H. Basilio Rueda Guzmán, “La Vida Comunitaria”, Circular del 6 de junio de 1970

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H. Basilio Rueda Guzmán, “La Vida Comunitaria”, Circular del 6 de junio de 1970 Serie meditativa 06

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H. Basilio Rueda Guzmán,

“La Vida Comunitaria”,

Circular del 6 de junio de 1970

Serie meditativa 06

cepam

H. Basilio Rueda Guzmán,

“La Vida Comunitaria”,

Circular del 6 de junio de 1970

Serie meditativa 06

cepam

Page 2: H. Basilio Rueda Guzmán,  “La Vida Comunitaria”,  Circular del 6 de junio de 1970

“Toda persona, comunidad o grupo humano tiene su estilo, su prototipo de relación humana y de vida común. En la construcción de la vida fraterna es indispensable

conocer, entender y respetar esta peculiaridad. Pretender forzar a las personas o a los grupos a que entren en

moldes y modos de relación inadecuados, en ambientes y culturas determinados, es hacer morir en su infancia todo

intento de revitalización de la vida comunitaria, intento que encontrará una sorda y pasiva resistencia: el

abstencionismo. Vivir distraídos y despreocupados de tales aspectos motiva un bloqueo a la comunicación de

personas, aunque éstas, por otra parte, se amen. No debemos desalentarnos jamás ante la aparente esclerosis

o trivialidad de una vida comunitaria, sino influir sobre ella, en la seguridad de que hay energías insospechadas

que piden reviviscencia.”

(H. Basilio Rueda Guzmán, “La vida comunitaria”, Circular del 6 de junio de 1970, Vol. XXV, N° 2, p. 125)

“Toda persona, comunidad o grupo humano tiene su estilo, su prototipo de relación humana y de vida común. En la construcción de la vida fraterna es indispensable

conocer, entender y respetar esta peculiaridad. Pretender forzar a las personas o a los grupos a que entren en

moldes y modos de relación inadecuados, en ambientes y culturas determinados, es hacer morir en su infancia todo

intento de revitalización de la vida comunitaria, intento que encontrará una sorda y pasiva resistencia: el

abstencionismo. Vivir distraídos y despreocupados de tales aspectos motiva un bloqueo a la comunicación de

personas, aunque éstas, por otra parte, se amen. No debemos desalentarnos jamás ante la aparente esclerosis

o trivialidad de una vida comunitaria, sino influir sobre ella, en la seguridad de que hay energías insospechadas

que piden reviviscencia.”

(H. Basilio Rueda Guzmán, “La vida comunitaria”, Circular del 6 de junio de 1970, Vol. XXV, N° 2, p. 125)

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“Pueden presentarse formas de narcisismo comunitario que generen un ambiente de ghetto, pero nunca será ésta

la imagen de la comunidad evangélica que el Señor ha querido. Poco importa lo que aquí pueda decir una

investigación sociográfica; no podemos renunciar al Evangelio, ni constituir en modelo un modo de vivir que nos aleje de la búsqueda infatigable de la unidad y del

amor preconizados por el Maestro divino. Dicha investigación podría probar como hecho mayoritario, en no pocos ambientes moralmente medios, el egoísmo, la infidelidad conyugal, la injusticia social y conmutativa,

etc. No podríamos, por ello, aceptarlos como «manera de actuar». Por el contrario, según dice muy bien Matura: «El dinamismo de una relación auténtica no conoce límites;

abraza a todos los hombres».”

(H. Basilio Rueda Guzmán, “La vida comunitaria”, Circular del 6 de junio de 1970, Vol. XXV, N° 2, p. 127)

“Pueden presentarse formas de narcisismo comunitario que generen un ambiente de ghetto, pero nunca será ésta

la imagen de la comunidad evangélica que el Señor ha querido. Poco importa lo que aquí pueda decir una

investigación sociográfica; no podemos renunciar al Evangelio, ni constituir en modelo un modo de vivir que nos aleje de la búsqueda infatigable de la unidad y del

amor preconizados por el Maestro divino. Dicha investigación podría probar como hecho mayoritario, en no pocos ambientes moralmente medios, el egoísmo, la infidelidad conyugal, la injusticia social y conmutativa,

etc. No podríamos, por ello, aceptarlos como «manera de actuar». Por el contrario, según dice muy bien Matura: «El dinamismo de una relación auténtica no conoce límites;

abraza a todos los hombres».”

(H. Basilio Rueda Guzmán, “La vida comunitaria”, Circular del 6 de junio de 1970, Vol. XXV, N° 2, p. 127)

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“En la medida en que haya religiosos que dejen obrar en ellos la acción unificadora de Cristo, será posible la existencia de comunidades más abiertas, pacíficas y

polivalentes. Por esto, en los religiosos llamados a vivir en comunidades normales, la vida y el amor sobrenaturales deben ser no una ficción sino una verdad existencial y operante. Sólo así dichas comunidades, lejos de ser un

artificio insostenible, una ficción de vida comunitaria en la que aparezca una mera coexistencia fría y pacífica donde

varios mantengan su núcleo afectivo-social externa o clandestinamente (su mundo de compensación o de

evasión al menos), serán, por el contrario, lugares donde la gracia y la acción del Espíritu Santo se manifestarán. De ese modo aparecerá una forma de vida y de relaciones humanas que estarán exentas de toda violencia, porque nacen de un

principio y de una realidad interiores.”

