Resumen Ortega Gasset

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Ortega, Cervantes y las Meditaciones del QuijoteHelio CARPINTERO

Recibido: 10 de octubre de 2005 Aceptado: 27 de octubre de 2005

Resumen El trabajo reexamina la obra inicial de Ortega y Gasset, Meditaciones del Quijote, considerada habitualmente como primera exposicin de su filosofa, al tiempo que aparece como un estudio inacabado de la figura y obra de Cervantes. Aqu se subraya la importancia de su estudio sobre la novela, estudio que presenta interesantes similitudes con la Teora de la Novela de G. Lukacs. Adems, se destaca el papel de discurso del mtodo que este estudio orteguiano parece tener respecto de su obra, al ser la novela un mtodo para el conocimiento de la vida humana. Por otra parte, se destaca el lugar central que el Quijote vino a ocupar en este ensayo, al ser una pieza clave para la comprensin de la realidad espaola, el sentido de la novela y la estructura de la vida humana. Palabras clave: Ortega, Meditaciones del Quijote, teora de la novela, vida humana.

Abstract Ortega y Gassets first book Meditaciones del Quijote is here once more analyzed, stressing the relevance of its theory of the novel for its philosophy. After noting its similitudes with the wellknown study of G. Lukacs Theory of the Novel, it is suggested that Ortega viewed the novel as a means to study the real structure of human life, and, as a result, he viewed the Quixote as a truly adequate door through which to enter into the philosophy of human life or existence, the understanding of Spanish idiosyncratic mentality, and the peculiarities of the novel as compared with other literary genres.Revista de Filosofa Vol. 30 Nm. 2 (2005): 7-34

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ISSN: 0034-8244

Helio Carpintero

Ortega, Cervantes y las Meditaciones del Quijote

Keywords: Ortega y Gasset, Meditaciones del Quijote, theory of novel, human life.

Hay en la obra de Ortega un libro admirable y extrao, que es al tiempo prtico de entrada a su pensamiento filosfico y a sus meditaciones sobre Espaa. Se trata de las Meditaciones del Quijote, su primer libro publicado, y a la vez, una obra incompleta, que prometa continuaciones que no llegaron a escribirse. Se trata de una reflexin en parte dedicada al tema cervantino, y donde se contienen muchas otras cosas, entre las que se cuenta la que vendra a ser la tesis ms famosa de su filosofa. Se trata de un libro de interpretacin problemtica. Julin Maras le dedic un comentario magistral, en 1957, que luego en gran medida incorpor a su estudio Ortega I. Circunstancia y vocacin (1960), imprescindible para comprender el pensamiento de su maestro. Ms recientemente, JL. Villacaas (2004) ha publicado otra edicin comentada. Otros estudios han aadido nuevos puntos de vista incorporando tiles precisiones complementarias (Silver 1978, Morn 1968, Cerezo 1984,2005, Lasaga, 2005, entre otros). Incluso se dispone de un texto artificialmente ntegro y contextualizado, que construy hace unos aos un conocido hispanista, E. Inman Fox (1987) tomando por base el proyecto ideal que anunciara Ortega en el volumen. Con todo, las peculiaridades de aquella primera obra siguen desafiando las interpretaciones. Su manifiesto inacabamiento, su problemtico tema, sus conexiones ms o menos implcitas con el resto de la obra del autor de aquella poca, incitan a su consideracin. Este ensayo aspira a reexaminar el contenido del viejo libro, desde una contextualizacin bsica de sus decires y doctrinas. En su ltima intencin, cuenta el deseo de comprender una obra que envuelve su pensamiento en una prosa brillante y casi modernista, y cuyas claves interpretativas resultan en buena medida enigmticas.

1. El libro El libro se public en Madrid en 1914, en una coleccin que editaba la Residencia de Estudiantes, en donde tambin veran la luz los seis volmenes de Ensayos de Unamuno o las Poesas Completas de Antonio Machado, entre otros libros notables de la poca. Se anunciaban, en su primera pgina, unas Meditaciones, que prometan ser diez. De ellas la primera iba a estar dedicada al Quijote, conteniendo varios captulos o unidades menores: una Meditacin preliminar y una Meditacin primera

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(Breve tratado de la novela), y se prometa continuarlas con dos ms sobre Cervantes (Cmo Miguel de Cervantes sola ver el mundo?), y la tercera y ltima de esta serie, que estara dedicada a El alcionismo de Cervantes. Estas dos ltimas no aparecieron nunca, y no se sabe con certeza qu pensaba introducir en ellas su autor, aunque podra suceder que, revisadas y reelaboradas, hayan acabado por salir bajo otro ttulo en algn lugar de su vasta obra. Una caracterstica de la obra de Ortega es sin duda sta de existir en forma de disiecta membra, como fragmentos de una estructura profunda ocasionalmente reajustados para hacer posible una distinta estructura superficial. Por eso su comprensin reclama la contemplacin del ms amplio contexto posible. Del resto de meditaciones prometidas all por su autor, algunas han llegado a ser bien conocidas, dado que fueron a parar a las pginas de El Espectador: as las dedicadas a Azorn y a Baroja; otras, en cambio, han quedado como incitacin para los expertos, que habrn de opinar si fueron o no dadas a las prensas con cambios sustanciales o de menor calado (Inman Fox). Pero aqu nos vamos a atener al libro tal cual fue publicado y al contexto intelectual que consideramos indispensable para comprender en profundidad su texto en la forma en que su autor lo dej. Baste, en todo caso, con admitir su condicin de incompletud, y su exigencia de una adecuada contextualizacin.

2. El contexto de las Meditaciones El entorno intelectual del libro viene dado por la situacin en que se halla Ortega al filo de sus treinta aos. En ese ao de 1914, ao de comienzo de la I Guerra Mundial, el mundo espaol se escindi, una vez ms, en dos bandos, aliadfilos y germanfilos, progresistas por lo general los primeros y conservadores los segundos. Se ha dicho que el conflicto encon las tensiones sociales entre burguesa y proletariado, y se inici el abandono del sistema canovista que haba dirigido la Restauracin. Crecen en gran medida los afanes europestas que venan inspirando ya largo tiempo los regeneracionistas e institucionistas Costa, Giner de los Rios, Cajal, Simarro y algunos ms . Se impone con urgencia la necesidad de creacin de unas minoras efectivas que impulsen al pas hacia nuevos ideales de existencia colectiva. Se demanda competencia, guerra a la corrupcin, una transformacin en profundidad del pas, al tiempo que se critica de modo acerbo el pasado poltico reciente. Ortega, joven filsofo, profesor en la Escuela Superior del Magisterio (1910) y, desde 1911, catedrtico de metafsica de la Universidad de Madrid, da pruebas de una gran actividad intelectual y compromiso social. Publica ensayos filosficos y culturales, escribe artculos polticos en El Imparcial y otras publicaciones, y ese

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ao de 1914, como ha escrito J. Maras, se da de alta en la vida pblica con una serie de gestos entre los que se cuenta la publicacin de este su primer libro, al tiempo que pronuncia una famosa conferencia Vieja y nueva poltica, donde l mismo se presenta como portavoz de un movimiento, la Liga de Educacin Poltica Espaola, promovida por los hombres de su generacin, que aspiran a reformar la vida pblica. La accin pblica a travs del peridico, reforzada desde la aparicin de El Sol, en 1917, constituye el eje directivo de sus publicaciones en esta poca. Apenas hay entre ellas escritos filosficos tcnicos, si excluimos sus dos trabajos presentados en reuniones de la Asociacin Espaola para el Progreso de las Ciencias (en 1908 y 1913). Lo dominante, aparte los artculos periodsticos, son las exposiciones con comentario de algunos libros o los prlogos que le dan la oportunidad de ocuparse de cuestiones como el psicoanlisis, la fenomenologa o la esttica. Sus cursos, como el realizado en el Centro de Estudios Histricos de Madrid en 1915, las Investigaciones psicolgicas (1982) que hemos conocido hace unos pocos aos, son escasos y han sido relegados por su autor a la oscuridad, salvo algn contado fragmento. Ortega parece haber estado interesado ms bien en la otra direccin divulgadora y periodstica de su obra. En ese contexto hay que entender que decidiera iniciar una serie de meditaciones, de variada temtica, del que las Meditaciones del Quijote son la primera concrecin material, luego continuadas a travs de su otra coleccin de escritos meditativos, sus volmenes de El Espectador, iniciados en 1916, y que constituyen una manifiesta prolongacin de las iniciales al acoger varias de aquellas en la nueva serie. Las primeras las anunci como ensayos de varia leccin que va a publicar un profesor de Filosofa in partibus infidelium (1914, 13); ofreca en ellos posibles maneras de mirar las cosas con las que pretenda despertar en almas hermanas otros pensamientos hermanos (1914, 33); sus posteriores ensayos, ahora bajo el rtulo colectivo de espectador, tambin subrayan la condicin personal de sus contenidos, puesto que ofrecen ideas, teoras y comentarios con el carcter de peripecias y aventuras personales del autor (2004, II, 155), y buscan crear un reducto contra la polticade pura visin, de teora (2004, II,160 ) . El denominador comn iba a ser, de un lado, el uso sistemtico del punto de vista individual (2004, II, 162); de otro, el rechazo explcito de cualquier inters pragmtico o utilitario, para defender en cambio la exigencia de teora y contemplacin desinteresada que pudiera poner en claro la ndole de las cosas tratadas, al respetar escrupulosamente su objetividad. Recordando aos despus sus pasados quehaceres, no dej de advertir su autor que su proyecto haba estado en gran medida dirigido a elevar el nivel de la mente de los espaoles, convencido de que uno de sus mayores defectos era este de pade-

