Comodificación Justicia Ambiental - Romero

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    Comodificacin, exclusin y falta de justicia ambiental*

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    Hugo Romero

    Universidad de Chile (Chile)

    Introduccin

    Los gegrafos latinoamericanos participamos ma-yoritariamente de una moral pblica que cree que es posible aumentar los grados de libertad, felicidad y bienestar de las pobla-ciones regionales y locales mediante un autntico proceso de desa-rrollo sustentable. Dicho proceso, en trminos geogrficos, debera mantener o generar nuevos territorios y espacios geoeconmicos, conformados por clusters espaciales y encadenamientos de valor entre las empresas pblicas y privadas, distribuidos en forma equi-librada a lo largo y ancho de los pases, y favorables para el desa-rrollo regional y local, originando y aprovechando externalidades

    * Los artculos y captulos de libros que han servido de base para la preparacin de este ensayo son producto de proyectos de investigacin cientfica dirigidos por el autor y que han contado con la valiosa colaboracin de colegas, asistentes y estudiantes y han sido financiados por el Fondo de Desarrollo de la Ciencia y Tecnologa del Gobierno de Chile (Fondecyt) y el Departamento de Investigaciones (DI) de la Universidad de Chile, a todos los cuales el autor agradece su permanente apoyo.

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    positivas derivadas de la descentralizacin, la desconcentracin y las formas de crecimiento espacial difuso. Estos ltimos patrones espaciales, ahora son ms factibles de observar gracias a la revo-lucin del transporte y las telecomunicaciones.

    Desde el punto de vista de la vigorosidad del tejido social, el desarrollo sustentable debiera prescribir nuevos rdenes territo-riales, caracterizados por la convergencia y equidad, integracin e inclusin socioespacial de los habitantes regionales y locales. Fi-nalmente, desde el punto de vista ambiental, se trata de conservar y asegurar la integridad ecolgica de los ecosistemas, reduciendo la degradacin, fragmentacin y contaminacin de los paisajes na-turales, asegurando y perfeccionando los usos sostenibles e inte-grados de los recursos naturales.

    Sin embargo, dado que no abundan los ejemplos sobre de-sarrollo sustentable en el continente, parece ser necesario pre-guntarse sobre algunos de los factores que impiden o retardan la consecucin de estos objetivos de la moral pblica en los territorios latinoamericanos. Sostenemos que la privatizacin y la comodi-ficacin de los territorios y sus recursos constituyen elementos fundamentales que deben ser considerados, en la medida que el derecho de propiedad individual, aplicado irrestrictamente por el neoliberalismo, limita severamente la funcin social de la pro-piedad y los recursos de que disponen los Estados.

    Es evidente que desde la imposicin de los mecanismos de ajuste estructural por parte de las agencias financieras internacio-nales, los Estados han dispuesto de cada vez menores recursos para financiar las urgentes y crecientes necesidades de las sociedades regionales, a lo que se debe agregar la menor recaudacin de im-puestos y la venta de sus activos y participaciones empresariales, muchas veces a viles precios.

    Mientras se acepta casi sin discusin en la regin, que el libre mercado es el mecanismo principal para determinar los precios y asignar recursos, incluidos los territorios y espacios geogrficos, el bien comn, la propiedad pblica y las funciones regulatorias de los Estados han sido severamente estigmatizados y restrin-gidos en sus alcances conceptuales y espaciales. Las economas

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    de aglomeracin generadas por la aplicacin casi exclusiva de las premisas neoliberales han impulsado una concentracin espacial, demogrfica, econmica y poltica, mayor que en las dcadas an-teriores, estimulando la metropolizacin y sobreurbanizacin de la poblacin y cambiando la utilidad de los lugares, facilitando la implantacin de redes globales que controlan el espacio geogrfico, en reemplazo de procedimientos de ordenacin del territorio y de proteccin de la naturaleza, de la sociedad y de sus instituciones.

    El espacio reticular resultante despus de varias dcadas de apli-cacin de las premisas neoliberales en Latinoamrica, ha producido solo unos pocos nodos y trazos que exhiben altos niveles de inte-gracin y conectividad espacial, mientras extensas reas intersticiales de las redes permanecen al margen de la modernidad y el desarrollo, como espacios naturales, socioculturales y econmicos excluidos, acentuando de esta forma las disparidades regionales. Los beneficios obtenidos por la produccin y venta de commodities (productos de produccin masiva con escaso valor agregado) a lo largo y ancho de los pases de la regin, son drenados hacia las ciudades principales o repatriados hacia los cuarteles generales de las empresas transna-cionales, sumiendo o manteniendo en la pobreza a los habitantes de las reas donde se ubican yacimientos mineros, plantaciones fores-tales, cultivos de exportacin, represas hidroelctricas o planteles acucolas, como sucede en Chile. Se hace imprescindible y urgente implantar la justicia ambiental y territorial, adems de recuperar y fortalecer la justicia social en los territorios y paisajes de los pases de la regin afectados en la actualidad por complejos procesos de frag-mentacin, exclusin e inequidad.

    Las narrativas y discursos del neoliberalismo han propuesto y han sido especialmente eficientes en conseguir la hipersegmen-tacin de los espacios donde se localizan los mercados urbanos y rurales, acentuando la segregacin socioespacial y debilitando los centros de convergencia, servicios y espacios pblicos que convo-caban a la totalidad de la sociedad. Desde el punto de vista de la moral pblica, empresarios y gobiernos se esmeran por descalificar el bien comn, desclasificar o desafectar la propiedad pblica de los espacios y de las fuentes de provisin de bienes y servicios, y

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    de debilitar el rol de los Estados respecto a proteger, conservar y fortalecer sus capitales sociales, humanos y naturales.

    Tampoco se ha logrado mucho en generar y empoderar las instituciones que representan realmente a la mayora de los ac-tores sociales y a las comunidades locales en la toma de decisiones y en la generacin e implementacin de los planes, programas y proyectos de desarrollo. Lo que ha predominado, por el contrario, en la construccin social de los territorios latinoamericanos du-rante las ltimas dcadas, ha sido la accin hegemnica de los organismos internacionales de financiamiento y de las empresas transnacionales, y la asimetra del poder a favor de quienes fijan las reglas y procedimientos para la transferencia de capitales, tec-nologas y productos. Ello incluye el establecimiento rpido de reglas y acuerdos destinados a liberalizar y garantizar el funciona-miento del comercio internacional de bienes y servicios, mientras al mismo tiempo se regulan e impiden los flujos de personas y el libre funcionamiento de los mercados del trabajo.

    La limitada o inexistente participacin democrtica de los ac-tores sociales mayoritarios en la toma de decisiones y fiscalizacin sobre el uso de los recursos y los territorios, ha facilitado la mi-gracin sin contrapeso de los productos y beneficios econmicos de la globalizacin, desde los lugares de produccin hacia los centros nacionales y mundiales, mientras la falta de una autntica gober-nanza global y nacional para la sustentabilidad, no logra impedir la transferencia de las externalidades negativas hacia los territorios ms pobres y vulnerables, tanto en las escalas hemisfrica, como en las regionales y locales, generando situaciones incontrarrestables de injusticia territorial.

    No existe un sistema de gobernabilidad planetaria y regional que controle las injusticias ambientales y territoriales, ni mucho menos instituciones que equiparen las sanciones que son capaces de imponer los organismos que controlan el comercio y las finanzas internacionales a quienes no cumplan o se alejen de las norma-tivas internacionales. Es evidente que bajo los actuales trminos de intercambio que establece el comercio internacional, los pases de la regin han incrementado fuertemente la produccin y pro-

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    ductividad de aquellos bienes orientados a satisfacer las demandas del mercado internacional, degradando e hipotecando de paso, sus bases de recursos naturales, ambientales y socioculturales, e incre-mentando peligrosamente su dependencia de los pases ms desa-rrollados. No obstante y a pesar de lo que se dice en contrario, se han aumentado y fortalecido los desequilibrios espaciales entre los centros y las periferias, o ms bien configurado nuevas periferias en torno a enclaves de modernidad que se asocian a la presencia de los nodos y trazos de las redes de la globalizacin.

    La contribucin de los gegrafos econmicos, sociales y es-pecialistas en el desarrollo regional y en mercados de trabajo ha adquirido una urgencia insoslayable en la regin.

    El aumento de la fragmentacin y segregacin socioespacial y socioambiental en los territorios regionales y locales constituye hoy una relevante fuente de injusticia en Latinoamrica, en la medida que los beneficios de la globalizacin se concentran espacialmente en unos pocos lugares y actores, mientras que la mayora de la po-blacin y del espacio geogrfico es objeto de efectos indeseados en forma absolutamente desproporcionada. Mientras en los pases desarrollados durante las ltimas dcadas se han implementado leyes y procedimientos institucionales para evitar que las acciones de la globalizacin afecten desproporcionadamente a los estratos sociales ms desposedos, o programas de cohesin estructural para impedir que el crecimiento econmico de algunas regiones se aparte del promedio general, en Latinoamrica los gobiernos no han planteado ni se han esforzado por implementar mecanismos y procedimientos destinados a compensar y contrarrestar las pro-fundas disparidades que se han consagrado mediante la aplicacin de los actuales modelos socioeconmicos.

    Tampoco han conseguido evitar traspasar las externalidades negativas y efectos deletreos del crecimiento econmico a la mayora de sus poblaciones. Las proposiciones de los gegrafos sociales, culturales y polticos resultan ser absolutamente impres-cindibles en la configuracin de los espacios posneoliberales que se comienza a advertir por todas partes, as como en la correccin de

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    las mltiples injusticias territoriales que han dejado como herencia dcadas de neoliberalismo.