(H. Basilio Rueda Guzmán, “La vida comunitaria”, Circular del 6 de junio de 1970, Vol. XXV, N° 2, p. 128)

“En la medida en que haya religiosos que dejen obrar en ellos la acción unificadora de Cristo, será posible la existencia de comunidades más abiertas, pacíficas y

polivalentes. Por esto, en los religiosos llamados a vivir en comunidades normales, la vida y el amor sobrenaturales deben ser no una ficción sino una verdad existencial y operante. Sólo así dichas comunidades, lejos de ser un

artificio insostenible, una ficción de vida comunitaria en la que aparezca una mera coexistencia fría y pacífica donde

varios mantengan su núcleo afectivo-social externa o clandestinamente (su mundo de compensación o de

evasión al menos), serán, por el contrario, lugares donde la gracia y la acción del Espíritu Santo se manifestarán. De ese modo aparecerá una forma de vida y de relaciones humanas que estarán exentas de toda violencia, porque nacen de un

principio y de una realidad interiores.”

(H. Basilio Rueda Guzmán, “La vida comunitaria”, Circular del 6 de junio de 1970, Vol. XXV, N° 2, p. 128)

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“No hay que hacer mitificaciones de la vida comunitaria, ni fundar en ella esperanzas ilusorias, pues hay cosas que ni aún la vida comunitaria más valiosa puede dar. De no tener esto bien presente, se puede caer en uno de dos extremos erróneos: a) Sofocar a las personas con una hipertrofia de

relaciones: juntas, actos comunitarios orientados al intercambio y a la reactivación de la vida común, cayendo

así en un comunitarismo exagerado, irrespetuoso, despersonalizador, alienante, mantenido con la afirmación

reiterada y casi maniática de que no tenemos vida comunitaria suficiente. b) Sufrir desencanto porque, a

pesar de los esfuerzos de reactivación de la vida comunitaria, ésta no da lo que de ella se esperaba. La

decepción será tanto más grande cuanto mayores eran las esperanzas que infundadamente se mantenían. El único modo de poder creer estable y fundamentalmente en una

cosa es el no mitificarla.”

(H. Basilio Rueda Guzmán, “La vida comunitaria”, Circular del 6 de junio de 1970, Vol. XXV, N° 2, p. 129)

“No hay que hacer mitificaciones de la vida comunitaria, ni fundar en ella esperanzas ilusorias, pues hay cosas que ni aún la vida comunitaria más valiosa puede dar. De no tener esto bien presente, se puede caer en uno de dos extremos erróneos: a) Sofocar a las personas con una hipertrofia de

relaciones: juntas, actos comunitarios orientados al intercambio y a la reactivación de la vida común, cayendo

así en un comunitarismo exagerado, irrespetuoso, despersonalizador, alienante, mantenido con la afirmación

reiterada y casi maniática de que no tenemos vida comunitaria suficiente. b) Sufrir desencanto porque, a

pesar de los esfuerzos de reactivación de la vida comunitaria, ésta no da lo que de ella se esperaba. La

decepción será tanto más grande cuanto mayores eran las esperanzas que infundadamente se mantenían. El único modo de poder creer estable y fundamentalmente en una

cosa es el no mitificarla.”

(H. Basilio Rueda Guzmán, “La vida comunitaria”, Circular del 6 de junio de 1970, Vol. XXV, N° 2, p. 129)

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“La comunidad no puede ser nuestra esposa; es decir, nunca será capaz de darnos aquel tipo de satisfacción, tan natural, que viene del amor a la

mujer, ni llenar como tal nuestras valencias heterosexuales. Asimismo, la comunidad no

puede sustituir nuestra necesidad de intimidad y recogimiento, y tampoco podrá remplazar a Dios ni anular nuestro sentimiento óntico de soledad.

Sería inútil aspirar a obtener de ella tales servicios: nos desilusionaría y vendría luego la tentación de abandonarla al percatamos de la imposibilidad en que se encuentra para llenar

todas nuestras aspiraciones.”

(H. Basilio Rueda Guzmán, “La vida comunitaria”, Circular del 6 de junio de 1970, Vol. XXV, N° 2, p. 130)

“La comunidad no puede ser nuestra esposa; es decir, nunca será capaz de darnos aquel tipo de satisfacción, tan natural, que viene del amor a la

mujer, ni llenar como tal nuestras valencias heterosexuales. Asimismo, la comunidad no

puede sustituir nuestra necesidad de intimidad y recogimiento, y tampoco podrá remplazar a Dios ni anular nuestro sentimiento óntico de soledad.

Sería inútil aspirar a obtener de ella tales servicios: nos desilusionaría y vendría luego la tentación de abandonarla al percatamos de la imposibilidad en que se encuentra para llenar

todas nuestras aspiraciones.”

(H. Basilio Rueda Guzmán, “La vida comunitaria”, Circular del 6 de junio de 1970, Vol. XXV, N° 2, p. 130)

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Deja que lo que has leído se hunda lentamente en tu espíritu.

Ora al Señor por medio de María para que lo comprendas mejor y lo

lleves a la vida

Deja que lo que has leído se hunda lentamente en tu espíritu.

Ora al Señor por medio de María para que lo comprendas mejor y lo

lleves a la vida