bibliografía. y bibliografía 11 228 bibliografía social. cis. prologo..pdf · Es ese carácter...

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  • Traduccin de SAGRARIO RAMREZ DORADO, Prefacio, captulos 1, 2, 10,

    12, glosario y bibliografa.

    }UAN CARLOS REVILLA CASTRO, captulos 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9,

    11 y bibliografa

    LEONOR GIMENO GIMNEZ, captulos 13, 14 y bibliografa

    ;f7~\. t\

  • XVIII

    Las funciones de la ruptura Una comunidad inesperada .................................................... . Relaciones sociales en el mundo social de los ancianos ........ .. Vivir y morir a puerta cerrada Vivir y morir en Murray Manor .............................................. . Extincin y muerte en Murray Manor

    AGONA Y MUERTE ......................................................................... .

    Morir Muerte social, muerte clnica y muerte biolgica Trayectorias del morir ................................................... ..

    CONSECUENCIAS SOCIALES DE LA MUERTE .................................... .

    Luto La configuracin social del duelo .......................................... ..

    LOS SIGNIFICADOS DE LA MUERTE LA MEDICINA, McDONALD Y LA SOCIEDAD DE RIESGO

    CONCLUSIONES .............................................................................. . LECTURAS RECOMENDADAS ........................................................... . PREGUNTAS PARA EL ESTUDIO

    GLOSARIO

    REFERENCIAS BIBLIOGRFICAS ............................................................... .

    PRLOGO

    Los manuales introductorios a las disciplinas cientficas, sobre todo en las ciencias sociales, adems de cumplir las funciones pedaggicas de presentar al estudiante los problemas, conceptos, teoras y mto-dos de que se valen para acometer sus investigaciones, y, con ello, sus-citar una mirada distintiva en el hacer preguntas y en el modo de in-tentar responderlas, han tenido y siguen teniendo la funcin de hacer balance sistemtico, actualizado y crtico-reflexivo de los desarrollos y avances en los conocimientos generados, as como del horizonte inex-plorado de cuestiones que le quedan por delante. Es como definir lo que un campo de estudio es, mostrar en qu consiste y, si es posible, su consistencia. Claro que decir lo que son las cosas, comenzando por el inicial acto de nombrarlas, no es slo un acto intelectual, una accin que responda slo a la exigencia de dar razn de ellas o explicarlas, sino tambin un acto de poder, una accin que les confiere un modo de ser, una identidad. En ese sentido, los manuales introductorios de los campos del saber son una expresin de su poltica identitaria, anuncio y proclamacin de la ocupacin de un territorio, en demasia-das ocasiones con pretensiones poco razonables de exclusiva jurisdic-cin. Tal situacin es casi consustancial en aquellas disciplinas que, como la Psicologa Social, no parecen encajar con nitidez en la casus-tica acadmica tradicional, proclive a la cosificacin institucionalizada de lo que son -o deberan ser- provisionales recursos analticos, in-desligables del contexto de cada investigacin emprico-concreta. Es la personalidad individual o social? Podemos entender plenamente la estructura y dinmica de una sociedad con prescindencia de las ac-ciones de las personas/sujetos que en ellas se comunican y se relacio-nan? Las respuestas que intentemos dar a preguntas de este tipo, en cualquier grado de concrecin, difcilmente podrn limitarse a un slo nivel de anlisis, psicolgico o sociolgico.

    Esta constatacin, por otra parte obvia, es la que subyace al hecho de que la Psicologa Social haya sido un campo cuyo origen, desarrollo y situacin actual sean compartidos por la Psicologa y la Sociologa.

  • XX Jos Ramn Torregrosa

    Pero lo aparentemente claro deja de serlo cuando entran en juego los intereses corporativos. La sutil y sin embargo fervorosa militancia gre-mialista prima con frecuencia sobre las cuestiones epistemolgicas o histricas bsicas en la organizacin de las disciplinas.