    En cuanto al medio ambiente, el reduccionismo cientfico e institucional ha impedido an al interior de la geografa el reconocimiento holstico de la realidad de los paisajes urbanos y rurales y, con ello, ha contribuido a negar la nocin misma de medio ambiente. La fragmentacin del conocimiento se opone a la integralidad de los enfoques geogrficos y priva a esta disciplina de una de sus mayores oportunidades histricas, que consiste en ex-plicar e interpretar para conocimiento de la sociedad, la estructura y funcionamiento de sistemas complejos, como es el caso de los ecosistemas, el territorio y el medio ambiente. Las autolimitaciones al interior de la geografa, causadas en gran medida por la persis-tencia del cultivo de disciplinas seudoespecializadas y por las di-ficultades de adoptar enfoques multiescalares, multidisciplinarios y multidimensionales, estn tambin impidiendo que sus profesio-nales puedan contribuir a reconfigurar las instituciones tcnicas y polticas de los Estados, caracterizadas por la atomizacin, ca-rencia de coordinacin y naturaleza efmera. Los gegrafos deben fortalecer sus capacidades analticas y propositivas, optimizar sus capacidades de trabajar en equipos multidisciplinarios, facilitar los dilogos multisectoriales y ofertar sus mtodos y lenguajes sist-micos e informacionales, hoy en da fuertemente facilitados por la accesibilidad a los sistemas de informacin geogrfica y a las bases de datos y modelos de anlisis que los sostienen.

    Ante la ausencia o escaso peso poltico de los discursos y narrativas sobre sustentabilidad planteados por los organismos o funcionarios de los gobiernos cuando existen, puesto que en Chile a lo menos, la enorme mayora de los funcionarios p-blicos carece de capacitacin, atribuciones, recursos e indepen-dencia para plantear sus objetivos y propsitos de bien pblico, son los poderosos intereses de las corporaciones empresariales y transnacionales, en conjunto con las altas autoridades de los go-biernos, quienes terminan por imponer la falsa creencia de que el mercado y la globalizacin son los nicos mecanismos eficientes de generacin y ordenacin de los territorios y espacios geogr-

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    ficos. Simultneamente ello implica negar la existencia de rdenes territoriales normativos y prescriptivos; evitar la justa apreciacin de las externalidades negativas provocadas por planes, programas y proyectos de inversiones asociados a la globalizacin; no consi-derar los riesgos e incertidumbres naturales; limitar la estimacin de los costos totales de produccin al no incluir los costos ecol-gicos, ambientales y socioculturales; no considerar los impactos socioambientales de las actividades productivas orientadas a satis-facer los mercados globales; despreciar la produccin tradicional y orientada a los mercados domsticos; realizar la evaluacin de impactos ambientales de los proyectos de inversin desintegrando y atomizando el espacio geogrfico en un nmero de enclaves, y retardar la implementacin de mecanismos de una Evaluacin Ambiental Estratgica (EAE). Al mismo tiempo se rechaza la inter-vencin y regulacin de los gobiernos sobre los usos del territorio, por considerarla intil y retardataria del progreso econmico, por ser arbitraria y desinformada, por discriminatoria y tergiversadora del libre funcionamiento del mercado y, especialmente, por afectar los derechos de propiedad privada sobre los espacios y recursos.

    Las preocupaciones ambientales en el ms amplio sentido del concepto, es decir, considerando a la par los componentes e interac-ciones de los medios naturales, socio-econmico-culturales e insti-tucionales, constituyen una de las mayores fuentes de inspiracin, trabajo y difusin de los conocimientos geogrficos en la actualidad, que se relacionan con las principales preocupaciones de la sociedad mundial, regional y local. A los gegrafos fsicos, sociales y cultu-rales les corresponde una gran tarea en trminos de investigacin del estado de los ecosistemas y sistemas ambientales del continente muchos de los cuales permanecen an inexplorados, as como en la proposicin de planes y programas de manejo y gestin para el desarrollo sustentable de las regiones y los lugares.

    Los gegrafos deben priorizar tambin sus aportes en tr-minos ticos y de moralidad pblica, puesto que se ha tornado muy necesario enfrentar con la verdad al trfico de intereses y a la corrupcin que rodea buena parte de la toma de decisiones espa-ciales. Desde luego que es imprescindible defender con el conoci-

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    miento y la accin poltica, a quienes usualmente los ms pobres y las minoras tnicas, carentes de informacin, se exponen a daos mayores por los efectos desproporcionados que las inicia-tivas y actores hegemnicos hacen recaer sobre ellos, consolidando la injusticia ambiental, social y territorial.

    En el presente trabajo se han seleccionado ejemplos de Chile, pas que lleva ms de treinta aos de adscripcin al modelo neoli-beral, para demostrar la operacin de los factores de insustentabi-lidad ambiental. Se presentan sintticamente resultados observados a partir de la realizacin de numerosos proyectos de investigacin cientfica en que le ha correspondido participar al autor y diversos colaboradores, y que han pretendido conocer y monitorear los efectos ambientales de las inversiones mineras, vitivincolas, fores-tales e hidroelctricas, y los causados por el acelerado proceso de urbanizacin de la sociedad chilena.

    Los gegrafos del continente deberamos contribuir a generar e implantar discursos de sustentabilidad con capacidad de ad-hesin y convocatoria sociocultural y poltica, tanto sobre la base de la integralidad y rigurosidad del conocimiento cientfico dispo-nible, como de los liderazgos individuales y colectivos que podamos asumir. Para ello deberamos buscar una adecuada integracin de la deontologa doctrina filosfica de naturaleza tica que favorece el establecimiento de nuestros derechos inalienables, como habitantes de nuestros territorios sobre la propiedad, uso y manejo de los re-cursos frente a las proposiciones consecuencialistas o utilitarias, que condicionan la vigencia de dichos derechos a la consecucin de objetivos y logros de las polticas pblicas y privadas.

    Comodificacin, privatizacin,

    fragmentacin e inequidad

    La aplicacin de las premisas neoliberales a los modelos de desarrollo de los pases de la regin ha implicado la privatizacin de una buena parte de la propiedad de sus recursos naturales, te-rritorios y medios ambientes. La transferencia de la propiedad p-blica a manos de empresas transnacionales, por ejemplo, ha sido un requisito impuesto por los organismos que controlan la globa-

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    lizacin de las economas y ha constituido un paso imprescindible para asegurar los flujos de capitales y tecnologas y, de esta manera, poder disponer en el mercado mundial de los recursos que se re-quiere para mantener el funcionamiento del sistema capitalista global. Como consecuencia de ello, los pases ricos han llegado a ser ms ricos mientras los pases pobres han aumentado su pobreza y dependencia, existiendo pocas denuncias de los gegrafos res-pecto a esta creciente injusticia planetaria.

    Asegurar y estimular la propiedad privada de los territorios y recursos ha llegado a formar parte fundamental de las constitu-ciones polticas de los Estados y con ello se ha logrado comodi-ficar o transformar en commodities, a lo menos en el caso de Chile, al agua, los espacios pblicos, los suelos, el aire y la biodiversidad (Bauer, 2005; Romero & Vsquez, 2006). Muchos de los recursos naturales, ambientales y territoriales que se crea, formaban parte de los bienes comunes y de los espacios pblicos, han continuado privatizndose y se transan libremente en el mercado (McCarthy & Prudham, 2004; Romero, 2005; Romero et l., 2005; Romero & Vsquez, 2006): comercializacin sin restricciones de los derechos de agua, permisos de emisin transable de contaminantes atmos-fricos, generacin de reas privadas de proteccin de la natu-raleza, tarificacin creciente de la circulacin vial, concesin de la administracin de los parques nacionales y reservas naturales a privados, liberalizacin de las restricciones a los usos del suelo, obsolescencia de los planes reguladores comunales, generacin de zonas de desarrollo urbano condicionado, ausencia de planes de ordenacin territorial, etc.

    Los precios que registran en el mercado los recursos ambien-tales y territoriales dependen exclusivamente de la oferta y de-manda, reducindose completamente el rol regulador del Estado y eliminndose subsidios, ventajas tributarias, u otros factores que pudiesen alterar la determinacin de sus valores de compraventa.

    En Chile, el agua, por ejemplo, si bien se mantiene jurdica-mente como un bien pblico, sus derechos de uso pueden ser ad-quiridos libremente en el mercado a perpetuidad, a un precio que depende de su escasez y de los usos consuntivos para los cuales

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    es requerida (Bauer, 2005). La minera localizada en el desierto de Atacama es la actividad que est pagando los ms altos precios por el recurso, cuya escasez es cada vez mayor.

    Los precios de compraventa, sin embargo, no incluyen el valor total del recurso. Es decir no incluyen el valor de existencia (la irre-versibilidad de su prdida) y el valor opcional (o usos alternativos de los recursos, y de estos en el tiempo y en el espacio, como lo se-alan los sistemas de descanso de tierras, caudales ecolgicos, tras-humancia ganadera o rotacin de cultivos), por lo cual su precio de mercado no considera su valor ecolgico, cultural ni territorial.

    La existencia de los mercados de transferencia de los derechos de agua en Chile est garantizada legalmente, pero no existen me-canismos legales igualmente eficientes que garanticen la sobre-vivencia en el territorio de las comunidades que los venden, que faciliten y consideren el clculo de los valores de no uso (tales como la conservacin) y que fiscalicen el uso real de las aguas adquiridas para los propsitos especificados por los compradores dentro de un plazo y lugar determinado, controlando la especulacin. Son muchas las comunidades locales que han vendido o perdido sus derechos de agua, vindose obligadas a abandonar sus territorios de ocupacin ancestral y pasado a formar parte de las reas margi-nales de pueblos y ciudades (Romero et l., 1996; Romero & Rivera, 1996a, 1996b; Rivera & Romero, 1997; Romero, 2004).

    Otro tanto ha sucedido en Chile con la asignacin de los usos de las tierras, para lo cual ha sido necesario restringir la in-tervencin de los Estados en la vigencia de los planes reguladores urbanos e impedir que se establezcan planes de ordenamiento terri-torial (Romero, 2005a). Como se ha indicado, incluso el aire est co-modificado en Chile y respirar uno limpio implica estar dispuesto a pagar su costo, incluido en el precio de los proyectos inmobiliarios localizados en las reas de mayor calidad ambiental, o bien adquirir permisos transables de emisin, en el caso de las empresas indus-triales. Estos ltimos implican que una industria que introduzca mejoras tecnolgicas descontaminantes puede vender su columna de aire ahora limpio a una empresa que contine contami-

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    nando fuertemente la atmsfera, con total falta de respeto por el bien comn y la ciudadana, forzada a respirar una sola atmsfera.

