escaparate FERIA 2013 - guadairainformacion.com

of 64/64
  • date post

    16-Nov-2021
  • Category

    Documents

  • view

    0
  • download

    0

Embed Size (px)

Transcript of escaparate FERIA 2013 - guadairainformacion.com

escaparate FERIA 2013.qxdNº 5.- YA SOMOSBASTANTES
Nº 7.- PARTIDO ANDALUCISTA
Nº 9.- B.S.N. GIRALT LAPORTA, S.A. Nº 11.- ESTRELLA SAN AGUSTÍN
Nº 13 -15.- LO QUE NOS FALTABA
Nº 17.- PEÑA CULTURAL BÉTICA
"MANUEL ESPINA"
CALLE BULERIA
Nº 2.- AMIGOS DEL MOLINETE
Nº 3.- CUCHARÁ Y PASO ATRÁS
Nº 4.- LOS GITANITOS
Nº 5.- EL REALAJE
Nº 7.- HASTA LA CORCHA
Nº 8.- AMIGOS DEL DUCAL
CALLE SEGUIRIY A
Nº 3.- PARTIDO POPULAR
Nº 7.- LA NUESTRA
Nº 19.- LA CANALLA
CALLE SOLEÁ
Nº 2.- A. D. JUANCA
Nº 6.- LOS 17 Y UNO MÁS
Nº 8.- PON PON PON
Nº 10.- TÓ ER MUNDO ES GÜENO
Nº 12.- ------- Nº 14.- SEMOS LOS QUE ESTAMOS
CALLE TARANTA
Nº 4.- EL ARREBUJO
Nº 6.- LA JARANA
CALLE MAR TINETE
Nº 3.- HDAD. SAN MATEO EVANGELISTA
Nº 4.- LA MITAD MÁS UNO
Nº 5.- PÁ NOJOTROS
Nº 7.- LOS BARRIGONES
Nº 10.- LA SALEROSA
Nº 12.- PEÑA C.D. EL CASTILLO
Nº 13.- EL REVUELO
Nº 14.- EL JARRITO
Nº 19.- LA ALMAZARA
Nº 25.- LOS BUENOSAMIGOS
Plano de Feria de Alcalá de Guadaíra 2013
CALLE F ANDANGO
Nº 3.- COTO DE CATA
Nº 5.- HDAD. NTRA. SRA. DEL ROCÍO
Nº 7.- HARANA
Nº 9.- LA CHUMBERA
Nº 11.- AL ALBA
DE MONROY
Nº 6.- AL COMPÁS
Nº 10.- CÍRCULO ALCALÁ
Nº 12.- EL CAJUL
CALLE MEDIA GRANAINA
Nº 1B.- AQUÍ NO HAY QUIEN VEVA
Nº 2-4.- NOS DA IGUAL
Nº 8.- PEÑA CULTURAL FLAMENCA ALCALÁ
CALLE PETENERA
Nº 3A.- LOS OCHENTEROS
Nº 9.- DE MOMENTO… NO SABEMOS
Nº 11.- LA ÚLTIMA Y NOS VAMOS
Nº 13.- EL CÓNCLAVE
SILVIA Sánchez Benítez es profesio- nal de la comunicación audiovisual
y corporativa. Organizadora de eventos expositivos. Es Licenciada en Bellas Artes, obteniendo entre otras meciones: Premio del «XXVConcurso Nacional de Pintura» de Alcalá de Guadaíra (1996), Primera finalista del «III Premio Nacional de Pintura» de Caja Rural de Sevilla (1996), y Premio «VII Concurso de Proyectos Empresariales» en Alcalá de Guadaíra (2007). Participa en exposi- ciones de arte como artista en diversas provincias de Sevilla.
Este año es la autora del cartel de nuestra Feria de Alcalá de Guadaíra, expresando en la presentacion del mismo:
El cartel está inspirado en el de "«Fiestas de Primavera. Semana Santa y Feria» de Sevilla, de José García Ramos (1912). No se trata de un intento de recuperación de ningún tiempo pasa- do, no es una versión, ni un impulso nostálgico, sino un ejercicio de admira- ción y homenaje en el que he tratado de sustraer lo «esencial» a mis ojos, esto es; el protagonismo de la mujer y los elementos iconográficos dotados de identidad.
Como en el cartel de García Ramos, la mujer está sentada sobre una edifica- ción (quizá sea esta la única semejanza formal con el cartel) pero es una mujer de nuestro siglo. Ella es musa, eje y pro- tagonista, y se erige en el contexto como
un gran monumento. He querido darle ese tratamiento porque es así como veo hoy la feria, con la mujer como herede- ra de la fiesta, luciendo traje y su nuevo respeto y posición social, de ahí que no se muestre jocosa sino soberana.
Los elementos iconográficos tam- bién son aquí señas de identidad; el albero de nuestra tierra, el azul de nues- tro río y de nuestra bandera, y nuestro castillo. La tipografía que he seleccio-
nado, con aire modernista, es elegante y delicada.
Eliminado cualquier ruido o ele- mento superfluo, he tratado que la sen- cillez y la limpieza de la imagen hagan prevalecer las tres cosas importantes que quería decir; feria, mujer, Alcalá de Guadaíra.
Con su obra atraerá a los miles de alcalareños al Recinto Ferial de San Juan para el disfrute de la misma.
SILVIA SÁNCHEZ BENÍTEZ: AUTORA DEL CARTEL DE FERIA
Apesar de las difíciles circunstancias económi- cas y sociales que vivimos, la feria nos llega
como una vivencia necesaria. Necesaria porque es también un trabajo para
muchas familias, una manera de ganarse la vida que esperan todo el año y que entre todos debemos com- prender y apoyar. Pero no sólo por esto, la feria es esencialmente un espacio de encuentro, relación y con- vivencia entre personas. Y es preci- samente en momentos de dificultad, en situaciones desfavorables, cuando mayor bien nos hace el sentir la cer- canía y el apoyo de los demás, el
estar juntos, compartiendo lo que en ese momento tengamos, y sintiéndonos parte de un colectivo que nos acoge, nos arropa y nos fortalece.
Hagamos todos un esfuerzo por los demás, pero hagámoslo también por ganarle todos unos minutos a la vida… Unos minutos de convivencia, de encuentro y de diversión. Todos lo necesita- mos.
Feliz feria a todos,
FELIZ FERIA A TODOS
3
«La Feria es un lugar de conviven- cia y de tolerancia en la que todo el mundo acude para compartir algo»
M ANUEL Casado Trigo es el encar- gadode realizar el anuncio de la Feria de Alcalá de Guadaíra.
Lleva el título de pregonero y tiene la alta responsabilidad de realizar la invita- ción oficial para propios y extraños a adentrarse durante cuatro días en un territorio en el que la alegría es obligada y compartir lo mucho o lo poco, la mate- rial y lo espiritual es una forma de vida.
Manuel Casado conoce bien el paño sobre el que disertará en el escenario de la Caseta Municipal. Sus credenciales para esta función son inmejorables. Para empezar es de Alcalá, por familia, por vivencias y por devoción. Desde siem- pre ha estado involucrado en sus fiestas y sus celebraciones. Dispuesto a ayudar a engrandecer todo lo que tenga que ver con su pueblo. Prueba de ello fue su tra- bajo en la exitosa puesta en marcha del Teatro Auditorio Riberas del Guadaíra, a través de su empresa de gestión cultu- ral Bisemol.
Manuel sabe de cante y de pellizcos. Su madre ha hecho de su hogar un lugar en el que la música siempre ha estado presente y se ha vivido como la forma natural de expresarse. Fini Trigo, la niña que quiso ser artista, que vibraba al escuchar a Marisol o a Marifé de Triana, sembró en su hogar una semilla que ha dado fruto en sus hijos. Sus tres varones destacan en la materia. Alfonso es actualmente el director del musical «Los Miserables» que está en escena en Londres. Su hermano Antonio, profesor en el ciclo de sonido del Instituto Tierno Galván, ha pedido una excedencia pre- cisamente para marcharse a Londres con Alfonso e intentar su sueño de vivir de la música. Y Manuel ha paseado por el mundo llevando las sevillanas de su tie- rra por bandera, con el pasaporte de su grupo Atalaje. Un grupo de flamenco, pero sobre todo de amigos que surgió del Coro de la Hermandad del Rocío y que llegó a grabar varios discos y a actuar en importantes escenarios. Así que de sevillanas, otra pieza fundamental de la Feria, Manuel va más que sobrado.
En cuestiones de Feria, podemos decir que tiene una licenciatura y un máster. Acumula vivencias y recuerdos.
Entre ellos enmarca de forma especial los momentos de juerga en La Fuente del Piojo, con «Coqui», a la que tanto se echará de menos en la Feria de este año. Porque la Feria de Manuel, es la Feria de día, la que comienza a la hora del almuerzo y se extiende hasta que el cuer- po aguante.
Pero sobre todo es un enamorado de la Feria de Alcalá. Una Feria de la que le gusta el marco con el fondo de los pinos de Oromana o su «espíritu abierto, con las casetas dispuestas a acoger a todo el que se acerca». Una fiesta de la que también alaba el buen gusto y el cuida- do que se pone en el exorno de las case- tas. Una Feria en la que Manuel Casado sitúa el momento perfecto para encon- trarse con los amigos y sobre todo con los que están fuera y acuden estos días fieles a la idiosincrasia alcalareña. Una celebración a la que el pregonero define como «lugar de convivencia, de tole- rancia y en el que todo el mundo acude para compartir algo, es una fiesta que tiene sus valores propios». Y en la que advierte la fortaleza de una tradición que se impone a las circunstancias puntuales,
«vamos adaptándonos como en otras muchas cosas de la vida, no debemos de dejar de ir a la Feria por la situación de crisis, porque hay muchas formas de vivirla», afirma. Aunque a veces la adap- taciónsea volver a la tradición, redefi- niéndola. En este sentido, el pregonero formula una propuesta que no puede ser más alcalareña, «¿por qué no recuperar la celebración en el Águila con la orga- nización de una «velá» alrededor del Santuario en agosto y con los cultos y la procesión a la Patrona, como elemento central?».