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cer un grave dficit intelectual. Y aadi: El remedio haba que ponerlo all donde estaba el espaol: en la charla amistosa, en el peridico, en la conferencia, atrayndolo hacia la exactitud de la idea con la gracia del giro, y concluye con una conocida sentencia: En Espaa para persuadir es menester antes seducir (1954, IV, 366-7). Esta doble exigencia de rigor conceptual y posibilidad de divulgacin es lo que ha venido a dar a su pensamiento una peculiar dificultad en tiempos de creciente especializacin y academicismo. Su modo de ver las cosas, su sistema si se prefiere, est operando en cada pgina de sus escritos; pero en cada caso es el tema ocasional correspondiente el que ocupa el foco de la atencin del lector por decisin del autor, introduciendo una aparente dispersin en ese pensamiento. De este modo, su proyecto de construir un pensamiento filosfico que llegase a ser conocido y comprendido por amplios sectores del pblico, en lugar de permanecer recluido en los lmites del aula y el seminario, iba a condicionar su accin como pensador y como escritor, y a limitar, incluso, su inteligibilidad ms propiamente tcnica. Aos ms tarde se lamentara de todo ello al prologar su primera edicin de obras completas: no hay... grandes probabilidades de que una obra como la ma..., muy llena de secretos, alusiones y elisiones... encuentre el nimo generoso que se afane... en entenderla (1954, VI, 347). Y sin embargo, desde sus primeras meditaciones, hay latiendo en todas sus paginas un complejo proyecto de accin, que las vivifica y da sentido. Vemoslo.

3. El proyecto del escritor A la vista de sus varios escritos y declaraciones de ese tiempo, hay que admitir que a la hora de dar a luz su primer libro su proyecto personal haba adquirido una gravedad y densidad muy notables. Tal vez convenga enumerar los distintos momentos de ese proyecto, o si se prefiere, los distintos sub-proyectos en l implicados, que constituyen la trama conceptual contra la cual ha de ser vista aquella obra. Enunciados con brevedad, creo que son los siguientes. 1. La preocupacin nacional. 2. El inters por la reforma moral de nuestra sociedad. 3. El ideal de humanidad implicado en el orden moral. 4. Una nueva filosofa de la vida. 5. Una visin intuitiva de esa vida desde su plasmacin en la novela. 6. La accin educativa que traslade el nuevo orden al cuerpo del pas, a travs de las acciones sociales de la formacin, la literatura, el ensayo, la divulgacin.

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Es un vasto programa, que Ortega va a cumplimentar con unidad de propsito y de conceptos, pero con dispersin textual, que cabra llamar geogrfica. En muy distintos sitios, y con levsimos nexos entre ellos, ha ido diciendo su complejo mensaje, sin importarle demasiado la visibilidad mayor o menor de sus conexiones intertextuales, ni de su unidad sistemtica. Eso es lo que conviene ahora dejar en claro, para hacer presente la sistematicidad profunda de un pensamiento que, a pesar de su hondura, tendi a manifestarse de forma entrecortada y dispersa.

4. La visin de Espaa Desde su comienzo, las MQ hacen explcito el fondo de inquietud nacional de donde emergen. Son, dice su autor, fruto de preocupacin patritica (1914, 59). Tal preocupacin tiene un claro signo renovador o regeneracionista: Habiendo negado una Espaa, dice, se halla inmerso en la empresa de hallar otra (1914, 59). Una tarea, por cierto, en que iba acompaado de miembros distinguidos de su generacin, que haban prestado su apoyo al movimiento naciente de la Liga de Educacin Poltica, presentado como vimos en la conferencia Vieja y nueva poltica, de aquel mismo ao (23 de marzo de 1914). Recurdese que en esta ocasin en concreto Ortega mostr su rechazo a una Espaa oficial en nombre de otra vital, nueva, de la que dice que pretende entrar en la historia (2004, I, 714). Evidentemente, la rechazada es la Espaa de la Restauracin. Por aquel entonces Ortega parece convencido de que ha llegado la hora de pasar esa pgina de la historia, tal como fuera diseada por Cnovas. Precisamente, su generacin haba ya vivido con plena conciencia el desastre colonial, y se haba encontrado, en 1898, con el aniquilamiento subitneo de la historia de Espaa (2004, I, 602). El agudo sentir noventaiochista haba hecho presa de sus espritus. Pero no ha sido slo la crisis colonial lo que les ha afectado. El conjunto de la organizacin de la nacin, tal como ha sido diseada por sus dirigentes, es objeto de una descalificacin global. Esa visin negativa, desarrollada en la conferencia, reaparece reproducida luego literalmente en las MQ. Segn sus propias palabras, la Restauracin ha sido un panorama de fantasmas, y Cnovas el gran empresario de la fantasmagora (1914, 86). Se trata de una sociedad dominada por el caciquismo, donde la politizacin ha desplazado a otros valores superiores como los de competencia cientfica y profesional y la capacidad tcnica. Ha habido, a su juicio, una inversin de valores, una prdida de la perspectiva justa, porque se aplaude la mediocridad. Dice, por ejemplo, que se toma a Echegaray como equivalente a Caldern, y que Nez de Arce pareci un poeta (1914, 87). Semejantes juicios venan a coincidir y reforzar la

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visin crtica de los hombres del 98, que haban experimentado ya unos aos antes la misma sensacin de vaco, y que Lan resume as: la abulia que Ganivet diagnostica, el marasmo que angustia a Unamuno, la depresin enorme de la vida que Azorn advierte, la visin de una Espaa vieja y tahur, zaragatera y tristeque asquea a Machado, (Lan, 1962, 404). Esos calificativos pintan bien su discrepancia con la empresa poltica oficial. Unos aos despus, el filsofo har un anlisis implacable de ese sistema en La redencin de las provincias y la decencia nacional (1932). All dibuja el sistema de fuerzas que a su juicio convirtieron aquel rgimen en la ficcin o fantasmagora denunciada en sus trabajos juveniles. La idea de fondo es la misma: la estructura de poder era slo en apariencia democrtica, pues estaba controlada por unos contados grupos que mediante una red de influencias personales, imponan el caciquismo y dominaban el pas. En las MQ su diagnstico se radicaliza un poco ms, adquiriendo tonos sombros. La morada espiritual del espaol ha sido tomada por el odio, dice all Ortega (1914, 16); se ofrece a la vida un corazn blindado de rencor (1914, 19). Acompaa esa crtica con una mencin, y es la referencia a Mateo Alemn y su alegora del Descontento en el Guzmn de Alfarache la visin crtica de la picaresca barroca. Hay tambin una concreta alusin al reaccionarismo espaol, que impone valores de un pasado muerto sin apertura a la modernidad (1914, 50). Ante la mirada crtica de la nueva generacin, por fuerza haban de sobresalir aquellas tensiones sociales que parecan impulsar a los distintos grupos a perseguir antes sus intereses que los colectivos. Recurdense a este respecto las agitaciones regionalistas, las luchas sindicalistas que agitaban al pas, y, ms concretamente, el dramtico episodio de la Semana Trgica de Barcelona (1909) (Brenan, 1962). Ante esta situacin, la Liga aspiraba a dar cuerpo a una nueva forma de patriotismo; era su meta el conseguir una Espaa vertebrada y en pie (2004, I, 737). Tales expresiones ya apuntaban hacia una visin previa de invertebracin y particularismo. Por eso sus lemas polticos eran liberalismo y nacionalizacin (2004, I, 736). Nacionalizacin viene a significar aqu supeditacin de los intereses de grupo ejrcito, iglesia, monarqua al de la nacin en su integridad, esto es, vertebracin social; liberalismo supone limitacin en el uso del poder, respeto al mbito de accin individual. . De esta suerte, hallamos aqu los rasgos principales de la visin crtica orteguiana acerca de la realidad espaola, que reaparecern con nuevo vigor en la dcada siguiente, singularmente en Espaa invertebrada (1922). Anima esa actitud un sentido de responsabilidad crtica, que le mueve a reconocer la accin poltica como requisito de la vida autntica del espaol: para un hombre nacido entre el Bidasoa y Gibraltar es Espaa el problema primero, plenario y perentorio (2004, II, 89) Esa empresa de reforma nacional requiere sin duda una colaboracin mltiple

