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su manifestación más frecuente y en ocasio-nes es bilateral. El diagnóstico de neurosar-coidosis puede resultar extraordinariamentecomplicado, puesto que no sólo las manifes-taciones clínicas sino también las radiológi-cas resultan inespecíficas con elevada fre-cuencia. Del mismo modo, la práctica deuna biopsia neurológica resulta casi siemprearriesgada. En nuestro caso el diagnósticodiferencial incluyó:

– Infecciones del sistema nervioso central(SNC). Algunos microorganismos como Bo-rrelia, Treponema pallidum, Mycoplasmaasí como ciertos hongos y virus neurotropos(herpes simple, varicela zoster, sarampión)pueden originar parálisis de pares craneales;sin embargo, tanto el cultivo de líquido cefa-lorraquídeo (LCR) como la serología resulta-ron negativos.

– Enfermedades sistémicas. Descartamos laexistencia de enfermedades que, como el sín-drome de Sjögren, la enfermedad de Behçet oel lupus eritematoso sistémico (LES), puedencursar con parálisis del VII par dada la ausen-cia de otros datos clínicos sugestivos de éstas,así como por la ausencia de autoanticuerpos yla presencia de valores normales de comple-mento (C3, C4) en suero y LCR.

– Esclerosis múltiple (EM). La diferencia-ción con la EM puede resultar muy difícil ya veces imposible, dada la similitud de loshallazgos de la neuroimagen en ambas en-fermedades. La parálisis facial bilateral esun cuadro extremadamente raro en el con-texto de EM; del mismo modo, el estudiodel LCR, que en el caso de nuestra pacientepresentaba valores elevados de inmunoglo-bulinas (23,5%; VN, 3-12%), más típicos deneurosarcoidosis, hace poco probable eldiagnóstico de EM7-9,19.

– Enfermedad oclusiva de pequeños vasos.Aunque las pruebas de imagen pueden ser su-perponibles con las de sarcoidosis, el elevadonúmero de lesiones desmielinizantes que pre-sentaba la paciente, su edad (< 50 años) y laausencia de factores de riesgo graves como ladislipemia, la hipertensión o la diabetes ha-cen poco probable ese diagnóstico14-19.

Creemos que este caso ilustra de formasignificativa la necesidad que existe en lapráctica diaria dermatológica de un adecua-do conocimiento de las enfermedades cutá-neas que, como la sarcoidosis, pueden aso-ciar sintomatología sistémica o compromisode otros órganos; por tanto, se hace necesa-rio un seguimiento periódico de tales pa-cientes aun cuando no existan datos suges-tivos de afección extracutánea.

Miguel Aguilar Berniera, Julio Bassas Vilaa,

Alberto Fernández Díazb, María Visitación Torrero Antóna

y Alberto Miranda Romeroa

aServicio de Dermatología. Hospital Clínico Universitario.

Facultad de Medicina. Valladolid. bServicio de Neurología.

Hospital Clínico Universitario. Facultad de Medicina. Valladolid. España.

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Millium, nunca máis

Sr. Director:He visto con satisfacción que, durante los

últimos meses, en PIEL se han publicado va-rios artículos sobre lenguaje dermatológico.De ahí mi extrañeza cuando en la página 80

del número de febrero de 2003 me he en-contrado con el término «quiste tipo mi-llium».

Hace siete años que usted tuvo la amabili-dad de publicar en esta Revista otra cartamía sobre ese mismo inadecuado término1.Como entonces decía, la palabra milliumno existe en ninguna lengua conocida. Setrata, en todo caso, de una forma incorrectade escribir la palabra latina milium, quesignifica mijo. Milium (pl. milia) se empleaen la literatura médica de habla inglesa paradenominar un quiste del tamaño de un gra-no de mijo. Por tanto, su traducción al espa-ñol debería ser mijo, grano de mijo, o quistedel tamaño de un grano de mijo. Demasiadolargo, ¿verdad?; por eso en español se ha di-cho toda la vida quiste miliar. El adjetivomiliar se viene usando de siempre, tanto endermatología como en medicina general,para referirse a lesiones de muy pequeño ta-maño (tan pequeñas como un grano demijo). Algunos ejemplos: acné miliar, milia-ria rubra y cristalina, lupus miliaris disse-minatus faciei, tuberculosis miliar…

Por favor, querido director, millium, nun-ca máis.

Evaristo Sánchez YusDepartamento de Medicina II (Dermatología).

Universidad Complutense. Madrid. España.

BIBLIOGRAFÍA

1. Sánchez Yus E. Sobre los quistes, su diagnósticoy su denominación. Piel 1997;11:389-90.

¿Proteico o proteínico?

Sr. Director:Hojeando el número de marzo de PIEL, me

encuentro con un magnífico artículo de re-visión de De la Cuadra titulado «Dermatitisde contacto proteica»1. En ese momento re-cordé que en una reunión de hace unos me-ses se presentó una comunicación con se-mejante título y yo me dirigí privadamente asu autor para llamarle la atención sobre loimpropio que me parecía llamar «proteico»a lo que en realidad era «proteínico»; en to-das las citas con que ilustró su comunica-ción figuraba el término inglés protein, nun-ca protean, que es la traducción inglesa delespañol «proteico».

Ahora, con el fin de corroborar mi impre-sión, acudí al Diccionario de la Real Acade-mia Española2 donde encuentro: «Proteico,ca. Que cambia de forma o de ideas. 2. Quím.proteínico». Y, más adelante, «proteínico,ca. Referente o relativo a las proteínas, ytambién en general a los prótidos».

Ante mi sorpresa por esa inesperada segun-da acepción de proteico como proteínico,consulto el Diccionario Crítico de Dudas In-glés-Español de Medicina3 donde encuentro:

460

Cartas al Director

Piel 2003;18(8):459-61 98

90.385

91.403