    Hasta la Segunda Guerra Mundial, aproximadamente, el peso re-lativo de cada una de las dos disciplinas matriz en la configuracin de la Psicologa Social, indicado en trminos del nmero de manuales de cada orientacin, psicolgica o sociolgica, estaba ms o menos equi-librado. A partir de entonces, el predominio psicolgico comienza a hacerse evidente, sin que por ello deje de seguir existiendo una Psico-loga Social sociolgica, en gran medida coincidente, aunque no total-mente, con el interaccionismo simblico. Esta dual ascendencia disci-plinaria se ha mantenido hasta el presente.

    As, bajo la misma etiqueta de Psicologa Social subsisten tenden-cias conceptuales, metodolgicas y aplicadas diferentes, con frecuencia inconexamente yuxtapuestas. Los laudables intentos de organizacin de una coexistencia, o potencial convergencia nter o transdisciplina-ria -lo cual sera bastante razonable tanto en trminos organizativos como epistemolgicos- han topado con el excesivo celo del corpo-ratismo gremialista de unos y con el tctico enroque durkheimiano de otros. La ley de hierro de la reproduccin burocrtico-acadmica parece explicar plausiblemente estas situaciones, que llegan al absur-do en los debates (?) de algunas comisiones de planes estudios. En ambos casos, las consecuencias son similares: la rigidificacin de las fronteras disciplinarias, en regresin a una supuesta pureza esencia-lista de las propias disciplinas de origen, en contradiccin con el mes-tizaje que ha caracterizado el desarrollo de las ciencias sociales, y en contradiccin tambin con la actual tendencia a relativizar esas fron-teras, tanto desde la teora del conocimiento 1 como desde la prctica de la investigacin 2 Es algo que deberan tener en cuenta los respon-sables de la organizacin acadmica de las ciencias sociales, ms all de parciales intereses.

    En estas circunstancias, la publicacin por el Centro de Investiga-ciones Sociolgicas del texto de Lindesmith, Strauss y Denzin es una contribucin muy valiosa, en lnea con lo que esta institucin ha veni-

    1 Toulmin, S. (2003 [2001]), Regreso a la razn, Barcelona: Pennsula. 2 Calhoun, C. (1992), Sociology and Other Disciplines, and the Project of a Ge-

    neral Understanding of Social Life, en T. C. Halliday y M. Janowitz (eds.), Sociology and its Publics, Chicago: The Chicago University Press, pp. 137-195.

    Prlogo XXI

    do haciendo a lo largo de dcadas con su apoyo al desarrollo de las ciencias sociales en nuestro pas. Har mencin brevemente de algu-nos argumentos que justifican la oportunidad de esta publicacin.

    En primer lugar, contribuye a incrementar y actualizar el reperto-rio de manuales en castellano de Psicologa Social con una clara orien-tacin sociolgica, tales como los clsicos de Kimball Young, New-comb, Gerth y Mills, Shibutani, etc. Desde su versin inicial de 1949, con los dos primeros autores, Lindesmith y Strauss, y con los tres des-de 1976, ha sido ledo por muchas generaciones de estudiantes de So-ciologa y contribuido ms, quizs, que ninguno de los anteriores, a la imagen de una Psicologa Social que se hara emprica, pero en trmi-nos de la orientacin filosfica pragmatista de Mead y Dewey, y expre-samente deudora del legado de otros socilogos de la escuela de Chi-cago como W. I. Thomas, Florian Znaniecki, Robert Park, Charles H. Cooley, Ellsworth Faris, Herbert Blumer, etc. Como dice el propio Denzin en el Prefacio, la edicin actual se ha convertido en el manual de Psicologa Social vigente ms antiguo de Estados Unidos, y muy probablemente del mundo. El afianzamiento de esta perspectiva en nuestro contexto, adems de su pertinencia cientfica, contribuye a le-gitimar desde una tradicin ms slida y sedimentada recientes apor-taciones espaolas como las de Fernndez Villanueva 3 , lvaro y Ga-rrido 4 y Crespo 5 Constituye igualmente un saludable correctivo a una idea muy generalizada, aunque inexacta, de que la nica Psicolo-ga Social existente es la generada desde los enfoques terico-metodo-lgicos de la Psicologa Social convencional. La cual, por otra parte, no suele rebasar los lmites de la Psicologa sin ms, y constituir un corpus de explicaciones reduccionistas, supuestamente para uso de administradores de conductas y conciencias, muy en consonancia con la hegemnica ideologa individualista. Esto supone, en realidad, una concepcin de la Psicologa Social como Psicologa aplicada, es decir, una psicologizacin de la realidad y de los problemas sociales -fase previa a su medicalizacin. Pero esto es, en cierto modo, una inversin de los fines genuinos y originarios de toda Psicologa Social que se pre-cie de tal, a saber: tomarse en serio la idea de que la textura ms ntima de la mente humana se hace en la comunicacin y en las relaciones so-