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que haga frente a las distintas dimensiones que presenta el problema. Requiere, entre otras cosas, una colaboracin de la filosofa, porque una de las races de la situacin se halla en una crisis de valores que se ha generalizado en la sociedad. Exige, sobre todo, un activo compromiso de todos los grupos y clases sociales. Y ello no por razones de conveniencia y utilidad, sino por algo ms profundo: por razones personales y sociales bsicas. Ese patriotismo que Ortega propugna tiene una explicacin, no ya sentimental sino antropolgica. En una conferencia sobre Pedagoga social (pronunciada en Bilbao, en 1910), haba hecho suyas una serie de tesis neokantianas, inspiradas muchas en la obra de su maestro Natorp. All entre otras cosas se lee que el individuo humano, separado de la sociedad ha dicho Natorp no existe, es una abstraccin (1954, I, 513). Se trata, por tanto, de que el individuo, en cuanto ser de cultura y moralidad, y no mero organismo biolgico, est formado y sostenido por su cultura, por su raza entendida sta no biolgica, sino social e histricamente . Por eso en MQ dir: El individuo no puede orientarse en el universo sino al travs de su raza, porque va sumido en ella como la gota en la nube viajera (MQ 1914, 129). El hombre, formado por su sociedad, recibe, junto a una cultura y una historia, un sistema de actitudes y valores que regulan y determinan la vida social y personal. En la Restauracin, dir Ortega en las Meditaciones, hubo una perversin en los instintos valoradores: lo grande no era grande, sino en verdad mediocre y liviano (2004, I, 772). Ello afect tambin al Quijote; envuelto en ese ambiente, no se alcanz a ver su profundidad. En suma, la reforma nacional que se busca ha de ser una reforma de ideas y de ideales, una reforma de conocimiento, ciencia, tcnica, y tambin de los proyectos y metas en que una poltica consiste. Las acciones siguen a las ideas, y stas a los ideales, que mueven las conciencias con la fuerza de la aspiracin. Es preciso operar desde el horizonte de las estimaciones, porque lo que est en juego son precisamente los valores. Se precisa una reforma de valores incluido, por supuesto, el que corresponde al Quijote, porque desde los valores se organiza y estructura el entorno, el paisaje, la circunstancia, el mundo (Ortega, 1965). Precisamente tras la negacin de la Espaa caduca, siente el joven filsofo la exigencia ineludible de contribuir a levantar una nueva, y por ello reconoce estar dedicado a realizar experimentos de nueva Espaa (2004, I, 762) que ni olviden el pasado ni lo traten como cosa muerta, sino que inyecten en l sangre nueva para obtener nuevos frutos. A ese fin dedica estas reflexiones filosficas, simple ejercicio de lo que llama amor intelectual resucitando, dice, la expresin de Spinoza. Son ejercicios que responden a la propia y ms honda vocacin de su autor, aquella tarea que es la nica de que se siente capaz (1914, 14). Esta es la justificacin de su obra, ligada de raz a su situacin nacional.

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5. La construccin de una filosofa El esfuerzo de Ortega en las MQ, como en el resto de su obra, tiene como ncleo central la construccin de una filosofa personal. Es un saber que va a definir como ciencia general del amor (1914, 28). En principio va dirigida a lectores de un pas Espaa que supone condicionados e influidos por el odio y el rencor. Tal vez por ello se presenta aqu a s mismo como profesor de filosofa en un pas de infieles, (in partibus infidelium). Quiz no sea esta una expresin excesiva, si se piensa en el estado de la filosofa en Espaa por aquellos das. A finales del siglo anterior, se pudo hablar de la miseria dominante en ese campo (Guardia, 1893); a comienzos del siglo XX, Cajal se quejaba del atraso intelectual del pas y de su enquistamiento espiritual (Ramn y Cajal, 1940, 262); el cardenal Mercier solo encontraba vivos entre nosotros un positivismo y una neoescolstica carentes de fuerza y originalidad (Mercier, 1901), y Garca Morente, aos despus, dira que en aquel tiempo Espaa estaba al margen del movimiento filosfico (Garca Morente, 1945, 205). Ortega, por la misma poca, en sus Investigaciones psicolgicas, confes: Si es escaso el hbito de las maneras cientficas en general, que en nuestro pas existe, me concedern que es casi nulo el hbito de los mtodos filosficos (Ortega, 1982, 83). A pesar del inters por la filosofa de figuras como Unamuno o Giner, es lo cierto que en los primeros aos del siglo el clima filosfico careca de valor e inters. La respuesta de Ortega vino a consistir en la construccin de una filosofa que, aspiraba a formular una visin racional de la realidad, y que al tiempo permitiera dar cuenta de los dos problemas sentidos como perentorios por el joven filsofo. De un lado, responder al problema nacional de la desvertebracin y desintegracin de valores, es decir, al rencor y el odio que supuestamente anidaba en nuestro espritu. De otro, que fuera ms all de las limitaciones e insuficiencias de un pensamiento positivista difundido por Europa. De l llegaban ecos a nuestras aulas y academias, pero su rechazo de toda metafsica pareca estar ya demandando un cambio de rgimen mental. Ambos aspectos convergen, precisamente, en el ncleo doctrinal del libro, y en esa filosofa concebida como ciencia general del amor. En sus pginas se ofrece una respuesta al positivismo, y se propone un nuevo modelo humano de existencia. Ambos extremos guardan estrecha conexin con el objeto elegido para la meditacin, a saber, la comprensin de la novela de Cervantes.

6. La filosofa, como ciencia del amor Tanto desde el lado del ideal humano, como del que corresponde al ideal nacio-

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nal, se hace preciso construir una visin integral de la realidad, incluyendo no slo el hombre, sino tambin la sociedad. Se hace precisa una filosofa que integre las porciones de doctrina que han sido requeridas por la empresa general de regeneracin mental y social que ha emprendido Ortega; debe servir de base a la reconstruccin cultural deseada, y hay que hacerla porque no la hay, o si se prefiere, porque la que hay no le resulta aceptable. Esa exigencia de ajuste a la circunstancia ser precisamente rasgo esencial de su ms propia esencia terica, pues este pensamiento ha de salvar y reabsorber la circunstancia.. La doctrina vigente es en aquel momento la representada por el positivismo y el empirismo de orientacin cientfica. Desde los tiempos de la Primera Repblica (1873) haban comenzado a difundirse en el pas las doctrinas evolucionistas, y en general el empirismo positivista. Spencer, Haeckel, Darwin, atraen a los espritus vidos de informacin y de modernidad (Nez, 1975; Carpintero, 2004). Representan, sin duda, la afirmacin del valor del conocimiento cientfico, frente al cual a la filosofa le cabra solo aportar una reflexin sobre aquel mismo conocimiento. La nueva filosofa reivindicar un espacio propio frente a todo cientificismo. a) Reaccin al positivismo El empirismo cientfico natural, y el positivismo en que se fundamenta, coinciden en afirmar que el sujeto est limitado a conocer fenmenos dados de manera sensible, y a establecer relaciones consistentes entre los mismos, mediante el descubrimiento y formulacin de leyes que los ligan funcionalmente entre s. Desde el punto de vista del conocimiento, el sujeto est determinado en su comportamiento por las acciones del entorno. Su condicin es meramente pasiva y respondente. Lo que en la conciencia del sujeto se alumbra es precisamente el ser que en ella introduce la funcin receptiva del conocimiento. Gracias a ella, el ser vendra a reflejarse en la conciencia sin ninguna deformacin. Ortega ha presentado esta versin del positivismo en un trabajo temprano sobre Sensacin, construccin e intuicin (2004, I, 642 ss). Frente al positivismo, por ejemplo el de Ernst Mach, que supondra la recepcin por el sujeto de unos elementos objetivos como las puras sensaciones, sobre los que se construira el resto del conocimiento, Ortega objeta que tales elementos son conceptos lmites, problemas nunca conclusos, en modo alguno realidades unvocas que puedan servirnos de punto de partida (2004, I, 645). Son, en suma, resultado de una construccin: esta es la esencial contradiccin que ah anida (Ibid.). Esos elementos, en lugar de fundar ellos el conocimiento, son fundados precisamente por el conocimiento que pretendan explicar. Sucede, adems, que el mundo sensible que encontramos delante de nosotros no

