar la casa del Señor (T.P. Aleluya).

Salmo 83

¡Qué amable es tu morada, Señor del universo! Mi alma se consume de deseos por los atrios del Señor; mi corazón y mi carne claman ansiosos por el Dios viviente. Ant. Hasta el gorrión encontró una casa, y la golondrina un nido donde poner sus pichones, junto a tus altares, Señor del universo, mi Rey y mi Dios. Ant. ¡Felices los que habitan en tu casa y te alaban sin cesar! ¡Felices los que encuentran su fuerza en ti,

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al emprender la peregrinación! Ant. Al pasar por un valle desierto lo convertirán en un oasis, y al caer las primeras lluvias, lo cubrirán de bendiciones: avanzarán con vigor siempre creciente, hasta contemplar a Dios en Sión. Ant. Señor del universo, oye mi plegaria, escucha, Dios de Jacob; protege, Dios, a nuestro escudo y mira el rostro de tu ungido. Ant. Vale más un día en tus atrios que mil en otra parte; yo prefiero el umbral de la casa de mi Dios antes que vivir entre malvados. Ant. Porque el Señor es sol y escudo; el Señor da la gracia y la gloria, y no niega sus bienes a los que proceden con rectitud. ¡Señor del universo, feliz el hombre que confía en ti! Ant.

Luego se lee la Palabra de Dios, como se indica en los nn. 18-22.

Segunda forma.

Reunión en el sitio de la futura Iglesia

15.

Si no se puede realizar la procesión o no parece oportuno, los fieles se reúnen en el lugar donde se erigirá la nueva iglesia. Reunido el pueblo, se canta la aclamación siguiente u otro canto adecuado:

La paz eterna que proviene del Eterno Padre esté con todos ustedes.

La paz perenne, el Verbo del Padre, sea la paz para el Pueblo de Dios.

El Espíritu Consolador otorgue la paz a todos los hombres. Mientras tanto, el Obispo, revestido con los ornamentos sagrados, con mitra y báculo, se acerca al lugar en que se encuentra reunido el pueblo. Dejado el báculo y la mitra, saluda al pueblo diciendo:

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La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes. O con otras palabras adecuadas tomadas con preferencia de la Sagrada Escritura.

El pueblo contesta: Y con tu espíritu. U otras palabras adecuadas.

16.

El Obispo habla brevemente a los fieles para prepararlos a la celebración e ilustrar el sentido del rito.

17.

Terminada la alocución, el Obispo dice: Oremos. Todos oran en silencio, por unos instantes.

Luego, el Obispo prosigue:

Dios y Padre nuestro, que formaste a tu santa Iglesia edificada sobre el cimiento de los Apóstoles, siendo el mismo Jesucristo la piedra fundamental; concede que tu pueblo, reunido en tu nombre, con santo temor te ame, te siga y crezca como templo de tu gloria, hasta que, bajo tu guía, llegue a la ciudad celestial. Por Cristo nuestro Señor. Todos: Amén.

Segunda Parte.

Lectura de la Palabra de Dios

18.

Luego se leen uno o varios textos apropiados de la Sagrada Escritura, particularmente de los que se proponen en el Leccionario Santoral y Misas diversas, para la dedicación de una iglesia, intercalando oportunamente un salmo u otro canto adecuado.

Conviene leer uno de los textos siguientes, sobre todo si se coloca la piedra fundamental.

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19.

Lecturas Del Antiguo Testamento

1. 1 R. 5, 2-18: El rey ordenó extraer grandes bloques de piedra de calidad para cimientos del templo. 2. Is. 28, 16-17: Coloco una piedra probada, angular, preciosa.

20.

Lecturas Del Nuevo Testamento

3. Hech. 4, 8-12: Jesús, a quien ustedes crucificaron, se ha convertido en la piedra angular. 4. 1 Cor. 10, 1-6: La roca era Cristo.

21.

Salmos Responsoriales

1. Sal. 23, 1-2. 3-4ab. 5-6: R. (2 Cro. 7, 16a): He elegido y santificado este lugar. 2. Sal. 41, 3. 5bcd; Sal. 42, 3. 4: R. (cf. Sal. 42, 3): Que tu verdad, Señor, me guíe hasta tu monte santo. 3. Sal. 86, 1-3. 4-6. 6-7: R. (cf. 1): Los cimientos de la ciudad de Dios sobre el monte santo. 4. Sal. 99, 2. 3. 5: R. (Ez. 37, 27): Pondré mi morada entre los hombres. 5. Sal. 117, 1-2. 16ab-17. 22-23: R. (cf. 1 Cor. 3, 11): Fuera de Jesucristo no hay otro cimiento.

22.

Evangelios

1. Mt. 7, 21-29: La casa edificada sobre roca y la casa edificada sobre arena. 2. Mt. 16, 13-18: Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. 3. Mc. 12, 1-12: La piedra que desecharon los constructores se ha convertido en la piedra angular. 4. Lc 6, 46-49: Asentó los cimientos sobre la roca.

23.

Terminadas las lecturas se tiene la homilía, en la cual se explicarán oportunamente las lecturas bíblicas y el sentido del rito: que Cristo es la piedra fundamental de la Iglesia y que el templo que ha de ser edificado por la Iglesia viva de los fieles será la Casa de Dios y del Pueblo de Dios.

24.

Después de la homilía, según las costumbres del lugar, se puede leer el acta de la bendición de la piedra fundamental y del comienzo de la construcción, que será firmada por el Obispo y por los representantes de los que trabajarán en la edificación del templo, y será incluida en los cimientos junto con la piedra fundamental.

Tercera Parte.

Bendición del lugar de la nueva Iglesia

25.

Terminada la homilía, el Obispo se quita la mitra, se pone de pie y bendice el lugar de la nueva iglesia, diciendo:

Oremos.

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Dios nuestro,

que con tu presencia santificas el mundo entero para que en todas partes sea glorificado tu nombre, bendice a estos hijos tuyos que, por una donación o por su trabajo han preparado este lugar para edificarte una iglesia; haz que, con la misma unión de corazones y alegría de espíritu con que hoy participan de esta iniciación de las obras, puedan celebrar un día los divinos misterios en tu templo y te alaben sin cesar en el cielo. Por Cristo nuestro Señor. Todos: Amén.

26.

Luego, con la mitra puesta, el Obispo rocía con agua bendita el lugar de la nueva iglesia, lo que podrá hacer desde el centro del terreno o recorriendo procesionalmente el circuito de los cimientos, junto con los ministros. En este caso, se canta la antífona siguiente, con el Salmo 47 u otro canto apropiado: Ant. Todos tus muros son piedras preciosas y las torres de Jerusalén serán edificadas con oro (T.P. Aleluya).

Salmo 47

El Señor es grande y digno de alabanza, en la ciudad de nuestro Dios. Su santa montaña, la altura más hermosa, es la alegría de toda la tierra. La montaña de Sión, la morada de Dios, es la ciudad del gran rey: el Señor se manifestó como un baluarte en medio de sus palacios. Ant. Hemos visto lo que habíamos oído en la ciudad de nuestro Dios, en la ciudad del Señor de los ejércitos, que él afianzó para siempre. Nosotros evocamos tu misericordia en medio de tu templo, Señor. Tu alabanza, lo mismo que tu renombre, llega hasta los confines de la tierra. Tu derecha está llena de justicia. Ant. Den una vuelta alrededor de Sión y cuenten sus torreones; observen sus baluartes y miren sus palacios, para que puedan decir a la próxima generación: "Así es el Señor, nuestro Dios".

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Él nos guiará eternamente. Ant.

Cuarta Parte.

Bendición y colocación de la piedra fundamental

27.

Realizada la bendición del lugar, si se va a colocar la piedra fundamental, ésta se bendice y se coloca como se indica en los nn. 28-30. En caso contrario, se concluye el rito como se indica en los nn. 31-32.

28.

El Obispo se acerca al lugar donde se colocará la piedra fundamental, deja la mitra y bendice

la piedra, diciendo:

Oremos.

Señor, Padre Santo, cuyo Hijo, nacido de María, la Virgen, fue anunciado por el profeta Daniel como piedra de la montaña, no hecha por mano de hombre, y fue llamado por el Apóstol san Pablo fundamento inconmovible, bendice esta piedra fundamental que colocamos en su nombre y concédenos que el mismo Jesucristo, a quien hiciste principio y fin de todas las cosas, sea el comienzo, el progreso y la consumación de esta obra. Por Jesucristo nuestro Señor. Todos: Amén.

El Obispo, si es oportuno, rocía la piedra con agua bendita y la inciensa. Luego, toma de nuevo la mitra.

29.

Después, el Obispo coloca la piedra fundamental en el cimiento. Esto lo hace en silencio o, si es oportuno, diciendo estas palabras u otras semejantes:

Por nuestra fe en Jesucristo colocamos la piedra fundamental en este cimiento. La gracia y la fuerza de los santos sacramentos se reciban en la iglesia que aquí surgirá y en ella sea invocado y alabado el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a quien sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos.

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Todos: Amén.

30.

Un albañil fija la piedra con cemento. Mientras tanto, si es el caso, se canta la antífona siguiente u otro canto adecuado:

La casa del Señor está bien afirmada sobre sólida piedra (T.P. Aleluya).

Conclusión del Rito

31.

Terminado el canto, el Obispo deja la mitra. Se hace la oración de los fieles con estas palabras u otras semejantes.

El Obispo invita a orar, diciendo:

Queridos hermanos: roguemos a Dios, Padre todopoderoso, para que, a quienes ha congregado aquí para construirle una nueva iglesia los haga templo vivo de su gloria, edificados sobre su Hijo, Jesucristo, la piedra fundamental.

A cada invocación respondemos: Señor, bendice y conserva a tu Iglesia. - Para que, rechazada la división del pecado, se digne congregar en la unidad a sus hijos dispersos. Roguemos al Señor. - Para que a todos los que con sus bienes o su trabajo ayudarán en la construcción de este templo. Roguemos al Señor. - Para que nuestros hermanos que por diversas circunstancias se ven obstaculizados en construir iglesias dedicadas al nombre de Dios, procuren edificarse como templo vivo para testimoniar su fe y su alabanza. Roguemos al Señor. - Para que todos los presentes, perfeccionados por la mano de Dios, seamos dignos de celebrar aquí los divinos misterios. Roguemos al Señor. Luego, el Obispo introduce la oración del Señor con estas palabras u otras semejantes: Unamos la voz de la Iglesia en oración a la de Cristo, rogando al Padre celestial con las palabras que su Hijo nos enseñó.

Todos:

Padre nuestro, que estás en el cielo: santificado sea tu nombre;

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venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

El Obispo prosigue:

Te alabamos, Padre Santo, porque nos concedes levantar edificios sagrados a quienes el bautismo convirtió en templos a ti consagrados; mira propicio a estos hijos tuyos que alegres comienzan los trabajos de una nueva iglesia, haz que crezcan para formar un templo para tu gloria hasta que, perfeccionados por tu gracia, sean puestos por tu mano en la ciudad celestial. Por Cristo nuestro Señor. Todos: Amén.

32.

El Obispo recibe la mitra y el báculo y bendice al pueblo como de costumbre; el diácono lo despide diciendo:

Pueden ir en paz. Todos: Demos gracias a Dios.

II. RITUAL DE LA DEDICACIÓN DE UNA IGLESIA

Notas Preliminares

I. Naturaleza y dignidad de las iglesias

1.

Por su muerte y resurrección, Cristo se convirtió en el verdadero y perfecto templo de la Nueva Alianza y congregó al pueblo adquirido por Dios.

Este pueblo santo, unificado por la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, es la Iglesia o sea el templo de Dios edificado con piedras vivas, donde el Padre es adorado en espíritu y en verdad.

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Por tanto, con razón, desde antiguo se llamó también "iglesia" al edificio en el que la

comunidad cristiana se congrega para escuchar la Palabra de Dios, orar unida, recibir los sacramentos y celebrar la Eucaristía.

2.

Por el hecho de ser un edificio visible, esta casa es un signo peculiar de la Iglesia que peregrina en la tierra y una imagen de la Iglesia que ya ha llegado al cielo.

Según una costumbre muy antigua de la Iglesia, es conveniente dedicarla al Señor con un

rito solemne al erigirla como edificio destinado exclusiva y establemente a reunir al Pueblo de Dios y celebrar los sagrados misterios.

3.

La iglesia, como lo exige su naturaleza, debe ser adecuada para las celebraciones sagradas, decorosa, que resplandezca por una noble belleza y no por la mera suntuosidad; sea un símbolo y signo de las cosas celestiales. "Por consiguiente, la disposición general del edificio sagrado conviene que se haga como una imagen del pueblo congregado, que permita su ordenada colocación y favorezca la ejecución de los oficios de cada uno". Además, en lo que se refiere al presbiterio, al altar, a la sede, al ambón y al lugar de la reserva del Santísimo Sacramento, obsérvense las disposiciones de las Normas generales del Misal Romano.

Obsérvese también diligentemente lo referente a las cosas y lugares destinados a la celebración de los demás sacramentos, especialmente al Bautismo y la Penitencia.

II.Titular de la iglesia y reliquias de los Santos que se colocarán en ella

4.

Toda iglesia que se dedica debe tener un titular que será, o la Santísima Trinidad; o nuestro Señor Jesucristo, bajo alguna advocación de un misterio de su vida o de un nombre ya utilizado en la liturgia; o el Espíritu Santo; o la Santísima Virgen María, bajo alguna advocación ya admitida en la liturgia; o los Santos Ángeles; o, finalmente, algún Santo inscripto en el Martirologio Romano o en su Apéndice legítimamente aprobado. Un Beato no puede ser titular de una iglesia sin indulto apostólico. El titular de la iglesia debe ser uno solo, a no ser que se trate de Santos que están inscriptos conjuntamente en el Calendario.

5.

Oportunamente se conservará la tradición de la Liturgia Romana de depositar debajo del altar reliquias de Mártires o de otros Santos. Pero se tendrá en cuenta lo siguiente:

a) las reliquias deben ser de tamaño tal que se pueda percibir que son partes de un cuerpo humano. Se evitará, por tanto, depositar reliquias demasiado pequeñas, sea de uno o de varios Santos;

b) investíguese con sumo cuidado que las reliquias sean auténticas. Es mejor dedicar un altar sin reliquias que depositar algunas de dudosa procedencia;

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c) el cofre de las reliquias no se debe poner ni sobre el altar, ni en la mesa del mismo, sino que, teniendo en cuenta la forma del altar, ha de colocarse debajo de la mesa.

III. Celebración de la Dedicación

Ministerio del Rito

6.

Corresponde al Obispo, a quien ha sido encomendado el ministerio pastoral de una Iglesia particular, dedicar las nuevas iglesias erigidas en su diócesis.

Con todo, si él no puede presidir el rito, encomendará este oficio a otro Obispo, sobre todo al que le ayude en el ministerio pastoral de los fieles en cuyo favor será edificada la nueva iglesia; en circunstancias totalmente extraordinarias podrá delegar, con un mandato especial, a un presbítero.

Elección del Día

7.

Para dedicar una iglesia nueva elíjase un día en que sea posible la concurrencia de gran número de fieles, sobre todo en día domingo. Puesto que en este rito todo está relacionado con la dedicación, la celebración no puede realizarse en aquellos días en los que se conmemora un misterio que de ninguna manera puede ser dejado de lado: Triduo Pascual, Navidad del Señor, Epifanía, Ascensión, Pentecostés, Miércoles de Ceniza, Semana Santa, Conmemoración de todos los fieles difuntos.

Misa de la Dedicación

8.

La celebración de la Misa está íntimamente unida al rito de la dedicación; por tanto, en lugar de los textos del día, se utilizarán los textos propios, tanto para la Liturgia de la Palabra como para la Liturgia de la Eucaristía.

9.

Es conveniente que el Obispo concelebre la Misa con los presbíteros que se unen a él en el rito de la dedicación y con aquellos a quienes se les ha encomendado la tarea de regir la parroquia o comunidad en cuyo favor se edificó la iglesia.

Oficio de la Dedicación

10.

El día en que se dedica una iglesia debe ser considerado como solemnidad en la misma. Se celebra la Liturgia de las Horas de la Dedicación de una iglesia, que comienza con las primeras Vísperas.

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Donde se realiza el rito de la colocación de las reliquias, es muy conveniente celebrar una Vigilia en honor de las reliquias del Mártir o del Santo, lo que se hará muy bien celebrando el Oficio de lectura, tomado del Común o del Propio conveniente. Para favorecer la participación del pueblo, adáptese convenientemente la Vigilia, observando lo que establece el derecho.

Partes del rito de la Dedicación

A. Entrada en la Iglesia

11.

El rito comienza con la entrada en la iglesia, la cual puede hacerse de tres formas. Se utilizará aquella que parezca más apropiada a las circunstancias de tiempo y lugar: - Procesión hacia la iglesia que se va a dedicar: el pueblo se reúne en una iglesia cercana o en otro lugar adecuado, desde donde el Obispo, los ministros y los fieles se dirigen orando y cantando. - Entrada solemne: si no puede hacerse la procesión o no parece oportuna, la comunidad se congrega en la entrada de la iglesia. - Entrada simple: los fieles se congregan dentro de la iglesia; el Obispo, los concelebrantes y los ministros salen de la sacristía como de costumbre.

Dos ritos sobresalen en la entrada a la nueva iglesia: a) La entrega de la iglesia: los representantes de quienes colaboraron en la construcción de la nueva iglesia la entregan al Obispo. b) La aspersión de la iglesia: el Obispo bendice el agua y con ella rocía al pueblo, que es el templo espiritual, las paredes de la iglesia y el altar.

B. Liturgia de la palabra

12.

En la Liturgia de la Palabra se proclaman tres lecturas, tomadas de las que se proponen en el Leccionario Santoral y Misas diversas para el Rito de la dedicación de una iglesia.

Con todo, en la primera lectura se lee siempre, aun en tiempo pascual, el pasaje de Nehemías en el que se nos muestra al pueblo de Jerusalén, reunido junto al escriba Esdras, para escuchar la proclamación de la ley de Dios (Neh. 8, 1-4a. 5-6. 8-10).

13.

Después de las lecturas, el Obispo tiene la homilía en la que ilustra los textos bíblicos y el sentido de la dedicación de la iglesia.

Siempre se dice el Credo. Se omite la oración de los fieles, ya que en su lugar se cantan las Letanías de los Santos.

C. Plegaria de la Dedicación. Unción de la Iglesia y del altar. Colocación de las reliquias de los Santos

14.

Colocación de las reliquias de los Santos

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Después del canto de las Letanías, se colocan, si es el caso, las reliquias de un Mártir para significar que el sacrificio de los miembros ha tomado su principio del sacrificio de la Cabeza. Donde no se tienen reliquias de algún Mártir, pueden colocarse las de otro Santo.

15.

Plegaria de Dedicación La celebración de la Eucaristía es lo máximo del rito y el único necesario en la dedicación de una iglesia; con todo, de acuerdo con la común tradición de la Iglesia, tanto del Oriente como del Occidente, se dice también una especial Plegaria de Dedicación, mediante la cual se expresa el propósito de dedicar para siempre la iglesia al Señor y se pide su bendición.

16.