Con los mimbres que atesora el pre- gonero, seguro que compondrá una pieza del gusto de la gente de Alcalá. Una obra dividida en once pasajes literarios en los que repasa las cosas que definen a su ciudad con emociones que se trans- miten en forma de versos y que ilumina- rán el espíritu feriante de los asistentes. Por supuesto, no faltará una parte musi- cal y una sorpresa que seguro emociona- rá a los asistentes.
4
Alberto Mallado Periodista de ABC
Director de www.guadairainformacion.com
Caseta «El Cónclave»
7
C ORRÍA el año 1947. La Feria de Alcalá se celebraba en el recinto del castillo, en torno a la Ermita
del Águila. Un emplazamiento inmejo- rable, que pronto se quedaría pequeño. Mirador para todo el paisaje alcalareño. Nuestro cronista, don Fernando de los Rios, ojos azules y voz jupiterina, lo cali- ficó como «Feria en el cielo». La calle del Infierno, ocupaba la explanada baja, con seis o siete atracciones. No podían venir las grandes, ni los circos, porque no cabían por el Arco. Pero resultaba deliciosa, manejable, muy calurosa de día, pero había relente de noche. En Agosto.
Un grupo de jóvenes que habíamos puesto en escena la comedia Papelesde Muñoz Seca, con fines benéficos y gran éxito de público, tuvo la peregrina idea de instalar una caseta en la Feria. Entonces, todas eran institucionales: El Ayuntamiento, Educación y Descanso, Nuevo Casino, Peña Sevillista, Peña Bética, y Hermandad de Labradores, así que lo nuestro era inédito.
La primera particularidad estaría en el baile, pues siendo todos de Acción Católica, el Cardenal Segura, la declaró incompatible con el baile moderno, «agarrado», no así con el regional o flo- klórico. Muchos no compartíamos este criterio, pero aceptamos disciplinadamen- te,mas bien como un reto «¿Habría otra manera de divertirse?».
Y la enorme dificultad de que no teníamos dinero: estudiantes, empleados meritorios, aprendices de obreros. Pero había juventud y ganas. El sitio nos lo dió el Ayuntamiento,entre dos grandes casetas. La estructura de hierro, nos la prestaron unos colegas de Mairena; el frente y los toldos, de la Feria de Sevilla, por amistad; el exorno de guirnaldas y flores quedó a cargo de «las niñas» - nuestras hermanas, novias y amigas- cuyo papel regaló Enrique Rodríguez, ellas las confeccionaron y nosotros, las colgamos, junto con la instalación eléctrica aportada por Pepe Castro y Joselito Bonilla; el mos- trador, los hermanos Troncoso; el albero, un sobrante de la vía pública. Nuestras manos de estudiantes tenían ampollas de clavar la piqueta en el durísimo albero del Águila, para cimentar la caseta, lo que hacía reir a los trabajadores. El tablado para los artistas lo puso el maestro Palacios, que solo pidió una gratificación para sus albañiles.
Contratamos una megafonía en Sevilla, al precio de ochenta pesetas diarias, hacien- doun reparto a escote. La animación de la caseta correría a cargo de las niñas, especialmente Regla Cirera, Anita Pinto, Concha y Salud Vega, Lola Romero, nuestras artistas teatrales, que bailaban sevillanas incansablemente, acompañadas por Carlos Núñez Moreno de Guerra, y alguna intervención voluntaria y desin- teresada del Platero de Alcalá.
Vino un grupo de gitanitos, de no más de diez años, presentado por Juan Barcelona, que interpretaban graciosa- mente el baile de sus mayores. Caché: la voluntad. Se ganaron la simpatía de todos. Aún conservo la amistad de algunos. Los verdaderos aficionados al cante y al baile, nos consideraban como un oasis, dentro de la monotonía de las demás case-
tas, con orquestas y animadores. Para las sevillanas, alquilamos un pianillo en Sevilla, que traje en el tren de los pana- deros y se quedó los tres días; tocaba con las manos, con los codos y con la cabeza, siempre protestando por haber tenido que subir la Cuesta tirando del artefacto, aunque le recordábamos que tres de nosotros íbamos detrás empujando. Menos mal que el regreso lo facilitó Alfonso Tobalo, con su camión.
Nuestro «barman» fue Antonio Villagrán, un prodigio de optimismo, que vino con dos camareros y confesó haber ganado algo, pero que ni en la guerra había tra- bajado tanto como en nuestra Caseta. Nadie la sabía mejor que nosotros que éramos porteros, empresarios, palmeros, obreros y clientes, todo al mismo tiem- po.
Caseta de Feria «PAPELES». Año 1947.
Caseta «PAPELES». Antonio, El Platero, y a la guit arra, Carlos Núñez Moreno de Guerra.
RECUERDOS DE LA FERIA
8
Como número fuerte, Ignacio Caballero, seise de la Catedral que me recomendó a una chiquilla del Tardón, Marujita Díaz. La contratamos en setenta y cinco pesetas diarias, una miseria comparada con las mil pesetas diarias que pagaba Educación y Descanso a Antonio Machín y otras mil a la orquesta. Nuestra Marujita vino en el tren, con su madre, como es natu- ral. Se soltó la melena, hasta la cintura, cantó y bailó lo que quiso: bulerías, ale- grías, soleares. Nos hizo reir con la dis- locación de sus ojos; nos emocionó can- tando «Banderita, tu eres roja..». La Feria se despobló a nuestro favor. Exito total. Con el dinero del primer día, se cortó la melena y trajo una permanente abisinia. Le reñimos todos, pero no se alteró: Tres noches de delirio.
Su presencia, estimulaba. Entraron recitadores voluntarios, Nicolás Carretero toreaba de salón y ponía banderillas teó- ricas; un señor desconocido, pidió auto- rización para darnos una charla sobre los peligros de la bomba atómica. Un tal Curilla, hacía imitaciones. Era en verdad una Caseta diferente, aunque a veces
nuestra modesta megafonía, basada en un «picú», era avasallada por la gran poten- cia de los altavoces de las casetas veci- nas. Entonces no se medían los decibelios, pero teníamos que salir a suplicarles que bajaran un poco el volumen.
El domingo de Feria no se abría por- que estábamos todos en la Procesión de la Virgen del Águila, pero al retorno nos quedábamos hasta el amanecer, ayudan- do a la familia Chacón a encender el fuego para los calentitos. Alguna madre joven, nos acompañaba muy gustosamente. El invento funcionó. Animación constante, como se esperaba de la edad de los socios, todos jóvenes y de vacaciones. Había otra manera de divertirse.
No me quiero acordar de las cuentas. Nuestros ingresos eran 50 socios a 40 pts, y 50 los transeuntes, (un solo día) a 25 pts. Cuando pagamos la electricidad cal- culada y el alquiler de sillas y veladores, quedó un déficit que pagamos a escote los varones; las niñas, no.
Todavía nos quedaba una sorpresa. Acabada la Feria, vino el Sr. Font, repre- sentantede la Sociedad de Autores, con una carta del Gobernador Civil, recla- mándonos 800 pesetas por la música del pianillo y por las canciones interpreta- das por Marujita. Terminamos en el Cuartel de la Guardia Civil.
El desmonte de la caseta, fue igual- mente rápido y con voluntarios. Pusimos unas cartas de gratitud, pero a los trans- portistas había que pagarles. Otro escote.
Lógicamente, acordamos no ponerla mas. Pero al año siguiente, volvimos a montarla, con el nombre de «RUTAS», y el subtítulo Caseta de la Prensa, por- que teníamos un periódico (clandestino, pero periódico) y así repetimos varios años. Cosas de los jóvenes. La Feria en el Cielo y «las niñas» se lo merecían.
Sirvan estas líneas de cariñoso recuer- do,para los mencionados, los olvidados y los que están disfrutando de una mere- cida y real Feria en los cielos.
Primera fila arriba y de izquierda a derecha: Antonio Díaz, Juan Cano, Eduardo Hermosín, Juan Gutiérrez, Rafael La Casa, Manuel del Molino, Eduardo Bulnes, dos camareros, Mateo Hermosín, Manuel del T rigo y Pepe Cast años.
Segunda fila : Consuelo La Casa, Elvira Casado, Pedro La Casa, Juan Mª Alvertos, Antonio V als, Sra. de Figueredo, Marujit a Díaz, Vicente Romero, Ángeles Moreno, Enrique Rodríguez, Montoya, Celestino Martín y Rafael Rodríguez.
Tercera fila : Conchit a Casado, Mª del Carmen T rigo, Concha Bulnes, Lola Ramos, Beatriz Figueredo, Mª de los Santos Alvertos, Carmen Cast años y María de los Santos. Cuart a fila : Lola T rigo, Encarnit a, Lola Romero,
Concha T rigo, Esperanza Figueredo, Mª del Águila Alvertos y Emilia Granados.
Vicente Romero Muñoz
Caseta «Los Ochenteros»
A NTES de abordar el presente documento, objeto de nues- tro artículo, recordemos que
hace tres años se celebraba el 800 aniversario de la fundación, en 1209, de la Primera Orden de San Francisco de Asís (1182-1226), cuya rama más numerosa fue la de los Franciscanos de la Observancia, «Ordo Fratrum Minorum» (Orden de los Hermanos Menores). Término éste de «Menores» que adoptaron como sinónimo de «humildad».
Tomando como base y apoyo nues- trosdocumentos, originales e inédi- tos, vamos a comentar algunos capí- tulos de la historia franciscana, para encuadrarla, como debe ser, en su marco temporal, institucional y reli- gioso. Sólo, así, entenderemos todos mejor los entresijos de las tres órde- nes religiosas fundadas por el seráfico Francisco.
Para ello haremos un breve reco- rrido por sus «Estatutos», y su con- tinuada renovación a lo largo, y hasta el siglo XVII; hablaremos de la constitución de las dos grandes Familias de la Observancia; estudiare- mos el desarrollo de las órdenes francis- canas; y, finalmente, siguiendo nuestras fuentes, comentaremos la vinculación de la Orden con Alcalá, y desglosare- mos su contenido y su excelente simbo- logía. Hagamos, pues, un poco de histo- ria.