    3 Fernndez Villanueva, C. (2005), Psicologas sociales en el umbral del siglo XXI, Madrid: Fundamentos.

    4 lvaro, J. L. y Garrido, A. (2003 ), Psicologa Social: Perspectivas psicolgicas y so-ciolgicas, Madrid: McGraw-Hill.

    5 Crespo, E. (1995), Introduccin a la Psicologa Social, Madrid: Universitas.

  • XXII Jos Ramn Torregrosa

    dales. La investigacin de todas las posibles implicaciones de este axioma, asumido explcitamente por la Psicologa Social de Mead, ha sido el supuesto ms genrico que ha orientado el programa de la Psi-cologa Social sociolgica, y hacia el cual han ido convergiendo otras corrientes crticas de la propia Psicologa Social convencional 6

    Por otra parte, la publicacin de este cuasi-mtico texto viene a po-ner de relieve algo que quizs ha permanecido entre nosotros demasia-do poco reconocido, a pesar de tan buenos conocedores de la obra de Mead como Julio Carabaa y Lamo de Espinosa 7, Snchez de la Y ncera 8, riz Pemn 9 , Gonzlez de la Fe, Caballero 10, etc. y del conocimiento de la obra de quien es, quiz, el mejor intrprete actual de Mead: Hans Joas. Y es que la vigencia y fecundidad del pensamiento de Mead, y del interaccionismo simblico en general, se ha debido en gran medida a su consideracin como Psicologa Social, o como un enfoque psicosociol-gico de la Sociologa. Es ese carcter psicosociolgico de los "proble-mas nodales" de la tradicin interaccionista lo que da continuidad a la escuela de Chicago, desde los clsicos fundadores a la Segunda escue-la 11 , desde el El campesino polaco (tambin publicado recientemente por el CIS) y Espritu, persona y sociedad, hasta este texto, pasando por Blumer y dems. La crtica a esta corriente como aestructural reconoce implcitamente esta observacin. Lo que esto significa es que si la tradi-cin interaccionista ha constituido un eje importante en el origen y de-sarrollo de la Sociologa, hasta el punto de que hay que incluir a Mead en el canon de los clsicos de la teora social, del que le excluy Par-sons en La estructura de la accin social 12 , esta centralidad no se asienta slo en la formulacin de una acertada teora de la accin, sino tambin en que fue concebida como una Psicologa Social -el ttulo del curso

    6 Gordo, A.]. y J. L. Linaza (eds.) (1996), Psicologas, discursos y poder, Madrid: Visor. 7 Carabaa, J. y Lamo, E. (1978), Resumen y valoracin crtica del interaccionis-

    mo simblico, en J. Jimnez y C. Moya (eds.), Teora sociolgica contempornea, Ma-drid: Ternos, pp. 322-357.

    8 Snchez de la Yncera, I. (1994), La mirada reflexiva de G. H. Mead, Madrid: CIS/Siglo XXI.

    9 riz, M' J. (1993 ), Personalidad, socializacin y comunicacin. El pensamiento de G. H. Mead, Madrid: Libertarias-Prodhufi.