    La circulacin por autopistas, incluso al interior de las ciu-dades, depende hoy en Chile del pago frecuente y cada da ms caro de peajes a empresas transnacionales. Las autopistas conce-sionadas han sido presentadas como eficaces soluciones a la con-gestin de las vas convencionales de circulacin y al poco tiempo de inauguradas han resultado colapsadas por el increble aumento del nmero de vehculos y de viajes que han estimulado. Saturadas las vas, los dueos internacionales de las empresas que controlan las autopistas no han vacilado en introducir tarifas ms altas para desincentivar el trfico creado por ellos mismos, aumentando pe-ligrosamente la incidencia de los pagos por circulacin sobre los ingresos familiares de los sectores ms pobres y alejados que no disponen de vas alternativas (segn las ltimas cifras estos gastos podran alcanzar al 5% de los ingresos familiares mensuales de los sectores de clase media del sur de Santiago). De esta manera, se conforma una autntica injusticia ambiental que grava ms fuer-temente los costos de desplazamiento entre el hogar y los lugares de trabajo y estudio, de quienes disponen de menores recursos, ha-bitan la periferia alejada del centro de la ciudad y deben pagar las mayores externalidades urbanas.

    El acceso a los bienes y servicios territoriales y ambientales, que con anterioridad formaban parte de los espacios comunes, depende cada vez ms del poder adquisitivo de los habitantes de campos y ciudades latinoamericanas, para lo cual ha sido nece-sario segmentar los mercados de los recursos urbanos y rurales y generar toda una narrativa que asegura que solo la privatizacin garantiza los niveles de eficiencia en su disponibilidad libre, ade-cuada y oportuna.

    La privatizacin de la oferta de bienes y servicios, la hiper-segmentacin de sus mercados y la ausencia de polticas pblicas destinadas a compensar las enormes diferencias que resultan de la distribucin de la renta y de los ingresos familiares en la regin, han terminado generando un proceso sin precedentes de fragmen-

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    tacin territorial y de segregacin socioespacial y socioambiental al interior de las ciudades, entre quienes viven en las ciudades y el campo, y entre los habitantes de los campos, divididos entre agri-cultores modernos y tradicionales.

    La privatizacin y comodificacin de los espacios y recursos territoriales y sus nocivos efectos econmicos, sociales y culturales se ha ejecutado mediante una perversa asociacin entre los go-biernos de la regin y los organismos y empresas transnacionales y ha significado en muchos casos el despojo de los recursos crticos, espacios y accesibilidad territorial de las comunidades regionales y locales. Las inversiones esencialmente privadas han olvidado que los territorios urbanos y rurales deben ser, adems de fuentes de recursos y productos, sitios de sobrevivencia y residencia de las co-munidades humanas y biolgicas y espacios de integracin y con-vergencia natural, social y cultural. La comodificacin territorial ha fragmentado y segregado los espacios, dificultado o eliminado la accesibilidad y desconectado una serie de lugares, lo que ha acen-tuado y generalizado la exclusin social y cultural de la mayora de los habitantes de la regin al cabo de treinta aos de aplicacin de premisas neoliberales.

    Estas ltimas han facilitado la generacin de una nueva orga-nizacin espacial caracterizada por la presencia de enclaves y del policentrismo urbano, as como procesos de expansin ilimitada de las ciudades y de las fronteras agrcolas, explotacin incon-trolada y devastacin de los recursos naturales, aumento artificial de la productividad y la consiguiente contaminacin del medio ambiente, eliminacin sistemtica de las reas de conservacin y proteccin de la naturaleza, y degradacin de la biodiversidad y de la sociodiversidad.

    De no retomarse las acciones regulatorias por parte de los Estados, que dependen a su vez de la redemocratizacin de sus instituciones y organismos pblicos, as como de una autntica participacin ciudadana en la toma de decisiones, los procesos de comodificacin, privatizacin, fragmentacin e inequidad conti-nuarn aumentando, tornando retricos la totalidad de los dis-cursos que plantean el desarrollo sustentable como meta, a travs

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    de unas polticas pblicas dbiles, desacreditadas e imposibles, debido a sus altos costos, trfico de influencias, lobbies, corrupcin y enormes asimetras polticas a favor de unos pocos grupos hege-mnicos y en perjuicio de las mayoras ciudadanas.

    Tampoco es posible aceptar de buenas a primeras las estra-tegias de asociacin pblica-privada, que son presentadas como panacea del desarrollo y cuya promocin se estima es un deber de los Estados contemporneos. Es evidente que los Estados deben garantizar el funcionamiento adecuado de los mercados libres y respaldar en lo que corresponda el acceso a las inversiones y el funcionamiento de las empresas privadas. En Chile es indiscutible que esta asociacin entre el Estado y los empresarios privados ha generado y permitido importantes inversiones productivas en los mbitos econmicos y los servicios, incluyendo una significativa renovacin de la infraestructura. Tambin es claro que ha sos-tenido un crecimiento econmico sin precedentes por su cuanta y persistencia. El pas ha triplicado su producto interno y mantenido tasas de crecimiento promedios de alrededor del 5% los ltimos veinte aos. Los niveles de pobreza se han reducido a la mitad entre 1990 y 2005, alcanzando al 18% de la poblacin y la indigencia es menor al 10%. Sin embargo, se han mantenido sin variaciones los porcentajes de distribucin de la renta entre sus habitantes, de lo que resulta que el 10% ms rico de la poblacin obtenga sobre el 55% del ingreso total, mientras que el 10% ms pobre no logre alcanzar al 2,5% de la renta. El mantenimiento de la diferencia social en el acceso a la renta es una de las dificultades estructurales de la eco-noma chilena que no ha podido ser resuelta por el neoliberalismo y que se ha transformado en la principal fuente de desigualdad y segregacin socioespacial, observada en pueblos y ciudades y manifestada en indicadores como acceso a la vivienda, la salud, la educacin y la seguridad ciudadana. Los informes ambientales sealan tambin una importante degradacin de los recursos natu-rales y crecientes niveles de contaminacin del aire, agua y suelos (Universidad de Chile, 2005).

    La geografa posneoliberal est comenzando a ser escrita en los pases latinoamericanos y, en tal sentido, se esperan las proposi-

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    ciones de los gegrafos en trminos de nuevos rdenes territoriales que contribuyan a asegurar la sustentabilidad del desarrollo para la mayora de la poblacin. Esos nuevos rdenes territoriales de-beran conformar complejos dinmicos territoriales (Floysand, 2005; Romero et l., 2006a; Romero et l., 2007), en los cuales el objetivo consiste en lograr el anclaje entre los circuitos globales representados por el capital, las tecnologas y la cultura, y las redes locales, representadas por las organizaciones comunitarias, auto-ridades municipales y campos sociales y comunitarios diversos y complementarios.

    Los complejos dinmicos territoriales emplean modelos que representan los objetivos econmicos, actores sociales y cono-cimientos locales, caracterizados por los flujos de capitales y re-tencin de valor agregado en los lugares, por la participacin activa de los actores sociales en la planificacin, decisin e implemen-tacin de los proyectos, y por el conocimiento local manifestado a travs de discursos y narrativas.

    El fortalecimiento de las redes sociales locales ocupa el centro de la constitucin de los complejos dinmicos territoriales (Romero et l., 2006a; Romero et l., 2007). El concepto de anclaje ha sido sistematizado por Granovetter (1973, 1985, 2005), quien reconoce que para conseguir la articulacin de las redes sociales, es nece-sario generar la confianza entre los diferentes actores, disponer y manejar informacin privilegiada sobre el control de los recursos crticos y demostrar xito en las tareas colectivas. Los gegrafos deben interiorizarse ms adecuadamente de los fundamentos so-ciolgicos de la generacin, fortalecimiento e implementacin del concepto de anclaje, en la medida que este representa una de las po-sibilidades analticas y prcticas de contribuir a disear territorial-mente la etapa posneoliberal en el continente, siguiendo ejemplos como los demostrados por los colegas australianos y neozelandeses ONeill & Argent, 2005; Larner, 2005; ONeill & More, 2005; Beer et l., 2005; Mc Guirk, 2005; Foster, 2006).

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    Las inversiones mineras

    en el desierto de Atacama

    La totalidad de los pases latinoamericanos se han especia-lizado en la explotacin intensiva y exportacin de unas cuantas commodities orientadas a satisfacer con productos abundantes, de bajo precio y de alta calidad, a los exigentes y diversificados mer-cados globales. Tal es el caso de la minera del cobre en Chile, que abastece ms del 40% del mercado mundial de este mineral y que ha alcanzado el ao 2006 uno de los ms altos precios de su his-toria como consecuencia del incremento de la demanda causado por el vertiginoso crecimiento industrial de China. Los yaci-mientos mineros ms importantes del pas se encuentran en el de-sierto de Atacama y las actividades de extraccin, procesamiento y concentracin requieren grandes cantidades de agua, exactamente el recurso ms escaso en la regin.

    Dado los altos precios del mineral, se encuentran en el pas las principales empresas transnacionales especializadas en su pro-duccin y provenientes especialmente de naciones como Canad, Estados Unidos, Japn, Inglaterra y Australia, algunas de las cuales tambin disponen de cobre pero cuya produccin es conseguida a ms altos costos de materia prima, insumos y mano de obra. Por esta razn, las empresas mineras instaladas en Chile han obtenido ltimamente gigantescas ganancias y proyectan inversiones millo-narias para los prximos aos, de mantenerse los altos precios del mineral en el mercado mundial. Solo entre enero y septiembre de 2006, las compaas mineras privadas declararon ganancias por 11.410 millones de dlares, utilidades obtenidas una vez cancelado 2.668,7 millones de dlares como impuestos al Estado chileno. Las utilidades registradas por estas empresas nacionales y extranjeras equivalen aproximadamente al 10% del PIB nacional.

    La minera del cobre era de propiedad estatal exclusiva en Chile hasta mediados de la dcada de 1970, cuando se privatiz mayoritariamente, aunque una parte significativa permanece an en manos de la empresa estatal Codelco, sometida a constantes presiones por transformarla en sociedad annima.

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    Diversos mecanismos destinados a atraer inversiones extran-jeras significaron que las compaas trasnacionales que se instalaron en el pas eludieran sistemticamente el pago de impuestos al Estado chileno durante dcadas y solo recientemente se consiguieran acuerdos polticos destinados a aplicar un royalty de 6% a sus utili-dades, que es, de todas maneras, uno de los ms bajos en el mundo.

