Bésame mucho - Gloria Albert Zamora

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Gloria Albert ZamoraDesarrollo Cognitivo y Motor

Sandra Molines

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Desarrollo Cognitivo y Motor

“BÉSAME MUCHO” Carlos González

ÍNDICE

Análisis crítico…………………...……………………..………….Página 3

Opinión personal…………………………….....………………….Página 6

“Bésame mucho” Carlos González- 2 -

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Desarrollo Cognitivo y Motor

“BESAME MUCHO” Carlos González

Análisis crítico

En este libro, Carlos González no sólo quiere enseñar una manera clara de educar a

nuestros hijos, sino también que los padres aprendan y no pierdan su tiempo con normas y

reglas (que según él, no hacen nada de bien al niño) y aprovechen más el tiempo en

disfrutar y ser felices al lado de los hijos. También que los niños son buenos y que tienen

unas necesidades que los padres deben satisfacer: cariño, respeto y atención.

El libro está divido en tres partes:

1. El niño bueno y el niño malo.

2. Por qué los niños son así.

3. Las teorías que el autor no comparte.

En la primera parte, el autor está en desacuerdo con algunas teorías para criar a los

niños; mucha gente piensa que a los niños se les debe de hacer el caso justo para que no se

malcríen, porque si un niño está sobreprotegido nunca va a desarrollar su personalidad, o

aunque lloren no cogerlos al brazo porque se les malcría, o no dormirlos al brazo sino que

aprendan (con sólo tres meses) a dormir solos en una habitación y separado de su madre,

llevarlo a la guardería muy pronto para que su madre se sienta realizada y pueda volver a su

trabajo, estudios, etc…

Carlos González habla de los tabúes que nos crea la sociedad como padres; nosotros

pensamos que lo mejor para un niño es el contacto físico con la madre, y lo que defienden

estos argumentos es aumentar la distancia entre madre e hijo.

También nos hace reflexionar sin entrar en muchos detalles (lo hará más adelante) en el

castigo físico y lo compara con los adultos, porque pegar a un adulto se llama “violencia

doméstica” y pegar a un niño se llama “castigo físico”.

En la segunda parte del libro nos habla de por qué los niños son así; es una pregunta

que se hacen muchos padres, y estos mismos son los que opinan que un niño debería venir

con un manual de instrucciones, y estos mismos los que se creen y hacen todo lo que

opinan los expertos (médicos, psicólogos, psiquiatras,…) sin saber qué teoría ni que forma

de pensar tienen estos especialistas, porque de creencias se trata y no de ciencias. Los

padres se convencerán y defenderán todo lo que digan estos especialistas a los que llevan a

sus hijos, sin pensar en las creencias en las que éstos se basan.

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En este libro está muy presente la conducta, y nos dice que no sólo heredamos lo

que nos aportan los genes, sino también lo que nos aporta el aprendizaje, el ejemplo y la

educación, y por eso a lo largo del libro nos pone ejemplos de niños de otros países,

culturas, tradiciones y de animales. Por ejemplo, si a un niño se le pega y no se le trata con

cariño, cuando sea adulto no será cariñoso, comprensivo y pacífico. Al igual que los

animales, han ido mejorando su aprendizaje de superación y supervivencia por las

conductas que les han resultado beneficiosas para seguir adelante.

El autor es un defensor nato de la lactancia materna, siempre y cuando sea una

demanda del bebé, pero siempre nos guiamos por otras madres (más expertas) con niños

mayores, que pueden dar cierta clase de consejos como: a los seis meses quitarle el pecho y

sólo darles biberón; no alargar la excedencia laboral porque hay que realizarse como mujer

y no quedarse en casa al cuidado de los niños; los niños deben ir pronto a la guardería para

que aprendan; si lloran es por capricho (nadie se muere por llorar).

Es cuando los llevamos a la guardería cuando se produce el mayor despego con la

madre, y seguimos sin entender cuando salen después de estar ocho horas sin vernos y con

personas “extrañas”, nos sorprende que quieran ir al brazo, que lloren a la salida o que

lloren al vernos, que no quieran dormir solos y que sólo quieran que se les dé afecto y

cariño. Y si se hace todo lo anterior, es cuando se les malcría, y toman el pelo a los mayores

porque los niños son egoístas. Los niños no son egoístas porque en principio no saben lo

que significa ese término tan abstracto; los niños hacen las cosas desinteresadamente y no

para manipularnos, como cuando no quiere caminar no nos paramos a pensar que esté

cansado, que le duela algo o que quiera estar cerca de sus padres; no, sólo pensamos que es

manipulador y que nos ha cogido la medida con sus lágrimas de cocodrilo.

Para hablarnos de los celos (algo natural), Carlos González nos habla de Freud y de

su teoría sobre el complejo de Edipo para decirnos que si un padre tiene celos al creer que

puede ser suplantado por su hijo, va a tener unas necesidades afectivas: las necesidades de

los niños son iguales de importantes.

Siempre se habla si el niño es desinteresado, generoso, si sabe perdonar, si es

valiente, diplomático, sociable, comprensivo, en fin, buena persona, pero empecemos los

adultos a compartir, que compartimos bien poco y nos quejamos cuando vamos al parque y

nuestros hijos no comparten sus juguetes. Si sabe perdonar, se le suelen pasar antes los

enfados que a los adultos. Si es social, los niños juegan con cualquier niño, da igual la clase

social, raza o forma de vestir; somos los adultos los que les decimos con este niño sí o con

este otro no.

