Shakespeare cuenta

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Shakespeare cuenta... Charles y Mary Lamb

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    **Charles y Mary Lamb**

  • Charles y Mary Lamb Shakespeare cuenta...

    3

    ESPASA JUVENIL

    Director Editorial: Javier de Juan y Pealosa

    Editora: Nuria Esteban Snchez

    Diseo de Coleccin: Rosa Gallego y Juan Carlos Sanz

    Ilustraciones: Juan Ramn Alonso

    Espasa Calpe, S. A.

    Primera edicin: abril, 1982

    Sexta edicin: septiembre, 1996

    Depsito legal: M. 22.093-1996

    I.S.B.N.: 84-239-8860-0

    Esto es una copia de seguridad de mi libro original en papel, para mi uso

    personal. Si ha llegado a tus manos, es en calidad de prstamo, de amigo a

    amigo, y debers destruirlo una vez lo hayas ledo, no pudiendo hacer, en

    ningn caso, difusin ni uso comercial del mismo.

    Impreso en Espaa/Printed in Spain

    Impresin: Huertas, S. A.

    Editorial Espasa Calpe. S. A.

    Carretera de Irn. km 12,200. 28049 Madrid

    Edicin digital: Adrastea, Octubre 2007

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    Charles y Mary Lamb, los autores de este libro, son dos

    hermanos ingleses que nacieron en Londres en 1775 y

    1764, respectivamente. Charles fue en su poca un

    conocido escritor de ensayos y artculos y un excelente

    poeta. Tambin Marx; escribi poesa, cuentos de

    humor y una interesante autobiografa. Juntos

    adaptaron para los nios varias obras de la literatura

    universal. Sin embargo, hoy deben ms su fama a una

    adaptacin en prosa de las tragedias de Shakespeare.

    Su ttulo original es Cuentos basados en el teatro de

    Shakespeare. Siete de estas clebres obras forman el

    presente volumen. La vida de los hermanos Lamb fue

    muy desgraciada, ya que la familia padeca una locura

    hereditaria que se manifest en Mary. Esta sufri en

    1796 un ataque de locura y, al querer golpear a una

    sirvienta, mat a su madre, que se interpuso. Su

    hermano Charles demostr que estaba loca, y para

    evitar que fuera a un manicomio se comprometi a

    cuidar de ella para siempre.

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    ndice

    1 R O M E O Y J U L I E T A ................................................................................ 6

    2 E L R E Y L E A R ............................................................................................. 18

    3 O T E L O .............................................................................................................. 29

    4 M A C B E T H ...................................................................................................... 40

    5 H A M L E T .......................................................................................................... 49

    6 N O C H E D E R E Y E S ................................................................................ 60

    7 EL SUEO DE UNA NOCHE DE VERANO............................................ 70

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    1 Romeo y Julieta

    APULETOS y Montescos eran los nombres de dos familias ricas y

    principales de Verona entre las cuales existan antiguas discordias que se

    extendan a todos los parientes, amigos y criados de las dos casas, y llegaban a

    tal grado de mortal enemistad que no podan encontrarse un Capuleto y un

    Montesco sin cruzarse fieras palabras y, a veces, derramamiento de sangre. Esos

    choques eran tan frecuentes que vinieron a perturbar gravemente la plcida

    tranquilidad de Verona.

    El anciano seor Capuleto dio un baile al que fueron invitados muchos

    nobles caballeros y admiradas damas de la ciudad. Todos los que llegaban eran

    bien recibidos con tal que no fueran del otro bando.

    A esta fiesta de los Capuletos asista Rosalinda, la desdeosa amada de

    Romeo, el hijo y heredero de los Montescos. Aunque era muy peligroso para un

    Montesco ser visto en tal reunin, Benvolio, amigo de Romeo, le persuadi para

    que asistiera de mscara, as podra ver a su Rosalinda y compararla con otras

    damas, las cuales le haran pensar que su adorada Rosalinda no era perfecta.

    Poca fe tena Romeo en las palabras de Benvolio; mas, por amor a Rosalinda, se

    dej persuadir y all fue. Era Romeo un sincero y apasionado amante, de tal

    modo que por amor perdi el sueo y hua de la sociedad para pensar a solas

    en su Rosalinda, mientras ella, por su parte, le desdeaba y no corresponda a

    su amor con la ms leve seal de afecto o cortesa. Por esto deseaba Benvolio

    curar de este amor a su amigo, hacindole ver mucha gente y a muchas damas.