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se agota en ser un amasijo de sensaciones. La sensacin no es el nico elemento dado; tambin nos est siendo presente todo aquello estructural e intelectual que sostiene, acompaa y da solidez a lo aparente y visible; todo lo que crea la profundidad, el dentro invisible e intangible de los objetos de tres dimensiones como, por ejemplo, de una naranja (1914, 75). [Husserl llam a esto lo compresente; en su anlisis de la percepcin no slo incluye lo patente que est ah delante (vorhanden), sino tambin lo latente copresente (Mitgegenwertig) que llega a formar un horizonte oscuramente consciente de realidad indeterminada (Ideas, #27, 65)]. As encontramos ciertas cualidades que implican una activa percepcin del sujeto, una inteleccin, como la lejana o proximidad de un sonido, que, dice Ortega, hago yo lejano (1914, 78) , o el color desteido que veo como habiendo venido a menos de su tonalidad primitiva, y no simplemente como una mera gradacin de color distinta de otras. Lo sensible y lo intelectual, la sensacin y la intuicin intelectual, son formas de presencia de la objetividad, que, gracias a la actividad mental, va construyendo objetos cada vez ms complejos y estructurados. Con las sensaciones que tenemos, dice el filsofo, vamos configurando un bosque, una vereda por donde ir, un camino que recorrer, etc., esto es, una serie de objetos que son ya estructuras plenas de sentido con las que podramos operar. Son posibilidades para el sujeto, objetos reales que consisten en unas posibilidades de accin. Nuestra experiencia nos sita por encima de la sensacin en un mundo de percepciones, de objetos percibidos. En lugar de inclinarse hacia Mach, se declara a favor de la posicin de Husserl (Ortega, 1982, 159); o, si se prefiere, en terminologa ms actual, en vez de adoptar una perspectiva bottom-up (de abajo arriba), se decide por otra top-down, (de arriba abajo) que va del todo a las partes, y no al revs. En una pgina esencial de las MQ, sintetiza sus anlisis sobre sus vivencias del bosque del Escorial; all traza los distintos niveles en que opera la mente al conocer: Me ha enseado este bosque que hay un primer plano de realidades el cual se impone a m de una manera violenta: son los colores, los sonidos, el placer y el dolor sensibles. Ante l mi situacin es pasiva. Pero tras esas realidades aparecen otrasms pudorosas(que) vivenen cierto modo apoyadas en nuestra voluntad. La ciencia, el arte, la justiciaslo existen para quien tiene la voluntad de ellas (1914, 81). Hay una pluralidad de modos de objetividad, que responden a distintos tipos de actitud de conciencia o intencionalidad, cuyos extremos van desde la pasividad a la actividad. La constitucin del mundo en torno implica la formacin de estructuras complejas donde los distintos elementos adquieren un determinado valor y sentido. Colores y sonidos se agrupan en objetos que forman paisajes, los cuales estn determinados por el concreto punto de vista donde el sujeto est situado. Frente a un elementalismo sensista, Ortega se inclina hacia formas holistas, gestaltistas, de ver la organizacin de lo real. Estos anlisis no quedan encerrados en el simple mbito de la percepcin. La

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realidad humana es un sistema donde unas ciertas estructuras tienen serias consecuencias en otros campos lejanos; lo que se admite para la percepcin termina por tener efectos en la moral y en la accin. Y en estos campos tambin surge la discrepancia. Sucede que, desde un positivismo sensualista, que asume la pasividad de la mente, la vida del hombre vendra a quedar vaciada de responsabilidad y de creatividad. Entonces el medio es el nico protagonista (1914, 207), que opera con toda plenitud y eficacia, desplazando cualquier intento de recurso a la voluntad. Ahora bien, semejante determinismo justamente niega la originalidad individual, al considerar la vida como mera adaptacin, y la accin como simple reaccin a la excitacin previa del entorno. Para semejante filosofa, no cabe una figura como don Quijote, empeado en imponer al mundo su pretensin de existencia. Su figura, pues, se convierte en piedra de toque para la nueva visin antropolgica y filosfica. La reflexin sobre el Quijote es, por una de sus caras, una respuesta dirigida inmediatamente a dar adecuada rplica a aquella filosofa desorientadora acerca de los temas humanos. Lo que se necesita en realidad es una filosofa que haga a Don Quijote posible. Ello impone reconocer que, de conformidad plena con Kant, en lugar de pasividad, lo que hay de modo primario es la actividad del sujeto, actividad espontnea del mismo. No se podr admitir como determinado, como siendo algo, aquello que no reciba su determinacin de la actividad puramente espontnea del conocimiento ((2004, I, 647) Ser y conocer son correlativos. El conocimiento es construccin, y el ser, lo construido (Id., 648). Formado en Marburgo con sus maestros neokantianos, Ortega asume la visin crtica y constructiva de aquellos respecto del conocimiento, coincidente tambin con ciertas ideas de Herbart que le interesaron mucho y que comenta en un prlogo por estos mismos aos (1954, VI, 265 ss.). Nos hallamos ante un sujeto que es activo y que desde un principio interacciona con su entorno. Esa nueva subjetividad, espontneamente dinmica, lo que va a hacer es, precisamente vivir.

7. Hacia una filosofa de la vida El rechazo del positivismo condujo a Ortega a una concepcin estructural del conocimiento que encuentra en la idea de intencionalidad de Brentano y de Husserl un poderoso soporte. Es bien sabido que desde muy pronto la fenomenologa de Husserl atrajo su atencin, y que ya el ao antes de las MQ, en 1913, public un largo trabajo exponiendo los principales rasgos de esta doctrina (2004, I, 624 ss.). Aos ms tarde se refiri a su hallazgo de ese mtodo como una buena suerte (1954, VIII, 42).

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Brentano haba insistido en la interrelacin entre sujeto y objeto en todo proceso consciente. Un acto consciente implicara siempre una estructura de un sujeto dirigido hacia un cierto objeto; y cuando no cabe hablar de objeto, tampoco cabe hablar de sujeto (Brentano, 1935, 30-1) La interrelacin de ambos forma una cierta estructura, la conciencia, que, en ltimo extremo, vendra a estar situada dentro de otra ms amplia que sera el drama vital de un organismo en su mundo (Maras, 1960 b). El pragmatismo ya haba situado la conciencia dentro del fluir de la evolucin de la vida descrita por Darwin. Pero tenda a igualar lo verdadero con lo til, ecuacin rechazada de frente por Ortega. Por suerte, el darwinismo pareca haber cedido el puesto a otra versin biolgica, que iba a ser rica fuente de inspiracin de nuestro filsofo. Me refiero a la biologa de Jakob von Uexkll (1864-1944) fuertemente impregnada de influencia kantiana. Con la misma reconoce tener una importante deuda en unas pginas en que presentaba a lectores espaoles una de las obras bsicas de aquel (1954,VI, 308). Las MQ ofrecen tambin un reflejo directo de ese influjo. La ciencia biolgica ms reciente estudia el organismo vivo como unidad compuesta del cuerpo y su medio particular (1914, 43). El cuerpo, con sus receptores y efectores, se acopla a un cierto mundo ciertos estmulos, ciertas respuestas que est recortado por aquel, a la vez que le posibilita y sustenta; organismo y objetos forman as lo que se llama un crculo funcional (Uexkll, 1925, 79) Al prolongar esas ideas hacia el nivel humano, iba a reconocer que el sector de realidad circunstante forma la otra mitad de mi persona (1914, 43), y por tanto, que sta ltima haba que concebirla como una estructura compuesta a la vez de circunstancia y de ego, correlacionados activamente. Es lo que recoge la frmula bien conocida: yo soy yo y mi circunstancia (Ibidem). Eso quiere decir que toda realidad, sensible o inteligible, vendr a hacerse presente en esa vida as configurada, de un yo y su circunstancia. Ha de admitirse, adems, que esa configuracin entraa un punto de vista privilegiado, aquel que ocupa cada yo respecto del crculo funcional propio, el cual se ordena, consiguientemente, en una cierta perspectiva. Ante cada yo aparece el mundo, entorno o circunstancia ordenado en una diversidad de planos perspectivismo. Toda accin del sujeto dirigida a su circunstancia, por uno de sus lados, ser un acto vital con que se mantiene y se asegura; incluidas desde luego aquellas en que cobran cuerpo las creaciones del arte, la ciencia o la moralidad. Cultura no es la vida toda, sino slo el momento de seguridad, de firmeza, de claridad (1914, 119). La accin coloca las cosas en determinada relacin conmigo y me fuerza a darles sentido, a extraer su logos. Ah comienza a operar la vida como instrumento interpretativo, como razn (razn vital); ah tambin se va creando el tejido de conexiones que va enlazando cosa a cosa, y todo a nosotros, en una firme urdimbre amo-