    10 Caballero, J. J. (1997), G. H. Mead y el interaccionismo simblico, Sociedad y Utopa, nm. 9, pp. 25-43.

    11 Fine, G. A. (ed.) (1995), A Second Chicago School? The Development o/ a Post-war American Sociology, Chicago: The University of Chicago Press.

    12 Carreira, F. (2006), G. H. in the History of Sociological Ideas, Journal o/ the History o/ the Behavioral Sciences, vol. 42(1), pp. 19-39.

    Prlogo XXJll

    tantos aos impartido por Mead en Chicago-- en respuesta al proyecto de una psicologa que consider insuficientemente fundada en cuanto a su misma concepcin de lo psquico. Su recepcin, ulterior desarrollo y cristalizacin en los departamentos de Sociologa se ha producido en trminos de una subdisciplina que le es inherente, de lo que es ejemplo excelente este mismo texto. Lo que no quiere decir que el alcance del pensamiento de Mead no desborde los lmites de los contenidos habi-tuales de la Psicologa Social.

    Si los 'responsables reales' de la organizacin acadmica y profe-sional de la Sociologa no asumen las implicaciones, en varios planos, de lo que se dilucida en esta cuestin, estarn abdicando de una tradi-cin fecunda que le ha sido y le es propia bajo la denominacin de Psi-cologa Social. Lo cual no slo significara una injustificada limitacin de opciones para todos aquellos estudiantes que se sientan atrados hacia una vocacin sociolgica, en cualquiera de sus vertientes, sino tambin su probable absorcin y colonizacin excluyente por las perspectivas reduccionistas a las que antes me he referido.

    En tercer lugar, es significativo observar en este texto cmo, sin merma de su carcter pedaggico, se mantienen vivas las diferencias epistmico-metodolgicas tradicionales que han enfrentado a los inte-raccionistas simblicos (aunque no a todos, ciertamente: Stryker, por ejemplo) con el cientifismo de la Sociologa convencional. Aunque hoy ya la intensidad de esos enfrentamientos ha disminuido muy sen-siblemente, en gran medida debido al xito de la 'revolucin cualitati-va', a la que tanto han contribuido los dos ltimos autores de esta Psi-cologa Social, Strauss y Denzin. Esta edicin hace ms explcita que las anteriores su posicin crtico-interpretativa sin ningn tipo de complejos. Muestra claramente que pueden discutirse, clarificarse, comprenderse y explicarse todas las cuestiones sustantivas sin necesi-dad de atenerse a los consabidos rituales de la retrica positivista. Es aqu donde se ve la mano de Denzin, cuya radical e innovadora evolu-cin intelectual hacia posiciones posmodernas y crtico-emancipato-rias le sitan en los lmites mismos de la ortodoxia interaccionista. Su compleja trayectoria intelectual est presidida por una desbordante creatividad y una tensin crtica orientada hacia la renovacin del pro-pio interaccionismo simblico, que tempranamente se manifiesta con un intento de sntesis con la etnometodologa 13 y, posteriormente, con

    13 Denzin, N. K. (1970), Symbolic lnteractionism and Ethnomethodology, en J. Douglas (ed.), Understanding Everyday Lzfe, Chicago: Aldine, pp. 259-284.

  • XXIV Jos Ramn Torregrosa

    la apertura, aproximacin e incorporacin a las corrientes y autores que suelen representar la posmodernidad (Lyotard, Baudrillard, Fou-cault, Derrida, etc.) y los "estudios culturales" 14 Ms recientemente postula un comprometido activismo crtico-emancipatorio