Ritos de la unción, incensación, revestimiento e iluminación del altar Los ritos de la unción, incensación, revestimiento e iluminación del altar expresan con signos visibles algo de aquella invisible obra que realiza Dios por medio de la Iglesia que celebra los sagrados misterios, sobre todo la Eucaristía.

a) Unción del altar y de las paredes de la iglesia: - Por la unción del Crisma, el altar se convierte en símbolo de Cristo, que es y se llama por excelencia el "Ungido"; en efecto, el Padre por el Espíritu Santo lo ungió y lo constituyó Sumo Sacerdote, que ofreció en el altar de su cuerpo el sacrificio de su vida para la salvación de todos los hombres. - La unción de la iglesia significa que se la dedica plena y perpetuamente para el culto cristiano. Se hacen doce unciones, según la tradición litúrgica, o cuatro, según las circunstancias, con las que se significa que la iglesia es una imagen de la santa ciudad de Jerusalén.

b) el incienso se quema sobre el altar para significar que el sacrificio de Cristo, que allí se perpetúa místicamente, sube a Dios como suave perfume, y para expresar que las oraciones de los fieles, propiciatorias y agradecidas, llegan hasta el trono de Dios.

La incensación de la nave de la iglesia indica que por la dedicación se convierte en casa de oración; pero se inciensa en primer lugar al Pueblo de Dios: él es, en efecto, el templo vivo en el que cada uno de los fieles es un altar espiritual.

c) el revestimiento del altar indica que el altar cristiano es el ara del sacrificio eucarístico y la mesa del Señor, alrededor de la cual los sacerdotes y los fieles, en una única y misma acción, pero con diverso ministerio, celebran el Memorial de la muerte y resurrección de Cristo y comen la Cena del Señor.

Por eso, el altar, como mesa del banquete sacrificial, se reviste y adorna festivamente. Así se hace patente que el altar es la Mesa del Señor a la que gozosamente llegan todos los fieles para nutrirse con el divino alimento, esto es, con el Cuerpo y la Sangre de Cristo inmolado.

d) La iluminación del altar, seguida de la iluminación de la iglesia, recuerda que Cristo es "la Luz para iluminar a las naciones", con cuya claridad resplandece la Iglesia y por ella toda la familia humana.

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D. Celebración de la Eucaristía

17.

Preparado el altar, el Obispo celebra la Eucaristía, que es la parte principal y más antigua de todo el rito. En efecto, la celebración de la Eucaristía concuerda perfectamente con el rito de la dedicación: - por la celebración del rito eucarístico se alcanza el fin principal para el que se edifica una iglesia y se erige un altar y se manifiesta con signos preclaros; - además, la Eucaristía, que santifica los corazones de quienes la reciben, consagra en cierta manera el altar y el lugar de la celebración, como lo afirmaron repetidas veces los antiguos Padres de la Iglesia: "Este altar debe ser admirado porque, siendo piedra por su naturaleza, queda santificado después de recibir el Cuerpo de Cristo"; - el nexo por el que la dedicación de una iglesia está profundamente unida con la celebración de la Eucaristía, queda también de manifiesto por cuanto la Misa de la dedicación tiene un Prefacio propio, unido íntimamente al rito.

IV. Adaptación del rito

Adaptaciones que competen a las Conferencias Episcopales

18.

Las Conferencias Episcopales pueden adaptar oportunamente este Ritual a las costumbres de cada región, pero de tal modo que no se excluya nada de su nobleza y solemnidad.

Deben observarse estas cosas: a) nunca debe omitirse la celebración de la Misa con su Prefacio propio y la Plegaria de la Dedicación; b) se conservarán aquellos ritos que, por tradición litúrgica, tienen un sentido y fuerza peculiares (cf. supra, n. 16), a no ser que obsten graves razones, adaptando convenientemente las fórmulas, si fuera el caso.

Al realizar las adaptaciones, la competente autoridad eclesiástica consultará a la Sede Apostólica y con su consentimiento introducirá las reformas.

Opciones que competen a los Ministros

19.

Al Obispo y a los que preparan la celebración del rito, corresponde: - determinar el modo de entrada en la iglesia (cf. n. 11); - establecer la manera de hacer la entrega de la nueva iglesia al Obispo (cf. n. 11); - juzgar si es oportuno colocar las reliquias de los Santos; en esto ha de tenerse en cuenta el bien espiritual de los fieles y ha de observarse lo prescripto en el n. 5. Al rector de la iglesia nueva, con la ayuda de sus colaboradores, corresponde determinar y preparar todo lo relacionado con las lecturas, los cantos, así como los elementos de ayuda pastoral necesarios para promover no sólo la fructuosa participación del pueblo, sino también una decorosa celebración.

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V. Preparación espiritual

20.

Para que los fieles participen fructuosamente del rito de la dedicación, el rector de la iglesia a dedicar y los demás peritos en la labor pastoral deben realizar una adecuada catequesis sobre la eficacia y virtud espiritual, eclesial y misional de la celebración.

Por tanto, ilústrese a los fieles sobre las diversas partes de una iglesia y sus usos, sobre el rito de la dedicación y los principales símbolos litúrgicos que se emplean en el mismo, de tal modo que, con las oportunas ayudas, a través del rito y de las oraciones entiendan plenamente el sentido de la dedicación de una iglesia y participen consciente, piadosa y activamente.

VI. Cosas que deben prepararse

21.

Para celebrar el Rito de la dedicación de una iglesia, prepárense estas cosas: a) En el lugar donde se reúne el pueblo: - el Pontifical Romano; - la cruz procesional; - lo que se indica en el n. 24 a), si se llevan procesionalmente las reliquias; b) En la sacristía o en el presbiterio o en la nave de la nueva iglesia, según el caso: - el Misal Romano y el Leccionario; - el calderillo con el agua para bendecir y el aspersorio; - la crismera con el santo Crisma; - toallas para secar la mesa del altar; -si es el caso, el mantel de lino encerado o una tela impermeable, de la medida del altar; - la jofaina, la jarra con agua, toalla y todo lo necesario para que se laven las manos el Obispo y los presbíteros que ungieron las paredes; - un gremial; - un braserillo para quemar el incienso o aromas; o granos de incienso y pequeñas velas que se quemarán sobre el altar; - incensarios con la naveta del incienso y la cucharita; - el cáliz, el corporal, los purificadores y manutergios; - el pan, el vino y el agua para celebrar la Misa; - la cruz del altar, a no ser que ya haya una cruz en el presbiterio, o que la cruz que se lleva en la procesión de entrada se coloque cerca del altar; - el mantel, los cirios, los candeleros; - si es el caso, flores.

22.

Conviene conservar la antigua costumbre de colocar cruces de piedra o de bronce o de otra materia apta, o de esculpirlas en las paredes de la iglesia. Por tal motivo se prepararán doce o cuatro cruces, según el número de las unciones (cf. n. 16), y se distribuirán adecuadamente en las paredes de la iglesia a una altura conveniente. Debajo de cada cruz se colocará un pequeño soporte en el que se fijará un pequeño candelero con un cirio que se encenderá oportunamente.

23.

En la Misa de la dedicación de la iglesia se usarán ornamentos de color blanco o festivo. Prepárense: - para el Obispo: alba, estola, casulla, mitra, báculo, palio arzobispal, si goza de ese privilegio; - para los presbíteros concelebrantes: vestiduras para la celebración de la Misa;

Page 18: Ritual de Dedicación de Iglesias

- para los diáconos: albas, estolas y dalmáticas; - para los otros ministros: albas u otras vestiduras legítimamente aprobadas.

24.

Si se van a colocar debajo del altar reliquias de Santos, se preparará lo siguiente: a) En el lugar donde se reúne el pueblo: - el cofre con las reliquias rodeado de flores y cirios. Si se realiza el ingreso simple, el cofre puede colocarse en un lugar adecuado del presbiterio, antes de comenzar la celebración; - para los diáconos que llevarán las reliquias: alba, estola roja, si son reliquias de un Mártir, o de color blanco en los demás casos, y, si hay disponibles, dalmáticas. Si las reliquias serán llevadas por presbíteros, en vez de dalmáticas se preparan casullas. Las reliquias también pueden ser llevadas por otros ministros, revestidos con alba u otras vestiduras legítimamente aprobadas. b) En el presbiterio: - una mesa pequeña para colocar el cofre con las reliquias, mientras se realiza la primera parte del rito. c) En la sacristía: - argamasa con la que se tapará el hueco donde se colocará el cofre con las reliquias; haya también un albañil que, en su momento, tapará el sepulcro de las reliquias.

25.

Se redactará el acta de la dedicación en dos ejemplares que serán firmados por el Obispo, el rector de la iglesia y los representantes de la comunidad local. Un ejemplar se guardará en el archivo de la diócesis y otro en el de la iglesia dedicada. Donde se coloquen reliquias, se hará un tercer ejemplar del acta que se guardará oportunamente en el cofre de las reliquias.

En las actas se mencionarán el día, mes y año de la dedicación, el nombre del Obispo que celebró el rito, del Titular y, si fuera el caso, de los Mártires o de los Santos cuyas reliquias se colocarán debajo del altar.

Además, en un lugar adecuado de la Iglesia, se pondrá una placa en la que se hará mención del día, mes y año de la dedicación, del Titular de la Iglesia y del nombre del Obispo que celebró el rito.

VII. Aniversario de la dedicación

A. En el día aniversario de la dedicación de la Iglesia Catedral

26.

Para que aparezca con mayor claridad la importancia y la dignidad de la Iglesia particular, se celebrará el aniversario de la dedicación de su iglesia catedral, con la categoría de solemnidad en la misma iglesia catedral, como fiesta en las demás iglesias de la diócesis. Si este día está permanentemente impedido, la celebración se asignará al día libre más próximo.

Conviene que en este día aniversario de la dedicación, el Obispo concelebre la Eucaristía en la iglesia catedral con el Cabildo de los Canónigos o con el Consejo presbiteral, con la mayor participación posible de fieles.

B. En el día aniversario de la dedicación de la propia Iglesia

27.

El día aniversario de la dedicación de la iglesia se celebrará con la categoría de solemnidad.

Page 19: Ritual de Dedicación de Iglesias

Primera Parte. Ritos iniciales

Entrada a la Iglesia

28.

La entrada a la iglesia que se va a dedicar, según las circunstancias de tiempo y lugar, se hará en una de las tres formas siguientes:

Primera forma.

Procesión

29.

La puerta de la iglesia que se va a dedicar debe estar cerrada. A la hora señalada el pueblo se reúne en una iglesia cercana o en otro lugar adecuado desde el cual se hará la procesión hacia la nueva iglesia. Las reliquias de los Mártires y de los Santos, si han de ser colocadas debajo del altar, se prepararán en el lugar donde se reúne el pueblo.

30.

El Obispo y los presbíteros concelebrantes, los diáconos y ministros, revestidos con las vestiduras litúrgicas propias, se acercan al lugar donde está reunido el pueblo. El Obispo, dejando el báculo y la mitra, saluda al pueblo diciendo:

La gracia y la paz esté con todos ustedes en la santa Iglesia de Dios. O con otras palabras adecuadas tomadas con preferencia de la Sagrada Escritura.

El pueblo responde: Y con tu espíritu. U otras palabras adecuadas.

Luego, el Obispo se dirige al pueblo con estas u otras palabras semejantes:

Queridísimos hermanos: con gran alegría nos hemos reunido aquí para dedicar una nueva iglesia, con la celebración del Sacrificio del Señor. Participemos con piadosa devoción de estos ritos, oyendo con fe la Palabra de Dios, para que nuestra comunidad, renacida de la única fuente del Bautismo y alimentada en la misma mesa, crezca como templo espiritual y, reunida junto al mismo altar, sea enriquecida con el amor divino.

Page 20: Ritual de Dedicación de Iglesias

31.

Terminada la monición, el Obispo recibe la mitra y el báculo y comienza la procesión hacia la iglesia.

No se llevan cirios fuera de los que acompañan las reliquias de los Santos. No se quema incienso, ni durante la procesión ni en la Misa antes del rito de incensación e iluminación del altar y de la iglesia (cf.nn. 66-71,). Precede el crucífero, siguen los ministros, luego los diáconos o presbíteros que llevan las reliquias de los Santos, rodeados por ministros o fieles con cirios encendidos; los presbíteros concelebrantes, luego el Obispo al que siguen dos diáconos y por último los fieles.

32.

Al comenzar la procesión se canta la antífona:

¡Cómo me alegré cuando me dijeron: "Vamos a la Casa del Señor"! Con el Salmo 121 u otro canto adecuado.

Salmo 121

¡Qué alegría cuando me dijeron: "Vamos a la Casa del Señor"! Nuestros pies ya están pisando tus umbrales, Jerusalén. Ant. Jerusalén, que fuiste construida como ciudad bien compacta y armoniosa. Allí suben las tribus, las tribus del Señor -según es norma en Israel para celebrar el nombre del Señor. Porque allí está el trono de la justicia, el trono de la casa de David. Ant. Auguren la paz a Jerusalén: "¡Vivan seguros los que te aman! ¡Haya paz entre tus muros y seguridad en tus palacios!" Ant. Por amor a mis hermanos y amigos, diré: "La paz esté contigo". Por amor a la Casa del Señor, nuestro Dios, buscaré tu felicidad. Ant.

33.

Todos se detienen en la puerta de la iglesia. Los representantes de los que colaboraron en la edificación de la iglesia (fieles de la parroquia o de la diócesis, donantes, arquitectos, obreros) entregan el edificio al Obispo, presentándole, de acuerdo con las circunstancias de lugar y tiempo, o una escritura pública de posesión del edificio, o las llaves o una maqueta del templo, o un libro en el que se describe la historia de la obra con los nombres de quienes la dirigieron y de los obreros. Uno de los representantes se dirige al Obispo y a la comunidad con breves palabras, ilustrando, si es el caso, el significado de la arquitectura y de la forma peculiar de la iglesia. Luego, el Obispo pide al presbítero a quien se le ha encomendado la tarea pastoral de la nueva iglesia, que abra la puerta.

Page 21: Ritual de Dedicación de Iglesias

34.

Abierta la puerta, el Obispo invita al pueblo a entrar en la iglesia, con estas u otras palabras semejantes:

Entren por la puerta del Señor con alabanzas, atraviesen sus atrios con himnos.

Entonces, precedidos por la cruz procesional, el Obispo y todos los demás entran en la iglesia. Al entrar la procesión se canta la antífona:

Ábranse, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria. Con el Salmo 23 u otro canto apropiado.

Salmo 23

Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella, el mundo y todos sus habitantes, porque él la fundó sobre los mares, él la afirmó sobre las corrientes del océano. Ant. ¿Quién podrá subir a la montaña del Señor y permanecer en su recinto sagrado? El que tiene las manos limpias y puro el corazón; el que no rinde culto a los ídolos ni jura falsamente: Ant. Él recibirá la bendición del Señor, la recompensa de Dios, su Salvador. Así son los que buscan al Señor, Los que buscan tu rostro, Dios de Jacob. Ant. ¡Puertas, levanten sus dinteles, levántense, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria! ¿Y quién es ese Rey de la gloria? Es el Señor, el fuerte, el poderoso, el Señor, poderoso en los combates. Ant. ¡Puertas, levanten sus dinteles, levántense, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria! ¿Y quién es ese Rey de la gloria? El Rey de la gloria es el Señor de los ejércitos. Ant.

35.

El Obispo, omitido el beso del altar, se dirige a la cátedra; los concelebrantes, los diáconos y los ministros ocupan sus respectivos lugares en el presbiterio. Las reliquias de los Santos se

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colocan en un sitio adecuado en el presbiterio, en medio de cirios. Luego se bendice el agua, según el rito descripto en los nn. 48-50.

Segunda forma

36.

Si no se puede realizar la procesión o no es oportuno hacerla, los fieles se reúnen delante de la puerta de la iglesia que se va a dedicar, donde las reliquias de los Santos se habrán colocado privadamente.

37.

Precedidos por la cruz procesional, el Obispo y los presbíteros concelebrantes, los diáconos y los ministros revestidos con sus vestiduras litúrgicas propias, se acercan a la puerta de la iglesia, donde está congregado el pueblo. Es conveniente que la iglesia esté cerrada y que el Obispo, los concelebrantes, los diáconos y ministros lleguen a ella desde afuera.

38.

El Obispo, dejando el báculo y la mitra, saluda al pueblo diciendo:

La gracia y la paz esté con todos ustedes en la santa Iglesia de Dios.

O con otras palabras adecuadas tomadas con preferencia de la Sagrada Escritura.

El pueblo responde: Y con tu espíritu. U otras palabras adecuadas.

Luego, el Obispo se dirige al pueblo con estas u otras palabras semejantes:

Queridísimos hermanos: con alegría nos hemos reunido aquí para dedicar una nueva iglesia, con la celebración del Sacrificio del Señor. Participemos con piadosa devoción de estos ritos, oyendo con fe la Palabra de Dios, para que nuestra comunidad, renacida de la única fuente del Bautismo y alimentada en la misma mesa, crezca como templo espiritual y, reunida junto al mismo altar, sea enriquecida con el amor divino.

39.

Terminada la monición, el Obispo recibe la mitra y, si es oportuno, se canta la antífona: ¡Cómo me alegré cuando me dijeron: "Vamos a la Casa del Señor"!

Page 23: Ritual de Dedicación de Iglesias

Con el Salmo 121 u otro canto apropiado (cf. n. 32).

40.

Entonces, los representantes de los que colaboraron en la edificación de la iglesia (fieles de la Parroquia o de la diócesis, donantes, arquitectos, obreros) entregan al Obispo el edificio, presentándole, de acuerdo con las circunstancias de lugar y tiempo, o una escritura pública de posesión del edificio, o las llaves o una maqueta del templo, o un libro en el que se describe la historia de la obra con los nombres de quienes la dirigieron y de los obreros. Uno de los representantes se dirige al Obispo y a la comunidad con breves palabras, ilustrando, si es el caso, el significado de la arquitectura y de la forma peculiar de la iglesia. Luego, si la puerta está cerrada, pide al presbítero a quien se le ha encomendado la tarea pastoral de la nueva iglesia, que abra la puerta.

41.

Entonces, el Obispo recibe el báculo e invita al pueblo a entrar en la iglesia, con estas u otras palabras semejantes:

Entren por la puerta del Señor con alabanzas, atraviesen sus atrios con himnos.

Luego, precedidos por la cruz procesional, el Obispo y todos los demás entran en la iglesia. Durante la procesión se canta la antífona:

Ábranse, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria. Con el Salmo 23 u otro canto adecuado (cf. n. 34).

42.

El Obispo, omitido el beso del altar, se dirige a la cátedra; los concelebrantes, los diáconos y los ministros ocupan sus respectivos lugares en el presbiterio. Las reliquias de los Santos se colocan en un sitio adecuado en el presbiterio, en medio de cirios. Luego, se bendice el agua, según el rito descripto en los nn. 48-50.

Tercera forma.

Entrada simple

43.

Si no puede hacerse la entrada solemne, se hace la entrada simple.

Reunido el pueblo, el Obispo y los presbíteros concelebrantes, los diáconos y los ministros, revestidos con sus vestiduras litúrgicas propias, salen de la sacristía precedidos por la cruz procesional, y se dirigen al presbiterio por la nave de la iglesia.

44.

Las reliquias de los Santos, si se han de colocar debajo del altar, se llevan al presbiterio en la misma procesión de entrada, desde la sacristía o desde la capilla donde desde la vigilia estuvieron expuestas a la veneración de los fieles.

Page 24: Ritual de Dedicación de Iglesias

Sin embargo, por una causa justa se pueden colocar, antes de comenzar el rito, en un lugar adecuado del presbiterio en medio de cirios encendidos.

45.

Durante la procesión, se canta una de las antífonas siguientes:

¡Cómo me alegré cuando me dijeron: "Vamos a la Casa del Señor"!

O bien: Dios habita en su santa morada, Dios que hace habitar a sus hijos unidos en su casa, da fuerza y poder a su pueblo. Con el Salmo 121 u otro canto adecuado (cf. n. 32).