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rosa y filosfica (1914, 18); ah, en fin se va cumpliendo el destino concreto de cada uno, de reabsorber la propia circunstancia transformndola en algo con sentido para cada cual. As comienza a dar sus primeros pasos la filosofa de la razn vital, concebida como faena comprensiva, amorosa y sintetizadora, que reposa sobre la realidad de la vida. Ortega evitar en todo momento que se pueda confundir su empresa intelectual con el pragmatismo. Este supone que en la interaccin vital, el valor dominante para el ego ha de ser la adaptacin al medio, y por tanto, la mayor o menor utilidad de la respuesta. Sin negarle una parte de razn, que le reconoce; sin renunciar a la idea de que la razn sea vista como una funcin vitaldel mismo linaje que el ver o el palpar (1914, 114), se negar a identificar verdad y utilidad y, sobre todo, colocar sobre la adaptacin al medio la reforma y acomodo del medio al sujeto, en un acto de clara afirmacin de la libertad y la creacin originales. La historia humana, a diferencia de la historia natural, es creacin, originalidad, progreso. Los pueblos, las culturas, representan peculiaridades de sensibilidad y de vitalidad (1914,131) . Y tanto en los individuos como en los pueblos hay una fuerza que busca en ocasiones dislocar el entorno, adaptarlo a su proyecto en vez de subordinar ste a las condiciones que aquel marca. Esa tarea de adaptar el mundo al proyecto, en vez de someter ste a aquel singulariza en opinin del filsofo a los hombres creadores. Estos son hombres decididos a no contentarse con la realidad (1914, 186), que no siguen ni el instinto ni la costumbre ni la tradicin. Se trata, precisamente, de los hroes, y uno de ellos, justamente, es Don Quijote. Pero ste es un modelo de humanidad, no una excepcin. Lo que le sucede a l tambin en varia medida afecta y pertenece a todos. Todos somos en alguna medida hroes, dice Ortega, al querer realizar nuestro ms modesto destino frente a las incomodidades e inclemencias del entorno. Se traspone el tema desde el mbito de lo extraordinario al contenido cotidiano de la vida (Cerezo, 1984, 123) Esta filosofa de la vida conduce a una comprensin de la existencia humana y de su ndole libre, original y creativa, la cual vendra a mostrarse en su plenitud cuando se realiza en la individualidad heroica, la propia de los hombres ms personales y originales. Representa por tanto un paso esencial en relacin con la tarea de restaurar los valores de creacin y autenticidad en la sociedad espaola. Habr de tratarse, segn esto, de restaurar los valores morales de la autenticidad y el herosmo, al menos en los niveles de la cotidianeidad, como medio indispensable para la regeneracin tan deseada del pas. Y cmo tener esa experiencia de la vida como herosmo, cmo presentarla a los dems, si no es a travs de una concrecin inmediata de la misma, sobre la que reflexionar y analizar sus ingredientes? Ahora bien, el conocimiento de una vida

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humana no es cuestin de mera biologa, ciencia determinista de ndole positiva; habr que hallar aquella experiencia de la vida humana que nos la ofrezca en acto, como activo dilogo del sujeto con la circunstancia, siquiera sea por modo virtual. Ahora bien, ese camino no es otro que la novela. Porque la novela es, precisamente, presentacin inmediata, ejecutiva, de la vida humana (Maras, 1960 a) . Y contamos, adems, con una novela paradigmtica del herosmo como verdad de la existencia, que es justamente la novela sobre Don Quijote creada por Miguel de Cervantes.

8. La teora de la novela Las Meditaciones del Quijote contiene, como un captulo bsico, una teora de la novela, con la cual termina el libro. Es, sin duda, la reflexin metdica orientada a una comprensin del hombre y de lo humano, incluida la de la propia tradicin social espaola, que ha de facilitar la inteleccin de la novela cervantina. La novela constituye el gran eje literario del siglo XIX, a lo largo del cual se van a producir algunas de las ms grandes creaciones artsticas de la poca Dostoievsky, Galds, Dickens, Balzac . Es un fenmeno esttico, pero lo es tambin social y moral (Conill, 2003). Su triunfo ha dado origen a numerosas reflexiones y comentarios, vidos de penetrar en su naturaleza y esencia. (Recordar aqu tan solo Le roman exprimental de Zola [1879], y las reacciones de Emilia Pardo Bazn La cuestin palpitante o las de Galds, Menndez Pelayo y Pereda, en especial los dos primeros, en sus Discursos acadmicos con ocasin de los ingresos de los dos novelistas en la Real Academia Espaola, en 1897; por mencionar algunos textos bien conocidos). Lo interesante es que, desde muy pronto, la novela se muestra como un gnero literario cuyo alcance va ms lejos de lo puramente esttico, al hacer de su contenido una imagen verosmil del mundo humano, en alguna de sus muchas posibles formas, con todas las implicaciones antropolgicas, ticas y sociales que ello conlleva. Hay, pues, una profunda conexin entre esttica y tica, entre novela y realidad, que ya atrajo la atencin de los neokantianos de Marburgo. Ortega se ha referido a sus conversaciones con Hermann Cohen mientras escriba su Esttica; hablaban acerca del Quijote, que aquel volvi a leer aprovechando la presencia de su discpulo madrileo (2004, I, 763). Tambin Paul Natorp se preocupaba por las mismas fechas sobre cuestiones de esttica y pedagoga social, interesado en sus interrelaciones; en cierta ocasin llega a hacer esta interesante sugerencia: la obra de arte presenta el deber ser tal y como sera el ser cuando fuera lo que debiera ser (Natorp, 1975, 115); esto es, la obra de arte idealiza la realidad y la hace mxima-

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mente inteligible y transparente. Le correspondera, pues, una funcin de comprensin de lo humano en su plenitud. Estas sugerencias parecen haber influido casi simultneamente en dos espritus luego bien distintos y divergentes: el madrileo Jos Ortega, y el hngaro Gyorgy Lukacs, autor de una bien conocida Teora de la novela, (1920). (Este tambin se mova en el mbito de los neokantianos de Heidelberg, y se interesaba por la fenomenologa, antes de que su personal preocupacin le llevara definitivamente hacia el marxismo). Examinemos la sustancia de ambas reflexiones.

9. Lukacs y Ortega, sobre la novela Es un hecho notable la coincidencia en el tiempo, y la relativa proximidad conceptual que liga a estos dos pensadores en sus exploraciones sobre el sentido e ndole de la novela. Gyorgy Lukacs (1883-1971) aparece frecuentemente considerado como el autor de la primera teora marxista sobre la novela. Su Teora de la novela (1920), escrita hacia 1915, antes de que su autor se afiliara al partido comunista, pero fuertemente influida por el pensamiento de la izquierda resulta estrictamente coetnea con la reflexin de Ortega en MQ. Ambos son productos cuyas races se hunden en el ncleo neokantiano donde ambos autores bebieron los nuevos aires de renovacin filosfica. (Aunque no quepa despreciar el posible influjo de su comn maestro Husserl, especialmente en lo relativo a su tesis acerca de que las esencias puras se pueden ejemplificar igualmente bien en datos de percepcin o recuerdo que en meros datos de la fantasa [Husserl, 1962, #4, 23]; esta es una tesis que abra a la novela enormes posibilidades como va de conocimientos esenciales acerca de lo humano). Lukacs ve la novela como una obra que buscara descubrir la totalidad secreta de la vida, a travs del enfrentamiento de un individuo con su mundo, en el marco de la sociedad burguesa moderna. La novela es la forma de la aventura, la que conviene al valor propio de la interioridad; el contenido es la historia de esa alma que va hacia el mundo para aprender a conocerse, busca aventuras para probarse en ellas y, por esa prueba, da su medida y descubre su propia esencia (Lukacs, 1971, 95). A su juicio, una de las obras donde se configura y plasma semejante confrontacin sera el Quijote. En su Esttica, Hegel consider la novela como pica burguesa, que sucede a la clsica. Lukacs, en cambio, la ve como resultado de una evolucin desde la pica clsica; sera un producto del desarrollo histrico de las formas de arte en el marco ms amplio del progreso social. En los aos siguientes, prolongar sus reflexiones en la direccin de un realismo capaz de sobreponerse a las ideologas burguesas,