En cuanto a los Estatutos de la Observancia diremos que los más anti- guos son los acordados en Narbona, en tiempos de San Buenaventura (1257). Más tarde, aquellos capítulos fueron reducidos a doce, en la Congregación de Perpiñán, en 1331. En España, concreta- mente,
[…] en Barcelona, en el año de la Redención de 1451, en el convento de Santa María de Jesús, se juntaron en uno, con la autoridad del papa Gregorio IV, y después, Nicolás V, los Estatutos, tanto
Apostólicos como los de la Orden, abre- viándose en nueve capítulos.1
Ya, hasta 1532, no se volvieron a revisar los Estatutos, pero en 1549 la Congregación de Burgos determinó que los citados Estatutos de la ciudad condal […] se redujesen a un breve compendio, cosa que no se hizo hasta el Capítulo General de Salamanca, en 1553, donde las dos Familias, Cismontana y Ultramontana, acordaron su publicación, previa autori- zación del papa Julio III (1550-1555). Con todo, en el Capítulo de Valladolid, en 1565, la Familia Cismontana retomó los Estatutos de Barcelona, dejando sin vigor los salmantinos.
Andando el tiempo, siendo Ministro General el notable Padre Fray Francisco Gonzaga, se reunió […] en la ciudad imperial de Toledo, en el convento de San Juan de los Reyes, en la fiesta de
Pentecostés, en 1583, el Capítulo General, que modificó los Estatutos siguiendo la recomendación del Concilio de Trento.2 En 1606 se cele- bró, allí mismo,otro Capítulo, pero las decisiones se aplazaron para el de Salamanca, en 1618. Cuando llegó el momento de los acuerdos, las disensiones fueron tantas y tan fuer- tes que se volvieron a posponer los capítulos.
Por fin en 1621, en el convento de San Francisco, de Segovia, se logra- ron puntualizar las últimas modifica- ciones. En los Estatutos se incluyeron los decretos pontificios, se sujetaban a la censura de la Iglesia, y, final- mente, […] se exhortaba a todoslos religiosos, sin excepción de Familias, a su recibimiento y observancia.3
Como vemos, hasta casi doce modi- ficaciones sufrieron los Estatutos franciscanos, que, como veremos des- pués,no lograron unificar del todo las tendencias religiosas dentro de la Orden.
En este sentido, ello dio lugar a la existencia de dos grandes Familiaso
Vicarías independientes: la Cismontanay la Ultramontana, ya citadas. Con respecto a la primera, se extendía por tres países: España, Francia y Alemania,repartida en 68 vicarías provinciales. Comono es el caso enumerarlas todas, aquí, sólo cita- remos su distribución en la Península, que es el siguiente: Castilla, Aragón, Santiago de Compostela, Portugal, la de la Concepción, Andalucía, Burgos, la de los Ángeles, la de la Piedad Descalzos, la de San Gabriel Descalzos, Cartagena, la de los Algarbes (sic), Mallorca, la de San Miguel, Cantabria, Canaria, Cerdeña, Valencia, Cataluña, la de la Rábida Descalzos, la de San José Descalzos, la de San Antonio Descalzos, la de San Juan Bautista Descalzos, Granada y San Pablo Descalzos.4
Asimismo, en las Indias Occidentales figuraban las provincias de Nueva España
TESTIMONIOS DE NUESTRO PASADO HISTÓRICO
TRES DOCUMENTOS SOBRE LA ORDEN FRANCISCANA
Y SU VINCULACIÓN CON ALCALÁ
1. Estatutos Generales de Barcelona para la Familia Cismontana de la Regular Observancia de N.P. San Francisco. Toledo, 1583, en casa de Pero López de Haro, editor, impresor y librero.
2. Estatutos Generales de Barcelona. En Madrid, Imprenta Real, por Tomás Iunti, impresor del Rey Nuestro Señor. Año 1622. 3. Estatutos Generales de Segovia, ídem, ibídem. 4. Los franciscanos Descalzos pertenecían a los Hermanos Menores de la Estricta Observancia (O.F.M.D.), y eran conventuales reformados que pro
pugnaban el rigor y la austeridad conventual. Su fundación fue en Granada, en 1495, debida a Juan de Guadalupe (Nota del autor).
Ilustración de San Francisco de Asís, en la port ada de los Estatutos de Barcelona.
México, por Pedro Ochatre, editor , 1585. Señalaste, Señor a tu siervo Francisco con los signos de nuestra Redención .
10
(con 10 sedes), y la del Reino del Perú (con 7 sedes). Por último, en las Indias Orientales existía la de Santo Tomás en su Custodia de la Madre de Dios, en Malaca.
Con respecto a la Familia Ultramontana, ésta se extendía por otras tres naciones: Lombardía (con 11 sedes), la del Pequeño Reino (con 9) y la Ultramontana (con 14), repartidas en otras tantas 35 vicaríaspro- vinciales.
Como decíamos, de la Primera Orden de San Francisco nacieron otras tres, las mismas que profesan la Regla de los cita- dosFrailes Menores, pero cada una con sus constituciones o Estatutos, y su Ministro General. No podía ser de otra manera, a la vista de lo expuesto sobre los Estatutos.
Y, sin duda, fue así porque aquella Regla primitiva no escrita, suscitó entre los miembros de la Orden diferentes modos de interpretación, y provocó la pugna entre vivir en la absoluta pobreza, predicación y mendicancia, y la institu- cionalización en comunidades conventua- les. Ello obligó a su fundador a ponerla por escrito, en 1221, y, posteriormente, a ser corregida, supervisada y sanciona- da por el papa Honorio III (1223) en su bula Solet Annuere («Lo que se suele permitir»). Con ello se solucionaron parte de los conflictos internos de la Orden, pero sólo en parte, como veremos al repasar la evolución de las tres tenden- cias religiosas franciscanas.
En primer lugar, en esta evolución, digamos que los Franciscanos Conventuales son el tronco original de la Orden del que brotaron después diferentes reformas. Ya, en 5 de abril de 1250 el papa Inocencio IV declaró «conventuales» sus iglesias, concediéndoles la misma prerrogativa que a las Colegiatas. Los frailes, sin embargo, no recibieron esta denominación hasta la segunda mitad del siglo XIV, para dis- tinguirlos de los que se retiraban a los eremitorios, -muy pocos, por cierto-, en busca de la mejor «observancia» de la Regla.
Los Franciscanos Conventuales vivían en «Comunidad», en los grandes con- ventos de las ciudades, dedicados a la predicación, la enseñanza y la imparti- ción de los sacramentos. El manteni- miento de estos edificios no permitía la observancia de la pobreza absoluta, pero los Papas, interesados en mantener los beneficios pastorales que aportaban a la Iglesia, ayudaron con privilegios y decla- raciones,la observancia de la Regla.
A ello se opusieron los «Espirituales» observantes, partidarios de una pobreza más radical, sin intervenciones pontifi- cias. El asunto se fue enconando, hasta que el papa Juan XXII (1317-1318) los condenó, nada menos que por herejes. En esta misma línea, pero con actitudes más conservadoras y ortodoxas, nacie- ron los Hermanos Menores Observantes o de la Regular Observancia.
Dicha Reforma surgió en Italia en 1368, creada por el beato Fray Paoluccio Trinci de Foligno.5 Las reformas obser- vantes se fueron expandiendo rápidamen- tepor Italia, Francia, España y Portugal. Unos cincuenta años más tarde, fueron reconocidas por el Concilio de Constanza en 23 de septiembre de1415, por la Constitución Apostólica «Supplicationibus personarum» («Para las rogativas de las personas»). En 1446, el papa Eugenio IV, por las bulas Vinea Domini («La viña del Señor») y Ut sacra(«Para las cosas sagradas»), en 1431 y 1446, respectiva- mente, separó la Observancia de los Conventuales o Claustrales, y la trans- formó en una Orden dentro de la Orden.
El ascenso imparable de los Observantes, gracias a su buen gobierno y a su ejemplo de vida, consiguió la radical supresión de los Conventuales. Pero también al apoyo de los Reyes Católicos, a principios del siglo XVI y, posteriormente, con Felipe II, en 1568. Tantos favores conllevaron el abandono de los eremitorios y la vuelta a los estudios, fundamentales para su apos- tolado popular, caritativo, social y misio- nero.
Hasta tal punto fue creciendo su influencia y poder que se apropiaron del sigillum (sello) de la Orden, y de sus conventos. En este caso, porque preferían la ocupación a la edificación de otros nue- vos. Todo, desde luego, con tremendos litigios, que hoy, con todo lo que sabe- mos de la Iglesia, ya no nos sorprenden.
Dado este ambiente de discordia, tuvo que intervenir el papa León X, quien por la bula Ite vos(«Id vosotros») de 29 de mayo de 1517, terminó de romper la esca- sa unidad de las dos tendencias. Es el caso de que concedía a los Hermanos Menores de la Regular Observancia (O.F.M., Orden de los Hermanos Menores) la primacía jurídica de la Orden y el título de Hermanos Menores a los Observantes, y a su Ministro General el título de «Minister Generalis Totius Ordinis Minorum» («Ministro General de todos los Hermanos Menores»),
como podemos observar en el documento que presentamos. Prerrogativas que antes disfrutaban los franciscanos Conventuales.
Desde entonces, la Observancia se dedicó al estudio y la construcción de grandes conventos e iglesias, sin mayo- res escrúpulos de conciencia. Actitudes muy diferentes a las de sus comienzos en pequeños conventitos y eremitorios. No es de extrañar que, a los pocos años (1532) se segregaran de ellos los Frailes Menores Reformados de la Estricta Observancia, los Recoletos (aunque más de hecho que de derecho) y los Frailes Menores Capuchinos.
Esta tercera Familia, nació, lógica- mente, del tronco de los Hermanos Menores Observantes, porque era inevi- table que alguien, desde dentro, reivin- dicase el derecho de observar la Regla a la letra, con todo su rigor. La poderosa Familia Observante trató de evitarlo intentando reabsorberlos, pero, al no con- seguirlo,los persiguió, durante los pri- meros años.
Gracias a la protección de la sobrina del papa Clemente VII, doña Catalina Cybo, duquesa de Camerino, éste les concedió la bula Religionis celus(«El celo de la religión») en 3 de julio de 1528, con lo que oficialmente se fundó la Familia Capuchina. Finalmente, el papa Pablo V, en 1619, les concedió la facultad de disponer de Ministro General propio, con plena autonomía. La Orden mendicante de los Capuchinos ha veni- do siempre representando la línea más rígida y austera, y, por el modo de traba- jar y de vivir, son conocidos como los «frailes del pueblo».