    15

    Hay un cierto paralelismo entre Denzin y lo que ha significado Kenneth Gergen -cuya directa y significativa influencia en Espaa puede apreciarse en la Psicologa Social construccionista y crtica de Toms Ibez y su grupo en la Autnoma de Barcelona 16- en la Psi-cologa Social psicolgica. Ambos han defendido consistentemente, frente a los guardianes de la ortodoxia positivista tradicional, la nece-sidad de tomarse en serio la quiebra del paradigma heredado. Desde su punto de vista no puede responsabilizarse de la sensacin de crisis que haya podido experimentar la Sociologa americana desde los aos ochenta a las Sociologas de orientacin hermenutica o crtica, sino ms bien a las insuficiencias del propio paradigma positivista, como han puesto de manifiesto la Sociologa y Filosofa de la ciencia. Y si a pesar de haber transcurrido un siglo desde el reconocimiento insti-tucional independiente de la Sociologa como saber cientfico, dife-renciado de los tradicionales saberes literario-humansticos, persisten vigentes -salvadas las distancias histricas- las controversias inte-lectuales bsicas en medio de las que se produjo tal reconocimiento

    17,

    nada tiene de sorprendente y s mucho de razonable que se busquen alternativas al promisorio y mimtico proyecto natural-positivista, ante cuya precariedad epistemolgica se siguen acogiendo sus creyentes a lo que llamaba Ortega las calendas griegas, es decir, invocando un futuro de progreso terico-predictivo, al que se llegar inductivamente tras la paciente acumulacin de investigaciones empricas. Futuro que no se ha hecho realidad, por lo menos en los trminos estipulados por esa retrica, repetida ad nauseam en los manuales de metodologa y convertidos en cuasi-dogmas institucionalizados en los planes de es-tudios. En ese sentido, las crticas posmodernas han contribuido posi-

    14 Denzin, N. K. (1986), Postmodern Social Theory, Sociological Theory, vol. 4 (2), pp. 194-204; Denzin, N. K. (1992), Symbolic Interactionism and Cultural Studies, Oxford: Blackwell.

    15 Denzin, N. K. (2003 ), The Cal! to Performance, Symbolic Interaction, vol. 26 (1),pp.187-207.

    16 Ibez, T. (ed.) (1989), El conocimiento de la realidad social, Barcelona: Sendai; Ibez, T. e iguez, L. (eds.) (1997), Critica! Social Psychology, Londres: Sage. 17 Lepenies, W. (1990[1985]), Les Trois cultures: entre science et littra(Jire: l'avene-

    ment de la sociologie, Pars: ditions de la Maison des sciences de l'homme.

    Prlogo XXV

    tivamente a que el "consenso ortodoxo" en torno al paradigma tradi-cional se hiciese ms reflexivo, ms autocrtico y, en ltima instancia, ms abierto y plural. Es, justamente, esta mayor diversidad, y la frag-mentacin en reas de especializacin, inconexas entre s, lo que ha llevado a estudiosos como Horowitz a hablar de crisis en la Sociolo-ga 18 Esta diversidad fragmentaria, caracterstica de la disciplina en general, puede igualmente predicarse respecto del interaccionismo simblico, y en el que Denzin representara la avanzadilla crtico-pos-moderna.

    Por ello ha sido objeto de aceradas crticas tanto desde dentro como desde fuera del interaccionismo simblico. El mucho y audaz trabajo de renovacin intelectual de Denzin no desvirta la continuidad de orien-tacin terica del texto originario, sino que, a mi ver, lo hace ms actual y comprensivo, elaborando y desarrollando los supuestos tericos de ediciones anteriores, abrindolos sin miedo a otras corrientes. Esta con-tinuidad la pone de manifiesto el mismo Strauss cuando se refiere re-trospectivamente, ms de 40 aos despus, a la primera edicin:

    [El texto de] Psicologa social, escrito con Alfred Lindesmith, no se centraba en la accin/interaccin en cuanto tal -aunque la asuma-, sino en conside-rar en detalle las implicaciones del lenguaje para la percepcin, la memoria, la socializacin, el autoconcepto, la interaccin misma, y otra serie de fenme-nos -todo ello en explcita oposicin a las explicaciones conductistas ... 19

    ste parece seguir siendo el propsito del texto actualizado por Denzin en esta octava edicin, teniendo en cuenta los 'giros' y crisis acontecidos en las tradiciones y disciplinas de las ciencias sociales en las ltimas dcadas. Ese temprano giro lingstico indicado por Strauss en la primera edicin implicaba el narrativo-crtico asumido por sta. No necesariamente dirn algunos, con cierta razn, pero te-merosos de perder pie respecto de pasadas certidumbres.