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defendiendo ah la narracin objetiva frente a las descripciones subjetivas, y la construccin de tipos capaces de representar una situacin sociohistrica sometida a anlisis y clarificacin por la va de la esttica (Valles, 1994; Chartier, 1990). La novela, por tanto, es un instrumento al servicio del conocimiento del hombre. La afinidad de esta teora con la orteguiana ofrecida por las MQ es grande. Los dos autores admiten la existencia de los gneros literarios (1914, 140) contra Croce, concebidos como visiones sobre las dimensiones bsicas de lo humano; asumen igualmente su evolucin en la historia cada poca trae consigo una interpretacin radical del hombre (1914,142); relacionan, en fin, pica y novela. Ortega enlaza novela y pica, para inmediatamente enfrentarlas. (Novela y pica son justamente lo contrario [1914, 148] ) Ambas se opondran tanto por el objeto como por el tiempo en que sitan la accin humana: la pica hablar de seres nicos, heroicos, cuya accin ocurre en un pasado mtico, sin conexin con el hoy real; en cambio la novela ofrece personajes tpicos y extrapoticos, vulgares, propios de la realidad cotidiana (id., 156), situados en un tiempo histrico igual que el nuestro. Pero queda un hilo que enlaza ambos gneros. Hay un desarrollo histrico que lleva desde el hroe mtico a otro ya ms humanizado, protagonista de las novelas de aventuras y libros de caballeras, del que, a travs de un nuevo paso, llegamos al hroe de la novela moderna que se esfuerza y choca con la pura realidad, con la realidad cotidiana, antipotica, que deshace y desmonta sus afanes y proyectos. En la literatura novelesca, dice Ortega, la realidad se convierte en un poder activo de agresin al orbe cristalino de lo ideal (1914, 176), e impone una dinmica que lleva de lo sublime a lo ridiculo. Los hroes de novela buscan la aventura, pretenden lograr su personalidad original, son heroicos en sentido lato, pero al final chocan con la realidad, que termina imponindose, y la historia termina en tragicomedia, que es para Ortega la plenitud de la novela: la novela es tragicomedia (1914, 201). Lo que la novela dice del hombre no es, pues, mera prueba de la capacidad humana (Lukacs), sino experiencia tragicmica de aspiracin y fracaso. (En el Prlogo a sus obras de 1932, escribir estas palabras iluminadoras: el hombre es libre, quiera o no... La libertad adquiere su propio carcter cuando se es libre frente a algo necesario; es la capacidad de no aceptar una necesidad. Aqu palpamos la raz tragicmica de nuestra existencia... [1954, VI, 349]): trgica por su cara de necesidad y de herosmo, cmica por los golpes que ponen al descubierto la vulgaridad y debilidad del pretendido hroe. Ambos autores, pues, hacen de la novela una va de exploracin e iluminacin de lo humano que va ms all de la ciencia y del mito. En ella se descubren los rasgos propios as como los lmites de lo humano. Se muestra al hombre siempre en dilogo con un mundo circunstancial y concreto, personalizado, en el que trata de realizar sus proyectos ideales nunca plenamente logrados. La novela clsica vendra a representar la falsacin de toda doctrina sobre el

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hombre y lo humano que venga a mantener que la pasividad y el puro ambientalismo contienen la verdad de su naturaleza. El positivismo y el determinismo, dice Ortega al acabar sus MQ, eliminan la poesa, y hacen imposible la aventura, puesto que las conductas son mero reflejo de la accin del medio sobre unos personajes pasivos y meramente reactivos. En tales existencias no hay lugar para el drama, y por lo mismo, viene a decir, se entierra la poesa (1914, 207). Si tuvieran razn, cabra decir, no habra novela. Pero la hay o la ha habido, al menos con cierta plenitud en el pasado. Volveremos sobre ello enseguida. Y una cosa ms. Lukacs y Ortega contemplan el Quijote con admiracin y esperanza, e insisten en ver la plenitud de la novela en la expresin del drama humano. En ella hay entonces un impulso heroico de originalidad y aventura que se enfrenta a la resistencia de la realidad en derredor.

10. Novela, metfora, conocimiento Hay mucho ms sobre la novela en esa Meditacin Primera con que se cierra el libro orteguiano. Baste aqu con tener presente el particular modo como alcanzamos en la novela a ver la realidad humana. La novela es esencialmente arte. Y el arte, cuya unidad atmica es para Ortega la metfora (el objeto esttico elemental [1954, VI, 257], llega a llamarla), hace inmediatamente presente las realidades, no simblica ni conceptualmente, sino en su mismidad esencial. En nuestro caso, la novela metaforiza si puede decirse as el vivir humano. La visin del hombre que sirve de fundamento a la nueva filosofa de la vida y su ideal humano viene, como por una va regia, a travs de la intuicin de la vida en la novela. Pero esto nos arroja una inesperada luz sobre el libro. En efecto, cuando nos hallamos abocados a estudiar la vida humana en su efectiva realidad, se nos aparece la novela como mtodo idneo para llevar a cabo esa exploracin. Deberamos, por tanto, empezar a considerar las MQ como un discurso del mtodo, mutatis mutandis pero anlogo al cartesiano, ajustado a la nueva filosofa de la vida, que tendra en la novela material emprico bsico para efectuar sus anlisis y reflexiones. Convertida la novela en va regia para esta nueva exploracin filosfica en torno a las interacciones entre el yo y su circunstancia, la obra orteguiana habra llegado hasta aplicar el nuevo mtodo a la obra cervantina, ponindolo a prueba con la novela paradigmtica, por creadora de su gnero, al tiempo que por ser una pieza esencial en la comprensin de nuestra realidad nacional hispana. Y cmo funciona esta via regia? La novela es un objeto esttico; es en su esencia metfora. Hay, por ello que recordar aqu aquellos otros anlisis sobre la esttica y la metfora, de su Ensayo de esttica a manera de prlogo, un escrito estrictamente contemporneo de las MQ.Revista de Filosofa Vol. 30 Nm. 2 (2005): 7-34

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La metfora, dice all Ortega, es una forma de conocimiento que hace presente un objeto creado por las mismas palabras con que est siendo objetivado. Si el poeta dice de un ciprs que es como el espectro de una llama muerta, a travs de un doble proceso de identidad y distanciamiento venimos a parar a un mundo ideal donde los cipreses son llamas (2004, I, 677). Nuestra mente llega a vivir ejecutivamente el ser ciprs-llama (Ibid.). Si el Pensieroso de Miguel ngel nos presenta a alguien meditando, la novela presenta un mundo con sus personajes, viviendo. Esta va a presentar un mundo y unas existencias que son como reales, pero son imaginarias; sus personajes llevan una existencia llena de aspiracin y proyectos, que van a chocar de un modo u otro con la realidad inerte y resistente que le hace frente. Gracias a sus pginas, el lector se instala en un nuevo mundo humano virtual, viviendo y gozando con las experiencias relatadas. En Ideas sobre la novela lo dir sin ambages: en la novela se trata de que se vea lo que cuenta, est regida por una aspiracin hacia la autopsia, la visin inmediata; y sta la ofrece, ms que ninguna, el Quijote (1954, III, 391). En las MQ lo dice tambin, pero de otro modo. Dice que en la novela es esencial la descripcin, mtodo que opone a la narracin: mientras se narrara lo que pas, se describira lo que acontece (1954, VI, 256). Es ms, aquel proceso de agresin a lo ideal, que hemos visto que es para Ortega un ingrediente esencial en la construccin novelesca (1914,176): lo describe, lo presenta la novela en acto, operando esa burla, esa agresin mediante la descripcin y el dilogo. En el Quijote, Sancho, el Cura o el barbero, el Caballero del Verde Gabn, los Duques, Altisidora, tipos no demasiado interesantes en s mismos, producen el choque sobre el ideal del hidalgo manchego, sobre el que dejan sentir el peso de la realidad cotidiana. Sus dilogos, sus interacciones novelescas, hacen posible al lector ejercer la mencionada autopsia. La novela y singularmente el Quijote presenta el herosmo de una voluntad creadora, libre que choca con el universo, como paradigma general de existencia humana autntica. Hroe, recordmoslo, es en MQ aquel que quiere l ser l mismo, y busca ser uno, uno mismo, de modo que en esa voluntad no est queriendo la naturaleza, ni la tradicin, ni los usos, ni los antepasados, sino ese ser yo, que puede llamarse proyecto o ideal personal, yo ideal, proyecto de existencia, autntico yo. Podrn a este vecino nuestro quitarle la ventura, pero el esfuerzo y el nimo es imposible. Pero no slo a l, en realidad, sino a todo hombre que puede aspirar a realizar de modo autntico un cierto proyecto personal de existencia, siempre dificultado en mayor o menor medida por el entorno mundano. Entre lo real y lo ideal, dice Ortega, entre sus sueos caballerescos y la ruda realidad manchega, est plantada la voluntad de Don Quijote (1914, 186). Esa voluntad supone aspirar a una plenitud futura deseada, idealizada, que no se limita a un concreto contenido, ni est ligado a cierta clase de actos, sino al logro de una cier-

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ta figura personal a la que se aspira y se busca a travs de la ms varia serie de acciones y situaciones. As, la novela cervantina presenta, ejecutivamente, ese querer ideal del caballero andante una y otra vez molido, y su fracaso llena de melancola los captulos finales del libro, cuando aquel se retira al fin a su aldea tras la derrota definitiva en la playa de Barcelona. La novela, pues, viene a poner ante los ojos del lector y del estudioso el dinamismo esencial de la existencia humana no conceptual ni filosficamente, sino ejecutivamente, en esa metfora esencial que hace vivir la tensin de la existencia mientras se van pasando lentamente las hojas del grueso volumen que la presenta. Pero hay que preguntarse: toda novela permite esa presencia esclarecida de la vida humana? Y la respuesta es no. En las MQ deja ver ya que la novela, en tiempos recientes, ha venido a asumir los criterios positivistas y deterministas acerca de lo humano que la ciencia ha impuesto. Una noche en el pre Lachaise, Bouvard y Pecuchet entierran la poesa en honor a la verosimilitud y al determinismo (1914, 207). Con estas palabras termina el libro. Y en un artculo escrito el ao siguiente, aclara: Ha dejado de interesarnos la novela, que es la poesa del determinismo, el gnero literario positivista (2004, I, 898) . Es decir, que al perderse el dinamismo de lo humano, o como dice ahora, al faltar lo semoviente, ese gnero ha sufrido una mutacin. Sigue interesando Stendhal, y Dostoyewski, y ello apunta a una resurgente preferencia de el barroco. Porque es esa novela tragicmica, donde se contempla los esfuerzos y cadas de la voluntad heroica del hombre, aquella que permite acceder a la contemplacin de la vida humana, a una cierta autopsia de nuestro ser. Y ms que ninguna, el Quijote (2004, III, 883): as de terminante es en Ideas sobre la novela, confirmando la preeminencia del libro cervantino desde la perspectiva especfica de su propia filosofa de la vida. Veamos ahora lo que tiene que decir Ortega del Quijote, supuesto que es para l la novela por excelencia, y es el objeto que ha concentrado su meditacin.

