5 años después de Katrina, el derrame de petróleo preocupa ... · PDF...

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  • Por Mary Frances Schjonberg

    Si usted vive en la Costa del Golfo, dice el reverendo James “Bo” Roberts, la cuestión no es si un desastre natural se desa-tará, sino más bien cuando vendrá el próximo. Roberts sabe lo que está diciendo. Es el rector de la Iglesia Epis-

    copal de San Marcos en Gulfport, Misisipi, una de las seis iglesias a lo largo de la porción de la costa del golfo de la Diócesis de Misisipi que el huracán Katrina destruyó el 29 de agosto de 2005. Comenzó su ministerio en San Marcos, en abril de 1969, “justo antes de que [el huracán] Camille viniera y lo destruyera todo en agosto de ese año, así que he reconstruido por completo dos veces”, junto a un montón de reparaciones tras otras tormentas ocurridas en medio.

    Como para probar esa afirmación, cinco años después de que los huracanes Katrina y Rita barrieran el Golfo, los estados que comparten su costa están abrumados y angustiados cuando el peor derrame de petróleo en la historia de EE.UU. pone en peligro sus recursos naturales y los medios de vida de la gente. Esa preocupación silenciará conmemoraciones de tormentas mortales.

    “Es un poco duro para empezar a conmemorar [la recuperación de los huracanes] cuando, no sólo hay un gran número de lugares que no se ha recuperado, sino con gente sentada aquí esperando por no se sabe lo que pueda suceder si se diera una tormenta que cargara con todo el petróleo que - afortunadamente por el momento - está todavía en el Golfo [y] de repente lo derramara en las playas del golfo”, dijo Roberts.

    Katrina fue responsable de aproximadamente mil muertes en Louisiana y doscientas en Misisipi. Causó un estimado de $75 mil millones en daños, Katrina fue el huracán más costoso en la historia de EE.UU.

    Katrina tocó tierra a lo largo de la Costa del Golfo dos veces el 29 de agosto, una vez cerca de Buras, Louisiana, justo después de las ocho de la mañana hora local, con vientos máximos estimados en 125 kilómetros por hora, y luego otra vez cerca de la frontera de Louisiana/Misisipi. La tormenta causó inundaciones de mareas tormentosas de 25 a 28 pies a lo largo de la costa de Misisipi y de 10 a 20 pies a lo largo de la costa sureste de Luisiana. En Misisipi, los daños por el oleaje se extendieron varios kilómetros tierra adentro. El oleaje sobrepasó y rompió los diques en el área metropolitana de Nueva Orleans, inundando gran parte de la ciudad y los suburbios del este.

    La estela de destrucción galvanizó a los episcopales para unirse a los miles de voluntarios que viajaron a la Costa del Golfo para ayudar a los residentes a recuperarse y reconstruir. Otros miles de personas donaron dinero a los esfuerzos.

    Uno de los objetivos de esos esfuerzos fue el Campamento Care de la costa de Misisipi, que más tarde se fusionó con dos grupos

    5 años después de Katrina, el derrame de petróleo preocupa con una mezcla de recuerdos

    Arriba: Una bandera de la Iglesia Episcopal ondea en el sitio de la igle- sia de San Marcos, Gulfport, Misisipi, después que el huracán Katrina dev- astara la propiedad el 29 de agosto de 2005. A la derecha: San Marcos, tal como aparecía antes de Katrina.

    similares para convertirse en la Misión en la Bahía. La Revda. Elizabeth Wheatley- Jones, directora y capellana de la Misión en la Bahía (MOB), recientemente citó un “vislum- bre amable” estadístico sobre el trabajo realizado a través de la agencia: 60.000 voluntarios que donaron 2.400.000 horas de ser- vicio por valor de $ 45 millones; se limpiaron y mejoraron 3,500 hogares; 550 viviendas rehabilitadas o construidas de nuevo; admin- istración de las necesidades de 2.200 personas o familias; 1.250.000 comidas que se sirvieron y $15 millones en efectivo inyectados en las economías de la Costa del Golfo.

    Menos de dos meses después de que Katrina devastara la Costa del Golfo, el entonces obispo de la Diócesis de Louisiana, Charles Jenkins, predijo esos esfuerzos. Jenkins, que ya se ha jubilado, di- rigió un servicio de oración por la mañana para conmemorar el bi- centenario del día en el que el reverendo Philander Chase --más tarde rector de la Catedral de Christ Church en Nueva Orleans y el primer obispo de Ohio e Illinois-- llevó a cabo el primer servicio no católico-romano en la Compra de Louisiana el 17 de noviembre de 1805.

    La “vieja norma de ser la Iglesia Episcopal con las puertas cerra- das, de ser una iglesia que existía para nosotros, los que estábamos en ella, no volverá a suceder”, sugirió Jenkins durante una breve hom- ilía. “Esa norma se la llevó el viento. La nueva norma es una iglesia comprometida, una Iglesia que es iglesia sirviente y una iglesia que no vive para sí sino para todos por los que Cristo murió”.

    Mary Frances Schjonberg es una corresponsal nacional para Epis- copal News Service y editora del mensual Episcopal News, donde una versión de este artículo apareció por primera vez.