    Fueron, pues, a la fiesta de los Capuletos, Romeo y Benvolio con su amigo

    Mercucio, los tres de mscara. Los recibi amablemente el seor Capuleto, y les

    asegur que disfrutaran de la velada bailando con alguna de las damas

    invitadas. El anciano estaba festivo y alegre, y aadi que cuando era joven

    tambin l se haba disfrazado para susurrar un cumplido al odo de una mujer.

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    Mientras bailaban, Romeo qued sbitamente asombrado de la soberana

    hermosura de una invitada, cuya belleza poda fulgurar en la noche como una

    rica joya resplandeciente. Era una joven demasiado angelical para andar por la

    tierra, y le pareci entre las otras mujeres como una blanca paloma entre

    cuervos.

    Como Romeo haca esas alabanzas en voz alta, fue odo por Tibaldo,

    sobrino de los Capuletos, el cual le reconoci por el timbre de su voz. Tibaldo,

    con su iracundo y feroz temperamento, no pudo sufrir con paciencia que un

    Montesco, aun bajo mscara, viniese a hacer burla y desprecio de sus fiestas;

    rabi, y tron, y quiso dar una paliza a Romeo hasta dejarle muerto. Pero su to,

    el anciano seor Capuleto, le refren vivamente en aquel momento, ya por

    respeto a sus huspedes, ya porque Romeo se haba portado como un perfecto

    caballero y toda Verona se haca lenguas de sus buenas prendas. Forzado a la

    paciencia contra su voluntad, Tibaldo se contuvo; pero jur que en otra ocasin

    aquel vil Montesco pagara cara su intrusin.

    Terminado el baile, Romeo vigil a la joven que tanto le haba maravillado,

    y, escondindose tras su mscara, se acerc a ella y le tom cortsmente la

    mano, dicindole que aquella mano era un relicario y que si la profanaba con

    tocarla, expiara su falta, como ruboroso peregrino, besndola.

    Buen peregrino respondi la dama, tu devocin se muestra fina y

    corts en demasa: los santos tienen manos que pueden los peregrinos tocar,

    mas no besar.

    No tienen labios los santos, y los peregrinos tambin? dijo Romeo.

    S replic la dama, labios para la oracin.

    Oh!, pues, santita ma exclam Romeo, oye mi oracin y concdeme

    lo que pido, no sea que me desespere.

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    En esas alusiones y requiebros de amor estaban enredados, cuando la dama

    fue llamada por su madre. Indag Romeo quin era esta, y supo entonces que la

    joven cuya belleza le haba herido era Julieta, la hija y heredera de los

    Capuletos, los grandes enemigos de los Montescos, y que as haba entregado

    su corazn sin saberlo a su enemiga. Igual desasosiego experiment Julieta al

    saber que el caballero con quien haba conversado era Romeo el Montesco,

    porque tambin se haba encendido en ella la sbita y fulminante pasin y le

    pareci el colmo del amor amar a su enemigo y poner su amor donde por su

    cuna deba poner sus odios.

    A medianoche sali Romeo con sus compaeros, pero stos le perdieron

    pronto de vista. No sabiendo alejarse del palacio donde haba dejado el corazn,

    Romeo escap y salt los muros del huerto de la casa de Julieta. Al poco de

    estar all escondido, pensando en su nuevo amor, apareci Julieta en una

    ventana. Su celestial hermosura pareci asomar como un sol en el oriente, y aun

    crey Romeo que la luna se pona ms plida ante el nuevo sol. Al ver que

    Julieta apoyaba la mejilla en su enguantada mano, deseaba Romeo ser el guante

    de aquella mano para tocar esas mejillas. Entretanto, Julieta, que pensaba estar

    sola, dio un suspiro, exclamando: Ay de m! Se extasi Romeo al or aquella

    voz, y dijo para s: Oh!, habla otra vez, ngel rutilante, porque tal me pareces

    como un alado mensajero del cielo a quien no pueden los mortales mirar sin

    deslumbrarse. Y ella, no sabiendo que la oa, llena de la nueva pasin nacida

    aquella noche, llamaba por su nombre al amante que supona ausente, y deca:

    Oh, Romeo, Romeo!, por qu has de ser Romeo? Niega a tu padre, deja su

    nombre por mi amor; o si no quieres, jrame amor y yo dejar a los Capuletos.

    Animado por estas palabras, quiso Romeo contestar pero, deseoso de or ms,

    se contuvo, y la dama continu su apasionado soliloquio, riendo a Romeo por

    ser Montesco, desendole otro nombre, y que a cambio de este sacrificio la

    tomase a ella toda entera. Ante esa explosin de amor, ya no pudo Romeo

    contenerse y, entablando un dilogo, le dijo que no le llamase por su nombre,

    que le llamase Amor o