    Sin embargo, se puede afirmar que la especializacin minera del pas no ha contribuido en todo lo que sera esperable a su de-sarrollo sustentable. Econmicamente, se trata de la exportacin de materias primas con escaso valor agregado, lo que ha implicado grandes dificultades para consolidar clusters de empresas indus-triales y de servicios relacionados alrededor de esta actividad. Muchas de las empresas locales, medianas y pequeas, que po-dran asociarse a los clusters mineros no cuentan con el financia-miento y la capacidad instalada requerida, por lo que los insumos a la minera continan proviniendo principalmente de las regiones centrales del pas y del extranjero. Evidentemente las grandes uti-lidades asociadas a la industrializacin de los minerales son cap-turadas por pases desarrollados, mientras que en Chile se registra una prdida neta de recursos naturales no renovables.

    No obstante, desde el punto de vista econmico, la minera del cobre contina siendo la principal fuente de ingresos del pas lo que ratifica su carcter esencialmente estratgico pero su sustentabilidad est permanentemente amenazada por las varia-ciones de precios en el mercado internacional, por el alza de los costos de produccin y por la eventual sustitucin del mineral en los procesos industriales, que puede incluso acelerarse de man-tenerse sus altos precios en el mercado internacional. Uno de los debates que no ha ocurrido en Chile, en especial a la luz de los altos precios alcanzados por el cobre en el mercado internacional, se refiere al enorme aporte que est entregando la estatal Codelco a la sociedad chilena y que alcanz a utilidades de 9.500 millones de dlares el ao 2006, duplicando las ganancias del ao anterior (El Mercurio, 23 de enero de 2007). A diferencia de las empresas privadas, Codelco destina todas sus utilidades al progreso del pas mientras que en el caso de las primeras, el grueso de las utilidades

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    est destinado a la repatriacin hacia sus cuarteles centrales, en el caso de las compaas extranjeras, o hacia los propietarios de los holdings, en el caso de las nacionales.

    Los efectos socioculturales y ambientales de la minera del cobre continan siendo controversiales, tratndose de explota-ciones que son esencialmente insustentables. La minera del cobre requiere vaciar sistemticamente los yacimientos de recursos no renovables, modificar completamente los paisajes en que se ubica; y extraer, degradar, erosionar y contaminar ingentes cantidades de agua, aire y biodiversidad. La minera no es una actividad ambien-talmente sustentable, pero s pueden serlo los territorios y espacios geogrficos en donde se localiza.

    Las ganancias obtenidas de las explotaciones mineras deberan ser destinadas en parte fundamental a inversiones fsicas, sociales y humanas, orientadas a diversificar las economas regionales y lo-cales, originar nuevos emprendedores, capacitar la mano de obra y el capital humano y social, generar clusters de proveedores de insumos y servicios y, particularmente, a actividades que aseguren la sobrevivencia de la poblacin en los lugares una vez agotados los yacimientos.

    No existen en Chile suficientes capacidades institucionales destinadas a proteger la naturaleza y fortalecer a las comunidades locales en las reas mineras. La propiedad del agua como recurso crtico es crucial, especialmente en el caso de las grandes empresas ubicadas en el desierto de Atacama en Chile. Sin embargo, muchas fuentes de agua superficial y subterrnea han sido transferidas desde las comunidades locales a las empresas transnacionales, apro-vechando la existencia del libre mercado para el recurso (Romero & Kampf, 2003; Romero, 2004, 2005b). La prdida del control sobre la propiedad comunitaria y distribucin de las aguas implica la desa-paricin de las comunidades locales, indgenas y rurales, forzadas irremediablemente a abandonar sus sistemas productivos agrcolas y pastoriles. Por otro lado, los organismos de gobierno actan de forma sesgada, favoreciendo los intereses de las empresas mineras, debido a que deben apoyar las actividades econmicamente ms efi-cientes para la obtencin de divisas dentro del mercado global. La

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    prdida de los derechos de agua o de la accesibilidad a las fuentes h-dricas por parte de las comunidades locales y a favor de las grandes empresas mineras significa la generacin de profundas injusticias ambientales que tienden a acentuarse en la medida que aumentan las inversiones y escasea el recurso. En el caso del desierto de Atacama, compaas mineras extranjeras y estatales han desecado histricamente fuentes de recursos hdricos, como salares, lagos y manantiales de agua, desapareciendo con ello las posibilidades de cultivos esenciales para la permanencia humana y afectando seve-ramente la biodiversidad y paisajes de alto valor escnico, especial-mente cuando corresponden a altiplanos andinos.

    La discusin ms reciente en el pas est en relacin no solo con las asimetras en la distribucin de los beneficios entre las em-presas mineras transnacionales, el Estado y las comunidades re-gionales y locales, sino adems con la utilizacin de los recursos generados por el royalty recientemente cobrado a los productores. Mientras algunos actores son partidarios de su inversin en di-versificacin productiva y formacin de capital social a escala regional, el gobierno central espera destinarlo a implementar un programa de ciencia e innovacin que solo a largo plazo podra favorecer el desarrollo local.

    La dicotoma y falsa narrativa

    de xito de la vitivinicultura como

    modelo de desarrollo local

    Aparte de la minera, numerosos otros productos de expor-tacin no tradicionales han caracterizado el crecimiento de la eco-noma y el comercio internacional chileno durante la aplicacin del neoliberalismo. Tal es el caso de la exportacin de vinos finos destinados a satisfacer mercados globales y que ha cambiado los paisajes agrarios de los valles y sistemas de laderas de las montaas del centro del pas, bajo la influencia de climas mediterrneos. La vitivinicultura es una de las actividades econmicas de mayor con-tenido y significado geogrfico, al estar directamente asociada al sentido de lugar. Son justamente las condiciones topoclimticas

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    Comodificacin, exclusin y falta de justicia ambiental

    de los valles mediterrneos, as como la existencia histrica de tra-diciones culturales de produccin vitivincola, lo que ha favorecido la consolidacin de numerosas reas productivas que disponen de denominacin de origen, concepto estrictamente ligado a los com-ponentes naturales y socioculturales locales y que otorga el acceso a nichos especficos de mercado en la economa global.

    Como consecuencia de la especializacin productiva del pas y de sus regiones y de la participacin del sector vitivincola en los circuitos globales de commodities, se ha producido un gran cambio tecnolgico y de los sistemas de produccin, bodegaje y comerciali-zacin del vino, que ha estado localizado en reas especficas de los valles de Chile Central, concentrndose espacialmente en lugares que disponen de una alta concentracin de ventajas comparativas y competitivas. Empresas globales, de propiedad de agentes nacio-nales y extranjeros (de los cuales se destacan grandes proveedores venidos desde Espaa, Francia, Estados Unidos y Luxemburgo), han realizado compras y adquisiciones de tierras, as como la am-pliacin de la frontera productiva de vinos hacia los sistemas de laderas y hacia sitios que nunca antes haban ofertado cepas de ca-lidad. En gran medida, estas transformaciones han sido posibles gracias a la generalizada utilizacin de modernos sistemas de riego que llevan el agua hacia reas anteriormente ridas y que propor-cionan a travs de ella los fertilizantes y nutrientes necesarios sobre suelos considerados previamente como completamente infrtiles.

    Paradjicamente, no son siempre las tierras de mayor capa-cidad de uso agrcola definidas como tierras planas, con suelos profundos de alta fertilidad y adecuado drenaje bajo condiciones climticas favorables las que producen los vinos de mayor ca-lidad. Muchas veces son las laderas ms inclinadas, carentes de suelos y que interceptan la mayor cantidad de insolacin, sin que acumulen aire fro en exceso durante las noches y por ello de marcada pero no exagerada oscilacin trmica diaria, las que al-canzan productos exclusivos de mayor prestigio y valor. Se trata de las llamadas vias boutique, que por su pequea produccin, alta calidad y exclusividad, pueden conseguir premios internacionales

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    que les permiten acceder a mercados norteamericanos, asiticos y europeos.

    Como es lgico suponer, la moderna produccin vitivincola est reservada a empresas que poseen altos niveles de capital fi-nanciero y tecnolgico, que son dueas de importantes reas pro-ductivas y que participan activamente de los circuitos globales de produccin, comercializacin, distribucin, marketing y competi-tividad global.

    Por el contrario, extensas reas de cultivos tradicionales de uva del pas o cepas corrientes continan ocupando importantes sec-tores de las tierras productivas de los fondos de valles y algunas la-deras de secano, lanzando al mercado cantidades de vino de escasa calidad destinados al consumo masivo y domstico del producto.

    Consecuentemente, es posible observar en cada uno de los valles vitivincolas del pas esta creciente fragmentacin terri-torial representada, en general, por una relevante dicotoma entre las reas destinadas a los mercados globales, controlados por em-presas de alcance transnacional, caracterizados por el empleo de modernas tecnologas y mano de obra especializada, asociados a la cultura y comercio internacional, y los sectores campesinos tradi-cionales que perduran con su produccin vitivincola precaria y se asocian crecientemente al sector servicios, tal como lo indican las teoras de reestructuracin espacial asociada a la comodificacin del campo (Floysand & Jacobsen, 2006; Romero et l., 2006a; Muoz et l., 2005)

    Las faenas productivas no agrcolas, ocupan crecientemente las energas de los campesinos pobres y de clase media, que per-manecen en la produccin de vinos orientados al mercado do-mstico y que han encontrado en el turismo rural uno de los ms importantes complementos para aumentar sus ingresos familiares (Romero et l., 2006a). Los valles vitivincolas localizados en las cercanas de las reas metropolitanas del pas se benefician cre-cientemente de la demanda de habitantes urbanos que buscan par-ticipar en circuitos tursticos rurales y populares, en que mezclan la adquisicin y consumo de vinos y licores, gastronoma y arte-sanas, todos productos fabricados por las comunidades locales.