Desde entonces, aunque con menor tensión, existieron las disensiones ya referidas, hasta que llegó la reunifica- ción durante el papado de León XIII. En 4 de octubre de 1897, exactamente, con su bula «Felicitate quadam» («Con cier- ta felicidad»), se puso fin a la división secular de la Familia Observante. No obstante, para hacer frente a los últimos flecos políticos y nacionales de aquel célebre acuerdo, fue precisa la interven- ción de Pio XII, en 1940.
Después de tantos años, el resultado fue que, salvo los Capuchinos, que logra- ron conquistar y mantener su indepen- dencia, las otras Familias franciscanas reformadas siguieron formando parte de la Familia Observante. En este sentido, siguen compartiendo con ella un mismo
5. Los que consolidaron la Reforma fueron: San Bernardino de Siena, San Juan de Capistrano, San Jaime de la Marca y Fray Alberto de Sarteano (Nota de Autor).
Ministro General, y las labores de apostolado y misión, sobre todo en ultramar.
No discutimos, en fin, que esta desleal competencia histórica entre las distintas tendencias religiosas, que brotaron del primitivo tronco del seráfico San Francisco, tuvie- ran un mismo y buen fin, pero los medios, en forma de continuados enfrentamientos y litispendencias, no se justifican en modo alguno. Y es que la Iglesia ha olvidado -y olvida, con frecuencia- aquello de dar buen ejemplo. Hasta aquí, una breve, pero necesaria reseña, de las ramas religiosas que surgieron de la primitiva Orden de San Francisco.
Llegados a este punto, es el momento de recordar la vincula- ción histórica de la Orden francis- cana con Alcalá. Digamos, pues, que, ya, hacia el último tercio del siglo XV, la presencia de frailes franciscanos se constata en nues- tro término. Y no antes.6 El ceno- bio elegido se edificó a las afueras de nuestra villa, en el lugar donde hoy está la «Hacienda de los Ángeles», a 2,5 km de la población. El convento se llamó de «San Francisco», y por su ubicación, se conocía como «el de los Ángeles Viejos».
En dicho monasterio habitaron, en principio, los frailes Claustrales hasta bien entrado el siglo XVI, pero no tuvie- ron Casa dentro de nuestro pueblo, aun- que pernoctaron muchas veces en casas «particulares y dignas», cuando sus tareas de apostolado o de predicación se alar- gaban.7 Después, a partir de 1537, con la expulsión de los Claustrales, fueron los Observantes los que vivieron en dicho convento.
Desde entonces, la primera posibili- dad documentada para que la Orden se estableciera en Alcalá, es de 1543. Se trata de una donación de un prócer sevi- llano, de la collación de Santa María Magdalena, don Luis de Monsalve, que donaba un solar,
[…] en la collación de Santiago que ha por linderos, de una parte, casa solar que solía ser de Diego Santero, e de otra parte e por delante, las calles del Rey, e porque el dicho solar cae en el sitio e compás donde se á de pasar el dicho monasterio de los Ángeles, de donde hasta agora está, porque tenga el dicho monasterio aquella largura que se requie- ra para poder fezer el dicho monasterio, es mi voluntad de fazer donación, &,[…].8
Un segundo intento se dio en 1554. Se trató de un intercambio del solar cita- do, […] frontero de la puerta de la igle- sia de ese monasterio, pasado el cami- no, por otro que el cabildo alcalareño,
[…] tiene dado sitio para la edifica- ción del convento, y tiene necesidad del solar sobredicho para poder hazer por él el camino y vereda, porque las capi- llas que agora se han de edificar estre- chan el dicho camino, &, […]. 9
El trueque lo autorizó el Ministro Provincial de la Provincia de Andalucía, Fray Pedro de Azpeitia, al reveren- do Padre Guardián y frailes del con- vento de Ntra. Sra. de los Ángeles de Alcalá de Guadaíra. En carta fir- mada y sellada con el sello mayor de su oficio, desde el convento de Santa María de las Veredas, de Utrera, da licencia para que se haga la dicha donación e intercambio,
[…] porque no estorben la edi- ficación de las dichas capillas, a causa que se le impide el camino, & […] .10 ( 3ª)
De este documento queremos comentar el sello. Éste se creó en 1499, cuando la Provincia Bética se independizó de la de Castilla, porque anteriormente, desde 1260, con San Buenaventura, la Custodia Hispalense pertenecía al Capítulo General de Narbona.
El Ministro General de entonces, Fray Francisco de Gonzaga dejó constancia de su fundación, y aña- dió el sello mayor, cuya leyenda es: «Sigillum Minister Provinciae Bethici» («Sello del Ministro de la
Provincia de la Bética»). Dentro, su ico- nografía muestra la imagen del Salvador atado a la columna y dos flagelos a sus pies. En la parte superior, el famoso símbolo de la «Tau» (T), y, en el extre- mo inferior, una granada, porque la Bética pertenecía a Granada, cabecera de la Provincia.11
Tuvieron que pasar once años para que los frailes de los Ángeles se asentaran definitivamente en Alcalá. Fue en 1565. Aquel convento se construyó en un solar cedido por el concejo alcalareño, en la que sería calle de San Francisco, dentro de una bella y frondosa huerta, junto al río, mirando a la ermita de San Roque y San Ginés.
Asimismo, el concejo costeó su edi- ficación, convirtiéndose en el principal mecenas y patrono de la Orden12. De todas formas las obras no se acabaron hasta 1587 y 1589, según consta en el Memorial
6. Nos referimos a que no estamos de acuerdo que fuera fundado por Fernando III (1248)«bajo la advocación de los Ángeles», según afirma Ortiz de Zúñiga en sus Anales eclesiásticos y seculares de la ciudad de Sevilla (1246-1671). Imprenta Real, Madrid, 1795, I, 144 (Corregidos e ilustrados por don Antonio de Espinosa y Cárcel); ni que lo hiciese el propio San Francisco, que murió en 1226 (Nota de Autor).
7. APS. Rodrigo de Mairena. Leg. 1534, 5.10.1534, s/f. Francisco Hermoso. Leg. 1541, 10.8.1541, s/f. 8. APS. Perafán de Ribera. Leg. 1543, 3, martes, 7.1543, s/f. La donación la recibió el Padre Fray Juan de la Cruz, solicitador del convento, y en su
nombre. Se firmó en la Santa Iglesia Catedral de Sevilla, ante el escribano público García de León. 9. APS. Juan Moreno Delicado. Leg. 1554, 9.10.1554, s/f. 10. APS. Ídem, ibídem. 11. Creo que la sede de la Orden se encuentra en Sevilla, en el convento de San Antonio de Padua, calle de San Vicente, 91. 12. Véase mi artículo: «El monasterio de Ntra. Sra. de los Ángeles». Revista Escaparate. Feria, 1998, 54-55. Coincidimos en esto con el P. Flores,
en sus Memorias, y con Pedro León Serrano en su Compendio.
Documento de donación de un solar a la Orden, por don Luis de Monsalve. APS, 1543.
12
de gastosdel regidor que supervisó la construcción, don Antonio de Coria.13
¡Qué diferencia de criterios entre aque- llos capitulares y los de nuestro tiempo! Aquéllos edificando; los de nuestro tiem- po, destruyendo aquel hermoso monu- mento de estilo Bajo Renacimiento,para levantar, en 1968, la «excelsa maravilla» de la Torre de pisos de San Francisco(de
la que dejaron, al menos, sólo el nom- bre, para recuerdo de su conciencia).
De modo que, durante más de cuatro siglos, los frailes de la Observancia de los Hermanos Menores de San Francisco, desarrollaron en nuestra villa una labor de apostolado social, espiritual y mate- rial digna de ser recordada. Así lo hemos podido comprobar en los documentos
citados, y en numerosas citas de Protocolos, Actas Capitulares y otros Archivos, cuya relación excede de este artículo.
No obstante, hemos seleccionado un tercer documento, que por su peculiari- dad y su simbología iconográfica, lo convierte en uno de los más representa- tivos de la vinculación y relación de la Observancia con Alcalá.
Como se puede leer se trata de un nombramiento hecho por el Padre Fray Alonso Salizanes, Ministro General de los frailes Menores de toda la Orden de Nuestro Padres Señor San Francisco, al Padre Fray Antonio del Castillo, Predicador Apostólico, a la sazón, Prior del conven- to de San Francisco, de Alcalá.
La carta del Sindicato de Jerusalén va dirigida, como era preceptivo, al Provincial y Juez ejecutor de la Santa Hermandad de nuestra villa, don Francisco Núñez de Prado y Bohórquez,
[…] persona de los hijosdalgo, quien gozaba de voz y voto, asiento y lugar junto al alcalde en el cabildo, donde podía entrar con espada al cinto y vara alta de justicia.14
Era la Hermandad una especie de policía rural, dada la inseguridad reinan- te, y, además, un órgano judicial durísi- mo que actuaba en consonancia con la Santa Cruzada y la Santa Inquisición; las tres «santas» que las malas lenguas de la época (siglo XVII) decían que tenían destruida España.15
En la primera parte del documento se hace mención a que,
[…] están a cargo de nuestra Santa Religión los sacrosantos lugares de Jerusalén, donde Nuestro Señor Iesucristo, Dios y Hombre verdadero encarnó, nació y vivió, y muriendo en Cruz, obró los misterios de la Redempción (sic) de el género humano, & […].16 (4ª)
Después de esta declaración de los principios o dogmas de la Iglesia, seña- la el texto que dichos Santos Lugares están a su cuidado,
[…] de más de quatrocientos y sesen- ta años a esta parte, en medio de la poten- cia de tantos enemigos: turcos, moros, cismáticos y hebreos…y sin tenerbienes en la tierra, pagando excesivos tribu- tos…y hospedando a los peregrinos, que de toda la Cristiandad van a venerarlos, & […] .17
Vista general del Convento de San Francisco de Alcalá de Guadaíra, derruido en la década de los sesent a del siglo XX. Foto: Enrique Rodríguez Ojeda
Licencia del Provincial de la Orden al convento de los Ángeles de Alcalá para hacer la donación del solar . APS, 1554.