    En cualquier caso, de lo que no me cabe duda es que a la perspec-tiva que adopta le es inherente esa racionalidad dialgica tan necesaria para 'superar' la fragmentacin de las distintas tradiciones de la cien-cia social, tal y como ha sealado Donald Levine 20 Con la lectura de

    18 Horowtz, I. L. (1994), The Decomposition o/ Sociology, Nueva York: Oxford University Press.

    19 Strauss, A. (1993 ), Continua! Permutations o/ Action, Nueva York: Aldine, p. 8. 20 Levine, D.N. (1995), Visions o/ the Sociological Tradition, Chicago: The Univer-

    sity of Chicago Press.

  • XXVI Jos Ramn Torregrosa

    este texto, a la vez que se ejercitarn en esa racionalidad dialgica, ac-cedern los estudiantes a una mejor comprensin de las subjetivida-des contemporneas. Una muy buena alternativa, pues, desde la So-ciologa, a los manuales ms ortodoxos de introduccin a la Psicologa Social.

    No resta ms que agradecer al CIS la publicacin de este texto en nuestra lengua, pues ser de gran utilidad para la docencia y el trabajo acadmico, en general en las ciencias sociales y, en particular, en Psi-cologa Social y Sociologa. Igualmente, es de agradecer la labor del equipo de traductores, tarea ingrata, pues es su invisibilidad la mues-tra de su excelencia.

    PREFACIO

    Esta octava edicin del libro Psicologa Social actualiza de forma signi-ficativa la edicin anterior. Prcticamente, un tercio del texto es nuevo. En el primer captulo se introduce una amplia seccin indita sobre los estudios culturales y el giro narrativo en la psicologa social. El segundo captulo ofrece un examen crtico del campo de la primatolo-ga inspirado en los anlisis de los hallazgos sobre los primates de Donna Haraway. Los cuatro captulos que completan la Segunda Par-te del libro han sido revisados y condensados. El tercer captulo con-tiene material nuevo acerca del habla como discurso narrativo, y el cuarto captulo incluye material nuevo sobre la teora de los sueos de Jung. El sexto captulo introduce la teora de la actividad como aadi-do importante a la bibliografa sobre percepcin, memoria y planifica-cin. Los tres captulos de la Tercera Parte presentan varios trabajos recientes sobre nuestro anlisis de la socializacin infantil. En el cap-tulo sptimo defendemos que la teora del acto de habla arroja una luz importante sobre el aprendizaje y el uso del lenguaje en la primera in-fancia. Basndonos en el trabajo deJudith Butler, sostenemos adems que el gnero puede ser mejor abordado como actuacin o realiza-cin. En el captulo octavo prestamos una considerable atencin a los recientes argumentos del construccionismo social, el esencialismo y las polticas de la identidad. En el captulo noveno ampliamos nuestro enfoque anterior sobre las actuaciones de gnero y adems discutimos algunos desarrollos y crticas recientes de la teora del s mismo y del otro generalizado de G. H. Mead.

    En la Cuarta Parte se pueden encontrar el mayor nmero de revi-siones y cambios. El captulo dcimo introduce las nociones de socie-dad cinematogrfica, mirada cotidiana, imaginacin cinematogrfica y las lgicas culturales del postmodernismo. Este captulo sita el or-den de la interaccin dentro de los lugares pblicos que definen la so-ciedad civil. En el undcimo captulo comparamos y contrastamos las teoras del s mismo modernas y posmodernas, y hacemos un esbozo de la teora de Lonnie Athens sobre la autotransformacin dramtica.