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    Comodificacin, exclusin y falta de justicia ambiental

    Cabra preguntarse quines han sido realmente los ganadores y perdedores en esta dicotoma, no solo en trminos econmicos, sino adems respecto a sus contribuciones a la generacin de esla-bones productivos y desarrollo endgeno local. Desde luego que los beneficios de la vitivinicultura moderna son principalmente expor-tados fuera de los lugares de produccin. Los insumos son adqui-ridos casi en su totalidad fuera de los valles y una alta proporcin proviene del extranjero y de la capital del pas. La mano de obra empleada es modesta y la participacin de las comunidades locales en el empleo, abastecimiento y transformacin de la produccin es prcticamente inexistente (Muoz et l., 2005). Las vias modernas se comportan como nodos de las redes globales, constituidas por enclaves que prescinden completamente de los encadenamientos productivos, sociales y culturales locales, a pesar de que se bene-fician de la denominacin de origen. Sus clientes de esparcen por el mundo y cuando se genera un turismo de visitas a las vias o bodegas se orienta a satisfacer a un selecto nmero de visitantes ex-tranjeros, con propsitos esencialmente de promocin y marketing, los cuales no interactan de manera alguna con los habitantes lo-cales, acentuando la exclusin y segregacin socioespacial.

    En el caso de las vias tradicionales pertenecientes a pequeos campesinos, la venta del producto en las bodegas resulta impres-cindible para alcanzar precios convenientes. De all que en los valles ms organizados socialmente se hayan generado circuitos tursticos destinados a atraer visitantes de las ciudades cercanas, quienes adquieren no solo vinos y licores fabricados artesanal-mente sino que adems participan de un sistemtico calendario de fiestas gastronmicas y eventos artsticos, cuyas utilidades perma-necen en manos de los habitantes locales. Ayudados por programas gubernamentales y municipales, se han generado numerosas rutas del vino, fiestas de vendimia y celebraciones diversas que van ro-tando a lo largo del ao, atrayendo a un creciente nmero de visi-tantes que buscan un reencuentro con las tradiciones culturales e histricas de la vitivinicultura campesina (Romero et l., 2006a).

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    El impacto de los megaproyectos forestales

    sobre las comunidades locales

    Otra de las actividades econmicas particularmente exitosas que ha caracterizado la modernizacin productiva del pas est en relacin con las plantaciones de bosques exticos de rpido creci-miento destinados a la fabricacin de maderas, celulosa y papel. Dos millones de hectreas de pino radiata y eucaliptos se han plantado durante las ltimas tres dcadas a tasas de crecimiento vertiginoso en la mitad austral de las regiones de clima medite-rrneo, localizadas en el centro y sur de Chile. Este clima presenta veranos secos y clidos, de alta insolacin y elevada productividad biolgica, e inviernos lluviosos y fros que favorecen la acumu-lacin de agua en los suelos. Como en el caso de la vitivinicultura, el desarrollo forestal representa un redescubrimiento de las poten-cialidades ecolgicas del territorio.

    A las ventajas comparativas asociadas a la naturaleza y que favorecen la rpida explotacin de los bosques en menos de veinte aos transcurridos desde su plantacin, se deben agregar ventajas competitivas, entre las cuales destaca la existencia de subsidios forestales que premiaron la plantacin de bosques con especies exticas con recursos estatales extraordinarios, la adecuada accesi-bilidad y cercana a los puertos y ciudades de las reas con potencial forestal ubicadas especialmente en la Cordillera de la Costa, y el establecimiento de grandes empresas por parte de los principales grupos econmicos del pas, que integran verticalmente holdings empresariales que incluyen desde el catastro y compra de predios forestales, pasando por las plantaciones, cuidado y cosecha de los rboles, hasta la colocacin en el mercado de productos diversos (celulosa, madera, muebles, papel de diario, tissues, paales y em-balajes), bancos y compaas de seguros.

    Los componentes ms relevantes de la industria forestal estn representados por la instalacin de megaproyectos durante el ltimo tiempo (sobre US $1.000 millones de inversin), que obe-decen a la denominacin de complejos forestales e industriales, donde se integra la fabricacin de celulosa con la de maderas y productos elaborados. Estos enclaves industriales se deben ubicar

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    Comodificacin, exclusin y falta de justicia ambiental

    en lugares geogrficos estratgicos, diseados y planeados con dcadas de anticipacin por los empresarios (la empresa Arauco Valdivia, inaugurada el ao 2005 se haba comenzado a planear en 1945 por parte de agencias del Estado). Desde luego, estos com-plejos industriales se deben localizar en sitios geogrficos espec-ficos: en el centro geogrfico de las extensas zonas de plantaciones y tan cerca como sea posible de los puertos por donde se importarn los insumos y exportarn los productos. Por esto ltimo requieren tambin de sistemas expeditos de caminos y carreteras, e instalarse cerca de grandes ciudades, donde puedan encontrar mano de obra especializada y no especializada en abundancia y donde puedan residir sus trabajadores y ejecutivos.

    Las industrias forestales demandan grandes cantidades de agua para ejecutar sus procesos industriales por lo que deben ubi-carse necesariamente en la vecindad inmediata de ros que cuenten con abastecimiento seguro (es decir que se alimenten con lluvias abundantes y nieves y glaciares de la Cordillera de los Andes). Siendo estos requerimientos locacionales tan precisos, se com-prender fcilmente que los empresarios forestales deciden dnde localizar sus instalaciones industriales con mucha anticipacin, por lo que resulta absurdo que la discusin sobre este relevante aspecto se desate solo cuando se presenta el respectivo estudio de impacto ambiental del proyecto, es decir en la ltima fase de implementacin. Se trata en todos los casos de una decisin es-tratgica que requerira ser abordada y tratada como tal y con la consiguiente antelacin por los organismos pblicos y los planifi-cadores territoriales (Romero & rdenes, 2003; Romero & Azcar, 2004; Romero et l., 2007a).

    Para la mayora de la sociedad, las empresas forestales son sinnimo de degradacin ambiental, socioeconmica y cultural. Ello se debe especialmente a los altos niveles de contaminacin del aire, agua y suelos que provocan los productos qumicos que re-quieren para ejecutar sus procesos industriales y cuyos desechos son emitidos en los cuerpos hdricos y atmsfera local. Cooperan a esta mala evaluacin del sector, los adversos efectos ambientales, naturales y culturales, causados en las reas de plantaciones, par-

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    ticularmente cuando han sustituido bosques nativos o cubierto superficies anteriormente ocupadas por cultivos, y, esencialmente, debido a sus efectos controversiales sobre la degradacin de la bio-diversidad y la alteracin del ciclo hidrolgico, desecando fuentes y manantiales de agua superficial y subterrnea. A ello se deben agregar los impactos sociales y culturales, que pueden ser resumidos en el abandono de tierras por parte de las poblaciones campesinas debido a la adquisicin de grandes territorios para plantaciones; a la redundancia de la mano de obra local que es ocupada solo ocasionalmente o sustituida por trabajadores especializados que forman parte de cuadrillas itinerantes subcontratados por presta-dores de servicios desterritorializados; la desaparicin de villas y aldeas; interrupcin de caminos y perturbacin de la accesibilidad a los predios debido a la instalacin de nuevas vas de circulacin y cercado de las reas de produccin.

    Las empresas forestales chilenas han debido enfrentar severos conflictos ambientales y el rechazo generalizado de los habitantes locales ante su instalacin y funcionamiento, por lo que han em-pleado persistentemente un discurso destinado a convencer a la sociedad que emplean las tecnologas de produccin limpia ms actuales y eficientes, aunque no por ello completamente inocuas. Desde un par de aos a la fecha, uno de estos grandes complejos industriales y forestales llamado Forestal Arauco Valdivia y per-teneciente al grupo Angelini una de las familias ms ricas del pas ha sido acusado de contaminar las aguas del ro Cruces y con ello, de haber condenado a morir su fauna, y especialmente, de haber causado la muerte y migracin de los cisnes de cuello negro, que residan en un santuario de la naturaleza ubicado inmedia-tamente aguas abajo de la planta, en las cercanas de la ciudad de Valdivia en el sur de Chile. No se ha brindado la misma impor-tancia a los efectos de la contaminacin de las aguas, aire y suelos, sobre la comunidad de Tralcao, grupo de 300 familias indgenas y campesinas localizados en las vecindades inmediatas de la planta industrial y quienes se debaten entre la devastacin de sus recursos y la incertidumbre futura, sin haber logrado nada de los empre-

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    Comodificacin, exclusin y falta de justicia ambiental

    sarios como tampoco de las autoridades gubernamentales, quienes juntos representan para ellos actores enemigos.

    El rechazo generalizado de la sociedad chilena ante la evi-dencia de los deterioros ambientales provocados por la industria forestal en esta ocasin, oblig en el ao 2005 al gobierno que con anterioridad le haba otorgado la totalidad de los permisos am-bientales requeridos, primero a paralizar el funcionamiento de la industria, y ms tarde, a reducir su produccin hasta cuando se construya un ducto que permita evacuar las aguas industriales en la costa, exactamente donde se encuentra localizada una caleta de pescadores artesanales denominada Mehun. Esta caleta corres-ponde a territorios lafquenches, pueblo descendiente de la etnia indgena mapuche, quienes consiguieron legalmente la concesin de las reas costeras para practicar la pesca y cultivos marinos ar-tesanales, de lo cual depende su subsistencia.

    El control del territorio litoral por parte de esta comunidad local, y el hecho de que de la conservacin de este dependa su sub-sistencia como comunidad, los ha fortalecido institucionalmente, y mediante un trabajo mancomunado de la totalidad de la poblacin, contando con las redes y lderes necesarios, no solo se han opuesto a la instalacin del vertedero industrial que contaminara sus recursos en forma irremediable, sino que adems se han organizado para impedir la realizacin de los estudios oceanogrficos que la Ley de Medio Ambiente exige incluir en la evaluacin de impacto ambiental.

    La imposibilidad de construir el ducto marino para el vertido de las aguas contaminadas y, por ello, la necesidad de seguirlas de-positando en el curso del ro Cruces y continuar de esta forma ame-nazando el santuario de la naturaleza all existente, ha obligado al gobierno a otorgar a la empresa un plazo extraordinario de dos aos para encontrar una solucin, que al momento se ve imposible de lograr (El Mercurio, 26 de diciembre de 2006, B16).