13. AHMAG. Ac. Cap. 1.11.1587 y 9.7.1589. 14. APS. Francisco Marín. Leg. 1635-1636. En 2.1.1636, f. 491r-v. ya ocupaba el cargo. 15. Grandeza y miseria de Andalucía. Edición, introducción y notas de Pedro Herrera Puga. Granada, 1981. 16. Archivo Hospital de la Caridad. (AHC). Papeles de la Observancia Franciscana (O.F.M.) del siglo XVI. «Carta del Sindicato de Jerusalén»,
expedida en el Convento de San Francisco de Madrid, a 20 de diciembre de 1637. Sig. SHC/A-021-48. 17. Ídem, ibídem.
13
La siguiente referencia se centra en Fray Antonio del Castillo, nuestro Prior franciscano alcalareño, sobre el que se dice que su nombramiento se debe por- que es
[…] persona en quien concurren todas las buenas partes de Religión, pruden-
cia, fidelidad, exemplo, y doctrina para tan santo ministerio, & […].18
No se piense que estas virtudes se redactaban de oficio en el documento. El proceso de selección era tan estricto como inquisitivo. Además de estas cua- lidades, eran requisitos previos exclu-
yentes, entre otros, los siguientes: haber nacido de matrimonio legítimo, tener más de 30 años, y tener aprobación de vida y costumbres. Eran inhábiles para el ofi- cio, para el que se nombraba,
[…] ser descendiente, dentro del cuar- to grado, de judíos, moros o de herejes, cuyos huesos o estatuas hubieran sido quemados, conforme a los Estatutos Apostólicos de los papas Paulo IVy Gregorio XIII.19
Toda esta investigación sobre la per- sona designada, estaba sometida
[…] a inquisición jurídica de su lina- je, dos meses antes de ser nombrado en el Capítulo o Congregación.20
Pero no sólo los religiosos destina- dos a Tierra Santa, como Fray Antonio, debían llevar una vida con muestras de santidad y virtud, para que allí dieran buen ejemplo de la Fe, sino que, además,
[…] debían tener la aprobación en letras, y estar experimentados en nego- cios, para satisfacer a la obligación de su oficio y cargo.21
Al Padre Fray Antonio del Castillo - continúa el texto- se le nombraba Comisario, Procurador General y SíndicoApostólico de la Familia Cismontana, en virtud de todo lo dicho, y de los Breves Apostólicos,
[…] de nuestro santísimo Padre Martino Papa V, de catorce de enero (segundo año de su Pontificado), confirmado por nues- tro santísimo Padre Paulo Papa V, de que en esta parte usamos, & […].22
En consecuencia, era éste un cargo de grandísima responsabilidad, para el que nuestro ilustre franciscano recibió plena facultad, para la administración de los Santos Lugares. El nombramiento era para tres años, prorrogable a otro más, pero ya no podía ser elegido hasta pasa- dos dieciséis años (aunque podía ser Vicario o Vicecomisario).
Dentro de sus atribuciones, nuestro documento especifica la principal, que era la de nombrar Síndicos Apostólicos, para la recaudación de las limosnas,
[…] en quien entren las limosnas, mandas de testamentos, situaciones y otras qualesquier, para que las puedan haber, recibir y cobrar en nombre de la Santa Sede Apostólica…para ayuda (de los Santos Lugares) a su conservación yCarta de Sindicato de Jerusalén. AHC, 1637.
18. Ídem, ibídem. 19. Estatutos Generales de Barcelona, op. cit.: «De las elecciones e instituciones de los oficios», VII, 61-82. 20. Ídem, ibídem. 21. Ídem, ibídem. 22. AHC. «Papeles…», op. cit., ídem, ibídem. Recordemos lo dicho sobre las dos Familias franciscanas. Martín V (1417-1431) y Paulo V (1605-1621),
según el Liber Pontificalis o el Anuario Pontificio.
14
reparos, y sustento de nuestros Religiosos, que los tienen a su cargo.23
Otras funciones que debía cumplir nues- tro Comisario General son las siguientes:
- enviar las limosnas al Síndico General de la nación (en este caso, que reside en la villa de Madrid).
- llevar un libro de registro donde asienten las limosnas que reciba de Tierra Santa, con los gastos de portes y recogida.
- remitir las limosnas a Venecia y Mesina, y desde allí, a Jerusalén.
- ser avisados del envío de las limos- nas, para que se manden juntas.
- llevar al Capítulo General los libros de cuentas de las limosnas, en el que los Custodios, contabilizarán la suma de todas las limosnas de su provincia.
Por otra parte, el Comisario General tenía facultad de designar un sustituto o Vicecomisario, que realizara sus mismas funciones. También a éste se le obligaba a llevar un registro de las limosnas, especificando cantidades, y si eran espontáneas o perpetuas, anotándose en un libro diferente, en este último caso, seguidas del nombre del donante.
Una segunda función del Vicecomisarioconsistía en tomar la cuenta a los Síndicoscada seis meses, y hacerlo delante del párro- co principal de cada parroquia o lugar. En el mismo plazo debía enviar las citadas limosnas al Comisario o Procurador General de la nación, y si había algún impedimento, se entregarían en el convento más cercano.24
Como podemos comprobar todo estaba estrictamente contro- lado, en cuanto a la percepción de los dineros. Además, se impo- nían penas de excomunión mayor «latae sententiae ipso facto incu- rrenda» («sentencia mayor en el acto a los que incurran») a los que de cualquier forma defraudaren, porque las limosnas son
[…] para la conservación, restauración, socorro de los Santos
Lugares, aumento del culto divino, que en ellos se sirve…y también para el sus- tento y necesidades de los frailes nues- tros que allí viven, y de los peregrinos que se hospedan en sus conventos.25
Sin embargo, se consideraba lícito proveer a los Comisarios, Procuradores, Vicecomisarios y compañeros religiosos, de las limosnas recaudadas, para sus nece- sidades,
[…] pero con moderación, atendien- do a la pobreza que profesan.26
El cuerpo final del documento hace alusión, precisamente, a que el trabajo y el santo ministerio encomendado a nues- tro Comisario franciscano alcalareño no estaba remunerado,
[…] ya que no podemos gratificar en lo temporal, recibimos a V.M. a nues- tra Hermandad, y a toda su familia, a la
participación en vida y en muerte de todos los bienes espirituales, misas y ofi- ciosdivinos, meditaciones, confesiones, ayunos, vigilias y penitencias a Dios Nuestro Señor aceptas, que por su mise- ricordia ayuda a hazer a los Religiosos y Religiosas de toda nuestra Sagrada Orden, & […].27
Por último, nos queda por comentar de nuestro artículo la parte más llamati- va, representada por toda una completí- sima iconografía de la Orden Seráfica, simbolizada en cuatro representaciones.
Inmaculada: Es conocida la devo- ción a la Inmaculada Concepción que la Orden Seráfica le profesó, contribuyen- do a su arraigo y extensión por todo el mundo. Tanto es, así, que se denomina- ban «frailes de la Inmaculada». La ima- gen se presenta sobre la media luna cre-
ciente, como señora del Universo, tocada con corona real y, por cimera, las doce simbólicas estre- llas.Al pie, el anagrama concep- cionista «Ave María».
En otra tipografía, que adjun- tamos, aparece una Inmaculada semejante, aunque no coronada, presidiendo a la gran Familia Cismontana, con alusión al dogma de la Concepción, «Bajo la cató- lica augustísima protección del rey Felipe IV».28 Precisamente, desde 1644, este rey declaró «fiesta de guardar» el día de la Inmaculada. Anteriormente, el papa Sixto IV, en 1483, había extendido dicha fiesta por todo el Occidente.29 (5ª)
Escudo: Dentro del campo, rodeándolo, la cuerda que ceñía el hábito de los frailes. En el can- tón superior izquierdo, el emble- ma común de todos los francisca- nos, que comprende: la «Tau», más que cruz, que adoptó San Francisco, como señal de con- versión, penitencia y pertenencia a la Iglesia de Cristo; hasta tal punto que firmaba sus cartas con este símbolo.30
23. Ídem, ibídem. 24. Estatutos de los Frailes Recoletos: «Estatutos generales para los Lugares de Tierra Santa», IV, 106-107. 25. Ídem, ibídem. 26. Ídem, ibídem. 27. AHC. «Papeles…», op. cit., ídem, ibídem. Recordemos lo dicho sobre las dos Familias franciscanas. Martín V (1417-1431) y Paulo V (1605-1621),
según el Liber Pontificalis o el Anuario Pontificio. 28. Biblioteca de la Universidad de Granada. Sig. BHR/A-016-248. 1649. 29. Ninguna de las quince pinturas de la Inmaculada, repartidas por las iglesias de Sevilla, coinciden con la iconografía de la que presenta nuestro
documento (Nota de Autor). 30. La «Tau» es la última letra del alfabeto hebreo y la decimonovena del griego. La Tau la utilizó en el hábito, por primera vez, San Antonio Abad,
como distintivo cristiano. (Nota de Autor).
Ilustración de la Familia Cismont ana. Biblioteca Universidad de Granada, 1649.
15
Fue adoptada desde el Concilio de Letrán, presidido por el papa Inocencio III, en 1215. El Pontífice, después de describir la triste situa- ción de los Santos Lugares, profa- nados por sarracenos, y los escán- dalos que desacreditaban a la Iglesia, evocó el pasaje de Ezequiel (9, 3-6), y dirigiéndose a los presentes, entre los que se encontraba San Francisco, como Ministro General de la Orden, les dijo:
[…] habéis de castigar impla- cablemente a cuantos no están señalados con la Tau propiciatoria, y se obstinen en deshonrar la Cristiandad, &.31
El Papa señaló como portantes de la Tau a tres grupos: los que se alistaran en las Cruzadas; los que luchasen contra la herejía; y los pecadores que quisieran reformar su vida. En cuanto a los «Dos bra- zos cruzados con llagas en las pal- mas», representan a todos los Hermanos Menores de la Orden.32
En el cantón superior derecho, «Cincoramos o racimos» que sig- nifican las llagas de la crucifixión: las dos de las manos,la del pecho en el centro por la lanzada, y las dos de los pies. Este mismo escudo aparece en el monasterio de Bidaurreta, de monjas Clarisas Franciscanas, en Oñate (Guipúzcoa), pero superado por una coronade espinas (símbolo de la Pasión),y flanqueado a cada lado por dos ángeles tenantes.33
En punta, o parte inferior central, escudo de la «Cruz de Jerusalén» (tam- bién representada en la parte izquierda del retablo de la basílica de Asís). Esta cruz es la de los Cruzados y el símbolo del Reino de Jerusalén. Es una cruz griega, rodeada de otras cuatro, iguales pero más pequeñas, situadas en cada uno de los cuadrantes (o brazos), que representan a los cuatro evangelistas o, según otras teorías, los cuatro puntos cardinales por donde se difundió el men- sajede Jesucristo. Las cinco cruces, en conjunto, significan las cinco llagas de la crucifixión.