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En la tercera parte, nos explica las cosas que no comparte y con las que no está de

acuerdo. Nos hace una reflexión sobre la educación conductista y los experimentos de

Skinner, que llegó a la conclusión de que sus descubrimientos podían aplicarse al ser

humano y que cualquier conducta podía ser modelada con los esfuerzos adecuados.

Se ha visto que el experimento que llevó a cabo con los niños aislados en el

“acuario” para que no fueran malcriados ni conocieran la frustración ni la ansiedad (por eso

no lloraban) no ha dado resultado. El autor nos dice que lo más parecido a este experimento

son las incubadoras de un hospital, y allí los niños sí que lloran; por eso ahora se está

fomentando el “método canguro”: nada más lejos, lo mejor para estos bebés es el contacto

con la madre.

Tampoco está de acuerdo con los que dicen que si el bebé duerme entre sus padres

es malo, que es mejor que duerma sólo y que si llora ya se acostumbrará. Él dice que la

muerte súbita disminuye donde los niños duermen en la cama o en la misma habitación que

sus padres.

También nos dice que se han publicado libros sobre cómo golpear a los niños y no

han sido retirados; eso nos da que pensar que si un marido pega a su mujer es “violencia

doméstica”, pero si un padre le pega un bofetón a su hijo es “educar”.

El autor también critica los premios y castigos; dice que se puede educar a los niños

sin castigos y sin premios. Los niños hacen cosas que a los padres no les gustan, pero

siempre se debe dialogar y llegar a que lo comprendan. Cuando hacen algo bien no hay que

enseñarles que deben hacerlo bien para así recibir un premio cada vez que lo vuelvan a

hacer bien. Por ejemplo, si se acabas los deberes, saldremos al parque (tarea + premio). Lo

correcto, según él, sería: esta tarde vamos al cine, así que date prisa y haz los deberes (tarea

+ refuerzo positivo). Lo mismo ocurre con el castigo y el premio en el control de esfínteres;

cada niño tiene los esfínteres maduros a edades diferentes y por eso no hay que forzarlos.

Los niños aprenden solos, es algo innato, aunque para ello debe de haber un contexto

propicio. Por ello, no es más importante que vaya a la guardería que estar en casa con un

adulto; siempre se va a querer lo mejor para nuestros hijos y no se les dejará de enseñar

cosas buenas aunque no vaya a la guardería.

La mayoría de los padres piensan que aunque pasen poco tiempo con sus hijos, lo

que cuenta es la calidad, pero si se pasa mucho tiempo es más probable que haya más

tiempo de calidad en diez horas que en dos. Por eso, acaba diciendo que “los días y

momentos felices que pases con tus hijos dependerán de ti”.

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Opinión personal “BESAME MUCHO” Carlos González

Al principio no me gustó la idea de leerme este libro; cuando la profesora nos

mandó hacer el trabajo, unos leeríamos “Bésame mucho” y el resto “Duérmete niño”, y

sólo nos dijo que uno (“Bésame mucho”) se decantaba por las necesidades exclusivas del

niño y el otro (“Duérmete niño”), todo lo contrario.

A mi me tocó leer “Bésame mucho” y lo primero que pensé fue: “Socorro, no

comparto ninguna idea con este autor. Yo quiero leerme el otro libro”.

Al principio me resultó un poco aburrido porque habla mucho del comportamiento

animal, y eso no me resultó atractivo de leer; yo seguía con mi opinión de no tener nada que

ver con las ideas del autor.

A medida que iba avanzando la lectura del libro (poco a poco, todo hay que decirlo)

no me disgustaban tanto las ideas, también porque siempre las comparaba con ejemplos con

los adultos y no resultan tan descabelladas sus teorías. Una de las cosas que no me ha

gustado nada porque me resulta muy aburrido y distraído es la cantidad de datos

estadísticos que aporta en cada ejemplo; cuando los acabas de leer ya no te acuerdas de los

números.

Yo opino que todos los padres primerizos suelen estar un poco asustados y se

aferran a las experiencias y teorías de los abuelos, vecinos, médicos, etc… Creo que eso es

normal.

Me he dado cuenta que comparto más ideas con el autor de lo que al principio

pensaba, aunque sigo sin estar de acuerdo en que todos los padres no quieran pasar todo el

tiempo del mundo con sus hijos, pero influyen por desgracia muchas situaciones

personales, como el trabajo, la economía, etc… y que todos los padres cuando actúan sobre

la educación de sus hijos desde la lactancia hasta el momento de llevarlos a la guardería,

actúan en consecuencia pensando que es lo mejor para sus hijos, y que no siempre buscan

su propio bienestar. Para ello, hay que ser padres y equivocarse muchas veces; así es como

se aprende. Yo creo que al escribir este libro, Carlos González se daría cuenta que él

también se equivocó probablemente alguna vez con sus hijos.

Aunque haya gente que no comparta las mismas creencias y teorías, si llegase a leer

el libro y leyese el epílogo “El día más feliz” seguro que estaría de acuerdo con él.

“Los días más felices de su hijo están por venir, depende de usted.”

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