46.

Cuando la procesión llega al presbiterio, las reliquias de los Santos se colocan en un sitio adecuado, en medio de cirios encendidos. Los presbíteros concelebrantes, los diáconos y los ministros ocupan sus respectivos lugares en el presbiterio.

El Obispo, omitido el beso del altar, se dirige a la cátedra. Luego, dejando el báculo y la mitra, saluda al pueblo, diciendo:

La gracia y la paz esté con todos ustedes en la santa Iglesia de Dios.

O con otras palabras adecuadas tomadas con preferencia de la Sagrada Escritura.

El pueblo responde: Y con tu espíritu. U otras palabras adecuadas.

47.

Entonces, los representantes de los que colaboraron en la edificación de la iglesia (fieles de la parroquia o de la diócesis, donantes, arquitectos, obreros) entregan al Obispo el edificio, presentándole, de acuerdo con las circunstancias de lugar y tiempo, o una escritura pública de posesión del edificio, o las llaves o una maqueta del templo, o un libro en el que se describe la historia de la obra con los nombres de quienes la dirigieron y de los obreros.

Bendición del agua y aspersión

48.

Terminado el rito de entrada, el Obispo bendice el agua para rociar al pueblo en señal de penitencia y en recuerdo del bautismo, y para purificar las paredes y el altar de la nueva iglesia.

Page 25: Ritual de Dedicación de Iglesias

Los ministros llevan el calderillo con el agua al Obispo que está de pie en la cátedra. El Obispo invita a todos a orar con estas u otras palabras semejantes:

Queridísimos hermanos: al dedicar esta iglesia con solemne rito, supliquemos humildemente a Dios nuestro Señor que se digne bendecir esta agua, con la cual seremos rociados en señal de penitencia y en recuerdo del bautismo, y con la que serán purificados las paredes y el nuevo altar. Que el mismo Señor nos ayude con su gracia, para que, dóciles al Espíritu Santo que hemos recibido, permanezcamos fieles en su Iglesia.

Y todos oran en silencio, por unos instantes. Luego el Obispo continúa:

Señor Dios, por quien toda creatura ve la luz de la vida, de tal modo amas al hombre que no sólo lo alimentas con cuidados paternales, sino que también lo purificas del pecado con el rocío de la caridad y lo guías constantemente hacia Cristo, nuestra Cabeza: Tú estableciste con un designio misericordioso que los que descendieran como pecadores a las aguas del bautismo, habiendo muerto con Cristo, resucitaran inocentes, se hicieran sus miembros y coherederos del premio eterno. Santifica con tu bendición esta agua, para que, rociada sobre nosotros y sobre estas paredes, sea una señal de aquel lavado salvífico por el cual, purificados en Cristo, nos convertimos en templo de tu Espíritu; a nosotros y a todos nuestros hermanos que celebrarán en esta iglesia los divinos misterios, concédenos llegar a la Jerusalén celestial. Por Cristo nuestro Señor. Todos: Amén.

49.

El Obispo, acompañado por los diáconos, rocía con agua bendita al pueblo y las paredes, pasando por la nave de la iglesia, y vuelto al presbiterio rocía el altar. Mientras tanto se canta la antífona:

Vi el agua que salía del templo del lado derecho, aleluya; y se salvaron todos a los que llegó esta agua,

Page 26: Ritual de Dedicación de Iglesias

y dirán: Aleluya, aleluya.

O en tiempo de Cuaresma: Cuando sea santificado en ustedes, los congregaré de todos los países, y derramaré sobre ustedes un agua pura, y serán purificados de todas sus iniquidades; y les daré un espíritu nuevo. U otro canto adecuado.

50.

Después de la aspersión, el Obispo vuelve a la cátedra y, terminado el canto, de pie, con las manos juntas, dice:

Dios, Padre misericordioso, esté presente en esta Casa de oración y, con la gracia del Espíritu Santo, purifique a quienes somos templo donde habita. Todos: Amén.

Himno y oración colecta

51.

Luego, se dice el himno Gloria a Dios en el cielo.

52.

Terminado el himno, el Obispo, con las manos juntas, dice:

Oremos.

Y todos oran en silencio, por unos instantes. Luego, el Obispo, con las manos extendidas, dice:

Dios todopoderoso y eterno, derrama tu gracia sobre este lugar y concede tu ayuda a todos los que te invocan, para que la eficacia de tu palabra y de los sacramentos confirme aquí los corazones de todos los fieles. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Todos: Amén.

Page 27: Ritual de Dedicación de Iglesias

Segunda Parte. Liturgia de la palabra

53.

La proclamación de la Palabra de Dios se realiza convenientemente de esta forma: dos lectores, de los cuales uno lleva el Leccionario de la Misa, y el salmista se acercan al Obispo. El Obispo, de pie, con mitra, recibe el Leccionario, lo muestra al pueblo y dice:

Resuene siempre en este recinto la Palabra de Dios que les haga conocer el misterio de Cristo y realice la salvación de ustedes en la Iglesia. Todos responden: Amén.

Luego, el Obispo entrega el Leccionario al primer lector. Los lectores y el salmista se dirigen al ambón, llevando el Leccionario de modo que todos lo vean.

54.

Las lecturas se ordenan de este modo: a) en primer lugar se proclama siempre la lectura del Libro de Nehemías 8, 1-4a. 5-6. 8-10, seguida del canto del Salmo 18B, 8-9. 10.15, con la respuesta:

R./Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

b) la segunda lectura y el Evangelio se toman de los textos propuestos en el Leccionario Santoral y Misas diversas para la celebración de la Dedicación de una iglesia. Para el Evangelio no se llevan ciriales ni incienso.

55.

Después del Evangelio el Obispo tiene la homilía, en la que ilustra los textos bíblicos y el sentido de la dedicación de la iglesia.

56.

Terminada la homilía se dice el Credo. Se omite la oración de los fieles, ya que en su lugar se cantan las Letanías de los Santos.

Tercera Parte. Plegaria de la dedicación y unciones

Letanías de los Santos

57.

Luego, el Obispo invita al pueblo a orar con estas u otras palabras semejantes:

Queridísimos hermanos: oremos a Dios Padre todopoderoso, que de los corazones de los fieles se hizo un templo espiritual, y que la súplica fraterna de los Santos

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se una a nuestras voces.

58.

Se cantan entonces las Letanías de los Santos a las que todos responden; esto se realiza estando todos de pie, si es un día domingo o durante el tiempo pascual; en los demás días, de rodillas. En este caso el diácono dice:

Nos ponemos de rodillas.

59.

En las Letanías, en el lugar correspondiente, se agregan las invocaciones del Titular de la iglesia, del Patrono del lugar y, si es el caso, de los Santos cuyas reliquias se colocarán debajo del altar. Se pueden añadir también otras peticiones que tengan en cuenta la peculiar naturaleza del rito y la condición de los fieles. Los nombres de los Santos puestos entre paréntesis, oportunamente se omiten cuando las Letanías son cantadas.

Señor, ten piedad de nosotros Señor, ten piedad de nosotros Cristo, ten piedad de nosotros Cristo, ten piedad de nosotros Señor, ten piedad de nosotros Señor, ten piedad de nosotros Santa María, Madre de Dios ruega por nosotros San Miguel ruega por nosotros Santos Ángeles de Dios ruegen por nosotros San Juan Bautista ruega por nosotros San José ruega por nosotros Santos Pedro y Pablo ruegen por nosotros San Andrés ruega por nosotros San Juan ruega por nosotros Santa María Magdalena ruega por nosotros San Esteban ruega por nosotros San Ignacio de Antioquía ruega por nosotros San Lorenzo ruega por nosotros Santas Perpetua y Felicidad ruega por nosotros Santa Inés ruega por nosotros San Gregorio ruega por nosotros San Agustín ruega por nosotros San Atanasio ruega por nosotros San Basilio ruega por nosotros San Martín ruega por nosotros San Benito ruega por nosotros Santos Francisco y Domingo ruegen por nosotros San Francisco Javier ruega por nosotros San Juan María Vianney ruega por nosotros Santa Catalina de Siena ruega por nosotros

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Santa Teresa de Jesús ruega por nosotros Todos los Santos y Santas de Dios ruegen por nosotros Por tu bondad líbranos, Señor De todo mal líbranos, Señor De todo pecado líbranos, Señor De la muerte eterna líbranos, Señor Por el misterio de tu Encarnación líbranos, Señor Por tu muerte y tu resurrección líbranos, Señor Por la venida del Espíritu Santo líbranos, Señor Nosotros, que somos pecadores, te pedimos escúchanos, Señor Para que gobiernes y conserves a tu santa Iglesia escúchanos, Señor Para que conserves en tu santo servicio al Papa y a todos los miembros del clero escúchanos, Señor Para que concedas la paz y la concordia a todos los pueblos escúchanos, Señor Para que nos sostengas con tu ayuda y nos conserves en tu santo servicio escúchanos, Señor Para que consagres esta iglesia escúchanos, Señor Jesús, Hijo del Dios vivo, te rogamos, óyenos Cristo, óyenos Cristo, óyenos Cristo, escúchanos Cristo, escúchanos

60.

Terminadas las Letanías, el Obispo, de pie, con las manos extendidas, dice:

Señor, te rogamos por la intercesión de la Virgen María y de todos los Santos, que recibas benignamente nuestras súplicas, para que este templo que dedicaremos a tu nombre se convierta en casa de salvación y de gracia, donde el pueblo cristiano, fraternalmente congregado, te adore en espíritu y en verdad y se edifique en la caridad. Por Cristo nuestro Señor. Todos: Amén.

El diácono, si es el caso, dice: Nos ponemos de pie.

Y todos se levantan. El Obispo vuelve a ponerse la mitra. Cuando NO SE HAN DE COLOCAR LAS RELIQUIAS DE LOS SANTOS, el Obispo dice en seguida la Plegaria de la Dedicación, como se indica en el n. 62.

Page 30: Ritual de Dedicación de Iglesias

Colocación de las reliquias

61.

Si se han de colocar reliquias de Mártires o de otros Santos, debajo del altar, el Obispo se acerca al mismo. Un diácono o un presbítero lleva las reliquias al Obispo, quien las coloca en el sepulcro oportunamente preparado. Entre tanto se canta la antífona: Santos de Dios, que han recibido un lugar debajo del altar: intercedan por nosotros ante el Señor Jesucristo.

O bien: Los cuerpos de los Santos fueron sepultados en paz y sus nombres viven eternamente (T.P. Aleluya). Con el Salmo 14, u otro canto adecuado.

Salmo 14

Señor, ¿quién se hospedará en tu carpa? ¿quién habitará en tu santa montaña? Ant. El que procede rectamente y practica la justicia: el que dice la verdad de corazón y no calumnia con su lengua. El que no hace mal a su prójimo ni agravia a su vecino. Ant. El que no estima a quien Dios reprueba y honra a los que temen al Señor. El que no se retracta de lo que juró, aunque salga perjudicado; el que no presta su dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que procede así, nunca vacilará. Ant. Mientras tanto, un albañil cierra el sepulcro. El Obispo vuelve a la cátedra.

Plegaria de la dedicación

62.

Luego, el Obispo, de pie, sin mitra, en la cátedra o junto al altar, con las manos extendidas, en voz alta dice:

Señor y Dios nuestro, que santificas y guías a tu Iglesia, es justo que celebremos tu santo nombre con jubilosas alabanzas, porque hoy tu pueblo desea dedicarte para siempre,

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con rito solemne, esta casa de oración, donde te venera con amor, se instruye con tu palabra y se alimenta con tus sacramentos. Este templo hace vislumbrar el misterio de la Iglesia que Cristo santificó con su sangre, para presentarla ante sí como Esposa llena de gloria, como Virgen insigne por la integridad de la fe, como Madre fecunda por el poder del Espíritu. Iglesia santa, viña elegida del Señor, cuyas ramas se extienden por todo el mundo, cuyos brotes adheridos al tronco, son elevados hasta el Reino de los Cielos. Iglesia feliz, tabernáculo de Dios con los hombres, templo santo que se construye con piedras vivas, asentada en los firmes cimientos de los Apóstoles, siendo el mismo Jesús su piedra angular. Iglesia sublime, Ciudad erigida en la cima de la montaña, visible a todos e iluminada para todos, en la que brilla la perenne antorcha del Cordero y resuena el cántico agradecido de los Santos. Por eso, Señor, te suplicamos: derrama en esta iglesia y en este altar la santificación celestial, para que sean siempre un lugar santo y la mesa preparada para el sacrificio de Cristo. Aquí las aguas de la divina gracia cubran los pecados de los hombres, para que tus hijos, Padre, muertos al pecado, renazcan a la vida divina. Aquí tus fieles, rodeando la mesa del altar, celebren el memorial de la Pascua y se fortalezcan con el alimento de la Palabra y del Cuerpo de Cristo. Aquí resuene alegre la oblación de la alabanza, la voz de los hombres se asocie a los cánticos de los Ángeles, y suba hasta ti constante la plegaria por la salvación del mundo. Aquí los pobres encuentren misericordia, los oprimidos obtengan la verdadera libertad, y todos los hombres se revistan con la dignidad de hijos tuyos, hasta que lleguen, llenos de alegría, a la Jerusalén celestial. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, quien siendo Dios vive y reina contigo

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en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Todos: Amén.

Unción del altar y de las paredes

63.

Luego, el Obispo, si es necesario, se quita la casulla y, tomando un gremial, se acerca al altar con los diáconos y los demás ministros, uno de los cuales lleva la crismera, y realiza la unción del altar y de las paredes de la iglesia, como se describe en el n. 64.

Si el Obispo quisiera asociarse para la unción de las paredes a algunos presbíteros que con él concelebran el sagrado rito, realizada la unción del altar, les entrega las crismeras y con ellos realiza las unciones.

El Obispo puede encomendar la unción de las paredes a los presbíteros, en cuyo caso, después de la unción del altar, les entrega las crismeras.

64.

El Obispo, de pie, ante el altar, dice en voz alta:

El Señor santifique con su poder el altar y la casa que ungimos por nuestro ministerio, para que expresen visiblemente el misterio de Cristo y su Iglesia. Luego, vierte el santo Crisma en el medio y en los cuatro ángulos del altar, siendo conveniente ungir toda la mesa.

Después, unge las paredes de la iglesia marcando doce o cuatro cruces distribuidas convenientemente, ayudándole, si es oportuno, dos o cuatro presbíteros.

Si hubiera encomendado la unción de las paredes a los presbíteros, éstos, cuando el Obispo haya terminado de ungir el altar, ungen las paredes marcando las cruces con el santo Crisma.

Mientras tanto se canta la antífona: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y habitará con ellos; ellos serán su pueblo y él mismo será su Dios (T.P. Aleluya).

O bien: El Templo del Señor es santo, es construcción de Dios, es edificación de Dios. Con el Salmo 83 u otro canto adecuado.

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Salmo 83

¡Qué amable es tu morada, Señor del universo! Mi alma se consume de deseos por los atrios del Señor; mi corazón y mi carne claman ansiosos por el Dios viviente. Hasta el gorrión encontró una casa, y la golondrina tiene un nido donde poner sus pichones, junto a tus altares, Señor del universo, mi Rey y mi Dios. Ant. ¡Felices los que habitan en tu casa y te alaban sin cesar! ¡Felices los que encuentran su fuerza en ti, al emprender la peregrinación! Ant. Al pasar por un valle desierto lo convertirán en un oasis, y al caer las primeras lluvias, lo cubrirán de bendiciones: avanzarán con vigor siempre creciente, hasta contemplar a Dios en Sión. Ant. Señor del universo, oye mi plegaria, escucha, Dios de Jacob; protege, Dios, a nuestro escudo y mira el rostro de tu Ungido. Ant. Vale más un día en tus atrios que mil en otra parte; yo prefiero el umbral de la Casa de mi Dios antes que vivir entre malvados. Ant. Porque el Señor es sol y escudo; el Señor da la gracia y la gloria, y no niega sus bienes a los que proceden con rectitud. ¡Señor del universo, feliz el hombre que confía en ti! Ant.

65.

Terminada la unción del altar y de las paredes de la iglesia, el Obispo vuelve a la cátedra y se sienta.

Los ministros le acercan lo necesario para lavarse las manos. Luego, el Obispo deja el gremial y se pone la casulla. También los presbíteros se lavan las manos después de ungir las paredes.

Page 34: Ritual de Dedicación de Iglesias

Incensación del altar y de la Iglesia

66.

Después del rito de la unción, se pone sobre el altar un braserillo para quemar incienso o aromas, o, si se prefiere, se pone sobre el altar incienso mezclado con cerillas. El Obispo echa incienso en el braserillo o con un cirio pequeño, que le alcanza un ministro, enciende el incienso, diciendo:

Suba, Señor, nuestra oración, como el incienso en tu presencia y, así como esta casa se llena de suave perfume, así tu Iglesia expanda la fragancia de Cristo.

67.

Entonces, el Obispo echa incienso en los incensarios e inciensa el altar. Luego, vuelve a la cátedra, es incensado y se sienta. Los ministros, pasando por la nave de la iglesia, inciensan al pueblo y las paredes.

68.

Mientras tanto se canta la antífona:

El ángel se puso de pie junto al ara del templo, llevando un incensario de oro en su mano.

O bien: El humo del incienso subió a la presencia del Señor, de mano del ángel. Con el Salmo 137 u otro canto adecuado.

Salmo 137

Te doy gracias, Señor, de todo corazón, te cantaré en presencia de los ángeles. Me postraré ante tu santo Templo y daré gracias a tu nombre por tu amor y tu fidelidad, porque tu promesa ha superado tu renombre. Ant. Me respondiste cada vez que te invoqué y aumentaste la fuerza de mi alma. Que los reyes de la tierra te bendigan al oír las palabras de tu boca, y canten los designios del Señor, porque la gloria del Señor es grande. El Señor está en las alturas, pero se fija en el humilde y reconoce al orgulloso desde lejos. Ant.

Page 35: Ritual de Dedicación de Iglesias

Iluminación del altar y de la Iglesia

69.

Terminada la incensación, algunos ministros limpian con toallas la mesa del altar y, si es el caso, lo cubren con una tela impermeable; luego, lo cubren con el mantel y lo adornan, si es oportuno, con flores; colocan adecuadamente los candeleros con los cirios requeridos para la celebración de la Misa y, si corresponde, también la cruz.

70.

Después, el diácono se acerca al Obispo, el cual, de pie, le entrega un pequeño cirio encendido, diciendo en voz alta:

Brille en la Iglesia la luz de Cristo para que todos los hombres lleguen a la plenitud de la verdad.

El Obispo se sienta. El diácono va al altar y enciende los cirios para la celebración de la Eucaristía.

71.

Entonces se hace una iluminación festiva: se encienden todos los cirios, también los que se pusieron donde se hicieron las unciones, y las demás luces de la iglesia, en señal de alegría. Mientras tanto se canta la antífona:

Jerusalén, ha llegado tu luz y la gloria del Señor se alza sobre ti; los pueblos caminarán a tu luz, aleluya.

O, en tiempo de Cuaresma: Jerusalén, ciudad de Dios, resplandecerás con luz espléndida y te venerarán todos los confines de la tierra.

Con el cántico de Tobías, u otro canto adecuado, con preferencia en honor de Cristo, luz del mundo.