    El caso en mencin ha sealado con claridad la falta de plani-ficacin y la ausencia de gestin territorial y de cuencas fluviales en Chile, y ha obligado a que la Comisin Nacional del Medio Am-biente intente introducir improvisada y apresuradamente estos tipos de instrumentos regulatorios en el pas. Igualmente ha de-

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    nunciado la falta de competencia de los organismos gubernamen-tales para otorgar permisos y licencias ambientales, desconociendo con precisin los reales impactos de la industria sobre los ecosis-temas locales. Ello trasunta a su vez la ausencia de instituciones de investigacin cientfica con capacidad de predecir, conocer y monitorear tales impactos, lo que es un directo resultado de los es-casos fondos destinados a esta actividad acadmica y del abandono de que fueron objeto los centros de investigacin de propiedad del Estado que existieron hasta fines de la dcada del setenta.

    En medio de la crisis ambiental representada simblicamente por los miles de cisnes de cuello negro que moran por inanicin, al desaparecer las algas que los alimentaban como consecuencia de la contaminacin de las aguas, y ante la mirada atnita de los ha-bitantes de la ciudad de Valdivia, las autoridades ambientales con-trataron a una universidad regional privada para intentar disponer a ltima hora del conocimiento necesario, mientras que los em-presarios forestales hacan lo mismo con una universidad nacional privada de mayor tamao y supuestamente de ms alto prestigio.

    Dada la imposibilidad de conseguir verdades cientficas irrefu-tables a corto plazo si es que esto fuese posible en ciencias ambien-tales, ambas investigaciones cientficas proporcionaron resultados contradictorios, que culpaban en un caso, y absolvan en el otro, las responsabilidades de la industria forestal recin instalada frente a la hecatombe ambiental causada. Ante la falta de acuerdo cientfico, la empresa recurri a la Corte Suprema de Justicia para conseguir la reapertura de sus instalaciones industriales, la cual emiti un fallo favorable a la industria que fue severamente criticado porque de-mostraba el total desconocimiento medioambiental por parte de los jueces. Ante la presin social, la empresa prefiri mantener volunta-riamente suspendidas sus faenas industriales por varias semanas y las recomenz bajo el compromiso de mantener sus operaciones por debajo de su capacidad instalada y construir un ducto de evacuacin de los vertidos industriales en el mar, lo que fue postergado hasta el ao 2008, como se ha mencionado.

    Sin embargo, ms all de las evidentes contradicciones, incer-tidumbres y confusiones, el caso demostr que las comunidades

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    Comodificacin, exclusin y falta de justicia ambiental

    locales y regionales no disponen de instituciones, conocimientos ni procedimientos, que les permitan su adecuada representacin en la adopcin de decisiones, en el tratamiento de los problemas ambientales que les afectan directamente y en la disponibilidad de mecanismos de compensacin, cuando el dao ambiental resulta imposible de ser evitado. Tambin signific la disminucin de la confianza y credibilidad de la sociedad en las instituciones acad-micas privadas, en las autoridades del gobierno nacional, regional y local, y respecto al discurso permanente de las empresas, que se-alaba que disponan de la tecnologa ms actualizada y por ello, capaz de impedir la contaminacin ambiental y el dao a la salud de los ecosistemas. Ms relevante an, fue el establecimiento de una verdad ineludible: que las comunidades locales y regionales estn cansadas de la arbitrariedad y exclusin en la toma de deci-siones y, esencialmente, de que no aprecian los reales beneficios de seguir soportando la instalacin de megaproyectos industriales en sus hbitats de convivencia cotidiana. Para muchas comunidades, el fortalecimiento de sus redes sociales y el control de sus recursos territoriales ha pasado a ser una cuestin de supervivencia, lo que alienta una mayor simetra en las relaciones entre los planos glo-bales y locales de los espacios geogrficos, como lo ha indicado Bebbington (2001). Los empresarios forestales, por su parte, se han apresurado a sealar que este desastre ecolgico se constituye en un hito que les obliga a asumir seriamente su responsabilidad social (Sern, 2005), algo que est an por ser comprobado.

    La crisis energtica

    y los territorios regionales pblicos

    Las regiones australes de Chile, de climas templados, fros y subantrticos, conformadas por archipilagos, montaas, lagos, glaciares y campos de hielo, constituyen reas de singular riqueza ecolgica, belleza escnica y calidad medioambiental. La pureza de las aguas lluvias y de la almacenada en sus ros y lagos, as como la particularidad de los campos de hielo y su gran biodiversidad re-gional, transforman a estos alejados y recnditos paisajes en sitios de referencia ecolgica y preferencia turstica mundial. Debido a

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    su lejana de los centros poblados del pas y a su difcil accesibi-lidad y topografa, estas regiones han permanecido esencialmente deshabitadas y la poblacin, de bajsima densidad, se concentra en unas pocas ciudades intermedias y en una serie de villorrios, cuya demografa depende, en gran medida, de la inestabilidad y ciclos econmicos que acompaan la produccin silvoagropecuaria, y un acelerado desarrollo acucola y turstico en los ltimos aos.

    La colonizacin reciente de estas regiones, iniciada solo a co-mienzos del siglo XX, demostr la ignorancia geogrfica de sus ac-tores e intent emular las mismas prcticas y formas de ocupacin de las regiones ms septentrionales del pas. Porfiados agricul-tores, han intentado repetidas veces tornar productivas reas cu-biertas previamente por bosques nativos, haciendo uso intensivo del fuego, con el propsito de introducir la ganadera, lo que ha terminado erosionando severamente los suelos y degradando pai-sajes naturales (Quintanilla, 2004). El ltimo intento de coloni-zacin se ejecut en la dcada de 1980 y su fracaso fue prologado por las investigaciones geogrficas realizadas en aquel momento, contrariando abiertamente los deseos de la dictadura militar que gobernaba el pas (Romero, 1987).

    Las necesidades de conservacin de la naturaleza y las evi-dencias negativas acumuladas en sucesivos procesos de colo-nizacin, movieron a los legisladores a decretar como parques nacionales y reservas naturales al 50% de las 100.000 hectreas que conforman la regin de Aysn y al mismo tiempo mantener como tierras fiscales a un 45% del territorio restante. De esta forma, esta hermosa y natural regin de Chile ha estado destinada a la con-servacin de la naturaleza y constituida casi completamente por territorios y recursos pblicos, lo que equivale a decir que es de propiedad de todos los chilenos y, por consiguiente, patrimonio de la humanidad.

    Lamentablemente, y especialmente bajo la aplicacin de las premisas neoliberales, regiones destinadas a la conservacin de la naturaleza, como Aysn, han recibido el mismo trato que el resto de las regiones del pas. Carentes de ventajas comparativas y com-petitivas, definidas en trminos de mercado, sus cerca de 100.000

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    Comodificacin, exclusin y falta de justicia ambiental

    habitantes han adoptado estrategias de supervivencia cuando viven en los campos y se desempean principalmente como em-pleados fiscales y trabajan en los servicios urbanos cuando residen en ciudades, de las cuales solo cuatro concentran el 90% de la po-blacin. Aysn ha captado menos del 1% de la poblacin del pas y de las inversiones pblicas y privadas las ltimas dcadas y de acuerdo a las estimaciones futuras, se esperara que contine en las mismas condiciones.

    Paradjicamente, la falta de inversiones extractivas y la es-casez de poblacin se transforman en relevantes factores para ase-gurar el desarrollo sostenible de los espacios y lugares geogrficos, lo que impulsa el trabajo intelectual en la creacin de indicadores alternativos que revelen a la conservacin de la naturaleza como uno de los servicios y funciones ms importantes de los territorios para la sustentabilidad y que se opongan a la consideracin ex-clusiva del crecimiento econmico, demogrfico y de las exporta-ciones como objetivos del desarrollo regional.

    La construccin de un camino que une parcialmente a la regin de Aysn con el resto del pas completado solo a fines de la dcada de 1990 permiti conectar a estas reas con la zona central de Chile y abri a la curiosidad y turismo nacionales estos magnficos paisajes naturales. Sin embargo, las dificultades de acceso, las caractersticas climticas (bajas temperaturas y lluvias todo el ao), la limitada infraestructura y los altos precios del transporte, han impedido el desarrollo del turismo masivo, el cual ha estado restringido a los visitantes nacionales y extranjeros in-teresados en la apreciacin de la naturaleza y, ms recientemente, a turistas de altos ingresos de los pases desarrollados que arriban a sitios especficos donde especializados lodges les permitan prac-ticar la pesca con mosca de truchas y salmones.

    Durante la ltima dcada ha surgido un inters especial por los paisajes naturales y algunos personajes millonarios mundiales han estado adquiriendo tierras con propsitos de conservacin, generando muchas veces conflictos con las comunidades locales que requieren la explotacin de los recursos para su propia super-vivencia. Igualmente ha aumentado persistentemente el nmero

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    de turistas, especialmente extranjeros, que viajan decenas de miles de kilmetros atrados por la belleza de los espacios naturales y ltimamente, se han incrementado las inversiones en el sector pesquero y acucola. En efecto, la regin posee gran cantidad de aguas muy limpias y con alto contenido de oxgeno disuelto y nu-trientes debido a que los innumerables ros y arroyos que drenan los campos de hielos y glaciares descienden desde las montaas en pocos kilmetros en forma de rpidos y torrentes.

    La existencia de campos de hielo y mltiples cuerpos glaciares garantiza la alimentacin de los ros y lagos en forma estable y segura, en comparacin con los cauces fluviales del resto del pas, que dependen de la cada de lluvias y nieves, experimentando grandes fluctuaciones interanuales. La ocurrencia cada vez ms frecuente de los fenmenos El Nio y La Nia que producen se-quas e inundaciones respectivamente en Chile y los escenarios de cambio climtico aumentan la incertidumbre frente a la dispo-nibilidad futura de agua en Chile y al mismo tiempo sobrevalora los lugares donde existen reservas glaciares.

    Una serie inconmensurable de ros, arroyos y esteros desem-bocan en lagos y en el mar y drenan hacia fiordos y canales ma-rinos en una zona esencialmente archipielgica, constituida por cientos de islas que presentan bahas y abras protegidas de los fuertes vientos del oeste de las latitudes australes, aguas puras y sedimentos que garantizan la existencia de condiciones ptimas y nicas en el planeta para el desarrollo de la acuicultura. Los salmones en estado natural desovan en lagos y ros, crecen y al-canzan su madurez en el mar, para remontar a travs de los ros a sus sitios de origen, continuando con su ciclo geogrfico de vida. La conexin geogrfica lago-ro-mar es un rasgo fundamental de sus condiciones naturales de desarrollo, y es replicada a travs de los cultivos marinos artificiales. Los pequeos peces son transpor-tados desde los lagos hacia las jaulas ubicadas en el mar y son fae-nados en sitios costeros.