En la parte superior derecha encon- tramos la representación más antigua, y única, de la Ermita del Calvario, de la «Ermita de San Roque y San Ginés», un
eremitorio fundado en el siglo XVI, dedicado a la devoción de San Roque, protector de las epidemias, y a San Ginés de la Jara, otro eremita -olvidado de la tradición alcalareña-, protector de la vendimia según unos, y de la produc- ción y el trabajo, según otros. En primer plano,un monje franciscano, seguramen- te «SanRoque», eremita contemplando un crucifijo, insinuando la relación de la Ermita con la Orden Tercera de San Francisco, pues el santo había perteneci- do a dicha Orden (rama laica que vivió según la espitualidad franciscana). Al fondo, la Ermita, igual que la vemos hoy, con otro «Penitente recostado» junto a una ideal representación del «Puente». Ermita, San Roque y Puente: una trilogía heráldica y religiosa de siglos, que ha venido marcando una gran parcela de nuestra historia. De ahí, la representación simbólica de Alcalá.
Sello: El documento se cierra, al pie, con un sello ovalado símbolo, general-
mente, de una orden religiosa. Correspondeal sello del «Ministro General de toda la Orden de los Hermanos Menores», que así reza su leyenda. En el interior, (arriba) el Espíritu Santo inspira y derrama sobre los Apóstoles su sabiduría, en forma de lenguas de fuego; en el centro Jesucristo; en el extremo inferior, San Francisco.
El documento, pues, es una espléndida síntesis de la Orden franciscana, que nos da todas las claves simbólicas de su origen, sus postulados, su evolución y sus acti- vidadesconventuales y mendican- tes. Estos tres escudos en uno, a mi me sugieren el misterio de la Trinidad, y el conjunto de la icono- grafía del documento, una síntesis de los dogmas de la Iglesia.
A la vista de los documentos expuestos, la Orden de San Francisco tuvo, por consiguiente, una gran vinculación con nuestro pueblo, dejando una gran huella entre los alcalareños de su tiempo, gracias a su labor espiritual y mendicante. Tanto fue así que, incluso, la festi-
vidad de Santa María de los Ángeles (celebrada el 2 de agosto) fue el ori-
gen de la Feria que ahora disfrutamos, celebrándose en su honor a ella hace una extensa referencia nuestro escritor del Siglo de Oro, don Cristóbal de Monroy, en su comedia famosa El encanto por los celos y Fuente de la Judía. después, se llamó de Santa María del Castillo; más tarde, Virgen de Agosto; y, finalmente, Virgen del Águila, que recogió una bellísima tradición religiosa, insertándo- la en la más profunda costumbre religio- sa y festiva del pueblo.
Porque, en definitiva, no hay devo- ción sin diversión -y viceversa- en la vida de los pueblos. Sobre todo en nues- tra barroca Andalucía. Esperemos que el histórico lema de «Paz y Bien» de la Seráfica Orden nos proteja a todos, en estos tiempos tan difíciles, en los que la «hermana» pobreza franciscana es hués- ped permanente en muchos hogares.
31. Hace referencia a que los israelitas utilizaban este símbolo en los dinteles de sus puertas, durante la Pascua, para librarse del Ángel Exterminador (Nota de Autor).
32. En el retablo de la capilla de la basílica de San Francisco de Asís, parte derecha, está representada la Tau-Cruz (Nota de Autor). 33. Fundado en 1510 por Don Juan López de Lazárraga, tesorero y contador de los Reyes Católicos, y su mujer Doña Juana de Gamboa. (Nota de Autor).
José Luis Pérez Moreno Doctor en Historia
Premio Nacional de Historia e Investigación
«San Francisco ». Dibujo a color . Lápiz sobre p apel. José Guerra V entero (+). En su memoria.
16
Caseta «La Fuente del Piojo»
L A idea no es mía. Además, he tenido que discutir tanto y a
veces tan agriamente con su autor, que ganas me han dado de mandarlo todo a paseo. Pero, por fin, una tarde de la primavera, quizás muy similar a aquella en que Merceditas cambió de color, mi amigo Ramón Núñez Vaces lo hizo de parecer. Mi persistente esfuerzo no había sido en vano. De mane- ra que quedé encargado de plasmar por escrito la idea que mi segoviano y terco amigo había tenido. En rea- lidad, de hacer lo que pudie- ra.
Pero he de aclarar algún extremo más. No es que yo no tema al ridículo, pero mi sentido de la amistad, o del compañerismo, me lo hace despreciar en ocasiones. Y ésta es una de ellas: vale que yo lo haga, pero no consen- tiré, si de mí depende, que mi amigo el segoviano incu- rra en él. De modo que puede decirse que escribo el pre- sente texto por solidaridad no exenta de sacrificio.
Entremos en materia. Ramón quería escribir sobre Antonio Mairena, ahora que en septiembre se cumplirán treinta años de su fallecimiento. ¡En buen lío se iba a meter! ¡Escribir sobre Antonio Mairena! Nada menos. No es que yo pueda hacerlo bien, pero, como ya he dicho, lo que no podía consentir es que alguna o mucha gente se riera de este segoviano metido a exégeta de tan alta figura. Que lo hagan de mí, vale que sea. (Hay que reconocer que lo que escribió sobre Juan Talega no lo hizo mal del todo).
Pero, ¿qué decir de Antonio Mairena que no se haya dicho ya y que además no falte a la verdad, esa que casi siem- pre es relativa? ¿Que ha sido el cantaor más completo y enciclopédico de la his- toria del cante? ¿Que gracias a su empe- ño y facultades el gran público -no sé si cabe utilizar esa expresión en el mundo del flamenco- pudo conocer formas can- taoras casi perdidas o limitadas a exiguas minorías? ¿Que su aportación a la crea-
ción y desarrollo de los festivales fue importantísima? ¿Que gracias a él y a otros pocos el cante gitano pasó a ser mejor considerado en la sociedad? Pues sí, todo eso es cierto, e incluso segura- mente más cosas que mi incapacidad me impide reflejar. Bueno, y que cantaba mejor que bien.
Pero, todo hay que decirlo, ha habi- do gente que no ha considerado favora- blemente esas aportaciones, al menos del todo. Se trata de aficionados que todavía soñaban o sueñan con el cante en las casas de Triana, en las cuevas y en las gañanías, es decir, con la máxima pureza, con lo prístino. Pero el curso de la historia es, para bien y para mal, imparable e irreversible. Y ni el hacer de Antonio Mairena ni el de otros que no eran de su cuerda fue lo que determinó la realidad que acabó imponiéndose a finales de los años sesenta. La mutación en las formas de vida (vivienda, alimen- tación, oficios, comodidades, el coche en la puerta, la más absoluta comerciali-
zación, la televisión, artifi- ciosidad a tope y tantas cosas que impuso la «revo- lución» tecnológica) es lo que cambió la realidad de las formas y del fondo del flamenco, lo mismo que de todo lo demás. Es verdad que para mal e irremediable- mente, pero... Así que menos mal que por lo menos, en aquel tránsito trágico y defi- nitivo, hubo un Antonio Mairena y algunos y algu- nas más, últimos represen- tantes de una época que fenecía. Gracias a los prodi- gios de la técnica podemos gozar de esos prodigios del arte.
Hay algo que es necesario destacar: que Antonio Mairena fue el mayor aficionado al cante que se haya conocido. Rectifico: los habrá habido iguales, pero no más. Esta última quizás sea una de sus facultades -yo creo que la más esencial- menos cono- cidas o valoradas. Porque Antonio Cruz García no se levantaba, sino el último, de una reunión flamenca, ni deja-
ba de escuchar a alguien, ni concedía importancia al tiempo salvo para emple- arlo en el flamenco. Se ha dicho que esa dedicación la ejercía para sacar prove- cho, para aprehender cada matiz, cada tonalidad y faceta. Pues claro, nada más natural, pero demostración irrefutable de su profunda e inagotable afición. Yo creo que era el capitán Nemo del fla- menco, sumergido por siempre en el mar del cante y del baile para cumplir su propósito de que en el mundo terrestre ese Arte tuviese el lugar que merecía. Tarea en la que cualquiera hubiera fra- casado, no sólo él. Y me remito a lo del curso de la historia.
A mí me parece que hacer elogios es innecesario. Hacerlo de tal o cual can- taor correspondía cuando no existían medios de grabación y era la tradición oral la que ignoraba a unos y hacía inmarcesibles a otros. Por ejemplo, ¡cuántas cosas se han dicho de Frasco el Colorao, de Juaniquí, de Cagancho, de Joaquín la Cherna, de Tomás el Nitri,
19
Antonio Cruz García, «Antonio Mairena».
del Fillo, de la Andonda y más! ¿Yde Joaquín el de la Paula? Ese mismo que, por cierto, sigue sin tener una calle en Alcalá, su pueblo (aunque la tuvo en los años setenta). Sí la tiene, y grande, Antonio Mairena, desde poco después de su partida, en merecida gratitud. Tampoco tiene calle con su nombre Manolito el de María. ¡Increíble pero cierto! Pero, ¿qué más da?, el cante y sus hombres y mujeres no están en azu- lejos y placas, aunque no es de negar que lo merezcan, sino en el corazón de quienes tienen la facultad -porque es una facultad, muchas veces dolorosa, que no está concedida a cualquiera- de apreciar el arte que de ellos ha brotado.
Si los elogios son innecesarios, las comparaciones resultan absurdas. ¿Cómo y a cuento de qué hacerlo entre Antonio Mairena y cualquier otro cantaor que haya logrado celebridad, antes, durante y después de él? ¿Compararemos la aceituna con la pera? ¿El coco con la manzana? ¿El aguacate con la nuez? Claro que no, cada fruto tiene su sabor único, su textura diferenciada. Y cada uno nos aporta una sensación de placer distinta.