11. Reflexiones sobre el Quijote Ortega insiste en varias ocasiones en su inters prioritario por Cervantes y el quijotismo de su libro. No es tanto la figura gesticulante del hidalgo manchego, sino el espritu del libro lo que le atrae. Pero el libro no es aislable de su autor. No cabe prescindir de ste, porque, como veremos, el filsofo defiende la vinculacin esencial de la obra de arte a su creador, que impone su huella y su estilo. Esta novela, como paradigma del gnero que es, a juicio de tantos, contiene un elemento ideal, potico, de aventura e ilusin, que resulta destruido en su enfrentamiento con la realidad. Podramos incluso pensar que ello sucede con sus dos protagonistas, pues tanto el caballero andante como el labriego gobernador de nsulas vern deshechos sus sueos por la fuerza de lo real.Revista de Filosofa Vol. 30 Nm. 2 (2005): 7-34

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La idealidad ms visible, la dominante, es la representada por los ideales de Don Quijote. El protagonista aspira a cumplir con su vocacin de caballero andante. Pero de querer ser a creer que ya se es, va la distancia de lo trgico a lo cmico. Este es el paso entre la sublimidad y la ridiculez (1914, 199). Esto es lo que segn Ortega le pasara a don Quijote: que adems de querer las aventuras, se obstina en creerse aventurero (1914, 200), y ello hace que muchos otros le vean como un tipo de risa, como ocurre con los duques, Altisidora y tantos y tantos otros pequeos personajes de la historia. Esa risa, sin embargo, viene a envolver la aspiracin a la existencia autntica y personal de don Quijote, y su esfuerzo por dar cumplimiento a su ideal, que es una dimensin bsica de lo humano, pone en la historia una dimensin de tragedia y melancola. Es la burla de esas imaginadas y deseadas aventuras victoriosas lo que har del libro una tragicomedia, esto es, una esencial novela en opinin de Ortega. Ortega subraya en su anlisis de la obra toda una serie de aspectos que evidencian el cumplimiento de las condiciones del gnero. Tal vez lo primero que de ella dice es que es un libro con profundidad, una selva ideal, libro-escorzo por excelencia (1914, 83). Junto a su sentido meramente superficial, otro ms hondo corre por debajo. Encierra, adems, un equvoco (1914, 127), porque su hroe es a la vez hroe y orate (1914, 202), y de ese modo Cervantes ha quintaesenciado el problematismo de la existencia humana, sin cortar el nudo de ambos extremos. Ya en otro nivel, se nos recuerda que frente a esa novela hay gentes partidarias de subrayar la actitud de la prudencia, y nos advierten que no seamos Quijotes, al tiempo que otras nos invitan a una existencia absurda, llena de ademanes congestionados Y el filsofo ve en esas dos actitudes ante la existencia, creadas por Cervantes, su mayor aportacin, pues el libro vendra a poner nuestro nimo ms all de ese dualismo (1914, 55); vendra a sugerirnos que toda vida que aspira a cumplir un proyecto propio por fuerza ha de aparecer en algn momento y a algunos ojos como inslita y quijotesca, pero a la vez ha de ceirse a la circunstancia concreta sobre la que se ha de llevar a cabo, a la que es preciso salvar dndole sentido. El alma del protagonista se mueve entre dos continentes: realidad e idealidad. El segundo es el mundo del mito, el deseo, la imaginacin, la aventura, la vocacin; el primero, el de la rural vida manchega. Ambos interaccionan continuamente; de manera ejemplar ello se muestra en la historia del retablo de Maese Pedro, donde los dos mundos lindan uno con otro en la boca misma del escenario. Toda la historia sucede en un mundo lleno de personajes con fisonomas vulgares, que prestan verismo y solidez a las peripecias del hidalgo, de modo que stas llegan al lector con toda la fuerza de la realidad. En relacin con la exigencia de autopsia de la novela, Ortega dir que en el

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Quijote esa visualidad es enorme, mientras que es mnima la presencia de frmulas generales, teorizaciones y abstracciones (1914, 129). Recuerda tambin la opinin de Flaubert, quien al parecer se sorprenda de la viveza con que se hacen presentes al lector los caminos y las tierras manchegas, sin que el autor se haya parado a describirlas con tcnica de pintor paisajista. Y es que aqu vemos las gentes triviales que andan en derredor de don Quijote, que es una llamarada infinita (2004, I, 446), y que a fuerza sobre todo de dilogos nos hacen situarnos en medio de la escena descrita, conviviendo con sus personajes; en ocasiones, vemos pensar a Don Quijote e incluso construir un gigante a partir de un molino, o un yelmo a base de una baca de barbero. A este respecto, es interesante la sugerencia orteguiana de que, precisamente por tener tanta fuerza aqu los dilogos, tal vez por eso mismo, Avellaneda dijo que el libro de Cervantes era casi comedia (1914, 200). Tambin aqu encuentra como elemento esencial la zumba, la burla, algo que han encontrado tantsimos lectores del libro; pero eso coincide con esa idea de que la realidad entra en la novela como burla de la aventura. Cervantes, el nico filsofo espaol, como llama en una proyectada carta a Unamuno (Robles, 1987, 166), ha puesto a nuestro alcance un tesoro de experiencia y de intuiciones en esta metfora de la vida, en el que al mismo tiempo se explicita del modo ms profundo la meloda espaola sobre la realidad y la existencia.. En cierta ocasin, al resumir el sentido del libro en su conjunto, y al tiempo que haba venido reflexionando sobre esa otra magistral expresin del alma espaola que es el Escorial, viene Ortega a decir que en su ltima quintaesencia, este libro representa la crtica del esfuerzo puro (Ortega, 1965); no del esfuerzo que busca crear o construir algo objetivo, sino del esfuerzo por el esfuerzo, la pura vocacin esforzada de don Quijote. Y ello lleva a ver en esa expresin cifrada la crtica, ms amplia y abarcadora que esa novela vendra a representar y simbolizar respecto de la tradicin espaola.

12. La convergencia espaola con la obra cervantina Segn todo lo anterior, hay un modelo de humanidad, y un tesoro de experiencia vital, encerrados por Cervantes en el Quijote. No un modelo cualquiera, sino un modelo pleno y potente, que presenta la vida humana desde su paradigma heroico. Es, adems, nos dice, una plenitud espaola (1914, 134) tal, que si comprendiramos a fondo el mtodo usado en ella por Cervantes para tratar las cosas, tendramos tal vez resuelto nuestro propio problema nacional (1914, idem). Hay en la obra del filsofo algunas sugerencias que marcan la estrecha conexin que l percibi entre el Quijote y ciertos rasgos usualmente atribuidos a la vida espaola.