Cántico De Tobías (Vulg. 13, 10. 14ab. 14c-15. 17)

Bendigan al Señor todos sus elegidos, celebren días de alegría y alábenlo. Ant. Jerusalén, ciudad de Dios, brillarás con luz resplandeciente y todos los confines de la tierra te adorarán. Vendrán a ti de lejos pueblos numerosos, llevando sus dones al Rey del Cielo. Ant. Mirarán tu tierra como santuario, invocarán en ti el nombre santo. Te alegrarás por tus hijos,

Page 36: Ritual de Dedicación de Iglesias

porque todos serán de nuevo congregados y bendecirán al Señor de los siglos. Ant.

Cuarta Parte. Liturgia Eucarística

72.

Los diáconos y los ministros preparan el altar como de costumbre.

Algunos fieles llevan el pan, el vino y el agua para el sacrificio del Señor. El Obispo recibe las ofrendas en la cátedra. Mientras se preparan las ofrendas puede cantarse la antífona:

Señor Dios, alegremente ofrecí todas mis cosas con sinceridad de corazón; vi con grandísima alegría a tu pueblo que fue rescatado; Dios de Israel, Señor Dios, conserva esta ofrenda (T.P. Aleluya). U otro canto adecuado.

73.

Cuando todo está preparado, el Obispo va al altar y, dejada la mitra, lo besa. La Misa continúa como de costumbre, pero no se inciensan ni las ofrendas ni el altar.

74.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, las ofrendas de tu Iglesia que hoy se alegra por la consagración de este lugar; por los misterios que ahora celebramos, te pedimos la gracia de alcanzar la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Todos: Amén.

75.

Se dice la Plegaria eucarística I o III con este Prefacio íntimamente ligado con el rito de la dedicación de la iglesia:

V. El Señor esté con ustedes. R. Y con tu espíritu. V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,

Page 37: Ritual de Dedicación de Iglesias

darte gracias, Padre santo, siempre y en todo lugar.

Tú hiciste del mundo entero un templo de tu gloria para que tu nombre fuera glorificado en todas partes, y quieres también que te consagremos lugares aptos para celebrar los santos misterios.

Por eso, hoy te dedicamos con gozo esta casa de oración construida con el trabajo de los hombres. Aquí se manifiesta el misterio del verdadero Templo y se vislumbra la imagen de la Jerusalén celestial; en efecto, del Cuerpo de tu Hijo, nacido de la Virgen María, hiciste un templo sagrado para ti, en el que habitara la plenitud de la divinidad. También constituiste a tu Iglesia como ciudad santa edificada sobre el cimiento de los Apóstoles, cuya piedra angular es Jesucristo, y continúas edificándola con piedras elegidas, vivificadas por tu Espíritu, unidas por el amor, siempre todo para todos y brillará eternamente la luz de Cristo.

Por él, Señor, junto con los ángeles y los santos, te alabamos llenos de alegría: Santo, Santo, Santo...

76.

En la Plegaria eucarística I se dice Hanc igitur propio:

Acepta, Señor, en tu bondad, esta oblación de nuestro ministerio y la ofrenda de tus servidores que con amor edificaron infatigablemente esta iglesia (en honor de N.) (Por Cristo nuestro Señor. Amén.)

77.

En las intercesiones de la Plegaria eucarística III, después de las palabras de esta familia que tú has elegido, se dice:

Page 38: Ritual de Dedicación de Iglesias

Atiende con bondad los deseos de tu pueblo que te dedica esta iglesia: sea para él morada de salvación y lugar de los santos sacramentos; resuene aquí el Evangelio de la paz y sean celebrados los sagrados misterios, con los que tus fieles, instruidos por la palabra de vida y la gracia divina, peregrinando por este mundo merezcan llegar a la Jerusalén celestial, en la que, Padre bondadoso, reúnas a tus hijos, dispersos por todas partes. A nuestros hermanos difuntos...

78.

Mientras el Obispo comulga con el Cuerpo de Cristo, se comienza el canto de la comunión. Se canta la antífona:

Dice el Señor: mi casa será casa de oración; en ella, el que pide recibe, el que busca encuentra, y al que llama se le abre (T.P. Aleluya).

O bien: Como brotes de olivo en torno a tu mesa, Señor, así son los hijos de la Iglesia (T.P. Aleluya). Con el Salmo 127 u otro canto adecuado.

Salmo 127

¡Feliz el que teme al Señor y sigue sus caminos! Ant. Comerás del fruto de tu trabajo, serás feliz y todo te irá bien. Tu esposa será como una vid fecunda en el seno de tu hogar; tus hijos, como retoños de olivo alrededor de tu mesa. Ant. ¡Así será bendecido el hombre que teme al Señor! ¡Que el Señor te bendiga desde Sión todos los días de tu vida: que contemples la paz de Jerusalén y veas a los hijos de tus hijos! ¡Paz a Israel! Ant.

Si no se inaugura la capilla del Santísimo Sacramento, la Misa continúa como se indica en el n. 83.

Page 39: Ritual de Dedicación de Iglesias

Inauguración de la capilla del Santísimo Sacramento

79.

La inauguración de la capilla donde se reservará el Santísimo Sacramento puede realizarse de este modo: después de la comunión, se deja sobre la mesa del altar el copón con el Santísimo Sacramento. El Obispo se dirige a la cátedra y todos oran en silencio, por unos instantes.

Luego, el Obispo dice la oración después de la comunión: Oremos.

Te pedimos, Señor, que por los sacramentos que hemos recibido, tengamos una profunda experiencia de ti, para que todos te adoremos siempre en tu santo templo y podamos gloriarnos de tu presencia con todos los santos. Por Cristo nuestro Señor. Todos: Amén.

80.

Dicha esta oración, el Obispo vuelve al altar y, de rodillas, inciensa el Santísimo Sacramento, recibe el velo humeral y toma el copón con las manos cubiertas con dicho velo. Entonces se ordena la procesión, en la cual, precediendo la cruz procesional, se lleva el Santísimo Sacramento con cirios e incienso por la nave de la iglesia a la capilla de la reserva. Mientras tanto se canta la antífona:

¡Glorifica al Señor, Jerusalén; celebra a tu Dios, oh Sión! Con el Salmo 147 u otro canto adecuado.

Salmo 147

¡Glorifica al Señor, Jerusalén, alaba a tu Dios, Sión! Él reforzó los cerrojos de tus puertas y bendijo a tus hijos dentro de ti; él asegura la paz en tus fronteras y te sacia con lo mejor del trigo. Envía su mensaje a la tierra, su palabra corre velozmente; reparte la nieve como lana y esparce la escarcha como ceniza. Ant. Él arroja su hielo como migas, y las aguas se congelan por el frío; da una orden y se derriten, hace soplar su viento y corren las aguas. Ant.

Page 40: Ritual de Dedicación de Iglesias

Revela su palabra a Jacob, sus preceptos y mandatos a Israel: a ningún otro pueblo trató así ni le dio a conocer sus mandamientos. Ant.

81.

Cuando la procesión llega a la capilla de la reserva, el Obispo deja el copón sobre el altar, o en el tabernáculo, dejando la puerta abierta, y, puesto incienso, arrodillado inciensa el Santísimo Sacramento.

Luego de unos momentos de oración en silencio, el diácono pone el copón en el tabernáculo o cierra la puerta del mismo. Un ministro enciende la lámpara que arderá continuamente delante del Santísimo Sacramento.

82.

Si la capilla de la reserva del Santísimo Sacramento está bien a la vista de los fieles, el Obispo imparte la bendición desde allí (cf. n. 84). De lo contrario, la procesión vuelve al presbiterio por el camino más corto y el Obispo imparte la bendición desde el altar o desde la cátedra.

83.

Si no se inaugura la capilla del Santísimo Sacramento, terminada la comunión de los fieles, el Obispo dice: Oremos.

Te pedimos, Señor, que por los sacramentos que hemos recibido, tengamos una profunda experiencia de ti, para que todos te adoremos siempre en tu santo templo y podamos gloriarnos de tu presencia con todos los santos. Por Cristo nuestro Señor. Todos: Amén.

Bendición y despedida

84.

El Obispo, con mitra, dice:

El Señor esté con ustedes. El pueblo responde: Y con tu espíritu.

Luego, el diácono, si se juzga oportuno, invita al pueblo a recibir la bendición, con estas u otras palabras semejantes:

Page 41: Ritual de Dedicación de Iglesias

Inclínense para recibir la bendición.

Entonces, el Obispo, con las manos extendidas sobre el pueblo, lo bendice, diciendo:

Dios, Señor del cielo y de la tierra, que los ha congregado para la dedicación de esta casa, los haga abundar en bendiciones celestiales. Todos: Amén.

El Obispo:

Ya que quiso reunir en su Hijo a todos sus hijos dispersos por el mundo, haga de ustedes templo suyo y morada del Espíritu Santo. Todos: Amén.

El Obispo:

De modo que, felizmente purificados, Dios habite en ustedes y posean con todos los Santos la herencia de la eterna felicidad. Todos: Amén.

El Obispo toma el báculo y prosigue:

Los bendiga Dios todopoderoso, Padre +, Hijo + y Espíritu Santo +. Todos: Amén.

85.

Finalmente, el diácono despide al pueblo como de costumbre.

Page 42: Ritual de Dedicación de Iglesias

III. Ritual de la dedicación de una Iglesia en la cual ya se celebran

Habitualmente los Sagrados Misterios

Notas Preliminares

1.

Para percibir plenamente la fuerza de los símbolos y el sentido del rito, es conveniente que la inauguración de una nueva iglesia se realice simultáneamente con su dedicación; por eso, como ya se ha dicho, procúrese, en cuanto sea posible, que en la nueva iglesia no se celebre la Misa antes de dedicarla (cf. cap. II, Notas prel., nn. 8, 15, 17).

Sin embargo, cuando s dedican iglesias en las cuales ya se celebran habitualmente los sagrados misterios, se utilizará el Ritual que se propone en este capítulo.

Además, hay que distinguir aquellas iglesias de reciente construcción, en las que la razón de la dedicación aparece más clara, de aquellas que están edificadas desde hace mucho tiempo. Para dedicar estas últimas se requiere: - que el altar no haya sido aún dedicado, ya que la costumbre y el derecho litúrgico prohíben con razón, que se dedique una iglesia sin dedicar el altar; en efecto, la dedicación del altar es la parte principal de todo el rito; - que haya algo nuevo o muy cambiado en el edificio, sea en su construcción material (p. ej. Una restauración total), sea en su estatuto jurídico (p. ej. que la iglesia haya sido promovida al grado de parroquia).

2.

Todo lo que se ha indicado en las Notas preliminares del capítulo II vale también para este Ritual, a no ser que, por la misma condición de las cosas, algo aparezca claramente ajeno a este rito, o que se indique expresamente otra cosa.

Este Ritual difiere del que se describe en el capítulo II sobre todo en lo siguiente: a) se omite el rito de abrir las puertas de la iglesia (cf. cap. II, n. 34 o n. 41), por cuanto la iglesia ya está abierta a los fieles. Por eso la entrada se hace según la forma simple (cf. cap. II, nn. 43-47). Pero, si se trata de dedicar una iglesia que ha estado cerrada por largo tiempo y que ahora se abre de nuevo para las celebraciones sagradas, puede realizarse este rito, ya que en este caso conserva su fuerza y su sentido;

b) el rito de la entrega de la iglesia al Obispo (cf. cap. II, n. 33 o 40 o 47), según las circunstancias, se conservará, se omitirá o se adaptará a la condición de la iglesia a dedicar (p. ej. Será conveniente conservarlo si se trata de una iglesia de reciente edificación; se omitirá en la dedicación de una iglesia antigua que no ha sido cambiada en su estructura material; se adaptará en la dedicación de una iglesia antigua totalmente restaurada);

c) el rito de la aspersión de las paredes con agua bendita (cf. cap. II, nn. 48-50), que tiene una índole lustral, se omite;

d) se omitirá lo que es propio de la primera lectura de la Palabra de Dios (cf. cap. II, n. 53); por

Page 43: Ritual de Dedicación de Iglesias

tanto, la Liturgia de la Palabra se realiza como de costumbre; en lugar de Nehemías 8, 1-4a. 5-6. 8-10 con el salmo 18B, 8-9. 10. 15 y su antífona (cf. cap. II, n. 54a), se elige otra lectura apropiada.

Primera Parte. Ritos iniciales

Entrada

3.

Reunido el pueblo, el Obispo y los presbíteros concelebrantes, los diáconos y los ministros, revestidos con sus vestiduras litúrgicas propias, salen de la sacristía precedidos por la cruz procesional y se dirigen al presbiterio por la nave de la iglesia.

4.

Las reliquias de los Santos, si se han de colocar debajo del altar, se llevan al presbiterio en la misma procesión de entrada, desde la sacristía o desde la capilla donde desde la vigilia estuvieron expuestas a la veneración de los fieles. Sin embargo, por una causa justa, se pueden colocar, antes de comenzar el rito, en un lugar adecuado del presbiterio en medio de cirios encendidos.

5.

Durante la procesión se canta una de las antífonas siguientes:

Dios habita en su santa morada, Dios que hace habitar a sus hijos unidos en su casa, da fuerza y poder a su pueblo. O bien:

¡Cómo me alegré cuando me dijeron: "Vamos a la Casa del Señor"! Con el Salmo 121 u otro canto adecuado.

Salmo 121

¡Qué alegría cuando me dijeron: "Vamos a la Casa del Señor"! Nuestros pies están pisando tus umbrales, Jerusalén. Ant. Jerusalén, que fuiste construida como ciudad bien compacta y armoniosa. Allí suben las tribus, las tribus del Señor según es norma en Israel para celebrar el nombre del Señor. Porque allí está el trono de la justicia, el trono de la casa de David. Ant. Auguren la paz a Jerusalén: "¡Vivan seguros los que te aman! ¡Haya paz entre tus muros y seguridad en tus palacios!" Ant.

Page 44: Ritual de Dedicación de Iglesias

Por amor a mis hermanos y amigos, diré: "La paz esté contigo". Por amor a la Casa del Señor, nuestro Dios, buscaré tu felicidad. Ant.

6.

Cuando la procesión llega al presbiterio, las reliquias de los Santos se colocan en un lugar adecuado, en medio de cirios encendidos. Los presbíteros concelebrantes, los diáconos y los ministros ocupan sus respectivos lugares en el presbiterio. El Obispo, omitido el beso del altar, se dirige a la cátedra. Luego, dejando el báculo y la mitra, saluda al pueblo, diciendo:

La gracia y la paz esté con todos ustedes en la santa Iglesia de Dios.

O con otras palabras adecuadas tomadas con preferencia de la Sagrada Escritura.

El pueblo responde: Y con tu espíritu. U otras palabras adecuadas.

7.

Entonces, si, según las circunstancias (cf. Notas preliminares, n. 2b), la iglesia ha de ser entregada al Obispo, los representantes de los que colaboraron en la edificación de la iglesia (fieles de la parroquia o de la diócesis, donantes, arquitectos, obreros) la entregan al Obispo, presentándole o una escritura pública de posesión del edificio, o las llaves o una maqueta del templo, o un libro en el que se describe la historia de la obra con los nombres de quienes la dirigieron y de los obreros. Uno de los representantes se dirige al Obispo y a la comunidad con breves palabras, ilustrando, si es el caso, el significado de la arquitectura y de la forma peculiar de la iglesia.

Bendición del agua y aspersión

8.

Terminado el rito de entrada, el Obispo bendice el agua para rociar al pueblo en señal de penitencia y en recuerdo del bautismo y para purificar las paredes y el altar de la nueva iglesia. Los ministros llevan el calderillo con el agua al Obispo que está de pie en la cátedra. El Obispo invita a todos a orar con estas u otras palabras semejantes:

Queridísimos hermanos: al dedicar esta iglesia con solemne rito, supliquemos humildemente a Dios nuestro Señor que se digne bendecir esta agua, con la cual seremos rociados, en señal de penitencia y en recuerdo del bautismo. Que el mismo Señor nos ayude con su gracia, para que,

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dóciles al Espíritu Santo que hemos recibido, permanezcamos fieles en su Iglesia. Y todos oran en silencio, por unos instantes. Luego, el Obispo continúa:

Oh Dios, por quien toda creatura ve la luz de la vida, de tal modo amas al hombre que no sólo lo alimentas con cuidados paternales, sino que también lo purificas del pecado con el rocío de la caridad y lo guías constantemente hacia Cristo, nuestra Cabeza: Tú estableciste con un designio misericordioso que los que descendieran como pecadores a las aguas del bautismo, habiendo muerto con Cristo, resucitaran inocentes, se hicieran sus miembros y coherederos del premio eterno. Santifica con tu bendición esta agua, para que, rociada sobre nosotros, sea una señal de aquel lavado salvífico por el cual, purificados en Cristo, nos convertimos en templo de tu Espíritu; a nosotros y a todos nuestros hermanos que celebrarán en esta iglesia los divinos misterios, concédenos llegar a la Jerusalén celestial. Por Cristo nuestro Señor. Todos: Amén.

9.

El Obispo, acompañado por los diáconos, rocía al pueblo con agua bendita. Luego, si el altar es totalmente nuevo, también lo rocía. Mientras tanto se canta la antífona:

Vi el agua que salía del templo del lado derecho, aleluya; y se salvaron todos a los que llegó esta agua, y dirán: Aleluya, aleluya. O, en tiempo de Cuaresma:

Cuando sea santificado en ustedes, los congregaré de todos los países, y derramaré sobre ustedes un agua pura, y serán purificados de todas sus iniquidades; y les daré un espíritu nuevo. U otro canto adecuado.

Page 46: Ritual de Dedicación de Iglesias

10.

Después de la aspersión, el Obispo vuelve a la cátedra y, terminado el canto, de pie, con las manos juntas, dice:

Dios, Padre misericordioso, purifique con la gracia del Espíritu Santo a quienes somos templo donde habita. Todos: Amén.

Himno y oración colecta

11.

Luego, se dice el himno Gloria a Dios en el cielo.

12.

Terminado el himno, el Obispo, con las manos juntas, dice:

Oremos. Y todos oran en silencio, por unos instantes. Luego, el Obispo, con las manos extendidas, dice:

Dios todopoderoso y eterno, derrama tu gracia sobre este lugar y concede tu ayuda a todos los que te invocan, para que la eficacia de tu palabra y de los sacramentos confirme aquí los corazones de todos los fieles. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Todos: Amén.

Segunda Parte. Liturgia de la palabra

13.

Luego, el Obispo se sienta y recibe la mitra; todos también se sientan. Entonces tiene lugar la Liturgia de la Palabra; las lecturas se toman de los textos propuestos en el Leccionario Santoral y Misas diversas para la celebración de la dedicación de una iglesia.

14.

Para el Evangelio no se llevan ciriales ni incienso.

Page 47: Ritual de Dedicación de Iglesias

15.

Después del Evangelio el Obispo tiene la homilía, en la que ilustra los textos bíblicos y el sentido de la dedicación de la iglesia.

16.

Terminada la homilía se dice el Credo. Se omite la oración de los fieles, ya que en su lugar se cantan las Letanías de los Santos.

Tercera Parte. Plegaria de la dedicación y unciones

Letanías de los Santos

17.

Luego, el Obispo invita al pueblo a orar con estas u otras palabras semejantes:

Queridísimos hermanos: oremos a Dios Padre todopoderoso, que de los corazones de los fieles se hizo un templo espiritual, y que la súplica fraterna de los Santos se una a nuestras voces.

18.

Se cantan entonces las Letanías de los Santos a las que todos responden; esto se realiza estando todos de pie si es un día domingo o durante el tiempo pascual; en los demás días, de rodillas. En este caso el diácono dice:

Nos ponemos de rodillas.

19.