    Dadas las caractersticas geogrficas del sur de Chile, el pas ha llegado a ser en los ltimos aos el primer productor y expor-tador mundial de salmones. Ha contribuido a ello, que Chile sea

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    un relevante productor de harina de pescado y que esta constituya su principal alimento. El desarrollo de esta importante actividad econmica, capaz de generar alrededor de US $1.000 millones en la actualidad, comenz en la vecina regin de los Lagos, bajo simi-lares condiciones geogrficas y debido a los esfuerzos mancomu-nados del Estado y empresarios nacionales. Los ltimos aos han sido testigos de una acelerada expansin de la acuicultura hacia la regin de Aysn, proceso que se encuentra en pleno progreso, as como de la venta de las principales empresas nacionales a capita-listas noruegos, hasta ahora uno de los ms importantes produc-tores y exportadores de salmones en el mundo.

    Como ha sucedido con la acuicultura de la regin de los Lagos, las instalaciones en Aysn han sido responsabilizadas de daos am-bientales, caracterizados por la rpida contaminacin de las aguas, causada principalmente por la acumulacin de contaminantes or-gnicos en los lechos de las bahas, que resultan de la abultada ali-mentacin y produccin de fecas por parte de los salmones criados en jaulas. Tambin se ha reportado la desaparicin de los peces nativos debido a la voracidad de los salmones que se escapan, en un importante porcentaje, desde las jaulas de cultivo. Otros impactos desfavorables se han registrado en los sistemas socioculturales, en la medida que la poblacin local ha abandonado sus actividades tradicionales para trabajar como obreros industriales. Las culturas locales, de pescadores artesanales y agricultores de subsistencia, han dado paso a asentamientos completos de poblacin fija o es-tacional que trabaja en los planteles industriales, bajo condiciones climticas y laborales difciles y usualmente por salarios mnimos, que no obstante llegan a ser significativos para explicarse las trans-formaciones socioculturales que se observan por doquier.

    La propiedad y control comunitario por parte de las pobla-ciones locales de los territorios marinos formados por canales, fiordos y bahas, ha sido reemplazada con escaso cuidado, por concesiones martimas litorales (derechos de aprovechamiento y ocupacin de los espacios martimos), concedidas por el Estado a las empresas acucolas, y que significan, en la prctica, el otorga-miento de derechos de propiedad sobre aguas y terrenos costeros y

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    la accesibilidad a los mismos. Ello ha implicado en muchos casos la desaparicin de las reas de pesca artesanal y la desarticulacin es-pacial de los territorios martimos de control comunitario. Cuando las comunidades pierden el control de los recursos crticos, tales como el territorial, y cuando la comodificacin y privatizacin de los recursos sustituye el espacio pblico y los bienes y servicios co-munes, las redes sociales dejan de ser eficientes y se debilitan hasta desaparecer.

    Por ello, las ms recientes preocupaciones sociales estn en re-lacin no solo con los impactos ambientales negativos de la acui-cultura sobre los sistemas naturales y ecolgicos, sino tambin con las transformaciones socioculturales y territoriales. Ellas implican en muchos casos la prdida de la capacidad de reproduccin de las comunidades locales y su completa dependencia de agentes externos.

    Contribuye a aumentar el nivel de preocupacin sobre el futuro de las comunidades costeras de la regin archipielgica del sur del pas, las intenciones de construir represas hidroelctricas que interrumpan los cauces naturales que conectan los lagos con los ros y con la costa y la venta de las empresas acucolas a com-paas transnacionales. Respecto a lo primero, se presentan los antecedentes en prrafos posteriores, mientras que en cuanto a la llegada de empresas extranjeras, es importante sealar que estas ltimas, especialmente de origen noruego han adquirido las com-paas nacionales, reconociendo que no es posible competir en el mercado mundial con la produccin chilena, debido a sus ventajas comparativas y competitivas.

    Evidentemente, Noruega no posee los ecosistemas prstinos con la calidad ambiental y extensin espacial que se alcanzan en el hemisferio sur, y tambin es claro que las exigencias ambientales y el costo de los insumos y de la mano de obra en Chile son mucho ms reducidos que en los pases desarrollados. No es de extraar que dentro de la globalizacin, sea ventajoso para los empresarios de ese pas trasladarse a Chile y dedicar sus espacios geogrficos originales a actividades econmica y socialmente ms ventajosas, como el turismo y la oferta de servicios. El problema ms relevante es que al trasladar las actividades a Chile, tambin lo hacen las tec-

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    nologas sustitutivas de mano de obra, con lo cual mucha de la po-blacin nacional involucrada en la actividad resultar redundante a corto plazo. Habiendo abandonado con anterioridad sus sistemas productivos y culturales tradicionales, cabe tener en cuenta la in-certidumbre que plantea el futuro a las comunidades costeras de pescadores y agricultores.

    Es igualmente evidente que el turismo de intereses especiales y la acuicultura han implicado revalorizaciones significativas de los territorios y lugares de la regin austral de Chile y que ambas activi-dades requieren de la sustentabilidad de la calidad ambiental, como una cuestin prioritaria. Ello solo se puede alcanzar planificando y regulando adecuadamente la presin antrpica, que no debe ex-ceder nunca la capacidad de carga de los ecosistemas y sistemas territoriales. En otras palabras, el desarrollo de ambas actividades exige una cuidadosa investigacin geogrfica sobre la resiliencia de los sistemas naturales y socioculturales que sostienen el desarrollo productivo e implican necesarias limitaciones al ejercicio del de-recho de propiedad privada y a la operacin del libre mercado.

    Los proyectos tursticos y acucolas dependen directamente de la sustentabilidad de los medio ambientes naturales y sociocultu-rales en que se instalan, teniendo en cuenta que existen a escala mundial muy pocas reas equivalentes. La unicidad de los lugares y la conservacin prstina de las condiciones naturales son parte importante de los intentos de desarrollo sustentable de estas re-giones geogrficas. El hecho de que se trate de inversiones privadas noruegas debera abrir tambin las posibilidades de replicar sobre los paisajes chilenos las prcticas de produccin y bienestar social, as como el respeto al medio ambiente, que caracterizan a ese pas.

    Sin embargo, es indiscutible que las condiciones geogrficas particulares de estas regiones del sur de Chile, como muchas otras regiones latinoamericanas, requeriran polticas pblicas que las distingan, y tambin de importantes recursos econmicos, sociales e institucionales que aseguren que sea la conservacin de la natu-raleza y de las comunidades locales y no los objetivos econmicos exclusivos, los factores que controlen el desarrollo territorial, algo realmente difcil de plantear en un pas dominado por el mercado

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    como nico asignador de recursos, y por el neoliberalismo como nica doctrina de poltica pblica.

    Por otro lado, Chile se aproxima, como muchos otros pases de la regin a una crisis energtica de grandes proporciones, en la medida que el crecimiento de la demanda gatillado por el au-mento del consumo supera en mucho la oferta proporcionada por fuentes aparentemente escasas. Ante esta situacin, que emergi de improviso y denunciando con ello la absoluta falta de planificacin estratgica por parte de los organismos estatales, se busc conseguir abastecimiento barato a travs de la importacin de gas natural proveniente de Argentina. Con estos fines, se cons-truyeron gasoductos en el norte y centro de Chile, en un momento en que la crisis econmica del vecino pas justificaba la existencia de importantes excedentes comercializables a bajo precio.

    Autoridades y empresarios chilenos omitieron robustecer y diversificar su matriz energtica y, por el contrario, instalaron cen-trales termoelctricas de ciclo combinado y comenzaron a cambiar el petrleo como principal combustible de hogares, vehculos e in-dustrias, por gas argentino. El alza del petrleo en el mercado in-ternacional, hizo que este combustible, que Chile no produce, fuera tambin sustituido crecientemente por gas natural.

    La existencia de esta solucin ms fcil y barata en el mercado, retras una vez ms la exploracin y evaluacin de las fuentes al-ternativas de energa, que existen en el pas, tales como miles de ki-lmetros de costa sometidos a fuertes y constantes vientos, cientos de canales y fiordos que son llenados y vaciados diariamente por las mareas, energa geotrmica en la cordillera andina, y ms signi-ficativamente, gigantescas cargas de radiacin solar de nivel rcord en la mitad norte del pas.

    Sin embargo, la economa argentina ha experimentado un rele-vante repunte los ltimos aos, lo que ha obligado a ocupar toda la energa disponible y a cortar los envos a Chile. Como consecuencia de ello se ha tomado una clara conciencia de las dificultades de abastecimiento, lo cual ha servido como forzante para explorar ur-gentemente las fuentes disponibles, dentro de las cuales las cuencas hidrogrficas de la regin de Aysn se han constituido en una de las

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    soluciones ms mencionadas. De esta manera, toda la atencin se ha puesto en empresas transnacionales que ofrecen construir una serie de grandes represas hidrogrficas que cambiaran completamente el destino de una regin, que, tal como se ha sealado, era sinnimo de espacios geogrficos pblicos destinados a la conservacin de la naturaleza, el turismo y la acuicultura.

    Por las entrevistas practicadas a los actores sociales (Romero et l., 2007b) resulta evidente que se dispone de poca informacin respecto a los impactos ambientales, sociales y culturales que se espera de la construccin de por lo menos cinco grandes represas hidroelctricas, dos de las cuales se localizarn en el ro Baker, dos en el ro Pascua y una en el ro Cuervos. La estrategia de las em-presas hidroelctricas ha consistido en fusionar grandes compaas internacionales y nacionales y plantear en el discurso que se trata de satisfacer de la manera ambientalmente ms sustentable una ne-cesidad urgente del pas, ante lo cual se debe subordinar cualquier otro tipo de iniciativa. Mediante el empleo de la metfora de que se est en presencia de un proyecto-pas, se evita en sus narra-tivas y discursos referirse a los intereses comerciales en juego y a las grandes ganancias que se espera obtener, as como a cualquier re-ferencia a los impactos ambientales, sociales y culturales que la in-versin de ms de 4.000 millones de dlares debera en una regin hasta ahora mantenida al margen de la economa global.