Pero, claro, hay a quien no le gustan las nueces; a otros, las manzanas; exis- ten los que no resisten ni que les mien- ten las aceitunas. «Hay gente pa tó», decía Rafael el Gallo (yo apostillaría a mi tocayo y hermano en la alopecia: «menos pa lo que tiene que haber»). Yo me cuento entre los que no les gusta todo (tengo un amigo que dice que a mí no me gusta nada, o casi). Sin embargo, o no obstante, jamás dejo de reconocer que tal o cual cantaor canta o cantaba muy bien, aunque a mí «no me ponga».
Hay de todo, sí. Sé de gente que tiene la más completa colección de dis- cos de flamenco: en ella se contienen todos los cantaores de los más variados estilos e idiosincrasias. Los más aleja- dos de unos como estos de los otros. Es gente a la que le gusta eso: todo de todos. Me alegro por ellos, aunque me resulta difícil creerlo. De hecho, hay actualmente algún cantaor-cantante que tiene tantas facultades que es capaz de cantar por, o imitar a, la mayoría de los más conocidos de la historia. Sí, pero como el muchacho transmite menos que un cable de cartón, ¿de qué vale tanto poderío?
La obra de Antonio Mairena produjo sus epígonos. Unos más afortunados que otros, como es natural. Al lado de excelentes seguidores hubo y hay imita- dores que aunque se llevaran cada día de su vida escuchándole no lograrían otra cosa que aburrir y desesperar al oyente (aunque las tragaérasdel gran público resultan increíbles). Lo mismo pasa con la pléyade de imitadores de otro celebé- rrimo cantaor, aunque en este caso no conozco ningún excelente seguidor, y sí muchísimos de los otros, hasta el punto de que cierto día, en un bar que ya no existe, uno que estaba cantando-imitando a ese celebérrimo de cuyo nombre no me acuerdo ahora, hizo que una lagartija cayera al suelo, muerta, y dos o tres gri- llos salieran de sus escondites, despavo- ridos.
Con todo lo referente a Antonio Cruz García pasa lo que con todo: o se es o no se es, se vale o no se vale. Muchos de ustedes conocerán aquello de Antonio Chacón, cuando alguien le preguntó que por qué siempre se hacía acompañar de cierto individuo que ni hacía palmas, ni decía nunca óle y casi ni hablaba. «Porque sabe escuchar», fue la respuesta del maestro. Lección que deberían aprender muchos, antes que la de escucharse. Pero hay que perder la esperanza en su logro: aquí todo el mundo nace sabiendo.
Ya no me quedan más recursos para seguir refiriéndome a Antonio Mairena. No sé si lo que digo a continuación es una procacidad, o un reflejo de cierto orgullo, pero el caso es que un día de
verano, estando yo, con mis diecinueve años a cuestas, en un bar que visitaba a diario, llegó Manuel García Fernández, «El Poeta de Alcalá», acompañado o acompañando a Antonio Mairena. Manuel, como yo ya surtía en asuntos del cante, me presentó al astro, o al revés, más bien. La mirada de Antonio, mientras nos dábamos la mano, hizo que me pusiera más encarnado que el toma- te más maduro que pueda acabar en un gazpacho.
Palabras, palabras. Lo que hay que hacer es escuchar. Para los noveles es difícil en este mundo tan trepidante y a la vez tan estancado. Para los ya experi- mentados también, porque el bote sifó- nico en que nos vemos sumidos no nos deja «ni atrás ni alante».
Así que, del amplio conjunto de gra- baciones (discográficas y no) que hay recogidas en internet, les propongo dos, aunque podrían ser cincuenta. Para los noveles puede que sean reveladoras; para los experimentados, o que crean serlo, dos ocasiones para romperse la camisa (las hayan escuchado ya o no). Una es de Perrate de Utrera en el primer Gazpacho de Morón (Perrate de Utrera & Diego del Gastor - Soleá - 1963). La otra es de Antonio Mairena (Antonio Mairena - bulerías - 1963), conseguida en el mismo festival. Para qué hablar más. Se podrí- an decir muchas más palabras, sesudas frases y elementos definitorios. Lo que tiene que hacer el interesado es escu- char. Que no, pues adiós, muy buenas.
20
Rafael Rodríguez González
Joaquín el de la Paula y Manolito el de María, ambos siguen sin tener una calle en Alcalá, en su pueblo.
21
22
EN EL MUSEO DE CÁDIZ
D ON José Marina Bocanegra, era Secretario del Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra en la década
de los cincuenta del pasado siglo. Cada año, disfrutaba de sus vacaciones en Cádiz donde gozaba de buenas amistades, entre ellas, la del director de Museo de Bellas Artes quien en alguna ocasión debió co- mentarle que entre los fondos del museo, se encontraba una pintura antigua de Alcalá, en concreto, una tabla medieval de San Bartolomé a tamaño natural, con una inscripción en la parte trasera donde podía leerse: «Iglesia de Santa María del Aguila. Alcala de Guadaira».
Don José visitó el Museo y contem- pló la tabla dando cuenta de ello a mi padre que le animó a escribir una rese- ña. Recabó la información necesaria y redactó un artículo que bajo el título: «San Bartolomé», fue publicado en la Revista de Feria de 1955, acompañado de fotografía en blanco y negro de buena calidad. Escribió que la tabla medía 2´14 metros de alta por 0´56 de ancha y esta- ba en depósito particular, es decir que no pertenecía a los fondos de públicos del Museo. Afirmaba que perteneció a la iglesia de Santa María del Águila, al pri- mitivo retablo de la Virgen, aunque pien- sa, que originariamente pudo proceder de la iglesia de San Miguel de Alcalá donde hubo una cofradía en honor del Santo. Luego cita a algunos especialistas afirmando que existen referencias en Post: «Historia de la Pintura Española», en Mayer: «Maestros de la escuela Sevillana»; y del Profesor Angulo Íñiguez, en un artículo publicado en «Archivos Españoles del Arte», quien encuentra analogías entre esta tabla y la pintura de la Natividad, que existía también en el altar de la Virgen, atribuida a Juan Sánchez de Castro. Es posible que esta información la recibiese del propio Museo, aunque era un hombre culto y buen aficionado a la pintura.
En marzo de 1957, don José Marina se marchó definitivamente de Alcalá por traslado al Ministerio de la Gobernación en Madrid como Inspector-Asesor de
Corporaciones Locales. En la Revista de Feria de aquel año, hay un testimonio gráfico del homenaje de despedida que la corporación municipal le ofreció en el Hotel Oromana por el importante ascen- so en su carera profesional.
TESTIMONIOS
Las hermanas Antonia y Manuela Rebollo Azaín trabajaron entre los años 50 y 70 del pasado siglo en la Tintorería Larios de Sevilla. Solteras, tenían su domicilio en la sevillana plaza de Zurbarán. Mantuvieron una larga amistad con mi
tía, María del Águila Romero Muñoz, hermana de mi padre, y persona muy conocida en Alcalá como directora de la coral de la Hermandad de Jesús Nazareno.
En diversas ocasiones comentaron que una amiga viuda, adinerada y de buena posición, residente en el sevillano barrio del Porvenir, tenía en su casa una tabla antigua, con la pintura de un santo a tamaño natural, en cuyo reverso cons- taba que pertenecía a la iglesia de Santa María del Águila de Alcalá. Antonia, Manuela y Mª del Águila fallecieron en los años 80, y nunca fue tiempo de com- probar aquel comentario.
También interesado por ella, a prin- cipios del siglo actual, Antonio García Mora, Profesor de Historia de Enseñanza Secundaria, contactó con el Museo de Bellas Artes de Cádiz, confirmando que la tabla no se encontraba depositada, aun- que tampoco recibió información sobre los propietarios. La investigación había quedado en punto muerto.
NUEVAS PISTAS
Como es sabido, en la cabecera de la nave de la epístola del Santuario, están los restos originales de una interesante pintura mural que representa a San Mateo y Santiago. A efectos de facilitar la inter- pretacióna las personas que la observan, la Hermandad me encargó redactar un texto explicativo, y buscando material parasu elaboración, recordé las similitu- des que el profesor don Enrique Valdivieso encontraba entre estas y las de San Isidoro del Campo en Sevilla, ahora atribuidas por la profesora Doña Rosario Marchena, al maestro Nicolás Gómez1, ilustrador y reconocido pintor medieval. Presuponiendo la semejanza entre ambas, me puse en contacto con ella para oír su opinión científica.
En los primeros cambios de impre- siones y tras descartar la autoría del reco- nocidomaestro, la profesora me pregun- tó si en la iglesia de Santa María del Águila había existido una Hermandad de San Bartolomé, pues en uno de sus últimos trabajos había localizado una referencia al contrato de ejecución de
24
¿QUÉ PASÓ CON LA TABLA DE SAN BARTOLOMÉ?
1. MARCHENA HIDALGO, ROSARIO: Nicolás Gómez. Miniaturista, pintor e ilustrador de libros del siglo XV. Diputación de Sevilla, colección «Arte Hispalense», número 81. Sevilla 2007.
Tabla medieval de San Bartolomé depositada en el Museo de Bellas Ar tes de Cádiz.
unas pinturas para el retablo del Santo. Fue entonces cuando le puse en antece- dentes y facilité tanto la foto como el artículo publicado en 1955 por don José Marina. La Profesora Marchena obtuvo del Museo de Bellas Artes de Cádiz información sobre los propietarios. Había sido depositada en 1931 por don Julio Varela Vázquez, y retirada en 1959 por su viuda Doña María del Rosario Purcell Llamas.
EL MATRIMONIO
VARELA PURCELL
En el primer rastreo telemático, pude confirmar que ambos habían fallecido, lo que ya presuponía, pero también cons- tatéque no tenían descendencia, pues no aparecía ningún español con esos apelli- dos. Los datos localizados sobre ambos cónyuges fueron reveladores pero insu- ficientes.
Don Julio Ángel Varela Vázquez era natural de Cádiz. Fue Almirante de la Armada Española y Ministro interino de la Marina2 en la II República, entre el 27 de enero y el 12 de febrero de 1932. Además del Boletín Oficial del Estado, así consta también en el Diccionario Biográfico de los Ministros Españoles (PB97-1148-C02-01).