En las Letanías, en el lugar correspondiente, se agregan las invocaciones del Titular de la iglesia, del Patrono del lugar y, si es el caso, de los Santos cuyas reliquias se colocarán debajo del altar. Se pueden añadir también otras peticiones que tengan en cuenta la peculiar naturaleza del rito y la condición de los fieles. Los nombres de los Santos puestos entre paréntesis, oportunamente se omiten cuando las Letanías son cantadas.

Señor, ten piedad de nosotros Señor, ten piedad de nosotros Cristo, ten piedad de nosotros Cristo, ten piedad de nosotros Señor, ten piedad de nosotros Señor, ten piedad de nosotros Santa María, Madre de Dios ruega por nosotros San Miguel ruega por nosotros Santos Ángeles de Dios ruegen por nosotros San Juan Bautista ruega por nosotros San José ruega por nosotros Santos Pedro y Pablo ruegen por nosotros San Andrés ruega por nosotros San Juan ruega por nosotros Santa María Magdalena ruega por nosotros

Page 48: Ritual de Dedicación de Iglesias

San Esteban ruega por nosotros San Ignacio de Antioquía ruega por nosotros San Lorenzo ruega por nosotros Santas Perpetua y Felicidad ruegen por nosotros Santa Inés ruega por nosotros San Gregorio ruega por nosotros San Agustín ruega por nosotros San Atanasio ruega por nosotros San Basilio ruega por nosotros San Martín ruega por nosotros San Benito ruega por nosotros Santos Francisco y Domingo ruegen por nosotros San Francisco Javier ruega por nosotros San Juan María Vianney ruega por nosotros Santa Catalina de Siena ruega por nosotros Santa Teresa de Jesús ruega por nosotros Todos los Santos y Santas de Dios ruegen por nosotros Por tu bondad líbranos, Señor De todo mal líbranos, Señor De todo pecado líbranos, Señor De la muerte eterna líbranos, Señor Por el misterio de tu Encarnación líbranos, Señor Por tu muerte y tu resurrección líbranos, Señor Por la venida del Espíritu Santo líbranos, Señor Nosotros, que somos pecadores, te pedimos escúchanos, Señor Para que gobiernes y conserves a tu santa Iglesia escúchanos, Señor Para que conserves en tu santo servicio al Papa y a todos los miembros del clero escúchanos, Señor Para que concedas la paz y la concordia a todos los pueblos escúchanos, Señor Para que nos sostengas con tu ayuda y nos conserves en tu santo servicio escúchanos, Señor Para que consagres esta iglesia escúchanos, Señor Jesús, Hijo del Dios vivo escúchanos, Señor Cristo, óyenos Cristo, óyenos Cristo, escúchanos Cristo, escúchanos

20.

Terminadas las Letanías, el Obispo, de pie, con las manos extendidas, dice:

Señor, te rogamos por la intercesión de la Virgen María y de todos los Santos, que recibas benignamente nuestras súplicas, para que este templo que dedicaremos a tu nombre se convierta en casa de salvación y de gracia, donde el pueblo cristiano, fraternalmente congregado,

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te adore en espíritu y en verdad y se edifique en la caridad. Por Cristo nuestro Señor. Todos: Amén.

El diácono, si es el caso, dice: Nos ponemos de pie.

Y todos se levantan. El Obispo vuelve a ponerse la mitra. CUANDO NO SE HAN DE COLOCAR LAS RELIQUIAS DE LOS SANTOS, el Obispo dice en seguida la Plegaria de la Dedicación, como se indica en el n. 22.

Colocación de las reliquias

21.

Si se han de colocar reliquias de Mártires o de otros Santos debajo del altar, el Obispo se acerca al mismo. Un diácono o un presbítero lleva las reliquias al Obispo, quien las coloca en el sepulcro oportunamente preparado. Entre tanto se canta la antífona:

Santos de Dios, que han recibido un lugar debajo del altar: intercedan por nosotros ante el Señor Jesucristo.

O bien: Los cuerpos de los Santos fueron sepultados en paz y sus nombres viven eternamente (T.P. Aleluya). Con el Salmo 14, u otro canto adecuado.

Salmo 14

Señor, ¿quién se hospedará en tu carpa? ¿quién habitará en tu santa montaña? Ant. El que procede rectamente y practica la justicia: el que dice la verdad de corazón y no calumnia con su lengua. El que no hace mal a su prójimo ni agravia a su vecino. Ant. El que no estima a quien Dios reprueba y honra a los que temen al Señor. El que no se retracta de lo que juró, aunque salga perjudicado; el que no presta su dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que procede así, nunca vacilará. Ant.

Mientras tanto, un albañil cierra el sepulcro. El Obispo vuelve a la cátedra.

Page 50: Ritual de Dedicación de Iglesias

Plegaria de la dedicación

22.

Luego, el Obispo, de pie, sin mitra, en la cátedra o junto al altar, con las manos extendidas, en voz alta dice:

Señor y Dios nuestro, que santificas y guías a tu Iglesia, es justo que celebremos tu santo nombre con jubilosas alabanzas, porque hoy tu pueblo desea dedicarte para siempre, con rito solemne, esta casa de oración, donde te venera con amor, se instruye con tu palabra y se alimenta con tus sacramentos. Este templo hace vislumbrar el misterio de la Iglesia que Cristo santificó con su sangre, para presentarla ante sí como Esposa llena de gloria, como Virgen insigne por la integridad de la fe, como Madre fecunda por el poder del Espíritu. Iglesia santa, viña elegida del Señor, cuyas ramas se extienden por todo el mundo, cuyos brotes adheridos al tronco, son elevados hasta el Reino de los Cielos. Iglesia feliz, tabernáculo de Dios con los hombres, templo santo que se construye con piedras vivas, asentada en los firmes cimientos de los Apóstoles, siendo el mismo Jesús su piedra angular. Iglesia sublime, Ciudad erigida en la cima de la montaña, visible a todos e iluminada para todos, en la que brilla la perenne antorcha del Cordero y resuena el cántico agradecido de los Santos. Por eso, Señor, te suplicamos: derrama en esta iglesia y en este altar la santificación celestial, para que sean siempre un lugar santo y la mesa preparada para el sacrificio de Cristo. Aquí las aguas de la divina gracia cubran los pecados de los hombres, para que tus hijos, Padre, muertos al pecado, renazcan a la vida divina. Aquí tus fieles, rodeando la mesa del altar, celebren el memorial de la Pascua y se fortalezcan con el alimento de la Palabra y del Cuerpo de Cristo.

Page 51: Ritual de Dedicación de Iglesias

Aquí resuene alegre la oblación de la alabanza, la voz de los hombres se asocie a los cánticos de los Ángeles, y suba hasta ti constante la plegaria por la salvación del mundo. Aquí los pobres encuentren misericordia, los oprimidos obtengan la verdadera libertad, y todos los hombres se revistan con la dignidad de hijos tuyos, hasta que lleguen, llenos de alegría, a la Jerusalén celestial. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, quien siendo Dios vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Todos: Amén.

Unción del altar y de las paredes

23.

Luego, el Obispo, si es necesario, se quita la casulla y, tomando un gremial, se acerca al altar con los diáconos y los demás ministros, uno de los cuales lleva la crismera, y realiza la unción del altar y de las paredes de la iglesia, como se describe en el n. 24.

Si el Obispo quisiera asociarse para la unción de las paredes a algunos presbíteros que con él concelebran el sagrado rito, realizada la unción del altar, les entrega las crismeras y con ellos realiza las unciones.

El Obispo puede encomendar la unción de las paredes a los presbíteros, en cuyo caso, después de la unción del altar, les entrega las crismeras.

24.

El Obispo, de pie, ante el altar, dice en voz alta:

El Señor santifique con su poder el altar y la casa que ungimos por nuestro ministerio, para que expresen visiblemente el misterio de Cristo y su Iglesia. Luego, vierte el santo Crisma en el medio y en los cuatro ángulos del altar, siendo conveniente ungir toda la mesa.

Después, unge las paredes de la iglesia marcando doce o cuatro cruces distribuidas convenientemente, ayudándole, si es oportuno, dos o cuatro presbíteros.

Si hubiera encomendado la unción de las paredes a los presbíteros, éstos, cuando el Obispo haya terminado de ungir el altar, ungen las paredes marcando las cruces con el santo Crisma. Mientras tanto se canta la antífona:

Page 52: Ritual de Dedicación de Iglesias

He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y habitará con ellos; ellos serán su pueblo y él mismo será su Dios (T.P. Aleluya).

O bien: El Templo del Señor es santo, es construcción de Dios, es edificación de Dios. Con el Salmo 83 u otro canto adecuado.

Salmo 83 ¡Qué amable es tu morada, Señor del universo! Mi alma se consume de deseos por los atrios del Señor; mi corazón y mi carne claman ansiosos por el Dios viviente. Hasta el gorrión encontró una casa, y la golondrina tiene un nido donde poner sus pichones, junto a tus altares, Señor del universo, mi Rey y mi Dios. Ant. ¡Felices los que habitan en tu casa y te alaban sin cesar! ¡Felices los que encuentran su fuerza en ti, al emprender la peregrinación! Ant. Al pasar por un valle desierto lo convertirán en un oasis, y al caer las primeras lluvias, lo cubrirán de bendiciones: avanzarán con vigor siempre creciente, hasta contemplar a Dios en Sión. Ant. Señor del universo, oye mi plegaria, escucha, Dios de Jacob; protege, Dios, a nuestro escudo y mira el rostro de tu Ungido. Ant. Vale más un día en tus atrios que mil en otra parte; yo prefiero el umbral de la Casa de mi Dios antes que vivir entre malvados. Ant. Porque el Señor es sol y escudo; el Señor da la gracia y la gloria, y no niega sus bienes a los que proceden con rectitud. ¡Señor del universo, feliz el hombre que confía en ti! Ant.

Page 53: Ritual de Dedicación de Iglesias

25.

Terminada la unción del altar y de las paredes de la iglesia, el Obispo vuelve a la cátedra y se sienta.

Los ministros le acercan lo necesario para lavarse las manos. Luego, el Obispo deja el gremial y se pone la casulla. También los presbíteros se lavan las manos después de ungir las paredes.

Incensación del altar y de la Iglesia

26.

Después del rito de la unción, se pone sobre el altar un braserillo para quemar incienso o aromas, o, si se prefiere, se pone sobre el altar incienso mezclado con cerillas. El Obispo echa incienso en el braserillo o con un cirio pequeño, que le alcanza un ministro, enciende el incienso, diciendo:

Suba, Señor, nuestra oración, como el incienso en tu presencia y, así como esta casa se llena de suave perfume, así tu Iglesia expanda la fragancia de Cristo.

27.

Entonces, el Obispo echa incienso en los incensarios e inciensa el altar. Luego, vuelve a la cátedra, es incensado y se sienta. Los ministros, pasando por la nave de la iglesia, inciensan al pueblo y las paredes.

28.

Mientras tanto se canta la antífona:

El ángel se puso de pie junto al ara del templo, llevando un incensario de oro en su mano.

O bien: El humo del incienso subió a la presencia del Señor, de mano del ángel. Con el Salmo 137 u otro canto adecuado.

Salmo 137

Te doy gracias, Señor, de todo corazón, te cantaré en presencia de los ángeles. Me postraré ante tu santo Templo y daré gracias a tu nombre por tu amor y tu fidelidad, porque tu promesa ha superado tu renombre. Ant. Me respondiste cada vez que te invoqué y aumentaste la fuerza de mi alma.

Page 54: Ritual de Dedicación de Iglesias

Que los reyes de la tierra te bendigan al oír las palabras de tu boca, y canten los designios del Señor, porque la gloria del Señor es grande. El Señor está en las alturas, pero se fija en el humilde y reconoce al orgulloso desde lejos. Ant.

Iluminación del altar y de la Iglesia

29.

Terminada la incensación, algunos ministros limpian con toallas la mesa del altar y, si es el caso, lo cubren con una tela impermeable; luego, lo cubren con el mantel y lo adornan, si es oportuno, con flores; colocan adecuadamente los candeleros con los cirios requeridos para la celebración de la Misa y, si corresponde, también la cruz.

30.

Después, el diácono se acerca al Obispo, el cual, de pie, le entrega un pequeño cirio encendido, diciendo en voz alta:

Brille en la Iglesia la luz de Cristo para que todos los hombres lleguen a la plenitud de la verdad.

El Obispo se sienta. El diácono va al altar y enciende los cirios para la celebración de la Eucaristía.

31.

Entonces se hace una iluminación festiva: se encienden todos los cirios, también los que se pusieron donde se hicieron las unciones, y las demás luces de la iglesia, en señal de alegría. Mientras tanto se canta la antífona:

Jerusalén, ha llegado tu luz y la gloria del Señor se alza sobre ti; los pueblos caminarán a tu luz, aleluya.

O, en tiempo de Cuaresma: Jerusalén, ciudad de Dios, resplandecerás con luz espléndida y te venerarán todos los confines de la tierra.

Con el cántico de Tobías, u otro canto adecuado, con preferencia en honor de Cristo, luz del mundo.

Cántico De Tobías (Vulg. 13, 10. 13-14ab. 14c-15. 17)

Bendigan al Señor todos sus elegidos,

Page 55: Ritual de Dedicación de Iglesias

celebren días de alegría y alábenlo. Ant. Jerusalén, ciudad de Dios, brillarás con luz resplandeciente y todos los confines de la tierra te adorarán. Vendrán a ti de lejos pueblos numerosos, llevando sus dones al Rey del Cielo. Ant. Mirarán tu tierra como santuario, invocarán en ti el nombre santo. Te alegrarás por tus hijos, porque todos serán de nuevo congregados y bendecirán al Señor de los siglos. Ant.

Cuarta Parte. Liturgia Eucarística

32.

Los diáconos y los ministros preparan el altar como de costumbre.

Algunos fieles llevan el pan, el vino y el agua para el sacrificio del Señor.

El Obispo recibe las ofrendas en la cátedra. Mientras se preparan las ofrendas puede cantarse la antífona:

Señor Dios, alegremente ofrecí todas mis cosas con sinceridad de corazón; vi con grandísima alegría a tu pueblo que fue rescatado; Dios de Israel, Señor Dios, conserva esta ofrenda (T.P. Aleluya). U otro canto adecuado.

33.

Cuando todo está preparado, el Obispo va al altar y, dejada la mitra, lo besa. La Misa continúa como de costumbre, pero no se inciensan ni las ofrendas ni el altar.

34.

Oración Sobre Las Ofrendas

Acepta, Señor, las ofrendas de tu Iglesia que hoy se alegra por la consagración de este lugar; por los misterios que ahora celebramos, te pedimos la gracia de alcanzar la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Todos: Amén.

Page 56: Ritual de Dedicación de Iglesias

35.

Se dice la Plegaria eucarística I o III con este Prefacio:

V. El Señor esté con ustedes. R. Y con tu espíritu. V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, siempre y en todo lugar Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Jesucristo, Señor nuestro.

Porque en la casa visible que nos permitiste construir donde reúnes y proteges sin cesar a esta familia que peregrina hacia ti, manifiestas y realizas de manera admirable el misterio de tu comunión con nosotros.

En este lugar, Señor, tú vas edificando aquel templo que somos nosotros, y así, la Iglesia, extendida por toda la tierra, crece unida, como Cuerpo de Cristo, hasta llegar a ser la nueva Jerusalén.

Por eso, Señor, te celebramos en el templo de tu gloria, y con todos los ángeles te bendecimos y te glorificamos, cantando: Santo, Santo, Santo...

36.

Mientras el Obispo comulga con el Cuerpo de Cristo, se comienza el canto de la comunión. Se canta la antífona:

Dice el Señor: mi casa será casa de oración; en ella, el que pide recibe, el que busca encuentra, y al que llama se le abre (T.P. Aleluya).

Page 57: Ritual de Dedicación de Iglesias

O bien: Como brotes de olivo en torno a tu mesa, Señor, así son los hijos de la Iglesia (T.P. Aleluya). Con el Salmo 127 u otro canto adecuado.

Salmo 127

¡Feliz el que teme al Señor y sigue sus caminos! Ant. Comerás del fruto de tu trabajo, serás feliz y todo te irá bien. Tu esposa será como una vid fecunda en el seno de tu hogar; tus hijos, como retoños de olivo alrededor de tu mesa. Ant. ¡Así será bendecido el hombre que teme al Señor! ¡Que el Señor te bendiga desde Sión todos los días de tu vida: que contemples la paz de Jerusalén y veas a los hijos de tus hijos! ¡Paz a Israel! Ant.

Inauguración de la capilla del Santísimo Sacramento

37.

Si se ha de inaugurar la capilla del Santísimo Sacramento, terminada la comunión de los fieles, todo se realiza como se indica en el cap. II, nn. 79-82.

38.

Después de la comunión, el Obispo dice:

Oremos.

Te pedimos, Señor, que por los sacramentos que hemos recibido, tengamos una profunda experiencia de ti, para que todos te adoremos siempre en tu santo templo y podamos gloriarnos de tu presencia con todos los santos. Por Cristo nuestro Señor. Todos: Amén.

Bendición y despedida

39.

El Obispo, con mitra, dice:

Page 58: Ritual de Dedicación de Iglesias

El Señor esté con ustedes. El pueblo responde: Y con tu espíritu. Luego, el diácono, si se juzga oportuno, invita al pueblo a recibir la bendición, con estas u otras palabras semejantes:

Inclínense para recibir la bendición. Entonces, el Obispo, con las manos extendidas sobre el pueblo, lo bendice diciendo:

Dios, Señor del cielo y de la tierra, que los ha congregado para la dedicación de esta casa, los haga abundar en bendiciones celestiales. Todos: Amén.

El Obispo:

Ya que quiso reunir en su Hijo a todos sus hijos dispersos por el mundo, haga de ustedes templo suyo y morada del Espíritu Santo. Todos: Amén.

El Obispo:

De modo que, felizmente purificados, Dios habite en ustedes y posean con todos los Santos la herencia de la eterna felicidad. Todos: Amén.

El Obispo toma el báculo y prosigue:

Los bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Todos: Amén.

40.

Finalmente, el diácono despide al pueblo como de costumbre.

Page 59: Ritual de Dedicación de Iglesias

IV. Ritual de la dedicación de un altar

Notas Preliminares

I. Naturaleza y dignidad del altar

1.

Los antiguos Padres de la Iglesia, meditando la Palabra de Dios, no dudaron en afirmar que Cristo fue el sacerdote, la víctima y el altar de su propio sacrificio. En efecto, la carta a los Hebreos presenta a Cristo como el Sumo Sacerdote y, al mismo tiempo, como el Altar vivo del Templo celestial; en el Apocalipsis nuestro Redentor aparece como el Cordero muerto, cuya oblación es llevada al altar del cielo por manos del Ángel de Dios.

El Cristiano: altar espiritual

2.

Puesto que Cristo, Cabeza y Maestro, es altar verdadero, también sus miembros y discípulos son altares espirituales, en los que se ofrece a Dios el sacrificio de una vida santa. Esto lo afirmaron ya los Santos Padres: San Ignacio de Antioquía ruega a los Romanos: "No podríais otorgarme otra cosa mejor que el ser inmolado para Dios, mientras el altar está aún preparado". San Policarpo amonesta a las viudas que vivan santamente, porque "son el altar de Dios". A estas voces se unen, entre otros, San Gregorio Magno que enseña: "¿Qué es el altar de Dios, sino el espíritu de los que viven bien?... Con razón, entonces, el corazón (de los justos) es llamado altar de Dios". O, según otra imagen célebre entre los escritores de la Iglesia, los cristianos que se dedican a la oración, que ofrecen sus plegarias a Dios e inmolan las víctimas de las súplicas, son las piedras vivas con las cuales el Señor Jesús edifica el altar de la Iglesia.