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Recordemos algunas coincidencias esenciales. Acabamos de decir que el libro todo da concrecin y figura a la realidad del esfuerzo, de la vida como esfuerzo, incluso llega a representar la crtica del esfuerzo puro. Paralelamente, para Ortega la vida espaola ha sido en su esencia esfuerzo y dinamismo (1914, 85); recordar alguna vez la frase oda a Nietzsche por su hermana sobre los espaoles: han querido ser demasiado (1954, II, 557); dir en otra ocasin que el paisaje espaol es un paisaje de histerismo (1954, II, 111), y que cada espaol es un centro de fiereza (1954, II, 117), aunque tal vez ello sea solo expresin de debilidad espiritual (1954, II; 109). Ese predominio de un carcter emocional y fiero no se aviene bien con la vida intelectual (en Espaa es multisecular el odio al ejercicio intelectual [1954, II, 170] ), y ello explica que mientras occidente, en la edad moderna ha desarrollado todo un tesoro de cultura, ciencia y tcnica, nuestro pas ha vivido ese tiempo tibetanizado (1954, VIII, 356). Falta competencia, economa, buenos medios, tcnica, buen gobierno. La solucin habr de hallarse fuera, en Europa que, ms que una entidad geogrfica, es una realidad histrica identificada con la ciencia (se vio claro desde un principio que Espaa era el problema y Europa la solucin [1954, I, 521]). Ortega ofrece en las MQ una imagen sumamente crtica de la realidad nacional, continuacin de la conferencia sobre Vieja y Nueva Poltica, y corroborada por muchos de sus artculos polticos (1954, X). Los desarrollos recientes de nuestra historia le merecen un juicio muy negativo. Le apena mucho el conservadurismo. Hay un dficit de inteligencia, aunque haya un exceso de pasin. Hay tambin inconexin, plebeyismo, derrumbamiento de valores, odio y rencor, (1914, 16). Ya en 1914 Ortega est apuntando a un proceso de desvertebracin de nuestro pas, y a la falta de minoras eficaces que sean estimadas socialmente, cuestiones sobre las que girar su ms estricto diagnstico social de los aos siguientes. El libro sobre el Quijote permite meditar sobre Espaa, porque contiene en cifra las limitaciones y deficiencias de esa sociedad, al tiempo que con ellas ha sido capaz de darnos una visin paradigmtica del hombre y de su circunstancia histrica, en este caso la Espaa del Siglo de Oro. Al mismo tiempo, va sentando doctrina con la que se busca terminar con ciertos estereotipos, como aquel que ve a Espaa como un pas latino, mediterrneo, sensorial, a diferencia de los pases germnicos, donde dominara el concepto, la meditacin, la reflexin. Pero, advierte Ortega, en Espaa hay tambin sus dosis de germanismo, pues la cultura de las invasiones germnicas no ha pasado en vano, como se ve si se mira bien a nuestro pasado histrico (1914,95), de modo que no es tan claro que seamos solo impresionistas; precisamente va a subrayar que el Quijote es un libro sobremanera profundo En definitiva, el Quijote, como paradigma novelesco de la novela clsica al tiempo que plenitud espaola, se le debi aparecer a Ortega como un objeto que

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ocupaba un lugar particularmente idneo para ejercer su meditacin en forma que recibiera la atencin generalizada de los lectores y de la clase intelectual espaola del tiempo. Como persona movida por ideales regeneracionistas, preocupada por el problema nacional, afirma que la obra de Cervantes, que haba venido siendo objeto de mltiples consideraciones por la clase intelectual con motivo del centenario, era un tema que permita una inmediata identificacin de su obra intelectual con los ideales del movimiento renovador ya existente. De otra parte, como el sentido ltimo de su esfuerzo iba dirigido a establecer una nueva filosofa centrada en torno a la vida humana, aquella obra permita partir de una experiencia virtual de la complejidad de la vida, facilitando una aproximacin emprica; sta en cambio no poda provenir de la biologa ni de ninguna otra de las ciencias naturales, dado el nivel de consideracin que el concepto de vida humana adquira en su propio filosofar. La novela, y ms concretamente el paradigma novelesco que es el Quijote, haca posible la experiencia imaginaria del objeto de estudio sobre el que vena a girar su innovacin filosfica. Se converta, pues, en va regia, camino o mtodo que adoptar para permitir la reflexin en profundidad que exiga la nueva doctrina. Finalmente, su filosofa, precisamente por hacer de la vida biogrfica el eje de anlisis, vena a afirmar que el sentido de la filosofa, y de la teora, radicaban en ltima instancia en la salvacin de la circunstancia. Ahora bien, esa salvacin, para un hombre nacido entre el Pirineo y el Estrecho de Gibraltar, haba de realizarse sobre la circunstancia espaola. Y semejante objetivo, que implicaba la exigencia de esclarecimiento de la tradicin nacional, vena de nuevo a encontrar en el Quijote un objeto perfectamente adecuado a la tarea demandada. Desde la filosofa, desde la voluntad regeneracionista, y desde la circunstancia histrica del momento vivido, la obra cervantina debi aparecer a los ojos del joven filsofo como la va primera y ms manifiesta que poda conducirle hacia el cumplimiento de sus propsitos.

13. La realizacin del proyecto Vemos, en suma, que el proyecto de Ortega, muy complejo ya a la fecha de las MQ, haba venido a combinar una dimensin de renovacin filosfica con otra de regeneracin nacional. En su ncleo central, como hemos mostrado, el Quijote se revela como centro de convergencia de las preocupaciones orteguianas de aquel tiempo. Precisemos un poco ms el modo como llev a cabo su proyecto. Patriticamente, nuestro pas y nuestra tradicin vivan horas de desvertebra-

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cin, de discordia, de crisis de valores, y ello slo poda ser remediado desde una nueva afirmacin de los valores superiores, como los que Cervantes representa, valores que implicaban tambin la transformacin del rencor y el odio en una nueva red de relaciones simpticas, amorosas, como las que el quijotismo cervantino promueve. Filosficamente, la nueva filosofa va de ser ciencia del amor, porque ha de consistir en dar sentido y salvar una realidad que se define en esencial relacin conmigo, puesto que, como realidad circunstancial ma que forma conmigo la estructura de mi vida, me resulta imprescindible. Su plenitud y perfeccionamiento la plenitud del logos hace posible que la salve a ella dndole sentido, y tambin que me salve a m. Finalmente, en la renovacin del pas y en su transformacin intelectual, que Ortega procura llevar adelante, se hace preciso inspirar en la mentalidad de los espaoles nuevas maneras de mirar las cosas (modi res considerandi), mediante una pedagoga de la alusin y la seduccin literaria que lleve al lector a ver las cosas como el autor pretende sugerirlas. La alusin la ha practicado a diestro y siniestro, en pginas sobre el bosque, las oropndolas, Maese Pedro, Parry y sus exploraciones por el polo, y tantas otras cosas ms. La seduccin literaria la ha logrado en este libro, elogiado por su escritura incluso por los que discrepan de su pensamiento y sus alusiones... Y eso es lo que Ortega dice buscar con este ensayo, que son las MQ: un ensayo que no impone ni da la prueba explcita, pero busca despertar pensamientos hermanos en almas hermanas. Semejante pluralidad de metas gira en torno al esclarecimiento de la novela esencial y prototpica que es el Quijote. Y ello precisamente porque a travs de la misma, como novela que es, se hace posible la comprensin de la realidad de la vida y, a la vez, la salvacin de nuestra circunstancia espaola. A travs de este estudio, se pone en ejecucin el nuevo mtodo que pone en luz, esto es, que descubre (altheia) la verdad de la vida y el sentido de nuestra circunstancia. Es la tarea en cuya realizacin pone en marcha una nueva filosofa, la cual une en vinculo esencial al yo con su circunstancia. Este libro, el primero de su autor, trat de condensar todos esos fines en unas pginas que iban, por lo pronto, a quedar visiblemente inacabadas e incompletas. Por qu llev a cabo su proyecto con tal grado de implicitud, sin apenas referencias a los contextos intelectuales e histricos que aqu hemos procurado recuperar en sus lneas ms bsicas? Es que la exigencia que parece haber sentido desde un primer momento de unir la vida intelectual y la accin social obstaculiz la redaccin pausada de una obra terica suficiente, sin manquedades visibles como las que a este libro afectan? Fue tal vez la impresin vivida de que todo su pensamiento estaba ya dicho, aunque en forma dispersa, y confi en que el lector construira la unidad ideal que los fragmentos formaban entre s? Dejemos las interrogantes sin

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respuesta, que no podra ser construida sino como explicacin imaginaria con alguna, mayor o menor, verosimilitud. Las MQ, que pueden ser vistas, como antes dije, como el discurso del mtodo de Ortega, han de contrastarse con el resto de su pensamiento, pero, sobre todo, con las intuiciones propias de sus lectores, cuya evidencia ha de ser forzosamente interna a cada vida, y slo podr ser sugerida a travs de unos modos de ver las cosas que el lector deber ensayar por s. Convertido el mtodo en algo ms sustantivo, ese proceso de presentacin a los lectores de las propias visiones ganadas por el filsofo acerca de las ms varias realidades iba a convertir a ese maestro o gua filosfico en simple y puro Espectador, que ofrecera a sus lectores seales del camino posible hacia la verdad misma. La adopcin del punto de vista activo, creador, permitir que el pensamiento de cada uno logre rehacer la marcha del pensamiento hacia las cosas. Profundamente kantiano en su ltimo sentido, todo este enorme proceso pedaggico y reformador obedece en ltimo extremo a la enseanza del maestro germano, no se puede ensear filosofa, slo se puede ensear a filosofar. Pero, a la vista de las dificultades de comprensin que las MQ han tenido, habr que admitir que su autor era en exceso optimista respecto a su construccin literaria y tambin respecto a la capacidad de los lectores? O que no se ha superado, suficientemente, el fenmeno de la inconexin, la incomprensin, la invertebracin, de que ha venido padeciendo nuestra sociedad en la Edad Moderna? La renacida actualidad del Quijote vuelve a poner sobre la mesa la modlica condicin de la obra cervantina, su ltima idea de la vida como herosmo, y la exigencia de una accin no simplemente utilitaria, sino movida autnticamente por los valores de la justicia y la libertad. Ese espritu del Quijote es el que sobrenada tambin las pginas de las MQ, en cierto modo como respuesta a la pregunta radical y a la vez plenamente actual, acerca de qu sea Espaa.

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