Su brillante carrera militar desempe- ñada en el primer tercio del siglo pasa- do, estuvo premiada por la concesión de importantes reconocimientos oficiales. En 1927, siendo capitán de fragata, mediante despacho de 1 de junio, el Rey Alfonso XIII le otorgó la Cruz de Segunda Clase del Mérito Naval3 con distintivo blanco y pasador con lema «Industria Naval Militar»; y en 1932, el Presidente de la República le concedió en despacho de 22 de marzo, la Gran Cruz del Mérito Naval4. Al mes siguien- te pasó a la situación de reserva5 con el empleo de «Contralmirante Honorario», según acuerdo del Consejo de Ministros de fecha 5 de julio.
Finalizada su etapa militar pasó a la vida política ingresando en el Partido Radical Republicano de Lerroux, preci- samente durante una de los periodos más convulsos de la historia de España. Aparece en las listas de candidatos en las elecciones municipales de Sanlúcar de Barrameda y Puerto Serrano. El 2 de febrero de 1935 fue nombrado Presidente del Comité Provincial de Cádiz del Partido
Republicano Radical con el refrendo expre- so del propio Alejandro Lerroux. La Guerra Civil le debió coger en el desempeño de este cargo.
No he localizado información sobre actividades políticas durante la dictadu- ra de Franco, es posible que su talante democrático le hiciese permanecer apar- tado de la vida pública o bien que fuese expresamente excluido por el Régimen a causa de sus antecedentes políticos. Su esquela mortuoria publicada en ABCde Sevilla6 indica que falleció el 16 de agos- to de 1955, cuando mantenía su condi- ción de Contralmirante de la Armada. Estaba residiendo en Sevilla, calle Progreso, número 25, Chalet Ntra. Sra. de Fátima7, y tras el funeral en la parroquia de San Sebastián del barrio del Porvenir, su fére- tro fue trasladado a Cádiz donde recibió cristiana sepultura. Ruegan una oración su director espiritual, desconsolada espo- sa, madre política, sobrinos, sobrinos polí- ticos,primos y demás parientes y afec- tos, pero no aparecen hijos, lo que corro- boraque el matrimonio no los tuvo.
Tras enviudar, Doña Rosario Purcell mantuvo una posición social distinguida en la sociedad sevillana. Consta que en 1959, retiró del Museo Provincial de Bellas Artes de Cádiz la tabla de San Bartolomé. Debió ser aquella viuda adi- nerada, a decir de las hermanas Antonia y Manuela Rebollo Azaín, que residía en el barrio del Porvenir, donde ellas habían visto la pintura y leído la inscrip- ción.
En ABC, edición de Andalucía, sec- ción «Ecos de Sociedad», localizamos algunas referencias sobre viajes, como su regreso desde Madrid en octubre de 1957 acompañada de Doña Rosario Merry de Rivero-Dávila8; viaje a Roma en junio de 1958 acompaña nuevamente por Doña Rosario Merry, y del General Merry, Conde de Benomar9; o su marcha a La Coruña en octubre del mismo año donde consta como «Maruja Purcell, viuda de Varela»10.
Don José Marina Bocanegra.
Esquela
2. Consta el nombramiento y cese en los Boletines Oficiales del Estado de 30 de enero y 23 de febrero de 1932. 3. ABC (Madrid). Jueves 2 de junio de 1927. Página 17. 4. ABC (Madrid). Miércoles 23 de marzo de Edición de la mañana 1932. Página 19. 5. ABC (Madrid). Miércoles 6 de julio de 1932. Edición de la mañana. Página 17. 6. ABCnúmero 16.217 de 16 de agosto de 1955. Edición de Andalucía, página 26. 7. El Inmueble fue vendido y derribado. Su lugar lo ocupa un bloque de pisos. 8. ABC (Edición Andalucía). Jueves 31 de octubre de 1957. 9. ABC (Edición Andalucía). Martes 3 de junio de 1958. 10. ABC (Edición Andalucía). Martes 7 de octubre de 1958.
25
Desconozco la fecha exacta del fallecimiento de Doña Mª del Rosario Purcell. La única esquela mortuoria que he localizado aparece el del lunes 8 de febrero de 1988 en ABCde Sevilla por encargo de la Hermandad de los Javieres11, constando como hermana y Camarista de la Virgen. La esquela convoca a una Misa al día siguiente, en la parroquia de Ómnium Sanctorum, ante los devotos titulares.
He consultado recientemente a la Hermandad, en concreto a Maruja Vilches, hermana mayor, quien me informó que además fue nombrada «Camarera de Honor». Hablé también con su cónyuge José Márquez, pero tampoco me aportó datos significativos.
La pista del matrimonio Varela Purcell llegó a vía muerta cuando nos fue impo- sible localizar a sus familiares y com- probar que el chalet Nuestra Señora de Fátima había sido derribado y sustituido por un moderno edificio de pisos.
ESTUDIO DE LA
PROFESORA MARCHENA
Bajo el título de: «Las Pinturas de Santa María del Águila de Alcalá de Guadaíra», la profesora Doña Rosario Marchena Hidalgo, titular de Historia del Arte de la Facultad de Geografía e Historia, Universidad de Sevilla, publicó en 2011 un artículo donde además del análisis estilístico aportó dos noticias de sumo interés; de un lado, el con- trato de ejecución, y de otro, el estu- dio del reconocido profesor Angulo12
que en 1943 examinó la tabla cuando estaba depositada en el Museo de Cádiz.
Describe la profesora Marchena que San Bartolomé «de cuerpo ente- ro, está representado de tres cuartos, con dos cuchillos en su mano izquier- da,símbolo de su martirio, mientras
que con la derecha sujeta un libro que representa la epístola que se le atribuye y una anilla de la que cuelga la cadena que mantiene el diablo a sus pies, según la iconografía tradicional. El fondo de la tabla lo ocupa una cuadrícula en la que se alojan flores de cuatro pétalos y el pavimento es ajedrezado en blanco, negro y rojizo. Sobre la túnica oscura con cenefa en cuello y puños, un manto blanco de brocado bordeado también por grecas… …El nimbo de oro dice… BARTHOLOMEAEUS APOSTOLUS ORA PRO (NOBIS)"13.
Leemos en el mismo trabajo que el contrato de ejecución había sido locali- zado por don José Gestoso y Pérez14 en el antiguo Archivo de Protocolos Notariales15. Mediante carta de pago con fecha 7 de marzo de 1508, los pintores Gonzalo Díaz y Nicolás Calvo, vecinos de la parroquia del Salvador de Sevilla, reconocen haber recibido 8.000 maravedíes de Francisco
Sánchez, prioste de la cofradía de San Bartolomé de Alcalá de Guadaíra como parte del pago del retablo que estaban realizando para la referida Hermandad, cuyo contrato de ejecución había sido firmado ante la escribanía alcalareña de Pedro del Castillo.
LA COFRADÍA DE SAN BARTOLOMÉ
EN LA IGLESIA DE SAN M IGUEL
En el siglo XVI, había en Alcalá dos Hermandades de San Bartolomé, una más antigua y de mayor riqueza con sede en la parroquia de San Miguel, y otra en Santiago.
El padre Flores16 testimonia que en la cabecera de la nave colateral de la epístola de la iglesia de San Miguel, se encuentra la capilla de San Bartolomé con rótulo donde consta fundada en 1429 por Alonso Sánchez Oreja e Isabel González, y afirma que la cofradía era tan antigua, o aún más que la capilla. En San Miguel
había cuatro altares documentados: El mayor, dedicado al santo arcán- gel titular, el del Santo Cristo cruci- ficado, San Bartolomé y Santa Ana. Los informes delos visitadores refie- ren que los altares erande buenas pin- turas17; por contra, en la iglesia de Santiago el altar de San Bartolomése limitaba a una hornacina muy pobre en la pared con la iconografía del Santo.
La iglesia de San Miguel quedó arruinada en la primera mitad del siglo XIX. Ocupada por las tropas francesas en 1808, el edificio resul- tó muy dañado18, y aunque fue rea- bierta al culto algunos años des- pués, en 1842 quedó definitivamen- te cerrada por desplome de la nave central19. Es muy posible que a con- secuencia de todo ello la tabla de San Bartolomé fuera trasladada a la iglesia de Santa María del Águila, y allí permaneció cerca de 100 años
Restos ruinosos de la capilla de San Bartolomé en la iglesia de San Miguel. Fue fundada en 1429 porAlonso Sánchez Oreja e Isabel González. Al fondo se observa
el arco que acogía el retablo.
11. Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de las Almas, María Santísima de Gracia y Amparo, y San Francisco Javier. Iglesia del Ómnium Sanctórum. Sevilla. 12. ANGULO ÍÑIGUEZ, DIEGO: «San Bartolomé de escuela sevillana de fines del siglo XV, expuesto temporalmente en el museo de Cádiz". Archivo Español de Arte, Madrid: Instituto Diego Velázquez, 1946. 19(75), pgn 243. 13. MARCHENAHIDALGO, ROSARIO: "Las Pinturas de Santa María del Águila de Alcalá de Guadaíra". Archivo Hispalense. Número 285-287. Diputación de Sevilla 2011. 14. GESTOSO Y PÉREZ, JOSÉ: Ensayo de un diccionario de los artífices que florecieron en Sevilla desde el siglo XIII al XVIII inclusive. Sevilla: Andalucía 1889-1908. T.III, p.100. 15. Hoy Archivo Histórico Provincial de Sevilla. Libro II de Francisco Segura. Signatura 2.179. 16. DE FLORES LEANDRO JOSÉ: Memorias Históricas de la Villa de Alcalá de Guadaira. Sevilla 1833/34. 17. ROMERO GUTIÉRREZ, VICENTE: «La iglesia de San Miguel». Escaparate. Feria 2001. 18. Catálogo Histórico Artístico de Sevilla y su Provincial. Hernández Díaz, Sancho Corbacho y Collantes de Terán. Año 1941. 19. Diccionario Geográfico Histórico y Estadístico de España y sus posesiones de Ultramar. Pascual Madoz. Año 1846.
26
hasta que fue vendida a comienzos del siglo XX. Esta información la aporta el propio profesor Angulo20 que dice haberla recibido directamente de per- sonas vinculadas al Santuario. Quizás esta venta pudiera estar relacionada con la