El altar: mesa del sacrificio y del banquete pascual

3. Cristo el Señor al instituir el memorial del sacrificio que había de ofrecer al Padre en el ara de la cruz, bajo la forma de un banquete sacrificial, convirtió en sagrada la mesa alrededor de la cual se reunirían los fieles para celebrar su Pascua. En efecto, el altar es mesa de sacrificio y de banquete en la que el sacerdote, representando a Cristo el Señor, hace lo mismo que él hizo y ordenó a sus discípulos que lo hicieran en su memoria. Todo esto fue resumido admirablemente por el Apóstol San Pablo, cuando dice: "El cáliz de bendición que bendecimos ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo?; y el pan que partimos ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? Ya que hay un solo pan, aunque somos muchos, todos nosotros formamos un solo cuerpo, porque participamos de un único pan".

El altar: símbolo de Cristo

4.

Los hijos de la Iglesia pueden, según las circunstancias, celebrar en cualquier lugar el memorial de Cristo y sentarse a la mesa del Señor. Pero concuerda con el misterio eucarístico que los fieles cristianos erijan un altar estable para celebrar la Cena del Señor; lo que ya se hizo desde los tiempos antiguos.

Page 60: Ritual de Dedicación de Iglesias

El altar cristiano es, por su misma naturaleza, la mesa peculiar del sacrificio y del banquete pascual: - ara peculiar donde se perpetúa sacramentalmente el sacrificio de la cruz, hasta que Cristo vuelva; - mesa junto a la cual se reúnen los hijos de la Iglesia para dar gracias a Dios y recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Por eso, en todas las iglesias el altar es "el centro de la acción de gracias que se realiza por la eucaristía", alrededor del cual se ordenan, de un modo u otro, los demás ritos de la Iglesia.

Por cuanto en el altar se celebra el memorial del Señor y se entrega a los fieles su Cuerpo y su Sangre, los escritores de la Iglesia han visto en él como un símbolo del mismo Cristo. De ahí la expresión: "El altar es Cristo".

El altar: honor de los mártires

5.

Toda la dignidad del altar reside en que es la mesa del Señor. Por tanto, no son los cuerpos de los Mártires los que honran el altar, sino más bien el altar el que dignifica el sepulcro de los Mártires. Para honrar los cuerpos de los Mártires y de otros Santos, y para significar que el sacrificio de los miembros tuvo su origen en el sacrificio de la Cabeza, es conveniente edificar los altares sobre sus sepulcros o colocar sus reliquias debajo de los altares, de tal modo que "en el lugar donde Cristo es la hostia, se pongan las víctimas triunfales. Pero Cristo sobre el altar, ya que padeció por todos; ellos debajo del altar, ya que han sido redimidos por la pasión de aquél". Esta disposición parece recordar, en cierto modo, aquella visión espiritual del Apóstol San Juan en el Apocalipsis: "Vi debajo del altar las almas de los que fueron inmolados a causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús". Porque, aunque todos los Santos son llamados correctamente testigos de Cristo, sin embargo, el testimonio de la sangre tiene una fuerza peculiar que sólo expresan, íntegra y plenamente, las reliquias de los Mártires colocadas bajo el altar.

II. Erección del altar

6.

Es conveniente que en toda iglesia haya un altar fijo; en los demás lugares dedicados a las celebraciones sagradas, un altar fijo o móvil. El altar se llama fijo cuando se construye de tal modo que esté adherido al suelo, y por tanto no se puede mover; móvil si se puede trasladar.

7.

En las iglesias nuevas es conveniente erigir un solo altar, para que en el único Pueblo de Dios, el altar único simbolice al único Salvador nuestro, Jesucristo, y que es única la Eucaristía de la Iglesia. Sin embargo, en la capilla donde está el tabernáculo destinado a la reserva del Santísimo Sacramento, se puede erigir otro altar, en el cual pueda celebrarse la Misa en los días entre semana para un grupo reducido de fieles.

Se evitará, de todas maneras, erigir varios altares con la sola finalidad de adornar la iglesia.

Page 61: Ritual de Dedicación de Iglesias

8. El altar se construirá separado de la pared, para que el sacerdote pueda pasar fácilmente a su alrededor y la Misa pueda celebrarse de cara al pueblo. "Ocupe el lugar que sea realmente el centro hacia el que se dirija espontáneamente la atención de toda la asamblea de los fieles". 9. Según la costumbre tradicional de la Iglesia y el simbolismo bíblico que es propio del altar, la mesa del altar fijo debe ser de piedra natural. Con todo, se puede utilizar otro material digno, sólido y artísticamente labrado, a juicio de la Conferencia Episcopal.

Las columnas o la base para sostener la mesa pueden construirse con cualquier material, siempre que sea digno y sólido.

10.

Por su misma naturaleza el altar se dedica sólo a Dios, puesto que el sacrificio eucarístico se ofrece únicamente a Dios. En este sentido debe entenderse la costumbre de la Iglesia de dedicar altares a Dios en honor de los Santos. San Agustín lo expresó adecuadamente: "A ninguno de los Mártires, sino al mismo Dios de los Mártires, aunque sobre los sepulcros de los Mártires, erigimos los altares".

Esto debe explicarse claramente a los fieles. En las iglesias nuevas no deben colocarse sobre el altar esculturas ni imágenes de Santos.

Tampoco se colocarán reliquias de Santos sobre la mesa del altar cuando sean expuestas a la veneración de los fieles.

11.

Oportunamente se conservará la tradición de la Liturgia Romana de colocar reliquias de Mártires o de otros Santos debajo del altar. Con todo, se tendrá en cuenta lo siguiente:

a) Las reliquias deben ser de tal tamaño que pueda percibirse que son partes de un cuerpo humano. Por tanto, debe evitarse que se depositen reliquias demasiado pequeñas, sea de uno o de varios Santos. b) Investíguese, con sumo cuidado, que las reliquias sean auténticas. Es mejor dedicar un altar sin reliquias que colocar reliquias de dudosa procedencia. c) El cofre de las reliquias no se debe poner ni sobre el altar ni en su mesa, sino que, considerando la forma del altar, ha de colocarse debajo de la mesa.

Donde tiene lugar el rito de la colocación de las reliquias, es muy conveniente celebrar una Vigilia en honor de las reliquias del Mártir o del Santo, de acuerdo con lo dicho en el n. 10 del cap. II.

III. Celebración de la dedicación

Ministro del rito

12.

Corresponde al Obispo, a quien ha sido encomendado el cuidado pastoral de una Iglesia particular, dedicar los nuevos altares erigidos en su diócesis. Con todo, si no pudiera presidir el rito, encomendará la celebración a otro Obispo, sobre todo al que le ayuda en el ministerio pastoral de los fieles en cuyo favor ha sido erigido el nuevo altar. En circunstancias del todo extraordinarias, podrá delegar con un mandato especial, a un presbítero.

Page 62: Ritual de Dedicación de Iglesias

Elección del día

13.

Puesto que un altar llega a ser sagrado ante todo por la celebración de la Eucaristía, para conservar la verdad de las cosas, no se celebre la Misa en el nuevo altar antes de ser dedicado, de tal manera que la Misa de la dedicación sea la primera que se celebre en él.

14.

Para dedicar un nuevo altar elíjase un día en que sea posible gran concurrencia de fieles, sobre todo el día domingo, a no ser que razones pastorales aconsejen otra cosa. Pero el rito de la dedicación no se puede celebrar en el Triduo Pascual, el Miércoles de Ceniza, en los días de Semana Santa, y en la Conmemoración de todos los Fieles Difuntos.

Misa de la dedicación

15.

La celebración de la Eucaristía está íntimamente unida a la dedicación del altar. Se dice la "Misa en la dedicación de un altar". En los días de Navidad, Epifanía, Ascensión, Pentecostés, y en los domingos de Adviento, Cuaresma y Pascua, se dice la Misa del día, excepto la oración sobre las ofrendas y el Prefacio, que están íntimamente relacionados con el rito mismo.

16.

Conviene que el Obispo concelebre la Misa con los presbíteros presentes, sobre todo con aquellos a quienes les ha sido encomendada la tarea de regir la parroquia o comunidad a favor de la cual ha sido erigido el altar.

Partes del rito

A. Ritos iniciales

17.

Los ritos iniciales de la Misa de la dedicación de un altar se hacen como de costumbre, excepto que, en lugar del acto penitencial, el Obispo bendice el agua y con ella rocía al pueblo y el nuevo altar.

B. Liturgia de la palabra

18.

Es conveniente proclamar tres lecturas, elegidas según las normas de las rúbricas, o de la liturgia del día (cf. n. 15) o de las que se proponen en el Leccionario Santoral y Misas diversas para el rito de la dedicación de un altar.

19.

Después de las lecturas, el Obispo tiene la homilía en la que explica tanto las lecturas bíblicas como el sentido de la dedicación del altar.

Concluida la homilía se dice el Credo. Se omite la oración de los fieles ya que en su lugar se cantan las Letanías de los Santos.

Page 63: Ritual de Dedicación de Iglesias

C. Plegaria de la dedicación y unción del altar

20.

Colocación de las reliquias de los Santos

Después del canto de las Letanías, si es el caso, se colocan debajo del altar las reliquias de Mártires o de otros Santos, para significar que todos los que han sido bautizados en la muerte de Cristo y particularmente los que han derramado su sangre por el Señor participan de la pasión de Cristo (cf. n. 5).

21.

Plegaria de la dedicación

La celebración de la Eucaristía es lo máximo del rito y el único necesario en la dedicación de un altar; sin embargo, de acuerdo con la común tradición de la Iglesia, tanto del Oriente como del Occidente, se dice también una especial Plegaria de dedicación, en la que se expresa el propósito de dedicar para siempre el altar al Señor y se pide su bendición.

22.

Rito de la unción, incensación, revestimiento e iluminación

Los ritos de la unción, incensación, revestimiento e iluminación del altar expresan con signos visibles algo de aquella obra invisible que Dios realiza por medio de la Iglesia que celebra los sagrados misterios, sobre todo la Eucaristía:

a) Unción del altar: Por la unción del Crisma, el altar se convierte en símbolo de Cristo que es llamado y es, por excelencia, "el Ungido"; en efecto, el Padre por el Espíritu Santo lo ungió y lo constituyó Sumo Sacerdote, que en el altar de su cuerpo ofreció el sacrificio de su vida para la salvación de todos los hombres. b) El incienso se quema sobre el altar para significar que el sacrificio de Cristo, que allí se perpetúa sacramentalmente, sube a Dios como suave perfume, y para expresar que las oraciones de los fieles, propiciatorias y agradecidas, llegan hasta el trono de Dios. c) El revestimiento del altar indica que el altar cristiano es el ara del sacrificio eucarístico y la mesa del Señor, alrededor de la cual los sacerdotes y los fieles, en una única y misma acción, pero con diverso ministerio, celebran el Memorial de la muerte y resurrección de Cristo y comen la Cena del Señor. Por eso, el altar, como mesa del banquete sacrificial, se reviste y adorna festivamente. Ello significa claramente que es la mesa del Señor a la que todos los fieles se acercan gozosamente para nutrirse con el divino alimento que es el Cuerpo y la Sangre de Cristo inmolado. d) La iluminación del altar recuerda que Cristo es la "Luz para iluminar a las naciones", con cuya claridad resplandece la Iglesia y por ella toda la familia humana.

D. Celebración de la Eucaristía

23.

Preparado el altar, el Obispo celebra la Eucaristía, que es la parte principal de todo el rito y la más antigua. En efecto, la celebración de la Eucaristía concuerda perfectamente con el rito de la dedicación del altar: - por la celebración del sacrificio eucarístico se alcanza y se manifiesta claramente el fin para el cual el altar ha sido construido; - además la Eucaristía, que santifica los corazones de quienes la reciben, consagra en cierta

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manera el altar, como lo afirmaron repetidas veces los antiguos Padres de la Iglesia: "Este altar debe ser admirado porque, siendo piedra por su naturaleza, queda santificado después de recibir el Cuerpo de Cristo"; - el nexo por el que la dedicación del altar está estrechamente unida con la celebración de la Eucaristía, queda también de manifiesto por el hecho de que la Misa de la dedicación tiene un Prefacio propio, íntimamente unido al rito.

IV. Adaptación del rito

Adaptaciones que competen a las Conferencias Episcopales

24.

Las Conferencias Episcopales pueden adaptar oportunamente este Ritual a las costumbres de cada región, pero de tal modo que no se quite nada de su nobleza y solemnidad. Con todo, deben observarse estas cosas: a) la celebración de la Misa con su prefacio propio y la Plegaria de la dedicación, nunca deben omitirse; b) se conservarán los ritos que, por tradición litúrgica, tienen sentido y fuerza peculiares (cf. n. 22) -a no ser que obsten graves razones- adaptando adecuadamente las fórmulas, si fuera el caso. Al realizar las adaptaciones, la competente autoridad eclesiástica consultará a la Sede Apostólica y, con su consentimiento, introducirá las reformas.

Adaptaciones que competen a los ministros

25.

Al Obispo y a los que preparan la celebración del rito, corresponde juzgar si es oportuno colocar las reliquias de los Santos; teniendo en cuenta lo dicho en el n. 11 y el bien espiritual de los fieles y el recto sentido litúrgico.

Al rector de la iglesia en la que se dedica el altar, con la ayuda de sus colaboradores en la acción pastoral, corresponde determinar y preparar todo lo relacionado con las lecturas, los cantos, así como también los recursos pastorales para promover no sólo la fructuosa participación del pueblo, sino también una decorosa celebración.

V. Preparación espiritual

26.

Los fieles no sólo serán avisados con tiempo de la dedicación del nuevo altar, sino que también serán preparados oportunamente para su participación activa en el rito. Por tanto, se les hará una adecuada catequesis sobre cada uno de los ritos y el modo como se realizan. Para impartir dicha catequesis se podrán tener en cuenta los elementos indicados sobre la naturaleza y dignidad del altar, y sobre el sentido y valor de los ritos. De este modo los fieles quedarán imbuidos del amor debido al altar.

VI. Cosas que deben prepararse para la dedicación de un altar

27.

Para celebrar el rito de la dedicación de un altar, prepárese lo siguiente: - el Misal Romano, el Leccionario y el Pontifical Romano; - la cruz y el Libro de los Evangelios que se llevarán en la procesión; - el calderillo con agua para bendecir y el aspersorio; - la crismera con el santo Crisma; - toallas para limpiar la mesa del altar;

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- si es el caso, el mantel de lino encerado o una tela impermeable de la medida del altar. - la jofaina, la jarra con agua; toalla y todo lo necesario para lavarse las manos el Obispo; - un gremial; - braserillo para quemar el incienso o aromas; o granos de incienso y pequeños cirios que se quemarán sobre el altar; - incensario con la naveta del incienso y la cucharita; - el cáliz, el corporal, los purificadores y el manutergio; - el pan, el vino y el agua para celebrar la Misa; - la cruz del altar, a no ser que ya haya una cruz en el presbiterio, o que la cruz que se lleva en la procesión de entrada se coloque luego cerca del altar; - el mantel, los cirios, los candeleros; - si es el caso, flores.

28.

En la Misa de la dedicación de un altar se usarán ornamentos de color blanco o festivo. Prepárese: - para el Obispo: alba, estola, casulla, mitra, báculo, palio arzobispal, si tiene facultad de usarlo; - para los presbíteros concelebrantes: las vestiduras para la concelebración de la Misa; - para los diáconos: albas, estolas, y, según la oportunidad, dalmáticas; - para los demás ministros: albas u otras vestiduras legítimamente aprobadas.

29.

Si se han de colocar debajo del altar las reliquias de los Santos, prepárese lo siguiente: a) En el lugar de donde sale la procesión: - el cofre con las reliquias, rodeado de flores y cirios. Según la oportunidad, el cofre puede colocarse en un lugar adecuado del presbiterio, antes de comenzar el rito; - para los diáconos que llevarán las reliquias: alba, estola de color rojo, si se trata de reliquias de Mártires, o de color blanco, en los demás casos, y dalmáticas si las hubiere. Pero si las reliquias han de ser llevadas por presbíteros, en lugar de las dalmáticas, prepárense casullas. Las reliquias también pueden ser llevadas por otros ministros revestidos con albas o vestiduras legítimamente aprobadas. b) En el presbiterio: - una mesa pequeña en la que se deposita el cofre con las reliquias mientras se realiza la primera parte del rito. c) En la sacristía: - argamasa con la que se cerrará la tapa del hueco donde se colocará el cofre con las reliquias. Haya también un albañil que, en su momento, cerrará el sepulcro de las reliquias.

30.

Será conveniente conservar la costumbre de incluir en el cofre de las reliquias un pergamino en el que se mencione el día, el mes, el año de la dedicación del altar, el nombre del Obispo que celebra el rito, del Titular de la iglesia y de los Mártires o Santos cuyas reliquias se colocan debajo del altar.

El acta de la dedicación se redactará en dos ejemplares, uno de los cuales se conservará en el archivo de la diócesis y el otro en el de la iglesia. Serán firmados por el Obispo, el rector de la iglesia y los representantes de la comunidad local.

Page 66: Ritual de Dedicación de Iglesias

Primera Parte. Ritos iniciales

Entrada en la Iglesia

31.

Reunido el pueblo, el Obispo y los presbíteros concelebrantes, los diáconos y los ministros, revestidos con sus vestiduras litúrgicas propias, salen de la sacristía precedidos por la cruz procesional, y se dirigen al presbiterio por la nave de la iglesia.

32.

Las reliquias de los Santos, si se han de colocar debajo del altar, se llevan al presbiterio en la misma procesión de entrada, desde la sacristía o desde la capilla donde desde la vigilia estuvieron expuestas a la veneración de los fieles. Sin embargo, por una causa justa, se pueden colocar, antes de comenzar el rito, en un lugar apropiado del presbiterio en medio de cirios encendidos.

33.

Durante la procesión se canta la antífona:

Míranos, Señor, protector nuestro, y contempla el rostro de tu Ungido; porque vale más un día en tu casa que mil lejos de ella (T.P. Aleluya).

O bien: Subiré al altar del Señor, cantando mi alegría. Con el Salmo 42, u otro canto adecuado.

Salmo 42

Júzgame, Señor, y defiende mi causa contra la gente sin piedad; líbrame del hombre falso y perverso. Sí tú eres mi Dios y mi fortaleza, ¿por qué me rechazas? ¿Por qué tendré que estar triste, oprimido por mi enemigo? Ant. Envíame tu luz y tu verdad: que ellas me encaminen y me guíen a tu santa Montaña hasta el lugar donde habitas. Y llegaré al altar de Dios, el Dios que es la alegría de mi vida; y te daré gracias con la cítara Señor, Dios mío. Ant. ¿Por qué te deprimes, alma mía? ¿Por qué te inquietas? Espera en Dios, y yo volveré a darle gracias,

Page 67: Ritual de Dedicación de Iglesias

a él, que es mi salvador y mi Dios. Ant.

34.

Cuando la procesión llega al presbiterio, las reliquias de los Santos se colocan en un lugar apropiado, en medio de cirios encendidos. Los presbíteros concelebrantes, los diáconos y ministros ocupan sus respectivos lugares en el presbiterio. El Obispo, omitido el beso del altar, se dirige a la cátedra. Luego, el báculo y la mitra, saluda al pueblo, diciendo:

La gracia y la paz esté con todos ustedes en la Iglesia santa de Dios.

O con otras palabras adecuadas tomadas con preferencia de la Sagrada Escritura. El pueblo responde: Y con tu espíritu. U otras palabras adecuadas.

Bendición del agua y aspersión

35.