    Los empresarios de los rubros pesquero, turstico y acucola han expresado dbiles preocupaciones respecto a los eventuales efectos de la construccin de grandes represas hidroelctricas sobre la rentabilidad de sus negocios, al ser conscientes de que la conec-tividad asociada a la construccin de represas en reas hasta ahora remotas, les abre perspectivas inusitadas a sus empresas, especial-mente cuando se trata de propietarios de grandes superficies de te-rritorios que veran aumentada su plusvala en forma considerable.

    Los habitantes locales son quienes expresan con mayor cla-ridad sus preocupaciones frente a los cambios espaciales, sociales y culturales que debern afrontar a raz de la gigantesca inversin de capitales en sus espacios cotidianos en un plazo de poco ms de diez aos. Sus narrativas se refieren a la incertidumbre que genera

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    el traslado forzado de las comunidades, la venta e inundacin de sus predios, la dedicacin a otros rubros diferentes a la agricultura y ganadera en que han estado comprometidos toda su vida, el im-pacto que significa la llegada de miles de trabajadores vinculados a la construccin de las represas, y el eventual desaparecimiento de sus hbitats y medio ambientes socioculturales.

    Las autoridades de gobierno son quienes han presentado las mayores contradicciones. En una crnica publicada en el principal peridico nacional a mediados de diciembre de 2006 (El Mercurio, 25 de noviembre de 2006, C17 y 3 de diciembre de 2006, B10), el Mi-nistro de Obras Pblicas aseguraba que el desarrollo del turismo era ms beneficioso que la construccin de represas hidroelctricas para el desarrollo regional. Ante la indignacin de las empresas hidroelctricas por las declaraciones del ministro (El Mercurio, 10 de diciembre de 2006, B14), a los pocos das este se manifestaba totalmente partidario de la instalacin de las represas (El Mercurio, 10 de diciembre de 2006, D17), discurso que era corroborado por las ms altas autoridades de la Comisin Nacional de Energa (El Mer-curio, 12 de diciembre de 2006, B5). Dada la aprobacin explcita a los proyectos energticos que desde luego an no han sido for-mulados y, por lo tanto, se desconocen sus estudios de impacto am-biental la propia presidencia del pas suaviz las declaraciones de apoyo de las autoridades de gobierno (El Mercurio, 12 de diciembre de 2006, B5), llamando esperar los resultados de estudios e informes especializados que han sido contratados a las universidades y con-sultoras por las empresas. La Comisin Nacional de Medio Am-biente la institucin llamada legalmente a pronunciarse sobre los impactos ambientales de los grandes proyectos de inversin ha preferido mantenerse al margen de la discusin pblica hasta no conocer los estudios respectivos (El Mercurio, 26 de diciembre de 2006, B16), marcando la ausencia de las polticas pblicas respecto a la proteccin ambiental de la regin.

    Bajo los actuales escenarios y urgencias causados por la crisis energtica, y considerando el vigoroso crecimiento de la demanda, una de las cuestiones geogrficas ms significativas sera contribuir a generar discursos y narrativas que identifiquen las reales posibili-

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    dades de compatibilizar la construccin de las represas hidroelc-tricas con las dems alternativas de desarrollo local y regional en un territorio que es esencialmente de propiedad pblica y cuyo rol es proteger la naturaleza. Tambin es necesario contar con las in-vestigaciones geogrficas que den cuenta de los reales potenciales energticos que almacenan los territorios localizados al interior y en los bordes del desierto de Atacama, en los giseres y termas de la montaa andina, a lo largo de las costas, a travs de sus extensas zonas archipielgicas y a partir del cultivo de plantas y bosques para estos propsitos. Como en los casos anteriores, la discusin sobre el futuro energtico del pas parece estar controlada exclu-sivamente por las empresas transnacionales y los grandes grupos econmicos nacionales, contando con un apoyo explcito de los or-ganismos del Estado y los medios de comunicacin. No se puede decir lo mismo de la bsqueda y factibilizacin del uso de fuentes alternativas. Tampoco se puede afirmar que el incipiente debate respecto al futuro energtico del pas asegure una discusin justa y equitativa por parte de la totalidad de los actores sociales, rela-cionada con la sustentabilidad del desarrollo regional y local y que facilite la participacin ciudadana y la adopcin democrtica de decisiones acertadas.

    La urbanizacin no controlada

    Entre los espacios geogrficos mayormente impactados por la aplicacin de la comodificacin territorial y las premisas neo-liberales se encuentran las reas urbanas. Las grandes metrpolis chilenas (Santiago, Valparaso y Concepcin) y las ciudades inter-medias y pequeas han visto aumentar sus superficies por encima del 300% en los ltimos 30 aos (Romero et l., 2006b). A dife-rencia de las etapas anteriores del proceso de urbanizacin, en que las autoridades pblicas intentaban regular el crecimiento espacial de las ciudades y asignar los usos del suelo, las ltimas dcadas han sido testigo de un proceso generalizado de liberalizacin, ne-cesario para asegurar la hipersegmentacin del mercado del suelo y de los servicios urbanos, incluyendo la vivienda, comercio, salud, transporte y educacin (Romero & Vsquez, 2006).

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    La construccin de ciudades se ha constituido en la principal fbrica de riqueza, teniendo como protagonista, en primer lugar, a grandes empresas inmobiliarias que participan de un activo proceso de especulacin sobre el precio y uso de los suelos. Las tierras cubiertas por cultivos, remanentes de vegetacin natural, bosques, humedales y lechos de ros y quebradas, son adquiridas o adjudicadas a bajo precio y son paulatinamente urbanizadas por empresas inmobiliarias que obtienen por ello pinges ganancias. Los valores de transaccin de las tierras, sin embargo, solo in-cluyen los insumos y componentes transables en el mercado y que estn en relacin con bienes tangibles, tales como el terreno y su accesibilidad; e intangibles, como la homogeneidad y exclusividad social, amenidades urbanas, calidad del medio ambiente natural y social, seguridad ciudadana, etc. Los valores totales de transaccin no incluyen los costos ambientales, representados por la prdida de servicios ambientales de los territorios, los riesgos naturales y las injusticias ambientales que resultan de trasladar las externa-lidades negativas desde los sectores donde residen o trabajan los estratos socioeconmicos ms pudientes, a las reas donde se lo-caliza la poblacin ms pobre y vulnerable (Romero, 2005; Romero & Vsquez, 2006).

    Parte importante del crecimiento urbano ilimitado y de sus efectos ambientales negativos se explican por la fragmentacin del tejido urbano en funcin de atender las demandas de bienes y ser-vicios de un mercado cada vez ms segmentado. Ello se expresa, a su vez, en la generacin de mltiples centros social y funcional-mente especializados y en la prdida de centralidad y de capacidad de convergencia social hacia los nodos abastecedores de bienes y servicios, en el ilimitado crecimiento de las distancias que deben recorrer diariamente los habitantes de las ciudades para despla-zarse entre sus lugares de residencia y sus centros de servicios, y en el constante incentivo para emplear medios de transporte pri-vados y vivir en reas de densidad decreciente, cuyas tasas de cre-cimiento se ubican muy por encima del aumento de la poblacin urbana. Contradictoriamente, cuando se desaceleran y decrecen las tasas demogrficas de crecimiento y por ello surgen posibili-

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    dades mayores de mejorar la sustentabilidad del desarrollo urbano, el mercado privado apuesta por el crecimiento espacial de las ciu-dades, generando una mayor insustentabilidad ambiental, social y cultural para los habitantes de ciudades y pueblos.

    La prdida de los servicios ambientales causada por la urbani-zacin de espacios previamente naturales y de cuencas ambientales completas se expresa finalmente en la aparicin de un conjunto de indicadores negativos, entre los que se encuentra el surgimiento de islas de calor, humedad y ventilacin, la degradacin de la biodiver-sidad y el aumento sistemtico de la contaminacin del aire, agua y suelos (Romero et l., 2003; Romero & rdenes, 2004; Romero, 2005). A ello se debe agregar la expresin de la segregacin socio- espacial como segregacin socio ambiental en la medida que la ausencia de polticas pblicas destinadas a compensar las externa-lidades negativas y las injusticias ambientales, terminan brindando las peores condiciones ambientales y los mayores riesgos naturales a los sectores ms pobres y vulnerables (Romero & Vsquez, 2006).

    Uno de los aspectos que interesa resaltar, en esta ocasin, es el aumento de los riesgos naturales de los espacios urbanos como consecuencia directa de las intervenciones adversas u omisiones muchas veces inadvertidas por parte los planificadores y gestores de los territorios urbanos. En el caso de las grandes, medianas y pequeas ciudades de Chile, las cuencas ambientales constituyen espacios geogrficos de primera importancia, cuyos procesos y me-canismos controlan los flujos de materia, energa e informacin en que se fundamentan los procesos e indicadores biogeofsicos que sustentan los servicios y funciones ambientales. La desaprensiva urbanizacin latinoamericana se ha constituido en la perturbacin ambiental adversa ms relevante e irreversible que se puede en-contrar en la actualidad. No solo se trata de que la urbanizacin de cuencas altere completamente las funciones ambientales, sino que adems sus impactos afectan a la mayor proporcin de la po-blacin de la regin, a travs de acciones que han contado con la complicidad u omisin de las polticas y autoridades pblicas, su-puestamente encargadas de proteger el bienestar de la poblacin y los ecosistemas.

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    El espacio urbano y los recursos ambientales que lo sostienen se han privatizado y comodificado, haciendo desaparecer casi com-pletamente las nociones de espacio pblico y bien comn (Romero 2004, 2005a; Romero & Vsquez, 2006), lo cual es particularmente grave cuando se trata de lugares de alta concentracin poblacional. La situacin llega a ser dramtica tratndose de los riesgos naturales, eventos y procesos en que la poblacin, especialmente los miembros ms dbiles de la sociedad, son expuestos a la prdida de la calidad del aire, agua y suelos, a la falta creciente de agua y a los peligros representados por la mayor frecuencia y magnitud de las inunda-ciones, anegamientos y remocin en masas de los sedimentos. Ello es el resultado, a su vez, del aumento de las tasas de impermeabili-zacin y consiguientemente, de la potencia erosiva de los cursos de agua que circundan y drenan las cuencas urbanizadas.

    En el caso de las ciudades c