Terminado el rito de entrada, el Obispo bendice el agua para rociar al pueblo en señal de penitencia y en recuerdo del bautismo, y para purificar el altar. Los ministros llevan el calderillo con el agua al Obispo que está de pie en la cátedra. El Obispo invita a todos a orar con estas u otras palabras semejantes:

Queridísimos hermanos: con alegría nos hemos reunido aquí para dedicar un nuevo altar, con la celebración del Sacrificio del Señor. Participemos con atención en estos sagrados ritos, oyendo con fe la Palabra de Dios, y, participando con gozo de la mesa del Señor, levantemos nuestros corazones hacia la santa esperanza. Al congregarnos junto al único altar nos acercamos a Cristo, la piedra viva, en quien somos edificados como un templo santo. Pero en primer lugar supliquemos a Dios humildemente, que se digne bendecir esta agua, con la cual seremos rociados en señal de penitencia y en recuerdo del bautismo, y para purificar el nuevo altar. Y todos oran en silencio, por unos instantes. Luego, el Obispo dice:

Dios nuestro, por quien toda creatura ve la luz de la vida,

Page 68: Ritual de Dedicación de Iglesias

de tal modo amas al hombre que no sólo lo alimentas con cuidados paternales, sino que también lo purificas del pecado con el rocío de la caridad y lo guías constantemente hacia Cristo, nuestra Cabeza: Tú estableciste con un designio misericordioso que los que descendieran como pecadores a las aguas del bautismo, habiendo muerto con Cristo, resucitaran inocentes, se hicieran sus miembros y coherederos del premio eterno. Santifica con tu bendición esta agua, para que, rociada sobre nosotros y sobre este nuevo altar, sea una señal de aquel lavado salvífico por el cual, purificados en Cristo, nos convertimos en templo de tu Espíritu; a nosotros y a todos nuestros hermanos que celebrarán en esta iglesia los divinos misterios, concédenos llegar a la Jerusalén celestial. Por Cristo nuestro Señor. Todos: Amén.

36.

Terminada la invocación sobre el agua, el Obispo, acompañado por los diáconos, rocía al pueblo pasando por la nave de la iglesia y, de regreso al presbiterio rocía el altar. Mientras tanto se canta la antífona:

Vi el agua que salía del templo del lado derecho, aleluya; y se salvaron todos a los que llegó esta agua, y dirán: Aleluya, aleluya.

O en tiempo de Cuaresma: Cuando sea santificado en ustedes, los congregaré de todos los países, y derramaré sobre ustedes un agua pura, y serán purificados de todas sus iniquidades; y les daré un espíritu nuevo. U otro canto adecuado.

37.

Después de la aspersión, el Obispo vuelve a la cátedra y, terminado el canto, de pie, con las manos juntas, dice:

Dios, Padre misericordioso, a quien dedicamos este nuevo altar en la tierra, nos conceda la remisión de los pecados

Page 69: Ritual de Dedicación de Iglesias

y ofrecerle eternamente el sacrificio de alabanza en su altar del cielo. Todos: Amén.

Himno y oración colecta

38.

Luego, excepto en tiempo de Adviento o de Cuaresma, se dice el himno Gloria a Dios en el cielo.

39.

Terminado el himno, el Obispo, con las manos juntas, dice: Oremos.

Y todos oran en silencio, por unos instantes. Luego, el Obispo, con las manos extendidas, dice:

Señor y Padre nuestro, que quisiste atraer todas las cosas hacia tu Hijo elevado en el altar de la cruz, derrama tu gracia celestial sobre los fieles que te dedican la mesa de este altar; concédeles siempre el alimento que necesitan para que puedan crecer como pueblo a ti consagrado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Todos: Amén.

Segunda Parte. Liturgia de la palabra

40.

En la Liturgia de la Palabra todo se hace de la manera acostumbrada. Las Lecturas y el Evangelio se tomarán, de acuerdo con las rúbricas, de los textos que se proponen en el Leccionario Santoral y Misas diversas para el rito de la dedicación del altar, o de la Misa del día.

41.

Después del Evangelio, el Obispo tiene la homilía, en la que ilustra los textos bíblicos y el sentido de la dedicación de la iglesia.

42.

Siempre se dice el Credo. Se omite la oración de los fieles, ya que en su lugar se cantan las Letanías de los Santos.

Page 70: Ritual de Dedicación de Iglesias

Tercera Parte. Plegaria de la dedicación y unciones

Letanías de los Santos

43.

Luego, el Obispo invita al pueblo a orar con estas u otras palabras semejantes:

Queridísimos hermanos: oremos a Dios, Padre todopoderoso, por Jesucristo a quien se asocian todos los Santos, partícipes de su pasión y comensales de su mesa.

44.

Se cantan entonces las Letanías de los Santos a las que todos responden; esto se realiza estando todos de pie si es un día domingo o durante el tiempo pascual; en los demás días, de rodillas. En este caso el diácono dice: Nos ponemos de rodillas.

45.

En las Letanías, en el lugar correspondiente, se agregan las invocaciones del Titular de la iglesia, del Patrono del lugar y, si es el caso, de los Santos cuyas reliquias se colocarán debajo del altar. Se pueden añadir también otras peticiones que tengan en cuenta la peculiar naturaleza del rito y la condición de los fieles. Los nombres de los Santos puestos entre paréntesis, oportunamente se omiten cuando las Letanías son cantadas.

Señor, ten piedad de nosotros Señor, ten piedad de nosotros Cristo, ten piedad de nosotros Cristo, ten piedad de nosotros Señor, ten piedad de nosotros Señor, ten piedad de nosotros Santa María, Madre de Dios ruega por nosotros San Miguel ruega por nosotros Santos Ángeles de Dios ruegen por nosotros San Juan Bautista ruega por nosotros San José ruega por nosotros Santos Pedro y Pablo ruegen por nosotros San Andrés ruega por nosotros San Juan ruega por nosotros Santa María Magdalena ruega por nosotros San Esteban ruega por nosotros San Ignacio de Antioquía ruega por nosotros San Lorenzo ruega por nosotros Santas Perpetua y Felicidad ruegen por nosotros Santa Inés ruega por nosotros San Gregorio ruega por nosotros San Agustín ruega por nosotros San Atanasio ruega por nosotros San Basilio ruega por nosotros San Martín ruega por nosotros San Benito ruega por nosotros

Page 71: Ritual de Dedicación de Iglesias

Santos Francisco y Domingo ruegen por nosotros San Francisco Javier ruega por nosotros San Juan María Vianney ruega por nosotros Santa Catalina de Siena ruega por nosotros Santa Teresa de Jesús ruega por nosotros Todos los Santos y Santas de Dios ruegen por nosotros Por tu bondad líbranos, Señor De todo mal líbranos, Señor De todo pecado líbranos, Señor De la muerte eterna líbranos, Señor Por el misterio de tu Encarnación líbranos, Señor Por tu muerte y tu resurrección líbranos, Señor Por la venida del Espíritu Santo líbranos, Señor Nosotros, que somos pecadores, te pedimos escúchanos, Señor Para que gobiernes y conserves a tu santa Iglesia escúchanos, Señor Para que conserves en tu santo servicio al Papa y a todos los miembros del clero escúchanos, Señor Para que concedas la paz y la concordia a todos los pueblos escúchanos, Señor Para que nos sostengas con tu ayuda y nos conserves en tu santo servicio escúchanos, Señor Para que consagres este altar escúchanos, Señor Jesús, Hijo del Dios vivo escúchanos, Señor Cristo, óyenos Cristo, óyenos Cristo, escúchanos Cristo, escúchanos

46.

Terminadas las Letanías, el Obispo, de pie, con las manos extendidas, dice:

Señor, te rogamos por la intercesión de la Virgen María y de todos los Santos, que recibas benignamente nuestras súplicas, para que este altar se convierta en el lugar donde se celebren los más grandes misterios de la salvación, y tu pueblo te ofrezca sus dones, manifieste sus deseos, ore confiadamente y exprese todos los sentimientos de la religión y la piedad. Por Cristo nuestro Señor. Todos: Amén.

El diácono, si es el caso, dice: Nos ponemos de pie.

Y todos se levantan. El Obispo vuelve a ponerse la mitra.

Page 72: Ritual de Dedicación de Iglesias

CUANDO NO SE HAN DE COLOCAR LAS RELIQUIAS DE LOS SANTOS, el Obispo dice en seguida la Plegaria de la dedicación, como se indica en el n. 48.

Colocación de las reliquias

47.

Si se han de colocar reliquias de Mártires o de otros Santos, debajo del altar, el Obispo se acerca al mismo. Un diácono o un presbítero lleva las reliquias al Obispo, quien las coloca en el sepulcro oportunamente preparado. Entre tanto se canta la antífona:

Santos de Dios, que han recibido un lugar debajo del altar: intercedan por nosotros ante el Señor Jesucristo.

O bien: Los cuerpos de los Santos fueron sepultados en paz y sus nombres viven eternamente (T.P. Aleluya). Con el Salmo 14, u otro canto adecuado.

Salmo 14

Señor, ¿quién se hospedará en tu carpa? ¿quién habitará en tu santa montaña? Ant. El que procede rectamente y practica la justicia: el que dice la verdad de corazón y no calumnia con su lengua. El que no hace mal a su prójimo ni agravia a su vecino. Ant. El que no estima a quien Dios reprueba y honra a los que temen al Señor. El que no se retracta de lo que juró, aunque salga perjudicado; el que no presta su dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que procede así, nunca vacilará. Ant. Mientras tanto, un albañil cierra el sepulcro. El Obispo vuelve a la cátedra.

Plegaria de la dedicación

48.

Luego, el Obispo, de pie, sin mitra, junto al altar, con las manos extendidas, en voz alta dice:

Te glorificamos, Señor, y te bendecimos porque, por el inefable misterio de tu amor, estableciste que, habiendo cesado las diversas figuras, el misterio del altar llegara a su plenitud en Cristo.

Page 73: Ritual de Dedicación de Iglesias

En efecto, Noé, el segundo fundador del género humano, aplacadas las aguas del diluvio, te erigió un altar y ofreció un sacrificio que tú, Padre, aceptaste como una suave fragancia, renovando la alianza de amor con los hombres. Abraham, padre de nuestra fe, creyendo de todo corazón en tu palabra, levantó un altar para complacerte, no perdonando a Isaac, su hijo amado. También Moisés, mediador de la antigua Ley, edificó un altar que, rociado con la sangre del cordero, prefiguró místicamente el ara de la cruz. Todo lo cual fue llevado a su plenitud por Cristo en su Misterio Pascual: él, sacerdote y víctima, subiendo al árbol de la cruz, se entregó a ti, Padre, como ofrenda pura para borrar los pecados de todo el mundo y proclamar la nueva y eterna alianza contigo. Por eso, Señor, te rogamos humildemente: derrama la santificación celestial sobre este altar edificado en el templo de tu Iglesia, para que se convierta en el ara perpetuamente consagrada al sacrificio de Cristo y sea la mesa del Señor donde tu pueblo se alimente en el divino banquete. Esta piedra labrada sea para nosotros un símbolo de Cristo, Si el altar a dedicar no es de piedra, se dice: (Este altar sea para nosotros un símbolo de Cristo,) de cuyo costado herido brotó sangre y agua, fuente de los sacramentos de la Iglesia. Sea la mesa festiva a la que acudan felices los invitados de Cristo, para que, descargados en ti sus afanes y fatigas, reciban nuevo vigor espiritual para reemprender el camino. Sea el lugar de íntima comunión y paz contigo, para que los que se alimentan con el cuerpo y la sangre de tu Hijo, penetrados por su Espíritu, crezcan en tu amor. Sea la fuente de la unidad de la Iglesia y de concordia entre hermanos, a la cual se acerquen tus fieles con un solo corazón y beban el espíritu de la mutua caridad. Sea el centro de nuestra alabanza y acción de gracias, hasta que lleguemos jubilosos

Page 74: Ritual de Dedicación de Iglesias

a las moradas eternas donde te ofrezcamos el sacrificio de alabanza perenne con Cristo, Sumo Pontífice y altar vivo. Que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Todos: Amén.

Unción del altar

49.

Luego, el Obispo, si es necesario, se quita la casulla, y tomando un gremial, se acerca al altar con el diácono u otro ministro que lleva la crismera.

El Obispo, de pie, ante el altar, en voz alta dice:

El Señor santifique con su poder este altar que ungimos por nuestro ministerio, para que exprese visiblemente el misterio de Cristo que se ofreció al Padre para vida del mundo. Luego, vierte el santo Crisma en el medio y en los cuatro ángulos del altar, siendo conveniente ungir toda la mesa.

50.

Mientras se realiza la unción, se canta, excepto en el tiempo pascual (cf. n. 51), la antífona:

El Señor, Dios, tu Dios, te ha ungido con óleo de alegría entre todos tus compañeros. Con el Salmo 44 u otro canto adecuado.

Salmo 44

Me brota del corazón un hermoso poema, yo dedico mis versos al rey: mi lengua es como la pluma de un hábil escribiente. Ant. Tú eres hermoso, el más hermoso de los hombres; la gracia se derramó sobre tus labios, porque el Señor te ha bendecido para siempre. Ant. Cíñete, guerrero, la espada a la cintura; con gloria y majestad, avanza triunfalmente; cabalga en defensa de la verdad y de la justicia.

Page 75: Ritual de Dedicación de Iglesias

Tu mano hace justicia y tu derecha, proezas; tus flechas son punzantes, se te rinden los pueblos y caen desfallecidos los rivales del rey. Ant. Tu trono, como el de Dios, permanece para siempre; el cetro de tu realeza es un cetro justiciero: tú amas la justicia y odias la iniquidad. Por eso el Señor, tu Dios, prefiriéndote a tus iguales, te consagró con óleo de alegría. Ant.

51.

En el tiempo pascual se canta la antífona:

La piedra que rechazaron los constructores se ha convertido en piedra angular, aleluya. Con el Salmo 117 u otro canto adecuado.

Salmo 117

¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor! La mano del Señor hace proezas, la mano del Señor es sublime, la mano del Señor hace proezas. No, no moriré: viviré para publicar lo que hizo el Señor. El Señor me castigó duramente, pero no me entregó a la muerte. Ant. Yo te doy gracias porque me escuchaste y fuiste mi salvación. La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esto ha sido hecho por el Señor y es admirable a nuestros ojos. Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él. Ant. Sálvanos, Señor, asegúranos la prosperidad. ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! Nosotros te bendecimos desde la Casa del Señor: el Señor es Dios, y él nos ilumina. "Ordenen una procesión con ramas frondosas hasta los ángulos del altar". Ant.

52.

Terminada la unción del altar, el Obispo vuelve a la cátedra, se sienta, se lava las manos y deja el gremial.

Page 76: Ritual de Dedicación de Iglesias

Incensación del altar

53.

Después del rito de la unción, se pone sobre el altar un braserillo para quemar incienso o aromas, o, si se prefiere, se pone sobre el altar incienso mezclado con cerillas. El Obispo echa incienso en el braserillo o con un cirio pequeño, que le alcanza un ministro, enciende el incienso, diciendo:

Suba, Señor, nuestra oración, como el incienso en tu presencia y, así como esta casa se llena de suave perfume, así tu Iglesia expanda la fragancia de Cristo. Entonces, el Obispo echa incienso en los incensarios e inciensa el altar. Luego, vuelve a la cátedra, es incensado y se sienta. Un ministro inciensa al pueblo. Mientras tanto se canta la antífona:

El humo del incienso subió a la presencia del Señor, de mano del ángel.

O bien: El ángel se puso de pie junto al ara del templo, llevando un incensario de oro en su mano. Con el Salmo 137 u otro canto adecuado.

Salmo 137

Te doy gracias, Señor, de todo corazón, te cantaré en presencia de los ángeles. Me postraré ante tu santo Templo y daré gracias a tu nombre por tu amor y tu fidelidad, porque tu promesa ha superado tu renombre. Ant. Me respondiste cada vez que te invoqué y aumentaste la fuerza de mi alma. Que los reyes de la tierra te bendigan al oír las palabras de tu boca, y canten los designios del Señor, porque la gloria del Señor es grande. El Señor está en las alturas, pero se fija en el humilde y reconoce al orgulloso desde lejos. Ant.

Page 77: Ritual de Dedicación de Iglesias

Revestimiento e iluminación del altar

54.

Terminada la incensación, algunos ministros limpian con toallas la mesa del altar y, si es el caso, lo cubren con una tela impermeable; luego, lo cubren con el mantel y lo adornan, si es oportuno, con flores; colocan adecuadamente los candeleros con los cirios requeridos para la celebración de la Misa y, si corresponde, también la cruz.

55.

Después, el diácono se acerca al Obispo, el cual, de pie, le entrega un pequeño cirio encendido, diciendo en voz alta:

La luz de Cristo ilumine la mesa del altar y brillen con ella los comensales de la Cena del Señor. El Obispo se sienta. El diácono va al altar y enciende los cirios para la celebración de la Eucaristía.

56.

Entonces se hace una iluminación festiva: se encienden todas las luces que están alrededor del altar en señal de alegría. Mientras tanto se canta la antífona:

En ti, Señor, está la fuente de la vida, y en tu luz veremos la luz.

U otro canto adecuado, especialmente en honor de Cristo, luz del mundo.

Cuarta Parte. Liturgia de la Eucaristía

57.

Los diáconos y los ministros preparan el altar como de costumbre. Algunos fieles llevan el pan, el vino y el agua para el sacrificio del Señor. El Obispo recibe las ofrendas en la cátedra. Mientras se preparan las ofrendas, puede cantarse la antífona:

Si al ofrecer tus dones en el altar, te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar, y vé primero a reconciliarte con tu hermano; y luego vuelve a ofrecer tu don, aleluya.

O bien: Moisés santificó el altar para el Señor, ofreciendo sobre él holocaustos e inmolando víctimas; ofreció un sacrificio vespertino de suave perfume al Señor Dios, ante los hijos de Israel. U otro canto adecuado.

Page 78: Ritual de Dedicación de Iglesias

58.

Cuando todo está preparado, el Obispo va al altar y, dejada la mitra, lo besa. La Misa continúa como de costumbre, pero no se inciensan ni las ofrendas ni el altar.

59.

Oración sobre las ofrendas

Señor y Dios nuestro: haz que descienda sobre este altar tu Espíritu Santo, para que santifique los dones de tu pueblo y purifique los corazones de quienes los vamos a recibir. Por Jesucristo, nuestro Señor. Todos: Amén.

60.

Se dice la Plegaria eucarística I o III con este Prefacio que está íntimamente ligado con el rito de la dedicación del altar:

V. El Señor esté con ustedes. R. Y con tu espíritu. V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario.

Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.

Él mismo, verdadero sacerdote y verdadera víctima nos mandó celebrar continuamente el memorial del sacrificio que te ofreció en el altar de la cruz. Por eso tu pueblo ha erigido este altar que hoy, lleno de júbilo, te dedicamos.

Éste es, en verdad, el lugar santo donde se ofrece incesantemente el sacrificio de Cristo, se te tributa una alabanza perfecta y se lleva a cabo nuestra redención.

Ésta es la mesa en la que tus hijos,

Page 79: Ritual de Dedicación de Iglesias

alimentados con el Cuerpo de Cristo, son incorporados a la unidad de tu Iglesia santa.

Aquí los fieles beben tu Espíritu en las aguas que brotan de la roca espiritual que es Cristo, por quien son transformados en ofrenda santa y altar vivo.

Por eso, con los ángeles y los santos cantamos sin cesar, el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...

61.

Mientras el Obispo comulga con el cuerpo de Cristo, se comienza el canto de la comunión. Se canta la antífona:

El pájaro encontró su casa y la tórtola un nido donde poner sus pichones. Tus altares, Señor todopoderoso, Rey mío y Dios mío: felices los que habitan en tu casa, te alabarán eternamente.

O bien: Como brotes de olivo, en torno a tu mesa, Señor, así son los hijos de la Iglesia (T.P. Aleluya). Con el Salmo 127 u otro canto adecuado:

Salmo 127

¡Feliz el que teme al Señor y sigue sus caminos! Ant. Comerás del fruto de tu trabajo, serás feliz y todo te irá bien. Tu esposa será como una vid fecunda en el seno de tu hogar; tus hijos, como retoños de olivo alrededor de tu mesa. Ant. ¡Así será bendecido el hombre que teme al Señor! ¡Que el Señor te bendiga desde Sión todos los días de tu vida: que contemples la paz de Jerusalén y veas a los hijos de tus hijos! ¡Paz a Israel! Ant.

Page 80: Ritual de Dedicación de Iglesias

62.

Oración después de la comunión

Oremos.

Concédenos, Señor, permanecer siempre junto a tu altar donde se celebra el misterio del sacrificio de tu Hijo, para que, unidos por la fe y la caridad, mientras nos alimentamos de Cristo nos asimilemos cada vez más a él. Que vive y reina por los siglos de los siglos. Todos: Amén.

Bendición y despedida

63.

El Obispo, con mitra, dice:

El Señor esté con ustedes. El pueblo responde: Y con tu espíritu.

Luego, el diácono, si se juzga oportuno, invita al pueblo a recibir la bendición, con estas u otras palabras semejantes:

Inclínense para recibir la bendición.

Entonces, el Obispo, con las manos extendidas sobre el pueblo, lo bendice, diciendo:

Dios, que los ha enriquecido con el sacerdocio real de los bautizados, les conceda cumplir santamente sus responsabilidades y así puedan participar con dignidad del sacrificio de Cristo. Todos: Amén.

El Obispo:

Él, que los congrega en una única mesa y los alimenta con un único pan, haga de ustedes un solo corazón y una sola alma. Todos: Amén.

Page 81: Ritual de Dedicación de Iglesias

El Obispo:

Y que él mismo les conceda ganar para Cristo, a través del ejemplo del amor sincero, a quienes ustedes anuncien el Evangelio. Todos: Amén.

El Obispo toma el báculo y prosigue:

Los bendiga Dios todopoderoso, el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo. Todos: Amén.

64.

Luego, el diácono despide al pueblo como de costumbre.

V. Ritual de la bendición de una Iglesia

Notas Preliminares

1.

Es conveniente que los sagrados templos o iglesias que son destinadas de modo estable a la celebración de los sagrados misterios, sean dedicados a Dios según el Ritual de la dedicación de una iglesia, desarrollado en los capítulos II y III, el cual se destaca por la fuerza de los ritos y símbolos.

Sin embargo, es conveniente que los oratorios, las capillas o templos sagrados que por razones peculiares son destinados temporariamente al culto divino, sean bendecidos según el Ritual que se describe a continuación.

2.

En lo que respecta al ordenamiento litúrgico, a la elección del titular y a la preparación pastoral de los fieles, obsérvense aquellas prescripciones que fueron señaladas en las Notas preliminares del Ritual de la dedicación de una iglesia, en el capítulo II, nn. 4-5, 7, 20, convenientemente adaptadas, cuando fuera el caso.

3.

La iglesia o el oratorio se pueden bendecir cualquier día, fuera del triduo pascual; sin embargo, elíjase especialmente un día en que sea posible la concurrencia de gran número de fieles, sobre todo en domingo, a no ser que razones pastorales aconsejen otra cosa.

4.

En los días señalados en la Lista de días litúrgicos, en los números 1-4, se celebra la Misa del día; en otros se puede celebrar la Misa del día o la del Titular de la iglesia u oratorio.

Page 82: Ritual de Dedicación de Iglesias

5.

Para el rito de la bendición de una iglesia u oratorio prepárense todas aquellas cosas que se requieren para la celebración de la Misa. El altar, aunque ya estuviera bendito o dedicado, debe permanecer desnudo hasta el comienzo de la Liturgia de la Eucaristía. Además, en un lugar adecuado del presbiterio, deben prepararse:

-el calderillo con agua y el aspersorio; el incensario con la naveta del incienso y la cucharita; - el Pontifical Romano; - la cruz del altar, a no ser que ya haya una cruz en el presbiterio, o que la cruz que se lleva en la procesión de entrada se coloque luego cerca del altar; - el mantel, los cirios, los candeleros y, si es el caso, flores.

6.

Si, junto con la bendición de la iglesia, se ha de dedicar el altar, prepárense aquellas cosas que se indican en el capítulo IV, n. 27, y en el n. 29 si se han de colocar debajo del altar las reliquias de los Santos.

7.

En la Misa de la bendición de la iglesia se usarán ornamentos de color blanco o festivo. Prepárense: - para el Obispo: alba, estola, casulla, mitra, báculo; - (para el presbítero: ornamentos para la Misa); - para los presbíteros concelebrantes: ornamentos para la concelebración de la Misa; - para los diáconos: albas, estolas, dalmáticas; - para los demás ministros: albas u otras vestiduras legítimamente aprobadas.

Primera Parte. Ritos iniciales

Entrada En La Iglesia

8.

Reunido el pueblo, el Obispo y los presbíteros concelebrantes, los diáconos y los ministros, revestidos con sus vestiduras litúrgicas propias, salen de la sacristía precedidos por la cruz procesional, y se dirigen al presbiterio por la nave de la iglesia.

Cuando la procesión llega al presbiterio, el Obispo, omitido el beso del altar y su incensación, se dirige a la cátedra; los demás ocupan sus respectivos lugares en el presbiterio.

9.

Terminado el canto, el Obispo, dejando el báculo y la mitra, saluda al pueblo, diciendo:

La gracia y la paz esté con todos ustedes en la Iglesia santa de Dios. U otras palabras adecuadas tomadas con preferencia de la Sagrada Escritura. El pueblo responde:

Y con tu espíritu. U otras palabras adecuadas.

Page 83: Ritual de Dedicación de Iglesias

Bendición del agua y aspersión

10.

Luego, el Obispo bendice el agua para rociar al pueblo en señal de penitencia y en recuerdo del bautismo, y para purificar las paredes del nuevo oratorio o iglesia. Los ministros llevan el calderillo con el agua al Obispo que está de pie en la cátedra. El Obispo invita a todos a orar con estas u otras palabras semejantes:

Queridísimos hermanos: nos hemos reunido aquí para ofrecer a Dios esta nueva iglesia; roguémosle humildemente que se digne acompañarnos con su gracia y con su poder bendiga esta agua, con la que seremos rociados en señal de penitencia y en recuerdo del bautismo, y con la cual serán purificadas las paredes de la iglesia. Pero, ante todo, tengamos presente que nosotros, reunidos por la fe y la caridad, somos la Iglesia viva, puesta en el mundo como signo y testimonio del amor con el que Dios ama a todos los hombres.

11.

Y todos oran en silencio, por unos instantes. Luego, el Obispo continúa:

Dios nuestro, por quien toda creatura ve la luz de la vida, de tal modo amas al hombre que no sólo lo alimentas con cuidados paternales, sino que también lo purificas del pecado con el rocío de la caridad y lo guías constantemente hacia Cristo, nuestra Cabeza: Tú estableciste con un designio misericordioso que los que descendieran como pecadores a las aguas del bautismo, habiendo muerto con Cristo, resucitaran inocentes, se hicieran sus miembros y coherederos del premio eterno. Santifica con tu bendición esta agua, para que, rociada sobre nosotros y estas paredes, sea una señal de aquel lavado salvífico por el cual, purificados en Cristo, nos convertimos en templo de tu Espíritu; a nosotros y a todos nuestros hermanos que celebrarán en esta iglesia los divinos misterios, concédenos llegar a la Jerusalén celestial.

Page 84: Ritual de Dedicación de Iglesias

Por Cristo nuestro Señor. Todos: Amén.

12.

Terminada la invocación sobre el agua, el Obispo, acompañado por los diáconos, rocía con agua bendita al pueblo y las paredes, pasando por la nave de la iglesia y, vuelto al presbiterio, rocía el altar. Mientras tanto se canta la antífona:

Vi el agua que salía del templo del lado derecho, aleluya; y se salvaron todos a los que llegó esta agua, y dirán: Aleluya, aleluya.

O, en tiempo de Cuaresma: Cuando sea santificado en ustedes, los congregaré de todos los países, y derramaré sobre ustedes un agua pura, y serán purificados de todas sus iniquidades; y les daré un espíritu nuevo. U otro canto adecuado.

13.

Después de la aspersión, el Obispo vuelve a la cátedra y, terminado el canto, de pie, con las manos juntas, dice:

Dios, Padre misericordioso, esté presente en esta Casa de oración y, con la gracia del Espíritu Santo purifique a quienes somos templo donde habita. Todos: Amén.

Himno y oración colecta

14.

Luego, excepto en los domingos o ferias de Adviento y Cuaresma, se canta el himno Gloria a Dios en el cielo.

15.

Terminado el himno, el Obispo, con las manos juntas, dice:

Oremos. Y todos oran en silencio, por unos instantes. Luego, el Obispo, con las manos extendidas, dice esta oración, excepto en los días señalados con los números 1 a 4 en la Lista de los días litúrgicos:

Page 85: Ritual de Dedicación de Iglesias

Envía tu bendición, Señor, sobre esta iglesia

que nos concediste edificar, y concede que todos los fieles que aquí se congregarán, escuchando tu palabra y celebrando los sagrados misterios, experimenten la presencia de Cristo, quien prometió estar presente en medio de todos los que se reunieran en su nombre. Él que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Todos: Amén.

Segunda Parte. Liturgia de la palabra

16.

Las Lecturas se toman, de acuerdo con las rúbricas (cf. n. 4), de la liturgia del día o de los textos que se proponen en el Leccionario Santoral y Misas diversas para el Rito de la dedicación de una iglesia.

17.

Para el Evangelio no se llevan ciriales ni incienso.

18.

Después del Evangelio, el Obispo tiene la homilía, en la que ilustra los textos bíblicos y el sentido del rito.

19.

Terminada la homilía se dice el Credo, y se hace la oración de los fieles del modo acostumbrado.

Tercera Parte. Bendición del altar

20.

Luego, el Obispo se acerca al altar que ha de ser bendecido. Mientras tanto se canta la antífona:

Como brotes de olivo en torno a tu mesa, Señor, así son los hijos de la Iglesia (T.P. Aleluya).

U otro canto adecuado.

21.

Terminado el canto, el Obispo, de pie, sin mitra, exhorta a los fieles con estas u otras palabras semejantes:

Page 86: Ritual de Dedicación de Iglesias

Queridísimos hermanos: nuestra comunidad, llena de gozo, se ha reunido para la bendición de este altar. Participemos de este rito con toda atención y roguemos a Dios que mire con bondad la ofrenda de la Iglesia que pondremos sobre el altar, y a su Pueblo, como ofrenda suya permanente, lo haga llegar a la perfección.

Y todos oran en silencio, por unos instantes. Luego el Obispo, con las manos extendidas, en voz alta, dice:

Bendito seas, Señor, que aceptaste el sacrificio de Cristo ofrecido en el altar de la cruz para la redención del género humano, y que congregas a tu pueblo con amor fraternal para celebrar su memorial en torno a la mesa del Señor. Mira, Señor, este altar que hemos preparado para celebrar tus sagrados misterios: sea el centro de nuestra alabanza y acción de gracias, sea el ara donde ofrezcamos sacramentalmente el sacrificio de Cristo; sea la mesa en que partimos el pan de vida y bebamos el cáliz de la unidad; sea la fuente de la cual mane siempre para nosotros el agua de salvación; para que, acercándonos a Cristo, la piedra viva, crezcamos en él como un templo santo y, para alabanza de tu gloria, ofrezcamos sobre el altar del corazón el sacrificio grato y aceptable de nuestra vida santa. Todos: Bendito seas por siempre, Señor. Entonces el Obispo echa incienso en el incensario e inciensa el altar. Luego, con mitra, vuelve a la cátedra, es incensado y se sienta. Los ministros, pasando por la iglesia, inciensan al pueblo y la nave de la iglesia.

22.

Si el altar ha de ser dedicado, dicho el Credo y omitida la oración de los fieles, se observará lo establecido en el capítulo IV, nn. 43-56.

Page 87: Ritual de Dedicación de Iglesias

Si el altar no se bendice ni se dedica (p. ej.: porque se ha trasladado a la nueva iglesia un altar ya bendecido o dedicado), después de la oración de los fieles la Misa continúa como se indica en el n. 23.

Cuarta Parte. Liturgia de la Eucaristía

23.

Los ministros cubren el altar con el mantel y, si corresponde, lo adornan con flores; colocan adecuadamente los candeleros con los cirios requeridos para la celebración de la Misa y, si es el caso, también la cruz.

24.

Preparado el altar, algunos fieles llevan el pan, el vino y el agua para el sacrificio del Señor. El Obispo recibe las ofrendas en la cátedra. Mientras se preparan las ofrendas, puede cantarse la antífona:

Si al ofrecer tus dones en el altar, te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar, y vé primero a reconciliarte con tu hermano; y luego vuelve a ofrecer tu don, aleluya. O bien: Moisés santificó el altar para el Señor, ofreciendo sobre él holocaustos e inmolando víctimas; ofreció un sacrificio vespertino de suave perfume al Señor Dios, ante los hijos de Israel. U otro canto adecuado.

25.

Cuando todo está preparado, el Obispo va al altar y, dejada la mitra, lo besa. La Misa continúa como de costumbre, pero no se inciensan ni las ofrendas ni el altar. Pero, si el altar no ha sido bendecido ni dedicado en esta celebración, la incensación se hace como de costumbre.

26.

Si se ha de inaugurar la capilla del Santísimo Sacramento, terminada la comunión de los fieles, todo se realiza de acuerdo con lo indicado en el capítulo II, nn. 79-82.

Bendición y despedida

27.

El Obispo, con mitra, dice:

El Señor esté con ustedes. El pueblo responde: Y con tu espíritu.

Page 88: Ritual de Dedicación de Iglesias

Luego, el diácono, si se juzga oportuno, invita al pueblo a recibir la bendición, con estas u otras palabras semejantes: Inclínense para recibir la bendición.

Entonces, el Obispo, con las manos extendidas sobre el pueblo, lo bendice, diciendo:

Dios, Señor del cielo y de la tierra, que los ha congregado para la bendición de esta casa, los haga abundar en bendiciones celestiales. Todos: Amén.

El Obispo:

Ya que quiso reunir en su Hijo a todos sus hijos dispersos por el mundo, haga de ustedes templo suyo y morada del Espíritu Santo. Todos: Amén.

El Obispo:

De modo que, felizmente purificados, Dios habite en ustedes y posean con todos los Santos la herencia de la eterna felicidad. Todos: Amén.

El Obispo toma el báculo y prosigue:

Los bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Todos: Amén.

28.

Finalmente, el diácono despide al pueblo como de costumbre.

Page 89: Ritual de Dedicación de Iglesias

VI. Ritual de la bendición de un altar móvil

Notas Preliminares

1.

"El altar se llama fijo cuando se construye de tal modo que esté adherido al suelo, y por tanto no se puede mover; móvil si se puede trasladar". El altar fijo debe ser dedicado según el rito descripto en el capítulo IV. Pero el altar móvil también debe ser honrado, por ser la mesa destinada única y establemente al banquete eucarístico. Es conveniente, por tanto, que antes de ser utilizado, si no ha de ser dedicado, que sea bendecido según el rito que se describe a continuación.

2.

El altar móvil se puede construir con cualquier material sólido, adecuado al uso litúrgico, según las tradiciones y costumbres de las diversas regiones.

3.

Para la erección de un altar móvil obsérvese, con las debidas adaptaciones, lo establecido en las Notas preliminares del Ritual de la dedicación de un altar (capítulo IV, nn. 6-10). Pero no está permitido colocar en su base reliquias de Santos.

4.

Conviene que sea el Obispo de la diócesis o el presbítero rector de la iglesia el que bendiga el altar móvil.

5.

El altar móvil puede bendecirse en cualquier día, excepto el viernes de la Pasión del Señor y el Sábado Santo; elíjase un día en que sea posible gran concurrencia de fieles, sobre todo el día domingo, a no ser que razones pastorales aconsejen otra cosa.

6.

En el rito de bendición de un altar móvil se dice la Misa del día.

7.

Hasta el comienzo de la Liturgia de la Eucaristía, el altar estará completamente desnudo. Por eso, la cruz, si es el caso, el mantel, los cirios y las demás cosas necesarias se prepararán en un lugar adecuado del presbiterio.

Ritual de la bendición

8.

En la Misa todo se hace como de costumbre. Terminada la oración de los fieles, el Obispo se acerca al altar para bendecirlo. Mientras tanto se canta la antífona:

Como brotes de olivo en torno a tu mesa, Señor, así son los hijos de la Iglesia (T.P. Aleluya).

9.

Después, el Obispo, de pie, sin mitra, exhorta a los fieles con estas u otras palabras semejantes:

Page 90: Ritual de Dedicación de Iglesias

Queridísimos hermanos: nuestra comunidad, llena de gozo, se ha reunido para la bendición de este altar. Participemos de este rito con toda atención y roguemos a Dios que mire con bondad la ofrenda de la Iglesia que pondremos sobre el altar, y a su Pueblo, como ofrenda suya permanente, lo haga llegar a la perfección. Y todos oran en silencio, por unos instantes. Luego, el Obispo, con las manos extendidas, en voz alta, dice:

Bendito seas, Señor, que aceptaste el sacrificio de Cristo ofrecido en el altar de la cruz para la redención del género humano, y que congregas a tu pueblo con amor fraternal para celebrar su memorial en torno a la mesa del Señor. Mira, Señor, este altar que hemos preparado para celebrar tus sagrados misterios: sea el centro de nuestra alabanza y acción de gracias, sea el ara donde ofrezcamos sacramentalmente el sacrificio de Cristo; sea la mesa en que partimos el pan de vida y bebamos el cáliz de la unidad; sea la fuente de la cual mane siempre para nosotros el agua de salvación; para que, acercándonos a Cristo, la piedra viva, crezcamos en él como un templo santo y, para alabanza de tu gloria, ofrezcamos sobre el altar del corazón el sacrificio grato y aceptable de nuestra vida santa.

Todos: Bendito seas por siempre, Señor.

10.

Luego, el Obispo rocía el altar con agua bendita y lo inciensa. Después vuelve a la cátedra, se pone la mitra, es incensado y se sienta. Un ministro inciensa al pueblo.

11.

Los ministros cubren el altar con el mantel y, si corresponde, lo adornan con flores; colocan adecuadamente los candeleros con los cirios requeridos para la celebración de la Misa y, si es el caso, también la cruz.

Page 91: Ritual de Dedicación de Iglesias

12.

Preparado el altar, algunos fieles llevan el pan, el vino y el agua para el sacrificio del Señor. El Obispo recibe las ofrendas en la cátedra. Mientras se preparan las ofrendas, puede cantarse la antífona:

Si al ofrecer tus dones en el altar te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar, y vé primero a reconciliarte con tu hermano; y luego vuelve a ofrecer tu don, aleluya. U otro canto adecuado.

13.

Cuando todo está preparado, el Obispo va al altar y, dejada la mitra, lo besa. La Misa continúa como de costumbre, pero no se inciensan ni las ofrendas ni el altar.